¡No deje de asombrarse!


correc

Mi primera carrera con la camiseta de Lagartrotter :)

- “¿Por qué no ha vuelto a escribir? ¿Por qué no va cantando?”

Íbamos más o menos por Zapote, durante la Correcaminos, cuando escuché esas voces al lado mío.

Me estaban hablando a mí.

Le dije: – “¿Vos sos la muchacha que un día me escribió porque me oyó cantando Pink en una carrera?”

Ella me dijo riéndose: – “Sí, ¿por qué no va cantando hoy?”

Me reí porque a pesar de que venía escuchando música, efectivamente no venía cantando ni bailoteando. Venía concentrada en salir de Zapote.

Hacía dos años, por esta misma ruta, ya venía arratonada, enojada, adolorida y derrotada.

Por ahora iba “bien”, pero no cantaba victoria.

La cosa es que conversé un ratito con ella y con su novio, que estaban haciendo la media maratón como parte de su preparación para Chicago.

En pocos metros, se me adelantaron. Y me quedé pensando “Pucha, de veras que hace rato no escribo nada”.

La verdad es que me hace tanta falta escribir de correr como correr. Y he seguido entrenando, pero no escribiendo. Mal. Mal.

Y quería esperar el momento para hacerlo, pero ¡no se vale! Hay que ser constante.

Este año Correcaminos fue distinta; primero porque yo seguía “enojada” con la ruta – no siempre es lindo atravesar San José, pero ya yo estaba predispuesta por la última vez -. Así que yo lo que quería era sobrevivirla sin dolor, salir lo más pronto posible de Tres Ríos y llegar a La Sabana sin llorar.

No hacía 21 km desde marzo, antes de la maratón de París.

Ya iba más o menos por la mitad de la carrera y estaba “bien”, pero como le dije a ellos, “no podía cantar ni victoria”, y prefería ver cómo me la iba jugando.

Lo bueno fue que, poquito antes de llegar a la meta, cuando de veras venía casi con el tanque en 0, sin fuerza, los pude alcanzar otra vez, y los pude animar a que cerraran con fuerza.

- “Déle, cierre bonito, ¡imagínese Chicago!”

No había terminado de decir eso, cuando ya iban como cachiflines, y supongo que cerraron bonito porque yo me quedé atrás.

No mejoré mi tiempo en media de 2.05 (pucha, cómo ha costado) pero lo que sí me gustó fue volver a “sentir bonito” en una competencia.

De hecho, vi algo precioso. Mis amigos, los gemelos Figueroa, corrieron juntos. Frank ya ha hecho maratón, su hermano Rudy se estrenaba ayer en Media. Verle los ojillos de susto a Rudy pero saber que terminó sus primeros 21, fue genial.

Estuve detrás de ellos en la línea de salida, mientras me acomodaba los audífonos. Pensé “Santísima, ya yo no me acuerdo cuántas medias he hecho, y Rudy va a hacer la primera… qué emoción”. No quise aconsejarlo porque en esto las emociones y las vivencias son muy personales, solo le dije “Vea Rudy, nunca es tan feo como la gente dice, y lo feo que a uno le pase siempre es distinto y es genial”. Se echó una risilla y listo.

Ayer me di cuenta de que probablemente haya carreras que uno nunca quiera hacer – yo jamás he querido, ni haría, Sol y Arena, por ejemplo.- Otras, que siempre quiero repetir – este año hice mi quinta Santaneña, la espero con ansias para el cumple-. Y otras, que por haberlo hecho llorar a uno, hay que hacerlas de nuevo para quitarles el “feo”. Para sacarse el clavo.

Ese caso fue el de mi Correcaminos 2014.

De lo que estoy segura es de que no hay que acostumbrarse jamás a decir “uff esta es mi media maratón número tal o cual”. No importa cuántas sean. Uno no puede ser así de confiado, soberbio, o malagradecido. Es más, ¡no hay que perder esa inocencia en la línea de salida! Esa capacidad de asombro. Las mariposas en la panza.

Lo que estamos a punto de vivir puede ser la peor carrera… la mejor carrera… el mejor tiempo… puede que en esta carrera se tope gente que hace mucho no ve! ¡Puede que vea algo asombroso, como el señor que corre apoyado en una sillita de ruedas! ¡Puede que vaya a escuchar cosas loquísimas, como el borrachillo que al ver los bolis de agua me preguntó que dónde daban ese guaro! ¡Puede que cierre casi desvaneciéndose… o que entre a la meta como un titán!

Todo es posible en la próxima hora y media de su vida… o dos horas… o lo que dure corriendo.

Eso es lo hermoso y nunca hay que acostumbrarse. Siempre hay que agradecerlo. La salud. La emoción. Todo.

Esto lo escribo pensando en una persona que no pudo correr por una lesión. Esa persona hizo que mi quinta Santaneña fuera absolutamente distinta de las 4 anteriores, y gracias a él, estos 21 km tuvieron otro sentido. Y fueron geniales.

Escribí esto pensando en vos, Manolo.

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Comments

  1. Me encantan los Blogs, se convierten en un medio de expresión, en el área donde puedes compartir tus pensamientos, pedacitos de tu vida y muchas cosas más. Por favor continúa dándonos qué leer. Te comparto el mío, en la de menos halles algo que pueda serte útil. Saludos. sem31.wordpress.com

  2. Iliam Fernandez Palma says:

    De verdad me encanta leer sus comentarios y me hace analizar sobre mi propia experiencia. El susto, la emocion, la cólera, revancha y lugo nuevamente la emocion y finalmente SATISFACION de haber llegado a la meta. Solo el que quema asfalto entiende como se pasa de uno a otro sentimiento en una hora….. No se vale solo corer y no escribir… se le extraña…. gracias…

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