Lo que pasó en Tamarindo no se queda en Tamarindo


BIBLes voy a contar por qué este año, más que en los tres anteriores, esta carrera – sin duda la mejor del país – me marcó la vida.

Gracias a que entrené mucho mejor que otros años, y que por eso, logré terminar 10 minutos antes de lo acostumbrado – mejorar 10 minutos es un montón, ¿verdad? – pude hacer algo que casi nunca hago: quedarme a esperar en la meta a mis compañeros, y este año, al profe.

Esperándolos a ellos, que venían corriendo maratón, aprendí por qué nos enamoramos de esta carrera, a pesar de la radiación solar, la temperatura, la humedad, la dificultad y el agotamiento que aquí son implacables.

Yo hice mis 30 km – sí sí, los que había prometido no repetir – pero los hice tan feliz, con un pace constante, que se me dibujó una sonrisa que hasta hoy no se me borra. Cuando iba cerrando hacia la meta, escuché lo que sonaba como un club de fans de Chayanne: las chiquillas Lagar. Qué lindas, cómo me animaron. Pao hasta me dio una nalgada – de cariño – y con esa gasolina de ánimo y risas cerré mi carrera, deseando contarle al profe  “Vio, ¡pude bajar el tiempo!“.

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Lagartrotters + Just Training + TriZone la cosa es que todos nos esperamos a todos. Aquí antes de la llegada del teacher.

Al terminar, me fui con ellas a esperar a los que faltaban. La verdad, desde que me quedaban como 5 km y sentía el calor aumentar en el ambiente, pensé: “Señor, acompañá a mis amigos; yo por lo menos ahorita termino pero ellos hacen 42. No los dejés solos”.

Así fue como el Señor escuchó esa oración, y gracias al esfuerzo enorme que cada uno de ellos hizo, pude ver escenas que me llevo en la retina para siempre.

Empecé por ver a Lorna Solano, la dulce Lorna, tan calladita y serena, la misma que a las 4 y 30 am estaba llorando de emoción porque iba a hacer maratón.  Pero esta Lorna que iba entrando a la meta venía transformada… qué digo… ¡transfigurada! Parecía que se avecinaba una locomotora. Lorna cerraba su maratón sin lágrimas, venía tan feliz, acelerando en la curva y levantando la mano en señal de victoria… ¡épica, Lorna! Una mujer súper fuerte, que hace natación, anda en bicicleta y corre, pero que con humildad se había fijado esta meta… increíble. Uno de los cierres más emotivos que recuerde.

Luego vi que venía Catalina Soto: Catalina, mi amiga, maestra de escuela, que corre con la alegría de una niña, también entró a buen paso, con el rostro aún lleno de bloqueador solar… al verla no lo dudé y  la seguí, iba a la par corriendo y la acompañé hasta la meta, diciéndole lo carga que es; allí entró triunfal esa muchacha, todos sus amigos le aplaudían y la esperaban. ¡Uno, cuando ve a alguien querido terminar una carrera, se emociona tanto! Yo la vi cruzar la meta y llevarse las manos al rostro. Bravo, Cata. Lo lograste. ¡Y en Tamarindo!

Aún faltaba ver entrar al profe y a Milena. El profe la acompañaba en esta carrera y ya comenzamos a inquietarnos. La temperatura – unos 33 grados -, la ausencia de aquella nube que nos había perdonado el calor a los de 30 km todo sumaba preocupación. Los esperábamos y veíamos pasar los minutos, ya con algo de angustia. Si esta maratón era difícil para los que la cerraron en 4 horas, lo sería aún más para los que tardaran en llegar.

Pero cuando por fin los vimos venir, fue precioso. Todos corrimos a acompañarlos, íbamos aplaudiéndoles, diciéndoles lo valientes que habían sido. Nosotros, este grupo grande, corrió detrás de ellos, los llevamos hasta la meta y a 50 metros de entrar, increíble, los dos aceleraron y cerraron como titanes. A pesar del sol, de maltrato acumulado, de esos músculos adoloridos, entraron y se abrazaron, y nosotros los aplaudimos de lejos.

Yo como buena llorona alguito de lágrimas solté (tal vez no muchas, porque ya había sudado toda el agua posible), y mientras caminaba para ir a cambiarme empecé a ver más gente, más maratonistas. El sol que nos castigaba a esa hora, quemándonos la espalda, me recordaba que ellos, los maratonistas de Tamarindo, eran más que espartanos, más que valientes. Me detuve cuando vi una familia fotografiarse todos juntos, alrededor de su corredor. Metiche que soy, no lo pude evitar.

– “Hey, muchacho, ¿usted hizo maratón?”

– “Sí…

– “¿Usted tiene idea de lo que acaba de hacer? ¡Usted es un grande!”

nosotros

Aquí yo de metiche con el maratonista de la gran sonrisa… Leonardo Esquivel. Es como para hacerle un monumento. ¡Bravissimo!

La familia le tomaba fotos; viendo el cuadro completo comprendí que el papá, el de la bici, le había dado agua en el recorrido, que la esposa y los otros que llevaban medalla al pecho, también habían corrido… una familia reunida alrededor de él, que con esa sonrisa triunfal no parecía que acabara de padecer 42 kilómetros.

Terminamos tomándonos esta foto juntos, y no me canso de decirle: Leonardo, ¡qué grande! Su doping fue su familia. Es ese apoyo, ese amor, lo que lo trajo hasta la meta. Si usted corrió esta maratón, no hay nada que no pueda lograr. Todo es posible. ¡Sépalo!

Finalmente recordé mis pequeños 10 minutos de diferencia. Le conté al profe, que ya estaba recuperándose. Ya habíamos llorado todos, ya nos habíamos abrazado y aún así me felicitó y se alegró conmigo.

Yo me alegro más por tanta valentía que vi que por mis 10 pequeños minutos. Al final, sí, esta humedad y este esfuerzo en ruta columpiada me sirven de enorme base para mi maratón, pero lo saben ustedes que corren: lo que hay que entrenar más es la cabeza, el espíritu, la mente, y yo me llevo la imagen de tantos valientes, que dudo de que haya cansancio que me pueda quitar las ganas de imitarlos, de ser un poquito como Milena, como el profe, como Lorna, como Cata, como Leonardo. Honor para ellos, y toda mi admiración. Su hazaña no se queda en Tamarindo, me la llevo conmigo.

 

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Comments

  1. Bello Post!!

  2. Yo hice por segunda vez 10km… para esta vez no pude entrenar más si lo hice con menos peso que el año pasado (30kg approx) y me siento tan bien de ella que quiero hacer 21 el próximo año, quiero dominar los 10km en menos de 60mins, quiero en 2hrs demostrarle a la gente que aunque sea una persona de clima frío, el clima ni nada detiene la determinación de lograr cualquier meta impuesta

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