Entre pecho y espalda


Escribí esto un 17 de marzo. Fue difícil comenzar a escribir. Antes de enfrentarme a esta pantalla en blanco, tuve que enfrentarme a una mente en blanco, a un cuerpo asustado, a una rutina de hospital, y asimilar lo que me había pasado ese 30 de enero.

Recapitulo, lo sucedido.

Ese viernes, en la madrugada, me había despertado con un tremendo dolor de cabeza, que no me dejaba ver bien, ni siquiera caminar bien. Algo malo estaba pasando. Muy malo. Me asusté. No sé cómo, me volví a dormir, luego me desperté normal, fui a trabajar, y alrededor del mediodía la “tremenda migraña” me volcó de una manera fulminante. Solo recuerdo que alguien me dejó sentarme en un sillón, hasta que aparecieron caras conocidas; mi amigo Freddy Serrano, mis compañeros de la revista,… y, después de eso solo sé que me llevaron al hospital. Me vi en una camilla, siempre con dolor de cabeza. Sentí una inyección en la columna –punción lumbar -. Siempre, con la misma migraña.

Hasta el día siguiente desperté y supe que estaba en el Hospital México. Nadie me explicó qué hacía allí, pero ya estaba con bata, con vías en los brazos, y con un aparato feo e incómodo pegado en el cuello. Tardé varios días, con el paso de muchos exámenes, para comprender que mi corazón me había dado un gran susto, dejando sin oxígeno a mi cabeza, y un travieso coágulo se había ido a alojar allí.

Para quien nunca ha estado en el hospital, esa sensación de vulnerabilidad es tremenda. Te invade una incertidumbre y una desesperación. Porque claro, ese sábado yo tenía planeado ir a correr como siempre, y en lugar de correr, estaba llena de mangueritas, y llena de preguntas. “No entiendo, yo no puedo estar enferma. Por qué no se me quita este puñetero dolor de cabeza”.

Pero sí que estaba estaba enferma. Mucho.

“Bradicardia.” Le llaman.

El diagnóstico, clarísimo. Yo había entrado a emergencias con pulsaciones bajísimas. Y no las usuales pulsaciones bajas de deportista, (tipo Contador y sus 45). Yo exageré. No entiendo cómo llegué con 30 pulsaciones por minuto, suficientemente preocupante y peligroso. Días después, supimos que los latidos de mi corazón estaban tan lentos, que pasaban hasta 8 segundos entre uno y otro. Ese “aparatejo” horrible que me pusieron en el cuello y que me estorbaba tanto, era un marcapasos externo, con el que los médicos procuraron estabilizarme. Pero faltaría un rosario de exámenes, para saber si requería uno fijo.

De nuevo, con una rebeldía y una soberbia, conmigo y contra todo, me decía “¡Pero no, cómo va a tener un marcapasos una deportista de 37 años, eso no está bien!”. Porque buscaba en Google, y solo me salían pacientes con marcapasos, como Elton John, la Madre Teresa, en fin… gente siempre mayor, viejitos, ¡ninguno era maratonista, ni joven! Por suerte apareció el doctor Hirsch, psiquiatra, a quien le pedí que me ayudara a buscar donde fuera, si había casos de maratonistas con marcapasos.

Mientras que en casos similares al mío, una persona hubiera perdido el habla, la capacidad de moverse, o recordar, yo, en cambio, estaba perfectamente. Lo que estaba era más necia que nunca. ¡Qué maravilla! ¡Celebré saber que podía recordar todo, que tenía todo en su sitio, las facultades básicas y no tan básicas, también. ¡Seguía siendo la misma necia, ahora llena de dudas, con ganas de preguntar todo y las veces que fuera necesario! El Dr. Sánchez y el Dr. Araya saben a qué me refiero. Cuando comprendí lo grave de lo que me había pasado, con más razón quería acabar con eso, y retomar mi vida como era antes, y mejor aún si fuera posible.

“Doctor, ¿me ayudaría por favor a buscar maratonistas con marcapasos?”. Esa fue la pregunta que repetí muchas veces, hasta que me la contestaron. Ellos entendieron que mi anhelo no era solamente salir viva y sana, también era salir a correr. Y eso no es poca cosa. Cuando uno sabe que algo le pasa al corazón, comprende que eso podría comprometer cualquier cosa, pero claro, con mucha más razón compromete los sueños de maratones, de fondos sabatinos,… yo miraba por la ventana del quinto piso del Hospital México, añorando salir, justo en esas tardes de febrero, en verano, cuando correr es más lindo. Y me las estaba perdiendo, pasaba los días ahí acostada, lloraba a ratos, soñando con que pudiera salir a correr en pocos días. O sencillamente, sentarme en mi ventana a ver el atardecer, cosa que me encanta. Lloraba pensando en todo lo que pudo haber salido mal.

Por supuesto, estaba asustada: lidiábamos con un asunto de vida o muerte. 8 segundos sin aire, suena pésimo. ¡Jamás me hubiera imaginado que un corazón tan alegre podía latir tan despacio! Sé que las arritmias son comunes entre deportistas, pero en mi caso, bueno, me saqué la lotería. Afortunadamente fui a dar en manos de los mejores. Aunque yo sé que al inicio no fui la mejor paciente.

Pasé de ser rebelde y malhumorada, a ser la impaciente que quería que le pusieran el famoso marcapasos. ¡Lo necesitaba! ¡Me urgía! Y me explicaron que con un marcapasos mi vida no solo iba a ser normal, podría ser extraordinaria. “Muchacha, claro que puede correr con uno de esos. Sí, maratones. Sí puede. ¡Hasta puede tener chiquitos!”. Y yo, les explicaba que esa no era mi idea: es más fácil correr una maratón, que se acaba en 4 horas y media, mientras que parir y ser mamá es para siempre… ¡yo no pido tanto!

El marcapasos me sonaba ya como una promesa de vida, como un aliado para entrenar sin morir en el intento, para seguir viva sin sobresaltos horribles, ni sustos como el de aquel viernes.

Le envié un mensaje por whatsapp a mi entrenador: “Profe, ¿si me ponen un marcapasos, le importaría entrenarme para maratón, aunque tenga un aparatillo? ¿Qué le parece, tener una atleta biónica?, ¡hagamos historia, profe!” Yo sabía que Andrés me iba a decir “sí”. Me dijo que sí. Porque es un valiente y muy cabezón, peor que yo. Sí, alguien de 37 años, con un marcapasos entre pecho y espalda, puede correr maratón. ¡Comencé a soñarlo! Soñaba con todo: con dejar de estar acostada todo el tiempo, con dejar de sentir que la vida seguía allá afuera, sin mí. Soñaba con quitarle la preocupación a mis papás, que venían a verme todos los días. Qué mal me sentí de causarles este susto.

Todos los días anhelaba que me dijeran “Ya está todo listo, te llevamos a hemodinamia para ponerte el marcapaso”. Pero no fue tan rápido. Fue un martes 10 de febrero, a las 7 de la mañana, cuando me cambiaron la bata de siempre por una bata verde, y apenas unos minutos antes de las 8 de la mañana, ya estaba lista para recibir a este pequeño que ven en la foto.

La mayoría de las mujeres “reciben un pequeño” cuando van a dar a luz, pero para mí fue al revés. Ese 10 de febrero, me pusieron un pequeño huésped en el pecho, que venía a darme a luz él a mí: lo fabricaron para enviar los impulsos eléctricos necesarios a mi corazón.

Yo estaba lista para presenciar consciente, con anestesia local, la implantación de mi marcapasos. Pero no fue así. Quedé con solo esa imagen de mi cara cubierta por un pañuelo verde y ya no supe más. Me “noquearon” completa – seguro para que dejara de preguntar y molestar. Y mejor así -. Me desperté muchas horas después, y ya el aparatito estaba ahí: la herida, cubierta por una gasa, un poquito por debajo de mi clavícula, aquí a mi lado izquierdo.

“Ya pasó”.

Lloré otra vez. Como tantas otras veces. Pero ya no era de miedo ni de tristeza. “¡ Y tal vez me dejen salir mañana!”. Pensé.

Y sí. Por fin, firmaron la salida. El Dr. Gutiérrez, el que me implantó el marcapasos, me fue a visitar al día siguiente, e hizo una comparación muy buena, con una seguridad que me tranquilizó. “Sí, sí vas a poder correr. Lo que sea, podés hacer lo que sea. Todo normal. Ese aparato que te pusimos, es como andar un BMW en el pecho”.

No es un BMW. Pero sé que aparte de que es buenísimo, confío en que fue colocado por profesionales de la CCSS, y que todo el proceso estuvo al cuidado de esas caras que terminé haciendo “mías”. Aquellos doctores que pasaban visita en la mañana, las enfermeras, los auxiliares,… a más de uno le hice mala cara al inicio, cuando solo quería “que me dejaran salir, que me dieran algo para el dolor de cabeza”.

Cuántas veces me puse antipática, no era por ellos. Estaba enojada con la situación. Ya no quería ni que me hablaran para que no me sacaran más sangre. Para que dejaran de decirme “respire hondo” anticipando que venía algo que me iba a doler. Les ofrezco mis disculpas. Qué grosera fui, qué malagradecida. Yo solo quería que se acabara todo eso.

El Dr. Quesada, con una risa cómplice, vino ese miércoles, a decirme “yo creo que te vas hoy a las 5”.

Hace 37 años, había salido en brazos de mis papás, de ese mismo hospital. Ahora, con uno a cada lado, volvía a salir del mismo Hospital, pero caminando. Volviendo a nacer, bendita tecnología, bendita coincidencia: marcapasos en inglés, se dice “pacemaker”, como le llamamos a los “conejos” que acompañan el paso de los corredores élite en las maratones.

Yo, la lerda, ahora tengo mi propio “pacemaker”. El mío es personal: va conmigo, aquí en el pecho. Juntos dejamos la bradicardia rezagada, un latido a la vez. Vamos a poder correr como soñamos. Y sí, cuando se trate de correr, será un marcapasos, pero para la vida diaria se llamará como corresponda: marcarisas, marcabesos, marcaabrazos, marcasueños, marcabrincos, marcaviajes, también marcallantos, – porque la vida es vida, los tendrá -. Espero que sea uun buen marcabailes. Marcaencuentros. Marcaemociones.

“Por qué pensaste primero en correr. Lo importante es lo demás”. Sí, por supuesto. Pero pensé en lo que me ha hecho más feliz. Cómo no me iba a preocupar por eso. También me preocupaba lo que pudo haber pasado en mi cabeza.

El último TAC en el Hospital, mostró que aquel coágulo ya no estaba. Y lo más importante, es que no dejó huella.

Cada día, después de haber regresado a mi casa, he amado mi rutina.

Ya para mí, nada es rutina. Después de dos semanas en el hospital, uno aprende a disfrutar mucho más todo. ¡Todo! El desayuno, el olor del café recién chorreado que llena la casa, el calor de mis sábanas, el gusto de ver amanecer o atardecer en la ventana. La delicia de la ducha en mi cara, de sentir el viento despeinándome. Los sonidos de la calle. Ver gente. Comprender que ya pasó lo peor.

Sí, me siento inmerecidamente afortunada. Sé que aquí llevo conmigo un centinela de mis latidos, y aunque no sepamos por qué nos dejaron pasar una nueva temporada extra aquí, lo que sé es que lo haremos, haciendo caso al doctor, y dando más vueltas a la manzana… si ya antes todo hacía con una inmensa felicidad, ahora con mucha más razón, cada paso es una celebración. Y cada latido es un regalo.

¡Quiero que los segundos 37 años, valgan la pena tanto o más que los anteriores!

Aquí estoy. No quiero ser una cardiópata más. Me veo como una paciente en recuperación, ¡evolucionando hacia mi próxima meta! La carrera de mi vida, que pudo haber terminado ese 30 de enero, apenas en el kilómetro 37… dio paso a un diagnóstico que no fue el fin, más bien fue el banderazo de salida para correr con más ganas las que vendrán.

Ahora he comprendido que tantos kilómetros, tanto correr, me salvó la vida: me hizo fuerte y saludable para que mi cuerpo resistiera esos eventos del 30 de enero. Los médicos lo saben, me lo dijeron: “Correr la salvó. Estar saludable la hizo más fuerte.”

Sé que los médicos que me atendieron, estarán de acuerdo conmigo en que una recuperación exitosa no se trata de mandar al paciente a la casa para que se quede sentado y guardado: ¡no! Se trata de ser una persona activa, saludable, y en mi caso, corriendo y retomando mi vida “anormal”. Porque mi vida es felizmente anormal, y me encanta que lo sea.

Quality, CRM, BradykardietherapieBienvenido abordo. No tuve ni chance de verlo,… lo tengo presente cuando veo esa cicatriz en el espejo. No me molesta. Ya hasta me gusta. Me recuerda que para algo sigo aquí. Dando lata.

Solo a veces hablo con mi propio corazón, y le reclamo: “Ay, ay. Qué hiciste“. Pero sé que ahora no es momento de recriminarle qué hizo, más bien es momento de preguntarnos, juntos – los 3 – qué vamos a hacer. Ya no estamos solos: somos uno, entre pecho y espalda.

Gracias a Dios. Escribí esto para no llorar más, para celebrar la segunda gran parte de mi vida, con más gratitud, soñando todavía más en grande. Ya pasó. Los nuevos pasos desde el 10 de febrero, no los doy sola, pero los doy más feliz y agradecida. Un diagnóstico no es el fin. ¡Es un nuevo comienzo! Con mucha más razón, sueño con maratones. ¡Cómo no! Vienen las más bonitas

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Comments

  1. Zayra Mendez says:

    Ud Marianella para mi es una inspiracion en el Running, y si escuché que estaba hospitalizada pero no sabia por que… Tremendo susto!!! Como lo menciona, es un nuevo comienzo, para los kms que vendrán, nada en nuestras vidas sucede por casualidad… Me alegra que esté bien y a seguir corriendo que para eso hay vida!!!

  2. Pablo Cabezas says:

    Wow, no dejas de asombrar y sigue siendo ejemplo para muchos y muchas. Que Dios la bendiga para que siga adelante.

    Cuando empecé a leer el relato recordé el día que escribió que iba a dejar de escribir por un tiempo y ya ve, ahí estas pensando en la próxima maratón con el “pacer” personal.

    • Marianella Cordero says:

      Yo nunca dije que dejaba de correr. Sino que dejaba de escribir. Sin embargo hubiera preferido no escribir este post. Pero si lo escribí es porque estoy viva.

      • hola Marianella! un gusto saludarte vieras que me llamo la atención saber incluso que el programa que tenias con Fredy dejaba de salir y no le tome importancia porque vemos a menudo por los medios que los programa tienen o cumplen su función en determinado tiempo.

        Dios nos a oportunidades asi que siga adelante y gracias por regalarnos esa enseñanza para que nos nos demos por vencidos, leyendo este reportaje nosotros los que nos gusta el apasionante deporte de correr sabemos a lo usted se refiere,,así que muchas bendiciones y nos vemos en carretera dándole a las tennis,saludes

  3. Muy inspirador! Otro argumento más para contestar al simplón que nos dice que correr “es malo para las articulaciones”…gracias por compartirlo! Y a darle kms a tu nuevo motor! Salud y kms

  4. Yo no sabía que las personas jóvenes y deportistas también podrían necesitar marcapasos….a qué se deberá????…..

  5. Wow Marianella, si había leído que estabas en el hospital pero jamás me hubiera imaginado el motivo.
    Gracias por compartir esta experiencia tan personal con todos nosotros, y sobre todo por inyectar cada palabra de ese positivismo que te anima a retomar la vida y con más fuerza…

    Muchos debemos tomar el ejemplo y no esperar a que algo así pase para apreciar las pequeñas grandes cosas que hacen a la vida ser vida…

    ¡Gracias y cuídate!

  6. Marianella, que este nuevo pacemaker te acompañe a partir de estos 37 kms en la vida y la misma se convierta en un “ultra” de éxitos y satisfacciones en todos los aspectos!!!
    Como dice Contador de kms Salud y muchos kilómetros para recorrer

  7. Que bueno que todo salió bien…. tremendo susto que nos recuerda lo vulnerables que somos y que además crea conciencia en quienes leímos el post, de lo importante que es cuidar nuestra salud… éxitos!!

  8. Felicia Murillo says:

    En Brasil hay una doctora que casualmente a su edad pasó por lo mismo, hoy en día es maratonista de alto nivel y además dedicó su profesión a dar asesoría apoyo a pacientes con dispositivos médicos implantables !! Una iniciativa que no solo ha ayudado a miles de personas sino que gracias a ello, encontró el verdadero valor de su profesión !! La felicito !!

  9. Atz Palomares says:

    Wow…me dejasta sin palabras, no imagino como te sentías, que impotencia. Pero ahora que quedó solucionado y que Dios y la vida te dan una nueva oportunidad a darle pa adelante, con todo con más fuerza y más vida con más alegría y más maratones. Saludos desde México y siempre es un placer leer tu post.

  10. Los lagrimones… Nellita sos lo más, tenés a un pedazo de ángel de guardaespaldas! Qué dicha que ya pasó, qué dicha que sos como sos. :)

    • Marianella Cordero says:

      No entiendo por qué todo terminó bien. Pero sé que estoy bien. Y por eso agradezco porque no sé si merezco el enorme chance de seguir aquí

  11. Siempre pasa lo mismo. Cuando estoy desmotivada, sin razones para correr, aparece Marianela con un relato que me saca lagrimas y me recuerda que tengo tanto por que darle gracias a Dios y vivir esta vida al maximo!
    Me alegro que ya esta bien Nela, gracias a Dios por su salud y gracias a usted por seguir escribiendo.

  12. Wow de las mejores cosas que te he leído, es bueno tener una loca de vuelta, me hizo recordar por lo que estoy pasando vida y su contra parte… te lo comparto: http://korridorimerino.com.mx/?p=316

  13. Yo te empecé a leer cuando hice mi primera maratón. Te cuento que llevo poco más de 2 años sufriendo de una fascitis plantar crónica, y es hasta ahora después de todo ese tiempo que puedo trotar muy lentamente sobre asfalto cerca de 20 minutos sin dolor, al menos al correr.

    Que me ha dejado esos años de levantarme y tener dolor siempre, todo el tiempo a cada instante?
    Me concentre en las cosas que si podía hacer y no tanto en las que se me habían “quitado”.
    Te cuento el chisme, me arme un portoncillo vacilón, yo de cariño la llamo bicicleta también logre animarme a entrenar oficialmente la natación.
    Nunca deje de estar activo y me entrene en esos dos deportes que para mí eran totalmente desconocidos hasta esa tragedia del 2012 y adivina que ?… Ya he hecho fondos largo en bicicleta (más de 120 km) y dentro de mis medallas esta una camuflada, una que me dieron cuando salí del mar en punta leona, logre terminar 1500 en aguas abiertas.
    Justo cuando mejor estaba de condición física en cuanto a natación y ciclismo surgió una pequeña debacle de salud (vejiga). Estuve cerca de 1 mes sin poder hacer nada pero no todo fue malo sabes por qué? Por qué ese tiempo en reposo mejoro mi fascitis.
    Ahora estoy retomando poco a poco los 3 deportes despacio por que precisa, cual es mi mensaje para ti. Todas las cosas suceden por algo, si no me hubiera lesionado de la fascites nunca hubiera comprado bici y nunca hubiera hecho aguas abiertas, si mi vejiga no hubiera fallado jamás hubiera tenido una mejoría en mi lesión del pie.
    La biblia nos habla de paciencia y nosotros los maratonistas tenemos eso de sobra.

    No te rindas, no dejes de sonreir, no dejes de levantar la cabeza al viento cuando trotes por que despacio llegaras a tus metas.
    Todas las metas se logran un paso a la vez.

  14. MartinFonck says:

    Poderosa!

  15. Nela, Nelita, Nela. Qué cosa esa estar frente a la salud de uno mismo. Este post es un testimonio de un tránsito muy complejo para vos para los que nos enteramos de las versione que nos llegaban. Pero la versión completa no acaba en ese día, sino que más bien no acaba. Sigue. Seguís. Esa es la dicha. Y la fragilidad de la vida. Y lo que más anhelamos. Esa palabra es muy tuya. Y correr y vivir, en tu caso son una misma cosa. Y se retroalimentan con el resto. Y todo cuenta. Y más ahora. Seguí con esa pasión. Esta carrera es tuya. Y nuestro recorrido nos pertenece.

    Corré más. El límite está más lejos. Seguilo. Es un buen camino. Sólo te faltaba ser biónica, así que ahora no pretexto.

    Un beso, querida.

  16. Adriana says:

    Hola Marianella! Hace un tiempo leí su blog, sobre lo bonito de salir al asfalto y que no era por ‘moda’ como mucha gente decía y buenísimo… Ahora me entero por un reportaje en fb sobre lo que te paso y volví a leer tu blog y se me salieron las lagrimas, Ud es una campeona!!! 💪🏼 adelante con todo 👍🏼👍🏼👍🏼

  17. Yerly Ortega Ureña says:

    Un abrazo, Espero que poco a poco, ese corazón se fortalezca más, bendita la vida, bendito Dios y la sabiduría que pone en las manos a todo el personal de salud.

  18. Es un placer saludarte, aunque no me conoces, yo sí te he visto en Tele muuuuuchas veces, me gusta tu tono voz y la forma que narrabas todas las noticias que dabas, no soy aficionada a la Radio, ni siquiera sabía que tenías un programa. Me enteré de los sucedido por una nota de LizethCastroTV, me llamó mucho la atenció ya que recientemente le pusieron un marcapasos a mi suegra y ella no esta tan optimista como Tú, la verdad esta triste y muy desanimada porque los síntomas que tuvo antes del marcapaso los sigue teniendo y esta segura que lo que le hicieron no sirvió de nada, estoy clara que la situación es diferente pero la vida es la misma, se vive o no, no hay más o menos en estos casos. Para animarla le conté a usted también le habían puesto un marcapaso y que todavía corría, son buenos dan calidad de vida…..pero bueno creo que no me escuchó o no me creyó.

    Un abrazo muy fuerte, es muy importante recuperarse de las enseñanzas de la vida, sólo cuando se pasa por trance fuerte se aprende a valor hasta el aire que respiramos.

    Saludos

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