“Lléguele con furia” a Nueva York 2013


82760-23733-008fNi tan lejos. A cuatro meses de aquí. Es decir, nada. 124 días.

¡El tiempo y los kilómetros han pasado volando! Cuánto drama – casi de novela -. Un huracán, un Papa, el Coliseo, dolor en Quepos, frustración en San Diego… y muchas semanas de silencio.

No había escrito de nuevo no porque hubiera parado de correr; pero tal vez porque corría sin pensar. Corría por correr, otra vez, como tratando de recordar por qué comencé. Ahora me sorprende el calendario que me dice que en cuatro meses nos volveremos a ver Nueva York y yo, las que nos despedimos con una tristeza muy honda en noviembre, sin maratón de por medio.

Estos días no he podido hacer fondos con el grupo; pero sí salgo entre semana y los fines de semana. Casi siempre corro sola. A la Sabana llevé un nuevo Chi runnerAlonso, bienvenido a la fiebre de correr – y reconozco que verlo comenzar de cero me llena de ternura. Verlo cómo nos observa con cara de “todos ustedes están absolutamente locos y corren mucho” me recuerda esa madrugada de diciembre de 2010 en que yo llegué, nueva, y pensé “todos ustedes están absolutamente locos y corren mucho“.

Este fin de semana comencé a celebrar mi cumpleaños – así soy yo, celebro todo el mes, por si acaso – y por primera vez tuve compañía para correr de mi casa hacia el Aeropuerto: 16 kilómetros de bajadita, de San Isidro al Juan Santamaría. Es mi ruta favorita. Siempre la hice sola, pero esta vez se me unieron 5 amigos que corren y fue súper especial. En lugar de ir hablando y cantando sola, iba hablando con ellos; paramos en las pulperías por agua, nos reímos, disfrutamos el recorrido, y un borrachito en Río Segundo nos aplaudió gritando “¡¡Van de primeroooos… no ha pasado nadieeee…lléguenle con furiaaaaa!!!”. Todo eso, sola, se vive distinto.

Al terminar de correr, desayunamos juntos. Felicitamos a Lucas que ese día corrió sus primeros 16 kms – su máximo había sido 13 -; y por supuesto, lo animé a soñar con 5 más y hacer una media maratón. Con el café y el jugo, vino la conversación y caímos en el tema de los tiempos, de ser competitivo con uno mismo y de a veces ponerse demasiado “matón” pretendiendo hacer un tiempazo.

Concluimos que el chiste de todo esto está en sencillamente correr. Mejorar los tiempos sin disfrutar el recorrido no tendría ninguna gracia. En el trayecto de ese día pasamos por Heredia centro, por San Joaquín, saludamos a todos los que nos topamos, paramos cuando nos cansamos… ¡y estábamos desayunando juntos! ¿Qué más queríamos? ¿Un récord?

De hecho nos reímos de que ninguno se acuerda de los tiempos de maratón del otro. Lo que nos gusta es correr juntos, punto.

Este mes de cumpleaños lo comencé corriendo con ellos; no me acuerdo cuánto duramos en ese recorrido pero sé que no se me va a olvidar ese  “lléguenle con furia”.

La furia solo me va a servir para poner el despertador, entrenar como antes, esforzarme, pero lo demás tiene que ser deleite. Tiene que.

Ahora miro al frente y tengo a 4 meses de distancia a esa ciudad que me cambió la vida. La primera maratón me agarró asustada – por no decir que aterrorizada -; sin idea alguna de cómo hacer una carrera y sin saber nada de nada después del kilómetro 35. Ahora puedo ir y ver todo con otros ojos, disfrutar una ciudad que dejamos llorando en medio de un huracán y que ahora está lista para reconciliarse con el evento deportivo que la hace famosa.

Sí, quiero correr mejor que en Roma; sí, quiero hacer mejor tiempo que en Roma, pero si hago los mismos 4.34 o 4.40,… ¿me voy a enojar? ¿Voy a dejar de disfrutar Nueva York sólo por eso? ¿Voy a entrar haciendo trompas a la meta? Para nada.

Esta semana culmino una etapa profesional en mi vida y comienzo otra. Ahora sabré qué es alternar un entrenamiento de maratón con un trabajo full time, y rendir bien en ambos. Espero tener los sábados libres, como todo mundo, para poder hacer fondo y llegar a la casa, bañarme y caer frente a la tele, el libro o la radio el resto del día… como un zombie!

La receta para este camino a mi tercera maratón será tan sencilla como “llegarle con furia“, entendida esa furia como pasión, como ese arrebato delicioso que lo invade a uno cuando se da cuenta de que le faltan solo 195 metros para decir “pude“.

Yo distinta, Nueva York distinta: creo que tendremos mucho qué contarnos en Noviembre.

Gracias María José por recordarme que esto, si no se disfruta, no tiene chiste. 

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Comments

  1. Luis Mena says:

    La proxima vez me avisa y la espero en Barva. Slds

  2. Aajaja!!!… esos borrachitos.. son lo mejor para dar animo!!… En mi primera carrera de 10 km subiendo el sufrido Boulevar de Rohrmoser, el borrachito ese tirado en la acera fijo me vio muy mal y me dijo: Diay mamita le llamo a un taxi!… =(

  3. me gusto mucho lo que dices en el blog, hay que entrarle a todo con pasion y con furia!!!

  4. Jajajajajaja….demasiado bueno…¡Diay mamita le llamo un taxi!, que borrachito tan amable, que pena si te veías mal pero casi me destornillo de la risa con tu comentario….:)

  5. Elisa Olaciregui says:

    Nela, felicidades por tan lindo espacio que tienes para compartir tus vivencias. Es lindo leer cada detalle que has vivido, y sentirse identificado con esas vivencias.

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