Correr por gusto: a lo Forrest


¡Run, Forrest!

Una de mis películas preferidas es Forrest Gump. Forrest un día decide correr, porque sí, sin una razón contundente… tal vez la ausencia de Jenny, tal vez sencillamente tenía ganas de hacer algo, y corrió sin parar de una costa a la otra.

Yo no comencé a correr porque sí. Yo comencé caminando. Estaba un poco triste, había mucho silencio en la casa y me puse los tennis, viejísimos por cierto, y salí a caminar. Vivo en un barrio bonito en el que se puede salir a caminar a lo largo de un bulevar que en verano tiene robles sabana floreados y nostálgicos. Comencé a salir a caminar, le tomé el gusto a mi ruta, hasta que un día comencé a agregar una cuadra más, y otra más, y otra más… fui a dar, para los que conocen San José, desde Pavas, por el aeropuerto, hasta Multiplaza Escazú, por la calle vieja. Y de regreso.

Lo malo de la ruta era que había demasiado peligro por los carros, así que comencé a variar por el lado de Sabana, cuando la calle de cemento estaba en construcción. Esa calle fue la mejor aliada para acelerar el paso y cambié de caminar, a trotar. Llevaba el iPod con música que me gustaba aunque no fuera del todo “rítmica” para el ejercicio, y así, sin darme cuenta, un día me encontré corriendo el bulevar de arriba a abajo. Los motivos de la tristeza inicial se habían esfumado y ya ni me acordaba por qué me había puesto triste.

Tanto me gustó correr que rápidamente los tennis viejos gritaron “no más”, y el regalo de Navidad de mi mamá fue un par de tennis para correr como se debe. Con ese par de tennis recibí el año nuevo, el 2010, el año en que jamás me imaginé que iba a hacer mi primera carrera de 10 kilómetros, y muchas más de distancias similares.

Cuando escucho que alguien se siente mal, o está triste, siempre le recomiendo que salga. Aunque no salga a correr, con que camine es suficiente. Es increíble pero paso a paso parece que uno va asimilando las soluciones, las circunstancias; de repente te sorprendés porque ibas distraído y te estabas perdiendo de los robles sabana, de un perro simpático que te topás de camino, en fin, de detalles que pueden ser bonitos compañeros de ruta. Y así se va pasando la tristeza: llegás a casa deseando comer algo bien rico, tomar agua, bañarte y volver a salir a disfrutar lo que queda del día.

Si a alguien le pasa lo que me pasó a mí, y lo que le pasó a Forrest, maravilloso: no hay que tener un motivo para comenzar a correr. Hay que correr por gusto. Y cuando se comienza a participar en pequeñas carreras, se descubren muchas emociones nuevas que generan más ganas de correr.

En el próximo post voy a relatar algunas de esas carreras de 10 kms que hice este año, comenzando por la más importante: la primera.

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Comments

  1. Q curioso, muchos comenzamos por el mismo motivo, huyendo de alguna tristeza tonta. A todos mis amigos corredores les he hecho la misma pregunta, como fue que te metiste en este mundo de locos corredores? Y todos responden lo mismo… Podría darse como una receta médica contra la tristeza, la muestra ya es grande y vos y yo somos el vivo ejemplo de ello :)

    Slds,

    Ek

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