Esos primeros 10 kilómetros


En abril de este año, el domingo 11, corrí mi primera carrera de 10 kilómetros: una ruta linda, atravesando San José de este a oeste. Según mis cálculos, corriendo en la banda, iba a hacer 50 minutos o menos. – Sí, sí, ríase, a mí también me da risa ahora. – Si algo aprendí después de esa carrera es que la banda y la calle son dos universos muy diferentes, y lo que sale bien de un lado no necesariamente se repite en el otro.

La noche antes alisté la licra, la camiseta, y la gorra que combinara con los tennis (luego les cuento de mi manía de correr “con colores coordinados“); y a la mañana siguiente con un mariposario en la panza me fui hasta la línea de salida. Para los ticos que leen el blog, salimos de la Pops de Curridabat, y la meta era en Sabana, por Dilusso.

Esperando firmar la participación. Y comiendo una barrita de gel.

Me llegó un olorcito a Cofal, muy sutil, y comencé a ver ese avispero que se forma cuando todos los corredores inician su calentamiento. Se siente en el aire la ansiedad, algo de estrés, y me di cuenta de que yo también tenía que estirar y comerme algo dulce antes de la salida.

Vino el primer error: el agua. No llevé nada de agua para tomar antes, y ese susto de no tener agua a la mano me comenzó a predisponer negativamente. La gente comenzó a colocarse en la salida, yo también, ahí chiquitilla en medio de cuerpos muy musculosos (y de buen ver, cómo no). Más olor a Cofal. El susto del banderazo. Persignarse. ¡A correr!

¡Salida! 10 kms nos esperaban.

Arranqué como el Correcaminos y luego de 100 metros volví a ver el monitor cardíaco: iba como loca. 180 pulsaciones no más saliendo. ¡Mal, todo mal! A los 400 metros pensé en que aparte del agua, debí haberme llevado el celular, porque quería una ambulancia que me sacara de ahí. Por dicha el iPod iba bien cargado y con Get the party started de Pink, logré sobrevivir el primer kilómetro y olvidar las ganas de subirme a la ambulancia.

Comencé a disfrutar el recorrido. Ya el Polar marcaba unas pulsaciones decentes, no me faltaba el aire, y cuando vi el puesto de asistencia con las bolsitas de agua me desboqué a buscarlas. Me tomé dos. Luego escuché a un señor que me dijo “mamita no tome mucha agua o le va a dar cólico“.

Llegamos a San José centro, y yo comencé a cuestionarme si de verdad tendría piernas suficientes para llegar hasta La Sabana. En el bulevar de la Avenida Central, unos gringuitos nos aplaudían y yo levanté las manos, como si fuera conmigo, y me sentí mejor.

Sobre la calle de cemento, paralela al Paseo Colón, vi venir una cuesta espantosa: logré ver a lo lejos que algunos la subían caminando; yo traté de hacer algo que desde entonces me funciona en las cuestas: ver hacia abajo. Ver el piso. Por más cortitos que fueran los pasos, no dejé de correr, viendo mi sombra en el asfalto y pidiéndole a Dios que faltara menos de lo que yo calculaba.

El tercer y último aire lo agarré por el Estadio Nacional, ya al ritmo de Juan Luis Guerra y Las Avispas. Sentía los cachetes hirviendo, y el sol ya estaba castigando al grupo. Nunca se me va a olvidar una muchacha que iba delante de mí; su novio/entrenador iba a la par, corriendo de espaldas, gritándole que no se rindiera, “zoque, póngale, qué le pasa, no puede aflojar ahora“, con un tono que me daba tanta rabia que decidí acelerar para no oírlo más. La muchacha iba igual que yo, casi fundida, pero yo agradecí no tener un tirano ladrándome órdenes a la par.

En el bulevar de Rohrmoser giramos a la izquierda, y ya en la calle ancha de Pavas se divisaba la meta: sinceramente ya no aguantaba más pero las ganas de llegar eran tantas, era tan poco el aire y estaban tan temblorosas mis piernas, que sólo le atribuyo a la mente el que lograra llegar a la meta.

Tiempo: 58 minutos. Nada mal para la primera carrera, pero como se aprecia en el gesto de la fotografía, estaba deshecha y lista para desmayarme. Agua, medalla, estiramiento, y satisfacción. “Ah, así se siente correr, entonces…”

...fundida... pero contenta, aunque no se nota.

 

Esa fue la primera de 10 medallas que me gané este año; obviamente son de participación, y nada más. Siempre que termino una carrera llamo a mi mamá y me pregunta: “¿Cómo te fue?” -yo le contesto -“¡muy bien, Ma!” y ella, con mucha más fe que yo, me dice -“¿En serio? ¿llegaste de primera?”-.

El ambiente previo, el súbito miedo a que se me saliera el corazón, la satisfacción de ver pasar los kilómetros y de ir tomando agua donde se podía, todo me pareció genial. Muchos señores mayores, que me pasaban veloces; las parejas, los que iban corriendo en grupo, toparme en la meta a mis amigos y colegas Luis López Rueda, Andrés Corrales, Gustavo Sánchez, todo me encantó. Luego de tomarme sin respirar una botella de agua, me puse a pensar que ya quería saber cuándo sería la próxima carrera.

Esta es la más especial porque fue la primera. De las demás, tengo fotos y relatos, y afortunadamente no salí con cara de “ya casi me muero”. Espero postearlas en estos días. Hoy no pude entrenar por dos poderosas razones: resfrío y lluvia. Mañana si amanece aunque sea nublado nada más, me voy a la Guácima.

Estamos a 339 días de la Maratón. : )

Advertisements

Comments

  1. Luis Eduardo Oreamuno Pérez says:

    Me hace recordar mi primer carrera que fué de 8 km (La prensa creo) luego otra de la CCSS y tercera la de Santa Ana 14 km. Esos agresores se vensiempr en ls carreras, algunos gritándoles a niños como me tocó ver en una an Juan:” soque marc… que ya falta poco” le gritaba un padre a su hijo de 12 años, claro el padre vijaba en moto …???. Felicidades ya cumplesun día menos que te hacerca a la meta. Ahh por cierto, buena estyrategia subir cuestas bajando la mirada, eso ayuda con el centro de gravedad.

  2. Muy entretenido tus anécdotas sobre el correr. Precisamente el día de hoy realizaré un recorrido importante y me daré cuenta si entro a una carrera.

    Vas a ver y ya casi estas en la maratón.

  3. Jajajaja, qué buen relato. Literalmente me ubiqué en cada uno de los tramos de la carrera. No afloje mamita!!! 58 minutos habiendo estimado 50 no es nada mal. Ya casi llega NY así que seguí a este buen paso que estás llevando hasta ahora.

  4. La Newton fue también mi 1er carrera, y la verdad fue una sensación de muerte lenta-lentísima-sobre todo de la Nissan hasta Antojitos, pero lo logré. En mi familia también siempre me preguntaban: de que llegó?…pero ya en la Candelaria, nadie me cuestionó, creo ya saben cual será la respuesta

    • Marianella Cordero says:

      Tenés razón, ese último tramo se me hizo eterno… ya uno por ahí por la Ave. Ctrl. sentía que era “posible” terminarla pero diay, era rudo el asunto. Me acuerdo que corrí rápido y que estaba muy preocupada de que no me pasara mucha gente. Ahora me importa más correr bien. Gracias por visitar el blog.

  5. Qué increíble, me maravillan como las vivencias de uno son las vivencias también de otros! Hace unos días le contaba a L. que aunque leí que siempre hay que mirar al frente, unos 20 metros delante, para que el cerebro le diga al cuerpo “allá tenés que ir!”, yo en las subidas miro para abajo, siempre. Si estoy sola, igual que vos, rogando que se haga más corto. Si estoy en carrera para no ver a los que caminan y pensar, “qué mas da!”. Sea por cualquiera de los dos motivos, lo hago y en general me funciona… Gracias por compartirlo!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: