Una semana después…


photo 1No quisiera que quede la idea de que no es lindo correr en París. ¡Lo es, y mucho! Entre más días pasan, más me convenzo de que fue una experiencia hermosa, inolvidable… caminar con la medalla en el pecho, por esas callecitas hermosas, ahhhh ¿cómo se acaba tan rápido? El entrenamiento es largo, y ese día de la carrera es efímero. Disfrútelo, sea donde sea, ¡viva su maratón y ríndala como ese dulce que no queremos que se nos deshaga en la boca! Tal vez diría que no es una maratón para hacer “equis” tiempo, pero ¡uno nunca sabe! Vaya. Disfrútela mucho.

Algunas cosillas que se me quedaron sin decir:

  • Muchachas, muchachas, muchachas:… si van, lleven cámara para tomarle foto a los bomberos. No hay palabras la guapura. Qué digo bomberos. Todos. Todos. Impecables, educados, encantadores. Y aquel acento.
  • No entendí muy bien a los parisinos. Uno de ellos al leer mi camiseta “Paris vaut bien un marathon” se puso a reír – ¡y me cayó maaaal! – pero otro que venía detrás de mí, al leerlo en mi espalda me dijo “Bgggavó! Nelá!” Al final no supe si entendieron que me sentía honrada de correr en su ciudad, pero bueno, a mí sí me importaba.
  • ¿Premio? Aparte de la medalla, yo elegí probar todas las “créme brulée” que pude… ¡irresistible!
  • Hubo una segunda maratón, y esa fue la que caminé entre lunes y martes. Entre museo, con gradas incluidas, y buscar por todo el cementerio las tumbas que quería ver, calculo que o me terminé de cargar las pantorrillas, o ya estiré y aflojé. No sea tan ingrato: ¡cómo fueron a enterrar a la Piaf allá, hasta el puro final del cementerio!
  • Volviendo a lo deportivo: ya fui a masaje, vamos a revisar bien los suplementos para la alimentación, y a retomar gimnasio. Pero todo esto, poco a poco. Por supuesto que ya salí a trotar. El domingo, con un susto enorme me volví a poner los tennis a ver si me sentía “igual de contenta”. Bueno, me sentí lenta. Pero feliz. Mi ruta Heredia-Aeropuerto me fascina. Volver a toparme a los ciclistas que entrenan por ahí, llevar el sol en la espalda, parar en la misma pulpería de la chinita… ahhh. Se siente rico volver a esas rutinas.

photo 2Y qué viene… seguir nadando. Seguir con el profe. ¿Carreras? Veremos. Algunas del año no me las quiero perder por nada del mundo – Santaneña, Powerade – pero si hablamos de maratón de nuevo, quiero hacerle caso al destino.

Porque recibí un correo de la familia Pentheroudakis. ¡Me esperan!

Y nos encontraremos en noviembre, donde todo comenzó! No por tiempos, no por reloj, por la historia, y por comprender la maratón en su casa: ¡Atenas! ¡La primera y auténtica maratón! ¡A lo Filípides, pero sin morirse! Una vuelta a la manzana original, el 9 de noviembre de 2014.

“Nunca más, nunca más…”


¿Y por qué tardé tanto para escribir? Me alegra haberme tomado mi tiempo. Si me hubiera sentado a escribir apenas terminé la maratón, esto sería una amargura. Ahora, con los días y el cansancio ya pasados, puedo ver todo más claro y seguir celebrando, sí, celebrando la cuarta maratón.

maraton3

Toda contentilla… jaaaaaaaa ni sabía lo que venía. ¿O sí sabía?

Luego de un vuelo laaaaaargo, laaaaargo, llegué a París y se me activó un lado del cerebro que hace rato no usaba. Estaba archivado en la Alianza Francesa, pero resultó estar bastante fresco porque logré, hablando y no por señas, llegar del aeropuerto a la ciudad.

Tomé el metro, y al subir las escaleras lo primero que mi ojos se toparon de frente fue el Arco del Triunfo. Allí, me rendí. Los Champs Elysées ya lucían sus banderines de la maratón, ¡la ciudad más hermosa del mundo estaba vestida de verde! ¡Y para nosotros!

Caminé un poquito y llegué al apartamento. Aclaro: hablamos de un “cuartobañococina” diminuto, apenas para una persona, perfecto para la maratón, ubicado a cuatro cuadras de la línea de salida. Con lo que uno paga en un hotel por una noche, alquila este sitio por una semana. Increíble. Lo único malo: estaba en un cuarto piso, sin ascensor. ¡Esos escalones iban a doler el domingo! Pero la amabilidad de la señora que me lo alquiló, y el gesto de tenerme flores frescas como bienvenida, lo compensaron. Gracias, Béatrice.

Inmediatamente me aclimaté, sentí el aire fresquito, unos 13 o 15 grados. Fui al super por comida, cené fuera, y comencé a imaginarme qué se sentiría correr en un lugar tan ordenado, tan perfecto. Es perfecto.

Al amanecer del viernes fui a la feria a retirar mi número: sigue siendo muchísimo más pequeña que la expo de New York, a pesar de que es casi la misma cantidad de corredores.

Salí de ahí, y en la noche sí tomé el metro para ver un ratito la famosa Torre. El sábado iba a pasar encerrada y con “las patas arriba”, pensando, tomando agua, tomando Gatorade, y comiendo pasta. Así que me di permiso de ir a darme esa vueltita.

Nunca pensé que lo iba a decir, pero en serio, ya para el sábado no me cabía un solo fideo más. Ni uno. Encontré un restaurante italiano en la calle de al lado, y dije: aquí almuerzo y ceno. No sé qué habrán pensado los meseros de verme llegar dos veces, y comer exactamente lo mismo.

La segunda vez, el señor de la mesa de al lado vio mi bolsito verde – el que le dan a uno en la expo -. Y como él tenía uno igual, me sonrió y me dijo con un acento muy vacilón:

-Good luck tomorrow! Are you a runner?

Le contesté que sí, y que de Costa Rica. ¿Y usted?, le pregunté.

- I am from Athens, Greece.

¡¡Se me fue el corazón a los pies!! Pegué un brinquito en la silla y aplaudí, el señor se rió y su familia también. Les conté que esa es la maratón que había pensado correr en noviembre.

- You know it is the authentic one, the original! – me dijo.

Claro que lo sabía, y por eso, y por Filípides, y por los 42 kms que lo mataron y que nos dan vida a miles de corredores, es que venía hace meses pensando en la maratón de Atenas. Total, terminamos de comer y conversar sobre maratones, sobre Grecia, y nos despedimos esperando que a cada uno le fuera bien al día siguiente.

No dormí casi nada.

Me dieron las 2 am y no había dormido nada. Los videos de motivación, el bolsito con los blocks, el iPod cargado, el bib ya pegado en la blusa… todo estaba listo.

Me dio la pensadera, la ansiedad, y al final ya eran las 5 am y había que levantarse.

Desayuné en el apartamento, y me fui, según yo, a llevar “frío” mientras esperaba la salida.

Les Champs Elysées pertenecían a los corredores. La gran avenida estaba repleta, corral por corral, y el cielo estaba peligrosamente despejado. ¡Riquísimo!

La espera se prolongó bastante, y me sorprendió sentir calor. ¡Calor! Probablemente estábamos a 17 grados, pero con el sol directo, muy pocas nubes. Y yo con manga larga. ¡Ni modo!

El corral se llenó de gente tomándose “selfies”. Me encontré a varios ticos de mi otro grupo, lo cual me animó montones, y se llegó la hora de arrancar: una vez más mi cerebro le dijo a mi cuerpo lo de siempre, “Prepárese, las próximas 4 horas y resto las vamos a pasar corriendo”.

El plan era quedarme en un pace de 6:30 los primeros 21 kms. Suena super fácil, pero conforme pasaban los kms me di cuenta de que no lo es, al menos no para mí. A como pude, lo mantuve, pero fueron 21 kms que se me hicieron eternos, justo por estar viendo el Garmin.

El calor aumentó, y yo comencé a sentir “bochorno”. Claro, hay que tomar en cuenta que en París la asistencia no está cada 2 kms, sino cada 5 kms. Me dio sed ¡Y el agua, la dan en botellita! No puedo imaginar algo más incómodo, pero bueno, así lo hacen ellos. Me di cuenta de que tenía que bajarme toda la botellita en cada estación, porque si no no aguantaría hasta la próxima. Gatorade, nada. Solo agua.

Algo que me llamó montones la atención fue la poca reacción del público. A ver. No es que no hubiera gente a los lados de la calle, ¡es que no reaccionan como uno espera! Nos veían pasar con una sonrisa… y nada más. La monotonía y el silencio los rompió una banderita pequeña, de Costa Rica, que me encontré al lado derecho. Y grité como un perdido cuando lo encuentran,… una muchacha y un muchacho, ¡dos ticos!, me refrescaron el alma con solo verlos. El grito que él dio lo decía todo: “¡Vaya por ese fondo de 42!” Quienes quieran que sean, ¡gracias!

Pasamos un bosque – Vicennes – y para ser sincera, antes de los 21 ya iba cansada, particularmente las piernas cargadas… pero nada. No le puse atención. Traté de hacerme la tonta.

Al llegar a los 21 tenía que decidir: ¿bajaba el pace? ¿Lo podría hacer? Lo intenté pero me dolía mucho. Pensé qué sería mejor, bajarlo por 5 kms y luego fundirme, o seguir igual, sosteniéndolo hasta los 30 tal vez.

Lo intenté. Pero las piernas estaban super “tiesas”. Qué le iba a hacer.

Iba bastante incómoda con el tema del agua. Uno se acostumbra a tomarla más seguido. Varias estaciones de guapísimos bomberos franceses sacaron sus máquinas y nos rociaban agua. Procuré devolverles una sonrisa, porque sí refrescaron bastante el calor, que por suerte comenzó a bajar.

Recordaba que los 30 kms serían más o menos cuando viera, al a izquierda, la torre Eiffel. Ya hace rato había pasado al lado de Notre Dame, y comenzamos a pasar por una serie de túneles que yo ni recordaba. ¡En serio que no!

Ese subir y bajar de los túneles me terminó de cansar… esperaba pasar los 30 en 3 horas 20, pero sabía que iba un poco más arriba de ese tiempo. “Siga, usted siga” pensé. Llegué al punto en que o me concentraba en seguir, o me estresaba por los números.

Finalmente pasamos los 30 kms, y volví a ver unos ticos, a los que sí conocía: doña Lilliana, qué lindo verla, ¡me dio un empujoncito al corazón! Creo que la asusté un poco porque la abracé y le di un beso, pero le dije “¡Ya voy a terminar esto, vas a ver!” y seguí corriendo… ¡pesadísima me sentía! Luego me topé el primer cartel en francés, primer y único cartel hecho para los corredores: “En una hora… ¡estarás tan feliz!”

Si quería intentar lo que venía a intentar, tenía que hacerlo ya. O no me saldría. Peor aún: si lo hacía ya era a un pace mucho menor al que traía… y con estas pantorrillas? Estaba muy adolorida. Comencé a reprocharme por todo. “Esto es nadando, ahora imagínese si no nadara…” “Tanto correr con cuestas, y mirá, te costó igual o más que antes…” “Mejor que esta sea la última, mejor no correr más… ¡nunca más, nunca más! Y no escribir más… qué vas a contar esta vez? Cerrá ese blog, qué vergüenza”.

En fin, me desinflé el ánimo yo sola, cuando comencé a sacar cuentas y supe que los números no me daban para 4 15, ni 4 20, ni 4 30 ni los 4 34 de Roma. Iba a hacer más. Cuando a uno le duele todo, incluido el orgullo, cuesta mucho levantarse. “Cuatro maratones es más que suficiente, no te parece… todo mundo pasea y vos sufriendo”.

Me llamó la atención la cantidad de corredores que se iban quedando a los lados. Algo sí sabía yo: salirme no era una opción, eso solo me haría sentir peor.

“Por qué se siente mal, acaso no intentó…” me dije…

“Sí, pero no me dieron las piernas, qué hice mal, qué hice mal…” me contesté.

En esas venía hasta que entendí que la respuesta no la iba a encontrar corriendo: “Mejor cállese, termine la carrera y luego hablamos”.

Y por dicha me callé, porque los últimos kms venían duritos. ¡Duritos! Los que cuestan más, los últimos, se pasan dentro de otro bosque, que parece interminable y monótono. Ni castillos, ni torres, ni cafecitos lindos en el panorama: un bosque que no se acababa, y que rendí kilómetro a kilómetro.

- 36.

- 36.4

- 36.8

- 37 kms… dale. Acabá el 37… vas para 38.

- 38.3… 38.7…. viene el 39! 39.2… no falta nada…. 39.7… 40.

- Solo dos. Solo dos, Nela. Vaya, no pare. No vea a todos los que están caminando. Siga siga.

- 41… 41.6… si llega al 42 ya puede estar feliz, a ver… 42…! Allá está la meta!

¿Por qué no había gritos, ni gente feliz? Éramos un montón de adoloridos entrando a la meta, y solo nosotros lo vimos. Paré el Garmin.

Hice una mueca cuando vi el tiempo. Avancé hasta que un amable señor francés me puso la medalla en el cuello. “¿Le gustó la carrera?” me dijo.

finish

“Se acabó” pensé.

Suspiré y le dije: “Cómo no”.

De camino, por casualidad, volví a toparme a la familia griega, y nos dimos un gran abrazo de felicitación. “¡La esperamos en Atenas!” me dijeron. Yo no supe qué contestar.

Como el apartamento estaba cerca, no tardé tanto en llegar y quitarme los tennis, suspirar, quitarme el bib.

- “No lo hago otra vez. No pude”.

- “Me duele tanto todo”.

- “Ay ya. Quiero bañarme y no pensar más”

- “Qué pena con el profe. No pude. Qué inútil”.

- “Qué hice mal…”

Me bañé, me alisté – esta vez, con tacones – y salí a comer y a ver la ciudad, ya no como corredora sino como muchacha nueva en París.

Subí al metro, y me fui a la torre. Una pareja de muchachos me hicieron el favor de tomarme una foto. Saqué la medalla con timidez.

Me fui a comer y decidí que aunque fuera en tacones, y con las piernas adoloridas, los próximos dos días iba a caminar y conocer la ciudad.

Imposible ver tanto en dos días, pero conforme fui conociendo, conforme pasé más tiempo en la ciudad, entendí muchas cosas acerca de lo que pasó.

Primero: por qué me estaba sintiendo tan triste. ¡Ni que no hubiera entrenado! La medalla tal vez no reflejaba lo que yo viví en 42 kms en París, pero sí lo que viví entrenando, y en los fondos. A veces – y me entenderán los que corren – hay fondos en los que uno tiene mejor desempeño que en una carrera. Así que ¿por qué la cara larga?

Segundo: no hice mal 10, ni 21, ni diría que hice mal los 30 kms. Yo iba pensando en una ruta plana, y no. París no es plana. Si quiero una ruta plana, mejor me olvido de Atenas, y pienso en Chicago o Berlín. Es más, ¡ni viajo! Plano, ¡agarro la pista! Sin complicarme. Ya debería entender que hay una cuota de riesgo en correr donde nunca he corrido. Es parte de. En Roma me fue muy bien, ¡sorpresa! Aquí no fue igual. ¡Sorpresa!

Tercero: Lo intenté, y no tuve un mal día. Pero sí lo intenté. Se me olvida a veces que esto es un privilegio que comenzó como una idea, un chispazo. Me lo tuve que decir a mí misma, viendo las calles de París, frente al Louvre, junto al Sena: ¿es que acaso uno corre todos los días aquí? No. ¿Es que todos los que se inscribieron, llegaron a la meta? No. ¿Y entonces, terminaste la cuarta maratón y no estás celebrándolo? Qué mensa. Igual, mientras lo escribo, se me sale alguna lágrima. Demonios.

Erick Amador, mi amigo el @ticorunner, me lo dijo con la sabiduría y la calma que le envidio: “Nela, dicen los que saben que hasta después de la octava o décima maratón uno lo puede predecir, lo demás, salen todas distintas”.

No sé si yo llegue a 8, mucho menos a 10, pero creo que tengo que entenderlo.

Si me esforcé, si hice de verdad todo lo que podía, ¿me voy a seguir castigando mentalmente?

Lo tengo claro: hice mejores fondos que esta maratón.

Pero no por ello deja de ser un esfuerzo mío, válido, importante.

Y si vine a aprender esto a París, ¡qué dicha!

Cuarto, y no menos importante: créanme que hasta ahora hago la cuenta. Entre la maratón de NY 2013 y esta, no hay ni seis meses de diferencia. Qué bruta. ¡Ni que yo fuera Gabriela Traña! Tal vez el timing no estuvo tan bueno. Tal vez es mejor dar más tiempo entre una y la otra. Yo quería hacer menos de 4.34, hice 4.55 Ya. Fin del drama. Maratonista, cuatro veces maratonista. ¡Pare de sufrir!

Luego supe que Bekele rompió el récord de la ruta. Debutó y rompió el récord. ¡Maravilloso!

Cayó la noche, y ese último día, mientras volví a pasar por los Champs Elysées, pero caminando, ya no en tennis, me di cuenta de que había vivido una gran maratón, y que es un sueño hacer lo que a uno más le gusta en un lugar que es sencillamente perfecto, lleno de historia, de rincones hermosos, de instantes irrepetibles, como ese pestañeo de luces de la torre cada hora, robándonos el aire a los que no estamos acostumbrados a verla.

¿Qué salió mal?

No todo salió mal. Vamos a ver qué puedo mejorar.

Lo que sé es que ya se me pasó la chicha de “nunca más, nunca más”; sé que ya me perdoné por no hacer mejor esa segunda mitad de la maratón, sé que estoy feliz, consciente del sitio tan hermoso que conocí, y sobre todo: sé que habrá muchos entrenamientos en los que me vaya mejor o peor, pero lo que importa es la voluntad de levantarse temprano, exigirse otro poco más, nadar, sí, otro poco más, y quién sabe. Quién sabe si un día se repita Roma. Eso no lo sabré hasta que lo vuelva a intentar.

No lo sé. Tal vez salude a la familia Pentheroudakis en noviembre. Todavía no estoy convencida de que quiera volver a pasar por todo esto, aunque, sinceramente, siendo la ruta original, la de Filípides, la histórica, que termina en el Panathinaikon Stadium, la tentación es enorme. Me gustaría mucho ir, ahí sí no por tiempos – la ruta es conocida por sus cuestas – sino por acercarme más a la historia de esta distancia que me agota, me desvela, me gusta, me mata, me apasiona, me emociona, me decepciona… me hace levantarme a las 5 de la mañana. Para conocer la maratón, donde nació.

medallaPor ahora, descanso de tennis, de Gatorades, de blocks Cliff, de Garmin. Me quedo con el aroma de París, con la nostalgia que sentí en Père Lachaise ante la tumba de Edith Piaf, con la fascinación en el Louvre… 42 kms en la ciudad más hermosa del mundo, lo cambian a uno. Este deporte lo cambia a uno. No por más o menos flaco. Lo cambia por dentro. Y esta vez, me encantó la lección.

Mi parte favorita de todo esto es cuando al llegar al aeropuerto, le puedo poner mi medalla a mi papá. Ahí, con esa sonrisota que me devuelve,  se me olvida todo.

Lo voy a intentar


picstitchNo hay momento más extraño que éste, las horas previas a la maratón. Todas las dudas, todos los dolores, todos los amores se te juntan en un silencio abrumador, y te volvés a preguntar “qué hago aquí”. No hay pastas o gatorades que sean suficientes, se siente miedo de no haber comido, dormido lo suficiente. Pero el reloj sigue avanzando, y además, aquí vamos 8 horas adelante, así que se me aceleró la llegada de este rato sola, en silencio, alistando por cuarta vez mis cosas para correr.

El plan del profe es ambicioso. Del profe no, ¡mío! Tengo que sostener un pace hasta los 21 kms, y a partir de ahí, bajarlo. Volver a correr como en Roma, de menos a más. 21 kms a un pace constante y luego ir más rápido. Tengo un margen flexible, pero la idea es hacer 4 horas 15, más o menos. La idea es mejorar los 4. 34 de la vez pasada. Esto implica mucha concentración, implica creer que puedo, hacerlo, y si hay dolor, ignorarlo. Porque es posible, y lo voy a intentar.

El cuarto es un caos de barritas, botellas de agua, papeles, mapas. Ya me asomé a la ciudad que voy a conocer corriendo, y es hermosa. El clima está muy bueno, la salida es este domingo a las 8:30 am (12:30 am del domingo en CR). Me pierdo la segunda vuelta de las elecciones en mi país, pero cambio ese “salí a votar” por un “salí a correr”, y espero hacer un “Luis Guillermo”, es decir: comenzando despacio, a paso seguro, pero terminando rápido y cumpliendo el objetivo que parecía imposible.

Y repito el ritual: Gladiador, Spirit of the Marathon 1 y 2, oír mi playlist. Mañana el despertador sonará con La Marsellaise, y este susto y estas dudas, y esta lloradera la cambiaré por unas ganas enormes de conocer París corriendo. Sí, mañana voy a salir a dar una vuelta de 42 kms a París. ¡Y hay que hacerlo con actitud positiva!

Seré una de las 50 mil personas en la salida. Una de ese 21% de mujeres corriendo en París. Hay 138 países representados aquí, uno es el mío. 3 mil voluntarios, 250 mil espectadores… y si siento que no puedo, pensaré en el corredor de 86 años, el de más edad inscrito para la maratón. Si él lo va a intentar, yo también.

Aquí comienza el dopaje mental. ¡Aquí comienza la maratón!

 

 

 

“La plus belle ville du monde”


picstitchYo no sabía qué esperar de esta ciudad, y hoy me quitó las palabras. Ni escribir podía

Luego de un viaje largo, pesado, cansado, por fin llegué a París y el encuentro ha sido hermoso. Tomé el metro desde el aeropuerto hasta la estación más cercana a mi alojamiento, y al salir del metro, lo primero que veo es esta belleza: les Champs Elysées, luciendo ya los banderines de la maratón, y ahí, soberbio y elegante, el poderoso Arco del Triunfo que nos verá partir y llegar a casi 50 mil corredores el domingo.

Me instalé en un apartamentito que es como del tamaño de una sala de una casa: sala-comedor-cocina-baño-dormitorio, todo en uno. Así es aquí. Estoy a unas 3 cuadras de la salida, y mañana me toca ir a la Expo a traer mi número.

Detalles: 1. El clima está perfecto para correr, unos 17 grados, poca brisa, apenas fresco. 2. ¿Cómo yo no sabía que aquí había adoquines, como en Roma? Siempre me asustan esas calles irregulares. 3. ¿Por qué nadie me avisó qué tan re guapos son los franceses? Y yo, haciéndole caso al entrenador, ando en medias de compresión y tennis…!

Por hoy hice el trote de tarea que me dejó el profe. Mañana, reposo, otro trotecito el sábado, y como dijo él, “¡el domingo le toca hacer fondo de 42 jaaaaaaa….!”.

Sinceramente, y viéndola así, rápidamente, esta ciudad de verdad bien vale una maratón. Lo vale. Fui a cenar, y la torre me guiñó sus luces a la medianoche.

Mañana les cuento cuál es el plan de carrera del profe, y qué tal nos fue en la Expo.

“¿Y si lo intentas?”


10170226_10152064515422643_385619840_oElla se llama Chini, somos compañeras de trabajo y hoy me hizo reír… y me retó a soñar también. Hemos estado trabajando mucho para tener a tiempo todo – yo no me puedo ir si no dejo hecho lo que me corresponde -. Y bueno, hablando un ratito en la mañana, Chini me hizo esta pregunta, y me la hizo en serio. (Me habla de tú porque es ecuatoriana. : )

- “Nela, ¿cuánto le pagan al que gana la maratón?”

- “Son como 200 mil euros”

- “¡Entonces gánala!”

- “Chini, ¡es imposible, eso solo ganan los kenianos!”

- “..¿Y si lo intentas?”

Cerramos con carcajadas la conversación, en parte imaginando lo que haríamos con 200 mil euros – ¡shopping con Ana en el Corte Inglés! – y en parte por lo absurdo que sería ver que yo gane una maratón, o sea, absurdo por no decir imposible, impensable, cero probabilidades. Se imaginan qué desastre. ¡Yo, estorbando ahí adelante!

Lo que pasa es que la mejor parte de la conversación es ese “¿y si lo intentas?” que dicho con una sonrisa suena a “hey, lo menos que podés hacer es imaginártelo“, y me gustó mucho pensar que lo puedo intentar.

Póngase una meta“, dijo en enero Andrés, el profe. La tenemos clara – mejorar el tiempo anterior de 4.34 en Roma -. Mejorar significa un segundo, 15 segundos, un minuto, cinco minutos,… no sé. Los que corren saben que bajar 5 minutos cuesta un mundo, ni qué decir 10 o 20… ¡pero hay que intentarlo! Y estoy segura de que aunque no me den 200 mil euros, me sentiría como una keniana si me gano a mí misma.

¿Y si lo intentas?” aplica para todo. Y si uno quiere un trabajo, ¿ya intentó aplicar? Y si uno quiere salir con alguien, ¿ya intentó invitarlo a salir? Y si siempre ha querido tocar un instrumento, subir una montaña, cantar, no sé, lo que sea, ¿ya por lo menos hizo el intento?

Esta es mi cuarta maratón y cada una ha sido un intento por algo diferente. La primera, ¡intentar terminar! La segunda, ¡intentar mejorar! la tercera, intentar terminar a pesar de la lesión,… y ésta? ¿Qué voy a intentar?

Si no intento “ganar”, es un paseo. Y yo quiero “ganar”, mi equivalente a ganar es bajar mi tiempo. Las condiciones están perfectas para que lo logre, falta… intentarlo. Que no se diga que no lo intenté, que nunca me quede con el “hubiera”… que de intentos están hechas las lecciones y los logros.

Gracias Chini. Qué linda.

La foto es el conteo regresivo en la “app” de la Maratón de París.

“París bien vale una maratón”


Cada loco con su tema, yo con el mío – París -.

No iba a cortarme el pelo a lo Amélie, ni dejarme las cejas a lo Piaf, pero ¡algo muy francés había que ponerle a la Maratón!

Y entonces, aparece mi buen amigo del colegio, Diego Brenes, con una historia muy peculiar.

Yo le estaba preguntando sobre lugares interesantes que conocer, y que la tumba de aquel, y el monumento de tal, y me sale con una historia muy bonita, aquella de la frase que se le atribuye al rey Enrique IV, de Francia: “París bien vale una misa”.

Para no hacer confusiones, transcribo de infobae.com:

Enrique de Borbón era hugonote (protestante) y se salvó por poco de ser asesinado en la matanza conocida como Noche de San Bartolomé cuando cientos de correligionarios suyos fueron masacrados por los católicos instigados por Catalina de Médicis, el verdadero poder detrás del trono que ocupaba su hijo Carlos IX. Enrique había contraído nupcias con Margarita de Valois días antes de aquella noche siniestra y su matrimonio con la hermana del rey había sido concebido como símbolo de la reconciliación entre católicos y protestantes luego de la tercera guerra de religión francesa, de la cual Enrique formó parte siendo muy joven aún, con apenas 17 años.

Una semana después del casamiento, los extremistas católicos -alentados por la propia suegra de Enrique- rompieron la tregua derramando sangre de hugonotes en las calles de París. Para salvar la vida, el futuro rey tuvo que convertirse oficialmente al catolicismo; pero en 1576 consiguió escapar de la estrecha vigilancia de Catalina de Médicis y, declarando de nuevo su profesión de fe calvinista, se puso al frente del ejército protestante.

La muerte de Carlos IX y luego la de su hermano Enrique III en 1589 convirtieron a Enrique en heredero del trono francés, algo inadmisible para los católicos. La guerra civil continuó pero finalmente, con apoyo de Felipe II de España, logró ser coronado en 1593. Previamente, tuvo que abjurar del protestantismo y es por eso que se le atribuye la célebre frase: “París bien vale una misa”.

Y qué cosas, me contó esa historia y la dejé como en pausa, seguí en lo mío, y fue hasta horas después que le dije: “Mirá qué tonta, ¡me acabás de decir lo que tengo que poner en la camiseta!”

Paris vaut bien un marathon.

“París bien vale una maratón”

Y me lo dijo él, que sí conoce París, pero no corre. Me tocará comprobarlo a mí, que no conozco París.

Para Enrique IV, el trono bien valía ese sacrificio.

¿Vale París el desgaste de 42 kms corriendo? Tengo la fe que así sea.

Muchas personas pueden pensar que es absurdo ir a una ciudad tan linda, solo a correr. Conocer corriendo sus paisajes, en vez de sacar una semana de vacaciones para perderse en sus callecitas, sin la presión del tiempo, el cansancio o bebiendo hidratante.

Pero lo dijo Paula Radcliffe en Spirit of the Marathon II: “no hay mejor manera de conocer una ciudad, que correr en ella”.

Vamos a ver qué tal reaccionan los parisinos ante el mensaje. Puede que ni lo lean. Puede que no les importe. ¡A mí sí me importa!

Así que éste que ven abajo será mi saludo a París, desde mi camiseta. Como Enrique IV, pero con un final, espero yo, muy feliz.

Gracias Martín Fonseca por ponerlo bonito en mi camiseta.

CHEMA

Todo sea por París


20140313-184817.jpgA dos meses de entrenar con el grupo nuevo, también asumí otro reto.

El profe dijo :“Le haría bien nadar”.

A los lectores del blog que tengan memoria, recordarán que una vez lo intenté. La idea era tener aire, mejorar la resistencia, relajar los músculos.

Lo que pasa es que en aquel momento, solamente podía los sábados, y no pasé de “flotar”.

Estamos hablando de hace dos años, por lo menos.

Y bueno, el profe Andrés entrena triatlón así que es fan #1 de la natación, y me dio por donde era cuando me dijo, al analizar las metas del año: “Claro que puede mejorar su pace nadando, va a ver”.

Se lo dijo a una que tiene la imaginación volátil. Yo, bajar el pace… hm. Eso hay que verlo.

Desempolvé mis anteojos, mi gorra de nadar, el vestido de baño, y les puedo asegurar que lo que no estaba lleno de polvo, sino que muy fresquito, era ese miedo al agua. Qué horror. Tan vieja y tan… miedosa.

Podría decir que por amor a París – ciudad que ni conozco – me tiré a la piscina. (Qué mentirosa. No me tiré. No sé nadar, cómo me voy a tirar).

- “Ok, métase al agua, haga flecha, haga un superman, un par de piscinas, a ver qué tal”

- “Profe, creo que ud. no tiene muy claro, al chile no sé nadar”

Pasé por lo que yo llamaría, “la prepa” de la natación: las burbujas, la tablita, los pececitos de plástico en el fondo de la piscina… ¡ríase! Porque yo me reí mucho.

No sé cómo lo ha hecho, porque conmigo se requiere paciencia en serio, pero el profe logró que yo flote, brevemente –boca arriba todavía no, soy un caso, parezco una piedra – y aunque no he podido encontrarle el gusto a las patas de rana, ya puedo hacer un par de piscinas metiendo la cabeza y pateando, agarrada a la tabla como un náufrago.

Aparte de sentir que durante esa hora en la piscina el tiempo se me va volando, sinceramente sí me siento mejor de aire al correr. Lo probé en un fondo que me tocaba hacer 20 kms. Con todo y las cuestillas, no me fue nada mal – bueno, me caí: en 4 años de correr no me había caído corriendo, vieran qué raspón más vacilón, y eso que iba con licra – y en resumen, al final tenía las piernas cansadas, pero de aire… ¡bien! Bastante bien.

Nunca he buscado la natación por sí misma, ni me veo haciendo un tri porque ¡tampoco sé andar en bici!, pero ya puedo decir que espero con mucha ilusión los martes y jueves para tener esa sensación tan bonita de avanzar bajo el agua, mucho más despacio de lo que avanzo corriendo.

Yo soy esa, la del carril uno, que va con la tabla y no puede con las patas de rana.

Todo sea por París, profe.  ¡Usted sí inventa!

Mujeres que corren: las “Lagar”


imageSiempre me ha caído mal ese dicho de que “en un grupo de mujeres, es mejor no irse de primera, porque si no, las demás se quedan hablando mal de una.”

(Pero siempre hice caso.)

De hecho no soy la típica muchacha que tiene muchísimas amigas; tiendo a hacer amistad más con varones, y no tengo una amiga del alma que se sepa todos mis secretos.

Por eso cuando hice el switch a un grupo 100% femenino, lo hice con bastante temor.

A dos meses del primer contacto puedo decir: no me pudo pasar nada mejor.

Comencemos reconociendo que estas muchachas, las Lagartrotters, son fuertes. Están acostumbradas a esas rutas de “terreno variado” (léase cuestas) del profe, de manera que cuando uno las ve subir, pareciera que no les cuesta nada. ¡Nada! Usualmente me quedo de última y me cuesta mucho llegarles.

Y eso es buenísimo. Me obliga a mejorar.

Segundo: ¿competitivas? No lo diría así, pero ¡rápidas, y orgullosas de ser rápidas, sí que son! Me gusta mucho que el profe me diga “no se les despegue”, aunque voy sin aire y como decimos aquí, “de la relinga”, pero trato a mi máximo y cuando logro “llegarles”, ni tiempo tengo de volver a ver el Garmin, ¡si lo veo, las pierdo!

 Tercero: son trabajadoras, estudian, hacen muchísimas cosas aparte de correr. A veces las escucho hablar de exámenes de sus hijos, de que necesitan irse temprano para que no las atrape la presa para el trabajo. Tienen sus propios negocios, obligaciones, y me parece chivísima que saquen ese rato – el más difícil, el de madrugar – para sí mismas.

Llegamos “a lo que vinimos”, corremos, nos reímos si nos queda aire, y todas tienen una meta personal, una razón para correr, y al terminar el entrenamiento, nos vamos.

Es muy pronto para decir que ahora corro más rápido solo por correr con ellas, pero sí sé que resisto más y que me exijo más.  Mi meta no solo es la maratón de París, a veces mi meta es “no quedarme atrás”, fijarme cuál es la más rápida, esforzarme en alcanzarla o que no me deje muy botada.

Si ve un grupo colorido y fosforescente de muchachas por las calles de Santa Ana, esas muchachas son mi grupo, y estoy segura de que lo que pueda mejorar en mi tiempo de maratón no solo se lo debo al profe, que me dice que no las pierda de vista, sino a ellas, y a esa potencia y velocidad que espero tener un día y que ellas han desarrollado con tanta disciplina.

A ellas y a todas las mujeres que en medio de tantas obligaciones se ponen las tennis para correr, mi reconocimiento en este mes internacional de la Mujer. Porque aparte de ser profesionales y mamás, decidieron ser corredoras. Y eso es un gran título también.

De Chicago a Roma: Spirit of the Marathon II


Comienzo hablándole a quienes no han visto el documental Spirit of the Marathon. El primero, de 2008, cuenta simultáneamente el camino de seis corredores que enfrentarán la Maratón de Chicago.

Aparte de sus historias y retos personales, el documental procura contar la historia de la maratón como tal, entrevista a grandes leyendas del atletismo mundial, sin olvidar a la gente que sabe que no rompe un récord, pero logra una hazaña en la meta.

Este documental se ha convertido, me atrevo a decir, en parte del ritual pre maratón de muchos corredores. Aunque ya uno sabe qué le pasa a cada uno, y lo ve una y otra vez  para infundirse valor, siempre se emociona igual.

Las segundas partes sí pueden ser buenas, y justamente el año pasado se estrenó la segunda edición de Spirit of the Marathon, esta vez contando la historia de siete maratonistas… ¡en Roma!

Apenas lo pusieron en pre venta en Amazon me apunté, porque ¡cómo no iba a querer revivir los 42 kms de Roma, con otras historias, en otro año! Yo corrí en Roma en 2013, pero el documental se grabó en la maratón de 2012.

Sin quemarles la sorpresa,… ¡este segundo documental me ha emocionado todavía más que el primero! Por muchas razones. Por la historia personal de cada uno de los protagonistas, por volver a ver a esos mismos corredores italianos, alegres y divertidos, que yo tuve a mi lado el año pasado,… todos se ven ahí, en ese recorrido… ¡tan simpáticos, tan hablantines! Esa ciudad, absolutamente asombrosa e imponente. Y como dice Domenico, uno de los corredores, “al ver el Coliseo uno se llena de tanto valor, como los gladiadores, que se olvida el temor a los 42 kms”.

Este es el tráiler, para quienes no lo han visto aún. Yo no soy Giacommelli ni Arciniegas pero le doy un rotundísimo 10, y espero poder sentarme a verlo otro montón de veces con mis compañeras del grupo, con mis papás, con quien quiera llenarse del espíritu de la maratón.

Maratón en París: la belleza se une al sacrificio


picstitchUn amigo mío corrió París. Y tanto le gustó, que la repetirá este año.

Su nombre es Juan Carlos Antón, y así como a Rafa y a tantos amigos españoles que corren, me lo encontré en twitter. Este año espero que podamos saludarnos en la línea de meta. Muchas veces me ha dicho Juan Carlos que, por las bondades de la ruta en París, podría mejorar mi tiempo de Roma (4.34). ¡No lo sé! Eso sueño. Pero mientras entreno para lograrlo, le hice estas preguntas.

Solo puedo decir que su narración es épica, y que luego de leer su descripción me dan muchas más ganas de ponerme los tennis y estar allí. ¡Yo, que odiaba el francés!

– Primero, ¿qué hizo que eligieras esa ciudad para correr maratón el año pasado?

– ¡París no estaba en mi guión para 2013!  En marzo de 2013 estaba inscrito para correr la Maratona di Roma. En aquel momento se discutía la fecha de entronización del nuevo Papa Francisco y los pronósticos apuntaban al 17 de Marzo… ¡fecha de la Maratona! Se barajaron varias hipótesis para cambiar la hora de la carrera, peligrando mi participación, pues tenía el vuelo de vuelta a Barcelona muy ajustado. Busqué un plan B y decidí inscribirme de urgencia en la maratón de París. La verdad que fue agradable casualidad conocer París a través de su maratón, así como correr dos maratones en 3 semanas.

– ¿Qué consejos te dieron previamente, qué te dijeron de la carrera?

– Tuve poco margen para recibir buenos consejos. París es una buena maratón para mejorar tus marcas, con un trazado completamente plano y absolutamente turístico. Sabía que era una de las grandes del calendario internacional con más de cuarenta mil corredores y una organización impecable. Muchos la califican de la maratón más bella ¡Y no se equivocaron !

– ¿Cómo son los franceses como “público”? A veces uno cree que son bastante fríos, pero en los videos pareciera que son muy entusiastas para aplaudir. 

– Al margen de la maratón, si es verdad que son algo fríos, quizá  distantes, pero muy formales. Eso sí,  durante la carrera todo lo contrario, vi un público entusiasta, que animaba como el que más. París es muy cosmopolita y había mucho turista animando por los lugares más emblemáticos del recorrido como la Rue de Rivoli ó los puentes del Sena.

– Recuerdo que al finalizar y salir del recinto de la meta, cuando me dirigía al Hotel por la calle, algunos franceses me felicitaron y me estrecharon efusivamente sus manos.  ¡Muy grandes los franceses!

– Llegado el día de la carrera, ¿qué sensaciones tuviste? 

– El día de la carrera amaneció frio (10º), pero soleado. Mis sensaciones fueron bastante positivas, como te decía, venía de correr en Roma con la idea de no hacer grandes sacrificios, tocaba disfrutar. Por ello planifiqué mentalmente un ritmo cómodo, con un objetivo en el entorno de las 3:45, ¡sin ninguna exigencia!

– Hablemos del recorrido: ¿tuviste tiempo de, al menos brevemente, apreciar los monumentos y paisajes de París?

– Correr 42 kilómetros y 195 metros siempre es muy duro, pero hacerlo en un escenario plagado de lugares emblemáticos y grandes monumentos como París, se convierte todo en una experiencia gratificante. París es impresionante, una ciudad espectacular donde todo es bonito, todo es grande, sus parques, edificios, calles… y cómo no, también lo es su maratón, que cruza los Campos Elíseos,  plaza de la Concordia, Rue de Rivoli y Plaza de la Bastilla, alcanza el Bois de Vincennes. Pasa por la Catedral de Notre Dame, el museo D´Orsay, el Louvre, los puentes del Sena y la Torre Eiffel… ¡La belleza se une al sacrificio!

– ¿Qué tal la ruta y la altimetría, cuáles fueron los tractos más difíciles y cuáles los más bonitos?

– Te cuento: salida en ligero descenso por los Campos Elíseos hasta el km 3 donde iniciamos tramos más estrechos, ahí se formaron aglomeraciones de corredores, obligando a sortearlos, a cambiar el ritmo, a vigilar para no tropezarse… Del Km9 al Km19 seguimos corriendo por un bosque (Vincennes) muy bonito que invita a relajarse, siempre corriendo en llano. Lo más difícil: el sube-baja de los puentes del Sena entre el 23k y 29k , muscularmente se notan y también por ésta zona ¡ojo con los túneles!, alguno de ellos tiene casi 1 km, vi alguna caída justo en el famoso túnel del Pont de L’Alma. Tras superar la altura de la Torre Eiffel, donde es preciosa la vista, llena de gente animando, giramos hacia el Bosque de Boulogne (km 33) donde se libra la auténtica batalla del maratón. Son 8 km. de bosque en un momento que el maratoniano ya lo ha dado casi todo y no hay mucha gente y animación, un tramo monótono y mentalmente “difícil”. Cuando menos te lo esperas giras y te encuentras la meta con el Arco de Triunfo como telón de fondo.

 – Cuando terminaste, ¿estuviste satisfecho con tu tiempo final?

– Llegué a meta con la sensación de no haber sufrido prácticamente nada, lo justo en los kms. finales, como siempre. Ha sido una carrera la mar de placentera, sin dolor alguno y disfrutando como nunca lo había hecho. ¡Mi tiempo final, lo de menos! Mis sensaciones en aquel momento, indescriptibles, ¡no tenía nada que exigirme y mucho que disfrutar!

 – ¿Qué calificación le darías a la organización, las camisas, la medalla, y todos esos elementos de carrera?

– La Expo genial, pocas colas, recorrido señalizado y entrega de dorsal con chip incorporado, ¡no os olvidéis el certificado médico, es lo primero que verifican! En la salida para casi 50.000 corredores todo muy controlado, por cajones con salida escalonada, bien. Los avituallamientos bien surtidos pero ¡ojo!, sólo están a un lado del trazado, los corredores se cruzan, esto es mejorable. En la meta mucho espacio para todo, primero la medalla (original, preciosa) luego la camiseta técnica de Finisher y a continuación zona inmensa para recoger botellines, fruta, frutos secos, Powerades, junto a servicios médicos, publicitarios…etc. Se forma alguna cola para salir del recinto.

– Mi valoración: Carrera alucinante, temperatura idónea, recorrido insuperable y para la organización un notable alto. ¡Os espero el próximo 6 de Abril de 2014 en París!

¡Allá nos vemos!

(no me digan que no termina uno emocionado luego de leer esto)

Gracias por tu tiempo, Juan Carlos.

Les mots du dimanche matin


Una de mis páginas preferidas en Facebook se llama Le mot du mardi matin. Cada martes por la mañana, el artista Joel Guenoun estrena un diseño de una palabra, jugando con ella, con su significado y la manera de representarla.

Así como a estas alturas del año pasado, antes de correr en Roma me hice un listado de palabras en italiano – incluida la divertidísima “maratoneta”-, este año repito la nube de palabras relacionadas con correr, o con la maratón, pero por supuesto, en francés. No son las palabras de un martes por la mañana, sino las de ese domingo 6 por la mañana… es decir,… les mots du dimanche matin. 

Maratonista. Marathoner. Maratoneta. Y ahora, marathonienne – en femenino. 

¡Lo más importante, creo yo, es aprender a pedir agua en francés!

dimanchematin

“Qué yolí ciel…”


bonyur…y comienzo este post parafraseando a mi querida Libertad – sí, la de Mafalda -. La mamá de Libertad era traductora de francés, y a veces  el personaje salía con algunas palabras o frases francesas que me hacían mucha gracia.

Ya hace rato que dejé de asistir a la Alianza Francesa, pero aspiro a pronunciar y hablar mejor que Libertad cuando llegue a París para la maratón.

Para ver y disfrutar ese “yolí ciel” del que habla Libertad, antes tengo que correr mis 42 kms. Estamos a menos de dos meses, y ya siento el peso de algunos de los cambios que comencé a hacer. Entre ellos, ponerme alarmas para todo – a veces se me olvidaba merendar, o se me pasaba la hora del almuerzo-. Ahora tengo todos los tiempos de comida bien controlados. Igual el gimnasio y las idas a  correr. Ya pasé Palmarín – qué decir: una sufrida divertida, como siempre – y comienzo a notar cuánto me ayudan las pesas para las subidas, o como dice el profe, “el terreno variado”.

Para mí, dejar de correr en La Sabana y entrenar ahora en Santa Ana y alrededores ha sido un buen cambio. La topografía es completamente distinta. Siempre quedo agotada. De veras. Esos columpios son duros. Eso, y el profe diciendo “no se quede atrás, no se rezague, “corajéelo”. Ahora vamos a probar qué tal me va con la nadada, dos veces por semana.

photoNo obstante, lo que más me ha costado es volver a los horarios de lo que yo llamo “temporada maratón”. Y adaptarlos al trabajo, claro. Tengo muchas responsabilidades que quiero cumplir de la mejor manera, pero al mismo tiempo quiero probarme a mí misma que puedo hacer espacio para el entrenamiento. Me estaba costando un mundo poner el reloj a las 4 para levantarme. Sí, a las 4. Porque si no lo pongo a las 4, con todos los “snooze”  del mundo, no me levanto. ¡Con el frío que ha hecho este mes en la madrugada! Se oye afuera ese viento fuerte, y una que es mala para el frío… lo piensa.

Lo bueno es que ya me acuesto temprano, me levanto temprano, hago las comidas a la hora que es, … y parece mentira, ese orden en la rutina personal se replica en todo lo demás: casa ordenada, trabajo más ordenado. Vida más ordenada.

Y como parte de la preparación hacia París, por supuesto, el repaso de francés… por eso comencé con “qué yolí ciel…“, recordando a Libertad.

Todos esos estímulos se valen a la hora de entrenar para una maratón, donde sea. En este caso, repasar el idioma, hacerme mi playlist de canciones en francés – Je l´aime a mourir, de Francis Cabrel; La plage aux romantiques, de Pascal Danel; Alors on danse de Strömae, y así – . Si suena el reloj a las 4 am y uno siente pereza, tiene que echar mano de esa ilusión.

Y para que no se me quite la costumbre… otra vez me toca una “coincidencia”. Mi maratón de 2012, en NY,  con huracán Sandy y elecciones. La de Roma, en 2013, con elección de Papa Francisco y de paso, transmisión del cónclave. Y ahora… sí: hagamos cuentas: seis de abril de 2013, segunda ronda electoral de Costa Rica ¡y maratón de París! ¡Qué domingo! No podré votar allá – no es posible hacer cambio de domicilio electoral a estas alturas – pero por supuesto, terminando la carrera, me baño y me alisto para ir a ver cómo los ticos votan en el consulado. Dichosos.

La vida es tan generosa que se juntan los más grandes amores de uno en un solo día: y esta vez no será la excepción. Maratón y noticia.

Quedan 55 días para la Maratón de París, yo repaso francés, me levanto temprano, adelanto trabajo, me ordeno con la comida… y trato de que todo salga bien al mismo tiempo. Es posible. ¡Claro que sí!

Una vez me preguntaron que si era “bueno” correr maratones tan seguido. Yo lo que puedo decir es que a mí “me hace bien”, porque me ordena la vida. Y me renueva muchas ilusiones comenzar cada proceso, otra vez.

Pongo la alarma. Y me sueño con ésto. Bonne nuit!

“Póngase una meta”


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Qué pro el teacher, corre y toma fotos. ¡Yo con costos corro y respiro! Foto A. Alfaro.

Hace ratillo no madrugaba tanto un sábado.

Hoy, en Facebook, seguramente habrá leído “primer entreno del año” en el muro de muchas personas. Decenas de grupos de atletismo, grupos de ciclismo, caminantes, nadadores, arrancaron hoy su primer entrenamiento del año. – Retomando la idea del post anterior, hoy mucha gente “los vio correr” -. Yo también los vi. Y también corrí.

Esta vez lo hice con el grupo y el profe nuevos. Igualito que el primer día de clases. Esta vez me tocó correr con el profesor a la par todo el rato… como un reloj suizo! Sé que empecé muy rápido y luego me rezagué, pero la idea era mantener un pace constante y al final se pudo. De que me llevaba vigilada, me llevaba vigilada. ¡Sin derecho a bajar la guardia!

Subiendo la cuesta hacia Lindora, viniendo de Belén, Andrés dijo tres palabras que me dejaron pensando: “póngase una meta”. (Aquí debería poner como 5 tríos de puntos suspensivos). Yo sé para qué maratón estoy entrenando, pero ¿qué meta tengo al respecto? Eso es diferente.

Quedé con esa idea dando vueltas en mi cabeza. Considerando que hoy corrí “rapidillo” para mi promedio, y que no me morí ni me ahogué en ese intento, la primera meta es: bajar mi pace. Pero en serio. Para eso hay que entrenar mucho, exigirse bastante. Hay un momento en el que uno dice: qué es lo que no me da, las piernas, el aire, o qué. Bueno. Yo creo que tengo aire pero me faltan piernas. Vamos a cambiar eso.

Número dos: hay que perder un par de kilillos ahí, yo sé dónde están, me ha costado mucho pero voy a bajarlos. Laura Wesson, esta es una misión para las dos :D Ya comencé a hacer algunos cambios a la hora de ir al Super: ¡Hola semillas de chía, hola yogurt griego, hola avena, hola pan integral… adiós gaseosas! – Coca Vainilla, i´m gonna miss ya! jajajaaj.

Y tercero: apegarme al plan. ¿Cuál plan? Bueno, hoy mismo le paso al entrenador el timeline de cómo corrí Roma, de menos a más… Comencé a 6.45 y cerré en 6.00 ! Nada me gustaría más que volver a hacer mi mejor tiempo de maratón, esta vez en París. ¿Bajarlo? Diay ojalá. ¡Me haría muy feliz! Vamos a partir de la base de lo que hice, y veamos qué plan pone el que sabe.

Para muchos, la meta es más simple – y no menos difícil- y consiste en levantarse temprano. Soltar la cobija. Y con solo eso, ganan un 50%. Se los aseguro. Hacerse el hábito, para el deporte que sea, es cosa de determinación. Ya uno por estar levantado y en tennis, lo demás es ganancia. Como me dijo una muchacha, “con la almohada todavía marcada en a cara“,… pero levantados.

Dado el inusual éxito del post anterior (52 mil visitas en tres días, Santísima Virgen) quiero aprovechar para agradecer a los lectores nuevos… porque me hicieron regresar a leer cosas que escribí hace meses, hace un año, hace dos años, cuando lloré por mis primeros 15 kms, cuando lloré después de escribir la crónica de mi primera maratón, cuando abrí la caja de mi primer par de tennis… y saben qué: volví a sentir una emoción que tenía, digamos, un poquito olvidada. Uno jamás debe perder esa capacidad de asombro cuando corre.

Hoy corrí 12 kms que, en términos de distancia, no es un larguísimo fondo, pero al pace que lo hice, y con los compañeros que lo hice, y el día que lo hice… con el sol tan bonito en Belén… uf! Me gustó montones y me motivó para más.

Ya me puse la meta. Ya yo sé que sí puedo correr 42 kms, la pregunta es ¿puedo correrlos mejor de lo que lo he hecho antes? Me contesto desde ahora: sí, sí puedo. Si cumplo, sí.

Muchas gracias a Just Training por el día de hoy. :) Hasta música nueva le estoy subiendo al iPod.

Corra “para que lo vean”


Hay una enorme cantidad de personas que está harta de “la moda de correr”, y lo expresan abiertamente.

Y bueno, bien por ellos, todo mundo puede opinar y eso me parece normal. De repente un timeline se llena de fotos de una media maratón el día anterior, o tal vez justo cuando era necesario atravesar San José, las calles están cerradas “por otra carrera de esas”.

“Qué pereza con ese montón de vagos”.

En fin. No tengo que justificarme ni defender nada. A mí no me gusta la bachata y no hago drama por eso, nada más no la oigo.

Lo que me llama la atención es que no pocos detractores del atletismo digan que muchos hacemos esto “para que nos vean”.

Nos tagueamos en fotos “para que nos vean“.

Hacemos un selfie con las tennis nuevas “para que nos vean”. O decimos “me levanté a las 3 am para hacer un fondo de 25 kms” solo para que nos lean. (Claro, porque es super vacilón levantarse a las 3 am).

Y saben qué. No los voy a contradecir. Tienen toda la razón.

Hasta el corredor más calladito, más solito, corre para que lo vean, y ni cuenta se da de lo que eso significa.

Yo comencé este blog para obligarme a correr, a ser disciplinada, en un intento, digamos, por “creérmela”, por llevar un registro de lo que significaba no haber corrido nunca hasta ser maratonista. Una. Dos. Tres veces maratonista.

Y comencé a correr porque me dio la gana, pero no fui consciente de que cada vez que me puse las tennis, me estaban viendo.

Mis sobrinos me estaban viendo. No los paso aleccionando para que hagan ejercicio pero sé que les digo mucho cuando me ven llegar cansada y feliz de correr, con los talones sucios y la cara llena de sal.

Mis amigos me estaban viendo. Yo ni cuenta me di, hasta que uno, tres o cinco se me acercaron y me dijeron “de tanto verte y leerte, me dieron ganas de correr. Ya hice 10 kms”. Jesús. Qué culpa. Qué bonita culpa.

Mi mamá, que jamás va a verme a una carrera, me ha estado viendo. Ayer me vio levantarme temprano para ir a correr, justo en diciembre cuando da más pereza, hace más frío en la mañana y sabe mejor un tamal que un entrenamiento. Y me dijo algo que me conmovió: “ay hija, te admiro, eso es pura disciplina”. ¡Mi mamá! ¡Diciéndome eso a mí! Mi tío Luis, que ha estado muy enfermo, se hace tirado de la silla para ir a hacerme porras cuando paso por su casa en Belén, cada vez que corremos Powerade. ¡Ud. cómo cree que me siento cuando él me aplaude!

Pero uno de esos amigos me lo dijo de otra forma, y ahí sí que casi me puse a llorar, me enterneció.

Quedamos en salir a “rodar” un ratico, apenas a ritmo quemagrasa, o como me gusta decirlo: “conversadito”. Íbamos corriendo y me dijo “qué chiva, ya yo me había imaginado que salíamos a correr, y que conversábamos, qué dicha que hoy pudimos“. Y me dio las gracias. ¿Gracias, a mí? ¿De qué? 

Sí. Aunque usted no se da cuenta, usted corre para que lo vean. Usted es un ejemplo de muchas cosas.

Y nada tiene que ver con que llegue de primero, o que llegue con la ambulancia. Tiene más que ver con sus deseos de salir a llevar aire,  moverse, hacer algo por su salud física y mental.

Así que para los que nos critican por “exhibicionistas” o narcisos del asfalto… bueno diay… llámennos como quieran. Corremos para que nos vean. Y cuando alguien se inspira al vernos y decide hacer deporte, quedamos más contentos que al inicio.

Hubo personas a las que vi corriendo, y me inspiraron a comenzar a hacerlo, hace ya tres años… ¡uh! Cómo vuela el tiempo. Mi amigo y colega Andrés Corrales fue uno de ellos. ¡Sus fotos de los fines de semana corriendo me inspiraban montones! Ahora él hace Tri. Y por supuesto, el culpable de todo: Edison Peña. Todavía sueño conocerlo y decirle gracias. Tres maratones después, ¡gracias!

Cuando usted se pone los tennis, sus hijos lo están viendo. Cuando usted llega a la oficina con un par de kilos menos, sus compañeros lo están viendo. Cuando su médico lo felicita por bajar los triglicéridos, sus familiares lo están viendo. 

Cuando usted “estorba” en las calles de San José, mientras algunos le gritan “vago”, otros lo ven y dicen: “pucha… qué dichoso”. Cuando sus conocidos van a su casa y ven ese montón de medallas, ellos también se preguntan por qué ud, sin ser César Lizano, ha terminado tantas carreras.

Así que este Año Nuevo, corra para que lo vean. Porque esos que lo ven, no lo dejarán parar jamás, ni siquiera cuando usted sienta que está cansado o que no ha avanzado nada. ¡No sabe a cuánta gente le está hablando con el ejemplo! Y eso es valiosísimo.

Si este blog le sirve para reírse de mí, burlarse, inspirarse, cuestionarse, y al final de todo eso, ponerse los tennis, pues bienvenido.

Para eso es esta Vuelta a la Manzana.

Nota final: Ayer por fin me saqué el clavo con la San Silvestre. Fijo muy pocos colegas míos se inscribieron, porque inexplicablemente ¡gané la categoría de prensa, en femenino! La ruta ahora nos lleva a Palmarín el 25 de enero y Color Run el 16 de febrero. Y si Dios me da vida, que confío en que sí,  la Maratón de París en abril.

Chi-sentimientos (Alvarito entiende)


Tennis nuevas, ropa nueva, barrio nuevo.

Objetivo nuevo.

Mentalidad nueva.

Y también grupo y entrenador nuevo.

Dar el paso fue complicado, porque uno se encariña con la gente, se hace a la idea de que pertenece a un grupo o una manera de correr, que solo “el profe” es “el profe”, y bueno, he sido ChiRunner por 3 años, tengo mi camiseta Chi, y cuando me han preguntado con quién corro, yo solo digo “Chi” y  con sólo decirlo, todo mundo sabe que soy del grupo de “Alvarito”. Porque a Alvaro Jiménez todos le dicen “Alvarito”.

Tomé la decisión sobre todo por la parte logística. Luego de cambiarme de casa, con horario nuevo y trabajo nuevo, no podía seguir yendo y viniendo hasta La Sabana. Necesito estar lista más temprano. Antes, que trabajaba desde la casa, podía tomarme el tiempo que quisiera después de correr para alistarme, desayunar, ir a gimnasio, pero ahora cada minuto cuenta y necesito rendirlo.

Otro aspecto – que parece súper sentimental – es que muchos de mis “viejos” compañeros del grupo se han ido, o sencillamente corren aparte, y algunos de ellos son justamente los que iban a mi ritmo. Uno es medio cursi y cabezón en ese sentido…

Pensé que era mejor buscar un grupo que corriera por el lado Oeste de San José, y que así como cada cierto tiempo uno cambia de programa de pesas en el gimnasio,  tal vez cambiar de programas de entrenamiento podría ser bueno. Ya encontré ese grupo, pero antes, antes necesito hacer esta reflexión.

Es de bien nacidos ser agradecido, y yo para Alvaro Jiménez tengo mucho agradecimiento. El profe hizo que yo me creyera que podía, hizo que pudiera. No solo logró que yo llevara un proceso ordenado y exitoso de 0 kms a Maratón, sino que en el camino aprendí tanto de su manera de ver el deporte, de cómo creó un grupo tan grande, donde el rápido o el lento pueden entrenar juntos, sin competir, pero compartiendo.

Alvaro es un hombre sumamente sencillo; callado más bien, un entrenador exigente pero paciente: “levante talones”, “¡Nelaaaa ese braceeeoooo!”, “levante la barbilla… no tanto!”. Con calor, corría sin camisa, y con frío, también. ¡Por aquello de conectarse más con la naturaleza! Y siento que ese gesto suyo, tan noble y tan sincero de esperarnos a cada uno y “jalarnos” hacia la meta, era lo que uno más agradecía de él. ¡En cuántos fondos sabatinos, Alvaro se regresó 3 kms o más por 8, 9 personas, llegando a acumular en ese lleva y trae casi una maratón…! Y cuánto consuelo le daba a uno saber que los últimos metros iba totalmente resguardado por él.

Así que cierro el último ciclo del año como maratonista Chi. De mano de Alvaro y de todo ese montón de “Chi Runners” hice las tres primeras maratones de mi vida, no sé cuántos fondos, cientos de cientos de kilómetros en barro, calle o lastre, con sus respectivos desayunos post entreno.  Y la verdad es que uno no puede dejar de ser amigo de quien ha compartido el agua, el hidratante, un gel, un abrazo sudado y agotado en la meta, y no pocas veces una buena llorada al final de la carrera.

Creo firmemente que con Alvaro aprendí las mejores bases, y también que en ese grupo hice amistades que pienso conservar de por vida.

Con mucha emoción, igual que cuando uno cambia de escuela, ahora voy a aprender otras cosas, otras rutas, y vivir las maratones que siguen con el profe nuevo, Andrés Alfaro, y su grupo. ¡Vuelvo a empezar!

Así que cierro el ciclo Chi, como Alvarito cierra los estiramientos, con los brazos extendidos y viendo hacia el cielo, como queriendo agarrarlo, solo que yo extiendo los brazos para decirle gracias. Y aunque hubo momentos mucho más felices que este, estas fotos siempre me recordarán que más que un profe tuve un mentor esperándome en la meta: en las  buenas, y en las malas. Gracias.

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