Lo que uno quisiera ser en la vida


Antes contar qué pasó aquel domingo de la carrera: ella merece un capítulo aparte.
Acompañé a Fernando, Fernando y Sergio a la expo – a la que fuimos dos veces – . Entre su buen humor y el vivir a través de su primera maratón en New York, y mi tercera ahí, la experiencia tenía otro color.
Saliendo del centro de convenciones ese sábado, sucedió algo que se sumó a la cadena de encuentros inesperados: en un stand de Abbott, justo el de los Six Major Marathons, estaba una mujer menudita, de cabello gris, sonrisa amable y ojos chispeantes, firmando autógrafos.
“Hey. Hey porfa, necesito hablarle, ¿no importa? ¿Me esperan?” Amablemente esperaron a que hiciera la fila, que era corta, y ahí estaba yo, hablando con una mujer récord, una leyenda. Joan Benoit Samuelson.

12194094_10153270750522643_1912675959_oLa mujer que ganó maratón en las Olimpiadas de Los Angeles 84 – la primera campeona olímpica de la maratón femenino – con aquella figurita casi infantil, la misma que destrozó los cronos en 2:22.43 en Boston, 1983. La mujer que cada año narra en televisión la maratón de Chicago – esa carrera en la que hizo 2:21.21 en 1985. Leyenda, punto.

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“Nela, Have a lucky #7 Marathon in NYC” Joan Benoit Samuelson

No me quedé mucho rato conversando con ella – para no aburrirla le hice un breve resumen de mi condición médica – pero le expliqué: “Ya estoy bien. Corro porque me gusta mucho y esta es mi séptima maratón, la tercera aquí en NY”.
Con una carita muy tierna y poniéndome atención, en un gesto de preocupación casi maternal, me dijo “Oh. Tenga cuidado, ¿verdad? Mañana, cuídese.” Y me firmó su foto, mientras le dije “Hey, me gustaría que vaya a correr a Costa Rica”. Anotó su e mail, y nos despedimos. Me encantó lo que me escribió.
Jamás podré ser como ella – lo de ella era un talento natural, es una de las más grandes leyendas del atletismo – pero sí sentí bonito cuando nos despedimos, y quise soñar que cuando tenga su edad, me vea así, fuerte, atlética y feliz. Que yo quisiera ser un poquito así.

¿Más coincidencias lindas? Faltaban las mejores. Estamos a menos de 24 horas del disparo de salida. Buenas noches, New York.

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Una semana después…


photo 1No quisiera que quede la idea de que no es lindo correr en París. ¡Lo es, y mucho! Entre más días pasan, más me convenzo de que fue una experiencia hermosa, inolvidable… caminar con la medalla en el pecho, por esas callecitas hermosas, ahhhh ¿cómo se acaba tan rápido? El entrenamiento es largo, y ese día de la carrera es efímero. Disfrútelo, sea donde sea, ¡viva su maratón y ríndala como ese dulce que no queremos que se nos deshaga en la boca! Tal vez diría que no es una maratón para hacer “equis” tiempo, pero ¡uno nunca sabe! Vaya. Disfrútela mucho.

Algunas cosillas que se me quedaron sin decir:

  • Muchachas, muchachas, muchachas:… si van, lleven cámara para tomarle foto a los bomberos. No hay palabras la guapura. Qué digo bomberos. Todos. Todos. Impecables, educados, encantadores. Y aquel acento.
  • No entendí muy bien a los parisinos. Uno de ellos al leer mi camiseta “Paris vaut bien un marathon” se puso a reír – ¡y me cayó maaaal! – pero otro que venía detrás de mí, al leerlo en mi espalda me dijo “Bgggavó! Nelá!” Al final no supe si entendieron que me sentía honrada de correr en su ciudad, pero bueno, a mí sí me importaba.
  • ¿Premio? Aparte de la medalla, yo elegí probar todas las “créme brulée” que pude… ¡irresistible!
  • Hubo una segunda maratón, y esa fue la que caminé entre lunes y martes. Entre museo, con gradas incluidas, y buscar por todo el cementerio las tumbas que quería ver, calculo que o me terminé de cargar las pantorrillas, o ya estiré y aflojé. No sea tan ingrato: ¡cómo fueron a enterrar a la Piaf allá, hasta el puro final del cementerio!
  • Volviendo a lo deportivo: ya fui a masaje, vamos a revisar bien los suplementos para la alimentación, y a retomar gimnasio. Pero todo esto, poco a poco. Por supuesto que ya salí a trotar. El domingo, con un susto enorme me volví a poner los tennis a ver si me sentía “igual de contenta”. Bueno, me sentí lenta. Pero feliz. Mi ruta Heredia-Aeropuerto me fascina. Volver a toparme a los ciclistas que entrenan por ahí, llevar el sol en la espalda, parar en la misma pulpería de la chinita… ahhh. Se siente rico volver a esas rutinas.

photo 2Y qué viene… seguir nadando. Seguir con el profe. ¿Carreras? Veremos. Algunas del año no me las quiero perder por nada del mundo – Santaneña, Powerade – pero si hablamos de maratón de nuevo, quiero hacerle caso al destino.

Porque recibí un correo de la familia Pentheroudakis. ¡Me esperan!

Y nos encontraremos en noviembre, donde todo comenzó! No por tiempos, no por reloj, por la historia, y por comprender la maratón en su casa: ¡Atenas! ¡La primera y auténtica maratón! ¡A lo Filípides, pero sin morirse! Una vuelta a la manzana original, el 9 de noviembre de 2014.

De Chicago a Roma: Spirit of the Marathon II


Comienzo hablándole a quienes no han visto el documental Spirit of the Marathon. El primero, de 2008, cuenta simultáneamente el camino de seis corredores que enfrentarán la Maratón de Chicago.

Aparte de sus historias y retos personales, el documental procura contar la historia de la maratón como tal, entrevista a grandes leyendas del atletismo mundial, sin olvidar a la gente que sabe que no rompe un récord, pero logra una hazaña en la meta.

Este documental se ha convertido, me atrevo a decir, en parte del ritual pre maratón de muchos corredores. Aunque ya uno sabe qué le pasa a cada uno, y lo ve una y otra vez  para infundirse valor, siempre se emociona igual.

Las segundas partes sí pueden ser buenas, y justamente el año pasado se estrenó la segunda edición de Spirit of the Marathon, esta vez contando la historia de siete maratonistas… ¡en Roma!

Apenas lo pusieron en pre venta en Amazon me apunté, porque ¡cómo no iba a querer revivir los 42 kms de Roma, con otras historias, en otro año! Yo corrí en Roma en 2013, pero el documental se grabó en la maratón de 2012.

Sin quemarles la sorpresa,… ¡este segundo documental me ha emocionado todavía más que el primero! Por muchas razones. Por la historia personal de cada uno de los protagonistas, por volver a ver a esos mismos corredores italianos, alegres y divertidos, que yo tuve a mi lado el año pasado,… todos se ven ahí, en ese recorrido… ¡tan simpáticos, tan hablantines! Esa ciudad, absolutamente asombrosa e imponente. Y como dice Domenico, uno de los corredores, “al ver el Coliseo uno se llena de tanto valor, como los gladiadores, que se olvida el temor a los 42 kms”.

Este es el tráiler, para quienes no lo han visto aún. Yo no soy Giacommelli ni Arciniegas pero le doy un rotundísimo 10, y espero poder sentarme a verlo otro montón de veces con mis compañeras del grupo, con mis papás, con quien quiera llenarse del espíritu de la maratón.

Maratón en París: la belleza se une al sacrificio


picstitchUn amigo mío corrió París. Y tanto le gustó, que la repetirá este año.

Su nombre es Juan Carlos Antón, y así como a Rafa y a tantos amigos españoles que corren, me lo encontré en twitter. Este año espero que podamos saludarnos en la línea de meta. Muchas veces me ha dicho Juan Carlos que, por las bondades de la ruta en París, podría mejorar mi tiempo de Roma (4.34). ¡No lo sé! Eso sueño. Pero mientras entreno para lograrlo, le hice estas preguntas.

Solo puedo decir que su narración es épica, y que luego de leer su descripción me dan muchas más ganas de ponerme los tennis y estar allí. ¡Yo, que odiaba el francés!

– Primero, ¿qué hizo que eligieras esa ciudad para correr maratón el año pasado?

– ¡París no estaba en mi guión para 2013!  En marzo de 2013 estaba inscrito para correr la Maratona di Roma. En aquel momento se discutía la fecha de entronización del nuevo Papa Francisco y los pronósticos apuntaban al 17 de Marzo… ¡fecha de la Maratona! Se barajaron varias hipótesis para cambiar la hora de la carrera, peligrando mi participación, pues tenía el vuelo de vuelta a Barcelona muy ajustado. Busqué un plan B y decidí inscribirme de urgencia en la maratón de París. La verdad que fue agradable casualidad conocer París a través de su maratón, así como correr dos maratones en 3 semanas.

– ¿Qué consejos te dieron previamente, qué te dijeron de la carrera?

– Tuve poco margen para recibir buenos consejos. París es una buena maratón para mejorar tus marcas, con un trazado completamente plano y absolutamente turístico. Sabía que era una de las grandes del calendario internacional con más de cuarenta mil corredores y una organización impecable. Muchos la califican de la maratón más bella ¡Y no se equivocaron !

– ¿Cómo son los franceses como “público”? A veces uno cree que son bastante fríos, pero en los videos pareciera que son muy entusiastas para aplaudir. 

– Al margen de la maratón, si es verdad que son algo fríos, quizá  distantes, pero muy formales. Eso sí,  durante la carrera todo lo contrario, vi un público entusiasta, que animaba como el que más. París es muy cosmopolita y había mucho turista animando por los lugares más emblemáticos del recorrido como la Rue de Rivoli ó los puentes del Sena.

– Recuerdo que al finalizar y salir del recinto de la meta, cuando me dirigía al Hotel por la calle, algunos franceses me felicitaron y me estrecharon efusivamente sus manos.  ¡Muy grandes los franceses!

– Llegado el día de la carrera, ¿qué sensaciones tuviste? 

– El día de la carrera amaneció frio (10º), pero soleado. Mis sensaciones fueron bastante positivas, como te decía, venía de correr en Roma con la idea de no hacer grandes sacrificios, tocaba disfrutar. Por ello planifiqué mentalmente un ritmo cómodo, con un objetivo en el entorno de las 3:45, ¡sin ninguna exigencia!

– Hablemos del recorrido: ¿tuviste tiempo de, al menos brevemente, apreciar los monumentos y paisajes de París?

– Correr 42 kilómetros y 195 metros siempre es muy duro, pero hacerlo en un escenario plagado de lugares emblemáticos y grandes monumentos como París, se convierte todo en una experiencia gratificante. París es impresionante, una ciudad espectacular donde todo es bonito, todo es grande, sus parques, edificios, calles… y cómo no, también lo es su maratón, que cruza los Campos Elíseos,  plaza de la Concordia, Rue de Rivoli y Plaza de la Bastilla, alcanza el Bois de Vincennes. Pasa por la Catedral de Notre Dame, el museo D´Orsay, el Louvre, los puentes del Sena y la Torre Eiffel… ¡La belleza se une al sacrificio!

– ¿Qué tal la ruta y la altimetría, cuáles fueron los tractos más difíciles y cuáles los más bonitos?

– Te cuento: salida en ligero descenso por los Campos Elíseos hasta el km 3 donde iniciamos tramos más estrechos, ahí se formaron aglomeraciones de corredores, obligando a sortearlos, a cambiar el ritmo, a vigilar para no tropezarse… Del Km9 al Km19 seguimos corriendo por un bosque (Vincennes) muy bonito que invita a relajarse, siempre corriendo en llano. Lo más difícil: el sube-baja de los puentes del Sena entre el 23k y 29k , muscularmente se notan y también por ésta zona ¡ojo con los túneles!, alguno de ellos tiene casi 1 km, vi alguna caída justo en el famoso túnel del Pont de L’Alma. Tras superar la altura de la Torre Eiffel, donde es preciosa la vista, llena de gente animando, giramos hacia el Bosque de Boulogne (km 33) donde se libra la auténtica batalla del maratón. Son 8 km. de bosque en un momento que el maratoniano ya lo ha dado casi todo y no hay mucha gente y animación, un tramo monótono y mentalmente “difícil”. Cuando menos te lo esperas giras y te encuentras la meta con el Arco de Triunfo como telón de fondo.

 – Cuando terminaste, ¿estuviste satisfecho con tu tiempo final?

– Llegué a meta con la sensación de no haber sufrido prácticamente nada, lo justo en los kms. finales, como siempre. Ha sido una carrera la mar de placentera, sin dolor alguno y disfrutando como nunca lo había hecho. ¡Mi tiempo final, lo de menos! Mis sensaciones en aquel momento, indescriptibles, ¡no tenía nada que exigirme y mucho que disfrutar!

 – ¿Qué calificación le darías a la organización, las camisas, la medalla, y todos esos elementos de carrera?

– La Expo genial, pocas colas, recorrido señalizado y entrega de dorsal con chip incorporado, ¡no os olvidéis el certificado médico, es lo primero que verifican! En la salida para casi 50.000 corredores todo muy controlado, por cajones con salida escalonada, bien. Los avituallamientos bien surtidos pero ¡ojo!, sólo están a un lado del trazado, los corredores se cruzan, esto es mejorable. En la meta mucho espacio para todo, primero la medalla (original, preciosa) luego la camiseta técnica de Finisher y a continuación zona inmensa para recoger botellines, fruta, frutos secos, Powerades, junto a servicios médicos, publicitarios…etc. Se forma alguna cola para salir del recinto.

– Mi valoración: Carrera alucinante, temperatura idónea, recorrido insuperable y para la organización un notable alto. ¡Os espero el próximo 6 de Abril de 2014 en París!

¡Allá nos vemos!

(no me digan que no termina uno emocionado luego de leer esto)

Gracias por tu tiempo, Juan Carlos.

“Póngase una meta”


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Qué pro el teacher, corre y toma fotos. ¡Yo con costos corro y respiro! Foto A. Alfaro.

Hace ratillo no madrugaba tanto un sábado.

Hoy, en Facebook, seguramente habrá leído “primer entreno del año” en el muro de muchas personas. Decenas de grupos de atletismo, grupos de ciclismo, caminantes, nadadores, arrancaron hoy su primer entrenamiento del año. – Retomando la idea del post anterior, hoy mucha gente “los vio correr” -. Yo también los vi. Y también corrí.

Esta vez lo hice con el grupo y el profe nuevos. Igualito que el primer día de clases. Esta vez me tocó correr con el profesor a la par todo el rato… como un reloj suizo! Sé que empecé muy rápido y luego me rezagué, pero la idea era mantener un pace constante y al final se pudo. De que me llevaba vigilada, me llevaba vigilada. ¡Sin derecho a bajar la guardia!

Subiendo la cuesta hacia Lindora, viniendo de Belén, Andrés dijo tres palabras que me dejaron pensando: “póngase una meta”. (Aquí debería poner como 5 tríos de puntos suspensivos). Yo sé para qué maratón estoy entrenando, pero ¿qué meta tengo al respecto? Eso es diferente.

Quedé con esa idea dando vueltas en mi cabeza. Considerando que hoy corrí “rapidillo” para mi promedio, y que no me morí ni me ahogué en ese intento, la primera meta es: bajar mi pace. Pero en serio. Para eso hay que entrenar mucho, exigirse bastante. Hay un momento en el que uno dice: qué es lo que no me da, las piernas, el aire, o qué. Bueno. Yo creo que tengo aire pero me faltan piernas. Vamos a cambiar eso.

Número dos: hay que perder un par de kilillos ahí, yo sé dónde están, me ha costado mucho pero voy a bajarlos. Laura Wesson, esta es una misión para las dos :D Ya comencé a hacer algunos cambios a la hora de ir al Super: ¡Hola semillas de chía, hola yogurt griego, hola avena, hola pan integral… adiós gaseosas! – Coca Vainilla, i´m gonna miss ya! jajajaaj.

Y tercero: apegarme al plan. ¿Cuál plan? Bueno, hoy mismo le paso al entrenador el timeline de cómo corrí Roma, de menos a más… Comencé a 6.45 y cerré en 6.00 ! Nada me gustaría más que volver a hacer mi mejor tiempo de maratón, esta vez en París. ¿Bajarlo? Diay ojalá. ¡Me haría muy feliz! Vamos a partir de la base de lo que hice, y veamos qué plan pone el que sabe.

Para muchos, la meta es más simple – y no menos difícil- y consiste en levantarse temprano. Soltar la cobija. Y con solo eso, ganan un 50%. Se los aseguro. Hacerse el hábito, para el deporte que sea, es cosa de determinación. Ya uno por estar levantado y en tennis, lo demás es ganancia. Como me dijo una muchacha, “con la almohada todavía marcada en a cara“,… pero levantados.

Dado el inusual éxito del post anterior (52 mil visitas en tres días, Santísima Virgen) quiero aprovechar para agradecer a los lectores nuevos… porque me hicieron regresar a leer cosas que escribí hace meses, hace un año, hace dos años, cuando lloré por mis primeros 15 kms, cuando lloré después de escribir la crónica de mi primera maratón, cuando abrí la caja de mi primer par de tennis… y saben qué: volví a sentir una emoción que tenía, digamos, un poquito olvidada. Uno jamás debe perder esa capacidad de asombro cuando corre.

Hoy corrí 12 kms que, en términos de distancia, no es un larguísimo fondo, pero al pace que lo hice, y con los compañeros que lo hice, y el día que lo hice… con el sol tan bonito en Belén… uf! Me gustó montones y me motivó para más.

Ya me puse la meta. Ya yo sé que sí puedo correr 42 kms, la pregunta es ¿puedo correrlos mejor de lo que lo he hecho antes? Me contesto desde ahora: sí, sí puedo. Si cumplo, sí.

Muchas gracias a Just Training por el día de hoy. :) Hasta música nueva le estoy subiendo al iPod.

Del Verrazano a Central Park (parte dos y final)


INGNYCM13_Course_Map_ForWeb-01… se acuerdan que les dije que en ese puente me siento enorme?

Ahí cayó el miedo. Cuando comencé a correr.

Recordemos que llevaba casi 3 semanas sin correr, luego del reposo al que me sometí por el amago de desgarre. Mi cuerpo comenzó a desplazarse, y me sentí absolutamente feliz. Qué rico correr otra vez. ¡Y aquí! Miré a la izquierda, el flamante helicóptero de NYPD, suspendido junto al puente, cuidándonos de cerca, y el horizonte con el perfil de la ciudad… ahhh. Ya yo no medía un metro 53.  Yo era enorme.

Una parte de mi cerebro comenzó a acordarse de 2011… “Nela estás pasando por segunda vez en tu vida por aquí”. Esto era lo que yo quería. ¡A esto vine!

El puente mide 1298 metros… y se disfruta cada centímetro. Al terminar, entramos a esa belleza llamada Brooklyn.

Iba sin dolor en la pierna – solo con una ligera sensación… cómo les digo… ¿como cuando uno tiene una parte del cuerpo que se golpeó hace días, pero que ya no duele? -. Mentalmente me envié la orden: “Disfrutá, no pensés en eso. Y usted, pierna: corra, no tenga miedo.”

Este año vi más público en las aceras. Tantos rótulos. Tantas caras felices. Sin embargo, procuré mantenerme en el medio de la calle porque si me acercaba a la acera, la inclinación de la calle me podría afectar la pierna izquierda que estaba cuidando. Pero lo reconozco: más de 3 veces me desvié a buscar las palmas de la gente. Te dan energía.

Se me salió el corazón al ver un rótulo que decía “GO CÉSAR!” con la bandera de Costa Rica. ¡César Lizano había pasado por aquí hace rato, con la élite! Igual grité como si el rótulo fuera para mí, dije “COSTA RICAAA” y me contestaron con gritos.

Merengue, bachata, rock, ¡no hay un palmo de Brooklyn sin música! Hasta vi un policía llevando el ritmo con el pie. Estaba feliz el bandido.

Agua, hidratante. Agua, hidratante. Yo iba puntual con mis gomitas – el gel me cae mal – y chequeando el tiempo, por supuesto.

Hay una cuesta… en Brooklyn… cómo decirlo. Es una calle preciosa, los árboles se unen en las copas y la gente casi te toca, tirados en media calle. Pero es una cuesta. Ugh. Dolió. No quise perder el pace pero me costó mucho ese ascenso.

Al pasar los puntos de 5, 10 y 15 kms me sentía bien. Pero una vez más, Brooklyn se me hizo eterno.

Hasta que llegué al puente Queensboro, sabiendo que después vendría Manhattan ¡la meta!

En ese puente, me pasó lo que no quería: sentirme mal.

Y cero que ver con la pierna. Sencillamente se me bajó la presión. Lo sentí. No sé qué pudo haber sido, pero honestamente el viento tan fuerte, tan frío, no me ayudó mucho. Me descompensé.

Y es que en ese puente, ¡todo es de subida! Uno sube y sube, y nunca parece que va a terminar… (curioso: en 2011 venía tan atarantada que nunca sentí cuestas. ¡Qué cosas!)

Pensé que antes de marearme más, lo prudente sería parar, comerme una Tricopilia de inmediato, y no trotar hasta no sentirme de nuevo en mis cinco sentidos.

No sé si fue un error, porque de veras me sentía mal, pero caminar en ese puente, con el golpe de frío que me llegaba, me salió caro después. Cuando quise arrancar otra vez, no pude.

Me salieron dolores que probablemente estaban ocultos mientras mi cuerpo estaba caliente y en movimiento.

¡¡¡No podía correr!!!

¿Cómo  *^)@!$·/&%  no iba a correr si ya estaba en Manhattan? ¿Cómo iba a echar a perder todo?

Peor aún:  ¿Marianella, quién viene a caminar a una maratón?

Creo que del colerón hasta me dio gastritis.

“Por qué me duele tanto TODO”

Yo sola me contesté. Me dije todo al mismo tiempo:

“Recordá lo que dijo el doctor, que básicamente te comiste el músculo. Estás corriendo a puro aire”.

“Y qué importa si te atrasás. ¿A vos te pagan por llegar en  “x” tiempo? Parecés tonta.”

“Si tenés que caminar CAMINÁS, PERO NO PARÁS CARAJO”

y más fuerte aún:

“UNO NO VIENE A ESTA MARATÓN A HACER CUCHARAS”

Caminé. Y bastante.

Me costó mucho aceptar que no estaba en mí obligar al cuerpo. Tenía que escucharlo y hacerle caso. Tocaba tragarme el ego y entender que el tiempo final iba a ser bastante distinto al que yo creí que haría.

Entonces, una vocecita en la Quinta Avenida me gritó: NELAAAAAAAAAA

¡La Majo!

La Majo me iba rastreando con el app de la maratón, y cuando la vi le dije:

“NECESITO SAL. No tengo gasolina”

No sé cómo hizo esa mujer, pero la Majo corrió y en cuestión de cien metros me volvió a gritar, y me dio dos sobrecitos de sal.

Se lo agradecí y le dije que me dolía todo. Pobre Majo, qué cara le habré hecho.

Pero luego de cambiar la actitud, pensé:

“Falta el Bronx”.

Entré al Bronx caminando – era un paso rapidillo, pero caminando -. Me acordé de cuánto me gusta este barrio. A muchos no les hace gracia pero yo lo adoro. Gospel, rap, hip hop…

Y en una esquina pasó lo que no me esperaba. (Presiento que solo los lectores de más de 30 entenderán lo que sigue…)

I hate myself for loving you

Can’t break free from the things that you do

Un grupo de rock de muchachas de pelo colorado, cantaban en la esquina… esa canción me gusta montones, y de inmediato la empecé a cantar. ¡Joan Jett es indispensable para correr! Me acerqué a la esquina donde ellas estaban tocando, como si la música me llamara.

Y en ese aceleroncito hacia la esquina… ahí mismo… troté.

“¡¡¡Ay juepucha… mejor la sigo!!!”

Y me monté en el trote de nuevo.

I want to walk, but I run back to you, that’s why

I hate myself for loving you

Troté. ¡No sin dolor, pero con ritmo otra vez!

“¡Agarrá impulso, dale dale!” me dije.

Ese trote en el Bronx fue el punto para volver a empezar a correr.

Cuando me di cuenta de que otra vez estaba corriendo, no pude disimular la contentera.

Se me quitó la amargazón de “tengo que caminar” y me alegré de que pude recuperar el paso… ¿cómo se llaman esas muchachas? No sé. Han de ser una banda de garaje, nunca entenderán lo que hicieron con esa canción. ¡Les debo el impulso!

El Bronx es tan cool.

Así pude bajar hacia Central Park, ¡pude correr otra vez! Dejé de ver el Garmin – “no pensés en el tiempo, necia” – y me dediqué a disfrutar las últimas 6 millas. Y qué millas.

Las millas donde vi a una muchacha italiana arrastrar una pierna, y avanzar con la otra. ¿Cara de dolor? No. Cara de valiente. “Sei bravissima!” le dije. Me sonrió. ¡Ella estaba disfrutando NY!

También fueron las millas en las que pensé en Rafa y su gente. ¡Estos kilómetros no son míos! ¡Son de #kilometroscontraelcáncer!  Uff. Qué honor.

Leí los carteles más divertidos – “RUN JANE! Hugh Jackman is at the finish line!”  “I bet this seemed like a good idea 4 months ago”

Y casi llegando Columbus Circle, el mejor cartel de todos:

ALL WALLS HAVE DOORS

Demonios que sí. Sobre todo los muros mentales. La música fue la puerta.

 A estas alturas iba absurdamente feliz. Cualquiera que me vio a esas alturas de la carrera, me vio cantar, me vio brincar. Como si fuera Mutai, grabándome en la mente los colores del otoño en los árboles, el ruido de la gente, que se oyen como un gol en la gradería de un estadio… y por fin, la entrada al parque.

Yo, que el año pasado vine a dar solo una vuelta, porque no hubo maratón, no podía entrar menos que feliz ahora. ¡Estaba repleto! Aquel banderín de 25 miles… ay ay.

La meta tenía dos líneas: una azul, y una amarilla – en recuerdo de Boston -. Me importó muy poco el cronómetro: entré corriendo feliz.

Bienvenida a mi tercera maratón.

Ahhhhhh. Qué bien se siente esto.

MEDALLAQuién sabe qué cara hice porque la señora que me puso la medalla me dijo… “Hey, great job sweetie!”  y yo le contesté “I know! I did it!”

Caminé hacia la salida, nos cobijaron con un poncho, y no sé cómo Majo me encontró ahí no más y me abrazó. ¡Mi salvavidas! Majo, te debo mucho.

Estoy segura de que de la cara de sufrimiento que vio cuando me dio la sal, a la cara de felicidad que se topó en el parque, había una gran diferencia.

Más tarde, me preguntó si estaba contenta o si me había decepcionado por haberme sentido mal y parado a caminar.

“¿Qué? ¿triste? ¡Jamás! ¡Yo estoy super feliz! Me siento muy bien. ¡En serio me siento super campeona!” le contesté. Porque hay que ser fuerte para terminar una maratón, eso lo sé, y eso no es poca cosa.

Cuando en la noche nos vimos con Rafa, Oscar, Julio y Carlos, los abracé muy fuerte. ¡Qué valientes! Los 5 con nuestras medallas, tan bien ganadas. Qué buenos kilómetros. Y en whatsapp…. la felicitación de Laura, ¡de nuevo, maratonista!

Soy una enamorada de la maratón porque en 42 kilómetros deja tantas lecciones. Cada maratonista es un poquito más viejo en la meta. Un viejillo sabio. Porque aprendió a domar cansancio, ego, dolor… en mi caso, además, me dio la lección de dejar de estar presionándome, y valorar el privilegio que tengo de hacer un deporte que quiero, como quiero, donde quiero.

¿Mediocre por no ponerme un tiempo? No. Uno debe adaptarse a sus circunstancias. Este no era el momento de ponerme tiempos. Mi entrenamiento fue distinto. Tuve que dedicarme más al trabajo, hacer muchos cambios, y entender que, como me dijo el Dr. Gálvez, no venía a hacer maravillas: más bien mucho logramos con la terapia, para que mi pierna estuviera apta para correr.

Para velocidades, tendré otra oportunidad.

Ah sí. ¡Porque yo quiero volver a correr otra! Esta ya pasó. Y es única, preciosa y perfecta con todo lo que me pasó. No la cambio.

Mi tercera maratón fue hermosa, y me siento distinta después de lo que viví. Me hizo humilde al dolor, me abrió los ojos. La vida se va en un soplo, no puedo despreciar ni siquiera los momentos que duelen. Me hubiera perdido todo lo que pasaba alrededor.

Y repito: una muchacha que hace 4 años no hacía deporte… hoy ya tiene tres maratones. ¡Tres! ¿Yo? Si yo pude… todo el que quiera y se entrene, podrá. 

Leí una cosa que resume lo que uno siente al ver hacia atrás lo que vive en 42 kms:

“Maratón: Te amo. Te odio. Dame más.”

Aquí estoy, 1.53 cm otra vez. Y comienzo entrenamiento en diciembre. ¡Por la cuarta!

parís

¡Ahí va una tica!


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Para representar lo mejor del atletismo costarricense, César Lizano correrá la Maratón de Nueva York este año. Con lo que ha entrenado, no espero menos que un excelente tiempo de nuestro atleta olímpico, y la verdad, qué orgullo saber que va muy, muy muy adelante de mí, y que va a ser de los primeros en cruzar la meta.

Yo voy de turista, de aficionada, como los otros 45 mil que no ganan. Y eso es genial. Pero no represento deportivamente nada. Solo a mí misma.

Como tica, quise llevarme esta camiseta que es como una reinterpretación de la del año pasado. Esta es un diseño de Marilis Lopardo y Melissa Arias, que trabajan en Jotabequ, y lo hicieron para unos proyectos propios el 15 de setiembre. Lo vi, me gustó, y les pedí permiso de usarlo para tener en mi camisa un poquito de la belleza de nuestra carreta.

Pero una tica que va corriendo tiene que llevar música tica también. A la par de ese montón de color, yo decidí salpicar mi playlist de música nacional. Sí sí, Ricky Martin, Juan Luis Guerra y Pink! van en mi lista, pero no puedo no llevar música tica. Ojo que no son canciones para ir a un pace delirante… son para sentir rico el sonido tico. Tienen letra, ritmo, historia, sentimiento, son de Costa Rica, conozco a los que las cantan y … pucha, se siente lindo correr oyéndolas. Y cantándolas, si tengo aire. Les comparto las notas ticas de mi playlist de Maratón, que incluye música de ese chuzo de serie llamado Dele Viaje. Voy como Beto, valiente. Le voy a dar viaje.

Groovy Cocofunka

Siente Cocofunka

Ondularte Gandhi

Sacúdete Los Ajenos

El Criticón Sonámbulo Psicotropical

Baby Rolling Mechas

Gira el mundo Percance

La mitad de lo que soy Daniel Patiño Quintana

Suda el Jamón Debi Nova

Dieciséis amaneceres Divino Remedio

Malpaís Malpaís

Azul Tango India

Los Pollitos José Capmany

La carreta que no rodó


chemaEsta era mi indumentaria para la maratón del año pasado en NY.

Quise llevar algo que demostrara de dónde soy, pero que no fuera la típica bandera. Gracias a mi amigo Kevin, llegamos a este diseño que en realidad no tenía nada de complicado: ¡sencillísimo! Media rueda de la carreta típica de Sarchí, con esos colores que gritan “Costa Rica”. Y bueno, la relación entre la carreta y la corredora… no soy rápida, soy lerdita como la carreta pero bastante fuerte… aguanto 42 kms! ¡Cuántos no aguanta una buena carreta cargada de leña!

La imprimí con mucha ilusión, la llevé a NY y bueno… pasó lo que pasó. La maratón fue cancelada a menos de 48 horas  y me traje de vuelta la sweater sin estrenar. Nunca la toqué, y sinceramente me daba mucha tristeza verla. Los que pasamos ese trance en NY el año pasado tenemos una mezcla de emociones que no se quita. Es nostalgia de lo que no corrimos, es… algo extraño.

Pensé por mucho tiempo que de todas maneras estaba bien que la guardara porque me serviría para este año, pero un día de estos la vi con detenimiento y pensé que no: esta siempre será la de 2012, y no me sentiría bien llevándola este año, como si poniéndomela borrara lo que sucedió. Ese día agarré aire y me la puse para ir a la Sabana.

No me la pongo seguido pero sí, la uso para entrenar. Siento que con ella le hago honor a la única maratón de NY cancelada en la historia de esa ciudad, que me ayuda a recordar lo que pasó, que no corrimos para respetar el dolor ajeno y que las cosas son como son a veces, y hay que aceptarlas porque es inútil revivirlas o cambiarlas.

De todas maneras, para este año, creo que lo apropiado sería no correr de negro, más bien, ir un poco más alegre para celebrar la vida, celebrar el reencuentro con la ciudad y bueno, se puede usar siempre el motivo de la carrera para identificarme como “tica” en medio de 48 mil corredores.

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Roma 2013: como lo puse en la espalda nadie lo leyó, pero el BIB sí decía “Marianella”

Estamos en temporada de maratones (Berlín, Washington, Chicago, etc) y es el momento en que muchos grupos o corredores independientes le dedican tiempo a ese pequeño gran detalle: “imprimir la camiseta”. Ponerle su nombre y la bandera a la camisa, porque muchos espectadores, aunque sean  desconocidos, leerán el nombre de uno y le gritarán, dándo ánimos. Para los “runner-haters” este gesto no es más que una payasada o una cursilería, pero para uno como corredor guarda un enorme significado. Y por eso vamos a las tiendas, escogemos el color, nos arrepentimos, volvemos a elegir otro color, las compramos iguales para todos los del grupo, buscamos un amigo que diseñe, creamos un logo, le ponemos la banderita… y ahí está, humildemente, nuestro nombre de maratonistas. No dice “Messi 10″, no dice “Meb” “Kastor” ni “Traña“, pero para uno es toda una indumentaria de guerra. Es parte de la emoción. Y cada vez que uno se la pone, como que se pone los recuerdos de ese día.

Mi blusa de 2011 – mi primera maratón – fue super sencilla (blusa negra, bandera y nombre en letras blancas); la de Roma decía “Maratonella” y se complementaba con una corona de olivo. Este año… no sé! Quiero esos colores de la carreta, quiero que diga mi nombre, quiero que diga algo así como “Forget Sandy, Hello NYC”. No sé. Tengo chance aún para pensar.

Lo que sé es que esta otra carreta no pudo rodar en NY en 2012 pero es importante recordatorio de que al final, sea en Central Park o en La Sabana, lo importante es correr. Mucha gente me ha dicho que le gusta mucho como se vela carreta, y yo creo que sí:, porque se siente uno muy orgulloso de llevar esa belleza en el camino a una maratón.

Temporada de Maratón: esos viernes… esos sábados!


¿Tenía goma maratonera?

¿Estaba deseando volver a hacer fondos largos? Ahí los tiene. Ahí están.

Llegó la comunicación del entrenador con el calendario de fondos, porque en menos de 10 semanas hay que estar listos para correr 42 kms.

Mi primer fondo largo de la temporada, el que sentí que oficialmente me puso en modo New York 2013, fue la semana pasada: 28 kilómetros. Y sin caritas. Sinceramente pensé que no podría completarlos pero no solo sí pude, ¡lo disfruté!. ¡Y eso que subimos la cuesta a Salitral! Pero de verdad me hacía falta esto, y aunque ya logré acomodarme mejor con el trabajo para entrenar en la Sabana como antes, son esos fondos de los sábados los que le permiten a uno medirse hacia la maratón.

Calculo que desde ahora y hasta noviembre, mis fines de semana serán agotadores. Y para decirlo masoquistamente, como corredora,… ¡hermosos!

Se viene Tamarindo (mis terceros 30 kms, parte de la preparación a NY) pero también Orosi, Rancho Redondo, y todos esos lugares donde los sábados, en fila india, como hormigas de colores, se ven los grupos de corredores. Unos van para Chicago, otros a Berlín, otros a Washington. Y a New York, claro.

Esto le cambia a uno la rutina del fin de semana, y por qué no decirlo, desde jueves ya uno entra en otro mundo, y los viernes y los sábados se transforman en una rutina que amamos odiar, o odiamos amar… como sea.

Viernes en la mañana: desayuno con buenos carbos. Bananito para el potasio, claro. Pasearse la mañana alternando la merienda con agua, Gatorade y disculparse con los compas porque “no va hoy en la noche, tiene que madrugar”. Llegamos al mediodía: ¡pasta! ¡qué vacilón, otra vez… pasta! A los que nos gusta, como si nada. Plato de siempre, para ir a la segura, como el penne alla checca que le queda tan bien a Alessandro, el chef de mi restaurante preferido. Por la tarde, seguimos con más agua, más hidratante, y hacemos memoria de lo que hay que pasar a comprar y a qué hora hay que acostarse. Cargamos el iPod con las cancioncillas que nos gustaron esta semana para entrenar.

Viernes tipo 5 pm: uno toma conciencia de que aunque esté bastante despabilado, ahorita hay que dormirse. No sin antes… heeeeey… ¿qué más? ¡Pastaaaaa! Qué rico. Otro mensaje de los compas. Unos diciendo “lástima que no vas, hoy estaba bonito” y otros diciéndote “mae nos vemos mañana a las 4”.  Llegás a tu cuarto, y dejás listo el “muñequito” como digo yo, es decir: tennis, medias, short, camiseta, visera, asistencia, cinturón de hidratación… y hasta la estampita del santo correspondiente, según la longitud del fondo. Finalmente, 8 pm: a lo lejos se oye gente emocionada viendo un partido, mientras uno apaga la luz para dormir. La enciende de nuevo. Revisa la alarma. La vuelve a apagar. Dejó cargando el Garmin.

Sábado. 3 ó 4 am. Qué silencio. Momento crucial: sacar el piecillo de las cobijas, apagar la alarma y decirle al cuerpo que aunque parezca anti natural, hay que salir a entrenar. Alistarse el desayuno pre fondo (mis tostadas con nutella y jugo) y luego, salir a correr y comprender que todo mundo sigue durmiendo. Y que aunque no ha salido el sol, señores, uno ya va para la calle vestido de ninja.

5 am: comenzás a correr. 6 am seguís corriendo. 7 am, muy probablemente seguís corriendo. No son ni las 8 y mientras los demás dan vueltica a la almohada para sentirle el lado frío, ya vos no echás, tenés la cara llena de sal y ves el Garmin: veintitantos, si no es que 30 kms. “Quiero comida”, pensás. Y te comerías una vaca. Y olés a diablos, y aún así, te sentís super orgulloso de los kilómetros devorados. “¿A dónde vamos a desayunar?”

Total que a las 9 am estás bañado en casa, más cansado que si te hubieras ido de fiesta anoche, y quedás medio atontado el resto del día, viendo pelis en casa, con hielo en las pantorrillas, o bueno: para muchos que son papás y mamás, apenas comienza la jornada de llevar y traer hijos a fiestas de cumpleaños. No sé cómo lo logran.

Los viernes y los sábados de los maratonistas no son normales. Para gran parte de la gente somos unos mensos que nos perdemos lo mejor del “friday night” por acostarnos temprano y andar todo el sábado cansados, con hambre y caminando feo.

Pero si leés esto sabés que esa sensación de “misión cumplida” después de un fondo es absolutamente deliciosa. Es una hazaña, chiquitica, pero hazaña: vencer la pereza, el cansancio, y haber sido disciplinado para tener ese gel, esa agua, esos tennis, ese ánimo y esas piernas, todo listo desde la noche antes, y sacar un piecillo…. y luego el otro de las cobijas.

Repaso los fondos que vienen; me da miedo. Pero me dan ganas.

Temporada maratonera abierta: este fue mi sábado pasado. Y ya tengo listo todo para el que viene.

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¡Cien días para la mejor maratón del planeta!


82760-23733-006fCorrer con casi 50 mil personas alrededor; con dos millones de espectadores gritando a los lados de la calle, desde Staten Island hasta Manhattan.

Recuerdo cada palmo de esos 42 kms y 195 mts. ¡Me muero por volver a vivirlos y sentirlos, pero ya sin miedo, ir feliz  a celebrar que nos reencontremos para olvidar lo del año pasado!

¿Chistes de huracanes y “salúdeme a Sandy“? Ya los escuché todos, y no me importan. 

Hemos comenzado el entrenamiento. Con todo y mi nuevo trabajo y el nuevo horario, estoy comprometida a sacar bien mis obligaciones y esto, que es mi pasión, hacerlo también con toda el alma. ¡Cien días, solamente cien días para cruzar la meta en Central Park… la tercera maratón de mi vida!

Como lo dijo una vez Ryan Hall en una entrevista que le hice para la revista +Correr, esta maratón tiene la línea de salida más emocionante del mundo; con la voz de Frank Sinatra sobre el puente Verrazano… “you cant´beat that“.

Este año tendremos a Costa Rica muy bien representada con César Lizano, invitado por los organizadores, y a Laurens Molina, que Dios mediante, estará recuperado para ese tres de noviembre. 

Hoy me desperté más feliz, porque estamos cerca de ese día. Cien días más cerca.

Cien días con sus entrenamientos, fondos, dolores, ampollas, madrugadas, …  a comer bien. A correr bien. A dormir bien. ¡Hola, New York!

 

 

“Lléguele con furia” a Nueva York 2013


82760-23733-008fNi tan lejos. A cuatro meses de aquí. Es decir, nada. 124 días.

¡El tiempo y los kilómetros han pasado volando! Cuánto drama – casi de novela -. Un huracán, un Papa, el Coliseo, dolor en Quepos, frustración en San Diego… y muchas semanas de silencio.

No había escrito de nuevo no porque hubiera parado de correr; pero tal vez porque corría sin pensar. Corría por correr, otra vez, como tratando de recordar por qué comencé. Ahora me sorprende el calendario que me dice que en cuatro meses nos volveremos a ver Nueva York y yo, las que nos despedimos con una tristeza muy honda en noviembre, sin maratón de por medio.

Estos días no he podido hacer fondos con el grupo; pero sí salgo entre semana y los fines de semana. Casi siempre corro sola. A la Sabana llevé un nuevo Chi runnerAlonso, bienvenido a la fiebre de correr – y reconozco que verlo comenzar de cero me llena de ternura. Verlo cómo nos observa con cara de “todos ustedes están absolutamente locos y corren mucho” me recuerda esa madrugada de diciembre de 2010 en que yo llegué, nueva, y pensé “todos ustedes están absolutamente locos y corren mucho“.

Este fin de semana comencé a celebrar mi cumpleaños – así soy yo, celebro todo el mes, por si acaso – y por primera vez tuve compañía para correr de mi casa hacia el Aeropuerto: 16 kilómetros de bajadita, de San Isidro al Juan Santamaría. Es mi ruta favorita. Siempre la hice sola, pero esta vez se me unieron 5 amigos que corren y fue súper especial. En lugar de ir hablando y cantando sola, iba hablando con ellos; paramos en las pulperías por agua, nos reímos, disfrutamos el recorrido, y un borrachito en Río Segundo nos aplaudió gritando “¡¡Van de primeroooos… no ha pasado nadieeee…lléguenle con furiaaaaa!!!”. Todo eso, sola, se vive distinto.

Al terminar de correr, desayunamos juntos. Felicitamos a Lucas que ese día corrió sus primeros 16 kms – su máximo había sido 13 -; y por supuesto, lo animé a soñar con 5 más y hacer una media maratón. Con el café y el jugo, vino la conversación y caímos en el tema de los tiempos, de ser competitivo con uno mismo y de a veces ponerse demasiado “matón” pretendiendo hacer un tiempazo.

Concluimos que el chiste de todo esto está en sencillamente correr. Mejorar los tiempos sin disfrutar el recorrido no tendría ninguna gracia. En el trayecto de ese día pasamos por Heredia centro, por San Joaquín, saludamos a todos los que nos topamos, paramos cuando nos cansamos… ¡y estábamos desayunando juntos! ¿Qué más queríamos? ¿Un récord?

De hecho nos reímos de que ninguno se acuerda de los tiempos de maratón del otro. Lo que nos gusta es correr juntos, punto.

Este mes de cumpleaños lo comencé corriendo con ellos; no me acuerdo cuánto duramos en ese recorrido pero sé que no se me va a olvidar ese  “lléguenle con furia”.

La furia solo me va a servir para poner el despertador, entrenar como antes, esforzarme, pero lo demás tiene que ser deleite. Tiene que.

Ahora miro al frente y tengo a 4 meses de distancia a esa ciudad que me cambió la vida. La primera maratón me agarró asustada – por no decir que aterrorizada -; sin idea alguna de cómo hacer una carrera y sin saber nada de nada después del kilómetro 35. Ahora puedo ir y ver todo con otros ojos, disfrutar una ciudad que dejamos llorando en medio de un huracán y que ahora está lista para reconciliarse con el evento deportivo que la hace famosa.

Sí, quiero correr mejor que en Roma; sí, quiero hacer mejor tiempo que en Roma, pero si hago los mismos 4.34 o 4.40,… ¿me voy a enojar? ¿Voy a dejar de disfrutar Nueva York sólo por eso? ¿Voy a entrar haciendo trompas a la meta? Para nada.

Esta semana culmino una etapa profesional en mi vida y comienzo otra. Ahora sabré qué es alternar un entrenamiento de maratón con un trabajo full time, y rendir bien en ambos. Espero tener los sábados libres, como todo mundo, para poder hacer fondo y llegar a la casa, bañarme y caer frente a la tele, el libro o la radio el resto del día… como un zombie!

La receta para este camino a mi tercera maratón será tan sencilla como “llegarle con furia“, entendida esa furia como pasión, como ese arrebato delicioso que lo invade a uno cuando se da cuenta de que le faltan solo 195 metros para decir “pude“.

Yo distinta, Nueva York distinta: creo que tendremos mucho qué contarnos en Noviembre.

Gracias María José por recordarme que esto, si no se disfruta, no tiene chiste. 

“Cine del corredor presenta…


frametasticEs muy subjetivo qué títulos elija uno, y por qué los asocia con correr, sobre todo en los casos en que la película no se trata de correr.

Como todo en este blog, es una opinión, es mi punto de vista, mi vivencia. Para una opinión de conocedor, consulte al crítico Mario Giacommelli. A mí, no.

Porque uno como corredor aficionado es mañoso: tiene rutinas antes de correr, desde lo que come hasta si se pone primero la media derecha o la izquierda (derecha). Entre mis rituales pre maratón o media maratón, acostumbro ver las películas que me infundan emoción, valor, heroísmo, ¡algo! Sea que traten de correr, o no. Para esta lista, pregunté a los lectores del blog a través de Facebook, y por eso comenzaré con la gran favorita de ellos… y mía.

Forrest Gump (1994). Se rompen los aparatos ortopédicos y el pequeño Forrest es más rápido que nadie. Pero aparte de rápido, ¡corre como uno… así, hasta cansarse! No me digan que solo yo he fantaseado con ir detrás de él… de costa a costa.

“Now you wouldn’t believe me if I told you, but I could run like the wind blows. From that day on, if I was going somewhere, I was running!”

Yo no soy rápida pero eso de “I could run like the wind blows” sí que lo he sentido… y esa sensación de libertad. Wow. Forrest. ¡Es parte de mi videoteca cuando quiero pensar en correr porque sí. “I just felt like running!”

Chariots of fire (1981) No le tenía mucha fe hasta que el mismo profe nos la recomendó. Vamos a principios del siglo 20, sin tennis Asics, sin Garmin, sin gel, sin nada…¡usted corra! ¡Clasifique a los Juegos Olímpicos! Ay, qué nostalgia y qué belleza.. nada de camisetas dry fit, solamente la pasión de los atletas británicos que compitieron en París en 1924, sus sueños y sus inseguridades. ¡Cómo entrenaban! Bueno, y la música legendaria de esta película, eleva la emoción y hace que uno de verdad viaje a esa etapa del atletismo cuando sencillamente dejaban la vida en cada carrera, ignorando detalles de pace, frecuencia cardiaca o qué se yo qué cosas sin las que ahora no correríamos. Una joya que ganó el Oscar a mejor película.

Gladiator (2000). “On my signal… unleash hell”. Bueno, si uno necesita carbonearse para botar los miedos en la línea de salida o subir una cuesta, la fuente más certera de coraje y hormonas es Maximus. Maximus, que solo quiere ver a su familia. Maximus, que no le tiene miedo a enfrentarse a un león, un emperador tirano o cinco gladiadores. Qué agregar… Bueno, en la línea de salida de la Maratón de Roma pusieron la banda sonora de esta película, y tuvo ese efecto. Yo me sentí una gladiadora. Ríase, sí, así somos algunas personas. Tengo amigos que también la ven antes de correr una maratón. Y si no es Gladiator, ven Braveheart, 300! o The Patriot. Y cómo no, si correr una maratón es algo épico.

Run, Lola, Run (1998) Cuando vi esta película alemana por primera vez, ni siquiera soñaba con correr. Pero creo que ver a esa mujer pegarse semejantes sprints en botas, para salvar la vida, me sacaba el aire. Qué clase de pace, qué cansancio el de esa melena roja en las calles de Berlín. No les cuento el final por si nunca la han visto, pero bueno, lo que me gusta de la película es que refleja uno de los muchos momentos en la vida en que uno necesita correr como alma que lleva el diablo: para tomar el autobús, para huir de la lluvia, para huir de un criminal, cuando te persigue un perro… o la policía.

Million Dollar Baby (2004) “Pero ésta es de boxeo”.  Sí, y sin embargo, creo que es muy signficativo lo que Maggie encuentra en el deporte, y cómo Frankie, interpretado por Clint Eastwood, se resistía a entrenar mujeres. ¿Qué relaciono con correr? Algunas frases como “Girlie, tough ain’t enough.” Pero cuando Maggie le cuenta por qué entrena, siento que bien podría estarnos describiendo a muchos corredores y por qué nos aferramos a veces al entrenamiento:

” I’m 32, Mr. Dunn, and I’m here celebrating the fact that I spent another year scraping dishes and waitressing which is what I’ve been doing since 13, and according to you, I’ll be 37 before I can even throw a decent punch, which I have to admit, after working on this speed bag for a month, may be the God’s simple truth. Other truth is, my brother’s in prison, my sister cheats on welfare by pretending one of her babies is still alive, my daddy’s dead, and my momma weighs 312 lbs. If I was thinking straight, I’d go back home, find a used trailer, buy a deep fryer and some oreos. Problem is, this the only thing I ever felt good doing. If I’m too old for this, then I got nothing. That enough truth to suit you?

Run for your life (2008). Ya hice mi “review” de este documental sobre la vida de Fred Lebow, el creador de la Maratón de Nueva York. Me motiva porque su vida cobró sentido al organizar esa locura – una maratón que cierre calles en los 5 barrios de NY… ¡impensable! – pero también porque ese vacío que siente él cuando acaba la carrera es esa “goma maratonera” que yo siento, ese vacío enorme cuando acaba todo y regresás a casa pensando “falta demasiado para la próxima“. Además en este documental conocí quién era Grete Weitz. Ella… es otra historia. ¡Y para qué actores si entrevistan a Alberto Salazar, Bill Rodgers y todas las leyendas del atletismo estadounidense!

Senna (2010). Ahora sí está perdida Nela. No no. Yo sé que éste “correr” y mi “correr” son radicalmente diferentes. Pero repito, esto es “cine de deportes” o de inspiración. Lo confieso, de Fórmula 1 sé lo mismo que de motores de plasma, pero un buen día tuve la oportunidad de sentarme a ver este documental y me robó el corazón. Lo lloré como si hubiera muerto en ese instante, frente a mis ojos. Ayrton Senna falleció a los 34 años… apenas dos menos que yo. Qué joven y cuánta pasión por su deporte. ¡Y qué piloto! Su rivalidad con Proust, lo que significaban sus triunfos para Brasil, pero sobre todo esa actitud hacia la competencia, me conmovieron. Me identifiqué mucho con su visión de Dios y cómo consideraba sus carreras un regalo de Él. Yo siento lo mismo, aunque jamás gane nada importante.

“On a given day, a given circumstance, you think you have a limit. And you then go for this limit and you touch this limit, and you think, ‘Okay, this is the limit’. And so you touch this limit, something happens and you suddenly can go a little bit further. With your mind power, your determination, your instinct, and the experience as well, you can fly very high.” A.Senna.

Los deportes son entretenidos, generan millones de dólares y mueven masas, pero también son sublimes gracias a valores como el coraje, el honor y la superación personal. Estas películas me lo recuerdan. Si me quiere recomendar otras, se lo agradezco. Sé que podemos agregar la de Prefontaine,… pero él es sencillamente otra galaxia, dentro y fuera de la pantalla.

“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

De Quepos a Boston: una cadena de emociones


photoAmanecimos en un Quepos que la verdad, está menos caluroso de lo esperado: 23ºC a las 6 am. Nada mal.

Encendí el televisor y vi que estaban persiguiendo y acorralando a uno de los 2 sospechosos del ataque en Boston.

¡Un muchacho de 19 años! ¿19? Su tío, inmigrante checheno, como él, no supo qué decir sobre el desastre provocado por sus sobrinos. “Quisiera darle mis condolencias a los familiares de las víctimas; estoy listo para verlos, ponerme de rodillas y disculparme” – dijo entre enojado y avergonzado.

Mientras tanto, aquí a unos metros de la playa estamos mi amigo Christopher y yo, viendo esa cacería por tele, pensando en que ojalá capturen al muchacho y tomando el Gatorade número 467543 antes de correr.

Chris corre mañana su primera maratón; yo, otra media.

Creo que nos sentimos igual de extraños de estar viendo esto por CNN y deseando que el responsable de tanto dolor pague por lo que hizo en Boston a gente que, como nosotros, sólo quería ir a correr.

Pero esto no le quita la magia a la carrera de mañana. Viendo a Chris alistar sus geles, su hidratación – todo perfectamente calculado y organizado, ¡a la par de él me siento toda una improvisada! – me contagia de esa expectativa, esa incertidumbre tan deliciosa que enfrentamos ante una carrera nueva en un lugar donde no hemos corrido jamás, y en el caso de Chris, así como Melissa, Aurelio, Isaak y Ramón, una distancia nueva.

De alguna manera estos 21 kilómetros me servirán para hacer un homenaje personal a los afectados por las explosiones de Boston, pero al mismo tiempo me recuerdan que la vida sigue, que podemos responder un gesto perverso con uno amable. Y no es para menos. Además,… ¡mañana se estrena una nueva maratón en Costa Rica! Y espero que sea exitosa, para que todos los años nos veamos aquí y quién sabe, un día no corra yo sólo 21, sino 42.

El hecho de que “sólo sean 21” no quiere decir que minimizo el esfuerzo. Media maratón es de respeto, siempre. ¡El día que uno pierda la capacidad de asombro ante una carrera, de la distancia que sea, ese día se acaba el desafío para la mente y el cuerpo!

Aquí estamos, viendo las noticias, a ratos oyendo la música de correr y tomando mucha agua. Ya retiramos nuestros números y camisetas. Hoy comemos pasta, hoy reposamos las piernas, hoy cargamos el iPod con “power songs”, hoy nos dormimos temprano… ya saben. Toda esa rutina “repetitivamente entretenida” de los corredores.

No sabemos qué se siente correr en Quepos, y estamos ansiosos por averiguarlo.

76Mientras tanto, una hermosa cadena de favores va arrojando luz sobre esta tragedia del lunes: nuestro compatriota Carlos Arredondo ayudó a un joven que perdió ambas piernas en el ataque… y ese mismo muchacho, Jeff Bauman, ha sido clave para identificar a los sospechosos que hoy están en la mira de la policía de Boston. Como lo dijo mi amiga y corredora Mayi Ramírez, “Nunca sabemos en qué momento nuestra ayuda puede hacer una GRANDÍSIMA diferencia…La vida es toda una cadena, que todos estamos hilando…”

Este es mi BIB number de mañana, que me une a Boston, me une a mis amigos que se estrenan en Maratón, y me une a todo aquél que piense que la mejor forma de hacer el bien este mundo es poner un pie delante del otro, sin lastimar al prójimo y animándole a seguir… así de sencillo!

Boston: heridas que sanan corriendo


bostonAcababa de ver llegar a Rita Jeptoo y Lelisa Desisa a la meta.

Acababa de dejarle a mis amigos Annete, Gioconda, Rafa; y a mi profesor Alvaro Jiménez, un mensaje de felicitación por sus tiempazos en la maratón.

Ya estaba fantaseando con cuánto tengo que bajar de mi tiempo para clasificar y correr ahí, donde corrió Kathrine Switzer, donde corren los que son rapidísimos.

Hasta que la primera bomba me sacó de los sueños, y pensé que era una exageración.  CNN habló de dos explosiones en la meta, y ya el asunto no tenía cara de accidente.

De inmediato, todos empezamos a averiguar dónde estaban ellos, nuestros compañeros y el resto de los ticos; a preguntar, a twittear, buscarlos por facebook, esperar que se comunicaran. Qué angustia no saber. Qué minutos tan largos fueron esos,  hasta que tuvimos noticias de ellos.

Mis chi runners pasaron por la meta antes de 3 horas 30, de manera que a las 4 horas, cuando explotó la primera bomba, ya estaban fuera del área del ataque.

Pero más minutos pasaban, y más heridos, y más sangre. Maratón suspendida. Caos.

Son las diez de la noche y me parece mentira que este lunes que suele ser de fiesta en Boston, ahí donde se rompen récords, donde cuesta clasificar, donde van los mejores a lucir el pace de su vida, ahora haya que hablar de terrorismo, de evacuación, de muertos.

“Ya les jodieron las maratones” me dijo un amigo. No. ¡Para nada! Creo que el deporte destierra el miedo, lo contradice. ¡No hay miedo entre la gente que corre 42 kms! A cada paso, lo aplastan. Seguramente veremos extremas medidas de seguridad – ni me imagino lo que nos espera en NY – y estará más que justificado. Nuevos controles, más revisiones. Y nos someteremos a eso. Nos han robado la tranquilidad para correr, pero no es irremediable y no podemos colgar los tennis por una cobardía como esta.

¿Terrorismo? A lo de hoy le han llamado un “plan de ataque coordinado y sofisticado” – que viene siendo lo mismo – y lamentablemente salió perfecto para los propósitos de quien lo concibió. Por definición, el terrorismo pretende frenar, amedrentar, amenazar. Mal haríamos en complacer al que se lo propuso.

Que yo recuerde, algo así solo se compara con lo ocurrido en Munich en 1972, o Atlanta en el 96. Tomar un evento deportivo multitudinario para matar inocentes … es una bajeza. ¡Como tantas que se cometen todos los días, claro está! Pero el escenario es fuera de lo común, y por lo tanto, los que corremos hoy dormimos tristes. Hay una línea de meta manchada de sangre, y todos nos sentimos tocados por ese dolor.

Los datos sueltos siguieron llegando.

  • Muchos corredores, al ingresar a la meta y ver la emergencia, se fueron literalmente corriendo hacia el Hospital más cercano a donar sangre. ¡Qué corazón!
  • Gracias a que ya había ambulancias y médicos en la meta, como en cualquier maratón, se pudo dar una rápida asistencia a los heridos y fue más ágil la atención la emergencia.
  • Por haber colocado las bombas en el suelo, la explosión provocó lesiones especialmente en las piernas. Hay muchos amputados.

Quisiera que los atletas, como mi profe, como Annette, Gioco o Rafa, no tuvieran que recordar esta maratón por la tragedia, sino solamente por lo que sintieron al llegar a la meta, el gozo de terminar la carrera y la satisfacción de romper su récord. Pero por supuesto que esto lo marca a uno. Incluso a los que no corrimos. Miles regresan a casa con un sabor agridulce de haber logrado su mejor tiempo, y luego ver llanto, ambulancias y policías.

Alguien quiso convertir lo sublime de la línea de meta en muerte. No se lo podemos permitir. Sucedió en Boston, como pudo haber sido en NY, Chicago, Londres, Río o Madrid, no lo sé. Y uno lo único que se puede hacer… es correr.

Yo estoy desarmada, solo tengo mis tennis y una enorme tristeza. Pero también creo en lo que construimos cuando corremos: en que cada persona que llega a la meta es una promesa de que hay oportunidades, de que sí se puede vencer el cansancio, y de que aunque no se conozcan, miles de personas se vuelven amigos y hermanos cuando corren juntos por 42 kilómetros. Todo eso se contrapone al odio y la cobardía.

¡Y pensar que en maratones como Washington o Nueva York, miles de corredores dejan año tras año millones de dólares para ayudar al prójimo, corriendo por obras de caridad, fundaciones de beneficencia, recaudando fondos para terceros que no conocen! Hoy la que sufre es la maratón, y los maratonistas.

Ningún tico salió herido. Pero eso no me quita el pesar, no me quita las ganas de llorar.

Y como suele suceder, para olvidar algo triste o llorar sin que nadie nos moleste, lo que uno hace es salir a entrenar, esperando que se se pase ese dolor.

Este fin de semana, en Quepos, yo corro por Boston. Ahora más que nunca, por favor, no dejemos de hacerlo.