“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

fondomaelevacion

“En una relación con: correr”


¡Aquí con Memo & Liris,... ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

¡Aquí con Memo & Liris,… ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

Conozco parejas lindísimas que corren juntos – Liris y Memo, Sigrid y José, Annette y Pedro, Norma y Olger… ¡uh! montones -. A veces pueden ir al mismo pace y llegar juntos a la meta, a veces no, pero uno espera al otro y siempre hay una mirada cómplice que los delata: el amor es su “doping“.

Bueno, últimamente conversando con mi mamá y mi hermana hablábamos de que si a mí me gustaría andar con alguien que corra, y yo dije que sí. O que al menos haga algún deporte. Ellas creen que eso es ser un poco extremista pero la verdad, viendo los buenísimos ejemplos que tengo cerca, me parece coherente. Y dado que mi vida ahora tiene tanto de correr, y hablo de correr, y sueño, pienso, como y escribo de correr… con más razón.

A las personas que nos comprometemos con metas como una maratón, a veces nos ven como exagerados o raros; entonces los amigos, los compañeros o la familia creen que nos “privamos” de lo “básico”. Pongo ejemplos.

- Hey, jale al cine.

- Aaah …pero es que tan tarde no me sirve, porque mañana entrenamos.

- ¡Ay qué insoportable, por un día que no entrene no se va a morir!

(Cierto, nadie se muere, pero uno tiene en la cabeza la fecha de la maratón, y quiere hacer la tarea bien hecha. Son 42 kms y 195 mts y quiero correrlos de la mejor manera… lo siento. Cuando me duelan las piernas ud no va a correr por mí. Necesito horas de sueño.)

- ¿Por qué no vamos a tomarnos algo?

- Ah tuanis, pero… yo me voy a las 9 porque mañana me toca estar temprano en la Sabana.

- Ufff qué aburrido con usted, a nada se le puede invitar.

(Ah pura vida. Y si yo le invito a ud. correr a la Sabana, ud me dice que no, y yo pienso que ud. es aburrido. ¡Estamos tablas!)

Bueno, y esta me dio mucha ternura: me fui a correr por Heredia, saliendo de donde mi mamá, y al regreso ella me estaba esperando con mucho amor y un plato de “Chop Suey” que compró sabrá Dios dónde. Oh mami. Tan divina:

- Ma… gracias, qué rico,  pero vieras que eso no me lo puedo comer.

- ¡Ayyy pero por qué, si tiene verduritas…!

- Ma, es que eso tiene mucha grasa y ahora lo que necesito es proteína.

- ¿Y si le hago macarroncitos?

A veces veo esta rutina y me doy cuenta de que probablemente solo resulte bonita para el que la vive, pero pretender que alguien la comparta y hasta la disfrute sin que corra, no debe ser sencillo. Tengo la teoría de que solo el que corre entiende al que corre. Imagínese lo que es escuchar una alarma a las 4 am todos los días. Estar oyendo hablar de carreras todos los fines de semana; ver chuicas de correr por todo lado – limpios y sucios – en fila para la lavadora y saliendo de la secadora. Habituarse a que los viernes no son de moda, son de pastas y acostarse temprano porque el gran vacilón del sábado es hacer un fondo a las 4 am. A mí me suena genial, pero luego me pongo en los zapatos de quienes no corren y suena a “qué cansado” y “qué aburrido”. No puedo culparlos.

(Igual como a mí me suena super aburrido pasar un domingo viendo un partido de futbol, si puedo salir a correr por ahí 90 minutos sin tarjeta roja, sin barras que pelean ni torneos de verano o invierno. Pero viva Heredia.)

Este miércoles me di cuenta de que estoy a 2 meses de mi segunda maratón, en Roma, y  es un compromiso mío, conmigo. Punto. Solo me importa a mí y sola lo asumí. Cuando suena el reloj, cuando hace frío en la mañana, cuando tengo perecilla – no mucha – de venir al gimnasio, recuerdo que es algo que hago porque es importante para mí, y porque tengo una enorme ilusión de correr en Roma, de pasar por 42 kms de su historia y volver a cruzar una meta para llamarme maratonista otra vez. Me importa. Mucho.

En el proceso se pasan lesiones, ampollas, uñas moradas, dolor de piernas, cansancio, pero uno está perdidamente enamorado de esa meta y entonces todo eso pasa a segundo plano, porque la satisfacción final se sabe que será intensa y todas esas rutinas de acostarse temprano y levantarse cuando es de noche, cobran mucho sentido.

Enamorarse de una meta… Bueno, por eso el estatus de facebook de más de uno debería decir “en una relación con: correr”. No porque sustituya el amor de una pareja, pero sí porque como toda relación requiere amor, entusiasmo, locura, pasión, alegría, ganas,… si no, se destiñe como un par de tennis viejos.

Mi facebook, al menos por los dos meses que vienen, dice “en una relación con: Maratona di Roma“, porque sí, porque siento todo eso por ese evento y porque gran parte de mis fuerzas y mi tiempo serán para eso. Aunque no salga de noche, me pierda una ida al cine, o caiga mal por no comerme unas papitas. ¿Vieja incómoda? No: maratonista en proceso. 

Y qué importa si uno sabe que no va a ganar la carrera. Si sabe que es de los que llegan de último. Qué importa. ¡Uno igual se lo toma en serio, como los que son buenos! Nadie tiene que salirte con una grosería como “ni que fueras a romper un récord” – no me lo han dicho pero sí se lo he escuchado a algunas personas “cercanas” al corredor. – Pura vida.

Así que no es un novio, no es un marido, no es su esposa, no es su amante, pero reconozca como corredor que este deporte es parte de su vida, y le robó el corazón. Acuérdese de esa sensación de felicidad tan parecida a un buen besote, cuando termina una carrera feliz, mejora sus tiempos o termina de subir una cuesta. Es plenitud. ¡Es… delicioso!

La próxima vez que escuche a un corredor decir “no puedo, es que mañana me levanto temprano” o “huy me encantaría pero estoy entrenando”, no le juzgue: está enamorado. Y viera que es un amor bonito: correr le devuelve a uno exactamente – ni más ni menos – lo que uno le da. Déle tiempo, ganas, esfuerzo, y le va a devolver resultados, alegría, satisfacción, vida, salud.

Por eso me encanta el brillo de los ojos de Liris y Memo. – Perdón por usarlos de ejemplo, pero son mi pareja favorita- .

Me los imagino alistándose juntos para sus maratones, hablando de los recorridos de las carreras, haciendo números de cómo ir al mismo pace… sé que a veces ella le gana a él – ¡sorry Memo! – pero él sabe que ella está pendiente de que él se sienta super y al final se esperan uno al otro y comparten ese agotamiento de acabar un fondo, el placer de sentarse a comer un desayunote luego de entrenar.

Y ambos saben que el otro “tiene una relación con… correr”… ¡pero no son celosos!

La biblioteca del corredor, parte 3… o ya perdí la cuenta


Uno comienza en este deporte y pasa viendo shorts, medias, tenis, de todo para correr… y en el caso de la lectura, se sigue antojando de más y más libros relacionados con el tema. Yo, cuando me encuentro algo especial, siempre procuro contarles para que vayan haciendo una colección bonita. Además, siento que cada persona tiene una relación tan íntima con correr, que sería digna de un libro. ¡Todos tenemos algo qué contar! A todos nos ha cambiado de alguna manera.

Esta semana quise mostrarles dos libros que me entretienen mucho y que me parecen dignos de estar en su mesita de noche, a la par del Polar y el despertador. Insisto, un buen libro sobre “correr” te inspira unas ganas insoportables de salir espantado a ponerte los tenis. Estos lo logran.

“14 Minutos” Alberto Salazar.

“14 Minutes” Alberto Salazar 

Tal vez al igual que yo, ustedes solamente conocían a Salazar como el excepcional maratonista que ganó el primer lugar en NY  en el 80, el 81 y el 82, así como Boston en el 82 también.

Pero resulta que Salazar fue declarado clínicamente muerto en 2007, luego de un ataque al corazón. Fueron 14 minutos muerto, así de simple. Pero regresó para contarlo.

En este libro uno conoce el entorno familiar de Alberto Salazar,  su lado cubano, sus episodios depresivos y por supuesto, cómo un tipo con su nivel y su rendimiento llega a tener un padecimiento cardiaco. Los temas cardiovasculares son importantísimos para los corredores, y la verdad nos informamos poco, hasta que sucede algo inesperado.

Me ha gustado mucho este libro; en algunas partes lo siento un poquito arrogante, pero bueno, él es Alberto Salazar, es un referente en el atletismo y orgullosamente latino, destacado en Estados Unidos como un corredor excepcional. Además, como él mismo dice, siempre le ha gustado romper récords, y el suyo, de 14 minutos muerto, ha sido uno más. Espero que le sirva a los que se han llevado algún sustillo con temas de salud, porque nadie está exento de vivirlo. Recomendado.

“Running is Flying”. Paul E. Richardson.

 ”Running is Flying” de Paul E. Richardson

Uno, si no se toma las cosas con humor, está mal. Eso incluye el deporte. A veces uno tiene ganas de llorar, cuando está entrenando, pero mejor se ríe, hace un chiste y sigue. Por eso me gustó Running is Flying. 

Es el tipo de librito con anécdotas y frases sobre correr que te hace acordarte de cosas, carreras, dolores, chascos o rutinas que viviste corriendo. Son 60 aforismos, meditaciones, como les querás decir, sobre la vida y correr, la vida de los que corren, correr toda una vida… y las ilustraciones del artista Paul Cox, que complementan cada pensamiento.

Estos libros son de lectura rápida y se quedan con uno; son lectura ligera que te recuerda que correr es una metáfora de la vida. Algunas de las frases más vacilonas que encontré – hay muchas, muchas más – son:

“Always thank race volunteers. They could do anything they want to the Gatorade.”

“You can never make up on the downhill what you lose on the climb. But you can always make up a good story on the uphill for why you aren´t  trying harder”

Y mi preferida: “If you want to clear you head, run alone. If you want to be stronger, run in a pack”.

Ambos los podés conseguir en Amazon; o bajarlos en el Kindle.

La explicación del título de este libro es hermosa: si calculás la cantidad de segundos que tenés los pies en la tierra al correr, te das cuenta de que pasás mucho tiempo “en el aire”, y poco tocando tierra. Sí, correr es como volar… seguramente.

Ah. Y esta semana me llegó una notificación de Twitter que me hizo levantar las cejas… “@authorjimlynch is following you”. Se trata de Jim Lynch, corredor y autor de un libro que desde ya hago fila para conseguir: “One foot in front of the other”. Jim ha corrido 87 maratones – sí, 87, no fue un dedazo – y espero poder conversar con él para que me cuente de su libro y sus maratones. ¡Por eso me gusta twitter! Podés conocerlo y saber más de este libro que ya casi estará disponible en este link.

 “If you want to clear you head, run alone. If you want to be stronger, run in a pack”.

Vencerse a sí mismo, ¡cuesta!


¡Ya en casa, con la medalla más chiva que me han dado para una media!

Que te duelen las piernas, que la cuesta está fuerte, que ya no das para más; la cabeza te traiciona hasta que la “reseteás” … y llegás a la meta.

Me siento feliz de decir que logré mejorar mi tiempo respecto al año pasado, al menos en seis minutos. “Huy sí, seis minutos, qué gran cosa“. Sí, vieran que sí. Me costó, me dolió, luché contra mi cansancio y aunque iba a tomarlo como un fondo, el ambiente de competencia es lo que lo anima a uno a terminar con fuerza.

Creo que salí ligeramente más rápido de lo planeado: esto me pasó la factura después de los 10 kms. Pero con todo y todo me mantuve, no paré, no caminé:  el desafío mental fue en la subida de la calle ancha de Pavas.

Reconozco que antes de subirla, estas muchachas fuertes y guapas de la foto de abajo fueron mi motor, y me ayudaron a mantenerme en pace: mis ChiRunners: Diana Soto, María Fernanda Arce y Priscilla Saavedra a un paso firme y fuerte, me ayudaron a calmar la ansiedad de la carrera.

¡Sólidas ellas! Diana, Mariafer Priscilla y yo, bajando el bulevar.

Pero vendría lo peor.

Si ha corrido esa calle de oeste a este, lo sabe: es interminable. Tiene falsos planos y ascensos duros. Subí a pura cabeza y braceo, porque estaba cansada. Mentalmente me estaba dejando ganar, iba preocupada por “quiénes iban adelante” hasta que comencé ese diálogo interno de “ubicatex” de mi parte positiva contra mi parte imbécil: hace rato no las escuchaba a las dos en este pleito.

Nela 1:- (en la subida de Pavas) “Aquí es donde comienza la carrera, este es el esfuerzo…”

Nela 2: -”Sí, y ya vas fundida… seguro vas a durar más que el año pasad…”

Nela 1: – ” ¡Ay qué necia, cállese y corra!”

Nela 2:-  ”Juepuchis, vea… le pasaron ellos,… y  le falta todo eso…”

Nela 1: -”Ya los vi, ya sé…, ya casi llegamos… falta menos”

Nela 2: -”Sí, menos y la cuesta de los Anonos, para que se termine de fundir”

Nela 1: -”¡QUE TE CALLÉS Y CORRÁS, CARAJO!”

Por eso pido disculpas a los que me oyeron decir palabrotas al terminar la calle ancha de Pavas, pero vieran que subir ese trayecto es muy duro. Luego, bajadita hacia el puente y mi cuesta preferida, Los Anonos: es corta pero empinada, subí de lado, mucho braceo, y cuando terminé la cuesta y vi a Alvarito, mi entrenador, Nela 2 me dijo “sólo eso le faltaba, ahora la va a jalar hasta la meta, te jodiste“, pero Álvaro me dijo “bien Nela, vaya suave, cuidado con los carros“.

Catalina Soto lee el blog y ayer andaba feliz por su primera Media Maratón. ¡Qué campeona!

Vi el reloj, algo que hace rato no quería ver, para calcular si iba a mejorar mi tiempo: “2.07” y otra vez pegué un grito, porque supe que iba mejor que el año pasado: arranqué feliz y decidida a cerrar con todo. ¡Lo voy a hacer, ves, lo voy a hacer! me dije a mí misma, y cuando tanta gente te aplaude a 500 metros de la meta, no queda más que sonreír. Me dije muchas veces “Corriste de Curridabat hasta Escazú, ¿lo entendés?” y entré encantada de mi tiempo a la meta.

Mejorar seis minutos vale un mundo y me siento feliz. Parece poco pero significa mucho. Mejorar no es milagroso, refleja determinación y fuerza. Me gané a mí misma, a la subida de Pavas, a los Anonos, y al miedo de no hacer buen tiempo. Buen tiempo es llegar, punto. Y al llegar, toparme con semejante medalla fue una sorpresa enorme… chivísima!

De nuevo, el grave problema: corrimos con los carros encima en varias partes de la ruta. Señores conductores, apaguen el carro mientras esperan, su tanque de gasolina y los pulmones de todos se lo agradecerán. Señor oficial de tránsito que prefirió a los carros que a los corredores: sépalo, la carrera se acaba cuando pasa el último, no cuando usted se aburre de darnos campo. Adjunto el video de Erika Gómez, donde claramente se ve que nos tocó a nosotros jugárnosla solos, porque ese oficial, ubicado en Periféricos, asegura que “ya se abrió el paso”, cuando evidentemente seguían entrando corredores.

Lo idóneo sería que los medios de prensa divulguen el evento antes, de manera que a nadie tome por sorpresa un cierre de calles. Vamos, cerrar 21 kms en San José es digno de anunciar, ¿o no? Una ciudad tan pequeña se vuelve caos, inevitablemente, pero si la gente está avisada, es menos el desorden.

Ahora con los pies sobre una almohada y una sonrisa de oreja a oreja, me pregunto si podré mejorar este tiempo de 2.14 el 8 de julio, en la media maratón Correcaminos. ¡Yo digo que sí! Me motivó mucho ver gente feliz de correr su primera Media, como Catalina Soto, Priscilla Saavedra, en fin…  juntos le dimos un vueltón a las manzanas de Chepe. ¡Bravo!

Rezar corriendo


… que no es lo mismo que rezar en carrera… no. De hecho, no lo llamaría rezar. Tal vez sea mejor “meditar” o conectarse con lo espiritual, Dios, como lo quiera uno llamar.
Creo que muchos deportistas estarán de acuerdo conmigo si digo que correr no es solo correr. Que nadar no es solo nadar. Hay instantes del entrenamiento que tienen algo de sublime, algo más que humano… No conozco alguien que haga deporte y no caiga en cuenta de que aparte del cuerpo, ejercita el alma y el espíritu.

Transcribo este fragmento del libro Marathon woman, de Kathrine Switzer, acerca de cómo ella lograba una comunión armoniosa con Dios al correr:

“When I ran, I felt like I was touching God, or God was touching me, every day. So the idea of only finding God one day a week inside a building seemed absurd, when for miles around in open country and wild landscapes I felt God everywhere.

“Cuando corría, sentía que tocaba a Dios, o Dios me tocaba a mí, todos los días. De ahí que la idea de encontrar a Dios sólo un día a la semana dentro de un edificio parecía absurda; mientras que a lo largo de millas, en el campo abierto y paisajes salvajes, sentía a Dios por todas partes”.

Lo subrayé y la entendí. Si algo me hace sentir feliz y agradecida con Dios es eso… poder correr. Estar en movimiento, desplazarme, avanzar, subir la cuesta, llegar a la meta. Terminar un entrenamiento cuando apenas amanece. ¿Quién dice que eso no es una oración, una acción de gracias?

Yo siento a Dios tan presente en la línea de salida, en mi cansancio, en la brisa fresca cuando vas abrumado por el calor; en el pum-pum-pum de tu corazón y en esa alegría que liberás con cada paso. En ese estado de felicidad, hay una oración.

Quise entrevistar a mi amigo George Grant, cuya camiseta lo dice todo: él también ora cuando corre. Y nos cuenta por qué.

1. ¿Cuándo comenzaste este concepto de “Running with Jesus“?

Cuando me hice cristiano, uno de los pasajes bíblicos que leí antes de mi primera maratón fue Isaías 40:31: “Pero los que confían en el Señor siempre tendrán nuevas fuerzas. Podrán volar como las águilas, podrán caminar sin cansarse y correr sin fatigarse.”

Hasta lo llevé apuntado en un papelito en el más bolsillo de la pantaloneta,- y quedó ilegible luego de la carrera-. Lo vi como una excelente manera de llevar un mensaje positivo a donde quiera que fuera. De hecho, esa camiseta con que corrí la maratón se la obsequié a una muchacha que me dijo que le gustaba mi camiseta. Así ha sido en varios países.

2. ¿Qué te dice la gente cuando te ven correr con esa camisa?

Son muy positivos. La gente me anima y expresan mucho su apoyo. Otros corredores siempre preguntan dónde las pueden adquirir. Es muy motivante saber que les llega el mensaje de alguna u otra manera. Solo como en 2 ocasiones he recibido malas caras, pero entiendo que no soy yo lo que les molesta sino el gran nombre de Jesús en mi pecho.

3. ¿Qué tiene que ver, según vos, correr con orar o alabar a Dios?

La oración es algo muy personal, es una conversación íntima con Dios. Correr es algo íntimo, con uno mismo. Tenés tiempo para pensar, analizar y tomar decisiones. En todo ese tiempo, en el esfuerzo, en dar un paso más… es cuando se siente la conexión con Dios.

4. ¿Qué momentos de correr te has sentido “en oración” o en un trance especial?

No digo que todas las salidas son experiencias religiosas pero el solo hecho de poder darle gracias a Dios al inicio, en medio y al final de cada carrera, te lleva a ver la vida con otro sentido. Te das cuenta que solo con Dios en posible.

5. ¿Cómo es correr “con Jesús“? ¿Qué imaginás que piensa Él de los locos que corremos?

Yo creo que Él también hubiese corrido. En la Biblia hay muchos pasajes donde se compara la vida con una carrera, con el deporte, con la preparación de un atleta. El problema es saber si EL recibiría “extra” ayuda divina.

George  Grant Ebanks ha corrido maratón en Sidney, París, New York, y  también hizo 56 kms en Capetown, Sudáfrica. En Costa Rica ha corrido 3 Maratones Internacionales, así como la de Tamarindo. Hizo media maratón en Río, Ciudad de Guatemala, Bogotá y Miami; así como urbanathlones en Chicago y New York.

¡De vuelta! ¡Ahhh….. qué delicia!


Hoy fue una de esas mañanas en las que las cobijas están particularmente sabrosas, pero a pesar de eso, volví a mi rutina: suena el despertador, abro los ojos, y comienzo a alistarme para ir a correr. Desayunito breve, y salir hacia la Sabana.

Volver a sentir el frío de la madrugada, estirar con el grupo y comenzar a correr… me dije a mí misma que no me iba a poner miedosa pensando en que algo me iba a molestar. No no y no. Y así fue. 30 minutos de correr suave, sin presionarme ni estresarme por el pace. Hoy era para retomar y volver a sentirme bien. Reconozco que me cansé un poquito, pero la instrucción del entrenador fue muy clara: “¡Si se cansa, bracee!” ¡Ah sí, aquí nada de chineos, nada de pobrecitos! Pero sí todo el ánimo del mundo. Y mañana vuelvo a correr.

Hoy no llevé música, pero me quedo con una sensación tan alegre y tan optimista, como la de esta canción que por cierto, va en mi playlist. ¡Gracias a Dios, volvimos a la pista y sin dolor!

Mañana vuelvo a correr


Todas las velitas que tenga en casa las voy a encender esta noche, pidiéndole a Dios que mañana nada me duela y que pueda volver a correr como antes. Las sesiones de terapia han sido buenísimas, ¡gracias Stephanie Arias! El reposo probablemente me haya sentado bien (no me había dado cuenta del sueño acumulado que tenía) y aunque suene extraño, ¡me hace mucha falta levantarme a las 3 y media para ir a entrenar! Tengo una semana de no ver a mis compañeros ni al entrenador, me siento como perdidilla.

Además ha sido una semana llena de emociones. Estar sin correr es una emoción. Es raro. Estar con hielo en las piernas también – considerando el frío que ha hecho estos días en Costa Rica, peor -. Y ya comienzan a sonar los preparativos del viaje, que las reservaciones, que hacer la maleta, que si ya tengo toda la ropa para correr o qué. Y para colmo, el ver a mis compañeros correr su maratón en Chicago, ver sus fotos, leer en facebook sus estados de ánimo, absolutamente extasiados y eufóricos al ver lo que lograron, … todo junto me aumenta la ansiedad.

Además, me he dado el chance de mirar atrás todo lo que he pasado en estos diez meses: los entrenamientos, mi vida personal… ¡que ha dado muchas vueltas! Me cambié de casa, perdí un trabajo, luego aparecieron muchos trabajos nuevos, luego el asalto (no lo conté en el blog, pero en agosto me asaltaron con pistola y todo en San Pedro), uh…. o sea, ¡otra maratón de emociones! Pero todo perfectamente alineado para este momento. Todo como una serie de estaciones para llegar a Nueva York.

En este momento veo llover por la ventana, y si supiera que correr no me va a doler, correría ya mismo, aunque me moje. Qué rico. Un día de estos de reposo, hice trampa. Me iba a subir al carro, y de repente pensé: ¿me dolerá si corro? Le dí una vueltita al carro, trotando,…cuatro pasitos, y ya. Nada me dolió. Me subí y me fui feliz.

Ahora me quedan muchas cosas por escribir: mañana entrevisto a mis compañeros, ahora maratonistas de Chicago. También tengo fotos y la historia de una pareja que el fin de semana pasado corrieron juntos su primera carrera. Y me falta algo muy especial: definir qué llevaré en la mente para cada milla. Son 42 kms, es decir, 26.2 millas, y sé que hay personas de mi vida que quiero recordar cada vez que pase una milla.  Mi abuela, que si estuviera viva no podría con tanta emoción de ver a la nieta metida en esto. Mis papás, que tampoco entienden de dónde le salió lo deportista a la menor de la casa. Mis sobrinos, que creen que yo podría ganar una carrera… mi entrenador! ¡Tanta gente!

¡Gracias a Nokia por el apoyo! Wooo! Qué fotillo consiguieron, qué bandidos.

Hoy recibí otra buena noticia. Como saben, Nokia apoya este blog porque el recorrido de la maratón quedará para la posteridad grabado en Endomondo! la aplicación que corre maravillosamente en el N8. Bueno, vean qué belleza lo que escribe hoy el este, que es el blog de Nokia, me dejaron como el dólar… bueno, ¡como el euro! Gracias por el apoyo. No quiero defraudar a nadie, ¡vamos por la GRAN MANZANA!

Yo solo quiero correr


Bueno. Quedó claro que tengo una inflamación que afortunadamente, “atajamos” a tiempo. Reposo hasta el jueves – aunque me quemo por correr – pero hoy, iniciamos con terapia física con electricidad. Delicioso. Según la fisioterapeuta, mi caso no es grave así que no tengo que temer por la maratón, sin embargo sí necesito algunas sesiones más, bastante hielo… y básicamente, descanso. Me dan permiso de nadar, para no perder condición. Hoy comienza el conteo: treinta días. En un mes estaré corriendo mi primera maratón.

Hoy vi esto que publicó en facebook mi compañero Gustavo, del grupo de correr. Y lloré. Porque yo solo quiero correr.

Por qué “todo mundo” corre


Ahí va uno solillo, corriendo... pensando... resolviendo...

…”Ah, claro, como está de moda, ….qué ¿ahora vos también decís que corrés?

Tal vez han escuchado esa frase – y con ese mismo tonito desafiante -. A mí sinceramente no me importa que lo vean como una moda, porque creo que hay algo más detrás de todo este boom de tennis y maratones.

Ayer me topé con el blog de una simpática muchacha de Minnesota, ella se llama Jasmine Jonell y su blog se llama “Legally Blonde, persuasive in pink” (¡qué buen nombre, me encantó!). Jasmine cuenta entre muchas cosas, por qué corre. Prefiero que lo lean y la conozcan, pero en pocas palabras, entre los motivos que ella menciona está “escapar“. A veces uno desea eso, ¿cierto? Trabajo, familia, deudas, enredos, engaños, no sé… todo eso que a veces provoca que uno se lleve las manos a la cabeza y diga “ya“. “Ya no más, ya no más”.

Jasmine me recordó por qué a veces, aunque sea en modo “automático“, uno va a entrenar. En esa licuadora que es la cabeza, uno va pensando millones de cosas, recreando pleitos, argumentando, haciendo números. Poco a poco todos esos pensamientos se van diluyendo con sudor, y al final del entreno, aunque los problemas son los mismos, uno los ve diferente.

Creo que la gente corre ahora más que antes porque todos tenemos mucho de qué huir, mucho estrés, muchas cosas que superar, y ahí en la calle, en la Sabana o donde sea, uno puede vencer eso que le molesta y sentirse grande.  Cuando cada persona cruza su meta (sean 5, 10, 21, o 42 kms) entiende que esa competencia la ganó contra sí mismo, y que aunque en la casa tenga los mismos chiquillos molestones, el mismo jefe gruñón en la oficina, o la misma deuda que ayer – y hasta con intereses – hay algo que ganó hoy que nadie le va a quitar: esa sensación de cumplir consigo mismo. Uno comprende que si pudo vencer un kilómetro tras otro, no hay nada que no pueda superar por grande que sea.

Jasmine tiene motivos muy personales que la hacen sentirse libre al correr. Yo no me puedo quejar, tengo una vida muy tranquila y bonita, pero cuando he tenido que pasar algo difícil, siempre sé que se me va a quitar corriendo. Me siento fuerte corriendo. Me siento valiente, me siento capaz. Y cuando termino de correr, me queda una seguridad en mí misma que replica en todos los demás aspectos de mi vida. Me hace feliz.

Hace poco leí una sugerencia en I <3 to run, que decía que para inspirarse y correr con ganas, uno puede escribir en la suela de las tennis algo que quiera vencer, y literalmente “aplastar” contra el asfalto. Algunos escriben cosas realmente difíciles: “Leucemia“. “Cáncer“. Tal vez no sea el caso suyo o mío, tal vez lo que cualquiera escribiría es… “Pereza“. “Sobrepeso“. “Discriminación“. “Divorcio“. No sé.

Por eso tantos corremos. ¿Ha visto que la gente, luego de una carrera, postea en facebook  una foto suya en plena acción? No es una caricia al ego. Es que uno ve en esa foto la expresión de algo que solamente se siente cuando se tienen puestas las tennis, en media cuesta, a pleno sol o con mucho frío. Todos encontramos en correr un motivo para quitarnos las manos de la cabeza y mirar adelante, con una sonrisa, sin que nadie le diga qué puede o qué no puede conseguir.

De repente uno ni  siquiera hizo un tiempazo en una carrera, no dejó botado a nadie, pero… ¿qué llevaba en la suela de las tennis? Solo el corredor lo sabe. Vea el rostro de la gente que corre. Ahí puede leer, en la expresión de su cara, por qué lo hace.

Y vos… ¿qué escribirías vos en la suela de tus tennis?

Thanks Jasmine. You really rock!

Las excusas para no correr


Lo pregunté en twitter, y las respuestas confirmaron mi teoría. “¿Cuál es la excusa que con mayor frecuencia ponen para no hacer ejercicio?”. Las respuestas “es que no tengo tiempo – aunque sí lo tenga-”, “mañana comienzo, hoy estoy cansado“, “es que me duele tal cosa“, “tengo una lesión – aunque no la tenga-”… Y sin embargo, la industria de los programas, aparatos y milagritos para adelgazar crece y crece; lo cual quiere decir que hay excusas para ponerse las tennis y salir a caminar, pero no para sacar cientos de dólares de la billetera y dárselos a alguien para que te venda un aparato, una pastilla, o te diga cómo comer para que se te hagan cuadritos en 2 semanas.

El tema de las excusas es muy difícil para los que corremos, porque bueno, lo acepto: le recetamos correr a medio mundo. Somos unos loquillos monotemáticos que pensamos que los problemas del planeta se solucionarían si todos corrieran. Y entonces le decimos a los amigos y a la familia que vayan con nosotros a correr, que es chivísima, que es la cosa más genial… Resultado: el amigo o pariente en cuestión termina adolorido el primer día y no vuelve. “Es que me duele”. “Es que no tengo con quién dejar a los chiquitos“. “Es que no me da tiempo”. “Es que me sentí mareado”.

Sí, a veces todo eso es cierto. Pero a veces no lo es. Uno sabe que son excusas porque en algún momento uno las puso. ¡A mí me daba pereza levantarme temprano! Cómo no. ¡Y la primera semana, yo también sentí que me dolía hasta la nariz! Yo también sabía que tenía que alistarme en carrera porque si no, no llegaba al trabajo a la hora exacta. Todo mundo lo ha hecho. Todo mundo tiene una excusa. Sólo uno sabe, en sus adentros, si es válida o si solo es un escudo para evadir.

Lo que lamento profundamente es que quienes las ponen también sueñan grandes cosas: quieren bajar de peso, verse como eran en la U, quieren correr 10 kilómetros sin descomponerse, pero no quieren lo que viene con eso, es decir, la madrugada, el esfuerzo, el dolor – que es solo temporal – y al final, tiran la toalla, lo cual se lo llevan como una desilusión y sienten que fracasaron en el intento de hacer ejercicio, diciendo “no lo logré, es que eso no es para mí”.

A mí no me gusta insistir. Cuando alguien dice que no, es no. Y está bien. Nadie tiene por qué hacerle caso a uno. Yo invito gente a que corra, pero no les insisto: rápidamente se nota si la persona realmente tiene ese coraje para dar la pelea o sencillamente tiene muchas excusas a mano. ¿Quiere que le cuente las mías? Las mías eran, básicamente estas: “Es que yo tuve un soplo en el corazón” (sí, pero cuando estaba en el kinder). “Es que me cuesta mucho levantarme temprano” (sí, pero ahora adoro ver el amanecer, me estaba perdiendo una maravilla: puedo dormir después). “Es que me canso rápido” (¡obvio, mujer!… si no corría ni las cortinas, con cien metros lógicamente que me sentía cansada). La diferencia la hizo que yo quiero. Quiero. Quiero. Sí, muy lindo ver a la gente correr maratones. Pero yo no quiero verlos, yo quiero ser ellos. Yo quiero lo que ellos hacen. Y eso no lo venden en tele, no viene en pastillas, no le puedo decir a nadie que corra con mi número, no le voy a comprar la medalla a nadie. Quiero hacer mi maratón, y eso implica madrugadas, cansancio, dolor, entrenamiento. ¡Por qué no!

Pero correr también trae tantas cosas buenas… A la par de las madrugadas, las risas de mis compañeros del grupo y el abrazo fuerte del entrenador. A la par del cansancio y el agotamiento, un buen desayunote y un descanso con los pies en alto. A la par de que me duele un poco la pantorrilla, el placer -no, placer no… – la delicia, la re-delicia de entrar a la meta, o de sacar cuentas y saber que ya corrés más kilómetros que el mes pasado.

Yo no juzgo las excusas. Sé que yo, por no tener hijos, tengo más flexibilidad de tiempo, no me agoto con las cosas de la casa y tengo un trabajo adaptable a muchos horarios. Pero eso no quiere decir que no me cueste, o que no conozca gente en el grupo que sé que tienen hijos, trabajo, enredos, trasnochadas, meriendas y cosas pendientes. Pero hacen algo por ellos, cada vez que suena el reloj y saltan de la cama a las tennis.

Si se pregunta por qué siempre ha querido hacer algo, pero no lo ha logrado, tal vez sea porque no lo ha deseado lo suficiente como para aguantar ese pequeño sacrificio. No existen las pastillas que lo hagan flaco de hoy a mañana. No es lo mismo subir el Everest a pie, que pagarle a un helicóptero para que lo lleve. Es mentira que unos sirven para correr y otros no. La diferencia es entrenar. Hacerlo. Borrar los peros. Y esa constancia le servirá para todo lo demás, para dejar de procrastinar las clases que siempre quiso llevar, el mandado que no ha hecho, es más, ¡hasta el beso que no ha dado! Para bajar ese peso, para conseguir ese trabajo, para ganarse esa beca, para correr 5 ó 50 kms, lo único que hay que hacer es… hacerlo.

Fíjese bien, hasta los gobiernos dan excusas. “Es que no hay plata”. “Es que no hay consenso”. “Es que el ministro no firmó el  documento”. Los “es que” no dejan seguir, ni comenzar. Verse al espejo y saber que en lugar de excusas, uno se dio la orden, y lo hizo, es lo mejor del mundo.

Si su miedo es fracasar: bienvenido al deporte de los testarudos. Aquí todos vamos corriendo para dejar atrás los errores, y sabemos que nos los vamos a topar de nuevo más adelante. Pero vamos. Nada nos va a parar. Si llueve, que llueva. Si hace calor, que haga calor. Si duele la rodilla, se pone hielo y a entrenar después del descanso. Pero no hay excusas cuando la meta es suya, solo suya. Correr es la terapia, las tennis son las psicólogas, la calle es la catarsis, el sudor diluye los “es que…”

Esta caricatura que le robé a Andrés Solano lo resume todo. Y disculpas si los que corremos lo tenemos mareado con el tema… pero si no fuera tan genial, no le insistiríamos en que lo haga. Sinceramente, sí creo que el mundo sería mejor si todos corrieran.

A levantar los talones, levantar los talones, levantar los talones, levantar los talones…


Posteo este video con dos propósitos. O tres. Uno, que quienes no la conozcan escuchen a mi atleta preferida, Deena Kastor, contando cómo entrena con su monitor cardiaco Garmin. Dos, que conozcan por qué ese monitor es tan útil para correr. Pero el tercer motivo es el más importante: verla correr. Ver cómo corre. Su braceo, su paso.

Estoy pasando por un momento complicado, no sé por qué !”·$% no levanto más los talones. Es la eterna orden del entrenador, levante los talones, relaje tobillos. Y no, ahí voy, más tiesa que un muñeco de Lego, no sé. A veces logro levantar más los talones, pero no lo suficiente. Hoy me lo dijo muy claro: “levante los talones hasta cuando se lave los dientes”. Tengo que lograrlo. Tengo que lograrlo. Eso va a mejorar mucho mi desempeño, tiene que ser posible. En eso estoy enfocada, no puedo ir corriendo mal a NY, yo quiero levantar los talones. Que me quede sucia la parte posterior de la camiseta, como dice el coach.

Así que vean el video completo, me gusta porque hay tomas realmente precisas donde se nota exactamente qué es levantar los talones. Lo tengo que hacer igual, lo tengo que hacer bien. Levantar los talones, levantar los talones, levantar los talones, levantar los talones…

Why run?


Gil Scott-Heron fue un poeta del soul y el jazz, con una voz… increíble. Capaz de conmover y comunicar más allá de las palabras. Quise compartir este poema sobre correr, que me envió mi amigo Federico Trejos. La voz de este artista con esa percusión de fondo, se parece mucho al diálogo interno del corredor, y al bombeo de sangre a través de todo el cuerpo durante la carrera. Gracias Fede. Espero que les guste. La letra está abajo.

Because I always feel like running; not away, because there is no such place.

Because, if there was I would have found it by now.

Because it’s easier to run, easier than staying and finding out you’re the only one…who didn’t run.

Because running will be the way your life and mine will be described, as in “the long run” or as in having given someone a “run for his money” or as in “running out of time”.

Because running makes me look like everyone else, though I hope there will ever be cause for that.

Because I will be running in the other direction, not running for cover.

Because if I knew where cover was, I would stay there and never have to run for it Not running for my life, because I have to be running for something of more value to be running and not in fear.

Because the thing I fear cannot be escaped, eluded, avoided, hidden from, protected from, gotten away from, not without showing the fear as I see it now.

Because closer, clearer, no sir, nearer; because of you and because of that nice that you quietly, quickly be causing,

And because you’re going to see me run soon and because you’re going to know why I’m running then, you’ll know then.

Because I’m not going to tell you now.

¡Cómo has cambiado… Nela!


A veces me da tanta risa ver cómo he cambiado.

Especialmente a las 4 am, cuando suena la alarma…

¡Buenos días!

  • ¿Qué te pasa levantándote a esta hora? Pues sencillo, hay que correr. Sonará muy cursi pero apenas suena, me sacudo la idea de seguir durmiendo visualizando New York. Porque donde yo vivo, seguir entre las cobijas con ese frío es una maravilla, pero siempre, siempre vale la pena levantarse y alistarme para entrenar. La meta está clarísima.
  • ¿Dónde están tus tacones? Guardados. Siempre me han encantado los tacones – y por mis dimensiones, los necesito – pero ahora sencillamente no los aguanto ni un día. Es como si el pie o la pantorrilla me gritaran “¡ponete las tennis, que me duele, carambas!”, y me veo por toda la casa descalza, en medias, flats, tennis, lo que sea menos tacones. Y por si fuera poco, ya piropeo un par de tennis por el color, el diseño, los cordones o la comodidad, como antes piropeaba un par de botas tacón vértigo.
  • ¿Qué estás comiendo? Bueno, sería una mentirosa si digo que dejé de pasar a la Pops por una milkshake – la diferencia es que sólo lo hago si siento que es un premio al entrenamiento. Ahora sin remordimiento alguno me puedo comer un plato-to-tote de pasta, sabiendo que es la gasolina para correr al día siguiente. Le he agarrado el gusto a desayunos y meriendas más fuertes; los batidos de proteína – riquísimos – y la barritas de energía.
  • ¡Ay qué aburrida! Diay sí, ya no salgo de noche. La última vez que fui al cine fue como a las 3 pm – tanda de adolescentes, error – y casi siempre por ahí de las 8 pm ya estoy cabeceando o buscando la almohada. Es lógico. Para despertarme temprano tengo que dormirme temprano, punto. Y no siento que me esté privando de nada. Cambié las salidillas nocturnas – que no eran muchas – por almuerzos, cafecito, lo que sea. Nadie se ha resentido, a veces me preguntan que por qué no voy de todas maneras, que no hace falta dormir tanto, pero qué va. Se siente la diferencia cuando uno tiene las 8 horitas de sueño; allá los que con menos rinden igual, dichosos. Yo a mis treintaytantos necesito ocho horas.

Storm shelter, de Asics. No me va con nada... que no sean tennis! Ideal para la lluvia

  • “Jale de shopping”. Sí, pero a otro lado. Me encantan los vestidos, pero me gusta más ir a ver tops, blusas o sudaderas para correr. Y que combinen con las medias. Y con la gorra. Y con los shorts. ¡Oh, vanidad!

Uno cambia. Corriendo cambia su manera de ser. Llego a la casa después de entrenar y me siento liviana, serena, relajada. Pienso más claro, no me ofusco por cualquier cosa. Tengo más fe en mí misma. Me exijo más. Veo más allá de los problemas inmediatos. Otro día podría hablar de cómo me ha cambiado el cuerpo – ya no me duele todo; pero me duelen cosas nuevas jajaja – pero sí, me veo y me siento distinta. A veces sigo siendo la misma muchacha que iba cantando las canciones de Madonna en el iPod, trotando; a veces soy aprendiz de maratonista, soñando que rindo 42 kilómetros. A seis meses de haber comenzado a correr, no he encontrado un mejor consejo que darle a la gente cuando dice que le gustaría hacer ejercicio, pero no sabe cuál: siempre les digo lo mismo.

“Corra.

Tennis, bloqueador solar y botella de agua: así comienza todo.”

Buen soundtrack para correr: Destination Lounge NYC

Una mula… ¡a gas tabla!


En la carrera St. Jude hace dos semanas.

Semana Santa es para mí un tiempo de quedarse en casa. Este año hasta pasó la procesión de San Isidro por aquí, y aunque no comí chiverre, la pasé tranquila y pude leer y hacer mis cosas. Entre esas cosas, entrenar.

El martes tuvimos entrenamiento normal (uno de los más vacilones que recuerde, porque salimos de la Sabana y anduvimos en el césped, corriendo bonito). El resto de la semana, libre. Sin embargo me conozco, si yo freno o me doy libre, pierdo lo ganado y entonces ¡quién me quiere ver toda triste porque corro “ralita“!

Así que el Jueves Santo en la mañana hice mi circuito de San Miguel de Santo Domingo: 2 vueltas, 9 kms. Me llevé el Booster de GNC y sentí que me sirvió montones.  Hoy sábado también hice el circuito, otros 9 kms, mucho mejor que el jueves pero siempre cuidándome del calor.

Cuando corro me pasan tantas cosas por la cabeza… Leyendo un artículo de la revista Runners entendí que no era idea mía el tener una frase de ánimo, un “turbo” mental que me sirviera para ponerle. Ese famoso motto que sirve para repetirlo a la mente cuando más cuesta, es necesario. Al inicio tuve uno pero era muy largo (y en inglés): “when the body says no, the mind says GO”. Sigue siendo útil, porque efectivamente la que manda el baile es la mente, pero… como que no me hacía tanta gracia, yo no ando corriendo pensando en inglés.

Así que el motto que encontré hace unas semanas es más costarricense, más corto, y más directo. COMO LAS MULAS.

Así, “como las mulas”. Mi querida amiga y colega Adriana Quesada me lo enseñó y ese motto lo aplico cuando se me acaban las fuerzas o me pongo rala. Adri sabe, como experta en deportes, como deportista y como esposa de un ciclista extraordinario, que la terquedad es una virtud en las competencias. Y por eso me dijo que las mulas siempre van pa`lante, necias, tercas, cabezonas,… y así hay que arrear la voluntad. Como las mulas.

Y ese como las mulas ha sido mi grito de guerra contra mi propia debilidad; me ha servido para repetírmelo cuando  faltan pocos metros para cerrar, cuando ya casi se acaba una cuesta, o cuando siento que se me acaba la fuerza… COMO LAS MULAS!!!

Leonardo Chacón, triatlonista costarricense, #20 del mundo "¡A gas tabla..!"

Otros mottos son prestados o heredados. Si a alguien admiro en este país por la pasión casi delirante que tiene por el deporte es al triatlonista Leonardo Chacón. Cada vez que compite o entrena, Leonardo cuenta en su facebook lo poderosa que es esa fuerza que lo posee cuando entrena: usa frases como “vamos con todo“, “esto es un virus“, “voy a devorar kilómetros“, “a todo cohete“… en fin, uno lee lo que Leo escribe y siente la urgencia de correr aunque sea alrededor de la casa… de él tomo prestada su frase “¡¡a gas tabla!!” porque sé que me hace falta fuerza y velocidad,… lo estoy intentando y por mula lo voy a lograr.

Un motto es un incentivo mental, todo está en la cabeza, todo. Las ganas, el miedo, los frenos, las ansias. La ilusión. El jueves no sé por qué iba corriendo ahí por el Bouganvillea y mi mente comenzó a imaginar qué voy a sentir cuando termine la maratón… qué voy a sentir no en las piernas, sino en el alma… y entonces se me vinieron unas lágrimas y al mismo tiempo estaba sonriendo conmigo misma, ¡claro que va a ser genial, claro que sí! Por eso no puedo parar de exigirme un poquito más, mejorar el pace, ignorar el dolor o las excusas…. COMO LAS MULAS… A GAS TABLA!

Gracias Adriana por ser mi amiga, gracias Leonardo por inspirar a tantos que te seguimos y nos asombramos de lo que lográs a pura voluntad.

Mañana, otros 9 kms… como las mulas. Si no, ¿cómo piensa correr una maratón?

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 12,992 other followers