No es correr por correr


He tenido un eterno enamoramiento con Italia. Culpa de mi mamá, que estuvo a punto de cruzar el charco y hacer vida allá, y que cultivó un amor por ese país de la mano de su profesora Teresita Rímolo.

La historia es larga – no la voy a contar completa, tranquilos -. En 2007 celebré mis 30 viajando sola, un mes, sin más que un mapa y una libreta de direcciones de desconocidos, a la bota del Mediterráneo. Los días más calientes del verano, la emoción de entrar al Coliseo, sentirlo, olerlo como si hubiéramos estado juntos hace siglos… practicar mi entonces pobre italiano y asombrarme a cada paso con la ciudad eterna. Regresé ese mismo año, en noviembre, cuando gané una beca de la Dante Alighieri, y han pasado ya 5 años de extrañar los gelatos, la pasta, la intensidad de los italianos discutiendo con vehemencia en la calle, ¡todo, todo lo extraño y todo lo disfruté tanto…!

En 2007 no corría, como decimos, ni las cortinas. ¡Nada! Caminé Italia de arriba a abajo con unos crocs espantosos, pero ni pensaba en correr. El año pasado me pregunté “¿habrá una maratón en Roma?” y sí, la había y sin darle mucha cabeza me inscribí.

Y ahora estoy a dos meses y medio de recorrer esas calles adoquinadas, de pasar a un lado de la Fontana di Trevi no tomando fotos sino corriendo. ¡Corriendo!

La maratón de Roma no es la más concurrida, ni la más famosa, ni tampoco la más entusiasta del mundo. Aquí no están las multitudes neoyorquinas gritándote que no parés, que ya casi llegás. El recorrido es rudo. De hecho, aunque pasés por el Vaticano y por tantos sitios hermosos, correr sobre adoquines es pesado. Pero es Roma. La maratón comienza y termina en el Coliseo, para qué decir más. Los eternos enamorados del Imperio sencillamente nos sentimos fascinados con el hecho de estar un poquito más cerca del César, de los gladiadores, de la historia.

La maratón de Roma es categoría Gold Race según la IAAF, es decir, para los corredores élite representa una de las carreras más importantes. Para mí, que no soy ni élite ni lo seré jamás, representa regresar a una ciudad donde viví los mejores días de un verano italiano, sola, caminando como si recordara una vida anterior. No exagero.

roma2Pomencé a leer varios libros: retomé Imperium de Robert Harris; y este “Roma: de la República al Imperio“, que me tiene atrapada. Hay que saber por qué calles estás corriendo, digo yo.

Para acabar de hacerla, los productores del maravilloso documental “The Spirit of the Marathon”, rodaron el año pasado la segunda parte justo ahí, en la maratón de Roma. El estreno no ha sido programado todavía, no han terminado la edición, pero díganme si viendo esto no sienten un deseo de correr hasta allá, en esa ciudad eterna… yo cuento los días, y dado que tengo tanto kilometraje acumulado desde noviembre, el corazón se me acelera mucho mucho más.

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