“¡Para qué se apunta en una carrera difícil!”


Hace tiempo no se peleaban tan feo como el sábado.

La primera iba llorando, con dolor de piernas y estaba harta de correr. La otra iba a la par con un colerón de ver esa “mariqueadera” y repitiéndole todos los mantras posibles.

-“¡Este es el peor fondo que he hecho!”

-“Diay, idiota, si va a hacer una maratón con cuestas, qué quiere, ¿correr en la pista? ¡Está bueno que la pongan a subir!”

-“¡Hoy son 21, y me siento super inútil!”

-“Ah no, Nela, ¡no se ponga miedosa! ¡Qué pereza! ¡Tanta cosa que ha leído, tanto entrenar y va a venir a ponerse pendeja ahora! ¡No joda, corra!”

Marianella 1 y Marianella 2. La primera tuvo un mal día de correr – como lo tiene cualquiera – y de la nada, por ahí del kilómetro 18 estaba llorando. Llorando, como decimos en Costa Rica, “esmorecida“. Se me iba el aire y todo. Ahora que veo hacia atrás, creo que fue el momento máximo de cansancio general. Además, Mercurio anda retrógrado, salí tarde del trabajo la noche antes, en fin, muchas cosas se sumaron para que me afectara ese recorrido de 21 kms Lindora- Cenada-Lindora con orejita en Pozos. ¡Peores cosas hemos hecho! Pero no, sencillamente ese día se me cayeron las defensas – bueno a ella, a ese lado mío que estaba cansado.

Afortunadamente la segunda Marianella tomó control en el último kilómetro. Y aún así, encaré al profe – qué malacrianza, qué vergüenza – y cuando terminé le dije que había odiado esa ruta, lo odiaba a él y que no lo quería ver.

Al principio al profe le dio risa, pero seguro vio que de verdad tenía cara de “sufrida”. Y me espetó tres verdades.

“Esa es la ruta perfecta para su maratón.”

“¡Para mí, eso es lo mejor que me puede decir hoy, que sufrió y que me odia! ¡Viera qué feliz me hace oír eso!”

“¡Y además, para qué se apunta en una maratón difícil!”

Me fui a callar a otro lado.

El domingo, con más calma, me puse a leer el libro que me regaló mi amigo Josefo, “Maratones del mundo” (Hugh Jones, Alexander James). En la página 54, el resumen de Atenas es como, para no ir:

“Considerada una de las maratones más difíciles del mundo, en gran medida a causa de las colinas que salpican largos tramos del recorrido. Las temperaturas pueden pasar en poco tiempo de calurosas a frías, lo que dificulta la aclimatación”.  Grado de dificultad: 8/10

¡Muy bonito!

Luego, mientras veíamos por internet a nuestros amigos del grupo llegar a la meta en Chicago, me puse a hacer números.

Con semejantes cuestas, la pregunta no es si las puedo subir – sé que sí puedo -. La pregunta es… ¿cuánto voy a durar?

Suponiendo que puedo mantener el pace que practiqué en las cuestas – 6:40 – y que no me duela nada… y que al rato pueda bajar con alguito de fuerza hacia el último tramo… no sé. Ayer me puse a pensar en eso. Está claro que el tiempo no importa, pero tengo que preparar mi cabeza para, tal vez… 5 horas de esfuerzo. O más.

El profe nos recuerda constantemente el entrenamiento invisible – dormir bien, hidratarse y comer bien-. Ese no se puede descuidar a tan poquitos días. Pero creo que llegó el momento de reforzar este músculo que puede ser aliado o traicionero: la mente.

Así que veré 300!, Gladiador, Spirit of the Marathon, las narraciones de Diana Uribe de Grecia, documentales de la batalla de Maratón y cuanta cosa motivadora me encuentre, unas cien veces más. Repito: no tengo miedo. Yo sé que voy a terminar, pero creo que entre más se acerca la fecha mejor comprende uno la dimensión de la bronca en que se metió. Ya siento ese Minotauro bufando detrás de mí.

El sábado, mientras amenazaba al profe con tirarle los tennis en la cabeza – y él se reía – y mientras las dos Marianellas se reconciliaban, me acordé de lo más importante.

Hago esto porque me gusta.

Me gustan las largas distancias.

Antes no podía. Ahora, puedo.

Y sobre todo, voy a vivir una aventura memorable. Voy a ir a un lugar que no conozco, conocer gente nueva, correr donde jamás he corrido, pisarle los talones a la historia… Y todo eso no se puede hacer llorando. Hay que armarse de actitud, como los espartanos con su famoso escudo. Y también, debo pensar en que no correré sola. Me he estado comunicando con varios corredores de México, de Estados Unidos, de España, y seguro nos veremos en la expo. Al final, somos todos iguales en esa línea de salida, y espero que en la ruta, seamos como los soldados espartanos, solidarios y generosos con quien peleaba a su lado.

Estoy segura de que esas lágrimas eran cansancio acumulado. Esto es pesado, y para alguien que no conversa sobre esto con la familia, a veces la carga emotiva es más grande. Por eso escribo. Nada, esto no fue nada. Masaje, estirar, y a empacar. A llorar en la meta, cuando vea el estadio Panathinaiko, y mi medalla, y escuche esos tambores a los lados de la pista. Transcribo, de nuevo, del libro “Maratones del mundo” :

A medida que uno se acerca a Atenas se produce un cambio brusco en el nivel de ruido, y se pasa de la relativa calma del campo a los bocinazos de los coches y el bullicio de los espectadores que animan y vitorean. Al acercarse a la línea de meta, aparecen unos niños armados con coronas hechas de ramas de olivo, que impondrán en las cabezas de los héroes inminentes. Cuando los corredores hacen su entrada en el estadio de mármol blanco para recorrer los últimos cien metros, pueden recrear mentalmente sus propias imágenes de pasadas glorias. Lo viven como un privilegio, pero cuentan, con humildad, que su gesta les resulta poca comparada con la de los soldados que participaron por primera vez en ese viaje, a través de espesos matorrales, soportando el dolor de las heridas sufridas en la batalla. Aquí, los participantes muestran sus respetos a aquellas legendarias figuras de la carrera.

Tan abrumador ha sido todo esto que ni he pensado en qué camiseta llevar, ni qué poner en mi espalda. Quedan 27 días. En el próximo post, quisiera contarles las palabras de aliento que me dio un amigo corredor argentino, que ya pasó por Atenas… y cree que yo puedo lograrlo también.

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Comments

  1. Eric Porras says:

    Que barbara…..que coraje.tubiera el .0009 de eso…..jajaja….pero aun asi me sigo sicociando solo en cada km devorado y es mio y sin ayuda de nadie x eso vale muchisimo…..te felicito. :-)

  2. Sonia Ram. says:

    NELA,, eres una completa guerrera, como esos que ud menciona, solo admiracion de mi parte…. QUISIERA algun dia tener la posibilidad de correr esa MARATON tan mencionada por ud.. se me eriza la piel.. disfrutes al maximo y chao,,, VIVA SAN CARLOS, MI LINDA TIERRA.

  3. Alejandra says:

    Yo no soy corredora, pero realmente le deseo lo mejor de lo mejor en Atenas. Mi esposo y yo estuvimos en ese estadio hace dos meses y aun vacio es IMPRESIONANTE, así que estoy segura que lo logra con creces!!

  4. Ánimo
    Ya no queda nada!!!

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