El que menos corre… ¡alcanza a la número 55! (y ve un venado)


Este fin de semana corrimos en la primera edición de la Delta Liberia Race, que fue una carrera de beneficencia dedicada a una escuelita de Liberia que se llama La Artola. Esa escuela quedó en muy malas condiciones después del terremoto del año pasado, y gracias a 500 fiebres de correr, se les pudo dar una gran ayuda económica.

Correr en Tamarindo, sí. ¿Pero en Liberia? Nunca. Honestamente, me imaginé un recorrido super plano, más que simple. 10 kms de una finca hacia el Aeropuerto Daniel Oduber. Y a las 4:30 pm. ¿Qué sonaba difícil? ¡Nada! Solo llegar a Liberia y salir de allá.

Lo bonito de las primeras ediciones es que un nunca sabe qué va a pasar ni qué se va a encontrar. Tuvimos que ser trasladados del Aeropuerto al punto de salida en una finca…entre potreros. A mí, desde el autobús, me parecía muy “trail” el asunto, pero la verdad es que el paisaje era… era… es que es Guanacaste! Potreros, zacate seco, árboles tostados por el verano y muchas vacas… a lo lejos el perfil de la cordillera, y un sol delicioso cayendo. ¡Qué rico no estar en “Chepe”!

Hasta que el bus tuvo que detenerse: no podía pasar un puentecito con tanta gente a bordo, entonces nos bajamos para cruzar. En ese momento, tan rápido como se puedan imaginar, un sonido de hojas secas entre el zacate, precedió al paso de un venado cola blanca… de un potrero al otro, cruzó la calle frente a nosotros y se fue…! Parece un detalle sin importancia, hasta que uno cae en cuenta de que no ve venados cola blanca a diario y que fue una sorpresa que nos estaba diciendo “se salieron de sus rutinas, gente, disfruten”. Dejé de preocuparme por la calle de lastre y mis tennis no apropiadas. Ya estamos aquí en medio de potreros. ¡Dejate sorprender, muchacha!

¡La belleza de trayecto!

¡La belleza de trayecto!

En la finca nos acomodamos,… el último grupo de corredores se atrasó un poco pero hizo una inolvidable entrada en un camión ganadero. Chiflidos, vacilón, y ¡salida! Vamos a correr 10 kms.

Comencé a un paso normal, hasta diría yo que no muy bueno. Me quedé rezagadilla. No me preocupé porque siempre me pasa igual, hasta al rato agarro aire y entro en calor para acelerar una pizquita. El iPod se me descompuso y aunque no me lo crean, prácticamente me sonó la misma canción durante los 10 kms. ¡Gracias por su Poker face, Lady Gaga!

Conforme pasaban los kilómetros comencé a avanzar, pasar algunas personas, seguíamos sobre lastre, arenilla suelta,… ¡y un ventolero que no les cuento! Pero entonces, viendo el Garmin, noté que estaba apurando el paso, sintiéndome mejor… mejor,…. mejor… menos calor, más controlada la respiración.

Cuando salimos a la calle principal ya solo faltaban 2 ó 3 kms… ¡se me había hecho muy corto! ¡Y qué rico ir por la pista corriendo…! – Con tránsito controlado, por supuesto  -. Un atardecer precioso, de colores magenta, estaba dibujado en el cielo. Solo en Guanacaste.

Curiosamente ya en esa recta se hizo evidente un ligero “pique” que nos traíamos una muchacha y yo.

A ver.

Nunca he sido de piques porque soy una lerda. No soy rápida, jamás lo he sido, pero esta muchacha y yo teníamos unos 4 kms de venir como a la par: a ratos, ella me pasaba, o yo le pasaba,… no sé. Como que sin querer queriendo una “jalaba” a la otra, pero no nos perdíamos de vista. Yo sólo veía una cola con una liga blanca y pensé, “diay, me le voy a pegar a ella”.

Pero en la recta final ya me tenía fundida. ¡Sí, usted, la número 55 me traía fundida! Trote similar, braceo similar, respiración similar… yo me dije “Nela, ya, deje que ella siga, deje que le pase” pero al mismo tiempo la seguía, o ella a mí, yo no sé explicarlo, solo sé que a 300 mts de la meta vi que veníamos a un pace absurdo…. ¡de 5.10! ¡Me estaba fundiendo a lo loco! Yo jamás corro tan rápido.

Entonces, arriesgando a que me mandara al carajo o que no me hiciera caso, le dije con respiración entrecortada:

“…¡Vea, usted me trae fundida hace rato, hagamos que valga, cerremos fuerte! ¡dele! ¡dele”

Y para qué se lo dije.

Esa mujer arrancó como el hot wheels del infierno y yo me fui a la par.

A todo esto no le había visto la cara ni el número, pero sentí que se rió conmigo y entramos chillando llantas al mismo tiempo. En la taranta de la meta, se me perdió de vista.

Mi tiempo oficial fue  1:07:05; en 10.6 kms.

Pero ojo como fueron bajando los laps:

splits

El km11 a 5.16  (los últimos 600 mts con pique!)

Quiere decir que por fin estoy aprendiendo a ir de menos a más, sin comenzar como un cachiflín y fundirme. Eso no tiene gracia. ¡Lo que tuvo gracia fue cerrar a un pace de 5.10 y con aire…!

Por primera vez entiendo lo de ir de menos a más, y puedo sostenerlo más o menos por 10 kms. Quién sabe cuánto me va a costar hacerlo por más tiempo, pero ya es un avance.

En la meta nos recibieron los chiquitos de la escuela La Artola. ¡Qué premio tan lindo!

Al rato de andar vacilando con la medalla al pecho, vi la cola con liga blanca: le dije “¿Usted es… la de ahora?” Y con solo la risilla lo supe. ¡Esa era! La #55. La abracé y le agradecí el reto, “Muchacha… sin usted yo jamás hubiera cerrado tan rápido”. 

bibSegún la lista de finalistas y el orden de llegada, creo que se llama Natalia. ¡Gracias infinitas Natalia! A veces, ponerse un poco competitivo sirve para salirse de la zona de confort y exigirse más, y sin ese pique no lo hubiera hecho yo jamás.

Nos despedimos de Liberia bajo una luna que nos dejó a todos enamorados. De algo, de alguien, de la vida.

Curiosamente, por haberme inscrito de primera, corrí con el número 1, algo totalmente inmerecido porque siempre le toca a los que sí son corredores profesionales. Me quité el número y la medalla, despidiéndome de las carreras de 10 kilómetros por esta temporada porque ahora comienza el cierre del entrenamiento para maratón. Viene lo más fuerte, y quiero correr así como corrí gracias a Natalia: de menos a más, sin dejar de asombrarme por detalles tan lindos como toparme un venado cola blanca en medio potrero.

Prossima fermata: Roma. 

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Comments

  1. Titi, lo chiva de encontrar un pique es que después de unas cuantas carreras uno lo cambia, usualmente porque se hace más pro. Yo tenía dos, un mae que le puse “el hombre lobo” xq siempre andaba con mucha barba y todo peludo y una chavala que solo le decía “la de los cuadritos” xq tenía un cuerpazo y corría solo con top. Nunca supe cómo se llamaban pero siempre nos topábamos en las compes

  2. Excelente recapitulación. Creo que yo me fundo desde el primer kilómetro corriendo en Liberia a las 4 de la tarde. A mí me gustan las carreras a las 5 de la mañana y con frío. Pero tu cuento me hace reconsiderar esa filosofía.

    Definitivamente ayuda tener a alguien motivandolo a uno, especialmente porque a veces nos damos por vencidos cuando creemos que hemos llegado al límite de nuestras habilidades. Siempre en esos momentos necesitamos alguien que nos meta carbón para seguir adelante.

    Por cierto, yo corrí la maratón de NY en el 2011 y me encantó. Ahora busco tu resúmen para ver cómo le fue.

  3. Que divina recapitulación Marianella, sinceramente la carrera para mí estuvo hermosa.
    Gracias :)

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