Hola, “yo-que-corre”.


Hace días venía como rara.

Luego de un mes muy intenso de trabajo, estrés, poco dormir y mucho rato sentada frente a la compu, añoré algo. Me sentía yo pero, cómo decirlo, la versión adulta y seria de mí misma. Me faltaba la otra yo.

La que puede cantar en voz alta sin importar que la oigan. La que puede andar la cara y los brazos llenos de sal, tomar agua de cualquier tubo, y seguir sintiendo el viento en la cara, cuesta arriba o cuesta abajo.

Me hacía falta ser la “yo” que corre.

Luego de la maratón, quedé con tal dolor en la pierna izquierda que decidí tomar el descanso total muy en serio. Aunado a la agenda de trabajo tan ajustada, no tenía tiempo para los tennis, ni gimnasio, ni pilates, ni nada. Tacones. El lado serio. Casa, oficina, silla, ir y regresar.

Las veces que intenté correr, a pocos pasos sentía de nuevo el  dolor. No había descansado suficiente.

Comencé de adentro hacia afuera, comiendo mejor, tomando mis vitaminas, y volví al gimnasio a reconstruir el músculo perdido. Uff. Todo corredor que ha pasado por esto, sabe que uno llega, se ve al espejo y dice “desastre“. ¿Dónde está la flaca que corre? ¿Qué me pasó? ¿Por qué tengo que comenzar de cero?

Y bueno, comencé de cero.

Pesas para recuperar ese músculo que “me comí”, para volver a tener fuerza y potencia. Pesas para que los brazos me ayuden a subir. Pero nada de correr, todavía.

Aquí por mi barrio mucha gente corre. Los veía en la mañana, al mediodía, los fines de semana. Yo solo lo añoraba. Para el Black Friday, ¿qué me compré? Por supuesto, un par de tennis. Y el olor a nuevo de los tennis me tenía mareada. Los puse a la par de la cama, no sé para qué, porque más bien parece que todos los días me ven y me dicen “entonces qué, ¿hoy tampoco, chapa?”

Probé en la elíptica. Sin molestias. En la banda, 10 minutos. Parecía que todo bien.

Seguí haciendo pesas. No puedo decir que me duelen partes que no sabía que existían; puedo decir que me duelen partes que había olvidado que se movían. ¡Así de grave!

Este domingo no pude más. Pensé “si no pruebo ahora, ¡entonces cuándo!”

Me puse los tennis viejos, y salí por mi vieja ruta. Nada de estrenar zapatos ni lugares… quería volver a lo que conozco y me hace sentir segura.

Sentí que iba super despacio. Me preocupé primero por el ritmo cardiaco, de por sí, lerda iba a estar. ¡Un mes y medio sin correr!

Aproximadamente 2 kilómetros pasaron para que yo me sintiera bien. El sol en la espalda, la música en la cabeza. La misma palmera en la acera, tocarla al pasar… como siempre.

Estaba corriendo. Yo sabía que correría poquito, pero por poco que fuera, era importante hacerlo. Salir a probar la pierna, entender que es un proceso. Que volver a correr es un proceso. No puedo brincarme etapas, tengo que hacerlo poco a poco.

Los corredores, uno a uno, fueron apareciendo en mi acera… el viejito,… las muchachas,… los muchachos. Toparme de frente a cada uno y volver a hacernos la seña de “quiubo“, era como volver a mi casa. La calle es la casa de los que corremos.

Hacia el final de la ruta, logré quedarme en un pace cómodo, modesto pero cómodo, alegre. Estaba corriendo y eso era lo que me importaba.

Paré a los 9 kms porque eso fue lo que planeaba correr, pero por supuesto que quedé con ganas de más.

Llegué agotada y hambrienta a la casa. 9 kms, y estaba fundida. ¿Cómo es que yo he corrido 42? No entiendo.

Lo que sé es que comencé de cero, ¡pero comencé! Al echar a lavar la ropa sucia y alistar mi ropa del gimnasio, los tennis, todo, me di cuenta de que esa es la Marianella que extrañaba, y ahora que volví a ser ella… me siento completa.

La Marianella que combina la ropilla de correr, porque es medio cursi para esas cosas. La que se acuesta temprano el sábado porque le ilusiona correr el domingo. La que corre con el pelo suelto, aunque luego se le enrede. La que siempre usa las mismas rutas porque sí, porque la calle se va amoldando a uno y uno a la calle. La misma que cuando corre, no piensa mucho. O piensa mucho. La que cena pasta para correr mañana, la que pone el despertador, la que se pierde fiestas o salidas porque mañana entrena. La que sabe que cada paso pequeño y lerdo de hoy, la está acercando a su próxima maratón. ¡La cuarta!

Volví a correr. Ya sé qué me hacía falta. Era esto.

Quedé debiendo esta foto, que bien podría llamarse “muchacha feliz con su tercera medalla de maratón“. Pero no miento si digo que mi cara, hoy, al terminar esos 9 kms, era de mucha más felicidad.

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Comments

  1. Bueno en un rato libre aproveché y leí varias publicaciones, algunas me hicieron reir otras me hicieron pensar que era yo la que “hablaba”…. pero tenía que ser esta la que mi animara! Exactamente el lunes 06 de enero a las 6 de la tarde volví al asfalto, luego de 5 días paseando (gracias a Dios) y lo que es peor UN MES sin corer y comer sin restricción… me ví al espejo justo así “desastre”. Por lo menos vos fué por una lesión pero yo?? pues por vaga. No pude hacer el recorrido que hacía antes con facilidad , me sentí morir: pesada y sin aire. Pero como decís – empecé de cero, pero empecé!!
    Muy buen blog Marianela, que Dios te siga dando salud y fuerza para esta maratón y todas las que vendrán.

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