Corriendo entre presas


Esta décima maratón se entrena al Oeste – otra vez, otra mudanza – pero la verdad es que me gusta. Ya yo estaba acostumbrada a correr en el calor de Santa Ana, Belén, con todo y sus columpiazos. Eso siempre ayuda, y si la décima maratón será la primera – Nueva York, otra vez, porque siempre, porque ahí empieza todo siempre, y este año cumplo 40, y por mil razones que no tienen nada que ver con correr.

A partir de hoy, son exactamente seis meses para reventar de felicidad en Central Park. No fue fácil levantarme temprano, de hecho no lo hice. Me desperté a las 5, pero salí de la casa a las 6. “No hay prisa, si voy a correr sola, es más seguro hacerlo más tarde” pensé alcahueteándome a mí misma.

Trotando, agarré la recta hacia Lindora, y por supuesto que me sentía rápida, corriendo al lado de un rosario de carros que ya iban o venían. “Yo he sido esa, también”, recordé, porque a mí me ha tocado hacer esa fila, bufando, bostezando, gastando gasolina, en la presa de ida o venida sobre Lindora. Pero hoy no.

Hoy yo iba avanzando más que todos. No me fijé en mi pace, no me importaba eso. La idea era llegar a Panasonic y regresar – una ruta simple, pero con su maña -. A las seis pasadas ya pesa el humo de los carros, y hay que hacerse más flaquito al lado de la calle, para no estorbar, para que no te peguen con el espejo, para dejar pasar a la bici, a la moto.

Llegué al semáforo, di media vuelta y pensé “qué rápido se me hizo”. Ahora la bajadita, subida de la cartonera, llegar al centro y listo. Casi 11 km, simples pero entretenidos.

Los conductores nos ven a los corredores con cara de “usted me estorba”, aunque uno no les estorbe. Ellos van tan despacio que hasta hacen cara de “dichosa“. Así uno va viendo las caras de los choferes: que van impacientes, que van bostezando, que quisieran dejar el carro botado y salir corriendo como yo.

Como yo, que venía soñándome la ducha, el desayuno, esta riquísima sensación de cansancio con “yo pude, hoy pude“.

No fueron muchos kilómetros, pero fueron muy entretenidos. De ida: escuchando noticias, de regreso, música. Sentí cómo me cambió el ritmo con solo que apareció cierta canción.

Me hacía falta correr sola. Me hacía falta correr con una presa al lado. Me hacía falta salir así, con un objetivo simple pero con todos los sentidos alerta para disfrutarlo.

¿Que cuál es mi plan para NY? ¿Qué tiempo quiero hacer? No, todo es distinto, ya yo no me mortifico con equis tiempo. Solo saber que voy a NY ya es un enorme privilegio, quiero disfrutar el proceso. 2016 fue duro, doloroso, cansado. ¿A mí quién me tiene con dos maratones al año…? no no, no hay prisa. Yo sé, yo sola me puse la presión, y al final del año, quedé agotada y sin fuerzas. Por eso mi plan 2017 es más sencillo, se llama: hacer lo que me gusta y sentirme bien.

Este año todo es distinto. Es como si comenzara de cero, asombrándome por 5, por 10 km. Otra vez, disfrutando y descubriendo. Voy a comenzar de cero, como cuando en 2010 me inscribí a esta misma maratón, con la panza llena de mariposas, sin tener noción de lo que significa correr 42 kilómetros. Pura emoción, pura inocencia.

Ahora regreso con 9 maratones a cuestas, con una vida a cuestas, muchas experiencias, y muchas ilusiones nuevas, fresquísimas. Me siento así, como si fuera a correr mi primera maratón. Las piernas ya saben lo que viene, pero lo asumen con asombro. Eso es genial.

Y también es distinto porque por fin alguien me espera en la meta a mí. ¡Solo a mí! Por eso desde que salí de la casa hacia Lindora, iba pensando en el Verrazano, en Brooklyn, en Queens… Y por eso las piernas iban así, relajadas, en lo suyo, mientras yo parecía tan rápida a la par de una presa. Rápida, libre y sin angustia.

Las presas no se disfrutan, pero hoy me hicieron pensar lo afortunados que somos los que preferimos hacer esos recorridos con los pies, respirando, sudando y cantando lo que el iPod te vaya cantando.

Mi camino a NY 2017, comenzó corriendo entre presas – irónicamente en Nueva York, no hay una sola presa que se nos atraviese: ese 5 de noviembre, la ciudad más ciudad del mundo, cierra las calles para que 55 mil humanos la traspasen a pie. Ahí la presa es en la meta, cuando todos, agotados y gloriosamente satisfechos, medalla al pecho, digamos: YO PUDE.

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Comments

  1. Qué bueno que volvió a escribir, hasta dan ganillas de apuntarse uno también a una maratón, si algún día corro una maratón quiero que sea Nueva York, era mi sueño el año pasado, pero no se, este año no siento las fuerzas

  2. Sandra says:

    ¿Qué pasó con lo de no volver a escribir y que se terminaba el blog????….

  3. Cinthya says:

    Te felicito por el nuevo comienzo … mmmm los 40 !!!! Genial que regresaras al blog ya se te extrañaba.

  4. Nela Alvarado says:

    Ey Nela! Que bien que volviste a escribir! Me encantan tus artículos!! No dejes de hacerlo! Saludos de tu tocaya corredora!!😉👍

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