… y Domingo de Felicidad (parte II)


La noche del sábado, previo a la maratón, el clima no era muy esperanzador. Truenos, relámpagos, aguacero. Aguacero parejo en Atenas. ¡Como si uno necesitara preocuparse de algo más, lluvia! No importa la ruta, a nadie le gusta correr con lluvia… y menos 42 km.

En eso estaba pensando al regresar de la casa de la familia Penthedourakis. ¿Se acuerdan de la familia griega que conocí en París? Aquí los encontré, y fueron los anfitriones más increíbles, generosos y amables del mundo. Nikos, el papá, también se inscribió para la maratón – esta sería su segunda -. Pude compartir con ellos el sábado, conversando y comiendo de la maravillosa cuchara de Elizabeth – la mamá -, que hizo que nuestro “carb load” fuera sencillamente celestial.

Cuando llegué al Hotel, solo faltaba dormir. Afuera llovía muchísimo.

ATENASEmpecé a alistar “el muñequito”, la ropa, el BIB, los geles. Tuve que detenerme un instante porque me di cuenta de que me temblaban las manos y las rodillas. Así de tonto como suena. ¡Me estaban temblando las rodillas! Asustada, como un perrito en la pista, estaba súper asustada.

Puse el despertador, y dormí lo que pude.

Domingo. 4 am

Hoy es el día.

Se acabaron los conteos regresivos. La quejadera por entrenar cuestas. Los masajes, las medias maratones, las idas al gimnasio, aquellos 30 km en Tamarindo,… todo acaba hoy. Aquí.

Me bañé, me comencé a vestir. Bajé a desayunar a las 5 a.m.

No estaba lloviendo, pero sentí que hacía frío, así que alisté unas mangas que, en caso de tener calor, me las quitaba y las botaba.

Todo listo.

Salimos caminando del hotel a las 5.45 a tomar los autobuses que nos llevarían a todos a la línea de salida. ¡Trece mil corredores en bus hacia la ciudad de Maratón! La organización me sorprendió, porque fue muy ordenado y rápido el transporte, nada que envidiar a Nueva York, que lleva el triple de gente también en bus. Uno tras otro salían los autobuses, yo tomé el mío y ahí, en la ventana, hecha un puñito, iba viendo el recorrido que me tocaría hacer a la vuelta.

La verdad no parecían ser cuestas muy pronunciadas, pero sí largas. Bastante largas.

Traté de no “autodeterminarme” como diría Alvarito.

En menos de una hora estábamos bajándonos en Maratón. Frío amanecer, ya comenzaba a salir el sol. Casi las 7 am.

Me senté en las graderías del estadio de donde sale la carrera, para recibir un poquito de sol. Y a ver gente. ¡Tan bonito que es ver gente! Algo que me encanta de las maratones es la diversidad. Corredores de todos los países – se suponía que había dos ticos más corriendo, pero no los vi nunca -. Todos los colores, tamaños y nacionalidades. Todo mundo con cara contenta. Yo,.. yo quién sabe qué cara tenía.

La salida estaba para las 9 am. A las 8 encontré a mi amigo Panagiotis – que estaba un poquito ansioso también -. Con él estuve hasta poco antes de la salida. Ese abrazo previo, lleno de buenos deseos, fue muy reconfortante y tranquilizante.

A él le tocaba salir antes que a mí.

Parecía que tendríamos cielo despejado y buen clima para correr. Nos alineamos en nuestros corrales, y empezamos a salir, uno por uno.

Lo que sucedió en ese momento, siento yo, rompió el hielo entre esta temida maratón y yo:

…en los parlantes, antes del disparo de salida, sonó fuerte el tema musical de “Misión imposible”.

“Táraraaaaaaaaaaaaaa, táraraaaaaaaaaaaa, táraraaaaaaaaaaaaa rara…..”

¡La carcajada fue unánime!

Nos hicieron reír y este pequeño chiste – “ay sí, es imposible hacer 20 km de ascenso” – fue suficiente para que por fin se me quitara el susto. Me dije: “¡Dale, tontilla! ¡Pasála bien!”.

Una vez más, al darle start al Garmin supe que empezaban varias horas en movimiento… la pregunta era cuántas. No menos de 5, según mis proyecciones.

La noche anterior había conversado con el profe y quedamos en que comenzaría los primeros 12 kms “fáciles” y planos a un pace de 6:45. Supongo que él proyectaba que los 20 de subida fueran a pace de 7.

Pero a los pocos metros de haber arrancado, me di cuenta de que iba mal.

Iba como a 6.

“No me duele nada, qué raro… pero si me siento bien, ¿por qué no sigo a este pace hasta los 12?”. Seguí a 6.

Esos primeros 12 fueron como me habían contado: fáciles, planos, lindos, divertidos. Aunque es una parte solitaria, vieran qué montón de gente salía a saludar y aplaudir. Nos decían “bravo, bravo”, y varios viejitos salieron a regalarnos unas ramitas de olivo… sencillamente hermoso.

Y bueno, consciente de que había comenzado más rápido de lo que me dijeron, pensé “en el 12 se acaba la fiesta, cálmese… vea que falta demasiado… demasiado!” y recordé las sabias palabras de don Nikos: “Respete la distancia. Respete la Maratón”.

Porque uno cree que va sobrado a los 12 o los 15, pero no puede perder de vista que falta la peor parte.

El paisaje comenzó a hacerse un poco más urbano, y contrario a lo que me esperaba, ¡más gente salía a saludar! Y apenas comenzamos los 13 ya sentí las primeras muestras de “ascenso”.

¿Cómo explicarlo? Imagínese que se tiene que aguantar el bulevar de Rohrmoser durante 20 km. Es decir, no es una “cuesta” empinada, pero sí es un ascenso constante. Durito. Mi pace no subió mucho, ni a 6.10– “Alfaro me va a regañar, sigo yendo más rápido de lo que me dijo al inicio” -. Pero bueno, también Alfaro insiste en eso de “arriesgar, salirse de la zona de confort… corajear”. Yo iba bastante feliz porque ¡no me dolía nada! Y el paso era bueno.

Lo que sí hice fue quitarme las mangas que llevaba porque en lugar de la temida lluvia, estaba saliendo el sol y me estaba cocinando. Boté las mangas. Aquello era un calor familiar, como el de correr en Lindora, Santa Ana o Belén. ¡Rico!

Los puestos de asistencia fueron buenísimos. Nos daban agua en botella – esta vez no me estorbaba tanto llevarla conmigo un ratito-, y en cada puesto había paramédicos. ¡Me pareció buenazo!

Veía hacia el frente y el hormiguero de corredores siempre parecía ir subiendo algo peor al frente. ¡Pero me sentía bien! Iba tomando las pastillas de sal y los geles con una exactitud matemática – los geles cada 8, una pastilla de sal por hora -. El sol ya estaba más fuerte y llegué a echarme agua encima, por si acaso.

Perdonen por el francés, pero lo que tenía en la cabeza era “¿cuándo p… se acaba esta cuesta?”. Siempre veía gente subiendo, en el horizonte. “Llegue al km 25 y se calla” – me dije. Yo sabía que la parte más difícil era llegar al 32, todo mundo me había dicho que cuando viera una iglesia al lado izquierdo, ya podía decir que me la había jugado. No solo nunca vi la iglesia, sino que en serio, la cuesta se me hacía interminable.

Pero bueno, mantuve el paso constante y llegué al 25. Luego, al 30. Me sentía bien y disfrutaba cada paso. ¡Había muchas familias viendo a los lados la carrera, muchos chiquitos dándonos la mano! Aplausos y aplausos por todas partes… ¿por qué me habían dicho que casi no había público en esta carrera?

¡No es cierto! ¡Todo mundo vino a vernos!

Me jalé las orejas a mí misma porque estaba confiada, “sépalo, le falta un montón” – así me hablo yo cuando soy grosera conmigo -; “no juegue de peligrosa, todavía puede caérsele el piano… no haga loco… disfrute, no hay prisa”.

El ascenso hacia el famoso 32 era una carretera sinuosa, pero esa emoción de saber que ya iba a llegar al final de la cuesta me tenía muy emocionada… de lejos vi el rótulo, y vi un puente con mucha gente… “se acaba el sufrimiento, queda bajar”.

Desde la calle, veía hacia arriba a la gente que nos aplaudía en el puente… digamos, yo no entiendo nada de griego, pero nos decían muchas cosas.

Y después del 32, las piernas lo sintieron.

Se acabó la subida.

“No haga loco, ¡pero disfrute, solo le queda bajar!” me dije.

En esa contentera iba cuando se me apagó el iPod. ¿Yo, correr sin música? ¡Nunca! ¡Menos en una maratón! ¿Y ahora, qué, voy a ir oyéndome hacer feo todo el camino…?

Parece que sí, Nelita.

No he sido muy fan de oírme respirar mientras corro, pero qué bueno que se apagó el iPod por dos razones: una, efectivamente tuve consciencia del ritmo de mi respiración, así que aparte de controlarla la pude mantener constante, y dos: ese fue el ritmo que seguí, el mío.

Y ya sin la música, pude disfrutar del gentío en las calles de Atenas.

Altimetría de la maratón.

Altimetría de la maratón.

Diez kilómetros siguen siendo un montón, pero saber que ya había pasado la peor parte me tenía tan feliz, que escogí disfrutar y hacer lo imposible por cerrar bien.

La gente comenzaba a leer mi nombre y el de Costa Rica en mi camiseta – los escribí en griego, “Κόστα Ρίκα” – así que las sonrisas eran más frecuentes. Sentí cómo le iba pasando a algunos corredores que ya iban cansados. ¿Muro? Todavía nada. Y si el profe dice que es mental, y que no existe, yo le creo.

35 km sin dolor, pero algo de cansancio, por supuesto. “Siete no es poco, te falta un montón”, me dije mientras buscaba el rótulo siguiente. A los 35 le había prometido a Leo Esquivel – el muchacho aquél que corrió la maratón de Tamarindo – que me iba a acordar de él y que este kilómetro se lo regalaba. Por dicha recordé la hazaña de Leo, porque al mismo tiempo pensé en los fondos y las carreras que hice para estar aquí… había aire, había fuerza, había que seguir, como Leo en Tamarindo.

Hice números… a este pace, parecía que iba a terminar en 4 horas 30. ¡Cuatro horas treinta, Marianella! Mejorar el tiempo que hiciste en Roma, ¿aquí? ¡Sería demasiado! Un motivo más para no bajar el paso.

36, 37… la música estaba por todas partes. Grupos de gente tocando tambor, el famoso grupo de percusionistas en el túnel, como me había dicho Panagiotis,… ¡ahí lloré! El sonido de los tambores amplificado en las paredes del túnel era poderoso, y yo estaba cerrando con fuerza esta carrera tan dura y tan bonita… me acuerdo de tirarles besos a los de los tambores, salir del túnel y buscar con ansias el kilómetro 40.

El 40 era el de mis amigas con las que corro. Escogí pensar en ellas este kilómetro tan difícil porque las he visto entrenar, siempre me dejan atrás porque son súper fuertes y rápidas, pero yo quería que este kilómetro 40 sirviera de homenaje a ellas. ¡Del 40 al 41, todas ellas estaban corriendo conmigo, en mi cabeza!

Más gente en la calle, ¡pero qué es esta belleza! ¡Ya se puede escuchar el estadio! Kilómetro 41, este era el de mis papás. Sé que tal vez creen que estoy medio loca por hacer estas cosas, pero si hay algo que les agradezco en la vida es que crean en mí. Nunca me han dicho “eso es demasiado para vos”, y aunque nunca me animaron a hacer deporte, creo que han entendido cuán feliz me hace correr… pensando en ellos, llegué al 42.

¡Estas calles ya las he visto! Pasé por aquí antier, o ayer. ¡Estoy a la vueltita del estadio! Pegué un grito de felicidad, di la vuelta a la izquierda, en la esquina y ahí estaba, … 2500 años de historia, en mármol blanco, lleno de gente, ahí estaba el estadio, y los 195 metros finales los corrí con el alma en la garganta, porque iba a hacer mi mejor tiempo en maratón, aquí, y los últimos metros de cierre eran ya del profe Andrés. Nadie entendió cuando dije “¡Mire qué tiempo, Alfaro, mire el tiempo!”

Saqué dos banderitas que traía en el bolso de los geles – una de Grecia, y una de Costa Rica – y ya no estaba llorando, estaba muerta de risa, cuando crucé la meta…

4 horas 30.

A unos pasos de la meta vi dos caras conocidas: las dos muchachas que me ayudaron en la conferencia de prensa. Apenas nos vimos, me reconocieron y en un reflejo desesperado, corrí hacia ellas. Y entonces, tuve el abrazo que siempre quise en la meta.

Ahora sí estaba llorando, y llorando caminé hasta donde nos esperaban los voluntarios para darnos la medalla.

De lejos una señora mayor me sonrió y alistó la medalla para ponérmela en el cuello.

Le dije muchas veces “gracias, gracias, gracias…” luego me acordé que aquí solo me entienden en inglés, la abracé muy fuerte y le dije “You hold my heart!”.

Ella entendió que yo estaba muy emocionada y me sonrió y me felicitó.

Seguí caminando, viendo hacia los lados, hacia arriba este estadio tan perfecto. Aquí, donde solo los atletas olímpicos, los grandes, los de verdad, vienen a ganarse un espacio en la historia, aquí hoy yo vine a terminar la maratón más feliz de mi vida.

Sin dolor. Sin miedo. Sin muro. Sin prisa. Sin lluvia.

Repasé los números en el Garmin, “esto es absurdo, venir a hacer aquí lo que no pude hacer en ninguna ruta plana…” Me moría por llegar a la compu y contarle al profe.

Siempre corrí más rápido de lo que pensamos, en plano, en ascenso, cerrando. No sé si él se lo esperaba, pero yo tampoco.

neCaminé sola hasta el hotel, llorando y recordando cada metro que acababa de correr, desde las notas de Misión imposible en la salida, las ramitas de olivo, las sonrisas, la felicidad de correr sin dolor y sin miedo.

¿En qué momento pasó todo esto? Todo el entrenamiento, madrugar, correr el sábado, subir a Turrúcares, hacer Tamarindo…

¿En qué momento se acabó el susto de haberse inscrito en la Maratón de Atenas? Esa, la de dificultad 10/10. La que solo los locos, enamorados de la distancia, se animan a correr.

Me fui a bañar, y luego a comer, sabiendo que había vivido el día más feliz de mi vida, aquí, donde por primera vez, cuenta la leyenda, un mensajero del ejército griego corrió sin parar hasta avisarle a los ciudadanos de Atenas que contra todos los pronósticos, su pequeño grupo de soldados había repelido a los persas en Maratón.

 Nενικήκαμεν!

Nenikékamen!

“Hemos vencido”.

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Comments

  1. http://runningsnorlax.blogspot.com/ says:

    He leído conmovido y con mucha emoción tu relato Marianela! Mis más sinceras felicitaciones por ese esfuerzo y ese tiempazo! Un saludo cordial y centroamericano desde Guatemala! Yo ataco el 23 de noviembre mi primera maratón! Estoy con unos nervios! Felicidades de nuevo, lo mejor está por venir!

  2. Nela Alvarado says:

    Me encanto esta publicación!! Corro también! Y he corrido dos maratones! Al igual q vos soy una enamorada del atletismo! Me apasiona muchísimo! Y hoy al leer estas líneas siento q viví con vos esa maraton!! Q emoción!! Casi q lloro con vos cuando pones a lloraste de felicidad!! Y sabes porque?? Porque justo lo mismo he experimentado!! Las dos veces q he corrido maraton, llegue a la meta y llore!! Y abrace al primero q me encontré!! Es una emoción indescriptible!!
    SOS una campeona!!! Muchas felicidades!! Lograste vencer este gran reto, tus miedos y dudas!! Y lograste un tiempazo en una de las maratones más difíciles del mundo!!
    Te envío un gran gran abrazo tocaya!! q sigamos las Nelas destrozando caminos!! Espero verte en alguna carrera!! 👍😉

  3. Felicidades!!!! usted es una verdadera campeona!!! gracias por compartir sus experiencias. Usted no solomente me inspira sino que ademas me enseña mucho. De usted he aprendido, a soñar, a disfrutar, a ponerme metas, a hablarme a mi misma, a vecer miedos en fin… que Dios le pague por influenciar positivamente a gente que ni conoce :)

  4. Ay yo si lloré!

    Cada post siempre me hace llorar, porque son inspiradores, dan esperanza, regalan alegría y eliminan tristezas.

    Es tan bonita la forma en los relatos, de cómo va sorteando la vida de atleta que decidió llevar… desde la decisión de seguir la hazaña del minero chileno.. hasta Filipides…

    ¿Cuántos km van en medio de ellos dos Nella? .

    No sé si los tiene ahí guardados en una libreta o simplemente en el corazón … y las piernas, pero para mi leer este blog me ha hecho sentir parte de esta historia, siento haber conocido a un ‘Alvarito’, a un ‘Andrés’… haber corrido en La Sabana de madrugadas incontables, hasta ‘Las’ Tamarindos… siento haber cruzado la meta en New York, Roma, París y ahora la auténtica Atenas.

    GRACIAS NELLA! gracias porque sé que este blog va llegando a su fin.. ya se le ve la meta en el 42.125 km… pero la enseñanza de soñar .. no sé va a acabar.

    ¡Buen viaje maratonista!

  5. Sin palabras Nelita… Que orgullo por Dios sos demasiado carga

  6. Nelita , qué bellezaaaaaa!!!! Me encantó!! Muchísimas felicidades !! 👏👏👏 ❤️❤️❤️

  7. Pablo Cabezas says:

    Puña, así como Lucho me ha sacado lagrimas vos también con este relato, al principio interesante tratando de imaginar la ruta pero a partir de 40k sentí que también iba llegando a la meta. Que emoción, que felicidad y que orgullo.

    Felicidades y gracias a la vez por inspirarnos!!!

  8. Simplemente…emocionante, enhorabuena por haberlo planteado y conseguido.

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