¿Y ahora… qué?


Todo lo leído, lo aprendido, lo entrenado, las madrugadas, no sé cuánto sudor y agotamiento, todo valió la pena. Este blog también.

Cuando pensé en escribir sobre el proceso, lo hice primero para mí – si vieron la película Julie & Julia, así como la protagonista se forzó a la constancia de cocinar, así yo quería que el blog me sirviera como un diario de entrenamiento-. Sin embargo luego comenzó a tomar otro sentido, y me vi pensando qué fotos, mapas, datos o videos podrían ser interesantes para la gente que me leía, que según he podido conocer, son como yo, gente normal, con vidas normales, que saben que no son ni más ni menos atléticos que el promedio, pero que tienen ganas de hacer algo extraordinario.

Confieso que el nombre no se me ocurrió a mí. Me senté con Andrés – mi pareja – y empezamos a pensar opciones. Primero, que tuviera que ver con correr. Que hablara de Nueva York. Que no fuera largo. Que fuera recordable. Y sinceramente no me acuerdo las opciones que pensamos, pero cuando Andrés dijo “una vuelta a la manzana” sentí que estaba dando justamente en el blanco. La GranManzana, claro. Una vueltita de 42 kms y 195 metros…

Ahora que ya fui y vine, que ya di esa vuelta y veo y leo todo lo acumulado en casi un año de escribir y correr, de ser periodista que corre o corredora que escribe, me pongo a pensar qué va a pasar con el blog.

De hecho en el avión, de regreso, lo veníamos conversando. ¿Se acabó la manzana? ¿Vas a darle otra vuelta?

Como conté en el post posterior a la maratón, es tan agotador correr 42 kilómetros, que apenas uno para de correr lo primer que piensa es “nunca más”. Te comienzan a salir los dolores que no tenías. Yo llegué al cuarto y me vi una ampolla enorme en el pie izquierdo. Eso no es nada. Una ampolla no es nada.

¿Y si volvés a correr una maratón?

Y entonces comienza otra vez, la pensadera.

- Y si entrenara más…

- Y si le pongo más al gimnasio para estar más fuerte…

- Y si ahora que tengo la técnica me enfoco en el rendimiento…

- Y si corro otra vez NY y hago un tiempo mejor…

No quiere decir que ahora solo quiera correr maratones. No quiere decir que las carreras de 10 o 21 pierdan su encanto. No quiere decir que uno solo vaya a la Sabana a entrenar porque se inscribió para correr “afuera”.

La pregunta es: ¿quiero seguir corriendo?

La manzana es lo de menos. Le podés dar una vuelta a la manzana en tu barrio. En Orosi, como en mi fondo madre. En Nueva York, la Gran Manzana. El tamaño o la ubicación de la manzana es solo un pretexto. ¿Querés seguir corriendo?

Si correr no resultó gratificante, ¿para qué repetirlo? Si correr te gustó al margen de dónde corriste y cuánto corriste, ¿por qué dejarlo?

La respuesta es: hay muchas manzanas para dar vueltas.

Claro que quiero seguir corriendo.

Los muchos, muchísimos e mails de lectores del blog que se enfiebraron leyendo y que ya corren su propia vuelta a la manzana me animan a seguir. Yo soy la prueba de que cualquiera, de veras, cualquiera puede correr una maratón. Y no lo digo en tono de menosprecio.

Cualquiera que quiera y que “le ponga”.

Cualquiera que entrene en serio, que se ordene con la comida, los horarios, que busque un buen entrenador y le haga caso. Cualquiera que se lo proponga y haga lo que hay que hacer, lo logrará.

La parte difícil de la maratón no fueron los últimos 12 kilómetros, sino todo el año de madrugadas, entrenamientos en la pista, el dolor después de correr, en fin… Por eso es que cualquiera puede correr la maratón. Pero probablemente no cualquiera pueda o quiera asumir lo que eso significa en la vida.

¿Cuál manzana sigue? Me encanta la Sabana. Me gusta correr con mi grupo. Me gusta correr sola en Santo Domingo. Y sí, después de correr en Nueva York también me gustaría darle vuelta a otras manzanas… tal vez la maratón de Chicago, que dicen que es tan plana y bonita. La de Washington, con los Marines. La de Tamarindo, para sacarme el clavo con el calor… La de Roma, viendo las bellezas Imperio, o bueno, la original: la de Atenas, Grecia. Donde todo comenzó.

Para los que comenzaron leyéndome cuando estaba ilusionada con esta primera maratón, creo que podría ser interesante ver alguna evolución en esta corredora promedio. No soy rápida, pero puedo mejorar el pace. Hay mucho qué mejorar, mucho qué correr. Correr es gratis y con solo un par de tennis ya estamos listos.

Así que sigamos dándole vueltas a otras manzanas. La primera, la Grande, siempre será mi favorita y por supuesto que me gustaría repetirla. Pero va a ser diferente. La primera vez – y creo que esto aplica a muchas cosas en la vida – es única e irrepetible. Y en cuanto a maratones, la primera me dejó con ganas de morder otras manzanas.

Así que por ahora, a descansar unos días, reacomodarse con el trabajo, y el martes, si Dios lo permite, a volver a entrenar.  

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