Fin


Termino las páginas de este blog, ya inscrita en una maratón más… y otras dos medias maratones – es inevitable, ¿verdad? Comencé este 2016 llevando un Moleskine rojo con mis anotaciones: carreras, objetivos, kilometraje y entrenamientos. Así a la antigua: tinta y papel.

Me sorprendo a mí misma anotando en la página de atrás “las carreras que me faltan”, por si las puedo ir calendarizando. Y si algo me ilusiona es que correr va trazando un mapa de rutas que como periodista, mujer y corredora va renovando fuerzas y metas dentro de mí.

Porque falta Sevilla. Porque falta Philadelphia. Porque ¿cómo no Palestina, Buenos Aires y siempre regresar en años impares a New York? Porque faltan amigos que visitar, porque correr ha sido a excusa para vivir al máximo todo y asomarme al mundo con otros ojos, siempre con una capacidad de asombro que no disminuye.

No sé si les conté, pero sí lo encontré – a Edison – ¡ahora somos amigos en Facebook! El minero que corrió y me inspiró. “¡Un día ojalá nos conozcamos!” me escribió en mi muro. ¿Cómo me vas a decir eso vos a mí? No no. Eso pienso yo. Tengo toda una vida nueva que agradecerte a vos.

A veces me lo pregunto. ¿Qué hubiera sido de mí si no hubiera comenzado a soñar con una maratón? Honestamente, no me lo imagino. Cada paso me hizo madurar, me cambió por dentro y por fuera. Me volví más yo. Porque me conocí mejor.

Desde que decidí correr, desde que soñé con la maratón más grande, y luego con otra y con otra, reconocí mis carencias y nuevas capacidades; reparé las partes rotas de mí corriendo. Añadí mundos nuevos al propio, mundos a los que no me hubiera asomado si no los hubiera buscado en tennis.

En estos años, correr me permitió tener decenas de  amigos nuevos, disfrutar cientos de madrugadas, enamorarme y desenamorarme – nada cura mejor un corazón roto que un maratón – y ya ni se me rompe igual: porque ahora es biónico.

Hoy sé que este es el epílogo de un blog, de un libro. Leo con inocencia los primeros posts en los que me maravillaba el solo hecho de madrugar. Y me alegra reconocer que no he dejado de amar los colores del amanecer, la brisa de las 5 de la mañana despeinándonos. El cansancio de los sábados después de “fondear”, esta infantil emoción pre carrera.

Este blog al volverse libro tiene muchos padrinos, porque de camino no solo los hice mis amigos, los convertí en mis mentores, algunos lo saben, otros tal vez no . Sencillamente han sido mi agua entre maratones.

Tengo que comenzar con una familia: lo de ellos no es el atletismo, lo suyo es la bici. Adriana, Dax, Thea, Nati. Cerca de ellos me enamoré del ciclismo y ellos saben cuánto me empuja la disciplina de Dax, el humor y el carácter de Nana, la ternura de Thea y de Nati. Los Jaikel Quesada fueron los primeros que creyeron que yo podía darle una vuelta a la manzana.

Lobito, mi héroe de infancia que salió de los pósters de “Tambor”, para tenerlo al lado y hacerme reír. Muchas veces tuve que pellizcarme a mí misma pensando “Este es él, y es mi amigo,… y si no hay nada que no pueda hacer él, cómo puedo yo ponerme un límite”. El campeón latinoamericano de motocross, el más herediano de los heredianos, el amigo con el que puedo hablar tonterías y cosas serias, el que me retó a exigirme más en cada entrenamiento. Sépalo, o no: para mí sigue siendo mi héroe de chiquita.

Leo, Leo. De su fuerza de voluntad y su humildad, de la alegría con que encara el dolor de entrenar en las condiciones más agrestes, de ese concepto de “reventar la momia” y darle “a gas tabla”, y de ese candor con que recibe cada día, de esa alegría Leo: Leo olímpico, Leo guanacasteco, Leo Bond. Me siento honrada de saludarlo y que me conteste. Ya solo eso me chilla.

Alvaro Jiménez: por esa llamada en la que dijo “sí, llegue mañana a las 5 a la Sabana”. Cuántos hemos llegado a la meta con él al lado, aprendiendo de esa Chi-armonía: de ese asombro ante los elementos, de esa sonrisa al correr. Alvarito, ese de esos brazos al cielo, saludando al sol, usted me enseñó la alegría de correr. No se vale correr sin inclinarse, sin bracear, sin sonreír. Si no va contenta, ¿para qué va?

Andrés Alfaro: si uno no vive esto como si lo estuvieran grabando para ESPN, si uno no pone lo que le sigue al alma, ¡no sale! Qué espíritu valiente el suyo, esos ojos de ilusión ante una meta nueva, eso me lo enseñó, y ¡entre más difícil mejor! ¡Ojalá! ¡Gracias por no decirme que no nunca! Yo me la creo porque ud. me cree.

Luchito: si corriéramos un maratón juntos, seguro llegamos de últimos por ir hablando y haciendo chistes, y cantando. ¡Sos la alegría de correr, el amigo más austral que tengo en el “running”! Aquí la morocha te espera para correr Tamarindo, mafaldamente.

En España los Drinking Runners de Madrid – con el Doc, con Pablo, #cortacésped #corrermola #cómolopasamos-; mi Rafa Vega en Sevilla, en Londres, en donde estés, neoyorkino del mundo; con Juan Carlos Antón en la mágica Barcelona. Mis papás griegos, ¡los Penthedourakis! En México, las @mexicanrunners , les creo porque -#corriendosomosmaschingonas – y así, así un deporte une desconocidos que terminan queriéndose tanto como nosotros.

Gracias por leer. Gracias por querer. Gracias por correr.

“What are the odds? Lucky #7″ New York 2015, parte 2.


Ese domingo desperté con una sensación de mucha tranquilidad. Pero tampoco me gusta que el día que tengo que estar emocionada, no lo esté.

12467739_10153376669817643_2005949538_nMe alisté, tenía todo ordenado, me vi al espejo y me dije “Diay idiota, qué, no vas a ponerte feliz, es tu séptima maratón… sie-te. ¿Por qué no estás nerviosa como cuando viniste en 2011?”

Dejé de regañarme y bajé, ya nos esperaba afuera del hotel el autobús que nos llevaría a la salida. Este día también iba a estar lleno de encuentros bonitos. No era Spike Lee, Paula Radcliffe ni Meb, pero… eran tan importantes como ellos. O más.

Comencemos diciendo que iba en un autobús con ticos, entre ellos mi amigo Pablo Mena – este blog fue el lazo para conocernos, y ahora es entrenador de Holistic Runners -. Yo no conozco a nadie que haya soñado tanto con esta carrera, como Pablo. Pablito iba como un niño, – Pablo, ¿verdad que lloraste? -. Íbamos viendo por la ventana lo que nos tocaría correr unas horas después. Y en ese mismo autobús iba el muchacho de la sonrisa del millón de dólares, Daniel Corrales, pupilo de Pablo – Daniel tiene un carisma increíble, cae bien con solo verlo -. Emocionados, nos bajamos del autobús.

No más entrando a los corrales, otra carita conocida: allí sentadita en una acera, Priscilla Saavedra. ¡Aww! Priscilla y yo nos conocimos en los ChiRunners, ahora corre con los Umbali, y ambas tenemos en común un enamoramiento desmedido por New York y todo lo que se le relacione. Esta también era su maratón soñada, y verla allí, para conversar con ella y compartir nervios, fue una de esas coincidencias que más agradecí.

¡Y faltaban más!

Porque sentados en esa acera: Daniel, Pablo, Priscilla y yo, conversando los cuatro ticos, haciéndonos compañía, no imaginábamos que un ratito después – ¡yo te vi primero, soul brother! – aparecería caminando la figura de aquél pelirrojo alegre..

Los dejé sordos, porque… RAAAAAAAAFAAAAAAAAAAAAAAA

A ver, si somos 55 mil corredores, ¿cuál es la posibilidad estadística de toparte JUSTO A TU MEJOR AMIGO ESPAÑOL? ¡Raaaaafaaaaa Veeeeegaaaaaa!, y así como lo leyeron, en mayúsculas y en negrita, yo soné como una ambulancia, me levanté gritando su nombre, corrí hacia él y lo embestí con un abrazo, ¡que creo que casi lo tumbo!

Rafa, quien desde España me acompañó en el hospital y post hospital, que siempre hemos sido como hermanos locos – dos periodistas que escriben y corren – pues ¡qué regalo más lindo verlo antes de la carrera!

Y así, entramos a nuestros corrales.

Ya estando dentro, Priscilla y yo – que coincidíamos de corral, más no de oleada – nos fuimos a buscar un cafecito para calentar durante la espera, y buscando el cafecito, me encontré a los que tampoco era lógico encontrar en medio de miles y miles…

Fernando, Fernando y Sergio.

What are the odds?

Su salida era en otro corral, y a otra hora, pero estos tres hicieron algo por mí, que hasta el último día que yo corra agradeceré.

Les dije: “Muchachos, vayan, ya les toca salir.”

Y los tres decidieron salir al mismo tiempo que yo. “Pero… pero es esperar más, no no, vayan vayan, de veras, no importa”.

  

Priscilla salió antes que nosotros, y quedamos los 4 otra vez, en espera de salida.

Así comenzó mi séptima maratón: corriendo con ellos, viviendo sus nervios como míos, y la verdad, conmovida por ese gesto tan bonito. Gracias, en serio. Tres mexicanos y una tica salimos en un corral que no era, a la hora que no era, pero ¡salimos juntos!

Se sintió lindo comenzar a escuchar a Frank Sinatra en el Verrazano con ellos al lado.

Supe que ese kilómetro, ese inicio de la carrera no estaba sola, ellos estaban cerquita.

Y ahí en el puente, corriendo con el aire frío en el rostro y despeinándome, comenzó la carrera, y todas las emociones que tuve guardadas temprano, afloraron de una vez.

Qué rápido se va ese puente… qué difícil es dejarlo atrás.

Tuve noción de algo que me dije a mí misma: “Qué increíble. Ya te sabés de memoria todo el recorrido. La curva que sigue, la calle que viene, dónde hay una banda.” Me di cuenta de que puedo decir con certeza que me sé la Maratón de New York, y seguramente por eso no llevaba nervios, pero no quiere decir que no estaba emocionada. Me dispuse a disfrutarla, me lo dije mentalmente: “ESTA CARRERA ES TU CASA, aquí comenzaste, disfrutá como aquel 6 de noviembre de 2011”.

Y lo hice. Me hice caso.

No hubo manita de “hi five!” que no tocara, no hubo sonrisa latina que no correspondiera cuando veían en mi camiseta “COSTA RICA” y lo decían en voz alta, ¡agradecí todo, tiré besos y corrí como si no fueran pesados y largos 42 kilómetros!

Por supuesto que avanzando Brooklyn, esperando la cuesta de Queens – esa calle tan linda, que tanto duele subir – revisé mi pace, y de nuevo me recordé que esta maratón no era para venir a ponerme presión por tiempos. Si vine hasta con maratón de Tamarindo a cuestas, ¿quién se iba a estresar por buscar tiempos? No, no. Llegué al punto de los 21 km, bastante bien, con buen ánimo y aire.

Y oootra vez:

What are the odds?

Miro a la derecha y … entre miles y miles de corredores, ¡me aparece Daniel!

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Este bandido iba fresco, como si nada…. ¡su primera maratón, y muerto de risa! jajaja Braaaavo Daniel

Qué susto, y qué alegría, Daniel tiene una sonrisa que contagia y me alegré tanto de verlo feliz, porque esta era su primera maratón, y topármelo justo a medio camino me pareció chivísima, ¡casualidades que no pasan nunca! Dos ticos saludándose en pleno maratón de NY. Jaja. Como si fuera el Paseo Colón.

Daniel con su GoPro nos tomó una foto, conversamos un poco de cómo nos íbamos sintiendo, de lo lindo que estaba el ambiente, y creo que un par de kilómetros después ya no lo vi, pero tener esa energía tan linda de Daniel justo a 21 km de la meta, fue como si me dieran una coca sin gas, un gel o un confite. ¡Ahí iba el muchacho más alegre de la delegación tica, y ahí iba yooooo!

Mi mente iba tan clara del recorrido, que no me inquieté por parar dos veces al baño. “Ya sabemos cuánto falta, y vamos bien” me dije, y empezó a caer la tarde bajando la Quinta Avenida, y entonces, justo por saber tan claramente cuánto me faltaba, comencé a sentir nostalgia.

Nostalgia de que en unos minutos… esto sería historia.

Cuando uno ama tanto el lugar, el momento, la sensación, no quisiera que se acabe – excepto por el cansancio -.

Qué tan afortunada era yo, en ese momento, sin lesiones, sin dolor, con un corazón reforzado… ¡el sol ponía doradas las hojitas de Central Park! Seguí disfrutándolo como quien saborea un café, paladeando para que no se le acabe.

La vuelta en Columbus Circle… y ya. Oh. Entrar a ese parque se parece mucho a ser feliz.

No me gustan los “hubiera”, pero en ese momento sí lo pensé, “Tal vez esto no me tocaba vivirlo, si no hubiera gente que reaccionó a tiempo y me llevó rápido a un hospital… Ay, ya necia cállese con eso”, me dije.

“Tal vez no me tocaba correr 7 maratones, las cosas se hubieran quedado en Atenas, con la quinta…”

Pero agradecida de que esos “hubiera” no tenían sentido ni explicación, comencé el vacilón de mi cierre.

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Porque justo en esos metros eternos y duros, comencé a cantar, brincar como siempre hago en Central Park – y de seguro da risa verme, pareciera en las fotos que venía rápido, sin dolor, sin cansancio, pero sí que venía cansada y mis piernas ya no tenían nada, – pero este es el efecto NY: con tal de llegar a esa meta uno saca de dónde no tiene, y llega.

409710_212040326_XLargeAntes de cruzar la meta me toqué el corazón, di un beso al aire – yo qué sé a quién o a qué, a Dios, al momento – ¡y cerré mi séptima maratón!

Suena soberbio de una persona que casi se muere, pero creo firmemente en el poder de la mente, así que tengo que decirlo bien duro, para que el Universo me oiga y se acuerde de esto: “Séptima, no última, ¿ok? ¡Vienen más!”

Lo logré y lo viví. ¡Y no corrí sola ni antes ni durante!

Cómo no amar esta manzana. Ahí me gané esta medalla tan linda, que quise compartir más tarde con los tres mosqueteros: los Fernandos, con sus tiempazos, Sergio con esa prueba de coraje venciendo ese dolor de rodilla, y yo: sencillamente cumpliendo una cita que ya es parte de mí: venir los años impares, a Nueva York.

Así que lo que me escribió Joan Benoit junto a su autógrafo, se cumplió:

“Have a lucky #7”

Con tantas coincidencias y emociones, ¿quién más “lucky” que yo? Aunque no tan lucky, caray, ¡esto no me lo han regalado, yo he entrenado y le he puesto todas las ganas del mundo para lograrlo! Abrazo la bendición de estar viva pero ¡no la voy a desperdiciar quedándome quieta!

Cierro el libro.

Bendito el momento en que un día, llena de tristeza, abrí la puerta de mi casa y salí “a caminar un ratillo”. Y terminé trotando.

De una muchacha triste en Rohrmoser… nació una maratonista.

¿Qué no podrá lograr usted, que tuvo paciencia de leer tanto?

Yo creo que se nota lo feliz que iba.

Lo que uno quisiera ser en la vida


Antes contar qué pasó aquel domingo de la carrera: ella merece un capítulo aparte.
Acompañé a Fernando, Fernando y Sergio a la expo – a la que fuimos dos veces – . Entre su buen humor y el vivir a través de su primera maratón en New York, y mi tercera ahí, la experiencia tenía otro color.
Saliendo del centro de convenciones ese sábado, sucedió algo que se sumó a la cadena de encuentros inesperados: en un stand de Abbott, justo el de los Six Major Marathons, estaba una mujer menudita, de cabello gris, sonrisa amable y ojos chispeantes, firmando autógrafos.
“Hey. Hey porfa, necesito hablarle, ¿no importa? ¿Me esperan?” Amablemente esperaron a que hiciera la fila, que era corta, y ahí estaba yo, hablando con una mujer récord, una leyenda. Joan Benoit Samuelson.

12194094_10153270750522643_1912675959_oLa mujer que ganó maratón en las Olimpiadas de Los Angeles 84 – la primera campeona olímpica de la maratón femenino – con aquella figurita casi infantil, la misma que destrozó los cronos en 2:22.43 en Boston, 1983. La mujer que cada año narra en televisión la maratón de Chicago – esa carrera en la que hizo 2:21.21 en 1985. Leyenda, punto.

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“Nela, Have a lucky #7 Marathon in NYC” Joan Benoit Samuelson

No me quedé mucho rato conversando con ella – para no aburrirla le hice un breve resumen de mi condición médica – pero le expliqué: “Ya estoy bien. Corro porque me gusta mucho y esta es mi séptima maratón, la tercera aquí en NY”.
Con una carita muy tierna y poniéndome atención, en un gesto de preocupación casi maternal, me dijo “Oh. Tenga cuidado, ¿verdad? Mañana, cuídese.” Y me firmó su foto, mientras le dije “Hey, me gustaría que vaya a correr a Costa Rica”. Anotó su e mail, y nos despedimos. Me encantó lo que me escribió.
Jamás podré ser como ella – lo de ella era un talento natural, es una de las más grandes leyendas del atletismo – pero sí sentí bonito cuando nos despedimos, y quise soñar que cuando tenga su edad, me vea así, fuerte, atlética y feliz. Que yo quisiera ser un poquito así.

¿Más coincidencias lindas? Faltaban las mejores. Estamos a menos de 24 horas del disparo de salida. Buenas noches, New York.

New York por los Wesson (una carta para ellos)


Antes de hablar de New York por última vez en este blog – ojo, que no es que no vaya a volver a correr maratón en NY, ¡sí he de volver! – pero es que no puedo seguir hablando de esta ciudad sin hablar de una familia que no es la mía pero sí es la mía. Y ellos son New York. Lo son.

Carta para Los Wesson

No solo es familia la que se tiene por sangre.

Tengo una familia en Atenas. Una abuelita en París. Otra que me encontré en Plaza de Mayo en Buenos Aires. Un hermano en Massa, Italia.

En New York no tengo parientes ni conocidos.

Ya yo había conocido New York con dos personas que quiero: con mi papá, en 1993, cuando subimos juntos a las Torres, y hasta me le escapé. Y luego en 2008, paseando con mi amiga Gaby, cuando me reencontré con Manhattan, ya paseando “suelta”, subiendo y bajando en el subway.

Pero mi flechazo por esta ciudad lo asestaron dos personas increíbles. En el avión hacia mi primera maratón de New York iban dos ticos que para siempre aterrizaron en mi corazón, con todo y sus 4 hijos.

Carlos y Damaris Wesson, con ese apellido calibre amor, ¡qué casualidad! Iba yo cerquita de ellos en el avión, conversando porque era su maratón quién sabe cuánto allí, y la primera para mí. Grabé “una entrevista” con ellos, sin saber que su familia se me quedaba en el corazón desde entonces hasta este momento.

Su hija Laura es mi nutricionista, – casi separadas al nacer, amantes de correr, de vivir al 200%, de aprender, nacidas en Julio, lunáticas -. Con Mariel y Arturo he hablado menos, pero son tan deportistas y educados como sus papás, y Paulo, mi profe de mi etapa crossfit , honestamente, mi héroe personal del BJJ, junto con Lau.

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Así o más cool, Mariel, Laura, Arturo y Paulo Wesson

Cuatro hijos de un matrimonio increíble: yo pensaba “wow, no sabía que toda una familia podía hacer deporte juntos”. Aman la vida sana, aman la vida buena, aman ser buenas personas. Y desde 2011 los ando conmigo aunque están en el este, yo en el oeste. Siempre tenemos puntos de coincidencia.

Fueron un poderoso cable a tierra para mí, desde el Hospital. Sus palabras y sus oraciones me sacaron de ahí.

Nos unen muchas cosas: música, deporte, comida, New York… ellos saben lo que siento por la ciudad, yo sé lo que sienten por la ciudad.

No creo que yo amaría tanto esa maratón si no fuera por la descripción que me dieron Carlos y Damaris antes de correrla.

“If you can make it there, you can make it anywhere” me dijo Damaris, “un maratonista no tiene memoria”…

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Damaris, Laura, Carlos. Maratonistas Wesson en NY (siempre es NY para ellos)

Así que son mi familia tica en New York. Aunque no vivan allí.

Con ellos lloré la cancelación de 2012 – ahí estábamos -. Con ellos espero hasta que muera, reunirme a hablar de correr, de New York, de ser feliz así como ellos son, con ese fuerzón que les da el deporte, porque son un músculo de amor, con los que es fácil hacer equipo.

Los quiero y les agradezco todo.

Cuánto me sorprendés, New York. Bandera en mano, parte 1


Esta es una ciudad que te atrapa desde antes de llegar; la ansiedad, la expectativa, ir llegando a Manhattan para instalarse en el hotel, es ya una emoción aquí en la panza. Las luces se van acercando, los edificios se agrandan y la lógica dice que uno se sienta pequeño, pero creo que no exagero: New York hace que un corredor común, se sienta enorme.

No importa cuántas veces venga a correr.

Y este año todo fue como una primera vez, y además todo salió mejor de lo que me hubiera imaginado.

Este año mi ciudad favorita comenzó sorprendiéndome con un correo electrónico que decía:

“Usted fue seleccionada para llevar la bandera de su país en la Ceremonia inaugural de la maratón, el viernes 30 de octubre a las 5:30 p.m en Central Park”.

Caí sentada en el sofá. ¡Ni siquiera en la escuela llevé la bandera! Seguro por chiquitita, pero ¡llevar la bandera en New York, antes de la carrera, y en la misma ceremonia en que iban el resto de países! Lloré, no puedo mentir. Me parecía un honor enorme, y así fue. Ya les cuento cómo fue esa Ceremonia.

IMG_3011Si me pongo emotiva con la blusa que elijo para correr, ¡qué tanto pensé qué ponerme para llevar la bandera! Este fue el resultado. No puedo pensar en una frase que hable mejor de nosotros, y así iba enfundada, con la frase de Julio María Sanguinetti.

A los pocos metros los vi, a los ticos. La delegación costarricense para el Parade of Nations estaba llena de caritas conocidas: mis amigos ChiRunners, mis amigos XRunnings, mis amigos Umbali, o sea, siempre bromeamos diciendo lo pequeño que es este país, y bueno, esa representación lo demostraba, todos nos conocíamos ¡estábamos en familia!

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Con Daniel Corrales y Pablo Mena, mis Holistic Runners :)

Me dieron la bandera… y de ahí en adelante me sentí más pequeña de lo que soy. Esos honores se le dan solo a los que corren rápido, a los que saltan alto, a los fuertes, a los mejores. A los atletas de verdad. ¡No lo merezco!  Yo solo he sido maratonista por gusto, y por salvarme. Pero, qué cosa tan deliciosa es abrazar esos tres colores y llamarse abanderado.

Pablito, Daniel, Priscilla, Sigrid, Luis Carlo, ahí nos hicimos un puñito tricolor, ¡y arrancó el desfile!

Nos tomaron muchas fotos, desfilamos y de repente me dijo Pri: “Nela, Nela mire quién está ahí” … Y Pablito también me dijo…  me dí vuelta y detrás de mí, viendo emocionado el desfile, ¡Spike Lee! Y uno qué hace… pues se le acerca y le pide una foto. ¡Spike Lee! el mismísimo, el mismísimo. Dedicado del desfile inaugural.

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Con Spike Lee… dedicado de la Maratón NY 2015

Era la primera de muchas sorpresas. Porque luego los abanderados nos quedábamos en un solo sitio esperando al resto, y yo quedé a la par de la chica de Canadá, y así los vi pasando a todos, ¡ahí pasaron mis amigos Drinking Runners con su bandera española! – cuánto los quiero, lo saben –  y otra sorpresa cuando pasaron los mexicanos,  porque una muchacha muy dulce se me acercó y me dijo “Yo leo tu blog, soy de México”…

Eso por encima de cualquier cosa, me derritió el corazón. ¡No sabés lo que significa eso, Pati!

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Pati y yo :) Viva México Pati

Porque este blog comenzó para darme valor a mí misma, y con el tiempo ha sido mi manera más linda de conocer amigos en todo el mundo, a través de correr.

Pati, ¡aquí está nuestra foto! Para mí vale tanto y más que la de Spike Lee, ¡lo sabés!

Luego pasaron los de la India, con sus trajes llenos de color, coreografías tipo Bollywood… ¡no podríamos superarlos, nunca! Qué maravilla. Casi casi como una inauguración olímpica, así nos sentíamos.

Cuando pasé por la cabina de audio leyeron mi nombre y contaron por qué yo estaba ahí,… escuchar en los altavoces mi nombre, el de mi país, “fulana de tal, esta es su séptima maratón, y esta vez, con un marcapasos…”

Dios mío. No puedo escribirlo sin llorar de nuevo.

Al final entregamos las banderas, y cuando me di cuenta estaba al lado… al lado de… de…

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La más rápida del mundo con la más lenta. Paula Radcliffe y yo.

¡¡PAULA RADCLIFFE!!!!

La mujer más rápida del mundo en maratón, ¡una heroína! Un récord mundial que nos saludaba a todos. Gracias por dejarse tomar esta foto… si ella supiera lo que su sonrisa me dio, y luego… luego,…

¡MEB KEFLEZIGHI! MEB. Era Meb. El hombre sonrisa, el atleta de la actitud positiva.

– “¡Hola Meb, yo soy de Costa Rica!”

– “¡Hey, pura vida!”

“¿Vas a ganar el domingo?” le pregunté…

– “Will you win on Sunday, Meb?”

Y esta fue su respuesta, tan inteligente y prudente:

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¡Meb! Uno de mis corredores favoritos.

“I´m gonna race!” me contestó con esta sonrisa de la foto…

Regresé al hotel pellizcándome.

Viví una maratón de emociones, antes de la misma maratón.

Por eso he tardado en asimilarlo todo. ¡30 de octubre inolvidable, para siempre en Central Park, en mi corazón, en mi vida! Cómo no amar New York. ¡Ya te extraño! ¡Quiero volver siempre, siempre quiero correr mi primera manzana!

¿Y cómo fue el día de la carrera? Trago fuerte para recapitular la séptima y más hermosa de todas… siempre digo lo mismo, pero sí, ¡siempre es la más hermosa si uno es feliz!

Antes de hablar de NY, gracias a ellos


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… que me pusieron un apodo bonito, y me resguardaron esos 4 días. Me sentí como si anduviera “pacers”, solo para mí, antes y después de correr.

Se llaman Fernando. Fernando. Sergio. Son mexicanos. Son corredores. Y cambiaron por completo mi experiencia en NY.

Para ellos escribí esto, y siento que es importante que los conozcan antes de leer la crónica de esta séptima y maravillosa maratón.

“Suelo ser muy estructurada en términos de maratón: qué tengo que hacer, cómo lo hago y cuándo lo hago… hasta que tres muchachos “invadieron” maravillosamente mi fin de semana.

No me lo hubiera creído a mí misma, si me hubiera preguntado antes: ¿iba a caminar y hacer filas antes de la carrera? NO. ¿Qué iba a hacer antes de la carrera? Lo de siempre, ENCERRARME EN EL HOTEL A VER GLADIADOR.

¿Hago amigos así no más? NO. No siempre.

Esto solo me ha pasado dos veces, en maratones. En París, cuando me puse a conversar con la familia de al lado en la cena de pastas: eran griegos, acabamos siendo amigos, me hospedaron en su casa en Atenas, y los volví a ver en NY.

Y ahora, ellos.

El martes cuando ya no estaban el día se me hizo bien largo, silencioso y aburrido. Caminaba “sin cesar” por Manhattan, ya no estaban los cómplices para reírme con ellos en cada esquina, para molestar a Sergio porque había otra chamarra “x”% off, o lo que fuera.

¿Qué agradecerles…? Tanto.

Primero, porque olvidé mi parte “estructurada” de correr, y nada más me dediqué a disfrutarlo todo.

Segundo, porque volví a ver New York con otros ojos, sorprendida con todo.

Tercero porque no fui egoísta: “yo yo yo: mi comida mi reposo mi agua mis aminoácidos mi doping”. No era MI maratón, era nuestra. La viví por 4, y 2015 que fue el año en que casi me evaporo, me tocó vivir con más intensidad todo.

Fue la tercera New York, con sabor a primera.

Gracias por dejarme ir ahí en el “pack”, aunque fuera “picky”.

Sí que soy “Picky”, no me gusta todo, ni me gusta lo que le gusta a todo mundo.

Pero cuando encuentro una afinidad tan bonita, no soy nada picky.

Así que “not so picky”, les agradece tanto estos 4 días inesperados.”

Ahora que los conocen, sí puedo hablar de cómo fue esta séptima maratón.

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¡…es que New York!


“Pero ¿por qué, si ya hizo Tamarindo?”

“Por qué otra vez NY, ¿no se aburre?”

¿Por qué?

Me lo han preguntado, y tengo respuestas. También para:

“¿Cómo se le ocurre hacer dos maratones tan fuertes, tan seguidas?”

“¿No le parece que está exagerando, no le parece malo?”

Esas dos preguntas no las contesto yo, las contesta el que sabe: mi entrenador.

Yo le creo al que sabe, le creo al que he visto lograr para sí mismo y para sus atletas, grandes resultados.

Vamos por partes.

¿Por qué vas a correr NY si ya hiciste Tamarindo?

Bueno, la idea era esa desde principios de año. Ya estaba con el telele de “hacer Tamarindo de una buena vez”, y esperé ansiosa la apertura de inscripciones para embarcarme. Pero antes de eso, recuerdo que cuando estaba con mis amigas del grupo, viendo en directo la maratón de NY de 2014, me invadieron muchas emociones y mucha nostalgia. Me acuerdo de que estábamos siguiendo a Cris, a MaryTere, a Gaby, a Vivi… en fin, alguien dijo “¡Es que esa maratón uno siempre querrá repetirla, es demasiado chiva!”…

Y cómo no, es que.. es que… ¡es que New York!

Mis otoños en New York han sido los más hermosos de mi vida. Puedo decir que cada vez que he puesto un pie allí, he sido inmensamente feliz. Sí, incluyendo el año que cancelaron la carrera, por la tormenta Sandy.

Es que New York. Y esa carrera, mi primer amor de maratón, mi primera maratón. Ahí nació esta vuelta a la manzana. Esa emoción en el Verrazano, ese hormiguero de colores, que nos sentimos rockstars cuando en Queensboro se oye una ovación, miles y miles de gargantas gritándonos como si hubiéramos metido un gol todos juntos… – escribo esto y lloro, no puedo evitarlo -; la música en las esquinas del Bronx, tantas familias con un genuino cariño, aplaudiendo, levantando rótulos de apoyo,… la Quinta avenida… los árboles de Central Park,… ¡los motivos me sobran!

Fred Lebow. La historia, la gente, la ciudad. Frank Sinatra y esos cañonazos rompiéndome el alma en mil pedazos, ¡siempre voy a querer regresar!

Y así fue: me inscribí y ya. Compré el paquete con Marathon Tours y ya.

Creo que cada año que no vaya en Noviembre a correr en New York, siempre sentiré que “me la estoy perdiendo”. Por eso se me ocurrió.

Las otras dos preguntas, que las conteste el que sabe. Y sabe mucho: Andrés Alfaro, entrenador, Iron Man.

¿Profe, por qué usted como entrenador me dejó hacer dos maratones tan seguidas?

Responde Andrés: “Lo decidimos desde antes de Enero. Habíamos pensando que Tamarindo iba a ser el evento principal, la competencia más importante, y New York, una carrera para ir a disfrutar, casi recreativo. Sí se pueden hacer estas dos carreras porque se monitoreó el ritmo, la intensidad, se modera el entrenamiento; se cuida con terapia, comida, funcional. Usted tiene un gran cuidado de todos esos factores, que le permiten hacer las dos maratones. Hay que derribar los mitos.”

Profe: usted lo hizo, ¡el año pasado usted corrió Marine Corps Marathon en Washington, hizo Tamarindo Marathon y también un medio IronMan, con un mes entre cada una!

“Sí, porque cuido mucho mis comidas, terapias, todo. La gente cree que solo se trata de correr, correr y correr, y descuidan factores como terapia, sueño, alimentación. Es un todo, que si tiene más de un evento, debe cuidarlo aún más, entonces sí lo logra”.

Y bueno: para cerrar, tengo que decir que si algo he aprendido de Alfaro es, seguir las reglas. Cuidarme en todos los sentidos, hacer caso. ¡Y yo tampoco creo en los mitos!

A 22 días de irme hacia NY, para correr mi séptima maratón, sé que lo voy a lograr. La experiencia me dice que ese día las endorfinas pueden hacer que yo corra a un pace muy bueno, pero sobre todo, sé que el esfuerzo mayor lo di en Tamarindo. Hacia Central Park voy para celebrar la vida como quien va para un fiestón, me voy  a correr en la ciudad que mejor rockea los 42 km de Filípides.

Me di permiso de hacer dos carreras duras, en poco tiempo: pero más que permiso, creí en la persona que sabe y estudia esto a diario, Andrés Alfaro. Cuando le pregunté si era posible, me dijo que sí.

Como cuando me dijo “el muro no existe, eso es mental”. Se lo creí: y es cierto.

Él va a hacer su IronMan a Panama City, y también creo que va a dejar el alma para conseguir el resultado que sueña. Cuando uno ve al entrenador tan enfocado, no queda más que enfocarse uno también. ¡Creo!

Creer en el proceso, hacer caso, amar el objetivo. Por eso vuelvo a mi maratón original, donde perdí esa inocencia de los 42 km. Donde me enamoré de un estilo de vida, donde la ciudad siempre me sorprende, me deslumbra, me espera.. es que…. ¡ES QUE NEW YORK!

Bien dicen que si uno solo va a correr una maratón en su vida, debe ser ésta.

Yo agregaría: si tiene oportunidad de repetirla, ¡hágalo! ¡Es que New York!

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Tamarindo, – lo que dijo Celso – … y la séptima!!!!


Me veo en la espalda todavía una “X” que marca un amago de bronceado… ya no es piel enrojecida, ya se está poniendo morena, pero no va a quedar así por mucho rato.

Cada mañana cuando entro “a mi cuarto de los chunches de correr” a sacar la ropa de entrenar o volver a poner la ropa limpia, veo esa medalla grandota al lado de las demás y me pregunto lo mismo:

– “¿En serio… ya pasó?” –  no me cabe en la cabeza. El Garmin no miente, el chip no miente. Corrí una maratón completa en Tamarindo. Por Dios, es que no lo concibo. Dos semanas han pasado, y no tuve ni dolor de piernas, ni siquiera anduve  “caminado feo”. Todo ha sido una contentera.

No he visto al cardiólogo para enseñarle la medalla, pero por whatsapp le pasé la foto y lo felicité. ¿Cómo no agradecerle? Me felicitó pero siento que es u triunfo suyo también.

A ver: tampoco voy a decir que se me hizo fácil la carrera – porque para decirlo en buen tico, ¡qué parida! – me disculpan las que han sido madres, yo sé que no es comparable, por supuesto que no, pero ¡qué parida! (si lo dijo Celso, lo puedo decir yo). Hacer maratón en Tamarindo no es fácil, ¡no lo es! pero sí es una parida manejable, sí lo es, creo que gracias a 4 factores:

  1. Tener un indomable deseo de terminarla con éxito. Yo me propuse esto con el corazón, la cabeza, el hígado, las tripas, la vida, los ojos, las orejas, las uñas. Como hay que desear y amar algo que cuesta mucho. ¡Demonios, sí!, como en cada carrera anterior, pero en ésta como ninguna, porque no estaba planeada. Le puse amor, chicha, ganas, jupa, vida, enojo, lo que encontré lo eché al caldero.
  2. Seguir un entrenamiento consciente y obediente. Obediente al doctor, obediente al entrenador, obediente a la comida y al gimnasio. Obediente al proceso. Andrés sabe que si me dice que tengo que correr con los zapatos amarrados en trenzas, lo hago. Laura Wesson sabe que donde había que comer papas, comí papas, donde no, no comí papas. “Leo” sabe que cada abdominal y cada push up extra lo hice pensando en Tama.
  3. Informarse y adaptarse a las circunstancias. Yo sabía que Tamarindo era calor extremo, que todo ahí es extremo, y partiendo de ello, me preparé para lo peor, pero de la mejor manera y con mente positiva.
  4. Y no me cabe duda, pasó porque Dios quiso. No me lo merezco, pero después del susto me guardó el gusto. Sé que no muchos salen de cardiología pensando “cuándo comienzo a entrenar”. Pero esa era yo, y estoy convencida de que Dios vio con misericordia ese anhelo. Y si lo que me pasó a mí le sirve a alguien para que vea que no hay nada imposible, pues que sirva.  A Dios le gustan las maratones, de eso no me cabe duda, ¿no ve que uno lo llama antes, durante y después de?… Él sabe. Todo.

A mí me ha dado un segundo aire de ilusiones: ahora sueño más, ¡qué tirada! Londres, Berlín, San Francisco, Buenos Aires, México, Barcelona, y hasta la Luna. Todo eso me suena y ahí lo he ido agendando mentalmente. No lo hubiera pensado sin antes haber pasado por Tamarindo.

No creo que quiera repetir esta carrera en Tama, – al menos no los 42 km – pero sí quiero regresar en el 2016: amor con amor se paga, quiero estar a la orilla de la carretera, con unas hielerotototas heladas, llenas de esponjas, para empapar de la cabeza a los pies a los maratonistas. Eso sueño, ir a dar el agua que me dieron a mí.

Ooookey… ya pasó el entrenamiento más duro para la maratón más dura. Siento que me gané una fiesta. Una fiestota. Una fiestototota de 42 km.

¿Qué tal si la séptima maratón…. la hago como habíamos planeado, profe? ¿Se acuerda? “Primero Tama… y después New York”.

La séptima, para celebrar un año inolvidable, que sea en la ciudad donde perdí la inocencia de atleta. Ese horizonte, el perfil de los rascacielos, los cañonazos de salida en el Verrazano, cinco barrios hasta Central Park, ¡NEW YORK MARATHON 2015! Dos millones de personas con sus gritos y aplausos a los lados de las calles, todo sonando como un concierto por horas y horas… ¡La séptima será ahí! Con permiso, me quedan 33 días para festejar donde nos enamoramos: Hey maratón, ¡vos y yo, nos vemos! *Le cierra el ojo, le tira un beso, y se va a entrenar*

Este primero de noviembre, ahora sí que se acaba este blog, este libro, el de las primeras siete maratones de una vida común que se volvió extraordinaria al correr.

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Maratón “contra el cielo más azul de todos los cielos”… ¡Tamarindo!


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Y pido permiso a Malpaís por el título, pero es que escribí ésto, escuchando la música que me transporta allá… a Guanacaste.

“Sé que a veces miro para atrás, …pero es para saber de dónde vengo”

Tratándose de 42 km, había que llegar antes. Así como en otras ocasiones, uno llega un par de días antes para aclimatarse – y si hablamos del clima de Tamarindo, con mucha más razón.

Salimos el jueves de San José – Marcella, el doc y yo, el doc piloteando – los tres riéndonos de camino, y reflexionando… “¿qué estábamos pensando cuando nos inscribimos a esta carrera?” Muertos de risa, ilusionados, recorrimos la misma ruta de la carrera, imaginándonos “¿Cómo iremos el sábado por aquí?” 

Habíamos salido a las 5 de la mañana, así que ya a las 10 estábamos en Noguis con el desayuno de rigor, y luego: el momento que no se parece a ninguno antes vivido. Sin “expo”, sin multitudes.

He venido 4 años seguidos a Tamarindo a retirar mi número y kit de corredor. Pero jueves, tan temprano, no había filas. Éramos de los primeros. Abrí mi paquete, y ahí estaba: “F19”. Claro, me inscribí en enero, me tocó un número bajo.

Marce y el doc, con su grupo, quedaron instalados en su condominio, y yo me fui al Westin Conchal, a unos 15 minutos de Tamarindo. No más entrar a la habitación, mi lado OCD se puso en acción.

“Aquí va la ropa corriente. Aquí pongo lo de la carrera. Aparte van los tennis. Bloqueador, repelente. Aquí van los geles, el hidratante, las pastillas de sal”. En 15 minutos todo estaba desempacado, ordenado, dispuesto para el sábado. Seguí tomando agua, y una interminable botella de New Shape, y me fui a almorzar.

Algo extraño pasaba.

Era demasiada serenidad. No estuve así en NY, en Roma, en París, ni en Atenas. “Debe ser porque estoy en mi casa”, pensé. Y tiene lógica. Había ido 4 veces a Tamarindo a hacer 30 km, ya con solo eso, es tremendo ensayo pre maratón. Sabía qué esperar. Sabía cómo era la ruta. Sabía cómo son esos primeros 4 kms de salida a la calle. La sorpresa era qué haría mi cuerpo con 12 km extra, porque ya he tolerado bien 30.

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Sendero Westin Conchal 5k. Apenas fresco.

Esa noche del 10, dormí muy bien. Me desperté feliz, y junto a un pequeño grupo de huéspedes, hicimos un “entrenamiento para aflojar piernas”, en un recorrido de 5 km, algo columpiado. Corrimos con 27-28 grados y cielo nublado. Aunque al terminar estábamos empapados en sudor, la verdad era un clima agradable. “Dios, que siga así mañana también”. Por la tarde llegaron al hotel mis amigos Boris, Alex y Randall, y con ellos cené… Seguía sorprendida de no estar nerviosa. “¿Esto debe ser malo, no?”

Me fui a dormir, puse 3 despertadores, y llamé al concierge para que me despertara también, a la 1:45 am. Había que salir temprano para evitar el cierre de calles – 4 am, – y quería comerme un par de tostadas antes, y alistarme con calma.

El sábado desperté y me levanté como un resorte. Brinqué de la cama sin problema. Cuando pasó por mí el transporte y nos vimos todos juntos en el lobby: ya vestidos, con el número, con la risa nerviosa, ahí sí me dije: “Espero que sepás para lo que vas”. Unos divertidos cubanos apenas iban hacia su habitación después de la fiesta, así que a las 3 am, cerveza en mano nos vieron de arriba abajo y dijeron:

“¿Y ustedes, para dónde van a esta hora?”.

-“Esteeee… para maratón”.

Nos respondieron con una carcajada escandalosa que nos relajó, y yo también me reí.

Llegamos a la salida: 4 am, en medio del ir y venir de gente y carros, era noche todavía. Saludé a un grupo grande de mexicanos que conocí por twitter, ¡qué alegres y qué emocionados estaban! Me encontré con mi grupo – que iban por 30 km, y luego hacían en bici 90 km ¡entrenando para su triatlón, otro nivel! -. Con ellos los abrazos, la oración de Anita… Ana Murillo siempre hace una oración para todos, antes de las competencias. Se me grabó una frase de la oración: “Señor, llévate cualquier pensamiento negativo”.

Desde ese instante rechacé: lesiones, calor, peligro. Borrado. “Aquí no va una paciente. Aquí va una atleta.” La paciente salió del hospital hace rato.

Nos alineamos en la salida. Costó encontrar un espacio entre 4 mil corredores. Al estar ya listos, y verme al lado de Lorna – sí, la dulce Lorna que hace un año entró a la meta con el puño en alto, victoriosa – ahí sí lloré. Tuve miedo. Me abrazó. Ella y las chiquillas,  me dijeron “suerte campeona, vamos”.

Y comenzó el juego de pólvora: el cielo de Tamarindo se iluminó, y cada estallido me reventaba el alma: se me agolparon todos los sentimientos en la boca del estómago. Emoción, incertidumbre, agradecimiento, ahora sí estaba en modo maratón.

Esta era MI salida. ¡Un 12 de febrero salí del hospital, y 7 meses después, un 12 de setiembre iba a alcanzar mi maratón…!

Y comenzamos a movernos. No salí tan rápido, preferí estabilizar mi paso: el objetivo era llegar “entera” al retorno de los 42, y ya después vería cómo medir el esfuerzo.

Salimos hacia la calle principal, me sentía bien, estaba feliz. No fue casualidad que al mirar hacia la derecha encontrara una carita conocida: ¡Chaaaaarlie! Con ojillos de dormilón perezoso, todavía medio en pijamas, ahí estaba, mi amigo Charlie, él sabía que mi kilómetro 13 era para él, por haber sido mi cable a la vida desde New York hasta el hospital. Verlo sonriente a la orilla, me dio un subidón de alegría. ¡Gracias por levantarte temprano a saludarnos, verte fue un buen presagio!

Eso fue esta carrera, de ida y vuelta: caras conocidas, amigos a los lados, siempre amigos. ¿En cuál carrera, por famosa o lejana, podría correr tan acompañada como aquí?

El paisaje se fue haciendo más lindo conforme salía el sol: aquí no hay ruta entre rascacielos ni monumentos históricos. A los lados la llanura, el ganado manso y tierno, allá un árbol de Guanacaste, verdecito verdecito. El perfil azul de las montañas a lo lejos. Entre potreros, alguna casita perdida, cuya familia desde el corredor, en su mecedora, nos aplaudía. Rostros morenos, sonrisas blancas y amplias. Me acordaba de las bailadas con Malpaís, y canté en mi cabeza con Fidel: “¡que me dé el sol nicoyano por toda la eternidad!”… (éste es sol santacruceño, ¡pero que me dé!) Y comenzó a darme con ganas porque ni una nube apareció, pero ¡a quién le importa! “Contra el cielo más azul de todos los cielos”, escribió Fidel.

Y recuerdo que me lo dije en voz alta, “¡Jueeeeeepuña país más lindo!”. Agradecida, sin dolor y sin molestias, seguí corriendo y corriendo. Y corriendo. Y corriendo.

Ya venían de su retorno de 21 y 30 kilómetros, muchos de mis amigos, a todos les pude gritar, aplaudir, saludar. Ahí iba el grande, César Lizano; también mi primer entrenador Alvarito Jiménez – fiel a su estilo, iba más que sonriente -, y el profe Andrés, como alma que lleva el diablo. ¡Qué privilegio encontrarlos en la ruta, aplaudirles y gritarles!

¡Iba yo tan feliz, pensando en qué rico correr una maratón tan en casa, tan cerca de la playa, con el cielo de uno, con las montañas de uno! Así llegué “entera” al retorno de 42. Todo era cuestión de devolverse y ya. Lo hice.

Ya casi llegando a los 30 km era tanta agua la que bebía, como la que me echaba en la cabeza. Empapada y feliz, vi mi pace: tal vez podría terminar en 4:40, aunque nunca me puse una meta de tiempo. A ver, es Tamarindo. Hay que respetar el calor.

Eso pensaba hasta que para las 8:40 am, con un sol que me ardía la espalda, comencé a sentir cómo la temperatura me castigaba, pero iba bien. “Cuál es la prisa” recordé.

Empecé a sentir los columpios, ese subir y bajar de la ruta, comenzaron las palabrotas, “¡¡ otra $%&/ cuesta!! ”, pero ahí fui superándolas. Ya escuchaba gritos de dolor, veía algunos arratonados, gente caminando, algunos que desistían y los subían en carros o motocicletas.

Este era su muro, ¿sería el mío?

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El entrenador. EL entrenador. ¡Cómo agradecer tanto, Andrés!

Me dije “siga siga siga siga siga siga”, y ahí aparecieron mis amigos, aparece Andrés. Una legión de bicicletas, ¡mis compañeros!, ofreciéndome hidratante, agua, echándome más agua en la cabeza, preguntando “¿vas bien?”… Y de ahí hasta la meta, supe lo que es correr con hermanos.
Andrés me alcanzó una papita, Milena una coca sin gas, … venían los más difíciles, esos interminables 4 kilómetros de llegada a Tamarindo. Honestamente ya quería bajar el paso, pero ¿cómo hacerlo, si venía con ellos? ¿Por qué hacerlo? “Viene entera, mantenga la cadencia, vea qué buen paso” dijo Andrés. Y yo hice lo que pude por no fallarle.

Faltan dos kilómetros. Falta uno. La recta final, la gente aplaudiendo a los que vamos cerrando, mis amigos en bici, “Échenle agua en la cara para que se despabile”, mandó Andrés, y con esos baldazos de vida supe que iba a terminar.

– “Neeeeeelaaaa… solo 400 metros”

– “¡¡Noooo mientaaaaaa, profeee, no son 400!!”

– “¡¡¡¡Que sí, que sí son…!!!!! Disfrútelos, disfrute esto, esto es lo que le gusta hacer, ¿verdad?”

Ahí comencé a llorar pero no se me notaba por tanto baldazo, ¡la meta! ¡la meta! ¡la meta!

Las bicis no podían llegar hasta la meta pero me despedí de ellos ahí, y entré tan feliz, casi brincando, ¡TAMARINDO SE ACABÓ!

11998472_10153190656787643_1115006667_nNo hubo nadie más feliz, paré el Garmin, ¡corrí 42 kilómetros en mi casa, estoy en mi casa! Abrazos, abrazos con mis amigos, Randall, Erick, Pablito, Lorna, Silvia, Marcella, el doc, Alex, ¡todos!

No necesité que fuera Central Park, ni un Arco del Triunfo ni un Coliseo ni un estadio Panathenaiko, ¡ahí no había nadie “mío”, en cambio aquí estábamos todos, juntos! Míos, nuestros.

Sin dolor, sin agitarme, sin miedo, calcinada por el calor guanacasteco, pero feliz con la retina llena de sabana… ¡maratonista en casa! Como nunca.

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LORNA: Miss Tamarindo 2014, yo quería cerrar igual que ella, ¡gracias!

Luego lo supe: cerramos a 34 grados, con un 70% de humedad… ¿es eso o no un homenaje a ese Filípides agotado tras la batalla?

Suena raro que diga esto: ¡se me hicieron cortas las horas! ¡No me dolía nada!

Eso se llama felicidad. 7 meses después, la cicatriz del marcapaso ya casi no se ve. Más agradecida y más feliz, celebro esta medalla tan bonita con el cardiólogo, con el hospital, con mi familia, con mis amigos, con el profe Andrés, con este sol que salió a saludarme sin nubes, como si no quisiera perderse este día.

42 kilómetros y 195 metros en Tamarindo, Guanacaste.

“Como un pájaro en la mañana, que sacude el viento, voy llegando en la distancia, como un pájaro, como la primera luz del mes de enero, como un árbol apretado contra el cielo más azul de todos los cielos, olvidado en el horizonte viejo…
Como un árbol, como el canto de los ríos y el silencio. Entonces fue que fui de nuevo un güila, correteando en los potreros;  loco y descamisado me perdí en el verano de caminos polvorientos. Sé que tal vez ya no recordarás los malinches floridos, aquel fuego. ¡Sé que a veces miro para atrás , pero es para saber de donde vengo!”

“Como un pájaro”, Malpaís. Letra & música Fidel Gamboa. Papaya Music

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Una vuelta a la manz… eh! Una vuelta “al tamarindo”


TAMATodo es distinto. Desde la última maratón a hoy, todo cambió. De correr en otro país, a correr en el de uno – ¡cosa más linda! -. Y de una manzana a un tamarindo. Por la cercanía, no he hecho los rituales de siempre: una camiseta con mi nombre (en “Tama” todos nos conocemos), ¿y una despedida? innecesaria. Si ya ya, ya casi vuelvo a “Chepe”. Las cosas son completamente diferentes.

  1. Es la sexta maratón, pero es la primera – después de “todo lo que pasó”.
  2. Es la primera en la que no me tengo que preocupar del frío – todo lo contrario: aquí el tema es la humedad y el calor.
  3. Por primera vez en cinco años yendo a Tamarindo, podré quedarme a celebrar y agarrar colorcito en la playa.
  4. Todas las veces que dije “ésto no es de Dios”… ¿Ven? No hay que decir de esta agua no he de beber. Todo el año, desde que estaba en el hospital, he pasado añorando el calor guanacasteco. Y no hay duda alguna de que a la última que van a escuchar quejarse es a mí. ¿Quería Tamarindo? ¿Quería volver a correr? ¿Quería que el doctor le diera permiso? Ah bueno. Ahí tiene su maratón.
  5. La premisa es “Correr en el paraíso”. New York es cosmopolita, París es romántica, Roma es épica, Atenas fue la primera… pero uno debe correr maratón en el país suyo. Esta es mi tierra y mi sudor va a quedar en suelo costarricense.

No puedo más de la ansiedad. A tan solo 4 días de cerrar el círculo que empecé a abrir el día que en casa, todavía incapacitada, me puse los tennis, bajé las gradas y caminé 200 metros… me sentí mareada y regresé. “Qué fracaso, solo 400 metros,… de maratón a ésto” –  me dije ese día. No no, Marianella. Para esos 400 metros y todos los pasos que siguieron, la prepararon las 5 maratones anteriores.

Si me iba a “graduar”, iba a ser aquí. Junto al mar, junto a mis amigos… nunca más una meta sin abrazo, aquí se vale abrazar en español, en tico. Ya vengo: voy a darle una vuelta al Tamarindo. Si Dios me ayuda.

Mariposas en las piernas


Cielo-de-monarcas630x2001Como cuando te llega un sobre cerrado… como cuando te toca hablar en público. Como cuando el reloj avanza hacia la medianoche de un 31 de diciembre…  como el beso que estabas esperando tanto, como el día antes de salir a vacaciones. Esto es igual, o muy parecido a tantos momentos en la vida que te hacen sudar las manos, dar vuelta y vuelta, y otra vuelta entre las sábanas, son esas mariposas en el estómago.

Pero antes de correr maratón, ¡son mariposas en las piernas! Te revolotean en esas piernas con las que vas a pasar varias horas corriendo, ¡las piernas ya saben a lo que van! Por eso las mariposas suben y bajan paseándose por las piernas, el corazón y la cabeza, algunas se te quedan en el ombligo, otras se escapan por los hombros y bajan por tu columna, se nos enredan en el cabello.

La emoción es tan intensa que zumban como libélulas, como avionetas de exhibición, girando de cabeza y haciendo rizos en el aire, no te dejan pensar en otra cosa más que: “YA, ¡mi maratón es ya!”

Todas las semanas de entrenamiento, de comer bien, de planear tu playlist, de imaginar la ruta, de soñar cómo vas a entrar por la meta… A ratos has pensado que vas a llorar, entrar bailando, levantar los brazos como Rocky, o un solo puño en el aire, triunfante – como Lorna -.

Ni la familia ni los amigos lo entienden. “Éste lleva meses con la misma cantaleta, qué bueno que ya corre y así se calle ya”. Tal vez algunos no te lo dicen, pero lo piensan. Porque solo el que calza esos mismos tennis, te puede entender.

Esas las mariposas que te recorren subiendo y bajando por las piernas, ellas sí entienden.

El esfuerzo de madrugar, acumular kilometraje, mejorar el pace, ver tu cuerpo cambiar. Todo suma mariposas.

Llegó el momento. Tanto esperar por él, y te prometo… que se va volando. Como las mariposas. Esos 42 km y sus 195 metros son lo que son, no importa dónde, la ruta o el clima. Siguen siendo 42, 195 km. Y aunque hay unos más veloces y otros más lentos, todos terminamos con una sensación de “ay… no puedo creer que ya pasó…”

Así que abrazá tus ansias, tus ganas, tus nervios, tu mariposas, porque ese aleteo suyo que no te deja dormir, lo vas a extrañar esa noche, cuando te irás a dormir con la medalla de “maratonista” en la mano, pensando: “Lo hice. ¿Cómo acabó todo tan rápido…?” Y aunque tendrás muy fresco el dolor y el cansancio, ya comenzarás a soñar con la que sigue.

Pero esas serán otras mariposas. Éstas, éstas mariposas de hoy, no volverán. Respiralas, dejá que te recorran. Llorá con ellas, soñá con ellas. Gritá con ellas en la meta, ahí saldrán volando hacia el cielo.

Benditas mariposas en las piernas. Buenas noches corredores… ya casi maratonistas.

Tamarindo. ¡Ahora sí!


El camino a Tamarindo no ha sido fácil. Y eso lo hace más especial que los anteriores. Mi corazón ahora está perfectamente. Pero hace unas semanas, mis piernas estaban siempre cansadas. Creemos el doctor y yo que era efecto secundario una pastilla que tomaba: me generaba un tremendo agotamiento en pantorrillas, en cuádriceps, era suficientemente molesto como para dejarme “sin gasolina” en medio entrenamiento.

Pero ya pasó. Ya no tengo que tomar la pastilla.

Ya añoro el calor insoportable y la humedad despiadada de Tamarindo.

¿Para qué lo hago? No tengo que probarle nada a nadie, ni a mí. Ya lo hice otras veces. Ya corro como antes. Ya todo es normal otra vez. ¿Entonces para qué ir a someterme a la carrera que tantas veces me dije “solo los locos la hacen”, “esto no es de Dios”? Bueno, justo por eso. Porque quiero celebrar la salud con el desafío mayor. Nadie puede decirme que NY, Atenas, París o Roma son peores que “Tama”. ¡Pregúntenle al que ha corrido en Tamarindo 42 km!

¿Y a mí, ya se me pasó el susto? Sí. A la maratón no se le tiene miedo: se le tiene respeto. MUCHO. Por eso me preparé, he preguntado más de la cuenta a los doctores, a todo mundo.

Faltan 20 días para que suceda. Y va a ser lo que tendrá que ser. Con el permiso del doctor, y la tranquilidad de haber cumplido el entrenamiento.

Ya ni me acuerdo de la ruta. De por sí, en Tamarindo la ruta nunca ha sido el tema. “Tama” es resistencia a la humedad, a la radiación, a la temperatura. Creo que para todo eso, estoy lista. Sé que los ascensos  y los “terrenos variados” de los últimos días, van a ser aliados de una buena carrera. ¡20 días no es nada!

Hace unos días leí ésto en twitter:

“Tu cerebro recuerda siempre el último maratón que corriste, la manera en la que te sentiste y utiliza esa información”.
Si eso es cierto, quiero ir sintiéndome con aquella emoción tan grande que vivía el año pasado…  Qué lindo. En esta casa todo era “Atenas, Atenas, Atenas“. La bandera, la música griega, las películas, los mapas, la historia. Creo que esa fue la maratón más linda de todas por esa ilusión que llevaba. Y al llegar, fue así de hermoso, ¡y hasta más! Y no recuerdo en esos 42 km ni un solo dolor, ni un cólico, ni una molestia, ni una ampolla… solo los gritos de la gente 500 metros antes de entrar al estadio, y la incredulidad mía cuando lo vi, todo en mármol blanco… Si mi cerebro se quiere acordar de algo hermoso, que sea de esas 4 horas y media de felicidad de ese 9 de noviembre de 2014.
Y aunque el 12 de septiembre haga un calor endemoniado, quiero grabarme estos 42 km de Tamarindo también. Sobre todo por la alegría de correr maratón en casa, y hacer lo que no pude hacer en Atenas: ¡terminar y enseñarle la medalla al profe inmediatamente!
No queda nada… solo un fondo más, de 30 km. Y cerrar la maleta (que hace días tengo las cosas listas, sí, yo soy ese tipo de persona que no hace maletas a última hora. ¡Todo está fríamente calculado y ordenado!)
Esta preparación no ha sido la que más haya comentado en el blog… Tal vez porque no estaba segura de poderla completar… había algo de incertidumbre. Pero ahora, con la mano en el corazón y muy agradecida con Dios, con los doctores y con el profe, puedo decir: sí, sí se pudo cumplir.
Vamos a traer esa medalla. Para que le cuente algo hermoso a las otras 5…   algo muy hermoso.

El mundo se conoce corriendo


Seguro que los fans de Mafalda recordarán que ella quería ser traductora en las Naciones Unidas cuando fuera adulta, según ella; -para traducir lo contrario y ayudar a que los países no hicieran guerras- Pues… bueno, querida Mafalda, para unir gente alrededor del mundo, hay algo más sencillo; –¡correr!- Es increíble la diversidad de personas, de los países y culturas más lejanos, que podrías conocer corriendo.

Nunca había tenido tantos amigos como ahora. No soy de hacer muchos amigos todos los días, pero algo pasa cuando te pones los tennis, y alguien te habla de correr; por señas, en otro idioma, o como sea, derribamos esa torre de Babel, y cuando te das cuenta, hiciste amigos nuevos que corren en sitios lejanos: llanuras, desiertos, nieve, playa, grandes ciudades, pequeños pueblitos.

Podés leer el resto del artículo en el blog Korridorimerino.com.mx  :) Ahí menciono la maratón de Palestina, el amable gesto de los kenianos que me convidaron de su comida en Tamarindo, mis papás “griegos”, en fin… Correr nos hace más ciudadanos del mundo, más solidarios, más hermanos. Es universal. Es humano.

Este es Andrés Alfaro: ¡yo entreno con él!


11536877_10153008853812643_685346436_nHoy quise que una página de este relato sirviera para presentarles a este muchacho – sí, sí, es un muchacho – aunque yo lo veo como un niño grande. ¡Qué importa cuántos años tiene! Sé que tiene 26 de entrenar y dedicarse a los deportes. Andrés es una persona que disfruta inmensamente lo que hace. Se ilusiona con cada detalle. Que si con los tennis nuevos, que con una ruta nueva para correr. Que un “tri” nuevo, que un “chuzo” de bici. Que un libro, que una técnica nueva. Algo. Un plan para entrenar más, entrenar mejor. Rendir. Aprender. Aprender. Aprender.

Habla rápido, levanta las cejas y abre los ojos con gran entusiasmo cuando cuenta algo: gesticula para poner ejemplos, describir carreras. Todo en el rostro de Andrés transmite emoción. ¡Imposible aburrirse con el profe!

Esa figura delgada y veloz que va con un tropel de muchachas por Santa Ana, es Andrés Alfaro. Además, lo distingue un buen humor. ¡Porque hay que tener buen humor para entrenar a tantas muchachas al mismo tiempo! Y nosotras lo podemos vacilar, o él a nosotras. Las frases que más me gustan, las dice en serio y en broma: “Bueno, bueno, hoy vamos a correr en zona vómito”. “¡Si nos levantamos temprano, fue para venir a sufrir!”. “¡Ah no, a sentarse no vinieron! Para sentarse más tarde van a la oficina”. Todo siempre con respeto. Pero con un poquito de humor, ¡porque no tendría gracia si no fuera así!

Yo: -“Andrés, ¿a usted quién le enseña esas rutas con cuestas? Qué es la cosa, ¿qué, a usted lo llevan a perder, y lo dejan botado para ver por dónde sale?

Andrés: -“¡No no, vieras que ayer hice el mapa del fondo, y ahí en Googlemaps me salía plano, no sé por qué hoy era una cuesta!”.

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Y nos deja tomarnos todas las fotos que queramos, qué alcahueta.”Foto, foto, foto Andrés!”

También se emociona como nosotras, y con nosotras. Le gusta motivarnos, y escoge muy bien las palabras para darnos fuerza y coraje. “Corajéelooooo“. Y todos sabemos que a fin de año en la fiesta, seguramente nos va a hacer llorar. Ha creado en su grupo JustTraining una sensación de hermandad, de solidaridad, de apoyo, que hace que entre nosotros nos cuidemos, nos apoyemos, y estemos orgullosos del profe.

Hay algo que me da mucha seguridad: siempre está leyendo algo, aprendiendo. ¡Y nada le asusta! No le preocupó que siendo yo de las menos fuertes, se me ocurriera elegir la maratón de Atenas. “¡Vea profe, vea la altimetría!”, le dije el año pasado.  –“¡Yyy, qué chiva!“, me dijo, con una sonrisa.

-Yo:  “Profe, usted cree que puedo hacer Tamarindo… y después Nueva York”.

-Andrés: “Síiiiiiiii claaaaaro”, me dijo sin titubear.

¡Yo no voy a dudar del profesional que me está guiando en ese proceso! Logramos Atenas, ¿cómo no podemos lograr más?

Le tengo que agradecer que me ayudara a vencer el miedo a la piscina.  Pero le agradezco más que no me tenga lástima. “¡Suba ese pace, Cordero!” Sí, tenemos que subirlo. No anda pensando “ahí viene la del marcapaso”, naaaaaada. “Que suba ese pace, Cordero”. ¡El día que no me exija como a las demás, ese día no voy!

En esta conversación con el profe, aprendí cosas increíbles sobre él. ¡Comenzó como futbolista! Y del Club Sport Herediano. Pero supongo que para alguien tan inquieto, ir 90 minutos detrás de la bola no era suficiente. Creo que es el primer entrenador que se animó a dirigir un grupo exclusivamente femenino. Y aparte de tratarnos con respeto y exigirnos disciplina, nos ha enseñado a ser fuertes, como espartanas.

A Andrés le gustan los retos, no solo para sus pupilos. ¡Para él! Cuando se inscribe en un tri, o una carrera, no va a pasear.

– Yo compito, y además hago todos los entrenamientos con la gente. A mí me gusta competir con mi gente, compartir con ellos, y ahí entreno.

Es el más feliz con sus nuevas medias de compresión. El más ilusionado: “¡Estas tennis son buenísimas para maratón!“, dice, y te cuenta cada detalle mínimo de los tennis, porque se lo estudió. Las probó. Las comparó. Es obsesivo. Minucioso. Estudioso.

De él aprendí la disciplina más estricta. “No se les olvide el entrenamiento silencioso: comer, dormir, hidratarse”. Pero ojo que éste no es un obsesivo del deporte “solo porque sí”. El deporte no le quita ser esposo y papá. Este es un papá que goza cada braceada en la piscina con su hija y con su machillo, que es como un mini-me suyo. ¡Y su esposa, Paola! La mejor porrista que puede tener el profe, y viceversa.

En resumen: entreno con un ex futbolista que sigue siendo herediano. Entreno con un estudioso de su trabajo. Si en Colombia a Jorge Luis Pinto lo llamaban “el ilustrado del fútbol”, yo entonces digo que Alfaro es “el ilustrado del atletismo”. Es un hombre muy estricto con su trabajo, pero muy noble con sus pupilos. Ha de tener un gran corazón, como el de Induráin, no solo por su rendimiento, sino porque uno sabe que al profe le importamos todos.

Y bueno. Lo confieso: en Atenas, luego de ver mi tiempo en la meta, lo primero que hice antes de llamar a mi casa, fue llamar a Alfaro: ¡yo tenía que contarle! ¡Tenía que contarle que lo habíamos logrado! Pero obvio, andaba entrenando, entonces le conté a Pao. Así de grande es la motivación, y el respeto que infunde. Más o menos así fue nuestra conversación: él defendiendo a su Lance, yo a mi Contador.

– Profe: ¿usted, de dónde salió?

– Tengo 26 años de hacer deporte, digamos, carreras, pero antes hacía futbol, jugaba con Heredia.

– ¡No le creo!

– Mi papá me llevaba a jugar a los infantiles de Heredia: había kínder futbol. Yo jugaba como medio campo derecho… Yo tenía como… no sé, siempre me gustaba correr, y en la cancha también, ¡peleaba la bola a muerte! Luego salí del cole, y en la UCR me llamó la atención el equipo de atletismo, las camisas eran como las de los velocistas de pista, era un equipo pro, con una panta celeste, y me metí a correr ahí. Hice carrerillas, con unos tennis azules Bilsa, que eran de cordones blancos. Con esas hice mi primera carrera.

–  ¿Y el tri?

– No tenía técnica. Hice una prueba nadando alrededor de la piscina, sin agarrarme de la orilla ni tocando el fondo, continuo por 15 minutos. Ahí lo logré. Y con eso me fui a Caldera. En ese mar… ¡el peor evento de mi vida! Fue lo peor, y de ahí en adelante empecé a llevar cursos en la UNA y UCR. Yo llevaba administración, y luego la UIA me becó en triatlón.

– ¿Cuál fue su primer grupo?

– Mi primer grupo fueron las Lagartrotters. Antes entrenaba 4 muchachos en La Sabana. Con Vivi Calderón comenzamos el grupo de solo mujeres. Yo pensaba que eran un dolor… pero no, ¡son peor los muchachos! Comenzamos 12 Lagartrotters, muchachas que nunca habían corrido. Todas terminaron la media maratón que querían hacer. Después vino JustTraining para triatlón. Y RunZone.

– Y pasa estudiando. 

– Ah sí, yo paso en eso todo el día. Y sigo llevando cursos, certificaciones. He  llevado campamentos con Carmichael, campamentos de atletismo, ciclismo, y ahora con TYR, trabajo con ellos.

– ¿Cuál ha sido su competencia soñada?

– La maratón de…. ¡Jungle Man!… ¡esa fue la más increíble para mí! Hay 14 km en arena, 7 km dentro del parque de Cahuita, todo es en arena, y hay un plano de lastre, fue mi mejor tiempo, ¡3.25!

– Hay gente que dice que le gusta entrenar con usted porque “es muy loco”. 

Jajaja.

– No no, yo no digo eso. Yo creo que con usted corremos los que tenemos ganas

– Sigo en mi lucha de transmitirles eso, y es lo que hago. (Me enseña un chat de whatsapp) Vea, vea el chat que tengo con los del IronMan para Panama City. Ahí les paso mandando videos, todos los días presiono. Les mando cosas como: “Sin esfuerzo no hay recompensa”. Yo presiono todos los días.

– Alguna vez pensé que con usted solo corrían los rápidos.

– No: sólo rápidos no: a mí me gusta la gente que sea constante, que uno los ve, perseverantes y que tienen pasión por lo que hacen. Uno lo reconoce. Se le nota si lo hace por moda. Si usted quiere venir, le digo que sea perseverante, no me importa si es rápido, si camina, si queda de tercero. No se trata de eso.

–  Usted es así, como un reloj: yo me lo imagino, a las 3:59 un minuto antes de que le suene la alarma, ya despierto.

– Sí, yo hago todo igual: a las 4 veo mis videos de motivación en youtube, mi favorito es el de Lance Armstrong, que usted lo odia.

– ¡Ay que no, yo no lo odio! ¡Es que yo voy con Contador!

– ¡Acuérdese que Contador lo atacó! ¡Él me lo atacó en el Tour cuando Lance volvió! (nos reímos)

– ¿Andrés, usted aprende de sus alumnos? 

– Claro que sí. Constancia, perseverancia.

– Para mí lo principal es la motivación y la pasión. Y después vienen los números. Yo le puedo pedir pruebas de sangre, lactatos, ver pace, pero si usted no tiene la motivación, si no tiene ese chip, si no tiene una mente positiva, entonces para nada sirve. ¡Para nada!

– ¡Diay Andrés, es que a los que no tenemos talento, solo eso nos queda!  Las ganas.

– Pero vea: tienen hambre por conseguir metas, el deseo de completar una carrera, bajar un minuto, tienen hambre de alcanzar eso.

–  ¿Entrenar a Lobito para usted fue un desafío?

– Con Lobito empezamos desde lo más básico, porque no podía virarse en el agua. Me dio miedo al inicio. Con él empezamos de cero en los entrenamientos, hasta que lo vi… vi que pudo hacerlo. ¡Y mae! Lo vi que dio vuelta en el agua. ¡Pudo! A la tercera clase se me quitó el miedo, y le dije “¿Por qué no hace un triatlón?”… y  me dijo “La verdad es que sí, ¿cuál? De una vez”. Fue el triatlón que hizo en el Puerto.

– ¿Siente que ha fracasado con algún alumno?

– No, porque todos han logrado sus metas. Pero lo que siento es eso: que cuando no tienen disciplina, eso me hace sentir que fracaso yo.

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Solo así puedo ir a la par, caminando. Por ahora. La idea es alcanzarlo.

– ¿Y los que le hacen caso, por qué le hacen caso?

– Por terco, porque soy demasiado cerrado. Terco, terco terco, terco. Se trata de ser constante, y que le guste a uno lo que uno hace. Tengo 26 años de hacer lo mismo, levantarme temprano. Pero yo todos los días me motivo, hago mi planificación, me visualizo. Sé a qué velocidad voy a correr cada kilómetro. Sé qué voy a llevar, la botella, el hidratante. Todo. Me pongo un reto. Como también me puse un reto para el Iron Man de New Orleans. Mi meta era conseguir un cupo para el mundial.  Pero me dieron una penalización 7 minutos, y no pude. Fracasé. Estaba sobrado para clasificar. Yo iba aquí “pá pá pá“… iba súper bien.

– ¿Y eso lo desmotivó?

– Ah no, yo lo tomo como energía, y tomo impulso otra vez.

Mañana, a las 3:59, Alfaro está despierto para entrenar con TriZone. O con las Lagar. Perdimos un buen futbolista… pero ganamos un gran entrenador. Ha de llevar 2 horas dormido. Leerá ésto, a las 4 am pasadas. A partir de Agosto, será un IRON MAN Certified Coach. 

Ser maratonista.


Estos días he estado pensando por qué para mí decir “soy maratonista” y seguir siéndolo, es algo tan importante como decir mi nombre, mi cédula y reconocer que me llamo así. Que esa soy yo. Que también soy la que corre.

Nadie tiene entrenamientos fáciles. Creo que cada quien con sus horarios, sus obligaciones, sus quehaceres, sabe que hay días que lo más fácil sería apagar el despertador y “hacerse el tonto”.

Pero la verdad yo siento que le debo algo a la Maratón. Siento que me llama, para enseñarme algo más. Esta ha sido mi Universidad. Yo no tenía la determinación de hoy hasta que me desafié a mí misma para ver si lograba correr 42 km.

La maratón, tan parecida a la vida, ha sido la prueba maestra que me recuerda que sí puedo ser fuerte, aunque sea menudita y nada atlética. Sí, también puedo tener paciencia. Aprendí que puedo dominar mi carácter, que no puedo desesperarme por cualquier cosa, o me estrellaría violentamente contra un muro y ahí caería derrotada.

Las lecciones aprendidas en una maratón se quedan con uno para siempre y salen a flote cuando más se necesitan: cuando uno tiene ganas de tirar la toalla, cerrar los ojos, cerrar la puerta o ponerse llorón y pensar “me gustaría que alguien me ayude”. Pero en esos momentos de debilidad, recuerdo que he llegado a esas 5 metas, a veces con dolor, siempre sola, nadie me ha empujado, con unas ganas que me quemaban el pecho y diciéndome a mí misma que cada paso hacia delante era uno más lejos de la salida, y otro más cerca de terminar.

Si quien me lee es maratonista, sépalo: usted no es normal.

A usted es difícil intimidarlo o asustarlo con “algo que es muy agotador”. Ya usted lo ha vivido. Y lo superó.

Tampoco lo deslumbran los logros instantáneos: ya usted ha sido probado en el fuego de los fondos sabatinos, usted sabe que hay un proceso para completar la distancia y domar columpios.

Un maratonista no come cuento con eso de que “no se puede todo en la vida”: porque ya una vez lo comprobó, y lo logró. Combinó trabajar, entrenar, ser mamá o ser papá, cumplir con sus deberes, y robarle tiempo a las madrugadas, ir a la feria, dejar la casa limpia.

¿Romperle el corazón a un maratonista? Tampoco. Una mentira o una cobardía, más bien nos provocan ganas de salir corriendo, literalmente. Y como la distancia es buena consejera, créame que podemos dar media vuelta y alejarnos por más de 42 km. Sin titubear.

Los maratonistas somos más agradecidos con pequeñas cosas: un vaso de agua, un abrazo. Cinco minutos más de sueño. Comida caliente. Un saludo de apoyo de un desconocido.

Podemos rezar y meditar en largos tramos de carrera, respiramos hondo el aire de la madrugada mientras se va asomando tímido el sol.

Por eso para mí, mi título de maratonista, es tan importante como el de periodista. La diferencia es que, ser periodista me salió natural, lo pulí en el ejercicio de la profesión. En cambio lo de maratonista, a veces no me lo creo. Porque no tengo ese talento, de verdad que no.

Solo sé que lo soy.

Y somos tan maratonista tanto usted como yo, como el que corre la distancia en 2, 5 ó 6 horas. Tanto vale su maratón como la de Paula Radcliffe. Y tanto vale el esfuerzo del que hace maratón en San José, como el de quien la hace en Tokio, Buenos Aires o Viena.

Tan maratonista es ese flaco de músculos secos que parece que se desliza por las calles, lo mismo que aquel de paso lento, más gordito, más grande… más bajito.

Y con cada maratón que uno corre, se renueva ese título, porque se vuelve a empezar de cero, en ese primer fondo, en esa primera salida a trotar.

Para mi, ser maratonista es más que decir “corrí 42 km y 195 metros”.

Cuando conozco un maratonista, automáticamente pienso:

“Esta persona agradece la salud que tiene.”

“Esta persona se pone objetivos y no los deja botados por cualquier excusa.”

“Esta persona tiene un mundo interno profundo y muy íntimo.”

“Vive el presente, pero sueña la meta. La ha imaginado.”

Un maratonista puede recordar los mínimos detalles de una carrera: tiene una mente cinematográfica. Y estoy segura de que cada medalla la acariciamos un ratito, recordando la ruta y cada palmo de ella.

Sean dos o veinte las que uno haya completado, cada maratón lo cambia a uno.

Ya hice 5. Y eso me enorgullece. Pero sé que eso no me hace ni más ni menos que todos los que están entrenando para hacer la primera, o la veinteava. Solo somos distintos, diferentes historias.

Estoy a menos de cien días de volver a hacer la primera. La más difícil de todas. La que no estaba “presupuestada”. A mí me prestaron latidos nuevos para lograrlo. Me la quiero merecer.

distanciasGracias a mi amiga Connie, porque al enviarme esta frase en un mal día, me recordó que no puedo tirar la toalla, cuando en otras 5 ocasiones, tampoco lo hice.

Y usted que me leyó, mucho menos la va a tirar: sea su décima o su primera maratón. Tome aire conmigo, como cuando faltan solo 100 metros para cerrar ese condenado entrenamiento.

No se desanime por problemas o situaciones que parecen cuestas de 100 metros. Ya ha sido probado en la larga distancia. No dude que esto también lo va a superar. Deberíamos estar más conscientes de cuán lejos podemos llegar, cuando nos lo proponemos, como lo hicimos antes y como lo haremos otra vez. Mientras haya salud.

Volver a correr no ha sido fácil.

Pero probablemente después de todo lo que pasó, ahora tenga más sentido para mí.

Esto se aprende para la vida. Siempre hay una distancia entre uno y lo que sueña, lo que ama. Lo que busca o lo esté esperando.