Buscando visa para un sueño (o ¿para qué ir tan largo?)


No todas las personas que comienzan la aventura de correr quieren hacer una maratón. A la mayoría nos gusta la emoción de las carreritas de fin de semana, donde cada vez son más las caras conocidas y disfrutamos retos de 8 ó 10 kilómetros.

Pero siempre hay excepciones, y muchos también sueñan con la emoción de correr una maratón fuera de Costa Rica, dado que por muchas razones que no vamos a desgranar aquí, en nuestro país hay pocas, poquísimas oportunidades al año de hacer 42 kilómetros.

Arriba: Berlín, Disney. Abajo: Roma, París. ¿Quién no quisiera correr allí?

Conforme te vas metiendo en esto de correr, escuchás los nombres de los destinos y su fama: Maratón de Miami. Maratón de Disney. Maratón de Buenos Aires. Maratón de París. Barcelona. Berlín. Santiago. Chicago. Nueva York. La primera referencia que uno tiene de todos esos lugares es turística, pero luego te vas enterando de cuál es la maratón más bonita, la más concurrida, la más organizada, la ruta más plana, la más rápida, según la experiencia de cada quien.

Evidentemente no podré hacer comparaciones hasta que vaya a NY, pero dicen los que saben que quien ha corrido en Costa Rica largas distancias, puede correr bastante bien fuera del país. Que la organización suele ser mucho mejor, también es mejor el estado de las vías, en fin, que todas las condiciones son idóneas y que además, el hecho de estar en esa ciudad que tanto te gusta te motiva más y te crea una experiencia inolvidable.

Yo me enamoré de la idea de correr en NY porque la ciudad me fascina, porque Edison Peña corrió y llegó, como también lo hizo Oprah, Lance, y millones de personas más. Porque es una de las World Major Marathons (los cinco maratones más importantes del mundo junto con Londres, Chicago, Boston, y Berlín). Porque hay 42 mil corredores detienen el tránsito de la ciudad que no duerme, y dos millones de neoyorquinos se vuelcan sobre las calles para apoyarlos… y cuando veo las imágenes de ese hormiguero humano recorriendo el puente Verrazano, se me corta el aliento.

Este fin de semana la noticia fue la maratón de Berlín: nuestra Gabriela Traña corrió con un excelente tiempo logrando su marca para clasificar a las olimpiadas e imponiendo un nuevo record centroamericano. Adriana Rosales, de mi grupo de los ChiRunners, una vez más voló y completó la maratón en 3 horas 20 (es una maravilla verla correr) y además, el keniano Patrick Makau impuso un nuevo récord mundial con un tiempo de 2 horas 3 minutos y 38 segundos. No fue una buena carrera para Gebreselassie, el campeón que se tuvo que retirar de la carrera, ni para Paula Radcliffe, que llegó de tercera.

Y esa es otra belleza de correr maratón fuera del país: vas a correr detrás de los mejores. A ver: ¿uno puede jugar futbol en la misma cancha con Messi? ¿Se puede tirar a la misma piscina que Phelps? ¿Puede pagar por un partido de béis con Sammy Sossa? Lo dudo. Pero en una maratón cabemos todos. Ahí van de primeros los mejores del mundo, los que harán titulares en los periódicos, y uno va detrás de ellos, con otros 40 mil desconocidos. Correremos la misma ruta, en la misma ciudad, al mismo tiempo, el mismo día. ¡Qué emocionante! Y hasta hay chance de conocerlos el día antes, en la expo.

También podés recordar y contarle a nietos, amigos o sobrinos “yo corrí en Berlín cuando Makau hizo el récord del 2011”. “Yo corrí el mismo año en el que Kastor ganó Chicago”. Es como estar cerca de la historia, del heroísmo – ajeno, pero heroísmo al fin- . Y bueno, correr detrás de ellos no deja de ser emocionante, aun cuando uno llegue horas después de que ellos ya pasaron por el podio.

He visto personas comenzar a correr sin una meta específica, y le agarran el gusto. Eligen su primera carrera de 5 kilómetros. Luego hacen sus primeros 10 y ven con orgullo su medalla. Alguien les dice “ya podés correr media maratón”. Entrenan fuerte, y lo logran: 21 kilómetros. Y tal vez no se lo han dicho a nadie pero ya están acariciando la idea de correr maratón y de paso irse de vacaciones.

Creo que cuando uno elige una maratón en otro país compromete más el entrenamiento. No corrés o entrenás solamente porque sí, sino que te ilusionás el doble: el viaje, el paseo, dónde quedarse, quién más va con vos, en fin… De nuevo, sos como un chiquillo, cuando soñaba con algo que iba a pasar, con un regalo que iba a llegar, con la diferencia de que el regalo te lo das vos entrenando para ese día.

Si ya los picó el gusanito de la “corredera”, los invito a que busquen en internet fotos de maratones. Aquí pongo algunas… más que fotos, son invitaciones a soñar. Ahorrando y entrenando se puede. Hay agencias de viajes que te hacen la reservación y te inscriben en la carrera. Pero lo más importante sigue siendo el que lleva puestas las tennis: UNO. Y todo lo que hace que valga la pena subirse al avión para correr 42 kilómetros.

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Comments

  1. Ana Gabriela Rodríguez says:

    Ya me puso a soñar!!! Gracias por que leer lo que escribe me inspira y me hace desear salir en este instante a correr! =)

  2. Me gustó esa parte, y uno como “mejenguero” tambien hace grande a los ganadores. Me superaron a mi, por eso se sienten tan salsa !! Yo voy a miami a tirarme la media en enero. Aun no he decidido hacer Maraton.

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