El vacilón de correr


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Cuatro años consecutivos de Santaneña… ¡Y contando!

La idea original: correr Correcaminos sin Garmin y sin presiones de tiempo, por el puro placer de correr el día de tu cumple.

La realidad: no correr Correcaminos y estar volando hacia Madrid. Nuevos horizontes de trabajo: cambio de planes.

Yo nunca le arrugo la cara a los cambios, y un empleo nuevo y desafiante me hizo guardar la inscripción de Correcaminos y archivarla para el otro año. ¡No es fácil! Uno se ilusiona mucho con las carreras, pero opté por echar mis tennis en la maleta y salí a correr en las calles de Madrid, saludando a la Cibeles, al Museo del Prado, al Retiro. Una sorpresa inesperada y maravillosa.

Pero con todo y jet lag yo no quería dejar de correr para celebrar el cumple, y sobre todo hacerlo con una mentalidad más relajada; nada de pensar en tiempos, en récords personales,… naaah! Correr, no más. Y contenta.

Aterrizando el sábado en la tarde, ya en la noche tenía mi pasta hecha en casa y los tennis listos: correría el domingo 14 mi cuarta Clásica Santaneña. ¡No puedo explicar cuánto disfruto esta carrera! Para hacerla 4 veces seguidas, por algo es. La gente de Santa Ana sale de la casa y como en ningún otro pueblo, nos gritan, nos regalan agua, nos aplauden, nos animan… y los 12 kms se van rapidísimo.

Yo quedé de correr con mi amigo Jonathan Delgado, más conocido como “La Vaca”. Sí, Jonathan corre vestido de vaca. Y es la vaca más feliz con la que uno puede correr. Todo el recorrido con un cencerro, sonriendo, y saludando a la gente que le aplaude. Nunca le he preguntado por qué decidió hacerlo pero lo que veo en la calle, las reacciones de niños y de los mismos corredores, lo explica todo: ¡es un vacilón!

Desde que salimos, quedamos en correr juntos los 12 kms y ni siquiera ver el reloj. Vieran qué gozada. No solo corrimos con nuestros playlist raros de correr – a mí me sale Jugo de Piña y acelero, es automático – sino que como nunca la gente se tiró a la calle a vitorear a la vaca. Una señora en Santa Ana casi se lo lleva, se los juro, se bajó de la acera, se metió a la calle y lo correteó como 50 metros… ¡no hay palabras! Y yo misma al ver la fecha y a la vaca con sus cuernos, le canté sus Sanfermines y nos reímos montones.

IMG_1176Los niños a los lados de la calle, la gente asomada por los buses… y ahí íbamos felices. Subimos los Anonos, el Alto de las Palomas, y la verdad lo hicimos con energía y a un paso constante. Al llegar a Santa Ana cerramos con fuerza y sencillamente buscamos la medalla, y nos felicitamos uno al otro.

A esta hora del lunes ni siquiera he revisado los tiempos: no sé en cuánto tiempo hicimos los 12 kms pero sé que me sirvieron para recordar la alegría de las competencias; de la salida, del público, de la emoción de ver la meta cerca y pensar en cerrar con fuerza los últimos metros.

Así que gracias a Jonathan recordé que correr es vacilón, también. Y eso no tiene nada de malo. Tanto respeto a estos personajes del asfalto, como los llama Luis López Rueda, como respeto a los maratonistas que ganan medallas y rompen récords. No dudo que todos hacemos el mejor esfuerzo con el talento que tenemos o con el que nace de entrenar.

La verdad es que sin disfrute, esto no sería lo mismo. Mire qué caras tan contentas… y eso que no ganamos!

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