San José, Madrid, Barcelona, Tamarindo: ¡a correr, donde sea!


Lo que uno nunca calcula, a 60 días de la maratón, es tener que salir una semana de viaje. Casi una semana en España – cosa que a nadie le puede parecer feo, creo yo – pero por supuesto, viajar por trabajo es distinto.

Esta vez supe que aparte de la computadora y la ropa de trabajo, tenía que empacar la ropa y los zapatos de correr. Si martes, jueves y sábado iba a estar sin el profe y las chiquillas, eso no podía detenerme. A estas alturas, no se puede frenar el entrenamiento, y la verdad es que para la voluntad es un reto. Sé que muchas veces el trabajo no nos deja entrenar, pero otras veces, es la excusa perfecta. Yo no quería eso. Si había que levantarse más temprano, como lo hago en San José, pues lo haría en otro lado también.

Pero la aventura de “no dejar de correr” comenzó desde el día que volábamos. Era sábado. Si el vuelo salía a las 5 p.m y el fondo lo hacíamos a las 5 am… ¡nada! ¿Cuál excusa podía poner? Dejar la maleta casi lista el viernes, eso era todo. Y por supuesto, no cerrarla hasta que, al regreso, pudiera guardar los tennis.

Así que no me costó mucho dormirme en ese vuelo de ida, con el sabor del cansancio de mis 21 km de la mañana. Ahora, ¿me lograría despertar el martes?

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Yo (izquierda, abajo, de amarillo), los Drinking Runners y la luna que se coló en ese martes 10 de setiembre.

No solo sí me desperté, sino que gracias a mi colega, también corredor, Luis Arribas, pude llegar al Parque Juan Carlos I a correr con los Drinking Runners. Luis pasó por mí, y me llevó al Parque. Sí, leyeron bien el nombre del grupo: Drinking Runners. Búsquenlos así en Facebook y Twitter. Ellos son de esos amigos que hacés en redes, y bueno, con ese nombre, ¡cómo no seguirlos! Con ellos quedé para martes, sabiendo que no son tan drinking, pero sí muy runners. Lo que les sobra es sentido del humor.

Allá a las 6 am es de noche, ¡muy noche! Tanto así que los Drinking corren con focos en la cabeza, y entonces me sentí parte de un enjambre de luciérnagas que subían y bajaban por el perfil del parque, que al igual que Madrid, era columpiado… era “terreno variado”.

Me dejaron sin aire y bastante rezagada – ¡qué rápidos son! – pero tres de ellos me acompañaron y así resistí la carrera matutina. Comenzó a salir el sol, pero casi todo el rato nos vigiló una luna enorme, gorda y brillante.

Entre los Drinking Runners estaba mi amigo el Dr. Carlos Mascías – con quien compartí en la maratón de Nueva York los “kilómetros contra el cáncer”- y también muchas caras nuevas; pocas, pero muy rápidas muchachas, que ahí nos ven, todos juntos compartimos en la foto y me obsequiaron con un pastelito al final del entrenamiento.

“Estás loca, ¿corriste con desconocidos?” me decía Ana, mi compañera de trabajo. Y yo ¿cómo le explico a Ana que los corredores somos amigos, en cuanto nos conocemos y corremos juntos? Ese momento de verlos allí, en el Parque, correr con ellos, a quienes solo leo y veo en sus fotos de carreras y maratones,… para mí, fue hermoso. Confirmaba la afinidad que siento con ellos, a 140 caracteres de distancia.

Y fue bastante vacilón llegar luego a la conferencia, sabiendo que había entrenado, como si nada, que había cumplido conmigo misma.

La próxima ocasión fue el jueves: ojo, que el miércoles había sido una noche llena de emociones. Esa noche recibimos un premio para nuestras revistas – ¡a menos de un año de circulación, en España, premiaban nuestro trabajo, y había que celebrarlo! -. La emoción y la alegría me quitaron el sueño. Pude dormir hasta las 4 am, y aún así, me dije “poné el reloj, vas a ver que sí podés correr mañana”.

Y puse el reloj. Todavía me pregunto cómo este cuerpo se levantó, y corrió allí, por el hotel, por la fuente de Neptuno, Atocha y esas largas calles de Madrid. Iba encantada, porque seguía feliz por el premio, iba oyendo música y ni cuenta me di de que iba como “cuesta abajo” – con razón iba tan rápido – . Al regreso sí lo sentí.

Al entrar al hotel, el botones me dio una botellita de agua, y así de feliz llegué a mi cuarto, pensando “no fallé”. Pude correr.

La historia cambia para el sábado, porque amanecí en Barcelona, y el jet lag y el cansancio acumulado me pegaron las cobijas como hace rato no me pasaba. “Hoy era el fondo largo”, pensé. Me molesté un poco al despertar y ver que ya era tarde, y pensé “Bueno, nada qué hacer. Mañana es domingo y mi avión se va a las 11 am”.

Sin embargo, otro buen amigo vino en mi auxilio y nunca le voy a terminar de agradecer que gracias a él, no solamente sí pude hacer el fondo que tenía que hacer, sino que conocí un buen tramo de Barcelona que probablemente, si no hubiera salido a correr con él, no hubiera visto.

Se trata de Juan Carlos Antón, también mi amigo por twitter, y con quien no logré coincidir en París. No logramos vernos en esa maratón, en abril, pero al saber de este viaje, de inmediato le conté que estaría en Barcelona. Y cuando menos esperaba, justo el sábado en la noche, me envió un mensaje para ver si corríamos domingo en la mañana.

Eso sí me sonaba complicado, porque para estar a las 8 y media en el aeropuerto tendría que levantarme aún más temprano, tener todo listo… pero ¿por qué no?

“Nos vemos a las 6”, le contesté.

image002¡Qué alegría conocer a Juan Carlos! Corrimos muertos de risa, diciendo “¡no puedo creerlo!”. Era como correr con un amigo con quien te has enviado cartas pero que no conocés, y bueno, conversando y conversando, corriendo y conversando, logramos hacer 15 kms con lo cual no solo pude conocer a mi amigo, conocer la hermosa ruta de la playa, conocer Barceloneta, sino que también pude fantasear con – tal vez – correr maratón allí, en Barcelona. Este mapa fue nuestro recorrido.

¡Por supuesto que se hacen amigos corriendo!

Nos despedimos, me alisté en minutos, y ya bañada y con el cansancio del entrenamiento, me fui hacia el Aeropuerto.

Creo que cuando empaqué los tennis y la ropa deportiva, jamás imaginé que iba a disfrutar tanto esta aventura de correr en otro sitio, con personas nuevas, rutas diferentes…

Pero correr es correr en todo lado. Por eso me alegra haber seguido entrenando, aunque fuera lejos.

Regreso, y me encuentro a mi profe re motivado para su maratón en Tamarindo – yo les dije, es un Leónidas – y todas mis compañeras y yo, motivadas también para nuestras distancias en esa, la carrera más húmeda, con la temperatura más desafiante.

En 2013 había pensado “Si vuelvo a Tama, mejor solo hago 21”. Pero con el profe no se vale retroceder. Alfaro siempre va por el máximo esfuerzo. Con él no se puede decir que no se puede.

Tamarindo tendrá condiciones de humedad similares a las que encontraré en Atenas, así que si estaba ilusionada con entrenar en Madrid o Barcelona, lo estoy aún más por completar esta prueba en Tamarindo: mi mejor ensayo a 50 días de la Maratón de Atenas.

Lo cierto es que, a la par de los tacones, siempre hay un espacio para los tennis. ¡Siempre!

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Comments

  1. Adriana Alfaro Viquez says:

    Me encanta leer estos post, son fabulosos, una inyección de motivación para quien lleva 4 meses de haber iniciado, pero que tiene unos días de reposo por una lesión 😔

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