“Cursilerías” de corredor


“¿Para qué hace una despedida antes de irse a la maratón… qué es la cosa, no va a volver después?”

La pregunta le choca a uno, que corre. Pero la verdad tiene su lógica para el resto de la gente.

Las despedidas antes de una carrera son importantes para los que van a correr fuera del país. Y cuando uno corre aquí, pues tal vez no es “despedida” pero sí es la cena de pastas, una reunión bien linda con la familia y los compañeros del grupo. Algo para verse antes del reto, y animar al corredor.

“Qué es, ¿que se va y no va a volver?”

Sostengo que la persona que comienza la maratón, no es la misma que termina. Así que técnicamente podría haber contestado “Correcto. Yo, así como soy ahora, no vuelvo nunca más. Regreso nueva”

Las despedidas son apenas uno de esos pequeños ceremoniales, mañas, gestos o rituales de los que corremos. Probablemente, visto desde afuera, sea algo “cursi”, innecesario, exagerado. ¡Ay, ay! ¡Qué importancia se dan! ¡Si van a pasear, y eso qué!

Iba a escribir un post acerca de algo que no es cursi – la comida – pero preferí dejar ese delicioso tema para más adelante, y ahondar en esas cosas “cursis” que hacemos los que corremos, de manera que resultamos más molestos para el prójimo, o bien, más emotivos, entre compañeros. A ver, si se me olvida alguno, me lo recuerdan porfa.

“Cursilerías” del corredor

Poner su nombre o apodo en la camisa. La bandera, el diminutivo, una frase inspiradora,… ¿para qué? Sí, normalmente diría que es para que la gente que está a los lados del recorrido de la maratón pueda decir “Ánimo, Luis” o “Good job, Patri“. Uno sabe que esa persona no tiene ni idea de quién carambas es uno, pero si se corre lejos de amigos y familia, ese es un gesto que se agradece profundamente.

Llevar la bandera de Costa Rica. “Seas tan bañazo, ni que fueras César Lizano”. No, no lo soy, ¡ya quisiera uno ser semejante atleta! Llevar la bandera, sacarla en la meta o imprimirla en la camisa no es para “sentirnos representantes del país“, ¡pena me daría que mi tiempo final se le atribuya a mi país! ¡Ni soñar con podio! ¿Yo? Jaja.  Más bien llevamos la bandera para que sepan que uno se siente super orgulloso de dónde vino, y que entrenó en el país más lindo del mundo. ¿Cierto, o no? Y cuando en medio de la carrera alguien grita “Costa Ricaaaaaaa”…. ¡uh! Ni le cuento el empujón de contentera que es eso.

Medallitas. Rosarios. Estampitas. Escapularios. No exagero si digo que por más entrenado y listo que uno vaya, en esa línea de salida le pedimos de todo al Creador. “Que no llueva. Que no me duela nada. Que pueda terminar sano y salvo. Que esto sea para ofrecértelo por tal o cual intención“. Sí. Muchas oraciones le llegan a Dios como kilómetros de cansancio. Sé que a Él le gustan, lo sé: Jesús recorría larguísimas distancias cuando estuvo en la Tierra. Conoce de cansancio. Comprende de dolor. Qué caminadas se daba. ¡Qué fondista increíble!

Check-ins, posteos pre y post maratón en facebook. “Qué cansado, este mae otra vez con esa habladera de correr”. ¡Agradezcan que no posetamos durante la carrera! ¡No ve que nos pasa la vida por la mente! Solo quien corre entiende la emoción de contar en su timeline estos momentos, y leer de lejos abrazos y apoyo virtuales.

Despedidas. No, uno no se va a quedar a vivir en esa ciudad. Tampoco nos despedimos pensando que nos vamos a morir corriendo, ni nada similar. Cierto, en menos de una semana estaremos de vuelta, caminando feo y hablando como tarabillas de la maratón. ¿Sabe para qué son las despedidas? Son para sentirse acuerpado. Uno tiene muchas dudas en la carrera. Uno va abrumado. A ver, 42 kilómetros no son poca cosa. ¡Si lo fueran, todo mundo lo haría! Y no. No todo mundo lo hace. Uno sabe que va a para un esfuerzo desgastante. ¿Cómo no va a añorar uno que la gente que quiere y que sabe de esta pasión, le dé un abrazo, sus buenos deseos y le diga “hey, te va a ir bien, campeón”? Se despiden de un corredor ilusionado. Debo aclarar que no me gustan las despedidas, nunca me han gustado. A veces se me ocurre que lo mejor sería hacer bienvenidas, porque ya hay una medalla qué mostrar, anécdotas qué contar y un motivo de fiesta. Pero no por eso menosprecio el valor de un abrazo y un “que te vaya bien”. Aunque la gente que va a la despedida no entienda el afán, se agradece tanto, pero tanto, cada “Que Dios te acompañe”… ¿cursis? Bah. Sí. ¿Y qué?

Dedicar la maratón. No siempre lo he hecho, pero en casos especiales – y los que me leen y son mis amigos, saben cuáles – me he acercado a alguno y le he dicho a alguien: “elegí un kilómetro del 1 al 42, quiero correr por vos ese kilómetro“. Es un regalo que suena “tacaño” – porque no se envuelve – pero uno no anda regalando esfuerzos ni medallas a cualquier “patas vueltas”. Así que suelen ser dedicatorias bonitas. Recuerdo que a mi sobrina le regalé del 30 al 40 en Roma. Diez, solo para ella. Nunca corrí tan feliz pensando en ella, porque la adoro. Si le he dicho a alguien que elija un kilómetro, ha sido de corazón. Por supuesto, jamás se lo diría a alguien que se ría de la idea. Y algunas personas, como mi papá o mi mamá, jamás me lo han pedido ni saben cuáles les he regalado, sin pedirles permiso ni aprobación. Ellos ni preguntan. Yo, ni les cuento. Pero es de ellos.

La foto mordiendo la medalla.Eso lo hacen los atletas olímpicos, y porque la medalla es de oro, plata o bronce. La de maratón es una medalla cualquiera, y son todas iguales“. Este… sí. ¿Y? ¿Ha visto la belleza de medalla que le dan a uno al final de la carrera? Viera que yo, las mías, no las cambio por oro. Es que han costado tanto, que no me importa el color, el tamaño o el material, bien puede ser plomo, que en para uno, en la meta, eso es una joya… y la vamos a morder. Y nos haremos la foto. Y la vamos a subir a facebook. Yo no las muerdo, les doy un besito, porque siento un profundo amor por ese recuerdo que es solo mío y que resume meses de vida.

Algunos gestos son muy impactantes: uno ve maratonistas con fotos de sus familiares enfermos o fallecidos; camisas que llevan escrito un salmo, un versículo. Todo eso cuenta. Y jamás me burlaría de eso. Todos llevamos un mundo por dentro.

Mi broche del Padre Pío. Mi pulsera de Just Training. La camiseta que no he diseñado. La bandera tica que sacaré en Atenas – aunque me linchen, dado el marcador del mundial pasado, jeje – y sí, mi despedida: esas son mis cursilerías. El abrazo de papi,  que me lleva al aeropuerto, y su cara cuando al regresar, me ve desde lejos, enseñándole la medalla que traje… no cambio eso por nada.

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Comments

  1. Eric Porras says:

    Cada dia mas inspirador..y 100% realidad.solo entre locos se entienden…..cada km que he corrido entrenando o bombeteando es mio con mucho orgullo y sufrimiento xq como dice el dicho a lo tico…”No es lo mismo verla venir que hablar con ella”….asi que una cosa es que se lo cuenten y otra hacerlo…..
    bendiciones y desde aquibte estaremos apoyando y enviando vibras positivas…

  2. Que cursilería tan bonita :) De verdad, de veras, de veritas… Nella, deseo de todo corazón que te vaya no bien.. super bien en Grecia. Y sí, con bandera en mano de nuestra querida Costa Rica puedas gritar: ¡Alegraos, vencimos! en el Panathenaikon.

    • Por cierto. No sabía que también hay carreras de 5K y 10K ese día… esa puede ser una distancia para mí :D .. mientras no sean los kms de subida, todo va bien.. para planear una vueltita por Atenas :D

  3. Super bien dicho. Lo comparto con Correcaminos. Agregaría las fotos post maratón ( aunque sean hackeadas del sitio), pasearse en la ciudad con la medalla, y por supuesto, en la freakyweek ( así la llamo yo a la semana antes de irse) todo tipo de cuidados al bajar gradas o dar pisadas, y leer todo tipo de cuentos de otros maratonistas y cultivar el miedo colectivo ante la gran prueba. Si hay algo que yo he aprendido de las maratones, es que algo de lo poco que es una decisión tan libre y tan personal, y por eso conlleva tanta satisfacción. Muchos se casan por que así lo impone la sociedad, se estudia por que así se supone que es, se tiene hijos por que hasta la religión manda a la reproducción. Quien te dice que tenes que correr una maratón, pues uno mismo, y cuando llega el logro, ese sí es un verdadero logro! Un abrazo.

  4. Me gustaron estas cursilerias. Yo tambien compre la foto entrando a la meta el año pasado en Chicago. Y la otra es ponerse la camiseta del maratón para lucirla. Jaja. Somos medio locos!

  5. Tenés toda la razón…. sólo los que corremos entendemos. :) Pero lo expresaste tal y cual es. Gracias.

  6. todas son tan ciertas! Le falto hablar de la camiseta…que la usa una como 1 semana seguida pero nunca para entrenar por que se “hace fea” jajajaja

  7. Que tuanis….

  8. leer esto me dieron ganas de llorar. Espero algun dia, morder esa medalla y levantarla con orgullo :) Lindo post– insisto: no deje de hacer este blog. Inspira a muchos.

  9. Y qué me dicen de saludar a cuanto corredor nos topamos mientras entrenamos? Me motiva montones cuando me saluda algún@ corredor@ que nunca en mi vida en visto pero nos une el gusto por el deporte, el dolor del entreno y las metas en cada cabeza.

  10. Excelentes letras, me divertí y viaje al leerlas y felicidades por esas cifras alcanzadas en este blog, motivan a los que somos pequeñitos en esto a crecer más… yo me rayo los ante brazos, no me los tatúo (no es para tanto) con los nombres de mis familiares y ya por 38, 41 los veo y me sacan a flote recordar algo de cada uno y otros me dicen, pareces de la pandilla Mara a ver si no te detienen en la aduana. Saludos desde Guadalajara México.

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