Boston: heridas que sanan corriendo


bostonAcababa de ver llegar a Rita Jeptoo y Lelisa Desisa a la meta.

Acababa de dejarle a mis amigos Annete, Gioconda, Rafa; y a mi profesor Alvaro Jiménez, un mensaje de felicitación por sus tiempazos en la maratón.

Ya estaba fantaseando con cuánto tengo que bajar de mi tiempo para clasificar y correr ahí, donde corrió Kathrine Switzer, donde corren los que son rapidísimos.

Hasta que la primera bomba me sacó de los sueños, y pensé que era una exageración.  CNN habló de dos explosiones en la meta, y ya el asunto no tenía cara de accidente.

De inmediato, todos empezamos a averiguar dónde estaban ellos, nuestros compañeros y el resto de los ticos; a preguntar, a twittear, buscarlos por facebook, esperar que se comunicaran. Qué angustia no saber. Qué minutos tan largos fueron esos,  hasta que tuvimos noticias de ellos.

Mis chi runners pasaron por la meta antes de 3 horas 30, de manera que a las 4 horas, cuando explotó la primera bomba, ya estaban fuera del área del ataque.

Pero más minutos pasaban, y más heridos, y más sangre. Maratón suspendida. Caos.

Son las diez de la noche y me parece mentira que este lunes que suele ser de fiesta en Boston, ahí donde se rompen récords, donde cuesta clasificar, donde van los mejores a lucir el pace de su vida, ahora haya que hablar de terrorismo, de evacuación, de muertos.

“Ya les jodieron las maratones” me dijo un amigo. No. ¡Para nada! Creo que el deporte destierra el miedo, lo contradice. ¡No hay miedo entre la gente que corre 42 kms! A cada paso, lo aplastan. Seguramente veremos extremas medidas de seguridad – ni me imagino lo que nos espera en NY – y estará más que justificado. Nuevos controles, más revisiones. Y nos someteremos a eso. Nos han robado la tranquilidad para correr, pero no es irremediable y no podemos colgar los tennis por una cobardía como esta.

¿Terrorismo? A lo de hoy le han llamado un “plan de ataque coordinado y sofisticado” – que viene siendo lo mismo – y lamentablemente salió perfecto para los propósitos de quien lo concibió. Por definición, el terrorismo pretende frenar, amedrentar, amenazar. Mal haríamos en complacer al que se lo propuso.

Que yo recuerde, algo así solo se compara con lo ocurrido en Munich en 1972, o Atlanta en el 96. Tomar un evento deportivo multitudinario para matar inocentes … es una bajeza. ¡Como tantas que se cometen todos los días, claro está! Pero el escenario es fuera de lo común, y por lo tanto, los que corremos hoy dormimos tristes. Hay una línea de meta manchada de sangre, y todos nos sentimos tocados por ese dolor.

Los datos sueltos siguieron llegando.

  • Muchos corredores, al ingresar a la meta y ver la emergencia, se fueron literalmente corriendo hacia el Hospital más cercano a donar sangre. ¡Qué corazón!
  • Gracias a que ya había ambulancias y médicos en la meta, como en cualquier maratón, se pudo dar una rápida asistencia a los heridos y fue más ágil la atención la emergencia.
  • Por haber colocado las bombas en el suelo, la explosión provocó lesiones especialmente en las piernas. Hay muchos amputados.

Quisiera que los atletas, como mi profe, como Annette, Gioco o Rafa, no tuvieran que recordar esta maratón por la tragedia, sino solamente por lo que sintieron al llegar a la meta, el gozo de terminar la carrera y la satisfacción de romper su récord. Pero por supuesto que esto lo marca a uno. Incluso a los que no corrimos. Miles regresan a casa con un sabor agridulce de haber logrado su mejor tiempo, y luego ver llanto, ambulancias y policías.

Alguien quiso convertir lo sublime de la línea de meta en muerte. No se lo podemos permitir. Sucedió en Boston, como pudo haber sido en NY, Chicago, Londres, Río o Madrid, no lo sé. Y uno lo único que se puede hacer… es correr.

Yo estoy desarmada, solo tengo mis tennis y una enorme tristeza. Pero también creo en lo que construimos cuando corremos: en que cada persona que llega a la meta es una promesa de que hay oportunidades, de que sí se puede vencer el cansancio, y de que aunque no se conozcan, miles de personas se vuelven amigos y hermanos cuando corren juntos por 42 kilómetros. Todo eso se contrapone al odio y la cobardía.

¡Y pensar que en maratones como Washington o Nueva York, miles de corredores dejan año tras año millones de dólares para ayudar al prójimo, corriendo por obras de caridad, fundaciones de beneficencia, recaudando fondos para terceros que no conocen! Hoy la que sufre es la maratón, y los maratonistas.

Ningún tico salió herido. Pero eso no me quita el pesar, no me quita las ganas de llorar.

Y como suele suceder, para olvidar algo triste o llorar sin que nadie nos moleste, lo que uno hace es salir a entrenar, esperando que se se pase ese dolor.

Este fin de semana, en Quepos, yo corro por Boston. Ahora más que nunca, por favor, no dejemos de hacerlo.

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Comments

  1. JUAN CARLOS says:

    Cuanta razón tienes Marrianella, la Maratón es uno de los ejemplos más evidentes de solidaridad, sufrimento y emociones compartidas, algo más que un deporte. Los que corremos el maratón compartimos el mismo sentimiento sin distinción de credo, nacionalidad ó sexo con un mismo objetivo, 42,195 Km. En Quepos correras con las piernas si, pero también con el corazón. Un abrazo.

  2. Mario Guerra says:

    Un abrazo a los ticos, de corazón.

  3. Marcella Román López says:

    Este año mi llevo a mi hija a verme correr la maratón de Washigton en octubre por muchos motivos personales, porque hay un capítulo que cerrar justamente allá y porque cumple 24 años el 13 de ese mes… quería llevarme a la nieta pero el bolsillo no da para tres (algún día…quizás Roma 2016 sea mi maratón en familia)… pero ahora me da un susto enorme saberla a ella en la meta o en cualquier sitio esperando a la mamá y que suceda algo así…Me da un pavor tremendo pero de que hay que seguir adelante, hay que seguir adelante, eso en innegable y si vivimos con miedo, éste nos paraliza y es lo que los terroristas (de todo tipo) quieren, por lo que lo que resta es vivir un día a la vez con amor y esperanza y sembrando la paz de cualquier forma por doquier y repudiando la no paz en cualquier de sus manifestaciones. Chicago 2012 para mi fue tiempo de reir y llorar de alegría, Boston 2013 es tiempo de llorar de tristez para todos (as).

  4. León Miranda Vargas. says:

    Es triste un acto de esta naturaleza, pero cuando uno como tico lee tu comentario, se enorgullese de serlo, pero además se siente fortalecido, porque los terroristas tendrán el placer de estos actos. Pero más enteresa debemos tener los que no comulgamos con esos hechos, aquellos a quienes no nos doblegarán pidiendo por la paz en el mundo. Participando en cualquier evento que se congregue para ayudar a los hombres de buena voluntad que lo necesitan. Adelante un no bajen la frente, que la tengan que bajar los que utilizan la barbarie en su vida.

  5. Aldo Arce says:

    hola
    sin duda una situación vivida que hasta uno aqui a la distancia se le paran los pelos.
    nela, una pregunta como se hace para inscribirse uno en la marathon de new york

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