Una semana después…


photo 1No quisiera que quede la idea de que no es lindo correr en París. ¡Lo es, y mucho! Entre más días pasan, más me convenzo de que fue una experiencia hermosa, inolvidable… caminar con la medalla en el pecho, por esas callecitas hermosas, ahhhh ¿cómo se acaba tan rápido? El entrenamiento es largo, y ese día de la carrera es efímero. Disfrútelo, sea donde sea, ¡viva su maratón y ríndala como ese dulce que no queremos que se nos deshaga en la boca! Tal vez diría que no es una maratón para hacer “equis” tiempo, pero ¡uno nunca sabe! Vaya. Disfrútela mucho.

Algunas cosillas que se me quedaron sin decir:

  • Muchachas, muchachas, muchachas:… si van, lleven cámara para tomarle foto a los bomberos. No hay palabras la guapura. Qué digo bomberos. Todos. Todos. Impecables, educados, encantadores. Y aquel acento.
  • No entendí muy bien a los parisinos. Uno de ellos al leer mi camiseta “Paris vaut bien un marathon” se puso a reír – ¡y me cayó maaaal! – pero otro que venía detrás de mí, al leerlo en mi espalda me dijo “Bgggavó! Nelá!” Al final no supe si entendieron que me sentía honrada de correr en su ciudad, pero bueno, a mí sí me importaba.
  • ¿Premio? Aparte de la medalla, yo elegí probar todas las “créme brulée” que pude… ¡irresistible!
  • Hubo una segunda maratón, y esa fue la que caminé entre lunes y martes. Entre museo, con gradas incluidas, y buscar por todo el cementerio las tumbas que quería ver, calculo que o me terminé de cargar las pantorrillas, o ya estiré y aflojé. No sea tan ingrato: ¡cómo fueron a enterrar a la Piaf allá, hasta el puro final del cementerio!
  • Volviendo a lo deportivo: ya fui a masaje, vamos a revisar bien los suplementos para la alimentación, y a retomar gimnasio. Pero todo esto, poco a poco. Por supuesto que ya salí a trotar. El domingo, con un susto enorme me volví a poner los tennis a ver si me sentía “igual de contenta”. Bueno, me sentí lenta. Pero feliz. Mi ruta Heredia-Aeropuerto me fascina. Volver a toparme a los ciclistas que entrenan por ahí, llevar el sol en la espalda, parar en la misma pulpería de la chinita… ahhh. Se siente rico volver a esas rutinas.

photo 2Y qué viene… seguir nadando. Seguir con el profe. ¿Carreras? Veremos. Algunas del año no me las quiero perder por nada del mundo – Santaneña, Powerade – pero si hablamos de maratón de nuevo, quiero hacerle caso al destino.

Porque recibí un correo de la familia Pentheroudakis. ¡Me esperan!

Y nos encontraremos en noviembre, donde todo comenzó! No por tiempos, no por reloj, por la historia, y por comprender la maratón en su casa: ¡Atenas! ¡La primera y auténtica maratón! ¡A lo Filípides, pero sin morirse! Una vuelta a la manzana original, el 9 de noviembre de 2014.

Lo voy a intentar


picstitchNo hay momento más extraño que éste, las horas previas a la maratón. Todas las dudas, todos los dolores, todos los amores se te juntan en un silencio abrumador, y te volvés a preguntar “qué hago aquí”. No hay pastas o gatorades que sean suficientes, se siente miedo de no haber comido, dormido lo suficiente. Pero el reloj sigue avanzando, y además, aquí vamos 8 horas adelante, así que se me aceleró la llegada de este rato sola, en silencio, alistando por cuarta vez mis cosas para correr.

El plan del profe es ambicioso. Del profe no, ¡mío! Tengo que sostener un pace hasta los 21 kms, y a partir de ahí, bajarlo. Volver a correr como en Roma, de menos a más. 21 kms a un pace constante y luego ir más rápido. Tengo un margen flexible, pero la idea es hacer 4 horas 15, más o menos. La idea es mejorar los 4. 34 de la vez pasada. Esto implica mucha concentración, implica creer que puedo, hacerlo, y si hay dolor, ignorarlo. Porque es posible, y lo voy a intentar.

El cuarto es un caos de barritas, botellas de agua, papeles, mapas. Ya me asomé a la ciudad que voy a conocer corriendo, y es hermosa. El clima está muy bueno, la salida es este domingo a las 8:30 am (12:30 am del domingo en CR). Me pierdo la segunda vuelta de las elecciones en mi país, pero cambio ese “salí a votar” por un “salí a correr”, y espero hacer un “Luis Guillermo”, es decir: comenzando despacio, a paso seguro, pero terminando rápido y cumpliendo el objetivo que parecía imposible.

Y repito el ritual: Gladiador, Spirit of the Marathon 1 y 2, oír mi playlist. Mañana el despertador sonará con La Marsellaise, y este susto y estas dudas, y esta lloradera la cambiaré por unas ganas enormes de conocer París corriendo. Sí, mañana voy a salir a dar una vuelta de 42 kms a París. ¡Y hay que hacerlo con actitud positiva!

Seré una de las 50 mil personas en la salida. Una de ese 21% de mujeres corriendo en París. Hay 138 países representados aquí, uno es el mío. 3 mil voluntarios, 250 mil espectadores… y si siento que no puedo, pensaré en el corredor de 86 años, el de más edad inscrito para la maratón. Si él lo va a intentar, yo también.

Aquí comienza el dopaje mental. ¡Aquí comienza la maratón!

 

 

 

“La plus belle ville du monde”


picstitchYo no sabía qué esperar de esta ciudad, y hoy me quitó las palabras. Ni escribir podía

Luego de un viaje largo, pesado, cansado, por fin llegué a París y el encuentro ha sido hermoso. Tomé el metro desde el aeropuerto hasta la estación más cercana a mi alojamiento, y al salir del metro, lo primero que veo es esta belleza: les Champs Elysées, luciendo ya los banderines de la maratón, y ahí, soberbio y elegante, el poderoso Arco del Triunfo que nos verá partir y llegar a casi 50 mil corredores el domingo.

Me instalé en un apartamentito que es como del tamaño de una sala de una casa: sala-comedor-cocina-baño-dormitorio, todo en uno. Así es aquí. Estoy a unas 3 cuadras de la salida, y mañana me toca ir a la Expo a traer mi número.

Detalles: 1. El clima está perfecto para correr, unos 17 grados, poca brisa, apenas fresco. 2. ¿Cómo yo no sabía que aquí había adoquines, como en Roma? Siempre me asustan esas calles irregulares. 3. ¿Por qué nadie me avisó qué tan re guapos son los franceses? Y yo, haciéndole caso al entrenador, ando en medias de compresión y tennis…!

Por hoy hice el trote de tarea que me dejó el profe. Mañana, reposo, otro trotecito el sábado, y como dijo él, “¡el domingo le toca hacer fondo de 42 jaaaaaaa….!”.

Sinceramente, y viéndola así, rápidamente, esta ciudad de verdad bien vale una maratón. Lo vale. Fui a cenar, y la torre me guiñó sus luces a la medianoche.

Mañana les cuento cuál es el plan de carrera del profe, y qué tal nos fue en la Expo.

“¿Y si lo intentas?”


10170226_10152064515422643_385619840_oElla se llama Chini, somos compañeras de trabajo y hoy me hizo reír… y me retó a soñar también. Hemos estado trabajando mucho para tener a tiempo todo – yo no me puedo ir si no dejo hecho lo que me corresponde -. Y bueno, hablando un ratito en la mañana, Chini me hizo esta pregunta, y me la hizo en serio. (Me habla de tú porque es ecuatoriana. : )

– “Nela, ¿cuánto le pagan al que gana la maratón?”

– “Son como 200 mil euros”

– “¡Entonces gánala!”

– “Chini, ¡es imposible, eso solo ganan los kenianos!”

– “..¿Y si lo intentas?”

Cerramos con carcajadas la conversación, en parte imaginando lo que haríamos con 200 mil euros – ¡shopping con Ana en el Corte Inglés! – y en parte por lo absurdo que sería ver que yo gane una maratón, o sea, absurdo por no decir imposible, impensable, cero probabilidades. Se imaginan qué desastre. ¡Yo, estorbando ahí adelante!

Lo que pasa es que la mejor parte de la conversación es ese “¿y si lo intentas?” que dicho con una sonrisa suena a “hey, lo menos que podés hacer es imaginártelo“, y me gustó mucho pensar que lo puedo intentar.

Póngase una meta“, dijo en enero Andrés, el profe. La tenemos clara – mejorar el tiempo anterior de 4.34 en Roma -. Mejorar significa un segundo, 15 segundos, un minuto, cinco minutos,… no sé. Los que corren saben que bajar 5 minutos cuesta un mundo, ni qué decir 10 o 20… ¡pero hay que intentarlo! Y estoy segura de que aunque no me den 200 mil euros, me sentiría como una keniana si me gano a mí misma.

¿Y si lo intentas?” aplica para todo. Y si uno quiere un trabajo, ¿ya intentó aplicar? Y si uno quiere salir con alguien, ¿ya intentó invitarlo a salir? Y si siempre ha querido tocar un instrumento, subir una montaña, cantar, no sé, lo que sea, ¿ya por lo menos hizo el intento?

Esta es mi cuarta maratón y cada una ha sido un intento por algo diferente. La primera, ¡intentar terminar! La segunda, ¡intentar mejorar! la tercera, intentar terminar a pesar de la lesión,… y ésta? ¿Qué voy a intentar?

Si no intento “ganar”, es un paseo. Y yo quiero “ganar”, mi equivalente a ganar es bajar mi tiempo. Las condiciones están perfectas para que lo logre, falta… intentarlo. Que no se diga que no lo intenté, que nunca me quede con el “hubiera”… que de intentos están hechas las lecciones y los logros.

Gracias Chini. Qué linda.

La foto es el conteo regresivo en la “app” de la Maratón de París.

“París bien vale una maratón”


Cada loco con su tema, yo con el mío – París -.

No iba a cortarme el pelo a lo Amélie, ni dejarme las cejas a lo Piaf, pero ¡algo muy francés había que ponerle a la Maratón!

Y entonces, aparece mi buen amigo del colegio, Diego Brenes, con una historia muy peculiar.

Yo le estaba preguntando sobre lugares interesantes que conocer, y que la tumba de aquel, y el monumento de tal, y me sale con una historia muy bonita, aquella de la frase que se le atribuye al rey Enrique IV, de Francia: “París bien vale una misa”.

Para no hacer confusiones, transcribo de infobae.com:

Enrique de Borbón era hugonote (protestante) y se salvó por poco de ser asesinado en la matanza conocida como Noche de San Bartolomé cuando cientos de correligionarios suyos fueron masacrados por los católicos instigados por Catalina de Médicis, el verdadero poder detrás del trono que ocupaba su hijo Carlos IX. Enrique había contraído nupcias con Margarita de Valois días antes de aquella noche siniestra y su matrimonio con la hermana del rey había sido concebido como símbolo de la reconciliación entre católicos y protestantes luego de la tercera guerra de religión francesa, de la cual Enrique formó parte siendo muy joven aún, con apenas 17 años.

Una semana después del casamiento, los extremistas católicos -alentados por la propia suegra de Enrique- rompieron la tregua derramando sangre de hugonotes en las calles de París. Para salvar la vida, el futuro rey tuvo que convertirse oficialmente al catolicismo; pero en 1576 consiguió escapar de la estrecha vigilancia de Catalina de Médicis y, declarando de nuevo su profesión de fe calvinista, se puso al frente del ejército protestante.

La muerte de Carlos IX y luego la de su hermano Enrique III en 1589 convirtieron a Enrique en heredero del trono francés, algo inadmisible para los católicos. La guerra civil continuó pero finalmente, con apoyo de Felipe II de España, logró ser coronado en 1593. Previamente, tuvo que abjurar del protestantismo y es por eso que se le atribuye la célebre frase: “París bien vale una misa”.

Y qué cosas, me contó esa historia y la dejé como en pausa, seguí en lo mío, y fue hasta horas después que le dije: “Mirá qué tonta, ¡me acabás de decir lo que tengo que poner en la camiseta!”

Paris vaut bien un marathon.

“París bien vale una maratón”

Y me lo dijo él, que sí conoce París, pero no corre. Me tocará comprobarlo a mí, que no conozco París.

Para Enrique IV, el trono bien valía ese sacrificio.

¿Vale París el desgaste de 42 kms corriendo? Tengo la fe que así sea.

Muchas personas pueden pensar que es absurdo ir a una ciudad tan linda, solo a correr. Conocer corriendo sus paisajes, en vez de sacar una semana de vacaciones para perderse en sus callecitas, sin la presión del tiempo, el cansancio o bebiendo hidratante.

Pero lo dijo Paula Radcliffe en Spirit of the Marathon II: “no hay mejor manera de conocer una ciudad, que correr en ella”.

Vamos a ver qué tal reaccionan los parisinos ante el mensaje. Puede que ni lo lean. Puede que no les importe. ¡A mí sí me importa!

Así que éste que ven abajo será mi saludo a París, desde mi camiseta. Como Enrique IV, pero con un final, espero yo, muy feliz.

Gracias Martín Fonseca por ponerlo bonito en mi camiseta.

CHEMA

Todo sea por París


20140313-184817.jpgA dos meses de entrenar con el grupo nuevo, también asumí otro reto.

El profe dijo :“Le haría bien nadar”.

A los lectores del blog que tengan memoria, recordarán que una vez lo intenté. La idea era tener aire, mejorar la resistencia, relajar los músculos.

Lo que pasa es que en aquel momento, solamente podía los sábados, y no pasé de “flotar”.

Estamos hablando de hace dos años, por lo menos.

Y bueno, el profe Andrés entrena triatlón así que es fan #1 de la natación, y me dio por donde era cuando me dijo, al analizar las metas del año: “Claro que puede mejorar su pace nadando, va a ver”.

Se lo dijo a una que tiene la imaginación volátil. Yo, bajar el pace… hm. Eso hay que verlo.

Desempolvé mis anteojos, mi gorra de nadar, el vestido de baño, y les puedo asegurar que lo que no estaba lleno de polvo, sino que muy fresquito, era ese miedo al agua. Qué horror. Tan vieja y tan… miedosa.

Podría decir que por amor a París – ciudad que ni conozco – me tiré a la piscina. (Qué mentirosa. No me tiré. No sé nadar, cómo me voy a tirar).

– “Ok, métase al agua, haga flecha, haga un superman, un par de piscinas, a ver qué tal”

– “Profe, creo que ud. no tiene muy claro, al chile no sé nadar”

Pasé por lo que yo llamaría, “la prepa” de la natación: las burbujas, la tablita, los pececitos de plástico en el fondo de la piscina… ¡ríase! Porque yo me reí mucho.

No sé cómo lo ha hecho, porque conmigo se requiere paciencia en serio, pero el profe logró que yo flote, brevemente –boca arriba todavía no, soy un caso, parezco una piedra – y aunque no he podido encontrarle el gusto a las patas de rana, ya puedo hacer un par de piscinas metiendo la cabeza y pateando, agarrada a la tabla como un náufrago.

Aparte de sentir que durante esa hora en la piscina el tiempo se me va volando, sinceramente sí me siento mejor de aire al correr. Lo probé en un fondo que me tocaba hacer 20 kms. Con todo y las cuestillas, no me fue nada mal – bueno, me caí: en 4 años de correr no me había caído corriendo, vieran qué raspón más vacilón, y eso que iba con licra – y en resumen, al final tenía las piernas cansadas, pero de aire… ¡bien! Bastante bien.

Nunca he buscado la natación por sí misma, ni me veo haciendo un tri porque ¡tampoco sé andar en bici!, pero ya puedo decir que espero con mucha ilusión los martes y jueves para tener esa sensación tan bonita de avanzar bajo el agua, mucho más despacio de lo que avanzo corriendo.

Yo soy esa, la del carril uno, que va con la tabla y no puede con las patas de rana.

Todo sea por París, profe.  ¡Usted sí inventa!

Maratón en París: la belleza se une al sacrificio


picstitchUn amigo mío corrió París. Y tanto le gustó, que la repetirá este año.

Su nombre es Juan Carlos Antón, y así como a Rafa y a tantos amigos españoles que corren, me lo encontré en twitter. Este año espero que podamos saludarnos en la línea de meta. Muchas veces me ha dicho Juan Carlos que, por las bondades de la ruta en París, podría mejorar mi tiempo de Roma (4.34). ¡No lo sé! Eso sueño. Pero mientras entreno para lograrlo, le hice estas preguntas.

Solo puedo decir que su narración es épica, y que luego de leer su descripción me dan muchas más ganas de ponerme los tennis y estar allí. ¡Yo, que odiaba el francés!

– Primero, ¿qué hizo que eligieras esa ciudad para correr maratón el año pasado?

– ¡París no estaba en mi guión para 2013!  En marzo de 2013 estaba inscrito para correr la Maratona di Roma. En aquel momento se discutía la fecha de entronización del nuevo Papa Francisco y los pronósticos apuntaban al 17 de Marzo… ¡fecha de la Maratona! Se barajaron varias hipótesis para cambiar la hora de la carrera, peligrando mi participación, pues tenía el vuelo de vuelta a Barcelona muy ajustado. Busqué un plan B y decidí inscribirme de urgencia en la maratón de París. La verdad que fue agradable casualidad conocer París a través de su maratón, así como correr dos maratones en 3 semanas.

– ¿Qué consejos te dieron previamente, qué te dijeron de la carrera?

– Tuve poco margen para recibir buenos consejos. París es una buena maratón para mejorar tus marcas, con un trazado completamente plano y absolutamente turístico. Sabía que era una de las grandes del calendario internacional con más de cuarenta mil corredores y una organización impecable. Muchos la califican de la maratón más bella ¡Y no se equivocaron !

– ¿Cómo son los franceses como “público”? A veces uno cree que son bastante fríos, pero en los videos pareciera que son muy entusiastas para aplaudir. 

– Al margen de la maratón, si es verdad que son algo fríos, quizá  distantes, pero muy formales. Eso sí,  durante la carrera todo lo contrario, vi un público entusiasta, que animaba como el que más. París es muy cosmopolita y había mucho turista animando por los lugares más emblemáticos del recorrido como la Rue de Rivoli ó los puentes del Sena.

– Recuerdo que al finalizar y salir del recinto de la meta, cuando me dirigía al Hotel por la calle, algunos franceses me felicitaron y me estrecharon efusivamente sus manos.  ¡Muy grandes los franceses!

– Llegado el día de la carrera, ¿qué sensaciones tuviste? 

– El día de la carrera amaneció frio (10º), pero soleado. Mis sensaciones fueron bastante positivas, como te decía, venía de correr en Roma con la idea de no hacer grandes sacrificios, tocaba disfrutar. Por ello planifiqué mentalmente un ritmo cómodo, con un objetivo en el entorno de las 3:45, ¡sin ninguna exigencia!

– Hablemos del recorrido: ¿tuviste tiempo de, al menos brevemente, apreciar los monumentos y paisajes de París?

– Correr 42 kilómetros y 195 metros siempre es muy duro, pero hacerlo en un escenario plagado de lugares emblemáticos y grandes monumentos como París, se convierte todo en una experiencia gratificante. París es impresionante, una ciudad espectacular donde todo es bonito, todo es grande, sus parques, edificios, calles… y cómo no, también lo es su maratón, que cruza los Campos Elíseos,  plaza de la Concordia, Rue de Rivoli y Plaza de la Bastilla, alcanza el Bois de Vincennes. Pasa por la Catedral de Notre Dame, el museo D´Orsay, el Louvre, los puentes del Sena y la Torre Eiffel… ¡La belleza se une al sacrificio!

– ¿Qué tal la ruta y la altimetría, cuáles fueron los tractos más difíciles y cuáles los más bonitos?

– Te cuento: salida en ligero descenso por los Campos Elíseos hasta el km 3 donde iniciamos tramos más estrechos, ahí se formaron aglomeraciones de corredores, obligando a sortearlos, a cambiar el ritmo, a vigilar para no tropezarse… Del Km9 al Km19 seguimos corriendo por un bosque (Vincennes) muy bonito que invita a relajarse, siempre corriendo en llano. Lo más difícil: el sube-baja de los puentes del Sena entre el 23k y 29k , muscularmente se notan y también por ésta zona ¡ojo con los túneles!, alguno de ellos tiene casi 1 km, vi alguna caída justo en el famoso túnel del Pont de L’Alma. Tras superar la altura de la Torre Eiffel, donde es preciosa la vista, llena de gente animando, giramos hacia el Bosque de Boulogne (km 33) donde se libra la auténtica batalla del maratón. Son 8 km. de bosque en un momento que el maratoniano ya lo ha dado casi todo y no hay mucha gente y animación, un tramo monótono y mentalmente “difícil”. Cuando menos te lo esperas giras y te encuentras la meta con el Arco de Triunfo como telón de fondo.

 – Cuando terminaste, ¿estuviste satisfecho con tu tiempo final?

– Llegué a meta con la sensación de no haber sufrido prácticamente nada, lo justo en los kms. finales, como siempre. Ha sido una carrera la mar de placentera, sin dolor alguno y disfrutando como nunca lo había hecho. ¡Mi tiempo final, lo de menos! Mis sensaciones en aquel momento, indescriptibles, ¡no tenía nada que exigirme y mucho que disfrutar!

 – ¿Qué calificación le darías a la organización, las camisas, la medalla, y todos esos elementos de carrera?

– La Expo genial, pocas colas, recorrido señalizado y entrega de dorsal con chip incorporado, ¡no os olvidéis el certificado médico, es lo primero que verifican! En la salida para casi 50.000 corredores todo muy controlado, por cajones con salida escalonada, bien. Los avituallamientos bien surtidos pero ¡ojo!, sólo están a un lado del trazado, los corredores se cruzan, esto es mejorable. En la meta mucho espacio para todo, primero la medalla (original, preciosa) luego la camiseta técnica de Finisher y a continuación zona inmensa para recoger botellines, fruta, frutos secos, Powerades, junto a servicios médicos, publicitarios…etc. Se forma alguna cola para salir del recinto.

– Mi valoración: Carrera alucinante, temperatura idónea, recorrido insuperable y para la organización un notable alto. ¡Os espero el próximo 6 de Abril de 2014 en París!

¡Allá nos vemos!

(no me digan que no termina uno emocionado luego de leer esto)

Gracias por tu tiempo, Juan Carlos.

“Póngase una meta”


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Qué pro el teacher, corre y toma fotos. ¡Yo con costos corro y respiro! Foto A. Alfaro.

Hace ratillo no madrugaba tanto un sábado.

Hoy, en Facebook, seguramente habrá leído “primer entreno del año” en el muro de muchas personas. Decenas de grupos de atletismo, grupos de ciclismo, caminantes, nadadores, arrancaron hoy su primer entrenamiento del año. – Retomando la idea del post anterior, hoy mucha gente “los vio correr” -. Yo también los vi. Y también corrí.

Esta vez lo hice con el grupo y el profe nuevos. Igualito que el primer día de clases. Esta vez me tocó correr con el profesor a la par todo el rato… como un reloj suizo! Sé que empecé muy rápido y luego me rezagué, pero la idea era mantener un pace constante y al final se pudo. De que me llevaba vigilada, me llevaba vigilada. ¡Sin derecho a bajar la guardia!

Subiendo la cuesta hacia Lindora, viniendo de Belén, Andrés dijo tres palabras que me dejaron pensando: “póngase una meta”. (Aquí debería poner como 5 tríos de puntos suspensivos). Yo sé para qué maratón estoy entrenando, pero ¿qué meta tengo al respecto? Eso es diferente.

Quedé con esa idea dando vueltas en mi cabeza. Considerando que hoy corrí “rapidillo” para mi promedio, y que no me morí ni me ahogué en ese intento, la primera meta es: bajar mi pace. Pero en serio. Para eso hay que entrenar mucho, exigirse bastante. Hay un momento en el que uno dice: qué es lo que no me da, las piernas, el aire, o qué. Bueno. Yo creo que tengo aire pero me faltan piernas. Vamos a cambiar eso.

Número dos: hay que perder un par de kilillos ahí, yo sé dónde están, me ha costado mucho pero voy a bajarlos. Laura Wesson, esta es una misión para las dos :D Ya comencé a hacer algunos cambios a la hora de ir al Super: ¡Hola semillas de chía, hola yogurt griego, hola avena, hola pan integral… adiós gaseosas! – Coca Vainilla, i´m gonna miss ya! jajajaaj.

Y tercero: apegarme al plan. ¿Cuál plan? Bueno, hoy mismo le paso al entrenador el timeline de cómo corrí Roma, de menos a más… Comencé a 6.45 y cerré en 6.00 ! Nada me gustaría más que volver a hacer mi mejor tiempo de maratón, esta vez en París. ¿Bajarlo? Diay ojalá. ¡Me haría muy feliz! Vamos a partir de la base de lo que hice, y veamos qué plan pone el que sabe.

Para muchos, la meta es más simple – y no menos difícil- y consiste en levantarse temprano. Soltar la cobija. Y con solo eso, ganan un 50%. Se los aseguro. Hacerse el hábito, para el deporte que sea, es cosa de determinación. Ya uno por estar levantado y en tennis, lo demás es ganancia. Como me dijo una muchacha, “con la almohada todavía marcada en a cara“,… pero levantados.

Dado el inusual éxito del post anterior (52 mil visitas en tres días, Santísima Virgen) quiero aprovechar para agradecer a los lectores nuevos… porque me hicieron regresar a leer cosas que escribí hace meses, hace un año, hace dos años, cuando lloré por mis primeros 15 kms, cuando lloré después de escribir la crónica de mi primera maratón, cuando abrí la caja de mi primer par de tennis… y saben qué: volví a sentir una emoción que tenía, digamos, un poquito olvidada. Uno jamás debe perder esa capacidad de asombro cuando corre.

Hoy corrí 12 kms que, en términos de distancia, no es un larguísimo fondo, pero al pace que lo hice, y con los compañeros que lo hice, y el día que lo hice… con el sol tan bonito en Belén… uf! Me gustó montones y me motivó para más.

Ya me puse la meta. Ya yo sé que sí puedo correr 42 kms, la pregunta es ¿puedo correrlos mejor de lo que lo he hecho antes? Me contesto desde ahora: sí, sí puedo. Si cumplo, sí.

Muchas gracias a Just Training por el día de hoy. :) Hasta música nueva le estoy subiendo al iPod.