“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

De Quepos a Boston: una cadena de emociones


photoAmanecimos en un Quepos que la verdad, está menos caluroso de lo esperado: 23ºC a las 6 am. Nada mal.

Encendí el televisor y vi que estaban persiguiendo y acorralando a uno de los 2 sospechosos del ataque en Boston.

¡Un muchacho de 19 años! ¿19? Su tío, inmigrante checheno, como él, no supo qué decir sobre el desastre provocado por sus sobrinos. “Quisiera darle mis condolencias a los familiares de las víctimas; estoy listo para verlos, ponerme de rodillas y disculparme” – dijo entre enojado y avergonzado.

Mientras tanto, aquí a unos metros de la playa estamos mi amigo Christopher y yo, viendo esa cacería por tele, pensando en que ojalá capturen al muchacho y tomando el Gatorade número 467543 antes de correr.

Chris corre mañana su primera maratón; yo, otra media.

Creo que nos sentimos igual de extraños de estar viendo esto por CNN y deseando que el responsable de tanto dolor pague por lo que hizo en Boston a gente que, como nosotros, sólo quería ir a correr.

Pero esto no le quita la magia a la carrera de mañana. Viendo a Chris alistar sus geles, su hidratación – todo perfectamente calculado y organizado, ¡a la par de él me siento toda una improvisada! – me contagia de esa expectativa, esa incertidumbre tan deliciosa que enfrentamos ante una carrera nueva en un lugar donde no hemos corrido jamás, y en el caso de Chris, así como Melissa, Aurelio, Isaak y Ramón, una distancia nueva.

De alguna manera estos 21 kilómetros me servirán para hacer un homenaje personal a los afectados por las explosiones de Boston, pero al mismo tiempo me recuerdan que la vida sigue, que podemos responder un gesto perverso con uno amable. Y no es para menos. Además,… ¡mañana se estrena una nueva maratón en Costa Rica! Y espero que sea exitosa, para que todos los años nos veamos aquí y quién sabe, un día no corra yo sólo 21, sino 42.

El hecho de que “sólo sean 21” no quiere decir que minimizo el esfuerzo. Media maratón es de respeto, siempre. ¡El día que uno pierda la capacidad de asombro ante una carrera, de la distancia que sea, ese día se acaba el desafío para la mente y el cuerpo!

Aquí estamos, viendo las noticias, a ratos oyendo la música de correr y tomando mucha agua. Ya retiramos nuestros números y camisetas. Hoy comemos pasta, hoy reposamos las piernas, hoy cargamos el iPod con “power songs”, hoy nos dormimos temprano… ya saben. Toda esa rutina “repetitivamente entretenida” de los corredores.

No sabemos qué se siente correr en Quepos, y estamos ansiosos por averiguarlo.

76Mientras tanto, una hermosa cadena de favores va arrojando luz sobre esta tragedia del lunes: nuestro compatriota Carlos Arredondo ayudó a un joven que perdió ambas piernas en el ataque… y ese mismo muchacho, Jeff Bauman, ha sido clave para identificar a los sospechosos que hoy están en la mira de la policía de Boston. Como lo dijo mi amiga y corredora Mayi Ramírez, “Nunca sabemos en qué momento nuestra ayuda puede hacer una GRANDÍSIMA diferencia…La vida es toda una cadena, que todos estamos hilando…”

Este es mi BIB number de mañana, que me une a Boston, me une a mis amigos que se estrenan en Maratón, y me une a todo aquél que piense que la mejor forma de hacer el bien este mundo es poner un pie delante del otro, sin lastimar al prójimo y animándole a seguir… así de sencillo!

Boston: heridas que sanan corriendo


bostonAcababa de ver llegar a Rita Jeptoo y Lelisa Desisa a la meta.

Acababa de dejarle a mis amigos Annete, Gioconda, Rafa; y a mi profesor Alvaro Jiménez, un mensaje de felicitación por sus tiempazos en la maratón.

Ya estaba fantaseando con cuánto tengo que bajar de mi tiempo para clasificar y correr ahí, donde corrió Kathrine Switzer, donde corren los que son rapidísimos.

Hasta que la primera bomba me sacó de los sueños, y pensé que era una exageración.  CNN habló de dos explosiones en la meta, y ya el asunto no tenía cara de accidente.

De inmediato, todos empezamos a averiguar dónde estaban ellos, nuestros compañeros y el resto de los ticos; a preguntar, a twittear, buscarlos por facebook, esperar que se comunicaran. Qué angustia no saber. Qué minutos tan largos fueron esos,  hasta que tuvimos noticias de ellos.

Mis chi runners pasaron por la meta antes de 3 horas 30, de manera que a las 4 horas, cuando explotó la primera bomba, ya estaban fuera del área del ataque.

Pero más minutos pasaban, y más heridos, y más sangre. Maratón suspendida. Caos.

Son las diez de la noche y me parece mentira que este lunes que suele ser de fiesta en Boston, ahí donde se rompen récords, donde cuesta clasificar, donde van los mejores a lucir el pace de su vida, ahora haya que hablar de terrorismo, de evacuación, de muertos.

“Ya les jodieron las maratones” me dijo un amigo. No. ¡Para nada! Creo que el deporte destierra el miedo, lo contradice. ¡No hay miedo entre la gente que corre 42 kms! A cada paso, lo aplastan. Seguramente veremos extremas medidas de seguridad – ni me imagino lo que nos espera en NY – y estará más que justificado. Nuevos controles, más revisiones. Y nos someteremos a eso. Nos han robado la tranquilidad para correr, pero no es irremediable y no podemos colgar los tennis por una cobardía como esta.

¿Terrorismo? A lo de hoy le han llamado un “plan de ataque coordinado y sofisticado” - que viene siendo lo mismo – y lamentablemente salió perfecto para los propósitos de quien lo concibió. Por definición, el terrorismo pretende frenar, amedrentar, amenazar. Mal haríamos en complacer al que se lo propuso.

Que yo recuerde, algo así solo se compara con lo ocurrido en Munich en 1972, o Atlanta en el 96. Tomar un evento deportivo multitudinario para matar inocentes … es una bajeza. ¡Como tantas que se cometen todos los días, claro está! Pero el escenario es fuera de lo común, y por lo tanto, los que corremos hoy dormimos tristes. Hay una línea de meta manchada de sangre, y todos nos sentimos tocados por ese dolor.

Los datos sueltos siguieron llegando.

  • Muchos corredores, al ingresar a la meta y ver la emergencia, se fueron literalmente corriendo hacia el Hospital más cercano a donar sangre. ¡Qué corazón!
  • Gracias a que ya había ambulancias y médicos en la meta, como en cualquier maratón, se pudo dar una rápida asistencia a los heridos y fue más ágil la atención la emergencia.
  • Por haber colocado las bombas en el suelo, la explosión provocó lesiones especialmente en las piernas. Hay muchos amputados.

Quisiera que los atletas, como mi profe, como Annette, Gioco o Rafa, no tuvieran que recordar esta maratón por la tragedia, sino solamente por lo que sintieron al llegar a la meta, el gozo de terminar la carrera y la satisfacción de romper su récord. Pero por supuesto que esto lo marca a uno. Incluso a los que no corrimos. Miles regresan a casa con un sabor agridulce de haber logrado su mejor tiempo, y luego ver llanto, ambulancias y policías.

Alguien quiso convertir lo sublime de la línea de meta en muerte. No se lo podemos permitir. Sucedió en Boston, como pudo haber sido en NY, Chicago, Londres, Río o Madrid, no lo sé. Y uno lo único que se puede hacer… es correr.

Yo estoy desarmada, solo tengo mis tennis y una enorme tristeza. Pero también creo en lo que construimos cuando corremos: en que cada persona que llega a la meta es una promesa de que hay oportunidades, de que sí se puede vencer el cansancio, y de que aunque no se conozcan, miles de personas se vuelven amigos y hermanos cuando corren juntos por 42 kilómetros. Todo eso se contrapone al odio y la cobardía.

¡Y pensar que en maratones como Washington o Nueva York, miles de corredores dejan año tras año millones de dólares para ayudar al prójimo, corriendo por obras de caridad, fundaciones de beneficencia, recaudando fondos para terceros que no conocen! Hoy la que sufre es la maratón, y los maratonistas.

Ningún tico salió herido. Pero eso no me quita el pesar, no me quita las ganas de llorar.

Y como suele suceder, para olvidar algo triste o llorar sin que nadie nos moleste, lo que uno hace es salir a entrenar, esperando que se se pase ese dolor.

Este fin de semana, en Quepos, yo corro por Boston. Ahora más que nunca, por favor, no dejemos de hacerlo.

La uña, los recuerdos, y empezar de cero


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Cerrando, a 25 metros de la meta.

Me ha pasado varias veces desde el 17 de marzo. Estoy en cualquier sitio, viendo al vacío, sin pensar, y de repente me digo a mí misma: “o sea, ¿en serio ud. corrió una maratón?”.

Tengo flashbacks de ciertos tramos de la carrera, de la llegada, del frío, de pasar por ciertos lugares y asombrarme de ver tanta gente, como la Piazza del Popolo o la Fontana di Trevi… son como chispazos. No me cae el cuatro de lo que viví. O tal vez se me fue muy rápido todo y ahora solo tengo los recuerdos tangibles: la medalla, el bib, la camiseta, las fotos. Es increíble, ya pasó. Tengo tan vivos algunos momentos, sonidos,… pero luego me salgo de ese recuerdo y no comprendo cómo lo hice. Cómo fue posible.

Apenas terminé en Roma, me fui a pasear a casa de familia y amigos que tengo allá, con la mala suerte de que me resfrié como hace 3 años no me resfriaba. Seguro se me bajaron las defensas y sumémosle los aguaceros y el frío que había llevado la semana antes, y ahí estaba la gripe. Me quedé en cama un día y poco a poco me fui reponiendo. No corrí ni hice ejercicio esa semana.

Al llegar a Costa Rica me di cuenta de dos cosas: una, la maleta venía en otro vuelo; dos, tengo la uña del dedo índice del pie izquierdo completamente morada.

Eso en términos de corredor es parte de la rutina. Sucede, sobre todo al correr largas distancias. Por el golpeteo y la presión al correr, a veces se hacen como burbujas de sangre entre la piel y la uña y bueno, se pone morada, eventualmente se cae y sale otra uña. Así es. Es la primera vez que tengo una uña morada. Es… raro. Es como una cicatriz de guerra. Me siento orgullosa de la uña morada. Se ve fea pero ni modo. Es así.

Por lo demás, el aprendizaje post Roma ha sido enorme. Concluyo que rompí mis límites mentales al ir de menos a más, y no puedo negarlo, ya sueño con mejorar ese tiempo de 4 horas 34. O sea, si pude hacer una hora menos que en NY… ¡tiene que ser posible! Ya comencé a hacer números, toca sentarme a hablar con Alvaro a ver cómo mejorar con miras a noviembre.

Creo que esta vez sí logré correr sonriendo todo el camino. La foto de arriba, aunque no lo parezca, es el cierre de la maratón. No terminé deshecha, terminé fuerte y feliz. Y de nuevo quedé con esa sensación de que todo lo que uno se proponga tiene que salir bien, si trabaja por eso. Tantos fondos, tantas cuestas, la pista – ugh, la pista-. Todo sirvió. Todo salió bien. Como dijo Sako, “no es un milagro, es resultado del esfuerzo”.

El jueves, mientras salí a correr de nuevo -mi primera salida a correr post maratón y post resfrío – un señor así, muy de los nuestros, de pueblo, me vio pasar y me sonrió muy amable. Como contento de verme corriendo, me dijo en un tono paternal:

- “…qué! ¿Va cansada, negrita?”

Yo le sonreí y le dije “No señor, ¡todavía no!”.

Tengo 35 años, dos maratones, como 8 medias maratones y no sé cuántas carreras de 10 kms. Y no estoy cansada. A veces lo que lamento es no haber comenzado a correr más joven, pero sinceramente quedo con el deseo de ver qué puedo hacer mejor, qué hice bien que pueda repetir. Qué se puede alcanzar. Y lo mejor es que ese aprendizaje se traslada a la vida. Te reta a pensar qué podés hacer para vivir mejor, ser mejor en el trabajo, mejor con la gente. Uno se siente capaz de hacer más.

Hace varios meses me inscribí para dos medias maratones muy especiales; la primera es la de Quepos, el 20 de abril, primera edición. Nunca he corrido ahí y no tengo idea de qué esperar. ¡Lo cual es buenísimo! – adoro las sorpresas y como dice Alvaro, no hay que autodeterminarse -.

Y la segunda es una de las paradas de las famosas Rock and Roll Marathon Series. Es la de San Diego, California. No conozco el lugar pero al menos tres amigos han corrido allí y les encantó. Yo en una corazonada, entré al sitio web y pum, me anoté. 21 kms el 2 de junio en California.

De hecho, lo que tengo a la vista son puras “medias”: Quepos, San Diego, y Correcaminos (vuelve la mula al trigo); luego en agosto los 21 de Powerade, en setiembre los 30 kms en Tamarindo, y la reposición de NY en noviembre, 42 kms sin huracán esta vez.

Este lunes comienzo de cero.

Cada vez que se acaba una maratón se comienza de nuevo de cero, y ahora que miro atrás y recuerdo cada instante de la maratón de Roma, me hace tanta falta y siento que se me fue tan rápido, se me escurrió entre los dedos… las cuatro horas y media más lindas que mi memoria tiene a mano. Y ya no están. Ya pasaron. Yo lo llamo “goma maratonera”. Añoranza de algo que te hizo muy, muy feliz.

Las competencias, de la distancia que sean, no son las que hace que uno se gane una medalla: es esa alarma que sonará mañana a las 4 pasadas, es volver a entrenar en la Sabana cuando la gente normal está durmiendo. Las maratones se ganan, se construyen y se sufren en los entrenamientos. El evento, el gran día, la gran fiesta, es sólo el premio a lo que nadie vio. Por eso sabe tan rico. Por eso se siente bonito.

Y será muy cursi, pero estoy feliz de alistar otra vez mis cosas y poner la alarma. Mañana comienzo otra vez. Porque para correr 42 kms en donde sea, hay que hacer la tarea antes y esa se hace entrenando. No hay de otra.

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Las palabras no son suficientes


La transmisión televisiva de la competencia, aquí está. Creo que con las imágenes de la salida queda más claro lo imponente que es la ciudad… desde el Coliseo, el Altar de la Patria, todo. Lo que pasa es que ver correr a los etíopes le acelera a uno el pulso. De las 2 horas 08 en adelante ven el cierre de Negari, desde la cuesta que les contaba hasta la meta. 2horas 7 minutos 56 segundos, con Nessun Dorma de fondo. Vale la pena verlo.

Buongiorno, maratoneta!


frametasticNingún corredor me puede decir que no le ha pasado por la cabeza la frase:

“¿Qué hago yo aquí?”

Yo lo pensé cuando me vi bajando las gradas, de la Via Gregorio hacia el Coliseo. Esta cara del Coliseo casi nunca se la veo porque uno entra del otro lado. Ahora estaba viendo la placa que dice Anfiteatro Flavio. Dios mío, voy en fila con un montón de gente hacia la salida… Qué hago aquí. Estoy chiflada.
Llegamos al corral, y de ahí, a la partenza. Ya había dejado el salveque con la ropa limpia en un camión numerado.
Conocí un par de gemelos holandeses que venían a correr uno su primera maraton, el otro, la sexta. Detrás de mí unos franceses, delante de mí, todos italianos. Podría decir que el corredor promedio en esta maratón tiene 40 años, es flaco y canoso. Yo era la rara, la chiquitilla con una corona de olivo en la cabeza.
A las 9:30 am comenzamos a movernos, y cuando los vi a todos tirar sus abrigos, supe que a partir de este momento y las próximas casi cinco horas, mis piernas no iban a dejar de moverse.
Mi tiempo meta era 4 horas 50 minutos. Lo importante es llegar, pero considerando que en NY había hecho cinco horas y media, mejorar también era importante y no me permitiría durar más de 5 horas esta vez.
En los parlantes, la música de Gladiador,  y en la línea de salida, unos soldados romanos vestidos a la antigua. ¡Qué emoción pasar frente al Vittorio Emanuele y ver una banda de policías, guapos y uniformados, tocando el himno italiano! Qué vacilón pasar frente a la bocca della verità, y salir de los muros de la ciudad hacia una Roma que no conocía.
Los primeros 10 kms fueron bastante buenos, a pace, muy concentrada y muy contenta porque no me dolían las piernas. Luego de los 15 aceleré un poco, pero me dije “chavala no festeje tanto porque le faltan 27 y eso es un montón.” De nuevo me encomendé a Padre Pío que siempre anduvo conmigo. Me lo imagino con todo y hábito capuchino pero en tennis, al lado mío y haciéndome trompas porque para todo lo invoco.
Muchos me felicitaban en el camino por la coronita de olivo,“sei la più carina” me dijo un señor; otra muchacha me dijo que le gustaba el accesorio,  y un grupo de señores de una asociación de atletismo me pasaron a la par y me dijeron “¡Ave!”, muertos de risa.
Se me empezó a hacer lejano el km 20 y recordé a mi amiga Priscilla que ese mismo día corría su media maratón en NY, entonces me dije a mí misma: “Vas con Pri hasta los 21, dale, hasta los 21 vas con ella”.
Y así fue porque justo a los 21 me despedí mentalmente de Priscilla y pensé, “ahora ¿con quién vas a correr?”.
Mi pace era más rápido que al inicio. Yo sabía que eso no estaba bien porque auno se le puede caer el piano a la mitad, pero si iba a ese paso era porque en serio me sentía muy bien. De hecho quise pegármele al grupo de pacers de 4 horas 45 y no sé cómo, les pasé. Ellos iban vestidos de angelitos – ¿?-  y estuve con ese grupo unos minutos, pero cuando me di cuenta los había dejado atrás.
Es que si uno se siente bien y puede sostener ese paso, hay que seguir. No me dolía nada. Pensé que seguro la cantidad tan abundante y sabrosa de pastas que había comido en la semana había funcionado de verdad, porque me acercaba a los 30 kms sin trazas de desgaste o falta de energía.
Luego vi el rótulo de los 30 kms y me emocioné pensando que en tan solo 12 estaría en la meta. “Pero una maratón no son dos medias” dijo Anyo una vez, y supe que tenía que concentrarme mucho y poner la actitud más fuerte de los 30 a los 40 kms.
Iba muy contenta porque seguía pasándole a muchos corredores que a estas alturas ya iban caminando. Es la parte más dura de la maratón, es donde se nos acaba el glucógeno, nos topamos el temido muro y nos comienza a pesar lo corrido.
Cerca de los 32 un señor me comenzó a hablar. Tengo que decir que los italianos no paran de hablar mientras corren. No sé como hacen, de verdad, pero van sonrientes, van conversando de todo – calcio, política, el Papa Francesco, de todo -. El señor iba a un super paso y me contó que esta maratón era para celebrar sus 60 años. Qué carga. Luego se disparó y no lo vi más.
Pronto estuvimos en el kilómetro 37 y comenzó a llover. Otra vez le jalé la sotana a Padre Pío y le dije que porfa, porfa hiciera lo que fuera pero correr el final sobre sampietrini mojados, sería demasiado. Pronto se acabó la llovizna.
Los organizadores de esta maratón son muy inteligentes porque los kilómetros más duros y más difíciles coinciden con la entrada a la ciudad y los sitios más hermosos. Era como de película pasar en medio de la Piazza Navona,…frente a la barchetta de la Piazza di Spagna, y aunque llevaba una moneda lista para echarla a la Fontana di Trevi, la cantidad de gente impidió que lo intentara. Pasamos soplados.
Mi pettorale o bib number llevaba mi nombre y la bandera. En NY les costaba mucho leer mi nombre, pero aquí lo gritaban con muchas ganas y lo pronunciaban bien. Esos aplausos y el Bravaaaa Marianelaaaaaaa los llevaré grabados en mi cabeza siempre. No paré de correr y cada vez que escuché esos gritos, le di más fuerte. Più che puoi, me habían dicho.
Tenía aire pero ya en el km 38 se me estaba acabando la fuerza en las piernas, pero no hay razón para aflojar. “Entre más rápido corra, más rápido llega: póngale”.
Nunca se me va a olvidar que en la última vuelta hacia la Via del Corso pasamos por una callecita estrechísima que olía a pan, a pizza, a todo. Había gente comiendo en las mesas, ¡y uno ahí…!
Lo ingrato de leer “ultimo kilometro” era ver que a había que subir una cuesta y darle vuelta al Coliseo por detrás. ¡Una cuesta! Escuché clarito a Alvaro en mi cabeza diciendo “suba a puro braceo” y así subí rápido. Me puse a llorar como estúpida de la emoción, estaba a 200 metros de la meta. Me sequé las lágrimas y entré sonriendo, con aquellos soldados romanos a los lados gritando “Salveeee..”
Y así, rapidísimo, muy rápido, se me fue la maratón.
Llevé a grabar la medalla, que es preciosa, es… ¡bellísima! Y cuando me la dieron ya grabada con el nombre y el tiempo del chip caí en cuenta de lo que había hecho.
Venía por 4 horas 50. Quería hacer 4:45. Pero hice mi maratón en 4 horas 34 minutos. Me felicité mucho, mucho mucho. Logré ir de menos a más y acelerar donde la gente se cansa. Entré a la meta corriendo, corriendo con ganas. Fui fuerte. Mejoré casi una hora en comparación a NY. ¡Qué felicidad! ¡No soy una rala!
Crucé la calle y pedí una cioccolata calda que me cayó deliciosa.
Ahora quisiera ver a esa señora de la feria y decirle que sí corrí tanto como pude, ¡y cuando no pude, también!
Hoy es lunes y sigo llorando a ratos. Tengo tan fresquito cada paso, cada kilómetro, la sonrisa y los saludos y la habladera de los italianos, que te van felicitando y te preguntan come ti senti? Stai bene?
La maratón de Roma resultó hermosa, palmo a palmo. Tan sorprendente el público, tan motivadores los otros corredores. Un día digno de un imperio que tuvo momentos gloriosos y de una ciudad que todavía es imponente.
Aunque mi maratón de NY del 2011 fue linda por ser la primera, esta es con la que verdaderamente me siento corredora, esta es con la que ya puedo decir que soy maratonista. Lo soy.
Amo las distancias largas, seguir y seguir corriendo, y como decía Damaris Wesson, “sin ver al suelo, viendo hacia arriba, viendo todo lo que hay que ver.”
Esta vez mi nombre sí salió en el periódico, porque el Corrierre dello Sport sí publica la lista de todos los que corrieron – hasta el que llegó de último -. Curiosamente de los 12 mil inscritos, solo diez mil llegaron a la meta. Yo fui una.
No fui la más rápida, pero fui valiente.
Tengo unas ganas enormes de regresar a CR y enseñarle a Alvaro mi medalla. Qué entrenador tan bueno tenemos, ¡es un estratega sensacional! Y aunque todavía no levanto los talones tanto como él quisiera, creo que él ya sabe qué esperar de mí. Ahora podemos planear y soñar un tiempo mejor en noviembre, cuando regrese a reconciliarme con NY.
Me subí en el metro para ir a caminar un poco y ando la medalla en el pecho, con tanto orgullo, porque ya soy maratonista, es más, soy maratoneta.
GRACIAS
  • A los amigos con los que corro, que se llaman ChiRunners, porque compartimos tanto y nos aceptamos así, casi en pijamas en el frío de la Sabana, sudados y cansados. Quien diga que uno se vuelve antisocial cuando corre, no nos conoce  :D
  • Por los masajes en Kinetic – gracias Kat y Vero por dejarme dormir siempre un rato más.
  • Por los consejos de Laura Wesson, la mejor nutricionista ¡que también corre y hace cross fit!
  • A Ernesto “Lobito” Fonseca, porque es mi amigo y conocerlo marcó mi vida de la forma más chiva y valiente del mundo. Lo pensé mucho de los 30 a los 40 kms porque necesitaba pensar en campeones. Y él es uno. Es un gladiador. Hace 2 años me dijo “diay si lo hace, hágalo en serio“.  Yo le hice caso.
  • Y a mi familia que aunque no entiendan muy bien la vaina de los 42 kms, me quieren con mi chochera de correr.

¡Una vuelta al… Coliseo!


¿Cómo se dice…?


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Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

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La Maratón de Roma, según Andrés


Las redes sociales son cómplices de los maratonistas.

Gracias a Twitter di con un simpático corredor español que me ha deseado suerte en esta segunda maratón; y no podía dejar pasar la oportunidad de hacerle la pregunta obvia, casi automática: ¿cómo se sintió corriendo 42 kms en Roma?

Amablemente, este 5 veces maratonista me contó lo que vivió recorriendo Roma y hasta nos prestó dos fotografías. Su relato me dejó sin palabras. No le quito ni le pongo una coma. Gracias, Andrés. (@AnxCS en twitter)

Andrés Collado es cirujano ortopedista y traumatólogo en el Hospital de San Juan de Dios en Palma de Mallorca, (en el Mediterráneo). Siempre ha hecho deporte, pero correr se convirtió en su actividad principal desde que se operó la rodilla por romperse el ligamento cruzado anterior jugando al fútbol. Desde entonces ha hecho 5 maratones (Sevilla, Valencia 2 veces, Miami y la más reciente: Roma). Ahora está probando con el triatlón.

Andrés Collado, cerrando la maratón de Roma con el Coliseoa sus espaldas.

Andrés Collado, cerrando la maratón de Roma con el Coliseoa sus espaldas.

“¿Qué me movió a correr Roma?…pues ¡Roma!. Estando en Europa si quieres buscar una maratón “top” las opciones más lógicas son Berlín y Londres o incluso Barcelona,  sobre todo si buscas mejorar tus marcas. Roma es sinuosa, adoquinada, con mucha gente y por momentos caótica, pero siempre he tenido una relación muy cercana con Roma, a donde intento ir una vez al año (menos de 2 horas de distancia en avión). Además el recorrido no duda en mostrarte lo mejor de Roma, aunque eso significa mayor dureza.

Los adoquines afectan, aunque no de una manera insalvable. Para mí lo peor es si llueve, que resultan resbaladizos, y al principio cuando rodeado de miles de personas puedes pisar mal y sufrir algún percance. Después te acostumbras…personalmente he corrido en asfaltos peores.

El aspecto más positivo de Roma es lo monumental del centro. Creo que ahí radica su punto más fuerte. Los avituallamientos bien, agua y bebidas isotónicas así como piezas de fruta. Esponjas mojadas para el calor, aunque en mi caso no cogí ni una. La gente se vuelca en la zona centro, animando mucho (la mayoría turistas, eso sí). De los romanos, muchos pitando con el coche por no poder pasar por calles cortadas y quejándose a los carabinieri, ¡pero eso también daba ambiente!

Lo peor:  algunos kilómetros (recuerdo especialmente del 22 al 30) que vas por las afueras de la ciudad y con poco público; en mi caso coincidió con toparme de cara contra el temido “muro del corredor”. Con respecto a la meteorología para mi lo peor fue el viento. Algo de frío (soportable) y un poco de lluvia… ¡Roma en marzo puede ser impredecible!

Mis humildes consejos serían los siguientes:

roma_medalla

Roma es una maratón para disfrutar de la ciudad.La salida y la llegada desde los Foros son espectaculares y se
te quedarán grabadas multitud de imágenes. En mi caso destaco La Ciudad del Vaticano y la Piazza del Popolo, aunque cada uno se quedará con las suyas.

Creo que no es la carrera ideal para hacer marca personal, por recorrido y clima y un poco por el adoquinado. Yo intenté bajar mis 3h15min y pinché, terminando con el peor registro de mi vida. Esto supuso que los últimos kilómetros, cuando me di cuenta de que el tiempo estaba perdido y me dolía todo, cambié el chip mental, levanté la vista de mis zapatillas al horizonte, y disfruté como pocas veces lo he hecho corriendo; mi llegada al Coliseo, inolvidable. 

En lo técnico, la ropa depende del día que os salga. Sí creo importante llevar zapatillas bien amortiguadas frente a las de bajo perfil. En mi caso opté por las Nike Lunar Eclipse y fueron genial.”

Uno queda como flotando con el relato de Andrés. No tengo un récord personal en mente, por supuesto que quisiera bajar mi tiempo de NY 2011, pero como él lo dice.. levantar la vista y recorrer una ciudad como esta ya es sobrecogedor.

Para los que han estado en Roma, este mapa muestra el recorrido y los sitios más emblemáticos, desde los que menciona Andrés, hasta la Fontana di Trevi, teatro di Marcello, Piazza Navona, en fin. Es probable que no vaya a ser sencillo, pero sé que valdrá la pena. Como todo en correr.

percorso1 copia

¡Una maratón en Quepos!


Dejemos de hablar de la Maratón de Roma, al menos por hoy.

Para los que entrenamos en el área de Sabana, Rohrmoser o Pavas, digamos que ya el trillo del Boulevard se nos hace… ¡cansón! Bonito, pero sí, cansón. La verdad es que sí. Me atrevo a decir que más de la mitad de las carreras de 10 kms, y algunas de 21, pasan por esa zona, o cuando mucho comienzan por allá por Curridabat o el centro de San José. Lo mismo con casi todos nuestros entrenamientos. Bonito pero… ¡predecible!

Por eso cuando leí Quepos Marathon and Half Marathon pegué así brinco – léase brinco de 3 cms sobre la silla – porque soy de las personas que piensa que uno puede viajar mucho a lugares tan lindos como Roma o NY, pero alguna vez en la vida hay que correr una maratón en el país de uno. Ya he valorado la idea de correr la Internacional o la de Tamarindo, pero… wow, ¡Quepos! me sonó a congos, aves, jungla y calor. Me gustó.

Gustavo Sáenz, corriendo en Chile

Gustavo Sáenz, corriendo en Chile

Así que me senté a conversar con uno de sus organizadores – que por cierto corre, que por cierto es amigo mío, y que por cierto… no podrá correr esta primera edición de la carrera que se inventó -. Se llama Gustavo Sáenz y ha corrido ya 7 maratones fuera del país.

¿Por qué querías organizar una maratón… y por qué en Quepos? 

Yo siempre he querido organizar un evento deportivo – yo era futbolista, y cuando comencé a correr en eñ 2006 me fui apasionando por el atletismo-. Y todos sabemos que hay pocas medias maratones y maratones en Costa Rica.  Pensé en un lugar que aparte de ser atractivo tuviera una buena oferta hotelera para los corredores, y Quepos lo tiene. Está en una de las zonas más hermosas del país. Se me ocurrió un día que andaba ahí por trabajo, y salí a correr por la Costanera. Me encantó.

¿Elegiste Quepos con visión de corredor?

Claro; a todos nos gusta o preferimos correr en plano, particularmente en distancias como 21 y 42 kms es importante que la altimetría sea lo más plano posible, para mejorar los tiempos o marcas personales. La salida está para las 5 am.

Lo primero que uno piensa cuando relaciona correr con Quepos, es calor.

Sí, y elegimos hacerla el 21 de abril porque el porcentaje de humedad no es tan alto.  Yo corrí Santiago de Chile a 30 grados, he corrido en Cuba,  así que tengo buenas referencias sobre lo que puede hacer la humedad. Este no será un clima hostil. La maratón siempre será un desafío, de todas maneras.

¿Cuánta gente esperan para esta primera edición?

Tenemos un cupo limitado para mil corredores; para ser la primera edición es lo prudente. Pero por supuesto queremos que sea tan buena esa experiencia que haga volver a esos mil, y recomendar la competencia a otros más. Este año estamos preparados para recibir a mil corredores y que salgan satisfechos, contentos y bien atendidos.

Ya la Municipalidad de Aguirre declaró el evento de interés público. La verdad es que este es es uno de los lugares más lindos del país, y le permite a los corredores que tanto los días previos como los posteriores a la carrera la pasen bien, y no tan lejos de San José. En dos horas y media más o menos, ya estás allá.

Dejame preguntarte algo superficial:

¿camiseta, medalla bonita…? JajajQUEPOS

Ah claro, esos detalles están cubiertos: los colores del evento como podés apreciar en la página web, son el azul y el amarillo. La inscripción incluye las pólizas, y todo lo indispensable, pero también pensamos en camiseta dry fit, en otra camiseta post-race de algodón, maletín, botella de agua, etc.

Por supuesto que está garantizada una buena hidratación, provisiones, control electrónico en los retornos, esponjas, asistencia médica, y hasta música en la meta.

Para vos como maratonista debe ser mucho más especial organizar una carrera como esta, me imagino.

Claro. Yo sé la ilusión y el compromiso que se asume cuando uno se inscribe en un evento como este. Que es la suma de mucho esfuerzo, de mucha disciplina. Por eso queremos concentrar los recursos en estas dos largas distancias. Yo sé lo que significan esos minutos de gloria en la meta, y quiero que sea una experiencia tan memorable como la que uno tiene en cualquier otra maratón internacional. Ya tenemos patrocinadores importantes respaldando este primer evento.

Entonces, ¿cuándo es, para apartar la fecha?

20 de abril. Ya se pueden inscribir en línea o en las tiendas Runners. Visiten www.queposmarathon.com

Diay yo creo que me apunto en media. ¿Verdad?  

Media $35, Maratón $65. 

Les dejo el recorrido, que pueden ampliar en la página web.

Recorrido Quepos Marathon

Recorrido Quepos Marathon

“En una relación con: correr”


¡Aquí con Memo & Liris,... ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

¡Aquí con Memo & Liris,… ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

Conozco parejas lindísimas que corren juntos – Liris y Memo, Sigrid y José, Annette y Pedro, Norma y Olger… ¡uh! montones -. A veces pueden ir al mismo pace y llegar juntos a la meta, a veces no, pero uno espera al otro y siempre hay una mirada cómplice que los delata: el amor es su “doping“.

Bueno, últimamente conversando con mi mamá y mi hermana hablábamos de que si a mí me gustaría andar con alguien que corra, y yo dije que sí. O que al menos haga algún deporte. Ellas creen que eso es ser un poco extremista pero la verdad, viendo los buenísimos ejemplos que tengo cerca, me parece coherente. Y dado que mi vida ahora tiene tanto de correr, y hablo de correr, y sueño, pienso, como y escribo de correr… con más razón.

A las personas que nos comprometemos con metas como una maratón, a veces nos ven como exagerados o raros; entonces los amigos, los compañeros o la familia creen que nos “privamos” de lo “básico”. Pongo ejemplos.

- Hey, jale al cine.

- Aaah …pero es que tan tarde no me sirve, porque mañana entrenamos.

- ¡Ay qué insoportable, por un día que no entrene no se va a morir!

(Cierto, nadie se muere, pero uno tiene en la cabeza la fecha de la maratón, y quiere hacer la tarea bien hecha. Son 42 kms y 195 mts y quiero correrlos de la mejor manera… lo siento. Cuando me duelan las piernas ud no va a correr por mí. Necesito horas de sueño.)

- ¿Por qué no vamos a tomarnos algo?

- Ah tuanis, pero… yo me voy a las 9 porque mañana me toca estar temprano en la Sabana.

- Ufff qué aburrido con usted, a nada se le puede invitar.

(Ah pura vida. Y si yo le invito a ud. correr a la Sabana, ud me dice que no, y yo pienso que ud. es aburrido. ¡Estamos tablas!)

Bueno, y esta me dio mucha ternura: me fui a correr por Heredia, saliendo de donde mi mamá, y al regreso ella me estaba esperando con mucho amor y un plato de “Chop Suey” que compró sabrá Dios dónde. Oh mami. Tan divina:

- Ma… gracias, qué rico,  pero vieras que eso no me lo puedo comer.

- ¡Ayyy pero por qué, si tiene verduritas…!

- Ma, es que eso tiene mucha grasa y ahora lo que necesito es proteína.

- ¿Y si le hago macarroncitos?

A veces veo esta rutina y me doy cuenta de que probablemente solo resulte bonita para el que la vive, pero pretender que alguien la comparta y hasta la disfrute sin que corra, no debe ser sencillo. Tengo la teoría de que solo el que corre entiende al que corre. Imagínese lo que es escuchar una alarma a las 4 am todos los días. Estar oyendo hablar de carreras todos los fines de semana; ver chuicas de correr por todo lado – limpios y sucios – en fila para la lavadora y saliendo de la secadora. Habituarse a que los viernes no son de moda, son de pastas y acostarse temprano porque el gran vacilón del sábado es hacer un fondo a las 4 am. A mí me suena genial, pero luego me pongo en los zapatos de quienes no corren y suena a “qué cansado” y “qué aburrido”. No puedo culparlos.

(Igual como a mí me suena super aburrido pasar un domingo viendo un partido de futbol, si puedo salir a correr por ahí 90 minutos sin tarjeta roja, sin barras que pelean ni torneos de verano o invierno. Pero viva Heredia.)

Este miércoles me di cuenta de que estoy a 2 meses de mi segunda maratón, en Roma, y  es un compromiso mío, conmigo. Punto. Solo me importa a mí y sola lo asumí. Cuando suena el reloj, cuando hace frío en la mañana, cuando tengo perecilla – no mucha – de venir al gimnasio, recuerdo que es algo que hago porque es importante para mí, y porque tengo una enorme ilusión de correr en Roma, de pasar por 42 kms de su historia y volver a cruzar una meta para llamarme maratonista otra vez. Me importa. Mucho.

En el proceso se pasan lesiones, ampollas, uñas moradas, dolor de piernas, cansancio, pero uno está perdidamente enamorado de esa meta y entonces todo eso pasa a segundo plano, porque la satisfacción final se sabe que será intensa y todas esas rutinas de acostarse temprano y levantarse cuando es de noche, cobran mucho sentido.

Enamorarse de una meta… Bueno, por eso el estatus de facebook de más de uno debería decir “en una relación con: correr”. No porque sustituya el amor de una pareja, pero sí porque como toda relación requiere amor, entusiasmo, locura, pasión, alegría, ganas,… si no, se destiñe como un par de tennis viejos.

Mi facebook, al menos por los dos meses que vienen, dice “en una relación con: Maratona di Roma“, porque sí, porque siento todo eso por ese evento y porque gran parte de mis fuerzas y mi tiempo serán para eso. Aunque no salga de noche, me pierda una ida al cine, o caiga mal por no comerme unas papitas. ¿Vieja incómoda? No: maratonista en proceso. 

Y qué importa si uno sabe que no va a ganar la carrera. Si sabe que es de los que llegan de último. Qué importa. ¡Uno igual se lo toma en serio, como los que son buenos! Nadie tiene que salirte con una grosería como “ni que fueras a romper un récord” – no me lo han dicho pero sí se lo he escuchado a algunas personas “cercanas” al corredor. – Pura vida.

Así que no es un novio, no es un marido, no es su esposa, no es su amante, pero reconozca como corredor que este deporte es parte de su vida, y le robó el corazón. Acuérdese de esa sensación de felicidad tan parecida a un buen besote, cuando termina una carrera feliz, mejora sus tiempos o termina de subir una cuesta. Es plenitud. ¡Es… delicioso!

La próxima vez que escuche a un corredor decir “no puedo, es que mañana me levanto temprano” o “huy me encantaría pero estoy entrenando”, no le juzgue: está enamorado. Y viera que es un amor bonito: correr le devuelve a uno exactamente – ni más ni menos – lo que uno le da. Déle tiempo, ganas, esfuerzo, y le va a devolver resultados, alegría, satisfacción, vida, salud.

Por eso me encanta el brillo de los ojos de Liris y Memo. – Perdón por usarlos de ejemplo, pero son mi pareja favorita- .

Me los imagino alistándose juntos para sus maratones, hablando de los recorridos de las carreras, haciendo números de cómo ir al mismo pace… sé que a veces ella le gana a él – ¡sorry Memo! – pero él sabe que ella está pendiente de que él se sienta super y al final se esperan uno al otro y comparten ese agotamiento de acabar un fondo, el placer de sentarse a comer un desayunote luego de entrenar.

Y ambos saben que el otro “tiene una relación con… correr”… ¡pero no son celosos!

No es correr por correr


He tenido un eterno enamoramiento con Italia. Culpa de mi mamá, que estuvo a punto de cruzar el charco y hacer vida allá, y que cultivó un amor por ese país de la mano de su profesora Teresita Rímolo.

La historia es larga – no la voy a contar completa, tranquilos -. En 2007 celebré mis 30 viajando sola, un mes, sin más que un mapa y una libreta de direcciones de desconocidos, a la bota del Mediterráneo. Los días más calientes del verano, la emoción de entrar al Coliseo, sentirlo, olerlo como si hubiéramos estado juntos hace siglos… practicar mi entonces pobre italiano y asombrarme a cada paso con la ciudad eterna. Regresé ese mismo año, en noviembre, cuando gané una beca de la Dante Alighieri, y han pasado ya 5 años de extrañar los gelatos, la pasta, la intensidad de los italianos discutiendo con vehemencia en la calle, ¡todo, todo lo extraño y todo lo disfruté tanto…!

En 2007 no corría, como decimos, ni las cortinas. ¡Nada! Caminé Italia de arriba a abajo con unos crocs espantosos, pero ni pensaba en correr. El año pasado me pregunté “¿habrá una maratón en Roma?” y sí, la había y sin darle mucha cabeza me inscribí.

Y ahora estoy a dos meses y medio de recorrer esas calles adoquinadas, de pasar a un lado de la Fontana di Trevi no tomando fotos sino corriendo. ¡Corriendo!

La maratón de Roma no es la más concurrida, ni la más famosa, ni tampoco la más entusiasta del mundo. Aquí no están las multitudes neoyorquinas gritándote que no parés, que ya casi llegás. El recorrido es rudo. De hecho, aunque pasés por el Vaticano y por tantos sitios hermosos, correr sobre adoquines es pesado. Pero es Roma. La maratón comienza y termina en el Coliseo, para qué decir más. Los eternos enamorados del Imperio sencillamente nos sentimos fascinados con el hecho de estar un poquito más cerca del César, de los gladiadores, de la historia.

La maratón de Roma es categoría Gold Race según la IAAF, es decir, para los corredores élite representa una de las carreras más importantes. Para mí, que no soy ni élite ni lo seré jamás, representa regresar a una ciudad donde viví los mejores días de un verano italiano, sola, caminando como si recordara una vida anterior. No exagero.

roma2Pomencé a leer varios libros: retomé Imperium de Robert Harris; y este “Roma: de la República al Imperio“, que me tiene atrapada. Hay que saber por qué calles estás corriendo, digo yo.

Para acabar de hacerla, los productores del maravilloso documental “The Spirit of the Marathon”, rodaron el año pasado la segunda parte justo ahí, en la maratón de Roma. El estreno no ha sido programado todavía, no han terminado la edición, pero díganme si viendo esto no sienten un deseo de correr hasta allá, en esa ciudad eterna… yo cuento los días, y dado que tengo tanto kilometraje acumulado desde noviembre, el corazón se me acelera mucho mucho más.

La maratón que sí sucedió


Hoy en Buen Día de Canal 7 me permitieron mostrar este video. Es la secuencia de 3 momentos que viví en New York este año… la emoción de llegar a la ciudad, estar en la Expo y retirar el número de corredor. La tristeza del sábado, cuando aún con la mala noticia los corredores salimos a darnos una vueltita y encontramos, con nostalgia, que no habían desarmado la meta. Y finalmente la sorpresa que me llevé el domingo al ver que sí hubo maratón… ¡sí la hubo! No trajimos medalla pero sentimos la emoción de esas dos últimas millas y aunque sea por un rato, vivimos lo que soñábamos vivir. Se escucha el apoyo de la gente, como la señora que grita “I just love your spirit, guys!” y disculpas, mil disculpas si me escucho demasiado emocionada… pero fue un momento que jamás, jamás voy a olvidar.

Los venezolanos con su ánimo al tope; Fabio, el italiano que confiaba en que después de Sandy la gente recibiría con calidez a los maratonistas; los franceses que se lo tomaron con tranquilidad y hasta me invitaron a correr en París… ahí están.

Aquí, con el número aún emplasticado, espero poder reencontrarme con la maratón de NY – completa – en el 2013.  Gracias Edgar Silva por dejarme mostrar que los corredores vivimos intensamente este momento, y le regalamos a la ciudad nuestra ilusión de correr, con la ilusión también de encontrarla recuperada el año entrante.

No fueron 42 kms de Staten Island, pasando por Brooklyn, Queens, el Bronx o Manhattan. Esto sucedió en Central Park. Y cada quien lo vivió a su manera.

Prossima fermata: Roma 2013


La maratón de Roma inicia y concluye en el Foro Imperial. La inscripción está lista, llevamos entrenamiento adelantado…  Así que la próxima parada es el 17 de marzo 2013. Todos los caminos llevan a Roma. “Tutte le strade portano a Roma

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