Corredores: entre ellos se entienden


hifiveLa escena es así.

Tap. Tap. Tap. Tap. 

Inhala. Exhala.

Tap. Tap. Tap. Tap. Son tus pies, golpeando el asfalto.

Inhala. Exhala.

Llevás 40 minutos. Está saliendo el sol. Ves tu Garmin.

A lo lejos, en dirección contraria, ves venir una figura haciendo lo mismo.

Tap. Tap. Tap. Tap.

Se acerca y se va haciendo más grande. La cara no es conocida. ¡Menos con visera y lentes!

Ya casi se van a cruzar. Los dos siguen viendo a un punto neutro de la acera.

Y hasta que están a unos dos metros, se miran a los ojos.

Una leve sonrisa. Y un sencillo “¡Ou!”. “¡Eso!”

En un segundo, la figura desapareció y solo escuchás a tus espaldas su tap tap tap tap, alejándose.

No se dijeron nada, pero se entienden por completo.

A veces esa figura viene bajando… y vos vas subiendo. O viceversa. Vos vas bajando y al topártelo, ves su rostro de dolor o de agotamiento en pleno ascenso.

Cuando sí distinguimos quién es, el saludo comienza desde lejos, a gritos, y cuando están lado a lado se ríen. Ese  ”nos vemos” se oye casi con efecto doppler, a lo lejos. Ahí va tu amigo, que también corre.

Ahí va ese compa que siempre te gana una vuelta.

Ahí va la muchacha que te gusta, aquella de trenzas.

Allá viene el chavalo guapo. Huy. 

Es la señora que empezó a correr el mes pasado. Mirá, perdió peso.

Allá viene Gabriela Traña. ¡Pasó disparada!

Ahí va el viejito que siempre te deja botado.

Ahí vamos todos.

Inclusive a los que nos gusta de vez en cuando salir a hacer fondo solos, para ir oyendo música, pensando  - o más bien para no pensar – nos encanta toparnos otro corredor en el camino. Es bonito. Si lo conocés, mejor. Pero si no lo conocés también es agradable. Hay algo en esa sonrisa tan breve, tan cómplice, que sentís que te alivia un poco el cansancio.

Porque muchos pueden verte correr, pero no saben qué se siente y por qué lo hacés si hace tanto calor, si la cuesta es tan empinada. Porque en casa ya están hartos de oírte hablar de carreras, y de verte lavar las tennis como si fueran zapatillas de bailarina, ¡con un cuidado!

Por eso ese saludo, breve y simple, dice tanto.

Ese que va ahí todo sudado te entiende perfectamente; se ha lesionado, le han dado ganas de ir al baño en media carrera, ya se arratonó, tiene sus mañas como vos,… es lo más cercano a vos. ¿Cómo no saludarlo?

Mi estimado amigo @Ticorunner, Erick Amador, una vez me comentó acerca de ese código de conducta tácito que había entre corredores. Lo describió así:

“Este código me lo transmitieron mis mentores de la vieja guardia, Ronald Lanzoni, Miguel Vargas, por mencionar algunos. Antes de que se popularizara el atletismo, un corredor en la calle, al que se notaba ese “sufrimiento” interno gratificante reflejado en la expresión de tensión en su cara, dejaba de lado por un segundo ese momento de concentración – o si se quiere clímax – para con una mirada rápida, saludar al corredor que se encontraba en sentido contrario y exactamente bajo el mismo “trance” físico-mental. El saludo acompañaba una sonrisa que expresaba “yo voy igual que usted, sé lo que va sufriendo y lo que le va doliendo, vamos siga adelante y nos vemos en la próxima competencia”, junto con alguna señal con la mano: la palma abierta, el puño cerrado, el dedo pulgar arriba, dos dedos en señal de victoria, en fin, cada uno tenía su estilo y siempre era recíproco, bien recibido, era como esa palmada de apoyo en un momento complicado que nos gusta recibir, nunca se quedaban los saludos sin responder, señal de camaradería sin importar si se trataba de un rival a vencer en la próxima competencia o el desconocido que siempre se topa en la misma ruta o alguien que nunca más se volvieran a encontrar, un ejemplo de humildad, de cortesía y de respeto. Últimamente, a pesar de que cruzo la mirada por varios segundos para hacer contacto visual y saludar a ese otro compañero o compañera en el carril contrario, me he quedado con mi mano levantada sin respuesta, ignorado como si nadie fuera pasando, como si no existiera ese lenguaje universal de un saludo cortés con cualquier seña que escojamos”.

Bueno, a @Ticorunner lo pueden saludar solo en la línea de salida porque es muy rápido. Creo que tiene razón. Nada nos cuesta una sonrisa. La seña con la mano. Ese sencillo “¡Óu!“. Es compañía. Y refresca tanto como un trago de agua. ¡No puede ser que por mensajes de texto nos digamos tanto, y que desprovistos de “whatsapp” seamos incapaces de saludar!

Me animé a escribir esto porque me sucedió algo lindo el domingo.

Cuando iba en mi mundo, en mi “Nela-burbuja” corriendo desde Heredia hasta el Aeropuerto, llegando a Río Segundo vi de lejos una figura que tengo, escuchá bien, veinte años de no ver. Se llama Alvaro y fuimos compañeros del cole. ¡Hey, qué tuanis! ¡Mirá, ahí viene Álvaro! Alguna tontera le dije, nos sonreímos desde que nos reconocimos, y me gritó “¡atrás viene Marce!“. Marcela Salas, su esposa, que también es mi amiga desde el cole, venía detrás suyo a paso fuerte,… yo quería parar a abrazarla pero apenas nos dio tiempo de parar por un instante, chocar las manos, darnos besito en la mejilla y le dije “¡apúrese, alcance a ese mae!“.

No tuvimos que vernos caras para saber que los tres íbamos sonriendo después de ese encuentro. Tan contenta me puse que iba más rápido. Iba feliz.

Sé que están casados y que tienen dos hijos; y creo que ellos saben más o menos qué ha sido de mí, pero algo tenemos claro los tres: seguimos siendo amigos, y ahora corremos. Y como los tres corremos, por encima de los 20 años de no vernos, ya sentimos que tenemos mucho más en común ahora, en tennis, que antes, con uniforme.

Por esos encuentros lindos también es hermoso correr.

Cuando me he topado a un lector del blog que me dice “hola Nela“, a veces me quedo un poco perdida tratando de saber de dónde nos conocemos, y concluyo que nos conocemos porque corremos. Sólo eso significa un mundo. Ya luego conversando entiendo que nos conocimos en esta manzana y nos encontramos en las demás.

Y no me digan que no ha sentido a veces que, después de un saludo de esos, de verdad corren con más fuerza. Es el otro combustible que no son los carbos. No sé cómo llamarlo. Un intercambio de endorfinas en el que las dos partes salen ganando.

En fin. Ustedes son corredores. Ustedes me entienden.

El gran Ryan Hall, corriendo… ¡en Chepe!


ryanhallImperdible.

  • Récord Americano de Media Maratón 59.43
  • Atleta Olímpico 2008 y 2012
  • Mejor tiempo en Maratón: 2.04.58

O sencillamente, un muchacho de 30 años con un talento fenomenal para correr, y una enorme dosis de humildad y trabajo para sostener esos resultados y seguir mejorando.

Ryan Hall estará en Costa Rica este fin de mes para correr la media maratón Gatorade. Así habló sobre por qué este país es su “happy place“. Yo lo conocí en NY antes de la maratón en 2011 y me traje la mejor impresión de él, de su sencillez y de lo que significa ser un grande sin creérselo. ¡Qué bueno verlo correr por nuestras calles, a gas tabla!

Si tienen oportunidad, acérquense a aplaudirle a él y a los miles de corredores que participarán el 26 en esta media maratón. Ryan ya conoce el significado de “pura vida”, así que con toda seguridad va a entender el saludo.

“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

Y corrimos por Boston


medallaCuando vea esta medalla de madera en mi pared, siempre me voy a acordar no de mi carrera, sino de los rostros que vi en el recorrido y en la meta.

Fueron 21 kms sufridos para mí, y aún así la primera edición de Quepos Marathon me pareció bonita, como ruta nueva, como sorpresa.

Como les conté antes, no iba tanto por mis 21 kms sino más bien para ver a casi una decena de compañeros correr su primera maratón ahí. ¡Qué valientes! Estrenarse en ese calor, en una ruta desconocida,… Me emocioné mucho con ellos y pensé que bastaba con llegar a la meta y sentarme a ver el verdadero espectáculo de su llegada.

La salida fue a las 5 am:  comencé a tener problemas con el pie derecho desde los primeros 3 kms, y ya para el 5 iba con el pie dormido. Así de simple. Me ha pasado 2 veces, se me duerme el pie (siempre el mismo). Además me sentía lenta, y a los pocos minutos ya sabía que tenía dos opciones: o salirme de la carrera, o pasarla mal 21 kms.

Decidí controlarme mentalmente y no estar sufriendo por el hecho de que iba atrás: y de todas maneras, siempre que estaba a punto de abandonar la carrera, me topaba una cara conocida. Y me arrepentía. ¡Es que solo éramos 300 corredores! Y  nos llegamos a conocer entre todos, aunque sea solo de vista; casi siempre nos hacemos un gesto de “ánimo“, “dale“, “eso, eso” aunque no nos sepamos los nombres… creo que nunca corrí entre desconocidos. Estaba en familia.

Toleré 15 kms incómoda, y preguntándome por qué carambas me estaba doliendo el pie. Ahora que escribo esto, ya recién masajeada, hay 2 explicaciones y quizá hasta 3: 1. no había descansado suficiente después de la maratón. 2. usé zapatos con poco soporte y amortiguación 3. el peralte de la carretera me puso presión en la banda derecha de la pierna derecha, y por eso me dolía.

Lo importante fue que al kilómetro 15, recordé  por qué estábamos corriendo ese día.

Hacía menos de una semana Boston había sufrido las explosiones en plena maratón, y había muchos corredores lastimados y familiares heridos; así como tres muertos y esa inolvidable imagen de un muchacho sin piernas…

… y yo ahí…, con las dos piernas… ¿me iba a quejar? No. Jamás.

Tenía aire, tenía fuerza, toleré  bien el calor. Había caras conocidas también en cada puesto de hidratación. De manera que aunque duré mucho más de las dos horas 5 minutos que tengo como marca personal en media, dije: la cosa es terminar. Y terminé.

Cuando me topé al profe, que siempre nos “jala” en los últimos metros, me dijo que si me sentía bien cerrara con fuerza. Y eso hice.

Tal vez quien me haya visto los últimos 200 metros corriendo como loca hacia la meta pensó que iba fresquísima, pero no era así. Iba inspirada.

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Catalina Miranda, primer lugar femenino: y a los lados, nosotros, recibiéndola orgullosos. ¡Por momentos como estos vale la pena correr! Foto: GIN Sport.com

Luego me tocó ver la entrada, uno tras otro, de mis compañeros, mis nuevos maratonistas: Aurelio, Manuel, Tatiana, Melissa, Isaak, Christopher y hago mención aparte de Catalina Miranda, que quedó en primer lugar femenino de los 42 kms. Impresionante.

Para cada uno de ellos esta fue su maratón, su momento sublime, pero yo quisiera que sepan que verlos cerrar así, ahí, en esas condiciones tan duras una carrera, también es emocionante para uno como amigo y como corredor.

Sus caras en la meta nunca se me van a olvidar.

¿Qué aprendí en Quepos? Que correr media después de maratón no es cosa fácil. Que a veces sencillamente no es el día de uno, y que no hay que amargarse por ir más despacio que de costumbre. Y que mientras uno tenga fuerzas, aunque sea despacio, el cuerpo puede terminar lo que comenzó. Me encantó ser testigo de cómo se ve un amigo cumpliendo un sueño. Queda uno antojado de hacer algo igual. :)

bostonnnHoy ya sabemos quiénes, cómo y por qué provocaron el horror en Boston.

Y conocemos las historias de los fallecidos, de la bailarina que perdió una pierna, la niña amputada y ese muchacho sin piernas: por ellos es que valió mucho, mucho la pena no haber abandonado la carrera. Los llevaré siempre en mi mente. Siempre. Uno no puede olvidar que tiene el privilegio de hacer lo que otros quisieran, y ya no pueden… Por eso esta portada de Boston Magazine me conmovió tanto. “We will finish this race”. Sí. Todos la vamos a terminar por ellos. Cada maratón nuestra lleva un paso de la suya.

Lo importante también es comprender que, si bien hacer buenos tiempos siempre va a ser un estímulo enorme para un corredor, más que el tiempo, tiene que haber una razón, un por qué detrás del esfuerzo. Ganar por ganar, bajar tiempos por bajar tiempos, no tiene mucha gracia: cuando le ponés un sentido al esfuerzo, cuando pensás que es por algo o alguien más, sabe mejor y contribuye mucho más al crecimiento uno como persona. El lacito negro que todos los corredores usamos en Quepos nos hizo pensar en ese motivo.

Ya descansé, ya tuve mis masajes y ahora toca cuidarme más para entrenar y correr en San Diego, el 2 de junio. Esos 21 no los quiero sufrir.

De Quepos a Boston: una cadena de emociones


photoAmanecimos en un Quepos que la verdad, está menos caluroso de lo esperado: 23ºC a las 6 am. Nada mal.

Encendí el televisor y vi que estaban persiguiendo y acorralando a uno de los 2 sospechosos del ataque en Boston.

¡Un muchacho de 19 años! ¿19? Su tío, inmigrante checheno, como él, no supo qué decir sobre el desastre provocado por sus sobrinos. “Quisiera darle mis condolencias a los familiares de las víctimas; estoy listo para verlos, ponerme de rodillas y disculparme” – dijo entre enojado y avergonzado.

Mientras tanto, aquí a unos metros de la playa estamos mi amigo Christopher y yo, viendo esa cacería por tele, pensando en que ojalá capturen al muchacho y tomando el Gatorade número 467543 antes de correr.

Chris corre mañana su primera maratón; yo, otra media.

Creo que nos sentimos igual de extraños de estar viendo esto por CNN y deseando que el responsable de tanto dolor pague por lo que hizo en Boston a gente que, como nosotros, sólo quería ir a correr.

Pero esto no le quita la magia a la carrera de mañana. Viendo a Chris alistar sus geles, su hidratación – todo perfectamente calculado y organizado, ¡a la par de él me siento toda una improvisada! – me contagia de esa expectativa, esa incertidumbre tan deliciosa que enfrentamos ante una carrera nueva en un lugar donde no hemos corrido jamás, y en el caso de Chris, así como Melissa, Aurelio, Isaak y Ramón, una distancia nueva.

De alguna manera estos 21 kilómetros me servirán para hacer un homenaje personal a los afectados por las explosiones de Boston, pero al mismo tiempo me recuerdan que la vida sigue, que podemos responder un gesto perverso con uno amable. Y no es para menos. Además,… ¡mañana se estrena una nueva maratón en Costa Rica! Y espero que sea exitosa, para que todos los años nos veamos aquí y quién sabe, un día no corra yo sólo 21, sino 42.

El hecho de que “sólo sean 21” no quiere decir que minimizo el esfuerzo. Media maratón es de respeto, siempre. ¡El día que uno pierda la capacidad de asombro ante una carrera, de la distancia que sea, ese día se acaba el desafío para la mente y el cuerpo!

Aquí estamos, viendo las noticias, a ratos oyendo la música de correr y tomando mucha agua. Ya retiramos nuestros números y camisetas. Hoy comemos pasta, hoy reposamos las piernas, hoy cargamos el iPod con “power songs”, hoy nos dormimos temprano… ya saben. Toda esa rutina “repetitivamente entretenida” de los corredores.

No sabemos qué se siente correr en Quepos, y estamos ansiosos por averiguarlo.

76Mientras tanto, una hermosa cadena de favores va arrojando luz sobre esta tragedia del lunes: nuestro compatriota Carlos Arredondo ayudó a un joven que perdió ambas piernas en el ataque… y ese mismo muchacho, Jeff Bauman, ha sido clave para identificar a los sospechosos que hoy están en la mira de la policía de Boston. Como lo dijo mi amiga y corredora Mayi Ramírez, “Nunca sabemos en qué momento nuestra ayuda puede hacer una GRANDÍSIMA diferencia…La vida es toda una cadena, que todos estamos hilando…”

Este es mi BIB number de mañana, que me une a Boston, me une a mis amigos que se estrenan en Maratón, y me une a todo aquél que piense que la mejor forma de hacer el bien este mundo es poner un pie delante del otro, sin lastimar al prójimo y animándole a seguir… así de sencillo!

Boston: heridas que sanan corriendo


bostonAcababa de ver llegar a Rita Jeptoo y Lelisa Desisa a la meta.

Acababa de dejarle a mis amigos Annete, Gioconda, Rafa; y a mi profesor Alvaro Jiménez, un mensaje de felicitación por sus tiempazos en la maratón.

Ya estaba fantaseando con cuánto tengo que bajar de mi tiempo para clasificar y correr ahí, donde corrió Kathrine Switzer, donde corren los que son rapidísimos.

Hasta que la primera bomba me sacó de los sueños, y pensé que era una exageración.  CNN habló de dos explosiones en la meta, y ya el asunto no tenía cara de accidente.

De inmediato, todos empezamos a averiguar dónde estaban ellos, nuestros compañeros y el resto de los ticos; a preguntar, a twittear, buscarlos por facebook, esperar que se comunicaran. Qué angustia no saber. Qué minutos tan largos fueron esos,  hasta que tuvimos noticias de ellos.

Mis chi runners pasaron por la meta antes de 3 horas 30, de manera que a las 4 horas, cuando explotó la primera bomba, ya estaban fuera del área del ataque.

Pero más minutos pasaban, y más heridos, y más sangre. Maratón suspendida. Caos.

Son las diez de la noche y me parece mentira que este lunes que suele ser de fiesta en Boston, ahí donde se rompen récords, donde cuesta clasificar, donde van los mejores a lucir el pace de su vida, ahora haya que hablar de terrorismo, de evacuación, de muertos.

“Ya les jodieron las maratones” me dijo un amigo. No. ¡Para nada! Creo que el deporte destierra el miedo, lo contradice. ¡No hay miedo entre la gente que corre 42 kms! A cada paso, lo aplastan. Seguramente veremos extremas medidas de seguridad – ni me imagino lo que nos espera en NY – y estará más que justificado. Nuevos controles, más revisiones. Y nos someteremos a eso. Nos han robado la tranquilidad para correr, pero no es irremediable y no podemos colgar los tennis por una cobardía como esta.

¿Terrorismo? A lo de hoy le han llamado un “plan de ataque coordinado y sofisticado” - que viene siendo lo mismo – y lamentablemente salió perfecto para los propósitos de quien lo concibió. Por definición, el terrorismo pretende frenar, amedrentar, amenazar. Mal haríamos en complacer al que se lo propuso.

Que yo recuerde, algo así solo se compara con lo ocurrido en Munich en 1972, o Atlanta en el 96. Tomar un evento deportivo multitudinario para matar inocentes … es una bajeza. ¡Como tantas que se cometen todos los días, claro está! Pero el escenario es fuera de lo común, y por lo tanto, los que corremos hoy dormimos tristes. Hay una línea de meta manchada de sangre, y todos nos sentimos tocados por ese dolor.

Los datos sueltos siguieron llegando.

  • Muchos corredores, al ingresar a la meta y ver la emergencia, se fueron literalmente corriendo hacia el Hospital más cercano a donar sangre. ¡Qué corazón!
  • Gracias a que ya había ambulancias y médicos en la meta, como en cualquier maratón, se pudo dar una rápida asistencia a los heridos y fue más ágil la atención la emergencia.
  • Por haber colocado las bombas en el suelo, la explosión provocó lesiones especialmente en las piernas. Hay muchos amputados.

Quisiera que los atletas, como mi profe, como Annette, Gioco o Rafa, no tuvieran que recordar esta maratón por la tragedia, sino solamente por lo que sintieron al llegar a la meta, el gozo de terminar la carrera y la satisfacción de romper su récord. Pero por supuesto que esto lo marca a uno. Incluso a los que no corrimos. Miles regresan a casa con un sabor agridulce de haber logrado su mejor tiempo, y luego ver llanto, ambulancias y policías.

Alguien quiso convertir lo sublime de la línea de meta en muerte. No se lo podemos permitir. Sucedió en Boston, como pudo haber sido en NY, Chicago, Londres, Río o Madrid, no lo sé. Y uno lo único que se puede hacer… es correr.

Yo estoy desarmada, solo tengo mis tennis y una enorme tristeza. Pero también creo en lo que construimos cuando corremos: en que cada persona que llega a la meta es una promesa de que hay oportunidades, de que sí se puede vencer el cansancio, y de que aunque no se conozcan, miles de personas se vuelven amigos y hermanos cuando corren juntos por 42 kilómetros. Todo eso se contrapone al odio y la cobardía.

¡Y pensar que en maratones como Washington o Nueva York, miles de corredores dejan año tras año millones de dólares para ayudar al prójimo, corriendo por obras de caridad, fundaciones de beneficencia, recaudando fondos para terceros que no conocen! Hoy la que sufre es la maratón, y los maratonistas.

Ningún tico salió herido. Pero eso no me quita el pesar, no me quita las ganas de llorar.

Y como suele suceder, para olvidar algo triste o llorar sin que nadie nos moleste, lo que uno hace es salir a entrenar, esperando que se se pase ese dolor.

Este fin de semana, en Quepos, yo corro por Boston. Ahora más que nunca, por favor, no dejemos de hacerlo.

¿Quiere ver cambios? Cambie.


Escribo este post con 5 ampollas. No, no en los pies. ¡En las palmas de las manos!

Hice un cambio radical que me está recordando que para ver resultados diferentes… ¡hay que cambiar la rutina!

Y bueno. Correr ya es mi rutina. Ya no me es extraño madrugar, hacer fondos, correr 21, 25 kms, andar en tennis, comer bien antes y después de una carrera… cumplo dos años y medio de correr, y la verdad he ido mejorando. ¡Lento, pero ahí voy! Los tiempos van bajando, las piernas son distintas, me canso… pero distinto!

Pero yo quiero algo más.

¿Por qué no puedo yo pensar en mejorar el tiempo de Roma en NY… puedo hacer menos de 4 horas y media? Sí. Pero entonces no puedo seguir haciendo lo mismo. Si hago lo mismo siempre, tendré los mismos resultados. Hay que cambiar la rutina. Hay que cambiar algo, si quiero cambiar esos números y correr mejor, correr más, disfrutarlo más y desgastando menos el cuerpo.

Si uno no busca un desafío más, si uno no se exige un poco más, si no cambia la actitud o se reta,… diay seguramente va a correr siempre igual. Igual que en el gimnasio, donde si no cambiás la rutina, pues nada, el músculo llega a un punto de confort, no subís, no bajás. Todo queda igual.

Para ver cambios esta semana comencé a entrenar Cross Fit, que combinado con correr, da muy buenos resultados. Mi instructor se llama Paulo Wesson y aparte de Cross fit también enseña Jiu Jitsu.

Cross fit es un programa de entrenamiento que incluye ejercicios funcionales; se hace en sesiones muy cortas pero super intensas. Les puedo decir que en 10 minutos uno queda fundido, ¡pero fundido! Y es excelente para mejorar la fuerza, la resistencia y también la velocidad. Aparte de que reta mucho la voluntad. ¡No es fácil! En el primer encuentro con la barra, el sudor de la palma de las manos y un workout intenso me dejaron las ampollas que apenas hoy se me van sanando. Pero es una enorme satisfacción sentir otros músculos trabajados, y entender que esto será una buena base para los objetivos nuevos.

Y este es el primer cambio. ¡De muchos! Comiendo lo mismo, haciendo lo mismo, leyendo lo mismo… obtenés lo mismo. No tiene sentido. Creo que eso es parte de lo que se aprende corriendo. ¿Querés más? Hacé más. 

Tengo el propósito de mejorar ese 4.34 de Roma para noviembre, en NY. ¿Cuánto puedo bajar? No sé. Las matemáticas las hará mi entrenador. Pero la única manera de saberlo es tomando decisiones y cambiando. Cambiando.

Las cosas suceden si uno se mueve y las provoca. Los buenos tiempos y las grandes satisfacciones no están haciendo fila ahí afuera, hay que  salir a perseguirlos. Al que quiere cuadritos, qué tirada, ¡no los venden! ¡Hay que marcarlos! Al que quiere correr más rápido, ¡pista, pista! Al que quiere un título académico, ¡a estudiar! La diferencia es decidirse y hacerlo.

A veces no es pereza, es miedo. Y el miedo es la cosa más normal del mundo, todos lo sentimos. La diferencia es lo que él nos haga a nosotros: si nos frena, nos inmoviliza, o nos pone alerta. El escritor Julio Bevione dijo una vez que ”la acción mata el miedo“. No le de mucho tiempo a las excusas. Hágalo, cambie. Algo va a pasar.

La uña, los recuerdos, y empezar de cero


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Cerrando, a 25 metros de la meta.

Me ha pasado varias veces desde el 17 de marzo. Estoy en cualquier sitio, viendo al vacío, sin pensar, y de repente me digo a mí misma: “o sea, ¿en serio ud. corrió una maratón?”.

Tengo flashbacks de ciertos tramos de la carrera, de la llegada, del frío, de pasar por ciertos lugares y asombrarme de ver tanta gente, como la Piazza del Popolo o la Fontana di Trevi… son como chispazos. No me cae el cuatro de lo que viví. O tal vez se me fue muy rápido todo y ahora solo tengo los recuerdos tangibles: la medalla, el bib, la camiseta, las fotos. Es increíble, ya pasó. Tengo tan vivos algunos momentos, sonidos,… pero luego me salgo de ese recuerdo y no comprendo cómo lo hice. Cómo fue posible.

Apenas terminé en Roma, me fui a pasear a casa de familia y amigos que tengo allá, con la mala suerte de que me resfrié como hace 3 años no me resfriaba. Seguro se me bajaron las defensas y sumémosle los aguaceros y el frío que había llevado la semana antes, y ahí estaba la gripe. Me quedé en cama un día y poco a poco me fui reponiendo. No corrí ni hice ejercicio esa semana.

Al llegar a Costa Rica me di cuenta de dos cosas: una, la maleta venía en otro vuelo; dos, tengo la uña del dedo índice del pie izquierdo completamente morada.

Eso en términos de corredor es parte de la rutina. Sucede, sobre todo al correr largas distancias. Por el golpeteo y la presión al correr, a veces se hacen como burbujas de sangre entre la piel y la uña y bueno, se pone morada, eventualmente se cae y sale otra uña. Así es. Es la primera vez que tengo una uña morada. Es… raro. Es como una cicatriz de guerra. Me siento orgullosa de la uña morada. Se ve fea pero ni modo. Es así.

Por lo demás, el aprendizaje post Roma ha sido enorme. Concluyo que rompí mis límites mentales al ir de menos a más, y no puedo negarlo, ya sueño con mejorar ese tiempo de 4 horas 34. O sea, si pude hacer una hora menos que en NY… ¡tiene que ser posible! Ya comencé a hacer números, toca sentarme a hablar con Alvaro a ver cómo mejorar con miras a noviembre.

Creo que esta vez sí logré correr sonriendo todo el camino. La foto de arriba, aunque no lo parezca, es el cierre de la maratón. No terminé deshecha, terminé fuerte y feliz. Y de nuevo quedé con esa sensación de que todo lo que uno se proponga tiene que salir bien, si trabaja por eso. Tantos fondos, tantas cuestas, la pista – ugh, la pista-. Todo sirvió. Todo salió bien. Como dijo Sako, “no es un milagro, es resultado del esfuerzo”.

El jueves, mientras salí a correr de nuevo -mi primera salida a correr post maratón y post resfrío – un señor así, muy de los nuestros, de pueblo, me vio pasar y me sonrió muy amable. Como contento de verme corriendo, me dijo en un tono paternal:

- “…qué! ¿Va cansada, negrita?”

Yo le sonreí y le dije “No señor, ¡todavía no!”.

Tengo 35 años, dos maratones, como 8 medias maratones y no sé cuántas carreras de 10 kms. Y no estoy cansada. A veces lo que lamento es no haber comenzado a correr más joven, pero sinceramente quedo con el deseo de ver qué puedo hacer mejor, qué hice bien que pueda repetir. Qué se puede alcanzar. Y lo mejor es que ese aprendizaje se traslada a la vida. Te reta a pensar qué podés hacer para vivir mejor, ser mejor en el trabajo, mejor con la gente. Uno se siente capaz de hacer más.

Hace varios meses me inscribí para dos medias maratones muy especiales; la primera es la de Quepos, el 20 de abril, primera edición. Nunca he corrido ahí y no tengo idea de qué esperar. ¡Lo cual es buenísimo! – adoro las sorpresas y como dice Alvaro, no hay que autodeterminarse -.

Y la segunda es una de las paradas de las famosas Rock and Roll Marathon Series. Es la de San Diego, California. No conozco el lugar pero al menos tres amigos han corrido allí y les encantó. Yo en una corazonada, entré al sitio web y pum, me anoté. 21 kms el 2 de junio en California.

De hecho, lo que tengo a la vista son puras “medias”: Quepos, San Diego, y Correcaminos (vuelve la mula al trigo); luego en agosto los 21 de Powerade, en setiembre los 30 kms en Tamarindo, y la reposición de NY en noviembre, 42 kms sin huracán esta vez.

Este lunes comienzo de cero.

Cada vez que se acaba una maratón se comienza de nuevo de cero, y ahora que miro atrás y recuerdo cada instante de la maratón de Roma, me hace tanta falta y siento que se me fue tan rápido, se me escurrió entre los dedos… las cuatro horas y media más lindas que mi memoria tiene a mano. Y ya no están. Ya pasaron. Yo lo llamo “goma maratonera”. Añoranza de algo que te hizo muy, muy feliz.

Las competencias, de la distancia que sean, no son las que hace que uno se gane una medalla: es esa alarma que sonará mañana a las 4 pasadas, es volver a entrenar en la Sabana cuando la gente normal está durmiendo. Las maratones se ganan, se construyen y se sufren en los entrenamientos. El evento, el gran día, la gran fiesta, es sólo el premio a lo que nadie vio. Por eso sabe tan rico. Por eso se siente bonito.

Y será muy cursi, pero estoy feliz de alistar otra vez mis cosas y poner la alarma. Mañana comienzo otra vez. Porque para correr 42 kms en donde sea, hay que hacer la tarea antes y esa se hace entrenando. No hay de otra.

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Las palabras no son suficientes


La transmisión televisiva de la competencia, aquí está. Creo que con las imágenes de la salida queda más claro lo imponente que es la ciudad… desde el Coliseo, el Altar de la Patria, todo. Lo que pasa es que ver correr a los etíopes le acelera a uno el pulso. De las 2 horas 08 en adelante ven el cierre de Negari, desde la cuesta que les contaba hasta la meta. 2horas 7 minutos 56 segundos, con Nessun Dorma de fondo. Vale la pena verlo.

Buongiorno, maratoneta!


frametasticNingún corredor me puede decir que no le ha pasado por la cabeza la frase:

“¿Qué hago yo aquí?”

Yo lo pensé cuando me vi bajando las gradas, de la Via Gregorio hacia el Coliseo. Esta cara del Coliseo casi nunca se la veo porque uno entra del otro lado. Ahora estaba viendo la placa que dice Anfiteatro Flavio. Dios mío, voy en fila con un montón de gente hacia la salida… Qué hago aquí. Estoy chiflada.
Llegamos al corral, y de ahí, a la partenza. Ya había dejado el salveque con la ropa limpia en un camión numerado.
Conocí un par de gemelos holandeses que venían a correr uno su primera maraton, el otro, la sexta. Detrás de mí unos franceses, delante de mí, todos italianos. Podría decir que el corredor promedio en esta maratón tiene 40 años, es flaco y canoso. Yo era la rara, la chiquitilla con una corona de olivo en la cabeza.
A las 9:30 am comenzamos a movernos, y cuando los vi a todos tirar sus abrigos, supe que a partir de este momento y las próximas casi cinco horas, mis piernas no iban a dejar de moverse.
Mi tiempo meta era 4 horas 50 minutos. Lo importante es llegar, pero considerando que en NY había hecho cinco horas y media, mejorar también era importante y no me permitiría durar más de 5 horas esta vez.
En los parlantes, la música de Gladiador,  y en la línea de salida, unos soldados romanos vestidos a la antigua. ¡Qué emoción pasar frente al Vittorio Emanuele y ver una banda de policías, guapos y uniformados, tocando el himno italiano! Qué vacilón pasar frente a la bocca della verità, y salir de los muros de la ciudad hacia una Roma que no conocía.
Los primeros 10 kms fueron bastante buenos, a pace, muy concentrada y muy contenta porque no me dolían las piernas. Luego de los 15 aceleré un poco, pero me dije “chavala no festeje tanto porque le faltan 27 y eso es un montón.” De nuevo me encomendé a Padre Pío que siempre anduvo conmigo. Me lo imagino con todo y hábito capuchino pero en tennis, al lado mío y haciéndome trompas porque para todo lo invoco.
Muchos me felicitaban en el camino por la coronita de olivo,“sei la più carina” me dijo un señor; otra muchacha me dijo que le gustaba el accesorio,  y un grupo de señores de una asociación de atletismo me pasaron a la par y me dijeron “¡Ave!”, muertos de risa.
Se me empezó a hacer lejano el km 20 y recordé a mi amiga Priscilla que ese mismo día corría su media maratón en NY, entonces me dije a mí misma: “Vas con Pri hasta los 21, dale, hasta los 21 vas con ella”.
Y así fue porque justo a los 21 me despedí mentalmente de Priscilla y pensé, “ahora ¿con quién vas a correr?”.
Mi pace era más rápido que al inicio. Yo sabía que eso no estaba bien porque auno se le puede caer el piano a la mitad, pero si iba a ese paso era porque en serio me sentía muy bien. De hecho quise pegármele al grupo de pacers de 4 horas 45 y no sé cómo, les pasé. Ellos iban vestidos de angelitos – ¿?-  y estuve con ese grupo unos minutos, pero cuando me di cuenta los había dejado atrás.
Es que si uno se siente bien y puede sostener ese paso, hay que seguir. No me dolía nada. Pensé que seguro la cantidad tan abundante y sabrosa de pastas que había comido en la semana había funcionado de verdad, porque me acercaba a los 30 kms sin trazas de desgaste o falta de energía.
Luego vi el rótulo de los 30 kms y me emocioné pensando que en tan solo 12 estaría en la meta. “Pero una maratón no son dos medias” dijo Anyo una vez, y supe que tenía que concentrarme mucho y poner la actitud más fuerte de los 30 a los 40 kms.
Iba muy contenta porque seguía pasándole a muchos corredores que a estas alturas ya iban caminando. Es la parte más dura de la maratón, es donde se nos acaba el glucógeno, nos topamos el temido muro y nos comienza a pesar lo corrido.
Cerca de los 32 un señor me comenzó a hablar. Tengo que decir que los italianos no paran de hablar mientras corren. No sé como hacen, de verdad, pero van sonrientes, van conversando de todo – calcio, política, el Papa Francesco, de todo -. El señor iba a un super paso y me contó que esta maratón era para celebrar sus 60 años. Qué carga. Luego se disparó y no lo vi más.
Pronto estuvimos en el kilómetro 37 y comenzó a llover. Otra vez le jalé la sotana a Padre Pío y le dije que porfa, porfa hiciera lo que fuera pero correr el final sobre sampietrini mojados, sería demasiado. Pronto se acabó la llovizna.
Los organizadores de esta maratón son muy inteligentes porque los kilómetros más duros y más difíciles coinciden con la entrada a la ciudad y los sitios más hermosos. Era como de película pasar en medio de la Piazza Navona,…frente a la barchetta de la Piazza di Spagna, y aunque llevaba una moneda lista para echarla a la Fontana di Trevi, la cantidad de gente impidió que lo intentara. Pasamos soplados.
Mi pettorale o bib number llevaba mi nombre y la bandera. En NY les costaba mucho leer mi nombre, pero aquí lo gritaban con muchas ganas y lo pronunciaban bien. Esos aplausos y el Bravaaaa Marianelaaaaaaa los llevaré grabados en mi cabeza siempre. No paré de correr y cada vez que escuché esos gritos, le di más fuerte. Più che puoi, me habían dicho.
Tenía aire pero ya en el km 38 se me estaba acabando la fuerza en las piernas, pero no hay razón para aflojar. “Entre más rápido corra, más rápido llega: póngale”.
Nunca se me va a olvidar que en la última vuelta hacia la Via del Corso pasamos por una callecita estrechísima que olía a pan, a pizza, a todo. Había gente comiendo en las mesas, ¡y uno ahí…!
Lo ingrato de leer “ultimo kilometro” era ver que a había que subir una cuesta y darle vuelta al Coliseo por detrás. ¡Una cuesta! Escuché clarito a Alvaro en mi cabeza diciendo “suba a puro braceo” y así subí rápido. Me puse a llorar como estúpida de la emoción, estaba a 200 metros de la meta. Me sequé las lágrimas y entré sonriendo, con aquellos soldados romanos a los lados gritando “Salveeee..”
Y así, rapidísimo, muy rápido, se me fue la maratón.
Llevé a grabar la medalla, que es preciosa, es… ¡bellísima! Y cuando me la dieron ya grabada con el nombre y el tiempo del chip caí en cuenta de lo que había hecho.
Venía por 4 horas 50. Quería hacer 4:45. Pero hice mi maratón en 4 horas 34 minutos. Me felicité mucho, mucho mucho. Logré ir de menos a más y acelerar donde la gente se cansa. Entré a la meta corriendo, corriendo con ganas. Fui fuerte. Mejoré casi una hora en comparación a NY. ¡Qué felicidad! ¡No soy una rala!
Crucé la calle y pedí una cioccolata calda que me cayó deliciosa.
Ahora quisiera ver a esa señora de la feria y decirle que sí corrí tanto como pude, ¡y cuando no pude, también!
Hoy es lunes y sigo llorando a ratos. Tengo tan fresquito cada paso, cada kilómetro, la sonrisa y los saludos y la habladera de los italianos, que te van felicitando y te preguntan come ti senti? Stai bene?
La maratón de Roma resultó hermosa, palmo a palmo. Tan sorprendente el público, tan motivadores los otros corredores. Un día digno de un imperio que tuvo momentos gloriosos y de una ciudad que todavía es imponente.
Aunque mi maratón de NY del 2011 fue linda por ser la primera, esta es con la que verdaderamente me siento corredora, esta es con la que ya puedo decir que soy maratonista. Lo soy.
Amo las distancias largas, seguir y seguir corriendo, y como decía Damaris Wesson, “sin ver al suelo, viendo hacia arriba, viendo todo lo que hay que ver.”
Esta vez mi nombre sí salió en el periódico, porque el Corrierre dello Sport sí publica la lista de todos los que corrieron – hasta el que llegó de último -. Curiosamente de los 12 mil inscritos, solo diez mil llegaron a la meta. Yo fui una.
No fui la más rápida, pero fui valiente.
Tengo unas ganas enormes de regresar a CR y enseñarle a Alvaro mi medalla. Qué entrenador tan bueno tenemos, ¡es un estratega sensacional! Y aunque todavía no levanto los talones tanto como él quisiera, creo que él ya sabe qué esperar de mí. Ahora podemos planear y soñar un tiempo mejor en noviembre, cuando regrese a reconciliarme con NY.
Me subí en el metro para ir a caminar un poco y ando la medalla en el pecho, con tanto orgullo, porque ya soy maratonista, es más, soy maratoneta.
GRACIAS
  • A los amigos con los que corro, que se llaman ChiRunners, porque compartimos tanto y nos aceptamos así, casi en pijamas en el frío de la Sabana, sudados y cansados. Quien diga que uno se vuelve antisocial cuando corre, no nos conoce  :D
  • Por los masajes en Kinetic – gracias Kat y Vero por dejarme dormir siempre un rato más.
  • Por los consejos de Laura Wesson, la mejor nutricionista ¡que también corre y hace cross fit!
  • A Ernesto “Lobito” Fonseca, porque es mi amigo y conocerlo marcó mi vida de la forma más chiva y valiente del mundo. Lo pensé mucho de los 30 a los 40 kms porque necesitaba pensar en campeones. Y él es uno. Es un gladiador. Hace 2 años me dijo “diay si lo hace, hágalo en serio“.  Yo le hice caso.
  • Y a mi familia que aunque no entiendan muy bien la vaina de los 42 kms, me quieren con mi chochera de correr.

“Più che puoi!”


frametasticUna semana intensa. Tanto, que en algunos momentos se me olvidó que estaba en Roma, la ciudad a la que hace 5 años no venía y que tanto añoraba. Se me hicieron cotidianos los trillos entre la sala de prensa y la piazza San Pietro, no presté atención a todos esos detalles que siempre me han encantado del Vaticano. De los 4 días de largo trabajo en el Cónclave, dos los pasé pensando cuánto tardaría en salir ese humo blanco, dando paso a dos buenas noticias: habemus papam, e habemus maratón.
Reconozco que me preocupaba mucho estar tantas horas de pie, cansándome antes de tiempo. De hecho mientras esperaba el miércoles en la plaza, ya casi resignada a que el humo iba a salir negro, estaba tan cansada y con tanto frío que me puse a hacer los mismos ejercicios de estiramiento que hacemos en la Sabana, igualito: isquiotibiales, funcional, talones, todo. Adiós cualquier amago de glamour, que la verdad tampoco me desvela: esta reportera tiró los chunches al suelo y estiró. Funcionó muy bien para calentarme, pero igual, llevaba dos horas de pie bajo la lluvia, con el salveque en la espalda, sosteniendo la sombrilla y esperando. Temperatura, calculo, unos 10 grados y bajando.
A las 7:07 estaba viendo hacia el suelo, harta de estar tragando el humo de segunda mano de la gente – Dios mío, cómo fuman estos italianos – cuando los gritos me dejaron sorda y una mole me empujaba hacia adelante. Las sombrillas, las cabezas, nada me dejaba ver pero aunque no viera estaba clarísimo por los gritos de felicidad que el humo era blanco. Cuando me di cuenta yo también estaba pegando brincos y sí, dije ¡Viva el Papa!
Pensé dos cosas: “gracias a Dios, ahora sí puedo estar segura de que habrá maratón el domingo”. Y la segunda: “Nelita, te quedan otras dos horas de pie por lo menos, llevando frío, porque no sabemos quién es el Papa y hay que esperar el anuncio.”
Mientras dimos la noticia por via telefónica y contaba todo lo que pasaba en la Plaza, me iba dando cuenta de que yo era uno de esos punticos chiquitillos que uno ve por tele en las transmisiones de estos eventos. La misma plaza que estuvo a medias el día anterior, nos estaba aplastando a empujones, pero empujones de contentera.
Terminamos hechos un puñito al lado de un padre italiano, joven y altísimo, y unos japoneses. Cuando escuchamos el nombre del cardenal elegido nos quedamos todos “bateados”: ¿Giorgio Mario…. qué? Saqué mi “forro” con las biografías de los papables, y ahí estaba de último, según yo sin posibilidades, Giorgio Mario Bergoglio. El argentino.
Ahí vieran que sí se me paró el pelo porque dije “por fin, un latino, uno que habla español” y los japoneses me pidieron prestado el forrito. Ahí entre todos ibamos leyendo: mirá, es jesuita. Mirá, este es joven.
Así que cuando salió y dijo que venía casi desde el fin del mundo, nos cayó bien a todos.
Efectivamente mi trabajo terminó pasada la medianoche: otra vez a dormir tarde, otra vez a cenar tarde, con dolor de pies y medias empapadas, pero feliz. Feliz.
Recordé a Donna, la señora de Illinois con la que recé esa mañana. Ah sí, yo recé. No soy la mejor católica, pero sí creo en Dios y con Donna recé para que por favor, Dios nos ayudara y nos echara la mano eligiendo a un Papa ese mismo día, y así poder correr. Por qué ser hipócrita, yo pedí por mí, si Dios conoce el corazón de cada persona, entonces Él entendería mejor que nadie lo que le estaba pidiendo. Estaba agradecida de transmitir una gran noticia, pero había entrenado para correr.
¿Egoísta? No. Yo siempre lo tuve claro. Venía a ponerme dos sombreros: el de periodista y el de corredora. Y si las cosas salían bien, uno no iba a estorbarle al otro.
Así que guardé la libreta, el iPad, los tiliches, y ahora ando en tennis y comiendo pasta en el mejor lugar del mundo para hacer carga de carbohidratos… Italia!
Ya vi varios anuncios de la maratón en las estaciones del metro, en los buses. Ayer en la mañana fui por mi número y viví una expo estilo italiano. Más pequeña – solo somos 14 mil corredores, no 45 mil – pero con un pacco gara para cada corredor, de lujo. Una belleza. Le conté a la señora que me dio mi paquete que me habían cancelado NY y me dijo “Adesso corri più che puoi!” Entonces, ¡ahora corra todo lo que pueda! Lo haré, prometo que lo haré.
He comido pasta con todo: pesto, hongos, pomodoro,… Aunque no tengo nadie que me tome fotos en el Coliseo, me alegra haber venido sola porque no creo que alguien aguante comer pasta casi tres veces al día y estar comprando Powerade en cada esquina.
Hoy cuando salí a correr ya estaban poniendo las barras para el público en el Foro Imperial, para la maratón. Y la gente sabe que hay maratón. En el restaurante de ayer me preguntó el dueño cuántos kilómetros son. “Quaranta e due” – le dije, y se asustó:  ”quaranta e due? Allora, tu sei forte!” Y yo toda convencida le dije que sí.
Ahora los masajes me los tengo que dar yo, y lo que queda es reposar e hidratarse lo mejor posible.
He seguido leyendo sobre Papa Francesco, y me llamó mucho la atención que hace como 50 o 40 años le quitaron un pulmón, por una infección, así que ha vivido con uno, y con uno solo, le gusta hacer deporte. Le gusta nadar.
Yo digo que si el Papa puede nadar con un solo pulmón, cuál excusa voy a poner yo para no correr con toda el alma el domingo, teniendo dos, y teniendo casi un año de entrenamientos acumulado.
No es la sacada de clavo de NY, es sencillamente la Maratona di Roma. Y será dentro de un día y medio. O sea, nada. Se esperan 12 grados de temperatura, no habría lluvia.
La rutina de motivación incluye escuchar la música del playlist de correr, ver Gladiador y ver las fotos de los fondos con mis amigos. Lo único que hace falta aquí son ellos, ellos y Alvarito.
El único cambio en la ruta de la maratón será justamente en la zona del Vaticano, porque no será posible pasar dado que el domingo será el primer Angelus de Papa Francesco. En algún momento pensé que sería una lástima no pasar por ahí corriendo, pero pensándolo bien, ya tuve suficiente Vaticano para los próximos 10 años. Hay otros kilómetros igual de lindos de Roma que sí podré disfrutar.
Esta canción la escuché aquí en un restaurante y me encantó, la voy a poner en el playlist del domingo, que lleva hasta ópera y la legendaria Notti Magiche de Italia 90. A ver si les gusta.

¡Una vuelta al… Coliseo!


¿Cómo se dice…?


nubeblog

¡Once días para la Maratón de Roma!


¿Sabías que en italiano, maratonista se dice “maratoneta”?

Bueno, estoy a once días de que me digan así de nuevo, aunque mi amiga Sigrid me dice “maratoNela”

Este es el trailer de la segunda parte de “El Espíritu de la Maratón”, que se estrena en Junio de este año y fue grabado en 2011 nada menos que en… ROMA.

El que boca – y tennis – tiene, a Roma va.

Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

fondomaelevacion

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