“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

¿Quiere ver cambios? Cambie.


Escribo este post con 5 ampollas. No, no en los pies. ¡En las palmas de las manos!

Hice un cambio radical que me está recordando que para ver resultados diferentes… ¡hay que cambiar la rutina!

Y bueno. Correr ya es mi rutina. Ya no me es extraño madrugar, hacer fondos, correr 21, 25 kms, andar en tennis, comer bien antes y después de una carrera… cumplo dos años y medio de correr, y la verdad he ido mejorando. ¡Lento, pero ahí voy! Los tiempos van bajando, las piernas son distintas, me canso… pero distinto!

Pero yo quiero algo más.

¿Por qué no puedo yo pensar en mejorar el tiempo de Roma en NY… puedo hacer menos de 4 horas y media? Sí. Pero entonces no puedo seguir haciendo lo mismo. Si hago lo mismo siempre, tendré los mismos resultados. Hay que cambiar la rutina. Hay que cambiar algo, si quiero cambiar esos números y correr mejor, correr más, disfrutarlo más y desgastando menos el cuerpo.

Si uno no busca un desafío más, si uno no se exige un poco más, si no cambia la actitud o se reta,… diay seguramente va a correr siempre igual. Igual que en el gimnasio, donde si no cambiás la rutina, pues nada, el músculo llega a un punto de confort, no subís, no bajás. Todo queda igual.

Para ver cambios esta semana comencé a entrenar Cross Fit, que combinado con correr, da muy buenos resultados. Mi instructor se llama Paulo Wesson y aparte de Cross fit también enseña Jiu Jitsu.

Cross fit es un programa de entrenamiento que incluye ejercicios funcionales; se hace en sesiones muy cortas pero super intensas. Les puedo decir que en 10 minutos uno queda fundido, ¡pero fundido! Y es excelente para mejorar la fuerza, la resistencia y también la velocidad. Aparte de que reta mucho la voluntad. ¡No es fácil! En el primer encuentro con la barra, el sudor de la palma de las manos y un workout intenso me dejaron las ampollas que apenas hoy se me van sanando. Pero es una enorme satisfacción sentir otros músculos trabajados, y entender que esto será una buena base para los objetivos nuevos.

Y este es el primer cambio. ¡De muchos! Comiendo lo mismo, haciendo lo mismo, leyendo lo mismo… obtenés lo mismo. No tiene sentido. Creo que eso es parte de lo que se aprende corriendo. ¿Querés más? Hacé más. 

Tengo el propósito de mejorar ese 4.34 de Roma para noviembre, en NY. ¿Cuánto puedo bajar? No sé. Las matemáticas las hará mi entrenador. Pero la única manera de saberlo es tomando decisiones y cambiando. Cambiando.

Las cosas suceden si uno se mueve y las provoca. Los buenos tiempos y las grandes satisfacciones no están haciendo fila ahí afuera, hay que  salir a perseguirlos. Al que quiere cuadritos, qué tirada, ¡no los venden! ¡Hay que marcarlos! Al que quiere correr más rápido, ¡pista, pista! Al que quiere un título académico, ¡a estudiar! La diferencia es decidirse y hacerlo.

A veces no es pereza, es miedo. Y el miedo es la cosa más normal del mundo, todos lo sentimos. La diferencia es lo que él nos haga a nosotros: si nos frena, nos inmoviliza, o nos pone alerta. El escritor Julio Bevione dijo una vez que ”la acción mata el miedo“. No le de mucho tiempo a las excusas. Hágalo, cambie. Algo va a pasar.

Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

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Leo Chacón: porque el cuerpo no se manda solo.


Cuando lo vemos en La Sabana entrenando, se nos salen los aplausos de las palmas de las manos… es inevitable.

Hay atletas que se llenan de medallas y récords, y se vuelven “importantes“. Otros dan un ejemplo de vida, inspiran, sonríen cuando más les duele, te animan con su buen humor y nos dejan callados con su humildad.

Esos, se vuelven trascendentes.

Leonardo, gracias. ¡Viva Liberia!

 

 

Sacado el clavo… alistando la maleta


Siguiendo los pasos del profe. ¡Sólo así! Correr Chi. :)

No fue sin dolor, ¡me dolió! pero fue hermoso porque tuve la vista del Turrialba, humeante y calmo, el compañerismo de mis amigos, y delante de mí todo el tiempo al entrenador que sabe guiarlo a uno a donde uno quiera llegar.

Orosi y yo nos reconciliamos ayer en un recorrido de 35 kms, lleno de cuestitas que había olvidado. Esta vez corrí muy acompañada, y creo que sin los chistes de Ramón, Isaak, y la conversa con Melissa y Alvarito, así como la chi asistencia, no hubiera logrado romper una barrera mental. Ayer no era para ver tiempos, no, era para romper esa barrera que es la peor que uno se puede poner; esa pensadera en el dolor o en que la cuesta es muy larga…. ¡QUÉ IMPORTA! siga, siga, siga. Ayer solo eso me dije: siga siga siga.

Dejo el mapa del recorrido, pero quiero brevemente explicar por qué este año sí pude hacer fondo madre, es decir, según yo, esto hizo la diferencia:

1. Confianza. Tamarindo le deja a uno la sensación de “poder”. En el post pasado dije “esto no puede ser peor que Tama”, pero sí lo es, en términos de topografía. Igual, ya uno embarcado corriendo… lo que tiene que hacer es aguantar y seguir. Pero de alguna manera haber aguantado Tamarindo te da una base para pensar que podés con algo similar.

2. Gimnasio, comida, hidratación. Este año me he portado mejor en esos 3 aspectos. Y se siente la diferencia.

3. Correr con amigos. No me quedé rezagada como el año pasado; esta vez iba en un grupo y ellos me “llevaban”. Y aunque hasta los 30 k el profe me tuvo que arrear como a una mula, lo pude terminar.

4. Braceo. Es básico pero uno no lo entiende hasta que lo hace, sobre todo en los peores ascensos.

Aprendí que las cuestas no son lo peor del mundo, ¡lo peor es no tener un motivo para subirlas…. y yo tengo tantos!

Y que si uno puede correr 35 kms en Orosi, con mucha seguridad y si Dios lo permite… puede correr muy cómodamente 42 kms y 195 metros en Nueva York.

El clavo de los 35 kms


Hace un año, en la vuelta de los 15 kms… paré a los 25.

Con Correcaminos no pude – algún día podré, lo prometo – pero con mi fondo madre, ¡tiene que suceder! ¡Sacarme el clavo!

Con el perdón de los Cartagos que me leen, ¡correr en su provincia me cuesta mucho! No sé si es por el frío – yo por todo me cobijo – o por la topografía, o justamente por ese fondo madre de octubre del año pasado, cuando no pude terminar la tarea por un dolor en la pierna izquierda. 

La verdad es que tengo pocos recuerdos de ese día, como que lo tengo bloqueado en mi mente. Solo me queda el colerón de parar de correr, no terminar lo que tenía que hacer, y desayunar con la panza revuelta por el miedo a que eso fuera un mal augurio de la maratón. Yo me fui a NY sin saber qué era correr más de 30 kms; quedé con “ese clavo”. Pero veámoslo con la cabeza fría:

Número uno: nunca fue, aunque parecía, periostitis tibial. He concluido que tal vez fue falta de gimnasio, recarga acumulada o nervios. Punto. El médico lo descartó y con fisioterapia se fue el dolor.

Número dos: a cualquiera le pasa. El fondo madre es un ensayo, pero no es la maratón. No hay que hacerse bolas ni asustarse por todo.

Número tres: si me toca correr otra vez ahí, la estrategia está clara: ir con mente re positiva, más actitud, y bueno, voy a repetir la fórmula de “corro 17.5 y me devuelvo” aunque tenga columpios y a medio camino el frío se convierta en un sol pesado y cansón.

No me importa. Se corre y punto.

Estos días he pensado mucho en el poder sanador de correr. Una vez que uno echa a andar los pies, en la cabeza todo se va resolviendo – o te vas peleando con medio mundo – y no me dejarán mentir los corredores, el sudor para nosotros no es sinónimo de calorías quemadas, ni bajar de talla necesariamente. Uno sabe que en el sudor se va todo: las frustraciones, las peleas, las decepciones, los berrinches propios o ajenos, … todo. Por eso al terminar hay una sensación muy placentera de serenidad, que junto al agotamiento te relajan y te calman montones. No tenés más fuerzas ni para volverte a preocupar por lo que te tenía estresado al inicio.

Sin entrar en detalles, este año sí que llevo cosas anotadas en la suela de las tennis. Suficiente. Una de ellas se llama “miedo a correr en Orosi” y voy a ir a sacarme el clavo, quiero hacer el fondo completo, sin lloriqueos ni dolores, concentrada, mejor preparada físicamente y terminar los 35 kms de tarea para NY. Además si algo recuerdo es que Orosi es precioso y que la belleza escénica del recorrido vale la pena.

Además, vengo de correr 30 y Orosi no puede ser peor que Tamarindo. Ya sabemos que el cuerpo lo resiste: ahora hay que ir a hacerlo. Comienza con un paso, comienza cuando me amarre los cordones esa madrugada del sábado, comienza y no se termina hasta que se termine.

Me quiero ir a sacar el clavo de eso y de todas las cosas que me molestan, lo que me haya quitado paz o contentera. Lo voy a dejar ahí botado en Orosi y no me lo llevo a NY, porque este año NY va a ser mejor. ¡Hasta las elecciones voy a poder ver! :)

Así que a comer como se debe y alistarse, porque correr 17.5 kms y devolverse tampoco es fácil. Pero este año, Dios mío, no será imposible. Yo seré más fuerte.

Y al terminarlo sabré que puedo venir a casa a comenzar la maleta… que ya saqué del armario.

Recuerdos de carreras


¡Feliz sin dolor! Foto: Alfredo Carballo (que hoy nos hizo super fotos a todos)

¿En qué momento pasó un año? Hoy fue el fondo madre de mis amigos que correrán en Chicago, y yo me les uní por 13 kms. No es mucho pero era para “tantear” cómo respondía el pie. Y respondió. Y corrimos. Y los vi llegar felices a todos, enteros, sonrientes. El otro mes ya me toca a mí. La ruta de hoy es mi favorita, y me encantaría que fuera la ruta de mi fondo madre… (en caso de que el profe lea esto, ¡yo feliz…!) pero bueno, correremos donde haya que correr con actitud y con contentera.

Teniendo tanto tiempo la semana pasada, me puse a ordenar algunos chunches en la casa y encontré una pila de papeles: los números o bibs de las carreras que he hecho. Algunos hasta tenían las gacillas puestas y todo. Hay unos enormes que le tapaban a uno todo el torso, otros lindísimos, por coloridos, otros muy feos que los imprimen como en lona y son súper incómodos. Sé que no son todos los bibs de todas las carreras porque alguno se me habrá perdido o lo habré botado, pero casi siempre los guardo y lo que no sé es qué hacer con ellos.

Lancé la pregunta en el Facebook de Una vuelta a la Manzana y la lluvia de ideas me encantó: de hecho me costó mucho decidirme por cuál era la mejor opción, y como no urge, al rato y pueda hacer varias.

El único bib que enmarqué por aparte es el de NY, por razones obvias.

Por qué guardar los bibs, si para recordar cada carrera está la medalla… no sé. No hallé cómo botarlos. Cada papelito de esos me trae a la memoria algo; y bueno, es uno de los momentos emocionantes de una carrera, colocarse el número, buscar las gacillas (que nunca aparecen cuando uno las necesita), y que te lo tachen para tener medalla y merienda.

El resultado de por lo menos sacarlos y verlos fue esta foto que me gusta mucho y que quise poner en el blog.

Las medallas también las conservo, pero están en un sitio de la casa donde solamente yo las veo. De todas las carreras, solo hay 3 medallas que no me dejé: la de Tamarindo del año pasado, porque se la regalé a mi mamá dado que la carrera fue el día de su cumpleaños, la del Reto Jacó Extremo que se la regalé a mi papá porque tuvo la paciencia de acompañarme, y la del Reto Powerade del año pasado que se la regalé a mi tío Luis, que con todo y que estaba delicado de salud salió a la esquina de su casa en Belén a hacerme bulla.

Todas juntas,… ¡si hablaran…!

Con las camisetas es otra historia, porque como ustedes saben a veces uno pide XS y le dan una L ó M que ni para pijama le queda, entonces es complicado. Conservo las que son personalizadas y de la talla correcta, y particularmente las de Corré por Mí que llevan los nombres de las mujeres por las que corro en octubre.

En fin, les adjunto unos links de sitios que venden álbumes para ordenar los bibs, y algunas ideas que encontré en Pinterest. Y si quieren me cuentan qué hicieron ustedes con sus medallas, bibs y camisetas. :)

RaceDay Books ordenadísimos álbumes para los que guardan todo, y apuntan como un “journal” de sus carreras. Lindísimo.

Races R My Bag Muchachas qué tal unos bolsos grandes para llevar de todo a los fondos… hechos con los bibs! Me encantaron.

Y estas son las ideas de algunos de los lectores del blog: 

Allan Abarca: ¿ponerlos en un álbum?

Patricia Barboza: Tomales una foto que se pueda imprimir en tela y haces un quilt, además de un bello recuerdo ¡tendrás una obra de arte útil!

Laura Mora Carboni-Hernandez: Enmárquelos iguales y póngalos en una sopla pared, queda bien bonito.

Natalia Di Pippa: Un cuadro con intervalos de fotos de cada carrera!
José Chaves:  Emplastíquelos y hace manteles individuales para la mesa. Sería un buen tema de conversación en la mesa contar los detalles de cada carrera.

A mí me suena montones la idea de José. Además no tengo individuales. ¡Pero la del quilt está super curiosa!

Déjà-vu


En el tercer Reto Powerade. ¿Habrá cuarto?

Se terminó el Reto Powerade. Por tercera vez en mi vida me vi en la Ribera de Belén, empapada en sudor, agua y abrazos de los compañeros. De nuevo en una de las carreras más gustadas del año. A estas alturas del 2011 no había corrido Tamarindo, no había hecho mi fondo madre, no había corrido una maratón. A estas alturas del año pasado todo era nuevo.

Y aquí estoy otra vez.

Me pregunto por qué, si el calendario de carreras es más o menos repetitivo, uno se empeña en seguirle la corriente. Por qué no basta con correr una carrera de 10 kms, o dos medias maratones. Por qué de nuevo todo. Para qué repetir.

Hasta me pregunté “será que no tenés nada más entretenido que hacer”. La respuesta fue “no, tengo muchísimas cosas qué hacer, pero esta es la que más me gusta… aunque sea repetida”. - Los lectores del blog recordarán los lamentables duelos entre Nela1 y Nela 2. Por ahí anduvo el asunto.

Es natural que ahora estas carreras no le generen a uno el susto inicial. No es falta de emoción, como comentaba con mi amigo Alfredo Carballo, es que perdimos aquella inocencia con la que estábamos entrenando, cada uno para su primera maratón. Rompimos esa barrera mental y ahora estamos repitiendo el ciclo. Antes corríamos preguntándonos ¿será que puedo? Hoy sabemos que podemos.

Parte de ese déjà vu ha sido el blog.

Hace unos días estuve un poco desmotivada – no lograba levantarme temprano – y estaba cavilando en esto de por qué correr tanto, por qué volver a la carga cada vez que se anuncia una carrera… y me fui a los primeros posts de este blog.

Aparte de odiar algunos párrafos que ahora considero mal redactados, comencé a verme a mí misma en ese proceso, en esa inocencia de quien lloró en su primer fondo sabatino de 13 kms; de quien estrenó el Estadio Nacional en su primera Media Maratón, de ese primer par de tennis que hoy están ya retiradas de la acción, de quien sufre su primera lesión y su primera sesión de fisioterapia, y de la enorme ansiedad que me causaba imaginar lo que sería aguantar 42 kms recorriendo los 5 barrios de Nueva York.

Cuando llegué al post de la maratón, titulado “Lo hice”, lloré otra vez. Sobre todo porque releí los comentarios de quienes tuvieron la paciencia de seguir el proceso. Lloré recordando que fue el día más feliz de mi vida, del intenso dolor de piernas después de correr, … de la sensación de “todo es posible” que me quedó latente por meses. En serio que no entiendo cómo fue posible. Más que piernas, fue corazón.

Confronté esas emociones con lo que vivo hoy, y entendí que correr no sirve nada más para tener buena condición física, mantenerse saludable y hacer amigos. Correr me había aclarado mucho la mente, me ha servido en este tiempo para controlar mi carácter – no es nada fácil – y para apreciar los pequeños grandes avances de una persona que no tiene el don de correr. No, no lo tengo. No me sale natural y no soy ni siquiera medianamente buena.

Digo esto porque hace poco pude conversar con un corredor que me hizo ver lo complicado que es sentirse “obligado” o “presionado” a ganar o romper marcas, como los élite. En cambio uno lo hace porque quiere: no soy rápida, me cuesta levantar los talones – todavía – y mis mejoras en el pace son muy pequeñas… sin embargo soy fuerte. Considero que soy fuerte. Lo hago por gusto aunque no soy buena.

Releí muchas partes del blog, me reí de mí misma, me di cuenta de lo afortunada que fui muchas veces topándome tantos personajes tan  entrevistables – los kenianos de Tamarindo, Lobito Fonseca, Shirley Cruz, Gabriela Traña, César Lizano… uuh! – y entrevistados como Rebecca Morales, mi “mona”, y la mamá de mi amigo Boris en su primera carrera.

Así que no sé cuántas manzanas vengan; no sé cuántos déjà vu tenga en cada carrera de 10 kms, en la misma ruta y con la misma medalla… sé que encontré algo que me gusta, y lo junté con escribir y entrevistar, que me gusta también, y si como he leído en muchos correos y comentarios, este blog ha servido para que alguien crea que puede levantarse y comenzar de la nada a soñar con una maratón, pues entonces no he perdido el tiempo.

Aquí voy de nuevo: Tamarindo es lo que sigue. Otra vez a la playa, el calor, la emoción de llegar la noche antes, la humedad, el placer enorme de completar 30 kms, las sonrisas, la medalla, la foto… vamos de nuevo. Sí, vamos de nuevo. La vida es correr, y a veces detenerse sólo para agarrar aire y volver a correr otra vez.

Lo escribo a propósito del evento BloggueandoCR al que fui invitada. En algunos minutos tendré que contar mi experiencia como “blogguera”, aunque yo me siento más “una muchacha que corre”. Despacio, pero corre.

A correr por ellas…. ¡inscripciones abiertas!


Siempre hay gente que se decide a última hora; pero por favor… es en octubre, y estamos en julio: ¡a inscribirse hoy mismo! Las metas se ponen hoy, para que el entrenamiento tenga un objetivo y mañana no tengamos excusas. Y en este caso, el objetivo es que todos corramos por ellas, las valientes que luchan contra el cáncer.

¡Ojo! Hay dos distancias: 4 y 8 kilómetros. Motivos sobran, ¡ a correr por ellas ! Inscribite ya en este link 

La ilusión de Rebeca, la ilusión de correr


Si usted ha sido paciente lector de este blog, aparte de agradecérselo y decirle que espero no aburrirle nunca, probablemente sepa que la Correcaminos no será mi primera media maratón. Me puse a  hacer cuentas, y será la sétima. ¿Siete medias maratones… yo? Tuve que rehacer las cuentas. Sonreí conmigo misma. Pareciera que entonces ya no me asusto, pero qué va. Lo que pasa es que me hago la desentendida. 21 kilómetros. Eso no es poco. Siete veces 21… 147 kilómetros. Y cada una con su respectiva preparación, su respectiva emoción..

El día que esto deje de ser emocionante para mí, dejaría de hacerlo. Los que corren lo saben: levantarse temprano, colocarse el dorsal, el chip, ir a la línea de salida consciente de que uno no va a ganar… pero igual, emocionado. Dan la salida, le das start al Garmin, y ahí vas, otra vez, como si fuera la primera vez.

Hay una muchacha que leyó este blog, y este mismo domingo correrá Correcaminos, que será su primera carrera formal de 10 kilómetros. En ella veo esa misma ilusión mía, de todos, desde el maratonista hasta el principiante. En Rebeca me veo a mí misma y ella no sabe cómo me ilusionan sus primeros 10 kilómetros;  le pedí que nos contara cómo mira esa meta a 5 días de colocarse el dorsal, el chip, ir a la línea de salida… y correr.

Nunca se trata de una distancia más larga o más corta; es el mismo desafío, es ese mismo vacío en la panza antes de que arranque la carrera. Es una ilusión que no hay que dejar morir, una ilusión que nos saca de la cama a las 4 am y nos pone las tenis, aunque haga frío. No tiene que ver con ser el más rápido ni el más fuerte, sino con terminar lo que se empezó.

Con la ilusión intacta de mi media maratón y la ilusión de Rebeca Alvarado por lo que serán sus extraordinarios primeros 10 k, les dejo este relato. Bravo, valiente. 

Mis primeros 10 k

Rebeca Alvarado

Por un asunto de salud mental, más que por otra cosa, me propuse ser corredora en el 2012. Después de comprarme un monitor cardiaco, que no entendía como se usaba, el 21 de enero me puse por primera vez unos tennis viejos y salí a correr. El resultado fue 23:30 minutos y calculo que no recorrí más de un kilómetro y medio (en ese momento no entendía como se usaba el GPS del reloj, así que no pude medir el recorrido con exactitud).

Rebeca Alvarado; y sus primeros 10 k este domingo 8 de julio.

Las semanas siguientes salí a rodar y ya para marzo, estaba corriendo mi primera carrera de 5 km. La sensación de cruzar la meta me hizo entender que esto de la corredera de verdad me gustaba y que era hora de buscar un entrenador quien, según yo, me ayudaría a cumplir mi meta: correr rápido.

Una vez encontrado, me fui sumergiendo en un mundo totalmente desconocido para mí: me hablaba de pies rectos, braceo, subir los talones, inclinación, intervalos, zonas y sonreír. Entonces me di cuenta, que el camino que tenía al frente era mucho más complejo que simplemente correr rápido.

Poco a poco fui asumiendo los entrenamientos. Cada mañana en La Sabana era un verdadero reto para mí. Sin embargo, el verdadero desafío llegó al mes y medio de haber entrado a los CHIRUNNERS. Mi entrenador me llamó aparte cuando ya habíamos terminado para decirme “Rebeca necesito que se inscriba en la carrera de 10 km de Correcaminos”, yo con una cara de susto le contesté “pero Alvarito, yo nunca he corrido 10 km en mi vida”, él sin darme muchas explicaciones, repitió la instrucción.

Cuando a alguien como uno -quien era relativamente sedentaria y recién había entrado en un grupo de atletismo – lo mandan a hacer una carrera de 10km, hay una mezcla de sentimientos; por un lado uno se siente todo contento que el entrenador lo crea capaz de correr esa distancia, pero por otro lado, uno empieza a dudar de sus propias capacidades y llega a pensar que todavía no está preparado.

Decidí hacer la Nocturna Epa- Newton de 5km como un “ensayo”, para demostrarme si había mejorado respecto a aquella primera carrera de marzo y así después tomar algunas decisiones. Esa noche aunque llegué muy contenta a la meta por el tiempo que había logrado, también llegué muy cansada. Mi ensayo, en lugar de ayudarme me provocó una gran ansiedad, dado que tenía que recorrer el doble de distancia pero jamás podía hacerlo al mismo pace; ni el aire ni las piernas me iban a dar.

Cuando llegué a la casa, saqué un calendario y conté cuantos días faltaban para mi temida Correcaminos; 56. Tomé la decisión de entrenar lo mejor posible en los siguientes 56 días, descansar los días indicados, ayudarme con un poquito de pesas y advertirle a mi entrenador que yo quería hacer esa carrera en un “tiempo decente”.

Con esa convicción terminé mayo y empecé junio, el mes más difícil que he tenido de entrenamiento. Todos los martes y jueves entrené velocidad, en distancias de 300 y 400 metros respectivamente, por 45 minutos. Además, hice fondos todos los sábados, la mayoría sola y solo hice un par con los CHI.

Durante este mes, hicimos además Kenian Day, es decir, dos veces por semana corríamos en la mañana y en la noche. También hice mi segundo test. Esta es una prueba que consiste en correr una distancia predeterminada en el mejor tiempo posible para medir precisamente, el pace de las carreras. Esta vez hice 8 km en un muy buen tiempo, porque me “conejearon”.

Definitivamente esas sesiones me hicieron practicar el famoso braceo, que aunque parezca mentira le ayuda a mejorar la velocidad y subir talones. Siento que me mejoró el aire y la resistencia, empecé a oír menos correcciones del entrenador y a escuchar más el “muy bien Rebeca”.

Sin embargo, este mes dejó al descubierto a mi principal enemigo: mi mente. Pese a que he entrenado duro y a conciencia (¡de verdad que sí!), no paran de asaltarme las dudas. ¿Podré terminarla? ¿Aguantaré la ruta? ¿Y si tengo que caminar? ¿Y si llego con la ambulancia? ¿Y si llego de última? ¡Qué vergüenza Rebeca vas a durar toda la vida en esa carrera!

Mi mente es capaz de inculcarme tanto miedo, que pese a la desaprobación de muchos, este sábado no subí las montañas heredianas como indicaba el programa, sino que me fui con unos CHI (alcahuetas míos) a hacer la ruta de la carrera. Yo estaba consciente que esto era un arma de doble filo, si me iba bien, me tranquilizaría mucho para el domingo, pero si me iba mal, no me iba a beneficiar en nada.

El sábado nos vimos a las 5:30 a.m. en la Sabana, tomamos un taxi y nos fuimos hasta el punto de salida, el Colegio de Abogados. Aunque no había dormido lo suficiente, si desayuné bien e iba preparada con hidratación y gomitas.

A las 6:15 a.m. arrancamos, cuatro corredores desde Zapote hasta la Sabana, ante los ojos sorprendidos de la gente de vernos correr por el centro de San José. Me sentí muy tranquila en la ruta, no me molestaron las cuestas que tiene, íbamos a un pace suave pero constante y cuando llegué a la Gimnasio Nacional, le dije a uno de mis cómplices, “Alex no puedo creer que ya estemos en la Sabana”, pero rápido la mente respondió “y le falta darle toda la vuelta ¿Ya vio que el último kilómetro es un falso plano que va a sacar todas las fuerzas?”

No le hice caso, seguí, iba a vencer la pared que me había topado en los últimos dos fondos a los 9,5 km. Estaba ahí, la iba a terminar y punto. Alex seguramente notó mi cara de agotamiento y me comenzó a hablar; cuando me di cuenta, vi otra vez la estatua de León Cortés y empecé a cerrar, llegué al Obelisco y les dije ¡Estoy feliz!. Le presté poca atención al tiempo que marcó el reloj y nos fuimos a desayunar.

Escribo esto cuando faltan 5 días para la carrera, ya hice mi trabajo, entrené duro y me queda solo un día de rodar en zona uno. Esta semana voy a poner especial cuidado a mi dieta, hidratación y descanso. Me he propuesto alejar todo pensamiento negativo, creérmela como me dicen los CHI.

Estoy tratando de no pensar en tiempo ni en el lugar en el que voy a llegar, estoy pensando en ese 21 de enero, el día en que empecé a correr y todo lo que he avanzado hasta hoy, estoy visualizándome llegando a la meta y diciendo otra vez ¡Estoy feliz!

… y subir y subir y subir y subir y….


Entre las muchas cosas lindas que me cuentan de mi bisabuela, Natalia Lizano, siempre me han dicho que era buena para caminar. Que si tocaba ir a San José, se iba caminando, en aquellos trillos largos, sin carros; iba y venía a San José desde Heredia como si nada.

Hoy nos enfrentamos a un fondo que sella la preparación hacia CorreCaminos, justamente en una ruta que me hizo pensar en ella. Natalia, hoy tu bisnieta y sus amigos subimos juntos desde La Sabana hasta el Monte de la Cruz.

Esa ruta, en bus, le cuesta a uno poco menos de 400 colones, y se llega, digamos, en 40 minutos. Nosotros lo hicimos en más tiempo, sin pagar pasaje, y sintiendo esa transición de ciudad a montaña, lentamente, en ascenso continuo, prácticamente sin descansos.

Evidentemente hoy mi objetivo no era ir “rápido”; sino practicar un buen braceo, subir con técnica, y prepararme mentalmente a subir siempre en cuesta: punto. Si usted sale de San José hacia las montañas de Heredia, en bus o en carro, sabe que es así, sube y sube y sube.

Los ChiRunners nos organizamos bien, hubo puestos de asistencia con agua, hidratante, tricopilias y tapitas de dulce… ¡sobrados! Y hasta tuvimos a Adrián en la “unidad móvil”, motorizado, preguntándonos si íbamos bien y si necesitábamos algo.

Del calor de Pirro y la entrada de Heredia pasamos al vientito fresco de San Rafael.

Yo iba al final del grupo; llegué casi de última, pero llegué; llevaba mucho dolor en la zona lumbar – por mala postura, dice Alvaro que no me estoy inclinando lo suficiente – pero por lo demás, llegué bien, me sentí bien… hubo un par de cuestas imposibles, que las caminé, pero en cuanto tuve fuerza de nuevo troté aunque fuera pasitos cortos.

Desde allá arriba se ve tan pequeñito el Estadio Nacional, nuestro punto de partida. Es increíble lo que logramos hacer.

Conversando con Luz y con Luis, al final del fondo, comentábamos que era importante no “asustarse” o empezar con pensamientos negativos el fondo o cualquier carrera. Yo la verdad me preocupé un poco cuando supe lo que nos tocaba hacer hoy, pero el resto de la semana no me atormenté por las cuestas. Hoy, conforme iba subiendo, me decía a mí misma… “mirá, sí es posible… sí se puede correr de La Sabana hasta Heredia, y seguir“.

Esa es una lección importante: si la ruta es difícil o dificilísima, solo queda prepararse. ¿Qué más? Con el miedo no se aplanan las cuestas. Si hay que subirlas, a entrenar y subir. Más sencillo, no se puede.

Ya no hay que hacer semejante trayecto a pie, como mi Natalia, pero saber que es posible lograrlo, fue una gran satisfacción. Hoy pensé en ella, y por eso me gustó tanto subir, subir, subir.

Estamos listos para la media maratón Correcaminos. ¡Emocionados!

Un ChiRunner en el Chirripó


No todo en la vida es correr… pero por ahí comienzan muchas experiencias nuevas.

Mi compañero del grupo ChiRunners, Isaak Espinoza, subió el fin de semana pasado al Chirripó. Le pedí que nos diera en lugar de una vuelta a la manzana, una vuelta al cerro más alto de Costa Rica.

Gracias Isaac. Los dejo con su relato de corredor /escalador.

 

Chirripó: un viaje hacia lo más alto desde adentro

Cuanto te invitan a un viaje al Chirripó sólo existe una respuesta posible: Sí. Es una experiencia increíble desde cualquier punto de vista, pero principalmente es un reto personal en cada parte del trayecto.

Existen dos rutas para llegar: la ruta normal que arranca en San Gerardo, que fue la tomé, y la ruta del Urán la cual necesita de guía. Se dicen cosas espectaculares de ella y espero algún día poder recorrerla.

Comenzado a una altura de 1520 metros, se arranca la travesía de 15 kilómetros hasta Base 0, lugar donde está el albergue para visitantes y que se encuentra a una altura de 3400 metros. Es fácil imaginar que hay que subir y subir y subir, tanto así que hay cuestas que están bautizadas: la cuesta del agua o la cuesta de los arrepentidos hacen de las suyas entre los viajeros.

Como si tratase de una carrera, hay que alistarse para esos 15 kilómetros: ropa liviana (es decir: ropa de correr, es la mejor), hidratación, alimentación para el camino (barras energéticas, cajetas, frutas secas e hidratante), unos zapatos de trail bien cómodos y actitud, mucha actitud.

Esos 15 kilómetros son un reto. Me resultó muy similar a como cuando se hace un entrenamiento de cuestas. A cambio del reto, el camino te devuelve conforme se avanzan vistas hermosas y entre más cerca se esté del final más espectacular es el cambio del paisaje.

Llegar a Base 0 es un reto cumplido y la satisfacción de sentarse en la banca del frente del complejo es increíble, a lo anterior le sumamos el contemplar los Crestones a los lejos, definitivamente es la medalla al esfuerzo realizado. Según las recomendaciones, hay que tomar un baño con el agua fría muy fría propia de esa altura y del lugar, este baño es probable que le saque algún grito a más de uno, pero los músculos lo agradecen muchísimo.

A pesar de que no es ninguna competencia, uno como corredor quiere hacer un buen tiempo subiendo, a lo anterior le sumamos que los Guarda Parques preguntarán por el tiempo hecho. Acá es donde te das cuenta que entrenar te ayudo a subir mucho mas fácil y rápido que una persona sin entrenamiento.

El mismo día que llegué a Base 0 tuve la oportunidad de visitar el Cerro Ventisqueros. Es un viaje de 6 kilómetros ida y vuelta, corto en la teoría pero muy retador, ya que se encuentra a sólo 8 metros por debajo del Chirripó. Esta es una ruta muy desafiante, es muy agresiva subiendo y es atemorizante hacía el final de la ruta. Llegando al cerro Ventisqueros hay que caminar por un sendero entre dos guindos pero de una vista increíble, realmente vale la pena el esfuerzo por llegar ahí. Ventisqueros nos regala el paisaje espectacular y la sensación es inolvidable una vez que se contempla el atardecer desde la cima.

Al día siguiente nos propusimos ver el amanecer en el Cerro Chirripó, un viaje de 5 km hasta la cima, al hacerlo a las 3 de la mañana lo único que se quiere es no perder el sendero y tener buen paso para ver el sol salir. No hay palabras para describir la sensación de estar en la cima del punto más alto de Costa Rica, el paisaje es increíble y el frío también. Definitivamente es un momento que se debe de interiorizar y también aprovechar para hacerlo, algo más tecnológico: el check in a esa altura en su red social favorita o mandar un mensaje para alguna persona (sí, el ICE tiene señal a esa altura). Meta cumplida… pero el reto no ha terminado.

Como me encontraba en medio de un viaje relámpago, tocó después del Chirripó subir dos cerros inmediatamente después del descenso: Terbi y Crestones. Atravesando el valle de los Conejos se sube al cerro Terbi, un lugar precioso sin duda y con una vista increíble y después caminando entre los senderos y mojones que te indican el camino a seguir se llega a los Crestones. Esta travesía no se puede dejar de hacer por que es formidable a nivel visual ya que el sendero serpentea entre las cumbres de varios cerros.

Una vez de vuelta a Base 0 se comienza a pensar en el descenso. Las personas que practican atletismo de fondo, conocen el impacto de bajar sectores con pendiente muy pronunciadas, a lo anterior se le suma que son 15 kilómetros que hacen de mucho cuidado el descenso, hay que bajar relajado y con buena postura. El descenso cobra su factura y los 2 últimos kilómetros parecen guanacastecos.

Es una experiencia increíble, es un lugar mágico, lleno de energía y a la vez de respeto. No faltan las historias de personas extraviadas dentro del parque, historias que son importantes que persigan cuando caminan por los senderos para no cometer ninguna imprudencia. Es un lugar que te muestra sin ningún disimulo lo diminutos que somos a la par de la naturaleza.

Cuando llegamos al hotel el primer día antes de la partida hacia Base 0, observé a un señor mayor, de orgullosas canas y con una camisa típica de carreras de atletismo de fondo. En la noche, después de la subida en el comedor comunal, me enteré que el señor subió corriendo y planeaba hacer lo mismo para bajar.

Justo cuando alcanzás una meta, aparece otro reto.

Nota: un agradecimiento a la Negra por apoyarme en cada paso durante la aventura y a Lu Castro por ser LA compañía para semejante caminada.

Como San Juan a 24…


Por mucho que le llamaran “Clásica“, no sé, nunca me atrajo la idea de correr de Ochomogo a Tibás – bueno, ¡a quién! -. Sin embargo hay tres buenas razones, hasta cuatro, para probar este año la Clásica Media Maratón San Juan.

Primero, pues…. sí, es una clásica. Hace 35 años que se corre, o sea,…. desde mucho antes del “boom” del atletismo. Alguna vez en la vida hay que correrla. Segundo, es prácticamente un descenso continuo, y aunque eso requiere de aplicar la técnica correcta para bajar sin maltratar las articulaciones, siempre es mejor tener más “bajaditas” que subiditas. Tercero, parte del recorrido es igual a la Media Maratón Correcaminos que me espera el 8 de julio.¡Y a esa Media sí que le tengo “clavo”! Cuarto… y muy, pero muy importante: el entrenador con una sola mirada me dio a entender que “me toca” correrla. Y yo al profe le hago caso.

Estas semanas han sido de entrenamientos fuertes, de llamadas de atención porque efectivamente, me sigue costando subir los talones, pero a veces lo logro. Lo que me hace sentir muy contenta es que mejoré montones mi alimentación, sigo yendo al gimnasio y sintiendo la diferencia, ya calendarizamos los masajes deportivos de aquí a noviembre, para no acumular mucha carga en las piernas, y además ¡volví a los fondos sabatinos! No saben la falta que me hacía correr con el grupo los sábados. Desde febrero estaba en clases de francés y el único horario disponible eran el de los sábados por la mañana, con lo cual me perdí muchos fondos y claro, también se pierde condición. No obstante, ya tengo agenda libre los sábados y justo a tiempo para comenzar la “temporada maratonera” como digo yo: vuelven mis fondos preferidos, como el de Turrúcares, o tan temidos como el de Puntarenas, pero sobre todo vuelven mis madrugadas de sábado con la mochila cargada de chunches, ropa seca e hidratante, en un bus lleno de amigos que ya a las 9 de la mañana han corrido 20, 25 o 30 kms juntos.

El fondo del sábado fue así: entrenamos en San Rafael de Heredia. El video muestra la mañana tan clara y el paisaje tan especial que nos acompañaron en esa seguidilla de cuestas. Bajar, y subir. Bajar y subir. Cada subida fue dura, muy dura, pero el aprendizaje fue valioso porque repasamos la postura al bajar, y el infaltable braceo al subir.

Me hacía mucha falta volver a correr con ellos los sábados, aunque los veo entre semana en la Sabana. Es diferente.

Así que la media maratón de este domingo nos caerá como San Juan a 24, muy a tiempo para ensayar y repasar lo aprendido por nuestros músculos antes de la famosísima Correcaminos, de la cual hablaremos más adelante. Por ahora, llénese los pulmones con el aire puro de las montañas heredianas… y vea qué sabroso fondo hicimos el sábado pasado.

Élite en la Manzana: Luis Hernández


¿Verdad que cuando uno corre, no importa el pace, se siente feliz, realizado… casi de la élite? Sí. De eso se trata este deporte. No importa en qué puesto llegue uno, el chiste es disfrutarlo y sentirse tan feliz como los que ganan. Todos ganamos cuando cruzamos la meta.

Por eso se me ocurrió ir publicando aquí las fotos e historias de muchos de los lectores del blog, cada uno es un campeón o campeona, cada uno ha vencido sus propias dificultades, y como en este blog todos somos élite, les iré presentando algunos de esos personajes que encontramos en carreras y entrenamientos. Seguramente habrá Chi Runners en la lista, y si me quieren contar por qué corren y cómo les ha cambiado la vida correr, bienvenidas las historias y fotos. Comenzamos hoy con un muchacho herediano al que solo alcanzo a ver en el arranque de las carreras,… luego, ¡sólo el humo! Su figura espigada sobresale en medio de todos los corredores. Y aquí está su relato.

Luis Hernández, corredor heredianoLuis Hernández, 34 años. Heredia.

¿Cuándo comenzaste a correr y por qué? Cuál fue tu primera carrera?
 
- Empecé a correr el 19 de febrero del 2001, o sea cuando tenia 23 años y 8 meses, ya acercándome a los 24. Cuando salí del colegio me había pasado por la mente empezar a correr, pero nunca me animé por pereza a correr solo, ahí se quedó la idea archivada. Pero en el 2000, por un mal de amores a fin de año, estaba todo achicopalado, llegaba a la casa y era una “agüevazón” que yo ocupaba quitarme de alguna forma. Y fue ese día 19 de febrero del 2001 que subí a mi cuarto, agarré unas tenis que tenía, que por cierto eran de jugar basket y me fui a correr al palacio de los deportes. Le di 3 vueltas a la cuadra y terminé fulminado, ¡pero seguí y seguí y seguí y ya a la quinta vez que salí a correr estaba corriendo una hora sin parar!
Mi primer carrera se llamaba ”De Colores”, la hice con todo el miedo del mundo, me daba miedo llegar de último, no terminarla, que me diera algo en media carrera y así con ese miedo la logré terminar. De ahí en adelante adquirí ” el vicio.”
¿Cuál es tu mejor pace? ¿Y cómo entrenás para mejorar?
- Creo que el mejor pace que he hecho en una carrera anda como por 3:48, “máso“. Yo tengo un plan que me envía mes a mes José Luis Molina. Cuando yo empecé con el lo que le había dicho era que yo lo que quería era tener una base buena para correr, que no me gustaba eso de que un entrenador lo esté regañando a uno sino corre cierto día, ¡porque para mi esto es un hobbie! Ese plan lo hago a pura conciencia y si trato de cumplir con los tiempos que el me pide, pero hay días, que el frío, el cansancio y hasta a veces la pereza lo vencen a uno.
¿Qué te gusta de las carreras de calle? 
- Me gusta sentir el compañerismo que hay entre todos los corredores. Me llamaba mucho la atención cuando empecé a correr que la gente que corría lo saludaba a uno, y yo decía, ¡qué loqueras! Pero ya después es uno el que anda saludando a media humanidad. Esa misma forma de identificarse es la que siente uno en las carreras, gracias eso ahora tengo una gran cantidad de amigos y amistades que lo motivan a uno a seguir corriendo, a entrenar juntos, a hacer paseos e irse a correr adonde sea.
¿Correr te ha servido para aliviarte de preocupaciones?
Cuando uno corre como que le dan las ganas de “filosofar” empieza a analizar las cosas mientras corre, es más, ¡a veces me ha pasado que ni siquiera siento que voy corriendo! Y ahora, cuando paso 2 ó 3 días sin correr… ya está, empiezan malos humores, chichas, desesperación…
 ¿Cuál es tu meta? Maratón, media,  o te gusta 10 k?
- Mi meta es seguir disfrutando esto hasta donde Dios quiera darme fuerza en las piernas. Sí quiero volver a hacer maratón – (hizo la del Estadio Nacional) – pero fuera del país, para ver lo que es una organización de verdad. Mi mejor tiempo en 10k es 37:57 y fue en la carrera de la Candelaria de este año.
¿Entrenás sin música o con música? 
- Entreno sin música, yo soy de los que entre menos cosas llevo para correr , mejor. ¡Ni siquiera aprendí a correr con los bolsos que traen agua y que uno se pone en la cintura!
- Yo soy corredor de madrugada, y eso me hace llegar al trabajo con mucha energía. Cuando no corro casi siempre llego con una pesadez en el cuerpo, siento que me hizo falta algo, que no me “inyecté” temprano. Sí salgo en las noches, me divierto, y lo vacilón es que ahora el gran porcentaje de mis amigos son corredores, cuando estamos en un bar, restaurante, playa, montaña, gran parte de las conversaciones son de carreras, entrenamientos.

Cuando ya es parte de la vida…


A estas alturas del año pasado, si yo corría un kilómetro más, lloraba. Si me dolía un dedo, lo escribía.  Si me decían por millonésima vez  ”suba los talones”, me traumaba. Todo era nuevo y todo era sorpresa.

¡Cómo cambia todo con la rutina! – y me refiero al sentido positivo de rutina.

Levantarme a las 4, ver que hace un frío de los once mil diablos, alistarme, alistar los chunches del gimnasio, el jugo, la tostada con miel, salir de la casa, llegar a la Sabana, saludar, calentar, correr, sufrir en la pista, tomar agua, estirar, ver el Garmin, ir al gimnasio, bañarse, desayunar y sonreír. Luego: clases o trabajo.

Y al otro día, como dice el shampoo: “repita la operación”.

Sí, este año el entrenamiento es diferente porque, si bien la meta sigue siendo una maratón, ya no es la primera, ya no tengo tantas preguntas y miedos en la cabeza, y puedo concentrarme en hacer mejor el trabajo. Ya sé qué esperar. Ya sé qué se siente un fondo de 15, 20 o más kilómetros. Ya sé cómo tengo que comer. Ya conozco esa sensación de agotamiento y felicidad después de entrenar.

Una de mis estrategias para levantarme temprano durante el año pasado consistía en poner el póster de Deena Kastor a la par de la cama. Sonaba la alarma, yo abría los ojos, y veía a la campeona con ese gesto de guerrera, corriendo en Mammoth Lakes. Mi pereza sentía vergüenza, y yo me levantaba. Este año la motivación es diferente.

Este año lo que yo quiero no es nada más llegar a la meta. Quiero llegar mejor, más rápido, menos cansada, más feliz… (eso último es difícil, no hay nada en le mundo como la primera maratón, creo yo). Pero entonces no es una foto lo que necesito para motivarme a brincar de la cama a las 4 am; es un espejo para desafiarme a mí, a mi pace, a mis tiempos, y a mi dificultad de levantar los talones.

Pero me levanto, y repito la misma operación:  alistarme, alistar los chunches del gimnasio, el jugo, la tostada con miel, salir de la casa, llegar a la Sabana, saludar, calentar, correr, … lo que cambia es lo que yo logre en cada entrenamiento. Y en eso consiste el nuevo desafío.

Y también creo que cambia el entrenador, porque ya Alvarito sabe que me puede exigir más. Ya queda afinar la técnica, y como me dice siempre EN FÓ QUE SEEEEE. Ahora las mariposas serán de emoción, no de miedo. Ansiedad por mejorar, no por lo desconocido.

No había vuelto a escribir, porque probablemente no encontraba nada “nuevo” qué decir. Pero creo que lo nuevo es que ya correr no es algo “fuera de lo común” para mí. Ya es parte de mi vida, y a eso le sumé el gimnasio, ya de una forma más frecuente y mucho más concienzuda. El cambio ha sido importante, pero sobre todo, repito, el hecho de que el deporte que me gusta ya no sea algo “nuevo” sino algo mío, como cualquiera de mis rutinas, eso es muy positivo.

Algo que sí me alegra montones y me motiva a seguir madrugando, es ver a mis amigos del grupo; ya los siento conocidos, compartimos muchas cosas aparte de correr, y cada vez que un lector del blog se une al grupo, yo me motivo aún más. Yenori, Mariana, Daniela, (y si se levanta mañana temprano, Patrizia) son parte de esa motivación: ver a alguien que va descubriendo su lado maratonista… aunque no sepa que lo tenía.

Justo la semana pasada comenzó con nosotros Marta, una señora de 70 años, quien se presentó ante el grupo y nos dijo: “Hola, quiero aprender a correr”. ¿Quién no va a querer seguir el proceso de Marta hacia sus primeros 5, o 10 kilómetros? ¡Yo quiero verla lograrlo!

Esta semana les contaré qué hemos hecho en el gimnasio – ¡otro mundo de aprendizaje! – y algunas  anécdotas vacilonas que demuestran que después de que comenzás a correr, nada vuelve a ser igual… por dicha!


Por ahora, les dejo con esta foto… no, no es de noche: son las 5 y 15 am en la Sabana. Esas siluetas con los brazos hacia arriba somos los ChiRunners. Y sí, mientras mucha gente duerme, nosotros ya estamos llevando frío y emocionados por el entrenamiento del día.  Porque correr es parte de nosotros, y eso es genial. 

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