Palmares: un pueblo para hacer columpios


Todo lo que dijeron de la carrera era cierto, pero faltó lo más importante: decir que al finalizarla, uno se siente sumamente satisfecho y feliz de no habérsela perdido.

Decidí irme en bus, al suave, tranquila. Salí de mi casa temprano – dice mi vecino que cuando me vio por la ventana parecía Dora la Exploradora, con la mochila y en tennis -. Bus de San Isidro a Heredia, de Heredia a San José, y de San José a Palmares. Sin prisa.

Ya que iba un poco predispuesta por el asunto de las cuestas y el recorrido, decidí que iba a disfrutar el paseo. Nadie me obligaba a correr, iba por gusto, ¡hasta por curiosidad!, y el día estaba tan lindo que no había más remedio que sacarle el jugo.

En el bus me tomé una botellota de Gatorade; ya había hecho un desayuno ligero y también un almuerzo ligero. Andaba de merienda una bolsita de semillas, una manzana y unas frutas picadas. Hasta me quedé dormida en el trayecto, y cuando llegamos eran las doce pasadas. La carrera estaba programada para las 3 pm.

Sol, a todo lo que daba, pero con una brisa muy refrescante. No me molesta tanto correr con calor como correr con frío, pero de nuevo esta era la temida Palmarín: no quería quedar fundida. Comenzaba a llegar gente al área de salida. Corredores de San José, algunas caras conocidas que uno ve en las carreras de “Chepe”, pero muchísima gente de Palmares, Grecia, y San Ramón.

Escuchándolos hablar de la carrera, me di cuenta de varias cosas: casi todos eran reincidentes – esta era la cuarta o quinta vez que corrían -. Unos entrenan todo el año sólo para esta carrera; otros que no entrenan nunca, se animan a ponerse las tenis “sólo por hoy” y cierran las fiestas corriendo.

En un santiamén, estaba lleno el campo y la gente comenzó a calentar. Nos ubicaron a la salida según el pace. Yo me ubiqué con los de 6:00 por kilómetro, o más, pero al final con la emoción de la salida nos hicimos todos un puño.

Le di “start” al Garmin y me encomendé a Dios. “Vamos a ver qué es la cosa con los columpios“.

Los primeros dos o tres kilómetros tienen sube y baja normales, no muy pronunciados, pero ya antes de los 5 kms había pasado al menos dos cuestas fuertes. Cuando digo fuertes, quiero decir que cuando ves hacia adelante, ves la cuesta y a los corredores, como hormigas, subiéndola. A bracear.

El braceo fue tal vez la primera cosa que me salió bien en esta carrera. Se siente muchísimo la diferencia entre subir sin bracear fuerte, y hacerlo con ganas. Me sorprendió ver que mi pace no bajó mientras subía la cuesta. “Tal vez el trabajo del gimnasio me haya servido, y no estoy tan débil“.

Pero qué pasa… que en esta ruta, terminás de subir una cuesta, doblás la esquina pensando que sigue un plano, y no: viene otra peor. Y luego otra peor. Y sigue otra peor que las anteriores.

No mintieron los que dijeron que los palmareños apoyan a los corredores. “Vamos muchacha, póngale, suba suba,…”  gritaban muchas señoras que salieron a la calle, con mangueras, a rociarnos la cabeza. Que Dios se los pague, de verdad. ¡Qué rica agua!

A los 7 kms comencé a sentir que la cosa estaba poniéndose pesada. El sol, que a veces teníamos de frente y a veces a las espaldas, estaba pegando fuerte y eso siempre agota. Pero mantuve el pace, y sin dolor de piernas seguí metalizada en no parar, aunque la cuesta se pusiera cada vez más fea.

Reconozco que cada vez que doblaba la esquina y veía otra cuesta, se me salía alguna palabrota. Y hubo una cuesta tan, pero tan marcada, tanto, que dije en voz alta “¡diay pero qué, me están vacilando!“.

¡Recomendado! El Correr Chi

Ahí apliqué una técnica que leí en el libro de “El correr Chi“, que sirve para ascensos muy fuertes: se trata de subir como de lado, poniendo los pies uno a la par  del otro, pero con el cuerpo ladeado. Cuando leí eso en el libro, no me imaginé que fuera tan efectivo… pero en serio, sirvió, y de qué manera. Subí fuerte las cuestas y las terminaba más rápido que corriendo de frente.

“La Cocaleca”, “La ForyFay”, son nombres de partes del recorrido que jamás se me van a olvidar. Hasta pasamos por un puente angostísimo, lleno de barro, donde había un grupo de muchachos enfiestados haciendo barra. Olía a cerveza ese tramo.

Para no cansarlos como me cansé yo, gracias a una bolsa de gomitas, un gel energético, unas 12 bolsitas de agua y 6 manguerazos, más los incontables aplausos de los palmareños, terminé los 13.5 kilómetros con una gran sonrisa. Agotada pero feliz.

Con George Grant, maratonista, cinéfilo. Gracias por los tips para disfrutar la carrera.

Por supuesto que no hice un tiempazo. Tardé hora y media recorriendo los 13.5 kms. Antes de que iniciara la carrera, conversé con mi amigo George Grant, y con Zulay Carvajal – quien quedó de segunda- ; ambos me quitaron el miedo a la carrera y me dijeron algo muy cierto: “viniste a disfrutar, corré tranquila y disfrutá el paisaje”.

Así es: Palmarín es una carrera llena de cuestas, columpios fuertes y cansones, pero conocí lugares lindos, barrios, gente, el atardecer le puso muchos colores a la ruta y creo que disfruté mucho el recorrido. Por ejemplo, esa visión de los corredores, con sus camisas de colores, subiendo una cuesta, como hormiguitas, es verdaderamente inspiradora. “Si ellos suben, yo subo. Aquí vamos todos.”

Al final repartían chop suey pero la fila era muy larga, así que me fui al campo ferial y me compré un choripan en la parrillada Martín Fierro. ¡Sabroso!

Al regreso en el bus, tuve el honor de venir conversando con don Ahmed, de 80 y tantos años, corredor veterano y contador de historias. ¡80 años, cientos de carreras, y también había sido su primera Palmarín!

A los que como yo le tienen miedo a las cuestas, ojo que se los dice la más miedosa de las miedosas: no se pierdan la oportunidad de correr Palmarín. ¡Divertida! No sé cómo explicarlo, pero el desafío de lograrlo vale la pena y se van a sentir muy bien. Si uno ha entrenado, ha fortalecido los músculos en el gimnasio y se ha hidratado correctamente, hará esa ruta con una gran sonrisa y regresará a San José cansado pero contento.

Esta carrera vale la pena repetirla. ¿2013, entonces?

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Comments

  1. rebeca alvarafo says:

    Felicidades Nela.. yo acabo de iniciar esto de la corrida, con costos troto… no se como haces ojala pueda hacer la Palmarin algun dia!!!

    • Marianella Cordero says:

      Entrene, entrene, entrene. Un kilómetro que corra mañana le sirve para Palmarín 2013. El beneficio es acumulativo. :D

  2. Melissa flores says:

    SI 2013 !!!

  3. Que éxito Nela, yo le grite cuando iba entrando y cerró con todo en los últimos metros, ya todas mis amigas runners te conocen, a veces nos emocionamos hasta las lagrimas porque nos sentimos tan identificadas!! Palmarín, ufff que dura, pero ambientazo correr a un costado del campo ferial cuando sale la carrera y conocer el pueblo, la gente, las mangueras, las señoras…!! Inspirador y a seguír corriendo, también levantar los talones! jeje. Un abrazo.

    • Marianella Cordero says:

      Ay yo escuché alguien que gritaba pero uno no se imagina nunca que sea con uno… porque todo mundo viene fundido…! Ambientazo, lindísimo. Quedé encantada y si supiera andar en bici me tiraría ese mismo ride en cleta! GRACIAS!

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