¡Despierten, que llegó el Gallo!



Dax, tuanis.

Esta es una carta, que no siento que la firmo sólo yo, sino muchos que cada vez que lo vemos subirse a la bici nos quedamos sin palabras.

Si uno lo analiza bien, 2003 no fue hace tanto tiempo. Nueve años nada más. Del dolor de un accidente a esto: tener lista la maleta para ir a los Juegos Paralímpicos. Muchos hubieran pensado que era una meta demasiado alta, pero lo importante es que usted nunca la vio inalcanzable. Qué carga.

Y en el camino le habrán dicho de todo: cabezón, necio,… “obsesionado” Lo sé, uno es así – ¡cancerianos al fin y al cabo!- Uno deja todo listo el día antes, tiene todo medido. Le apuesto a que su maleta para Londres, los papeles y todo, todo,  lo tiene listo desde la semana pasada. Sabe cuántos guantes lleva, tiene un check list. Todo en su lugar.

A mí, por el cariño que le tengo a usted y a su familia, me cuesta mucho verlo en términos “paralímpicos“. Digamos, es que nunca ni siquiera lo he visto caminar raro. No me acuerdo si fue la pierna derecha o la izquierda, ¿me entiende? Yo lo veo tan absolutamente normal, que me cuesta acostumbrarme a la idea de que son otros Juegos, no los de Bolt, Phelps o Pistorius. Todo en usted es normal. No veo nada distinto. Pero déjeme decirle lo que usted  sí tiene de “anormal”.

Tiene una esposa “anormal”  a la que el Pisuicas no se le atravesaría porque no saldría vivo. Punto. La fuerza de esa mujer, imponente y dulce como es, de alguna manera se traspasa hacia sus venas y por extraño fenómeno, el corazón de Adriana también va a sus mismas pulsaciones. Tener ese corazón de “back up” yo hasta lo consideraría doping, jaja, pero no. Es amor y más que eso, lealtad. Una fórmula que todo mundo quiere pero no abunda.

También tiene un equipo de gente que lo respeta, no por ser “el jefe “sino porque usted hace lo que dice. Usted es consecuente. Quisiera pensar que me parezco a usted en eso. Uno no dice “ay qué ganas de…”. No. Uno quiere algo, va, lo hace. Eso es de admirar, Dax. No sé si estar a las puertas de sus primeros Juegos Paralímpicos sea producto de la paciencia, el entrenamiento, la testarudez, o las tres cosas juntas, pero lo que yo admiro es que usted jamás perdió de vista la meta. Siempre supo lo que quería. Casi lo puedo ver: nosotros comiendo las tortillas y la repostería de Pipa, y usted con el plato perfectamente calibrado de carbos, vegetales y proteínas. Y no este año… ¡desde el año pasado!

Si lo pensamos bien, usted y Laurens Molina comenzaron hace mucho sus Juegos Olímpicos. La competencia es con uno mismo. Supongo que a veces le da pereza, pero no cede. Supongo que es desmotivante ver que los Paralímpicos no son transmitidos o cubiertos por la prensa a nivel masivo. Y también supongo que ya eso no importa.

El Gallo va para Londres. Los gallos tienen una misión de despertar a la gente. No sé si le ha pasado, está uno bien dormido en algún lugar bien apartado y le resuena, a la par de la ventana ojalá, el canto estereofónico, potente de un gallo. Uno se pone la almohada en la cabeza y qué va. Apenas está volviendo el sueño y canta otra vez. El gallo anda despertando a la gente, para que no les agarre tarde. Usted nos canta muy fuerte en la cabeza: “MUÉVANSE”. Uno se tapa los oídos, y nada: se oye igual de fuerte. Se oye hasta en la Ruta de los Conquistadores, y no es un canto, es un grito de un Gallo que nos dice a todos “usted qué está esperando”.

Los cancerianos tenemos muchos defectos – Adriana, ¡porfa, no los enumere! – pero esa testarudez, esa claridad en las metas, ese ponerle el estómago y el alma a todo es tal vez lo que nos salva la tanda. No le voy a decir que vaya y disfrute, no no: vaya exíjase, sude, sienta el ácido y que se oiga el canto del Gallo hasta Costa Rica, donde nos sigue despertando la actitud todos los días.

Nunca he conocido una persona tan “agradecida” con un accidente. Eso no lo entiendo y todos los que andamos sobre nuestros dos pies nos sentimos confundidos con gente tan positiva. ¿Se acuerda que usted dijo que desde el hospital, usted veía las montañas y lo que deseaba era subirse a la bici para entrenar? Bueno: de parte de todos los que lo admiramos a usted, ahí está su montaña: no es San Isidro ni San Rafael:  queda en Londres. Hágase grande, Gallo. Déjenos sordos.

Con toda mi admiración, que le vaya muy, muy bien.

Marianella Cordero (bautizada por su esposa como la Mula)

Dax Jaikel tiene 36 años. Perdió una pierna en un accidente de tránsito en 2003, mientras entrenaba en su bicicleta. Ya para 2004, con su prótesis, corrió la Ruta de los Conquistadores. Desde entonces no ha dejado de entrenar con su equipo 7 Capitals. Ha participado en la Ruta Quetzal, Campeonatos Nacionales e Internacionales.  Es casado con la periodista Adriana Quesada y tiene una hija llamada Thea.  Y le dicen Gallo.

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Comments

  1. Adriana Quesada says:

    te amo mula…y lloro..y sigo llorando…

  2. Adriana Quesada says:

  3. Allan Zamora Bolanos says:

    Definitivamente solo los luchadores pueden lograr este tipo de cosas… Adelante y a conquistar Londres, No afloje… Pura vida…

  4. Me encantó!!! Sin palabras solo desearle lo mejor de lo mejor al Gallo y a Nana en esta nueva etapa y que Dios me los acompañe y me los cuide. Miles de éxitos

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