El aquí, y el ahora.


Y entonces faltan 2 semanas para volver a correr una maratón. Y en NY.

No entiendo por qué este año ha sido tan distinta la espera. Se me ha hecho eterno. Creo que apenas terminé el fondo en Orosi supe que ya quería irme. Es como un gran silencio que se hace entre ese día y el día que me vaya. Y a mí me parece que hay silencios incómodos. Este lo ha sido.

Mientras tanto, muchas cosas se van acomodando en esta casa. Emocionalmente. Laboralmente. Si alguien ha seguido este blog pensando que puedo hablar siempre de pace, de ejercicios, de kilómetros, se habrá dado cuenta de que para mí correr es mucho más que un deporte. Este año, por ejemplo, no hice tantos fondos como el año pasado que estaba tan preocupada por todo. Este año he tratado de hacer algo que nos enseña el profe, algo que se llama vivir el momento, estar aquí, ahora. Vivir cada fondo y cada carrera, estar ahí y no andar ni en el futuro ni deseando que se acabe, ni pensando que me duele o si me va a doler, sencillamente estando en el momento y aprendiendo, viviendo.

Para una persona tan ansiosa e impaciente como yo eso ha sido una enorme lección de vida. Hoy es 22 de octubre, no puedo acelerar el tiempo, no puedo brincarme las distancias ni los minutos, el avión no me está esperando. Tener la maleta lista no sirve de nada.

Este año siento que he mejorado en muchas cosas. Mi pace probablemente vaya a ser mejorcito que el año pasado; no tendré tanto dolor después de los 30 kilómetros – eso lo sé, sencillamente lo sé -. No tengo esa inseguridad de “cuánto frío hará”, “qué voy a comer”, o “cómo me voy a sentir”. Hay muchas cosas que son conocidas ahora y eso me quita un gran peso de encima.

Sin embargo yo no soy la misma persona que fue el año pasado a NY. Soy muy diferente. Me siento mejor preparada más que para correr, para vivir cada momento sin miedo.

Hay cosas que se anticipan mucho y por eso cuesta disfrutarlas. Yo no quiero que eso me pase. Tengo que aprender a saborear el momento.

Justo antier fuimos a correr a un lugar donde uno aprende el valor de vivir el ahora: Rancho Redondo, el mismo lugar donde hice mi primer fondo con los Chi Runners hace casi dos años.

Hicimos un circuito alrededor de los viveros. Apenas uno se baja del carro siente el frío, el olor a boñiga, a campo. Comenzamos a correr entre barro, piedras, troncos, vacas, charcos, y ¡más barro!, pero lo bonito es que tenés a la par a los amigos y allá, al fondo, este paisaje. Para mí, se llama ahora. Hoy. Aquí.

Las fotografías que siguen son de mi compañera del grupo, Lucía Castro, que aparte de ser una gran corredora, tiene este talento que compartió con el grupo. ¿Parecemos niños? Somos niños, corriendo en Rancho Redondo. Yo iba detrás y los alcancé un momento… me esperaron. Nos reímos, seguimos. Corrimos conversando. Y entendí que ese momento fue tan perfecto y tan maravilloso que me alegro de haber corrido pensando en Rancho redondo y no en Nueva York.

Gracias Lu, por las fotos. :)

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