… 15 KMS!


Para los que ya corren mucho, no es nada. Para mí fue todo.

Ayer a las 4 am sonó la alarma de mi reloj, para levantarme, alistarme y estar a las 4:50 en La Sabana, y salir con los ChiRunners a mi primer fondo. Interpreto el fondo como una prueba de resistencia, una manera de salirse del confort de la pista o la ruta regular de entrenamiento. No sé cuántos éramos. Algunos salieron desde la Sabana, para hacer 30 kms. Otros a lo largo del recorrido iban comenzando sus 23, 18 o 13 kms. Me tocó en este último grupo. Un autobús nos va dejando en cada punto de salida.

El recorrido iba más o menos así: La Sabana, Bulevar Pavas, Embajada Americana, calle ancha de Pavas, La Salle, calle vieja a Escazú, Guachipelín, Lindora, Santa Ana, Ciudad Colón… (cansa con solo leerlo, ¿verdad?) Me tocaba salir desde la Cruz Roja de Santa Ana; no pensé mucho en la meta porque ya sospechaba que iría detrás de todo mundo, siguiéndolos nada más.

Pero el punto de salida fue otro; una muchacha le dijo al señor del bus que nos llevaba que tenía que comenzar por Lindora. Ahí nos bajamos, y ahí comenzó mi fondo.

Saliendo no más otra vez me dolió todo. Hay varios ascensos y la “rala” que a veces vive en mí sintió que las pantorrillas le pesaban 50 libras cada una. Me dolían mucho. Luego llegué a la pista, seguí subiendo, a pasos muy cortos y muy malos, pasé el puente y nada: igual me dolía. Al acercarme a la Cruz Roja me pasaron varios de los que ya habían comenzado el recorrido desde la Salle. “¡Vamos, vamos!” me decían, y bueno, yo fui. Fui con una sensación de “fundida” pero fui. Luego me pasó el entrenador, que hizo el recorrido desde La Sabana. Admiro a Alvaro no solamente por su condición física sino porque corre sonriendo, y me dijo “¡muy bien, siga braceando!“.

En la Cruz Roja, giramos a la izquierda para hacer un circuito en Santa Ana centro. Me costó mucho terminar de subir, y no fue sino hasta que ya iba saliendo de Santa Ana y entrando a Piedades que llegué a un estado como de confort. No sé explicarlo, pero el dolor se había ido, mi cuerpo estaba habituado al calor, y gracias a la asistencia que nos dieron (bolsitas de agua e hidratante) sentí que la “rala” se había ido. ¡Fuera rala, fuera!

Casi nunca paso por Piedades, ni Ciudad Colón. Así que básicamente yo estaba “conociendo”, no tenía idea de a dónde terminaba el fondo, pero a lo Forrest, seguí. Me sentí mejor, pude correr a un paso más alegre y menos sufrido, y llegué a un punto en el que “¿faltará mucho?” dejó de darme vueltas en la cabeza.  Pararía hasta ver el bus.

El hasta dónde llegamos o por dónde pasamos lo tengo un poco borroso, yo sólo sé que subimos varias cuestas, hubo varios descensos también, pasamos una Iglesia,… ¡y ahí venía Alvaro de vuelta! “Vaya tranquilita, no pierda el braceo, le quedan dos kilómetros”. ¿Cómo que dos? … bueno, si faltan dos, faltan dos, corrí un poco más fuerte y después de una subidita vi el bus y a todos los que obviamente habían llegado antes que yo.

No sé si fui la última, ni me importa. Yo sé que llegué y no me sentí mal. Ya no me dolía nada, no estaba con ganas de llorar como al principio, terminé bastante bien, despeinada y sudada, con una sonrisota grande.

¿Cuánto corrí? le pregunté a Alvaro.  “¿Dónde se bajó?”- me preguntó. Yo me bajé en el Saint Jude, y luego hice el circuito de Santa Ana, y seguí. “Entonces corriste 15 kilómetros” me dijo.

Quince. ¿QUINCE? ¡Quince! Con razón. Nunca me voy a olvidar de la sensación de sorpresa y de satisfacción que me dio ese número: 15. Lo más que había corrido en mi vida eran 13. En un fondo duro, en una ruta desconocida, logré superar por dos kilómetros mi máxima distancia. ¡Quince!

De regreso, iba en el bus conversando con Adrián, un muchacho que justo el año pasado corrió la maratón de NY. Me estaba contando cómo le fue, y por qué le gustó más correr la Maratón de Chicago que la de NY. Yo iba todavía diciéndome en la cabeza: “¿¿quince??”.

Adrián sacó su merienda, y amablemente la compartió conmigo: una manzana partida a la mitad. Me regaló una mitad, y me encantó terminar el primer fondo comiendo media manzana… comérmela completa requiere un trabajo enorme, pero este sábado, corrí la tercera parte de lo que tendré que correr en noviembre.

¿¿¿¿¿¿QUINCE?????? ¡¡¡Estoy tan feliz!!!!!

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Comments

  1. Hola Nela, yo sigo tus publicaciones desde Arco y Flecha, pero este me llama más! Me gusta leer tu blog porque aunque no corro y no planeo hacerlo en un futuro inmediato, me gusta como todo el compromiso y los cambios en tu estilo de vida son aplicables como ejemplo en todas las áreas de la vida! Y felicidades por esos 15 kms ; entiendo tu sentir pues celebrar victorias como esta son las que nos dan más cuerda para seguir nuestro camino!
    Saludos,
    Luis Carlos

    • Marianella Cordero says:

      La verdad es que el pobre Arco y Flecha está abandonadillo por esta manzana… pero gracias por leer! Sinceramente he comenzado a ver algunos cambios que jamás pensé ver en mí. No se trata de ser musculosa ni flaca como los kenyanos, más bien… levantarse temprano, comer super bien, o bueno, ayer pegué un organizador en la pared del cuarto para repartir los tiempos de entrenamiento, el trabajo, gimnasio… cuándo yo haciendo eso! Nunca. Eso es lo que me aporta la maratón ahora. Ya vendrá el momento de correrla, pero desde ahora me ha cambiado. Yo que odiaba las actividades en grupo, ahora me encanta ir y estar con los ChiRunners… verlos, saber que todos son mejores que yo, que cada uno es mejor y sabe más, y que si le pongo, podré ser como ellos. Eso es lindo. Es lo mejor de correr.
      Gracias por leer. : )

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