¿Y a usted, cómo le fue en los Juegos Olímpicos?


¿Qué ganó usted?

¿Y qué gané yo?

Los vimos, criticamos, nos emocionamos, lloramos, nos desilusionamos, nos asombramos… ¿y qué?  ¿Creemos que los Juegos Olímpicos fueron solamente un evento “en la tele” para ver a los más extraordinarios atletas del mundo?

Qué va.

Ojalá muchos padres de familia, entrenadores y maestros hayan aprovechado estos días para motivar a sus hijos y pupilos a poner atención no solo a los detalles deportivos, sino a las lecciones de coraje y solidaridad que dejan estas competencias. Así, todos salimos ganando.

Si pensamos que esta fue “la única” vez que Leo Chacón se cae o que Nery termina una carrera enojado consigo mismo, estamos muy equivocados. ¡Tal vez haya sido la única en la que el público que los vio caer, era de millones de personas! Pero Andrey, César, Gabriela, todos ellos están acostumbrados a esos mal llamados “fracasos”. Se han caído o lesionado en el peor momento. Todos saben lo que es un calambre, un aguacero en plena competencia, un cólico, una caída, …solo que nadie los estaba viendo ni para levantarlos, ni para criticarlos.

Aquí los novatos somos nosotros, que cada 4 años nos ponemos a opinar sobre un desempeño que, aceptémoslo, no podemos desacreditar con argumentos técnicos porque no somos expertos. ¿O acaso nos sabemos de memoria los tiempos de Nery en 400 mts, como nos sabemos la tabla de goleadores del campeonato local? ¿Sabemos cuántos kilómetros a la semana corre Gabriela y los tiempos récord de sus rivales? ¿Conocemos cómo se desglosa el presupuesto del Comité Olímpico Nacional? ¿Cómo dividió Sharolyn su tiempo entre entrenar, trabajar  y ver por su hija? (sí, Sharolyn es mamá).

Lo que pasa es que estas competencias hacen soñar a cualquiera. Resumen la gloria, el esfuerzo y el trabajo de humanos en busca de ser los mejores. Sentarse a ver natación, gimnasia… lo que sea, lo deja a uno boquiabierto y a ellos, a nuestra delegación, también. Todos ellos iban con la mejor intención de mejorar sus marcas, y por qué no, tal vez no lo dijeron pero pensaron “jalarse una torta” y sorprendernos. No sé si pensaron en medallas, pero nunca prometieron nada. Fuimos nosotros los que sin saber los pormenores de su entrenamiento, estábamos sentados esperando escuchar el Himno Nacional. Y no sucedió, como no le sucedió a decenas de atletas de otros países. El medallero es clarísimo: no hay para todos. En cada podio solo caben tres, aunque decenas califiquen a duras penas con una marca mínima con tal de meterse en la pelea.

Si los vimos como jueces – que no somos -, fue fácil criticar y cambiar de canal. Pero si como ciudadanos o deportistas le buscamos una lección de vida, estos Juegos son una escuela: esa foto de Nery, desconcertado sobre la pista mirando la tabla de clasificación, nos tiene que dejar una lección. ¡A él y a su entrenador se las dejó! A nosotros no nos puede servir solo de excusa para inventarnos justificaciones que nos parezcan buenas. Y esa foto de Nery es tan importante como aquella en la que sale convertido en un titán, con los brazos extendidos, ganando el campeonato bajo techo. Una no es “mejor” que la otra.

Los hematomas de Leo también son un mensaje, no para él, para los demás. ¡Créame, él va a caerse de nuevo, sus músculos se desinflamarán, y seguirá! ¿No cree que nosotros podemos, en lugar de sacar el serrucho con la velocidad de Bolt, tomar un momento y absorber parte de ese aprendizaje de nuestros atletas?

Y comienzo conmigo: lo digo con mucha pena, nunca he ido al estadio a ver competencias de atletismo. ¡Pero me paso quejando del escaso apoyo para este deporte! Qué vergüenza: es que uno tiene que ser honesto, ¡no se vale pedir cuentas de lo que no estamos dando! Por Dios… Sharolyn entrenó para correr vallas… sin vallas.

Sé que cada uno tiene una opinión respecto a lo sucedido con cada uno de nuestros representantes. Pero a veces me pregunto por qué tenemos que argumentar lo deportivo en términos de dinero (“lástima, con lo que se invirtió en ellos” dijo un colega en la televisión); o bien con suposiciones (“es que no le ponen ganas”) y hasta acusaciones absurdas de “andaban paseando”. ¡Dígame para cuál paseo una persona entrena de madrugada, sin equipo, sin patrocinios, sin aplausos, sin salario, durante 4 años, a ver si hace la marca para el paseo!

Ninguno de ellos necesita compasión, lástima ni excusas. No les interesa ser los héroes ni los “pobrecitos”. Se lo aseguro.

Pero si hacemos de este Londres 2012 un circo romano y tiramos a los “leones” a nuestros atletas, estamos dándole un pésimo mensaje a los que vienen detrás. Imagine, si usted es otro Nery, un chiquillo en Limón “pulseando” buenos tiempos… y observa no solo lo difícil que es tener apoyo estatal y privado, sino también cómo su esfuerzo, su 100% es menospreciado por otros ciudadanos… ¿usted querría correr?

Afortunadamente todos ellos están hechos de otra madera. Repito, están acostumbrados a correr o entrenar callados, cuando nadie los ve ni les aplaude. Han llegado a casa después de entrenar, eufóricos porque mejoraron 10 segundos, o menos, y nadie se los celebra. Saben que no pueden quedarse mucho rato disfrutando una victoria porque de todas maneras, al día siguiente hay que entrenar.

Hay grandes, enormes lecciones de humanidad y disciplina que se aprenden al ver los Juegos Olímpicos.

Este abrazo del keniano Ezekiel Kemboi, campeón de los 3.000 metros con obstáculos, con el francés Mahiedine Mekhissi, en el segundo lugar, fue de las escenas más emotivas que recuerde… una muestra de hermandad en un mundo en el que la gente todavía se mira “raro” por el color de piel, la religión y la nacionalidad.

También, recuerdo una atleta que esperó a otra que venía rezagada y agotada… no quiso dejarla sola atrás, con el dolor.

¡Y qué me dice de Oscar Pistorius, corriendo feliz como siempre soñó, al lado de los mejores… no ganó su heat pero nos enseñó que sí se puede correr sin piernas! Se llevó de recuerdo el saludo y el número de uno de su rivales.

¿Y quién se fijó en el canadiense que botó a Leo, en el triatlón… y que se tuvo que retirar de la competencia?

Por eso son asombrosos, cada uno de los atletas que participan. Porque una vez cada 4 años, gracias a la televisión o a internet, o a un click oportuno, nos dejan asomarnos a lo que para ellos es una rutina: la grandeza.

“Darle la palmada a la lora”


La frase no es mía, de hecho le he estado dando vueltas para ver si logro entender qué quiso decir Andrey Amador cuando la dijo, al ser entrevistado sobre su estrategia para ganar la décimo cuarta etapa del Giro de Italia.

Aquí les dejo el video, pero básicamente lo que dijo fue esto:

“…la verdad es que se me fue la vez pasada, la carrera, y hoy… como se dice, ¡hoy había que darle la palmada a la lora!”

Probablemente los periodistas italianos tampoco le entendieron. Yo creo que se refiere a que hay un momento en la vida en que uno sabe que si no apuesta todo, lo pierde todo. Por eso él aceleró los últimos metros del sprint de la manera que lo hizo.

“Darle la palmada a la lora” debería convertirse en un grito de guerra personal para la gente que tiene una meta que pareciera muy difícil, complicada o por qué no, supuestamente “imposible”.

Esta semana varios costarricenses lo han hecho – ¡pobre lora! – y creo que cada persona puede aplicar esa palmada a su trabajo, su deporte o su vida. Mi mamá tiene otra manera de decirlo: “la oportunidad es un ave que jamás se posa”. Claro, porque cuando se posa… ¡le damos la palmada!

Mi pequeño homenaje a estos tres figurones del deporte. Si el año pasado para la maratón íbamos “a gas tabla“, este año vamos a darle la palmada a la lora. Queda pendiente la explicación de Andrey, en este blog.

Shirley Cruz ganó su segunda copa UEFA consecutiva

Shirley Cruz, futbolista de 26 años, es la única jugadora profesional de fútbol de nuestro país que se ha proclamado campeona de fútbol europeo, la semana pasada llegó al bicampeonato con su Olympique Lyonnais y es la líder indiscutible del equipo. Inició en las canchas de San Juan, en Pavas. Sin la difusión que tienen los “legionarios” masculinos, Shirley se ha consolidado como una importante figura del fútbol femenino europeo. Calladita, pero eficaz, Shirley siempre tiene cerca la bandera costarricense para recordarse a sí misma y recordarnos a nosotros que sí se puede cumplir un sueño que te lleve de Pavas a París, a Lyon, a donde querás.

Entrando a la meta de primero: ¡gran escapada y gran escalada de Amador!

Andrey Amador. 25 años. El año pasado, justo el día que arrancó el Tour de Francia, se lesionó gravemente – esguince de tobillo – y aún así, con una muestra de coraje y valor, terminó todo el Tour. No puedo imaginar el dolor, la tortura de verse siempre entre las últimas posiciones… llegó de penúltimo en la clasificación. No faltó quien dijera que eso era “una vergüenza” ir para quedar de último. Pero este 2012 Andrey volvió a pedalear, y luego de escapadas que anunciaban sus intenciones, se adueñó de la etapa 14 del Giro de Italia. “Il costaricano” como lo llamaban los narradores italianos, está de tercero en la clasificación de montaña y se ha convertido en el personaje del Giro. Su director de equipo lo dijo al diario El País – transcribo, conste: – “Solo le podían haber ganado en Cervinia por huevos, y a huevos a Andrey no le gana nadie”.

El primer costarricense que conquista el Everest: Warner Rojas.

Warner Rojas. Qué cara hace uno si un hijo le dice: “mamá, quiero ser alpinista”. ¡El alma en un hilo, de por vida! Este escazuceño de 42 años no ha quitado el dedo del renglón: quiero subir el Everest, dijo. Voy a subir el Everest, dijo. 70 días de expedición, una llena de peligros, con 4 o 5 muertes, y hoy de repente vimos el mapa de Navsat confirmando que Warner estaba en el techo del mundo: 8848 metros de altura. No hay más. Años de subir y bajar cerros de Escazú y cumbres tan importantes como el Aconcagua, en Argentina: y ayer, subió. Antes de Warner, solamente 2 centroamericanos habían logrado la cumbre, dos guatemaltecos. Ahora es el primer costarricense que lo logra. Sí, es un desafío costoso económicamente, pero prefiero ver bien invertida esa plata de los patrocinios en Warner, que ver desperdiciarse más plata en una platina que no logran componer – sólo por poner un ejemplo -. Patrocinar su esfuerzo no era antojadizo: la experiencia de Warner respaldaba la inversión. Una ventana de buen tiempo, y subió donde ningún tico ha subido, en buenas condiciones físicas y demostrando que estaba preparado.

Y hay muchos más. A estos tres los agrupo en este post porque sus logros se dieron casi consecutivamente en este mes de mayo, pero me disculpo con ese montón de deportistas ticos que no nombré aquí. Hasta me faltó mencionar a Franklin Chang, y su entrada al salón de la fama de la NASA. Tantos, tantos que se volvieron sordos a los “no se puede“, “está difícil”.

A veces es la familia que lo “chotea” a uno porque quiere comenzar a andar en bici. O los compañeros de trabajo que te han dicho que cómo se te ocurre, vos, que sos tan “gordo-flaco-pobre-grande-chiquitillo-etc” vas a correr 10 k, si no hacés nada… O vos mismo, que pensás que nadie te va a hacer caso con una idea que tuviste. Shirley, Andrey, Warner: no olvidés esos tres nombres. A ellos los “peros” no los detuvieron. No te detengás vos: preparate y hacelo. Dale la palmada a la lora.

125 días para NY, y un tico en París


Me acuerdo perfectamente de los primeros entrenamientos. Arranqué con los Chi-Runners en diciembre, justo el mes en el que las madrugadas son bien frías y ventosas, y más cuesta salir de las cobijas a las 4 am. Pero ahí comencé.

Me dolía todo. Corría un par de kilómetros y me dolía cualquier cosa. Todos pasaban soplados y me dejaban muy atrás. Los fondos parecían hazañas, de veras que en algún momento me asusté porque me di cuenta de que en el grupo ya había muchos que corrían maratones, un par al año por lo menos. Y yo, ahí, ralita y con los cachetes rosados, llegaba de última hecha pedazos.

Ya estamos en julio y si bien no he logrado ser de las más rápidas, ni de los que terminan primero, lo bueno es que ya no me duele todo y ya no me preocupa tanto ver quién va delante de mí, quién viene detrás. Ya soy parte del grupo. Me siento así. Ha sido un “proceso” como dicen los futbolistas, solo que este sí ha servido. He llegado a julio con dos medias maratones a cuestas, varias carreras de 10 kms, no sé cuántos fondos sabatinos, sin lesiones ni contratiempos.

Sé que tengo que levantar más los pies y concentrarme, pero lo estoy logrando. Este fin de semana será mi tercera media maratón, la “Correcaminos”, y ya me apunté para los temidos y desafiantes 30 kilómetros de Tamarindo.

Este 7 de julio será mi primer cumpleaños corriendo. Corriendo de verdad, quiero decir. Justo el jueves, a las 4 am, sonará la alarma y celebraré mis 34 años corriendo en la Sabana. No sé qué tan loco suene que ahora el mejor regalo de cumple que me puedan hacer sea un par de medias para correr, una gorra, o un “que Dios te acompañe en la maratón”. Mi mente es una pista de carreras.

A partir de hoy, quedan 125 días para la maratón de Nueva York. Me parece mentira y me pellizco, yo sé que la voy a terminar, para eso entreno, pero igual, veo hacia atrás y me pregunto en qué momento corrí 21kms. ¿Yo? ¿21? Sí, yo, 21.

Algo maravilloso de correr, la distancia que sea, es que uno se convierte en su propio héroe. Corriendo uno vence muchas cosas que como ser humano probablemente le cuesta eliminar, como la pereza, el desánimo, la frustración o el cansancio. Los peros. Las excusas. Todo eso llega un momento en que se borra, se cae, se deja botado como el sudor.

Muchos de los correos que recibo por este blog me dicen que cómo hace uno para levantarse a esas horas. Por ejemplo, para estar un sábado a las 5 de la mañana en Orosi para correr en montaña. Y siempre contesto lo mismo: me enamoré de la meta. No he llegado y ya me enamoré de la meta. También del proceso, por ejemplo, siempre hay algún punto en el entrenamiento en que el cuerpo va solito, va corriendo, y uno disfruta el viaje mental y físico. Se siente todo: el latir del corazón, la respiración, las piernas que no paran… es riquísimo. Cómo lo explico… Deena Kastor dijo una vez que a muchos les puede parecer la cosa más singracia del mundo poner un pie delante del otro, pero cuando lo hacés y te das cuenta de que lograste correr 15 o 18 kms y te sentís bien, entonces descubrís el héroe personal que llevás dentro, el que no te dejó parar, el que te sacó de la cama, te amarró los tennis y te llevó corriendo, metro a metro, con una sonrisa. A veces cuando corro yo sola, parezco tonta porque voy sonriendo. Pero es conmigo, estoy sonriéndome porque pude.

Así es como uno se convierte en su héroe, sin importar la distancia, uno se ve al espejo y dice LO LOGRÉ. Eso se traduce en tantos beneficios para la vida, para el trabajo, para la salud, y nadie le va a quitar a usted o a mí esa gloriosa sensación de plenitud cuando se llega a la meta, con el tiempo que sea: LLEGÓ. “LLEGUÉ“.

Andrey Amador, primer costarricense en el Tour de Francia. Equipo Movistar. Orgullo nacional.

Este mes es especial también porque, por si acaso hiciera falta, hay una motivación en Francia que se llama Andrey Amador. Andrey es el primer costarricense, el primer centroamericano que corre el Tour de Francia con el equipo MoviStar. 24 años apenas, y Andrey está haciendo historia. Antier, una caída le dejó seriamente lesionado el tobillo izquierdo, y aún así, está pedaleando, sigue pedaleando, lucha por mantenerse con el pelotón. Y ahí va el tico, entre los paisajes hermosos de Francia, “le costaricien”, mencionado por los locutores de TV5 y por Goga Ruiz, narradora en ESPN. Wow Andrey. Vas a llegar en bici a los Champs Elysées. Qué grande. ¡Y yo que ni sé andar en bici, siento que pedaleo con vos!

Uno cuando corre tiene que echar mano de esa gente y recordarlos en el camino. No me importa si parece cursi, pero de verdad, pensar en gente como Andrey le puede dar otro aire a uno, mientras corre sin aire o con dolor de pantorrillas. A veces me acuerdo de la frase lapidaria de Lobito Fonseca: “si va a hacer esto, hágalo en serio, entrene en serio”.

Así que esta semana será para ver el Tour, hacer porras a Andrey, entrenar para la media maratón Correcaminos – increíble… mi tercera media maratón – y comenzar a hacer maletas mentalmente para Nueva York.

Me separan 125 días de correr por los 5 barrios de la ciudad más famosa del planeta. ¡Y quisiera correr ya!

No sé cuánto tiempo lograré hacer el domingo en la tercera media, pero no me preocupa tanto como en la anterior. Como dijo mi compañero y colega, Erick Reyes: “uno nunca será el último, porque el último es aquél que ni siquiera se puso las tennis”.

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