Atenas, vista y vivida por un griego.


10608911_10152324858257643_1254412215_nHay miles de escenas y momentos que puedo imaginar de la maratón de Atenas. Pero solamente quien la ha vivido puede contarlo con tanta propiedad. Como lo hice antes con París, recurrí a un amigo que encontré en twitter – ¡bendito twitter! – para que me narrara la verdad sobre esta maratón. Porque sobre Atenas, muchachos, no hay mucha información, pero sí muchos mitos… ¡y esta imaginación volátil, la mía!

Sé que hay algunos ticos, muy poquitos, que han corrido esta maratón. Pero me gustó también tener el punto de vista de uno de ellos, un griego, que miren nada más la cara que llevaba al llegar al estadio… Wow. Eso es a lo que uno aspira. ¿Cuánto vivió antes de esa sonrisa?

Los dejo con el relato / entrevista de Panagiotis Balokas. A ver si a ustedes, como a mí, se les eriza la piel imaginando esta carrera, épica, valiente e histórica.

Primero, contame algo acerca de ustedes, los griegos. 

Los griegos somos personas muy cálidas. Ciertamente la crisis financiera nos pone muchos problemas en la cabeza, pero aún así, somos buenos anfitriones. Hay miles de cosas que ver en Atenas, y dudo que tengas tiempo de verlo todo antes o después de la carrera. ¡Mucha caminata! La gente joven habla inglés, así que les puedes pedir direcciones fácilmente.

¿Qué tan empapados y orgullosos están los atenienses de la historia de la Batalla de Maratón, y cómo esa batalla dio origen a todas las maratones alrededor del mundo?

No solo los atenienses, los griegos en general saben mucho sobre la Batalla, en 490 a.C. Fue una de las más grandes batallas contra los persas, una de las más grandes batallas de las Termópilas. – ¿Viste la película “300“? -. Fue un periodo muy vibrante para Atenas como ciudad. Pero hay muchos malentendidos acerca de Filípides y su historia,  y a veces ni los mismos griegos los saben. Por ejemplo, la gente cree que Filípides murió de fatiga luego de correr de Maratón a Atenas, al anunciar la victoria sobre los persas. ¡Y no fue así! De hecho hizo algo mucho más admirable.

Cuando los persas se acercaban a Atenas, el general Milcíades envió a Filípides a Esparta para pedir ayuda: la distancia es de 246 km, y la recorrió en dos días. Hoy, en memoria de Filípides hay una carrera famosa mundialmente, llamada “Spartathlon“.  Es una de las carreras más duras del mundo, que sale del Acrópolis de Atenas, y termina en Esparta. Pero hay más. Cuando Filípides llegó a pedir ayuda, los espartanos estaban en medio de una fiesta religiosa y no la podían detener porque esto enojaría a los dioses. Así que Filípides regresó a Atenas con las manos vacías… sí! Recorrió de nuevo los 246 km. Casi 500 km en apenas días. Creo que hasta el día de hoy, solo dos corredores han repetido esta hazaña: Yiannis Kouros, una leyenda entre los “ultra” maratonistas, que ha roto al menos 160 récords; y Maria Polyzou, la más famosa corredora de todos los tiempos. En fin, sí hubo un corredor que trajo el mensaje de victoria a Atenas, y sí, probablemente murió luego de gritar “Nenikikamen“, que significa “Hemos ganado” en griego antiguo. Pero no fue Filípides…

¿Por qué te inscribiste en esta maratón, sabiendo de las cuestas que tiene?

Bueno, la verdad es que… ¡yo no sabía de las cuestas! A ver, te voy a contar cómo fue que comencé a correr y terminé inscrito en la Maratón de Atenas.

En el verano de 2012 vi un anuncio de una carrera de 12 km que Nike organizaba. Me dije “¿por qué no?”. Comencé a entrenar, corrí, me gustó, y así me picó el “gusanito” por correr. En noviembre del mismo año era la maratón, pero había distancias de 5 y 10 km. Le dije a un compañero de la oficina que corriéramos 10, pero me dijo “lo siento, es que voy a correr los 42. ¡Eso me dejó abrumado! Para mí una maratón no era lo que la gente “ordinaria” hacía. Igual me inscribí en 10, y al terminar me fui a apoyar a mi amigo Themis, y pude ver a otros corredores. En ese momento sucedió algo increíble, vi a un atleta con discapacidad y sí, claro que se veía cansado, pero se veía tan contento… Fue una experiencia increíble. Casi lloré, y me prometí correr la maratón. Pensé: “si él puede, yo puedo”, y me lo dije con toda la admiración por ese atleta.

Me inscribí para el 2013 y no fue sino hasta dos meses antes que supe de los ascensos. Con mis amigos, manejamos por la ruta de la maratón y me di cuenta que de verdad estaba loco. Yo no entrené con un entrenador, lo hice solo. Hay que entrenar cuestas para esta carrera, y yo no lo hice. Sin embargo, creo que siguiendo un programa de maratón, uno llega a la meta. Los últimos kilómetros se recorren con el corazón.

¿Cómo es el clima en noviembre en Atenas?

El clima en Noviembre en Atenas es el típico de otoño: impredecible. Puede ser tan bajo como 10ºC, o tan alto como 25ºC. Pero de seguro, no es frío. La humedad es el problema. En 2013 cuando corrí esta maratón, tuvimos 23 grados y mucha humedad. Condiciones difíciles para correr… El favorito de los élite masculino se retiró en el kilómetro 15, por deshidratación. La famosa Paula Radcliffe también se retiró en el 2004 por la misma razón. Tienes que tomar mucha agua, y reponer electrolitos en esas condiciones, y cuidar mucho tus pies porque hay alta probabilidad de ampollas en este clima. Yo tuve ampollas desde el kilómetro 18. Cometí varios errores – era mi primera maratón- pero ya aprendí de ellos.

Ya me asustaste con la ruta. Describímela por favor.

Creo que se puede dividir la ruta en tres partes: la primera, hasta los 10 km. Es totalmente plana y es un buen calentamiento para el resto de la carrera. Hay que tener cuidado de no ir muy rápido por la adrenalina, porque esa ansiedad luego se paga caro. La segunda parte es de los 10 a los 32 km. Para mí, esa es la carrera: es una elevación contínua, aún con una bajadita a los 15, hay muchos giros y no mucho público para animarte. Tus piernas se cansan y tu mente también se rinde. Durante estos 22 km puede que cometas errores que lamentarás después, o puede que termines fuerte la carrera. La última parte, de los 32 a los 42, es la más sencilla para las piernas y la cabeza. Desde el km 28 comienzas a entrar a los límites de Atenas. Y ahí comienza la fiesta. Público, música, amigos que te esperan… todo se hace más fácil, creo yo. Ya la ruta se convierte en un suave descenso. Si guardaste energía antes, este es el momento para acelerar.

20x30-ACMW0564Contame lo más emocionante de la carrera.

Hubo momentos que aún me erizan la piel… Primero, en esas aburridísimas cuestas, vi a una señora de 75 años, en silla de ruedas, animándonos a todos… ahí, en el medio de la nada, nos gritaba “bien hecho”…! Luego en el km 30, encontré a mis amigos y mi familia que me estaban esperando…Fue un sentimiento increíble luego de esas cuestas. Ellos te dan fuerza para seguir.

A lo largo de la ruta hay muchas bandas, tocando música. De verdad se te para el pelo cuando escuchas los tambores, suenan como tambores de guerra. Usualmente están por debajo de los puentes… así que el sonido es impresionante!

Pero nada se compara a llegar al estadio Panathinaiko. Los últimos dos kilómetros son una fiesta. Música, miles de personas gritando y la vista del estadio… puedes oír al público! ¿Sabías que este estadio lo construyeron en 338 antes de Cristo? Es una experiencia única en la vida. Ninguna otra maratón te da la sensación que tienes aquí, de terminar en un estadio construido hace miles de años. Al entrar al estadio se te olvidan las ampollas, el dolor, el sufrimiento. Yo sonreía, la estaba pasando como nunca en la vida.  Y luego, en unos cuantos metros, luego de cruzar la meta, las emociones se me desbordaron y estallé en lágrimas… de alegría.

Tal vez lo viví así de intensamente por ser mi primera maratón. ¡Nunca se olvida la primera maratón! Claro que no es Boston, ni Berlin. Es empinada, y en ciertos tramos sientes que estás en el medio de la nada. ¡Ni siquiera es elegible la ruta para establecer récords!  Por eso los corredores famosos no vienen. ¡Pero aquí es donde todo comenzó! Creo que todo corredor que ame la maratón debe correr una vez aquí.

Panagiotis 

Todo sea por París


20140313-184817.jpgA dos meses de entrenar con el grupo nuevo, también asumí otro reto.

El profe dijo :“Le haría bien nadar”.

A los lectores del blog que tengan memoria, recordarán que una vez lo intenté. La idea era tener aire, mejorar la resistencia, relajar los músculos.

Lo que pasa es que en aquel momento, solamente podía los sábados, y no pasé de “flotar”.

Estamos hablando de hace dos años, por lo menos.

Y bueno, el profe Andrés entrena triatlón así que es fan #1 de la natación, y me dio por donde era cuando me dijo, al analizar las metas del año: “Claro que puede mejorar su pace nadando, va a ver”.

Se lo dijo a una que tiene la imaginación volátil. Yo, bajar el pace… hm. Eso hay que verlo.

Desempolvé mis anteojos, mi gorra de nadar, el vestido de baño, y les puedo asegurar que lo que no estaba lleno de polvo, sino que muy fresquito, era ese miedo al agua. Qué horror. Tan vieja y tan… miedosa.

Podría decir que por amor a París – ciudad que ni conozco – me tiré a la piscina. (Qué mentirosa. No me tiré. No sé nadar, cómo me voy a tirar).

– “Ok, métase al agua, haga flecha, haga un superman, un par de piscinas, a ver qué tal”

– “Profe, creo que ud. no tiene muy claro, al chile no sé nadar”

Pasé por lo que yo llamaría, “la prepa” de la natación: las burbujas, la tablita, los pececitos de plástico en el fondo de la piscina… ¡ríase! Porque yo me reí mucho.

No sé cómo lo ha hecho, porque conmigo se requiere paciencia en serio, pero el profe logró que yo flote, brevemente –boca arriba todavía no, soy un caso, parezco una piedra – y aunque no he podido encontrarle el gusto a las patas de rana, ya puedo hacer un par de piscinas metiendo la cabeza y pateando, agarrada a la tabla como un náufrago.

Aparte de sentir que durante esa hora en la piscina el tiempo se me va volando, sinceramente sí me siento mejor de aire al correr. Lo probé en un fondo que me tocaba hacer 20 kms. Con todo y las cuestillas, no me fue nada mal – bueno, me caí: en 4 años de correr no me había caído corriendo, vieran qué raspón más vacilón, y eso que iba con licra – y en resumen, al final tenía las piernas cansadas, pero de aire… ¡bien! Bastante bien.

Nunca he buscado la natación por sí misma, ni me veo haciendo un tri porque ¡tampoco sé andar en bici!, pero ya puedo decir que espero con mucha ilusión los martes y jueves para tener esa sensación tan bonita de avanzar bajo el agua, mucho más despacio de lo que avanzo corriendo.

Yo soy esa, la del carril uno, que va con la tabla y no puede con las patas de rana.

Todo sea por París, profe.  ¡Usted sí inventa!

“Póngase una meta”


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Qué pro el teacher, corre y toma fotos. ¡Yo con costos corro y respiro! Foto A. Alfaro.

Hace ratillo no madrugaba tanto un sábado.

Hoy, en Facebook, seguramente habrá leído “primer entreno del año” en el muro de muchas personas. Decenas de grupos de atletismo, grupos de ciclismo, caminantes, nadadores, arrancaron hoy su primer entrenamiento del año. – Retomando la idea del post anterior, hoy mucha gente “los vio correr” -. Yo también los vi. Y también corrí.

Esta vez lo hice con el grupo y el profe nuevos. Igualito que el primer día de clases. Esta vez me tocó correr con el profesor a la par todo el rato… como un reloj suizo! Sé que empecé muy rápido y luego me rezagué, pero la idea era mantener un pace constante y al final se pudo. De que me llevaba vigilada, me llevaba vigilada. ¡Sin derecho a bajar la guardia!

Subiendo la cuesta hacia Lindora, viniendo de Belén, Andrés dijo tres palabras que me dejaron pensando: “póngase una meta”. (Aquí debería poner como 5 tríos de puntos suspensivos). Yo sé para qué maratón estoy entrenando, pero ¿qué meta tengo al respecto? Eso es diferente.

Quedé con esa idea dando vueltas en mi cabeza. Considerando que hoy corrí “rapidillo” para mi promedio, y que no me morí ni me ahogué en ese intento, la primera meta es: bajar mi pace. Pero en serio. Para eso hay que entrenar mucho, exigirse bastante. Hay un momento en el que uno dice: qué es lo que no me da, las piernas, el aire, o qué. Bueno. Yo creo que tengo aire pero me faltan piernas. Vamos a cambiar eso.

Número dos: hay que perder un par de kilillos ahí, yo sé dónde están, me ha costado mucho pero voy a bajarlos. Laura Wesson, esta es una misión para las dos :D Ya comencé a hacer algunos cambios a la hora de ir al Super: ¡Hola semillas de chía, hola yogurt griego, hola avena, hola pan integral… adiós gaseosas! – Coca Vainilla, i´m gonna miss ya! jajajaaj.

Y tercero: apegarme al plan. ¿Cuál plan? Bueno, hoy mismo le paso al entrenador el timeline de cómo corrí Roma, de menos a más… Comencé a 6.45 y cerré en 6.00 ! Nada me gustaría más que volver a hacer mi mejor tiempo de maratón, esta vez en París. ¿Bajarlo? Diay ojalá. ¡Me haría muy feliz! Vamos a partir de la base de lo que hice, y veamos qué plan pone el que sabe.

Para muchos, la meta es más simple – y no menos difícil- y consiste en levantarse temprano. Soltar la cobija. Y con solo eso, ganan un 50%. Se los aseguro. Hacerse el hábito, para el deporte que sea, es cosa de determinación. Ya uno por estar levantado y en tennis, lo demás es ganancia. Como me dijo una muchacha, “con la almohada todavía marcada en a cara“,… pero levantados.

Dado el inusual éxito del post anterior (52 mil visitas en tres días, Santísima Virgen) quiero aprovechar para agradecer a los lectores nuevos… porque me hicieron regresar a leer cosas que escribí hace meses, hace un año, hace dos años, cuando lloré por mis primeros 15 kms, cuando lloré después de escribir la crónica de mi primera maratón, cuando abrí la caja de mi primer par de tennis… y saben qué: volví a sentir una emoción que tenía, digamos, un poquito olvidada. Uno jamás debe perder esa capacidad de asombro cuando corre.

Hoy corrí 12 kms que, en términos de distancia, no es un larguísimo fondo, pero al pace que lo hice, y con los compañeros que lo hice, y el día que lo hice… con el sol tan bonito en Belén… uf! Me gustó montones y me motivó para más.

Ya me puse la meta. Ya yo sé que sí puedo correr 42 kms, la pregunta es ¿puedo correrlos mejor de lo que lo he hecho antes? Me contesto desde ahora: sí, sí puedo. Si cumplo, sí.

Muchas gracias a Just Training por el día de hoy. :) Hasta música nueva le estoy subiendo al iPod.

Chi-sentimientos (Alvarito entiende)


Tennis nuevas, ropa nueva, barrio nuevo.

Objetivo nuevo.

Mentalidad nueva.

Y también grupo y entrenador nuevo.

Dar el paso fue complicado, porque uno se encariña con la gente, se hace a la idea de que pertenece a un grupo o una manera de correr, que solo “el profe” es “el profe”, y bueno, he sido ChiRunner por 3 años, tengo mi camiseta Chi, y cuando me han preguntado con quién corro, yo solo digo “Chi” y  con sólo decirlo, todo mundo sabe que soy del grupo de “Alvarito”. Porque a Alvaro Jiménez todos le dicen “Alvarito”.

Tomé la decisión sobre todo por la parte logística. Luego de cambiarme de casa, con horario nuevo y trabajo nuevo, no podía seguir yendo y viniendo hasta La Sabana. Necesito estar lista más temprano. Antes, que trabajaba desde la casa, podía tomarme el tiempo que quisiera después de correr para alistarme, desayunar, ir a gimnasio, pero ahora cada minuto cuenta y necesito rendirlo.

Otro aspecto – que parece súper sentimental – es que muchos de mis “viejos” compañeros del grupo se han ido, o sencillamente corren aparte, y algunos de ellos son justamente los que iban a mi ritmo. Uno es medio cursi y cabezón en ese sentido…

Pensé que era mejor buscar un grupo que corriera por el lado Oeste de San José, y que así como cada cierto tiempo uno cambia de programa de pesas en el gimnasio,  tal vez cambiar de programas de entrenamiento podría ser bueno. Ya encontré ese grupo, pero antes, antes necesito hacer esta reflexión.

Es de bien nacidos ser agradecido, y yo para Alvaro Jiménez tengo mucho agradecimiento. El profe hizo que yo me creyera que podía, hizo que pudiera. No solo logró que yo llevara un proceso ordenado y exitoso de 0 kms a Maratón, sino que en el camino aprendí tanto de su manera de ver el deporte, de cómo creó un grupo tan grande, donde el rápido o el lento pueden entrenar juntos, sin competir, pero compartiendo.

Alvaro es un hombre sumamente sencillo; callado más bien, un entrenador exigente pero paciente: “levante talones”, “¡Nelaaaa ese braceeeoooo!”, “levante la barbilla… no tanto!”. Con calor, corría sin camisa, y con frío, también. ¡Por aquello de conectarse más con la naturaleza! Y siento que ese gesto suyo, tan noble y tan sincero de esperarnos a cada uno y “jalarnos” hacia la meta, era lo que uno más agradecía de él. ¡En cuántos fondos sabatinos, Alvaro se regresó 3 kms o más por 8, 9 personas, llegando a acumular en ese lleva y trae casi una maratón…! Y cuánto consuelo le daba a uno saber que los últimos metros iba totalmente resguardado por él.

Así que cierro el último ciclo del año como maratonista Chi. De mano de Alvaro y de todo ese montón de “Chi Runners” hice las tres primeras maratones de mi vida, no sé cuántos fondos, cientos de cientos de kilómetros en barro, calle o lastre, con sus respectivos desayunos post entreno.  Y la verdad es que uno no puede dejar de ser amigo de quien ha compartido el agua, el hidratante, un gel, un abrazo sudado y agotado en la meta, y no pocas veces una buena llorada al final de la carrera.

Creo firmemente que con Alvaro aprendí las mejores bases, y también que en ese grupo hice amistades que pienso conservar de por vida.

Con mucha emoción, igual que cuando uno cambia de escuela, ahora voy a aprender otras cosas, otras rutas, y vivir las maratones que siguen con el profe nuevo, Andrés Alfaro, y su grupo. ¡Vuelvo a empezar!

Así que cierro el ciclo Chi, como Alvarito cierra los estiramientos, con los brazos extendidos y viendo hacia el cielo, como queriendo agarrarlo, solo que yo extiendo los brazos para decirle gracias. Y aunque hubo momentos mucho más felices que este, estas fotos siempre me recordarán que más que un profe tuve un mentor esperándome en la meta: en las  buenas, y en las malas. Gracias.

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Temporada de Maratón: esos viernes… esos sábados!


¿Tenía goma maratonera?

¿Estaba deseando volver a hacer fondos largos? Ahí los tiene. Ahí están.

Llegó la comunicación del entrenador con el calendario de fondos, porque en menos de 10 semanas hay que estar listos para correr 42 kms.

Mi primer fondo largo de la temporada, el que sentí que oficialmente me puso en modo New York 2013, fue la semana pasada: 28 kilómetros. Y sin caritas. Sinceramente pensé que no podría completarlos pero no solo sí pude, ¡lo disfruté!. ¡Y eso que subimos la cuesta a Salitral! Pero de verdad me hacía falta esto, y aunque ya logré acomodarme mejor con el trabajo para entrenar en la Sabana como antes, son esos fondos de los sábados los que le permiten a uno medirse hacia la maratón.

Calculo que desde ahora y hasta noviembre, mis fines de semana serán agotadores. Y para decirlo masoquistamente, como corredora,… ¡hermosos!

Se viene Tamarindo (mis terceros 30 kms, parte de la preparación a NY) pero también Orosi, Rancho Redondo, y todos esos lugares donde los sábados, en fila india, como hormigas de colores, se ven los grupos de corredores. Unos van para Chicago, otros a Berlín, otros a Washington. Y a New York, claro.

Esto le cambia a uno la rutina del fin de semana, y por qué no decirlo, desde jueves ya uno entra en otro mundo, y los viernes y los sábados se transforman en una rutina que amamos odiar, o odiamos amar… como sea.

Viernes en la mañana: desayuno con buenos carbos. Bananito para el potasio, claro. Pasearse la mañana alternando la merienda con agua, Gatorade y disculparse con los compas porque “no va hoy en la noche, tiene que madrugar”. Llegamos al mediodía: ¡pasta! ¡qué vacilón, otra vez… pasta! A los que nos gusta, como si nada. Plato de siempre, para ir a la segura, como el penne alla checca que le queda tan bien a Alessandro, el chef de mi restaurante preferido. Por la tarde, seguimos con más agua, más hidratante, y hacemos memoria de lo que hay que pasar a comprar y a qué hora hay que acostarse. Cargamos el iPod con las cancioncillas que nos gustaron esta semana para entrenar.

Viernes tipo 5 pm: uno toma conciencia de que aunque esté bastante despabilado, ahorita hay que dormirse. No sin antes… heeeeey… ¿qué más? ¡Pastaaaaa! Qué rico. Otro mensaje de los compas. Unos diciendo “lástima que no vas, hoy estaba bonito” y otros diciéndote “mae nos vemos mañana a las 4”.  Llegás a tu cuarto, y dejás listo el “muñequito” como digo yo, es decir: tennis, medias, short, camiseta, visera, asistencia, cinturón de hidratación… y hasta la estampita del santo correspondiente, según la longitud del fondo. Finalmente, 8 pm: a lo lejos se oye gente emocionada viendo un partido, mientras uno apaga la luz para dormir. La enciende de nuevo. Revisa la alarma. La vuelve a apagar. Dejó cargando el Garmin.

Sábado. 3 ó 4 am. Qué silencio. Momento crucial: sacar el piecillo de las cobijas, apagar la alarma y decirle al cuerpo que aunque parezca anti natural, hay que salir a entrenar. Alistarse el desayuno pre fondo (mis tostadas con nutella y jugo) y luego, salir a correr y comprender que todo mundo sigue durmiendo. Y que aunque no ha salido el sol, señores, uno ya va para la calle vestido de ninja.

5 am: comenzás a correr. 6 am seguís corriendo. 7 am, muy probablemente seguís corriendo. No son ni las 8 y mientras los demás dan vueltica a la almohada para sentirle el lado frío, ya vos no echás, tenés la cara llena de sal y ves el Garmin: veintitantos, si no es que 30 kms. “Quiero comida”, pensás. Y te comerías una vaca. Y olés a diablos, y aún así, te sentís super orgulloso de los kilómetros devorados. “¿A dónde vamos a desayunar?”

Total que a las 9 am estás bañado en casa, más cansado que si te hubieras ido de fiesta anoche, y quedás medio atontado el resto del día, viendo pelis en casa, con hielo en las pantorrillas, o bueno: para muchos que son papás y mamás, apenas comienza la jornada de llevar y traer hijos a fiestas de cumpleaños. No sé cómo lo logran.

Los viernes y los sábados de los maratonistas no son normales. Para gran parte de la gente somos unos mensos que nos perdemos lo mejor del “friday night” por acostarnos temprano y andar todo el sábado cansados, con hambre y caminando feo.

Pero si leés esto sabés que esa sensación de “misión cumplida” después de un fondo es absolutamente deliciosa. Es una hazaña, chiquitica, pero hazaña: vencer la pereza, el cansancio, y haber sido disciplinado para tener ese gel, esa agua, esos tennis, ese ánimo y esas piernas, todo listo desde la noche antes, y sacar un piecillo…. y luego el otro de las cobijas.

Repaso los fondos que vienen; me da miedo. Pero me dan ganas.

Temporada maratonera abierta: este fue mi sábado pasado. Y ya tengo listo todo para el que viene.

fondo

Yo corro porque…


20130605-164131.jpgHoy en Estados Unidos celebran elNational Running Day“. Invitan a la gente a compartir por qué corren, cada quien crea un gafete virtual y resume sus razones.

Luego del drama – sí, mucho drama – de San Diego, he pensado por qué corro y tengo muchos motivos. Como diría Sabina, ¡me sobran! Algunos explican por qué uno se frustra si no logra un tiempo meta… pero otros poco tienen que ver con cronómetros.

Primero, corro porque un día que estaba triste salí a caminar. De caminar pasé a trotar, y de ahí a correr. Luego de hacerlo olvidé qué me tenía triste.

Corro porque un minero chileno corría en un túnel, y de ahí pasó a Manhattan a correr la maratón. Qué asombrosa lección de voluntad.

Corro porque antes no hacía ningún ejercicio que me encantara. Este, me deleita.

Corro porque, bendito sea Dios, puedo: me dio pulmones, pies, piernas, corazón: tengo todo el equipo y cero excusas.

Corro porque mientras lo hago mi mente también corre, y repaso mis pensamientos, mi mundo, mis enredos y mis conflictos. Al terminar sigo teniendo los mismos enredos, pero se ven diferentes.

Corro porque encontré un grupo donde a nadie le importa si uno es el más o el menos rápido, solamente te dicen “qué dicha que viniste” y van con vos en el fondo, compartimos el agua, nos reímos y solemos desayunar juntos luego de correr.

Corro porque encontré un entrenador que aparte de decirme millones de veces que bracee, relaje los hombros y levante los talones, me ha enseñado a disfrutar y sonreír si llueve o hace calor, y a ver el ejercicio como una comunión con la naturaleza y las personas.

Corro porque en ese grupo he hecho amigos a los que quiero profundamente y sé que son “de verdad“. Y me gusta verlos correr. Vernos correr.

Corro porque me da una sensación de libertad enorme… ¡a veces sueño con esas carreteras eternas en las que uno solo va, y va, y va… sigue el camino hasta que se acaba o se cansa!

Corro porque puedo ir escuchando mi música, y un solo acorde me emociona para ir una pizca más rápido, o ir medio cantando – o medio bailando -.

Corro porque me siento completa al terminar de correr: quedo con un poco de sal en la frente, mi corazón bombea fuerte la sangre y saco cuentas de que a veces, para hacer ese mismo recorrido, he tomado un bus o un taxi, pero ya puedo hacerlo con mis pies.

Corro porque sin ser rápida, pero puedo cruzar la misma meta que Gabriela Traña… (horas después).

Corro porque ahora me encanta La Sabana.

Porque para correr puedo comer la pasta que adoro,  y porque aprendí a saborear algo que antes me pasaba desapercibido: el agua.

Corro porque esas medallas de colores en la pared de mi casa me dicen que aunque haya cosas que al inicio parecen difíciles, si uno se arma de valor, las logra vencer. Y aplica a la vida. Me siento tan valiente cuando las veo.

Corro porque ahora me siento muy yo en tennis y en shorts. La de los zapatos y vestido también soy yo, pero rápido me cambio y no pocas veces me pego una carrerita en tacones.

Corro porque sé que mejoré bastante desde que comencé, pero lo acepto: tengo curiosidad de saber hasta dónde puedo llegar. Quisiera soñar con correr como Luz, como Gioco o como Annete,… por ahora, las persigo de lejos. Me retan a no rendirme.

Correr me trajo a la vida orden, salud, y una sensación de bienestar enorme. Me volví una muchacha más feliz, tengo mis rutinas y disfruto más los amaneceres. Las cosas pequeñas, los logros ajenos. Todo.

602342_10151484427332643_1513419495_nY corro porque me gusta, punto. Porque puedo. Y mientras pueda lo quiero hacer, hasta donde me rinda la cuerda.

He corrido en los lugares más hermosos de Costa Rica: Orosi, Tamarindo, Rancho Redondo, San Rafael de Heredia; y también en otros que quedan muy lejos, pero también me fascinaron: New York, Roma y San Diego.

He visto gente que no corría comenzar a probar pasito a pasito esta pasión… y volverse fiebres. Turneros.

He corrido con mis amigos, ellos me han arrastrado a la meta, me han visto llorar y celebrar que pude, ¡que pudimos! Nos hemos abrazado cuando nadie nos abrazaría, ¡sudados y en fachas!

Por eso corro y ya quiero que sea mañana para ir a entrenar.

7 de julio: a correr sin tiempos


20130603-190241.jpgResolví varias cosas después del colerón:

1. Aunque me di cuenta de que a muchos lectores no le gustó que me tratara tan mal a mí misma, la gracia de este blog es la sinceridad. No me voy a poner como un ejemplo de nada, me sentí enojada, triste y decepcionada, y si no lo escribía así aquí, sería una mentirosa. No podría dejar de ser como he sido desde que empecé, honesta conmigo y con quien me lea. Y no crean, a veces borro cosas antes de publicarlas… correr me ha sacado el alma al aire y a veces me cuesta guardarme mis emociones, las buenas y las malas…
2. Pasada la chicha, entiendo que tengo 3 cosas que hacer, una de ellas entrenar como siempre y un poco más, la otra es ser realista con mis objetivos, y la tercera, volver a disfrutar una carrera. Digo, desde marzo no vivo algo bonito, recuerdo que Quepos fue una tortura y ahora San Diego tampoco fue una maravilla.
3. Casualidades: mi cumpleaños cae el mismo día de la Correcaminos, la media maratón que atraviesa San José. Creo que me haría muy bien correrla sin presiones, y sobre todo sin Garmin, a puro sentimiento, de manera que no esté con la pensadera y hasta pueda disfrutarla. Se me ocurre que si me pego a un grupo que vaya a un pace similar al mio, será suficiente. Y bueno, de por sí el chip que le dan a uno me dirá el tiempo final.
Me gusta esa idea.
Claro que yo corro por disfrutar. No hay un día de mi vida, se los juro, que yo no vea mis piernas y diga “Gracias a Dios”. Que yo no sienta algo bonito porque me amarro los tennis y me quedo sin aire entrenando, con mis amigos. Pero como me escribió un lector, es casi imposible encontrar un corredor que no sea competitivo. Eso es todo. Me toca no echar a perder la alegría que encontré en correr, y que la sigo encontrando a diario en La Sabana.
Antes también hay que revisar lo técnico, desde las tennis hasta el uso de las medias de compresión, todo.
Va a ser bonito celebrar mi cumple corriendo. Ya una vez lo celebré entrenando, y se sintió genial… Siempre digo lo mismo, que lamento tanto no haber empezado antes… Pero correr llegó cuando tenía que llegar. Se convirtió en parte de lo que soy. Ya tengo más tennis que zapatos corrientes, más ropa de correr que ropa común, y al igual que muchos que me leen, siento que me pican las piernas por salir a correr cuando amanece linda la mañana o veo a otros entrenar.
Si el Mambo pudo ser goleador después de su lesión, ¡por qué no puedo yo volver a estar re contenta y que me importe un comino el pace…!
El primer voto de confianza para mí misma será regalarme un par de tennis. ¡Eso siempre lo pone a uno de buenas…! Eso y el cariño de muchas personas que no creen que yo haya sido una rala ayer… solo que tuve un mal día. Gracias.

“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

¿Quiere ver cambios? Cambie.


Escribo este post con 5 ampollas. No, no en los pies. ¡En las palmas de las manos!

Hice un cambio radical que me está recordando que para ver resultados diferentes… ¡hay que cambiar la rutina!

Y bueno. Correr ya es mi rutina. Ya no me es extraño madrugar, hacer fondos, correr 21, 25 kms, andar en tennis, comer bien antes y después de una carrera… cumplo dos años y medio de correr, y la verdad he ido mejorando. ¡Lento, pero ahí voy! Los tiempos van bajando, las piernas son distintas, me canso… pero distinto!

Pero yo quiero algo más.

¿Por qué no puedo yo pensar en mejorar el tiempo de Roma en NY… puedo hacer menos de 4 horas y media? Sí. Pero entonces no puedo seguir haciendo lo mismo. Si hago lo mismo siempre, tendré los mismos resultados. Hay que cambiar la rutina. Hay que cambiar algo, si quiero cambiar esos números y correr mejor, correr más, disfrutarlo más y desgastando menos el cuerpo.

Si uno no busca un desafío más, si uno no se exige un poco más, si no cambia la actitud o se reta,… diay seguramente va a correr siempre igual. Igual que en el gimnasio, donde si no cambiás la rutina, pues nada, el músculo llega a un punto de confort, no subís, no bajás. Todo queda igual.

Para ver cambios esta semana comencé a entrenar Cross Fit, que combinado con correr, da muy buenos resultados. Mi instructor se llama Paulo Wesson y aparte de Cross fit también enseña Jiu Jitsu.

Cross fit es un programa de entrenamiento que incluye ejercicios funcionales; se hace en sesiones muy cortas pero super intensas. Les puedo decir que en 10 minutos uno queda fundido, ¡pero fundido! Y es excelente para mejorar la fuerza, la resistencia y también la velocidad. Aparte de que reta mucho la voluntad. ¡No es fácil! En el primer encuentro con la barra, el sudor de la palma de las manos y un workout intenso me dejaron las ampollas que apenas hoy se me van sanando. Pero es una enorme satisfacción sentir otros músculos trabajados, y entender que esto será una buena base para los objetivos nuevos.

Y este es el primer cambio. ¡De muchos! Comiendo lo mismo, haciendo lo mismo, leyendo lo mismo… obtenés lo mismo. No tiene sentido. Creo que eso es parte de lo que se aprende corriendo. ¿Querés más? Hacé más. 

Tengo el propósito de mejorar ese 4.34 de Roma para noviembre, en NY. ¿Cuánto puedo bajar? No sé. Las matemáticas las hará mi entrenador. Pero la única manera de saberlo es tomando decisiones y cambiando. Cambiando.

Las cosas suceden si uno se mueve y las provoca. Los buenos tiempos y las grandes satisfacciones no están haciendo fila ahí afuera, hay que  salir a perseguirlos. Al que quiere cuadritos, qué tirada, ¡no los venden! ¡Hay que marcarlos! Al que quiere correr más rápido, ¡pista, pista! Al que quiere un título académico, ¡a estudiar! La diferencia es decidirse y hacerlo.

A veces no es pereza, es miedo. Y el miedo es la cosa más normal del mundo, todos lo sentimos. La diferencia es lo que él nos haga a nosotros: si nos frena, nos inmoviliza, o nos pone alerta. El escritor Julio Bevione dijo una vez que “la acción mata el miedo“. No le de mucho tiempo a las excusas. Hágalo, cambie. Algo va a pasar.

Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

fondomaelevacion

Leo Chacón: porque el cuerpo no se manda solo.


Cuando lo vemos en La Sabana entrenando, se nos salen los aplausos de las palmas de las manos… es inevitable.

Hay atletas que se llenan de medallas y récords, y se vuelven “importantes“. Otros dan un ejemplo de vida, inspiran, sonríen cuando más les duele, te animan con su buen humor y nos dejan callados con su humildad.

Esos, se vuelven trascendentes.

Leonardo, gracias. ¡Viva Liberia!

 

 

Sacado el clavo… alistando la maleta


Siguiendo los pasos del profe. ¡Sólo así! Correr Chi. :)

No fue sin dolor, ¡me dolió! pero fue hermoso porque tuve la vista del Turrialba, humeante y calmo, el compañerismo de mis amigos, y delante de mí todo el tiempo al entrenador que sabe guiarlo a uno a donde uno quiera llegar.

Orosi y yo nos reconciliamos ayer en un recorrido de 35 kms, lleno de cuestitas que había olvidado. Esta vez corrí muy acompañada, y creo que sin los chistes de Ramón, Isaak, y la conversa con Melissa y Alvarito, así como la chi asistencia, no hubiera logrado romper una barrera mental. Ayer no era para ver tiempos, no, era para romper esa barrera que es la peor que uno se puede poner; esa pensadera en el dolor o en que la cuesta es muy larga…. ¡QUÉ IMPORTA! siga, siga, siga. Ayer solo eso me dije: siga siga siga.

Dejo el mapa del recorrido, pero quiero brevemente explicar por qué este año sí pude hacer fondo madre, es decir, según yo, esto hizo la diferencia:

1. Confianza. Tamarindo le deja a uno la sensación de “poder”. En el post pasado dije “esto no puede ser peor que Tama”, pero sí lo es, en términos de topografía. Igual, ya uno embarcado corriendo… lo que tiene que hacer es aguantar y seguir. Pero de alguna manera haber aguantado Tamarindo te da una base para pensar que podés con algo similar.

2. Gimnasio, comida, hidratación. Este año me he portado mejor en esos 3 aspectos. Y se siente la diferencia.

3. Correr con amigos. No me quedé rezagada como el año pasado; esta vez iba en un grupo y ellos me “llevaban”. Y aunque hasta los 30 k el profe me tuvo que arrear como a una mula, lo pude terminar.

4. Braceo. Es básico pero uno no lo entiende hasta que lo hace, sobre todo en los peores ascensos.

Aprendí que las cuestas no son lo peor del mundo, ¡lo peor es no tener un motivo para subirlas…. y yo tengo tantos!

Y que si uno puede correr 35 kms en Orosi, con mucha seguridad y si Dios lo permite… puede correr muy cómodamente 42 kms y 195 metros en Nueva York.

El clavo de los 35 kms


Hace un año, en la vuelta de los 15 kms… paré a los 25.

Con Correcaminos no pude – algún día podré, lo prometo – pero con mi fondo madre, ¡tiene que suceder! ¡Sacarme el clavo!

Con el perdón de los Cartagos que me leen, ¡correr en su provincia me cuesta mucho! No sé si es por el frío – yo por todo me cobijo – o por la topografía, o justamente por ese fondo madre de octubre del año pasado, cuando no pude terminar la tarea por un dolor en la pierna izquierda. 

La verdad es que tengo pocos recuerdos de ese día, como que lo tengo bloqueado en mi mente. Solo me queda el colerón de parar de correr, no terminar lo que tenía que hacer, y desayunar con la panza revuelta por el miedo a que eso fuera un mal augurio de la maratón. Yo me fui a NY sin saber qué era correr más de 30 kms; quedé con “ese clavo”. Pero veámoslo con la cabeza fría:

Número uno: nunca fue, aunque parecía, periostitis tibial. He concluido que tal vez fue falta de gimnasio, recarga acumulada o nervios. Punto. El médico lo descartó y con fisioterapia se fue el dolor.

Número dos: a cualquiera le pasa. El fondo madre es un ensayo, pero no es la maratón. No hay que hacerse bolas ni asustarse por todo.

Número tres: si me toca correr otra vez ahí, la estrategia está clara: ir con mente re positiva, más actitud, y bueno, voy a repetir la fórmula de “corro 17.5 y me devuelvo” aunque tenga columpios y a medio camino el frío se convierta en un sol pesado y cansón.

No me importa. Se corre y punto.

Estos días he pensado mucho en el poder sanador de correr. Una vez que uno echa a andar los pies, en la cabeza todo se va resolviendo – o te vas peleando con medio mundo – y no me dejarán mentir los corredores, el sudor para nosotros no es sinónimo de calorías quemadas, ni bajar de talla necesariamente. Uno sabe que en el sudor se va todo: las frustraciones, las peleas, las decepciones, los berrinches propios o ajenos, … todo. Por eso al terminar hay una sensación muy placentera de serenidad, que junto al agotamiento te relajan y te calman montones. No tenés más fuerzas ni para volverte a preocupar por lo que te tenía estresado al inicio.

Sin entrar en detalles, este año sí que llevo cosas anotadas en la suela de las tennis. Suficiente. Una de ellas se llama “miedo a correr en Orosi” y voy a ir a sacarme el clavo, quiero hacer el fondo completo, sin lloriqueos ni dolores, concentrada, mejor preparada físicamente y terminar los 35 kms de tarea para NY. Además si algo recuerdo es que Orosi es precioso y que la belleza escénica del recorrido vale la pena.

Además, vengo de correr 30 y Orosi no puede ser peor que Tamarindo. Ya sabemos que el cuerpo lo resiste: ahora hay que ir a hacerlo. Comienza con un paso, comienza cuando me amarre los cordones esa madrugada del sábado, comienza y no se termina hasta que se termine.

Me quiero ir a sacar el clavo de eso y de todas las cosas que me molestan, lo que me haya quitado paz o contentera. Lo voy a dejar ahí botado en Orosi y no me lo llevo a NY, porque este año NY va a ser mejor. ¡Hasta las elecciones voy a poder ver! :)

Así que a comer como se debe y alistarse, porque correr 17.5 kms y devolverse tampoco es fácil. Pero este año, Dios mío, no será imposible. Yo seré más fuerte.

Y al terminarlo sabré que puedo venir a casa a comenzar la maleta… que ya saqué del armario.

Recuerdos de carreras


¡Feliz sin dolor! Foto: Alfredo Carballo (que hoy nos hizo super fotos a todos)

¿En qué momento pasó un año? Hoy fue el fondo madre de mis amigos que correrán en Chicago, y yo me les uní por 13 kms. No es mucho pero era para “tantear” cómo respondía el pie. Y respondió. Y corrimos. Y los vi llegar felices a todos, enteros, sonrientes. El otro mes ya me toca a mí. La ruta de hoy es mi favorita, y me encantaría que fuera la ruta de mi fondo madre… (en caso de que el profe lea esto, ¡yo feliz…!) pero bueno, correremos donde haya que correr con actitud y con contentera.

Teniendo tanto tiempo la semana pasada, me puse a ordenar algunos chunches en la casa y encontré una pila de papeles: los números o bibs de las carreras que he hecho. Algunos hasta tenían las gacillas puestas y todo. Hay unos enormes que le tapaban a uno todo el torso, otros lindísimos, por coloridos, otros muy feos que los imprimen como en lona y son súper incómodos. Sé que no son todos los bibs de todas las carreras porque alguno se me habrá perdido o lo habré botado, pero casi siempre los guardo y lo que no sé es qué hacer con ellos.

Lancé la pregunta en el Facebook de Una vuelta a la Manzana y la lluvia de ideas me encantó: de hecho me costó mucho decidirme por cuál era la mejor opción, y como no urge, al rato y pueda hacer varias.

El único bib que enmarqué por aparte es el de NY, por razones obvias.

Por qué guardar los bibs, si para recordar cada carrera está la medalla… no sé. No hallé cómo botarlos. Cada papelito de esos me trae a la memoria algo; y bueno, es uno de los momentos emocionantes de una carrera, colocarse el número, buscar las gacillas (que nunca aparecen cuando uno las necesita), y que te lo tachen para tener medalla y merienda.

El resultado de por lo menos sacarlos y verlos fue esta foto que me gusta mucho y que quise poner en el blog.

Las medallas también las conservo, pero están en un sitio de la casa donde solamente yo las veo. De todas las carreras, solo hay 3 medallas que no me dejé: la de Tamarindo del año pasado, porque se la regalé a mi mamá dado que la carrera fue el día de su cumpleaños, la del Reto Jacó Extremo que se la regalé a mi papá porque tuvo la paciencia de acompañarme, y la del Reto Powerade del año pasado que se la regalé a mi tío Luis, que con todo y que estaba delicado de salud salió a la esquina de su casa en Belén a hacerme bulla.

Todas juntas,… ¡si hablaran…!

Con las camisetas es otra historia, porque como ustedes saben a veces uno pide XS y le dan una L ó M que ni para pijama le queda, entonces es complicado. Conservo las que son personalizadas y de la talla correcta, y particularmente las de Corré por Mí que llevan los nombres de las mujeres por las que corro en octubre.

En fin, les adjunto unos links de sitios que venden álbumes para ordenar los bibs, y algunas ideas que encontré en Pinterest. Y si quieren me cuentan qué hicieron ustedes con sus medallas, bibs y camisetas. :)

RaceDay Books ordenadísimos álbumes para los que guardan todo, y apuntan como un “journal” de sus carreras. Lindísimo.

Races R My Bag Muchachas qué tal unos bolsos grandes para llevar de todo a los fondos… hechos con los bibs! Me encantaron.

Y estas son las ideas de algunos de los lectores del blog: 

Allan Abarca: ¿ponerlos en un álbum?

Patricia Barboza: Tomales una foto que se pueda imprimir en tela y haces un quilt, además de un bello recuerdo ¡tendrás una obra de arte útil!

Laura Mora Carboni-Hernandez: Enmárquelos iguales y póngalos en una sopla pared, queda bien bonito.

Natalia Di Pippa: Un cuadro con intervalos de fotos de cada carrera!
José Chaves:  Emplastíquelos y hace manteles individuales para la mesa. Sería un buen tema de conversación en la mesa contar los detalles de cada carrera.

A mí me suena montones la idea de José. Además no tengo individuales. ¡Pero la del quilt está super curiosa!

Déjà-vu


En el tercer Reto Powerade. ¿Habrá cuarto?

Se terminó el Reto Powerade. Por tercera vez en mi vida me vi en la Ribera de Belén, empapada en sudor, agua y abrazos de los compañeros. De nuevo en una de las carreras más gustadas del año. A estas alturas del 2011 no había corrido Tamarindo, no había hecho mi fondo madre, no había corrido una maratón. A estas alturas del año pasado todo era nuevo.

Y aquí estoy otra vez.

Me pregunto por qué, si el calendario de carreras es más o menos repetitivo, uno se empeña en seguirle la corriente. Por qué no basta con correr una carrera de 10 kms, o dos medias maratones. Por qué de nuevo todo. Para qué repetir.

Hasta me pregunté “será que no tenés nada más entretenido que hacer”. La respuesta fue “no, tengo muchísimas cosas qué hacer, pero esta es la que más me gusta… aunque sea repetida”. – Los lectores del blog recordarán los lamentables duelos entre Nela1 y Nela 2. Por ahí anduvo el asunto.

Es natural que ahora estas carreras no le generen a uno el susto inicial. No es falta de emoción, como comentaba con mi amigo Alfredo Carballo, es que perdimos aquella inocencia con la que estábamos entrenando, cada uno para su primera maratón. Rompimos esa barrera mental y ahora estamos repitiendo el ciclo. Antes corríamos preguntándonos ¿será que puedo? Hoy sabemos que podemos.

Parte de ese déjà vu ha sido el blog.

Hace unos días estuve un poco desmotivada – no lograba levantarme temprano – y estaba cavilando en esto de por qué correr tanto, por qué volver a la carga cada vez que se anuncia una carrera… y me fui a los primeros posts de este blog.

Aparte de odiar algunos párrafos que ahora considero mal redactados, comencé a verme a mí misma en ese proceso, en esa inocencia de quien lloró en su primer fondo sabatino de 13 kms; de quien estrenó el Estadio Nacional en su primera Media Maratón, de ese primer par de tennis que hoy están ya retiradas de la acción, de quien sufre su primera lesión y su primera sesión de fisioterapia, y de la enorme ansiedad que me causaba imaginar lo que sería aguantar 42 kms recorriendo los 5 barrios de Nueva York.

Cuando llegué al post de la maratón, titulado “Lo hice”, lloré otra vez. Sobre todo porque releí los comentarios de quienes tuvieron la paciencia de seguir el proceso. Lloré recordando que fue el día más feliz de mi vida, del intenso dolor de piernas después de correr, … de la sensación de “todo es posible” que me quedó latente por meses. En serio que no entiendo cómo fue posible. Más que piernas, fue corazón.

Confronté esas emociones con lo que vivo hoy, y entendí que correr no sirve nada más para tener buena condición física, mantenerse saludable y hacer amigos. Correr me había aclarado mucho la mente, me ha servido en este tiempo para controlar mi carácter – no es nada fácil – y para apreciar los pequeños grandes avances de una persona que no tiene el don de correr. No, no lo tengo. No me sale natural y no soy ni siquiera medianamente buena.

Digo esto porque hace poco pude conversar con un corredor que me hizo ver lo complicado que es sentirse “obligado” o “presionado” a ganar o romper marcas, como los élite. En cambio uno lo hace porque quiere: no soy rápida, me cuesta levantar los talones – todavía – y mis mejoras en el pace son muy pequeñas… sin embargo soy fuerte. Considero que soy fuerte. Lo hago por gusto aunque no soy buena.

Releí muchas partes del blog, me reí de mí misma, me di cuenta de lo afortunada que fui muchas veces topándome tantos personajes tan  entrevistables – los kenianos de Tamarindo, Lobito Fonseca, Shirley Cruz, Gabriela Traña, César Lizano… uuh! – y entrevistados como Rebecca Morales, mi “mona”, y la mamá de mi amigo Boris en su primera carrera.

Así que no sé cuántas manzanas vengan; no sé cuántos déjà vu tenga en cada carrera de 10 kms, en la misma ruta y con la misma medalla… sé que encontré algo que me gusta, y lo junté con escribir y entrevistar, que me gusta también, y si como he leído en muchos correos y comentarios, este blog ha servido para que alguien crea que puede levantarse y comenzar de la nada a soñar con una maratón, pues entonces no he perdido el tiempo.

Aquí voy de nuevo: Tamarindo es lo que sigue. Otra vez a la playa, el calor, la emoción de llegar la noche antes, la humedad, el placer enorme de completar 30 kms, las sonrisas, la medalla, la foto… vamos de nuevo. Sí, vamos de nuevo. La vida es correr, y a veces detenerse sólo para agarrar aire y volver a correr otra vez.

Lo escribo a propósito del evento BloggueandoCR al que fui invitada. En algunos minutos tendré que contar mi experiencia como “blogguera”, aunque yo me siento más “una muchacha que corre”. Despacio, pero corre.