Lo que uno quisiera ser en la vida


Antes contar qué pasó aquel domingo de la carrera: ella merece un capítulo aparte.
Acompañé a Fernando, Fernando y Sergio a la expo – a la que fuimos dos veces – . Entre su buen humor y el vivir a través de su primera maratón en New York, y mi tercera ahí, la experiencia tenía otro color.
Saliendo del centro de convenciones ese sábado, sucedió algo que se sumó a la cadena de encuentros inesperados: en un stand de Abbott, justo el de los Six Major Marathons, estaba una mujer menudita, de cabello gris, sonrisa amable y ojos chispeantes, firmando autógrafos.
“Hey. Hey porfa, necesito hablarle, ¿no importa? ¿Me esperan?” Amablemente esperaron a que hiciera la fila, que era corta, y ahí estaba yo, hablando con una mujer récord, una leyenda. Joan Benoit Samuelson.

12194094_10153270750522643_1912675959_oLa mujer que ganó maratón en las Olimpiadas de Los Angeles 84 – la primera campeona olímpica de la maratón femenino – con aquella figurita casi infantil, la misma que destrozó los cronos en 2:22.43 en Boston, 1983. La mujer que cada año narra en televisión la maratón de Chicago – esa carrera en la que hizo 2:21.21 en 1985. Leyenda, punto.

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“Nela, Have a lucky #7 Marathon in NYC” Joan Benoit Samuelson

No me quedé mucho rato conversando con ella – para no aburrirla le hice un breve resumen de mi condición médica – pero le expliqué: “Ya estoy bien. Corro porque me gusta mucho y esta es mi séptima maratón, la tercera aquí en NY”.
Con una carita muy tierna y poniéndome atención, en un gesto de preocupación casi maternal, me dijo “Oh. Tenga cuidado, ¿verdad? Mañana, cuídese.” Y me firmó su foto, mientras le dije “Hey, me gustaría que vaya a correr a Costa Rica”. Anotó su e mail, y nos despedimos. Me encantó lo que me escribió.
Jamás podré ser como ella – lo de ella era un talento natural, es una de las más grandes leyendas del atletismo – pero sí sentí bonito cuando nos despedimos, y quise soñar que cuando tenga su edad, me vea así, fuerte, atlética y feliz. Que yo quisiera ser un poquito así.

¿Más coincidencias lindas? Faltaban las mejores. Estamos a menos de 24 horas del disparo de salida. Buenas noches, New York.

Del Verrazano a Central Park (parte dos y final)


INGNYCM13_Course_Map_ForWeb-01… se acuerdan que les dije que en ese puente me siento enorme?

Ahí cayó el miedo. Cuando comencé a correr.

Recordemos que llevaba casi 3 semanas sin correr, luego del reposo al que me sometí por el amago de desgarre. Mi cuerpo comenzó a desplazarse, y me sentí absolutamente feliz. Qué rico correr otra vez. ¡Y aquí! Miré a la izquierda, el flamante helicóptero de NYPD, suspendido junto al puente, cuidándonos de cerca, y el horizonte con el perfil de la ciudad… ahhh. Ya yo no medía un metro 53.  Yo era enorme.

Una parte de mi cerebro comenzó a acordarse de 2011… “Nela estás pasando por segunda vez en tu vida por aquí”. Esto era lo que yo quería. ¡A esto vine!

El puente mide 1298 metros… y se disfruta cada centímetro. Al terminar, entramos a esa belleza llamada Brooklyn.

Iba sin dolor en la pierna – solo con una ligera sensación… cómo les digo… ¿como cuando uno tiene una parte del cuerpo que se golpeó hace días, pero que ya no duele? -. Mentalmente me envié la orden: “Disfrutá, no pensés en eso. Y usted, pierna: corra, no tenga miedo.”

Este año vi más público en las aceras. Tantos rótulos. Tantas caras felices. Sin embargo, procuré mantenerme en el medio de la calle porque si me acercaba a la acera, la inclinación de la calle me podría afectar la pierna izquierda que estaba cuidando. Pero lo reconozco: más de 3 veces me desvié a buscar las palmas de la gente. Te dan energía.

Se me salió el corazón al ver un rótulo que decía “GO CÉSAR!” con la bandera de Costa Rica. ¡César Lizano había pasado por aquí hace rato, con la élite! Igual grité como si el rótulo fuera para mí, dije “COSTA RICAAA” y me contestaron con gritos.

Merengue, bachata, rock, ¡no hay un palmo de Brooklyn sin música! Hasta vi un policía llevando el ritmo con el pie. Estaba feliz el bandido.

Agua, hidratante. Agua, hidratante. Yo iba puntual con mis gomitas – el gel me cae mal – y chequeando el tiempo, por supuesto.

Hay una cuesta… en Brooklyn… cómo decirlo. Es una calle preciosa, los árboles se unen en las copas y la gente casi te toca, tirados en media calle. Pero es una cuesta. Ugh. Dolió. No quise perder el pace pero me costó mucho ese ascenso.

Al pasar los puntos de 5, 10 y 15 kms me sentía bien. Pero una vez más, Brooklyn se me hizo eterno.

Hasta que llegué al puente Queensboro, sabiendo que después vendría Manhattan ¡la meta!

En ese puente, me pasó lo que no quería: sentirme mal.

Y cero que ver con la pierna. Sencillamente se me bajó la presión. Lo sentí. No sé qué pudo haber sido, pero honestamente el viento tan fuerte, tan frío, no me ayudó mucho. Me descompensé.

Y es que en ese puente, ¡todo es de subida! Uno sube y sube, y nunca parece que va a terminar… (curioso: en 2011 venía tan atarantada que nunca sentí cuestas. ¡Qué cosas!)

Pensé que antes de marearme más, lo prudente sería parar, comerme una Tricopilia de inmediato, y no trotar hasta no sentirme de nuevo en mis cinco sentidos.

No sé si fue un error, porque de veras me sentía mal, pero caminar en ese puente, con el golpe de frío que me llegaba, me salió caro después. Cuando quise arrancar otra vez, no pude.

Me salieron dolores que probablemente estaban ocultos mientras mi cuerpo estaba caliente y en movimiento.

¡¡¡No podía correr!!!

¿Cómo  *^)@!$·/&%  no iba a correr si ya estaba en Manhattan? ¿Cómo iba a echar a perder todo?

Peor aún:  ¿Marianella, quién viene a caminar a una maratón?

Creo que del colerón hasta me dio gastritis.

“Por qué me duele tanto TODO”

Yo sola me contesté. Me dije todo al mismo tiempo:

“Recordá lo que dijo el doctor, que básicamente te comiste el músculo. Estás corriendo a puro aire”.

“Y qué importa si te atrasás. ¿A vos te pagan por llegar en  “x” tiempo? Parecés tonta.”

“Si tenés que caminar CAMINÁS, PERO NO PARÁS CARAJO”

y más fuerte aún:

“UNO NO VIENE A ESTA MARATÓN A HACER CUCHARAS”

Caminé. Y bastante.

Me costó mucho aceptar que no estaba en mí obligar al cuerpo. Tenía que escucharlo y hacerle caso. Tocaba tragarme el ego y entender que el tiempo final iba a ser bastante distinto al que yo creí que haría.

Entonces, una vocecita en la Quinta Avenida me gritó: NELAAAAAAAAAA

¡La Majo!

La Majo me iba rastreando con el app de la maratón, y cuando la vi le dije:

“NECESITO SAL. No tengo gasolina”

No sé cómo hizo esa mujer, pero la Majo corrió y en cuestión de cien metros me volvió a gritar, y me dio dos sobrecitos de sal.

Se lo agradecí y le dije que me dolía todo. Pobre Majo, qué cara le habré hecho.

Pero luego de cambiar la actitud, pensé:

“Falta el Bronx”.

Entré al Bronx caminando – era un paso rapidillo, pero caminando -. Me acordé de cuánto me gusta este barrio. A muchos no les hace gracia pero yo lo adoro. Gospel, rap, hip hop…

Y en una esquina pasó lo que no me esperaba. (Presiento que solo los lectores de más de 30 entenderán lo que sigue…)

I hate myself for loving you

Can’t break free from the things that you do

Un grupo de rock de muchachas de pelo colorado, cantaban en la esquina… esa canción me gusta montones, y de inmediato la empecé a cantar. ¡Joan Jett es indispensable para correr! Me acerqué a la esquina donde ellas estaban tocando, como si la música me llamara.

Y en ese aceleroncito hacia la esquina… ahí mismo… troté.

“¡¡¡Ay juepucha… mejor la sigo!!!”

Y me monté en el trote de nuevo.

I want to walk, but I run back to you, that’s why

I hate myself for loving you

Troté. ¡No sin dolor, pero con ritmo otra vez!

“¡Agarrá impulso, dale dale!” me dije.

Ese trote en el Bronx fue el punto para volver a empezar a correr.

Cuando me di cuenta de que otra vez estaba corriendo, no pude disimular la contentera.

Se me quitó la amargazón de “tengo que caminar” y me alegré de que pude recuperar el paso… ¿cómo se llaman esas muchachas? No sé. Han de ser una banda de garaje, nunca entenderán lo que hicieron con esa canción. ¡Les debo el impulso!

El Bronx es tan cool.

Así pude bajar hacia Central Park, ¡pude correr otra vez! Dejé de ver el Garmin – “no pensés en el tiempo, necia” – y me dediqué a disfrutar las últimas 6 millas. Y qué millas.

Las millas donde vi a una muchacha italiana arrastrar una pierna, y avanzar con la otra. ¿Cara de dolor? No. Cara de valiente. “Sei bravissima!” le dije. Me sonrió. ¡Ella estaba disfrutando NY!

También fueron las millas en las que pensé en Rafa y su gente. ¡Estos kilómetros no son míos! ¡Son de #kilometroscontraelcáncer!  Uff. Qué honor.

Leí los carteles más divertidos – “RUN JANE! Hugh Jackman is at the finish line!”  “I bet this seemed like a good idea 4 months ago”

Y casi llegando Columbus Circle, el mejor cartel de todos:

ALL WALLS HAVE DOORS

Demonios que sí. Sobre todo los muros mentales. La música fue la puerta.

 A estas alturas iba absurdamente feliz. Cualquiera que me vio a esas alturas de la carrera, me vio cantar, me vio brincar. Como si fuera Mutai, grabándome en la mente los colores del otoño en los árboles, el ruido de la gente, que se oyen como un gol en la gradería de un estadio… y por fin, la entrada al parque.

Yo, que el año pasado vine a dar solo una vuelta, porque no hubo maratón, no podía entrar menos que feliz ahora. ¡Estaba repleto! Aquel banderín de 25 miles… ay ay.

La meta tenía dos líneas: una azul, y una amarilla – en recuerdo de Boston -. Me importó muy poco el cronómetro: entré corriendo feliz.

Bienvenida a mi tercera maratón.

Ahhhhhh. Qué bien se siente esto.

MEDALLAQuién sabe qué cara hice porque la señora que me puso la medalla me dijo… “Hey, great job sweetie!”  y yo le contesté “I know! I did it!”

Caminé hacia la salida, nos cobijaron con un poncho, y no sé cómo Majo me encontró ahí no más y me abrazó. ¡Mi salvavidas! Majo, te debo mucho.

Estoy segura de que de la cara de sufrimiento que vio cuando me dio la sal, a la cara de felicidad que se topó en el parque, había una gran diferencia.

Más tarde, me preguntó si estaba contenta o si me había decepcionado por haberme sentido mal y parado a caminar.

“¿Qué? ¿triste? ¡Jamás! ¡Yo estoy super feliz! Me siento muy bien. ¡En serio me siento super campeona!” le contesté. Porque hay que ser fuerte para terminar una maratón, eso lo sé, y eso no es poca cosa.

Cuando en la noche nos vimos con Rafa, Oscar, Julio y Carlos, los abracé muy fuerte. ¡Qué valientes! Los 5 con nuestras medallas, tan bien ganadas. Qué buenos kilómetros. Y en whatsapp…. la felicitación de Laura, ¡de nuevo, maratonista!

Soy una enamorada de la maratón porque en 42 kilómetros deja tantas lecciones. Cada maratonista es un poquito más viejo en la meta. Un viejillo sabio. Porque aprendió a domar cansancio, ego, dolor… en mi caso, además, me dio la lección de dejar de estar presionándome, y valorar el privilegio que tengo de hacer un deporte que quiero, como quiero, donde quiero.

¿Mediocre por no ponerme un tiempo? No. Uno debe adaptarse a sus circunstancias. Este no era el momento de ponerme tiempos. Mi entrenamiento fue distinto. Tuve que dedicarme más al trabajo, hacer muchos cambios, y entender que, como me dijo el Dr. Gálvez, no venía a hacer maravillas: más bien mucho logramos con la terapia, para que mi pierna estuviera apta para correr.

Para velocidades, tendré otra oportunidad.

Ah sí. ¡Porque yo quiero volver a correr otra! Esta ya pasó. Y es única, preciosa y perfecta con todo lo que me pasó. No la cambio.

Mi tercera maratón fue hermosa, y me siento distinta después de lo que viví. Me hizo humilde al dolor, me abrió los ojos. La vida se va en un soplo, no puedo despreciar ni siquiera los momentos que duelen. Me hubiera perdido todo lo que pasaba alrededor.

Y repito: una muchacha que hace 4 años no hacía deporte… hoy ya tiene tres maratones. ¡Tres! ¿Yo? Si yo pude… todo el que quiera y se entrene, podrá. 

Leí una cosa que resume lo que uno siente al ver hacia atrás lo que vive en 42 kms:

“Maratón: Te amo. Te odio. Dame más.”

Aquí estoy, 1.53 cm otra vez. Y comienzo entrenamiento en diciembre. ¡Por la cuarta!

parís

¡Ahí va una tica!


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Para representar lo mejor del atletismo costarricense, César Lizano correrá la Maratón de Nueva York este año. Con lo que ha entrenado, no espero menos que un excelente tiempo de nuestro atleta olímpico, y la verdad, qué orgullo saber que va muy, muy muy adelante de mí, y que va a ser de los primeros en cruzar la meta.

Yo voy de turista, de aficionada, como los otros 45 mil que no ganan. Y eso es genial. Pero no represento deportivamente nada. Solo a mí misma.

Como tica, quise llevarme esta camiseta que es como una reinterpretación de la del año pasado. Esta es un diseño de Marilis Lopardo y Melissa Arias, que trabajan en Jotabequ, y lo hicieron para unos proyectos propios el 15 de setiembre. Lo vi, me gustó, y les pedí permiso de usarlo para tener en mi camisa un poquito de la belleza de nuestra carreta.

Pero una tica que va corriendo tiene que llevar música tica también. A la par de ese montón de color, yo decidí salpicar mi playlist de música nacional. Sí sí, Ricky Martin, Juan Luis Guerra y Pink! van en mi lista, pero no puedo no llevar música tica. Ojo que no son canciones para ir a un pace delirante… son para sentir rico el sonido tico. Tienen letra, ritmo, historia, sentimiento, son de Costa Rica, conozco a los que las cantan y … pucha, se siente lindo correr oyéndolas. Y cantándolas, si tengo aire. Les comparto las notas ticas de mi playlist de Maratón, que incluye música de ese chuzo de serie llamado Dele Viaje. Voy como Beto, valiente. Le voy a dar viaje.

Groovy Cocofunka

Siente Cocofunka

Ondularte Gandhi

Sacúdete Los Ajenos

El Criticón Sonámbulo Psicotropical

Baby Rolling Mechas

Gira el mundo Percance

La mitad de lo que soy Daniel Patiño Quintana

Suda el Jamón Debi Nova

Dieciséis amaneceres Divino Remedio

Malpaís Malpaís

Azul Tango India

Los Pollitos José Capmany

La carreta que no rodó


chemaEsta era mi indumentaria para la maratón del año pasado en NY.

Quise llevar algo que demostrara de dónde soy, pero que no fuera la típica bandera. Gracias a mi amigo Kevin, llegamos a este diseño que en realidad no tenía nada de complicado: ¡sencillísimo! Media rueda de la carreta típica de Sarchí, con esos colores que gritan “Costa Rica”. Y bueno, la relación entre la carreta y la corredora… no soy rápida, soy lerdita como la carreta pero bastante fuerte… aguanto 42 kms! ¡Cuántos no aguanta una buena carreta cargada de leña!

La imprimí con mucha ilusión, la llevé a NY y bueno… pasó lo que pasó. La maratón fue cancelada a menos de 48 horas  y me traje de vuelta la sweater sin estrenar. Nunca la toqué, y sinceramente me daba mucha tristeza verla. Los que pasamos ese trance en NY el año pasado tenemos una mezcla de emociones que no se quita. Es nostalgia de lo que no corrimos, es… algo extraño.

Pensé por mucho tiempo que de todas maneras estaba bien que la guardara porque me serviría para este año, pero un día de estos la vi con detenimiento y pensé que no: esta siempre será la de 2012, y no me sentiría bien llevándola este año, como si poniéndomela borrara lo que sucedió. Ese día agarré aire y me la puse para ir a la Sabana.

No me la pongo seguido pero sí, la uso para entrenar. Siento que con ella le hago honor a la única maratón de NY cancelada en la historia de esa ciudad, que me ayuda a recordar lo que pasó, que no corrimos para respetar el dolor ajeno y que las cosas son como son a veces, y hay que aceptarlas porque es inútil revivirlas o cambiarlas.

De todas maneras, para este año, creo que lo apropiado sería no correr de negro, más bien, ir un poco más alegre para celebrar la vida, celebrar el reencuentro con la ciudad y bueno, se puede usar siempre el motivo de la carrera para identificarme como “tica” en medio de 48 mil corredores.

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Roma 2013: como lo puse en la espalda nadie lo leyó, pero el BIB sí decía “Marianella”

Estamos en temporada de maratones (Berlín, Washington, Chicago, etc) y es el momento en que muchos grupos o corredores independientes le dedican tiempo a ese pequeño gran detalle: “imprimir la camiseta”. Ponerle su nombre y la bandera a la camisa, porque muchos espectadores, aunque sean  desconocidos, leerán el nombre de uno y le gritarán, dándo ánimos. Para los “runner-haters” este gesto no es más que una payasada o una cursilería, pero para uno como corredor guarda un enorme significado. Y por eso vamos a las tiendas, escogemos el color, nos arrepentimos, volvemos a elegir otro color, las compramos iguales para todos los del grupo, buscamos un amigo que diseñe, creamos un logo, le ponemos la banderita… y ahí está, humildemente, nuestro nombre de maratonistas. No dice “Messi 10″, no dice “Meb” “Kastor” ni “Traña“, pero para uno es toda una indumentaria de guerra. Es parte de la emoción. Y cada vez que uno se la pone, como que se pone los recuerdos de ese día.

Mi blusa de 2011 – mi primera maratón – fue super sencilla (blusa negra, bandera y nombre en letras blancas); la de Roma decía “Maratonella” y se complementaba con una corona de olivo. Este año… no sé! Quiero esos colores de la carreta, quiero que diga mi nombre, quiero que diga algo así como “Forget Sandy, Hello NYC”. No sé. Tengo chance aún para pensar.

Lo que sé es que esta otra carreta no pudo rodar en NY en 2012 pero es importante recordatorio de que al final, sea en Central Park o en La Sabana, lo importante es correr. Mucha gente me ha dicho que le gusta mucho como se vela carreta, y yo creo que sí:, porque se siente uno muy orgulloso de llevar esa belleza en el camino a una maratón.

¡Cien días para la mejor maratón del planeta!


82760-23733-006fCorrer con casi 50 mil personas alrededor; con dos millones de espectadores gritando a los lados de la calle, desde Staten Island hasta Manhattan.

Recuerdo cada palmo de esos 42 kms y 195 mts. ¡Me muero por volver a vivirlos y sentirlos, pero ya sin miedo, ir feliz  a celebrar que nos reencontremos para olvidar lo del año pasado!

¿Chistes de huracanes y “salúdeme a Sandy“? Ya los escuché todos, y no me importan. 

Hemos comenzado el entrenamiento. Con todo y mi nuevo trabajo y el nuevo horario, estoy comprometida a sacar bien mis obligaciones y esto, que es mi pasión, hacerlo también con toda el alma. ¡Cien días, solamente cien días para cruzar la meta en Central Park… la tercera maratón de mi vida!

Como lo dijo una vez Ryan Hall en una entrevista que le hice para la revista +Correr, esta maratón tiene la línea de salida más emocionante del mundo; con la voz de Frank Sinatra sobre el puente Verrazano… “you cant´beat that“.

Este año tendremos a Costa Rica muy bien representada con César Lizano, invitado por los organizadores, y a Laurens Molina, que Dios mediante, estará recuperado para ese tres de noviembre. 

Hoy me desperté más feliz, porque estamos cerca de ese día. Cien días más cerca.

Cien días con sus entrenamientos, fondos, dolores, ampollas, madrugadas, …  a comer bien. A correr bien. A dormir bien. ¡Hola, New York!

 

 

“Lléguele con furia” a Nueva York 2013


82760-23733-008fNi tan lejos. A cuatro meses de aquí. Es decir, nada. 124 días.

¡El tiempo y los kilómetros han pasado volando! Cuánto drama – casi de novela -. Un huracán, un Papa, el Coliseo, dolor en Quepos, frustración en San Diego… y muchas semanas de silencio.

No había escrito de nuevo no porque hubiera parado de correr; pero tal vez porque corría sin pensar. Corría por correr, otra vez, como tratando de recordar por qué comencé. Ahora me sorprende el calendario que me dice que en cuatro meses nos volveremos a ver Nueva York y yo, las que nos despedimos con una tristeza muy honda en noviembre, sin maratón de por medio.

Estos días no he podido hacer fondos con el grupo; pero sí salgo entre semana y los fines de semana. Casi siempre corro sola. A la Sabana llevé un nuevo Chi runnerAlonso, bienvenido a la fiebre de correr – y reconozco que verlo comenzar de cero me llena de ternura. Verlo cómo nos observa con cara de “todos ustedes están absolutamente locos y corren mucho” me recuerda esa madrugada de diciembre de 2010 en que yo llegué, nueva, y pensé “todos ustedes están absolutamente locos y corren mucho“.

Este fin de semana comencé a celebrar mi cumpleaños – así soy yo, celebro todo el mes, por si acaso – y por primera vez tuve compañía para correr de mi casa hacia el Aeropuerto: 16 kilómetros de bajadita, de San Isidro al Juan Santamaría. Es mi ruta favorita. Siempre la hice sola, pero esta vez se me unieron 5 amigos que corren y fue súper especial. En lugar de ir hablando y cantando sola, iba hablando con ellos; paramos en las pulperías por agua, nos reímos, disfrutamos el recorrido, y un borrachito en Río Segundo nos aplaudió gritando “¡¡Van de primeroooos… no ha pasado nadieeee…lléguenle con furiaaaaa!!!”. Todo eso, sola, se vive distinto.

Al terminar de correr, desayunamos juntos. Felicitamos a Lucas que ese día corrió sus primeros 16 kms – su máximo había sido 13 -; y por supuesto, lo animé a soñar con 5 más y hacer una media maratón. Con el café y el jugo, vino la conversación y caímos en el tema de los tiempos, de ser competitivo con uno mismo y de a veces ponerse demasiado “matón” pretendiendo hacer un tiempazo.

Concluimos que el chiste de todo esto está en sencillamente correr. Mejorar los tiempos sin disfrutar el recorrido no tendría ninguna gracia. En el trayecto de ese día pasamos por Heredia centro, por San Joaquín, saludamos a todos los que nos topamos, paramos cuando nos cansamos… ¡y estábamos desayunando juntos! ¿Qué más queríamos? ¿Un récord?

De hecho nos reímos de que ninguno se acuerda de los tiempos de maratón del otro. Lo que nos gusta es correr juntos, punto.

Este mes de cumpleaños lo comencé corriendo con ellos; no me acuerdo cuánto duramos en ese recorrido pero sé que no se me va a olvidar ese  “lléguenle con furia”.

La furia solo me va a servir para poner el despertador, entrenar como antes, esforzarme, pero lo demás tiene que ser deleite. Tiene que.

Ahora miro al frente y tengo a 4 meses de distancia a esa ciudad que me cambió la vida. La primera maratón me agarró asustada – por no decir que aterrorizada -; sin idea alguna de cómo hacer una carrera y sin saber nada de nada después del kilómetro 35. Ahora puedo ir y ver todo con otros ojos, disfrutar una ciudad que dejamos llorando en medio de un huracán y que ahora está lista para reconciliarse con el evento deportivo que la hace famosa.

Sí, quiero correr mejor que en Roma; sí, quiero hacer mejor tiempo que en Roma, pero si hago los mismos 4.34 o 4.40,… ¿me voy a enojar? ¿Voy a dejar de disfrutar Nueva York sólo por eso? ¿Voy a entrar haciendo trompas a la meta? Para nada.

Esta semana culmino una etapa profesional en mi vida y comienzo otra. Ahora sabré qué es alternar un entrenamiento de maratón con un trabajo full time, y rendir bien en ambos. Espero tener los sábados libres, como todo mundo, para poder hacer fondo y llegar a la casa, bañarme y caer frente a la tele, el libro o la radio el resto del día… como un zombie!

La receta para este camino a mi tercera maratón será tan sencilla como “llegarle con furia“, entendida esa furia como pasión, como ese arrebato delicioso que lo invade a uno cuando se da cuenta de que le faltan solo 195 metros para decir “pude“.

Yo distinta, Nueva York distinta: creo que tendremos mucho qué contarnos en Noviembre.

Gracias María José por recordarme que esto, si no se disfruta, no tiene chiste. 

La maratón que sí sucedió


Hoy en Buen Día de Canal 7 me permitieron mostrar este video. Es la secuencia de 3 momentos que viví en New York este año… la emoción de llegar a la ciudad, estar en la Expo y retirar el número de corredor. La tristeza del sábado, cuando aún con la mala noticia los corredores salimos a darnos una vueltita y encontramos, con nostalgia, que no habían desarmado la meta. Y finalmente la sorpresa que me llevé el domingo al ver que sí hubo maratón… ¡sí la hubo! No trajimos medalla pero sentimos la emoción de esas dos últimas millas y aunque sea por un rato, vivimos lo que soñábamos vivir. Se escucha el apoyo de la gente, como la señora que grita “I just love your spirit, guys!” y disculpas, mil disculpas si me escucho demasiado emocionada… pero fue un momento que jamás, jamás voy a olvidar.

Los venezolanos con su ánimo al tope; Fabio, el italiano que confiaba en que después de Sandy la gente recibiría con calidez a los maratonistas; los franceses que se lo tomaron con tranquilidad y hasta me invitaron a correr en París… ahí están.

Aquí, con el número aún emplasticado, espero poder reencontrarme con la maratón de NY – completa – en el 2013.  Gracias Edgar Silva por dejarme mostrar que los corredores vivimos intensamente este momento, y le regalamos a la ciudad nuestra ilusión de correr, con la ilusión también de encontrarla recuperada el año entrante.

No fueron 42 kms de Staten Island, pasando por Brooklyn, Queens, el Bronx o Manhattan. Esto sucedió en Central Park. Y cada quien lo vivió a su manera.

Maratón cancelada… pero con todo el corazón, ¡sí, NY, hasta el año que viene!


“With incredibily heavy hearts…”

Así anunció Mary Wittenmberg del NYRR la cancelación de la maratón de NY este 2012.

Este sabor agridulce se cambiará por una gran fiesta el año que viene, cuando no haya un neoyorquino sin luz, agua o esperanza.

No me siento mal porque veo hacia atrás mis madrugadas, mi cansancio, mi entrenamiento – Alvarito, el fondo de Orosi lo llevo en el corazón, ¡me transformó la vida! – y sé que ha valido la pena. Para el que corre eso no es tiempo perdido.

Es comprensible. No era “imposible” hacer la maratón este domingo, pero queda en Staten Island una gran cantidad de gente en crisis. New York, que se ha secado las lágrimas y limpiado la sangre para levantar la cabeza y sonreírle al planeta, necesita más tiempo esta vez. Y sé que un poco tristes, pero jamás desanimados, los 48 mil corredores le vamos a dar ese año que necesita para venir a saludarla como a ella le gusta recibir a la gente: ¡regia!

“Marathon still on, bad move” leí en el cintillo de CNN cuando entré al hotel ayer.

Iba a ser una maratón sin público, o con un público que no estaría 100% entregado al evento, viviéndolo como ellos lo hacen. Y claro, una maratón en silencio no es tan triste como perder tu casa, o a tu familia, o estar en la calle sin electricidad. Aunque aquí en Manhattan todo parece marchar normal, con algunas líneas del metro aún dañadas, uno sabe que el peor escenario no sucedió aquí, ni en la emblemática Times Square, ni en Rockefeller Center: lo peor lo viven miles en Staten Island y New Jersey.

Honestamente sí creo que así como se ha dado mucha cobertura a la reacción negativa a la decisión de mantener la maratón, es una lástima que no se le diera cobertura también a la gente que nos decía “qué dicha que vinieron a correr”. Como aquellos dos policías, en Times Square. Uno hasta me dijo “si quiere le tomo la foto“. Yo estaba fotografiando la pantalla de abc anunciando la transmisión en directo de la maratón. También se alegró de saber que corremos el vendedor de periódicos que me preguntó si era de Brasil – ¿¿??- y el señor mayor, voluntario en la Expo, que me dijo un caluroso “pura vida“. Ah, y Andrés.

Andrés – me reservo su apellido – trabaja para una de las organizaciones presentes en la maratón. Hoy estaba atendiendo al público en la expo, y como me cuesta mucho, nos pusimos a conversar largo y tendido. Hablamos de cómo ha crecido el atletismo en Costa Rica, por qué tenemos tan pocas maratones y medias maratones, y de si debería correr con las Asics Geo 33 o las Brooks Glycerin – la parte técnica – .

Hasta que le dije “viera que tengo sentimientos encontrados, no quiero que ustedes piensen que les falto al respeto viniendo a correr”. Con esos ojos grandes y expresivos, este italo-puertorriqueño me contó su realidad.

“Mire, donde yo vivo no hay luz. No tenemos electricidad todavía. Me están prestando una casa aquí en Manhattan, pero mis vecinos la pasan mal. Estamos pasándola mal… igual, viera qué curioso porque yo corro…y  trabajo en esto! y viniendo a la expo los veo a ustedes y me doy cuenta de que esta maquinaria no puede parar, es parte de la vida. Yo me siento muy agradecido de estar vivo y de que mi familia está bien”.

Semejante confesión me dejó con el corazón en la garganta. Omito su apellido porque, dado que trabaja dentro del ámbito de la maratón, no quiere hacer pública esta contradicción que vive con respecto a un evento que, por cierto, ha corrido 5 veces.

“Y no se preocupe, estoy seguro de que el domingo sobre todo aquí en Manhattan los van a apoyar montones”.

Si yo me guiara solamente por lo que leí en redes sociales, o lo que vi en las cadenas de noticias, pensaría que había que correr con un casco y un escudo. Pero ahora entiendo las miradas de ellos, hace unas horas, cuando vieron a esta figurilla flaca y menuda en tennis, caminando por Madison Ave.

Era como diciendo… “gracias por venir pero… vieras qué tristes estamos”.

Hasta el amable chef que cocinó la pasta frente a mí, me dijo “The marathon is for you…. c`mon, enjoy it, girl!” Ahora, quisiera ir a decirle que la disfrutemos juntos el año entrante.

Liz Krueger, senadora por NY, le dijo esta tarde a John Lemon en CNN que esto no es cuestión de “buen gusto” o “mal gusto” sino de asignación de recursos. “Me encanta la idea de levantar la moral, pero qué tal si lo hacemos a través del voluntariado y hacemos la maratón otro día”.

Eleana, la empleada del restaurante donde comí pasta, el chef, los policías de Times Square, el vendedor de periódicos, los voluntarios de la Expo, todos ellos me dijeron “corra tranquila, que le vaya bien“. Y con cada uno sentí la obligación de explicar que no soy millonaria y no voy a dejar tantísima plata en la ciudad, pero que si creen, como yo, en el poder de la energía positiva y del buen karma, 48 mil personas vamos a devolverles con sudor toda esa energía que la ciudad nos ha dado en otras ocasiones. Y eso, siento yo, también es valioso,… aunque suceda un año después.

Sólo puedo decir gracias a mis amigos que saben cuánto amo esta ciudad, que entienden que no estoy triste… no exactamente triste. Es difícil de explicar. Y mi apoyo incondicional al equipo de Rafa Vega y su idea de correr el domingo 4 veces alrededor de Central Park, para apoyar la lucha contra el cáncer que lo trajo a NY. Mi abrazo a los que se sienten desilusionados… yo vine el año pasado y lo viví: les juro que la espera vale la pena.

Esta ciudad no es un edificio o diez: es la gente como Andrés. Y si es por ellos, con gusto, yo guardo las tennis.

Con su permiso, la corredora se transforma en periodista y se va a la calle. Quiero ir a entrevistar a NY.

Hay un concierto de benficencia ya mismo, con Billy Joel, Jon Bon Jovi y otros artistas neoyorquinos.

Más que nunca, en un New York State of Mind. Ánimo. : )

¿Y así piensan correr?


El año pasado el clima también puso en duda si se podía o no correr en NY la maratón. Hubo nieve una semana antes, y había pasado el huracán Irene inundando, cerrando el metro y Battery Park. Sin embargo, el 6 de noviembre estaba olvidada Irene y todos corrimos bajo un cielo despejado.

Hoy es evidente que Sandy ha sido más fuerte. Desde que pasó por el Caribe hubo muerte y destrucción. Y la ruta hacia el norte confirmaba que iba para New York, casi sin escalas. Directo.

Desde el inicio fui optimista por la probada capacidad de organización de la ciudad, producto de la dolorosa experiencia del 9/11. En NY a nadie le duele cerrar, apagar, evacuar, hacer lo que sea, con tal de prevenir daños mayores. Diez millones de personas usan el metro, pero si hay que cerrarlo, se cierra. Punto. “Si se pueden ir ya, salgan ya”. La orden era clara. No hubo lugar para la improvisación.

Uno ve la televisión y como que el cerebro recuerda que esto ya lo ha visto en películas. Y seguro por eso comenzaron las fotos trucadas, las bromas de mal gusto… a mí me sorprendió la noticia de los 12 muertos. De veras, jamás lo pensé. Y aunque sé que existe la posibilidad real de un cierre de aeropuertos, y veo cancelarse los vuelos de miles de personas, me parece que efectivamente, todo indica que el domingo habrá maratón. Tengo varios motivos para creerlo.

Uno: el pronóstico para el domingo es claro, inclusive pinta soleado. La New York Road Runners (NYRR) que organiza la carrera,sabe que tal vez deba mover algunas actividades previas o limpiar muchos escombros antes de que corramos, pero si no me equivoco solamente se ha suspendido una vez – agradeceré que me corrijan si estoy errada -. No será difícil, con la cantidad de voluntarios que cuentan, ordenar todo en un par de días.

Dos: Blomberg no se la juega. El año pasado, por mucho menos, tampoco se la jugó. Sabe que es mejor apagar la ciudad y enfrentar ese miedo de verla oscura y silenciosa, inundada y caótica, a resistirse por el ego de ser NY. A esta hora, Sandy va hacia Filadelfia, pero las inundaciones están ahí y toca rescatar, limpiar, restablecer la vida normal.

Y esa palabra “normal“, para los neoyorquinos, es tan cotidiana… No sé cómo lo hacen, pero lo logran. Transforman el caos en normalidad, y no a un bajo costo. Lo aprendieron con lágrimas, y a veces, inventando cosas descabelladas.

Cuando Fred Lebow decidió en los 70 que quería hacer una maratón que en lugar de darle 4 vueltas a Central Park, recorriera los 5 barrios, lo tacharon de loco. New York estaba sucia, era peligrosa, estaba en quiebra. ¿Quién en su sano juicio pasaría por Harlem corriendo? ¿Cómo iba a cerrar tantas calles por un solo evento deportivo? ¿Para qué, si esa ciudad no tenía remedio?

A 30 años de esa quijotada, la maratón le reporta a la ciudad mucho más que prestigio y glamour, le devuelve dinero, la reactiva, la convierte en el dormitorio y pista de atletismo de 48 mil personas de todo el mundo que toman aviones y entrenan por meses para recoger una medalla, luego de 42 kms. Hagamos números: hotel, comida, inscripciones, shopping… ¡y todo antes del Black Friday y la Navidad!

Entonces, ud. me puede decir que yo y que los otros que vamos a correr el domingo somos unos desconsiderados, que no suspender es irrespetuoso, o que inclusive, vamos a correr “en zancos” en medio de escombros y pasando por encima de la dignidad de los fallecidos o de los que quedan sin casa.

Pero le puedo asegurar que no es así.

Los que escogemos esta maratón, por lo general, es porque amamos esta ciudad. La admiramos. Sentimos un profundo cariño por lo que representa. Y no:  no nos reímos viendo el trailer de The day after tomorrow. Para nada.

Yo particularmente considero que además uno lo hace por esa gente de New York, que cambió montones después del 11 de setiembre. Ahora, ahí nadie es un extraño. Nadie es “raro”. En este “melting pot” tan variado que no se siente, que te derrite y te funde con personas tan distintas pero tan iguales a vos… todos somos bienvenidos. Y el dolor ajeno no pasa indiferente.

Una de las sensaciones más tristes que he vivido es pasar por la famosa Zona Cero. El año pasado ya estaba terminado el Memorial cuando fui, y además se vivía el fenómeno del “occupy Wall Street”. Esta no es una ciudad perfecta donde todos la pasan bien. No todo es elegancia, tacones y cine. La gente se mueve, trabaja, lucha. La gente reacciona, pelea. Tienen un sentido de comunidad muy especial y no les es extraño verse de repente en medio del caos.

Por eso la famosa línea de “if I can make it there I´ll make it anywhere” no es cursilería. NY lo demuestra. La maratón lo demuestra. Cómo es que en cuestión de horas tuvieron todo coordinado para evitar más desgracias… bueno. De la misma manera que, por muy caótica que encuentre el amanecer de este martes a la ciudad entera, la tendrán limpia y ordenada en horas. Así de simple. Que porque tienen plata, que porque “así son los gringos…” No sé. Tal vez Katrina dejó muchos aprendizajes, y nadie quiere repetir ese horror.

Si el domingo entrante, luego de esas imágenes de la tele y de internet, hay 48 mil personas corriendo por la ciudad,  no quiere decir que seamos todos una manga de inconscientes, egoístas o insensibles. Claro que sería triste no hacerlo luego de un año de entrenar y de tener las maletas ya listas. Pero nadie podría celebrar sobre la tragedia, por muy atleta que se crea. Créame, la idea de que la cancelen nos pasa a todos por la cabeza, tanto como el dolor de saber que hay doce muertos. Y súmele los otros 60.

No obstante, me parece que el hecho de que NYRR mantenga – hasta este momento – la maratón en pie, nos debe servir a los que vayamos a correr para traernos una lección más, de las tantas que se aprenden allá. Si se cae, levántese. Si puede evitar un accidente, hágalo. Muévase. No subestime a la naturaleza. Siempre piense en nuevos escenarios y soluciones. Y no se de por vencido.

Con parte del NYFD 2010

Hace dos años, cuando aún no corría, visité el departamento de bomberos de NY. Entré y les dije que nada más los quería conocer, no me importaba si eran los mismos o no que el 11 de setiembre habían salvado a tanta gente. Conversé con ellos. Siempre he admirado mucho a los bomberos, – también a los de Costa Rica, por supuesto – y bueno, me tomé esta foto con ellos para recordar ese ratito en que conversamos de su trabajo, de los compañeros perdidos, de cómo el tiempo iba sanando todo.

Si las cosas mejoran y yo puedo correr el domingo, será un honor hacerlo en una ciudad como esta, la de esos bomberos, la de los rescatistas, los voluntarios. La ciudad que sabe que en el momento en que bajen las aguas, tiene que volver a ser “normal” porque eso es lo que el mundo espera de ellos.  Aquí lo hemos vivido de manera muy distinta, por ejemplo, luego de Cinchona y de tantas tragedias donde sin cámaras, satélites ni recursos, nada más nos toca arrollarnos las mangas para volver a empezar. Así que al margen de  a señora de verde, del Empire State o de Broadway, si así vamos a correr, lo haremos por eso que hace especial a New York: la gente. Su actitud. Su empuje. Porque en eso nos parecemos todos. Porque somos humanos, punto.

Y correremos con respeto, pensando por qué Sandy fue “noticia” hasta que tocó EE.UU, si antes ya había hecho llorar a tantas familias caribeñas.

Entonces: ¿así piensan correr? ¿En serio?

Si la NYRR no lo impide, si el aeropuerto está abierto y si Sandy se va,…. sí. Será un honor.

Y será otro tipo de maratón. Por lo menos para mí no será igual.

Lo último que leí fue que no hay cambios. Y que el domingo se corre.

Con todo respeto y cariño para los afectados por el huracán, del país que sean. Sinceramente.

“Everything else… is a warm-up”


Edward Norton corrió en el 2009 la Maratón de NY, con un tiempo de 3 horas 48 minutos.

Sigue siendo uno de los grandes enamorados de esta competencia. Por cierto, se podrá ver por NBC y ESPN2

El muchacho de la bandera


El muchacho con la bandera… Juan Carlos Vindas. Las casualidades no existen.

 

6 de noviembre de 2011. Ya en mi cabeza están borrosos la calle, la hora y el kilómetro. Sí me acuerdo que fue de los primeros momentos en que sentí que me dolían partes del cuerpo “nuevas” y me preguntaba “¿¿dónde “@$&” está la meta??”.

Iba viendo a los lados las caras de la gente que nos animaba a seguir, cuando allá, a la derecha, vi moviéndose una bandera de Costa Rica… ¡DIAY PERO….QUIÉN ES! ¿ES UN TICO? ¡PERO… Y empecé a gritar como una loca desesperada… me sentía como un marciano que veía la nave nodriza, por fin…! Y por un instante sentí que la banderita, llevada por no sabía quién, me saludaba a mí.

Era curioso, porque considerando la cantidad de ticos que viven en New Jersey, pensé que vería “más gente” pero no, no vi más que esa bandera que se alejó y me dio aire para llegar y terminar.

La historia no tendría ningún chiste si no fuera porque encontré a la persona que andaba ese día esa bandera, y que supo quién fue la loca que le gritaba… Gracias Juan Carlos Vindas.

Esta es su versión y las fotos que prueban que yo no aluciné una bandera de Costa Rica. Ya ni me acuerdo si fue por twitter que nos contactamos, pero para mí no hay casualidades y a este muchacho le debo esos últimos kilómetros de alegría y acompañamiento.

“El año pasado fui a apoyar a mi prometida en la maratón de NY. Ella venía entrenando muy duro desde principios de año. Yo tengo la ventaja de que mi hermana y mi cuñado viven en la calle 77 a 50 metros de donde pasaba la carrera ese día, por lo que alistamos todo para viajar. Yo fui tres días antes y me compré una bandera de Costa Rica bien grande.

El día de la carrera fue muy bonito ya que pasaron muchos corredores gritando cuando veían la bandera… algunos me la pedían, pero me servía más a mí para apoyar los que faltaban. Un dato fue que unos ticos que estaban apoyando como a dos cuadras de donde yo estaba se vinieron a donde estaba yo cuando vieron la bandera.

Mi novia pasó muy rápido, es más, casi ni la reconocí sino fue por el grito  de loca cuando me vio. Después de verla, me fui caminando hacia la meta para apoyarla a su llegada.

Cuando iba entre la calle 69 y la 70 con mi bandera al hombro, se me acercó otra corredora y me gritó como loca y toda emocionada “¡COSTA RICA! ¡COSTA RICA!” y siguió corriendo. Luego me di cuenta de que era Marianella Cordero, me dio pesar no reconocerla a tiempo para gritarle el nombre y que se animara más… por encontrarse con un tico en New York que leía su blog! No soy corredor,  pero lo leía porque mi novia lo pasaba leyendo.

Después me fui a la salida a esperar a mi novia y a mi cuñado, y fue bonito porque otros ticos también se emocionaron mucho cuando vieron mi bandera.”

Juan Carlos Vindas
@jcvindas

Un mes para NY… dos días para Chicago


Te va a doler.

Va a llegar un punto en el que vas a pensar “qué hago aquí”, pero vas a seguir.

Al principio, casi como cuando uno se enamora, va a ser hermoso, delicioso, emocionante, sobrecogedor, pero en algún punto vas a querer detenerte y ya no vas a poder hacerlo. Eso es lo extraño: por más que te duela hasta el cabello, no vas a poder detenerte.

No te pasa por la cabeza ni la historia de Filípides, mucho menos acordarse de Gabriela o César en Londres, o de Bikila en Roma, corriendo descalzo. Cuando estás corriendo tu maratón, te das cuenta de que estás sometiéndote por gusto – porque nadie corre obligado – a uno de los dolores más profundos que experimenta el cuerpo humano, seguido inmediatamente de un alivio también doloroso. Poco importan Atenas, los Olímpicos o las medallas. Todo te duele y te preguntás para qué, si tenés una vida perfectamente normal sin correr.

Uno entrena todo el año – o gran parte de él – para llegar a ese punto. Y como la vida no es solo correr, en ese año uno lloró, trabajó, se peleó con alguien, madrugó sin estar muy convencido, se lesionó, se cansó… y por eso siempre le dicen “ahora vaya y disfrute, vaya recoja la medalla”.

Los maratonistas lo dicen porque ya lloraron. Porque ya saben que cuando se llega a la meta hay un instante celestial, que dura muy muy poco, y luego, como decía Fred Lebow, te queda una tristeza en el corazón… porque se acabó.

A todos los que están a punto de correr en Chicago, les mando un enorme abrazo. Hoy, falta un mes para mi maratón, pero dos días para la suya. Me emociono recordando el año pasado y al mismo tiempo agradezco tanto el poder correr… así, lerda, con los tobillos pesados, con braceo a veces bueno y a veces no. Con mi pace normal, que no amenaza a nada, ni siquiera a mis propios récords.

Si yo no corriera, no hubiera alcanzado a entender qué es la paciencia. Por qué para mejorar ocho minutos hay que esperarse un año. Si yo no corriera, no habría entendido que aunque una sea vanidosa – ¡uh, bastante! – a un verdadero amigo y compañero de grupo no le importa abrazarte cuando estás cansada, sudada y hecha pedazos por haber corrido mucho.

Si no corriera, no habría conocido a Alvaro Jiménez, un entrenador que aparte de compartir su conocimiento de atletismo le enseña a uno lecciones de vida tan valiosas como no preocuparse, asumir la lluvia o el calor de la carrera como parte de la ruta y por ende, disfrutarlas y agradecerlas, aprender a escuchar el cuerpo, y por ende a la mente, y agradecer viendo al cielo que tenés salud, pies, piernas, aire, pulmones, vida, amigos. Alvaro transmite eso.

El sábado es mi fondo madre y creo que no me había emocionado tanto antes de correr como ahora, ni siquiera en la maratón. Uno no es el mismo. Yo llego al fondo siendo una persona muy diferente a la que fui en Tamarindo. Soy un vaso coctelero hecho un revoltijo de emociones. Aquí estoy, moqueando. Mis Chi, en Chicago, a esta hora miran sus bib numbers, su ropa alineada y lista, y a pesar de toda la preparación que cumplieron, tienen la cabeza llena de preguntas. Cómo me voy a sentir. Cómo será. Ellos tampoco son los mismos. Aún los que ya han corrido una maratón, se enfrentan a las mismas preguntas.

Aunque uno corra con un amigo o con varios amigos, esto es un viaje personal al que nadie lo puede acompañar. Aunque lo espere el amor de su vida, un hijo o sus papás en la meta, uno está solo. Habrá casi 50 mil personas delante, detrás y a los lados, pero va solo. Por eso los corredores nos volvemos tan reflexivos, explosivos, pensativos y muchas veces sentimentales. La vida entera nos pasa por la mente entre un puesto de Gatorade y el otro.

“Los maratonistas no tenemos memoria”, sabias palabras de Damaris Wesson, que hasta ahora entiendo y que pronto, en muy poquitas horas, entenderán “esos locos que corren”. Y no corren poco. Corren 42 kilómetros y 195 metros.

No es el tiempo, no es el pace. Es el dolor y lo que te enseña, voluntariamente, cuando te ponés ese par de tennis y ponés un pie delante del otro, y delante del otro, y delante del otro… esa es la maratón y uno se enamora de ella porque es como un repaso por la vida, en menos de un día.

Con todo mi cariño, la boli más boli que los va a extrañar el sábado en Orosi.

Nela

(esta canción de los Pet Shop Boys es para ustedes)

A 38 días de NY


Este video lo explica todo.

No hay otra. NY. Sugiero ampliar la pantalla para verlo completo.

Salir en el NY times, bananos ticos en Berlín… etc.


Anoche estuvimos conversando un grupo de amigos que corren… y hablamos de maratones, obviamente. Cada uno pensando en la suya. Aparte de repasar detalles como “dónde vamos a imprimir la camiseta” – cosa que no es nada superficial,es parte de la motivación – hubo varios temas que me hicieron mucha gracia. Les cuento dos.

Portada NYTimes 7 nov. 2011

1. “Nela, y para qué va a repetir NY”. ¡Buena pregunta! Pudiendo ir a otro lado, Chicago, Tamarindo, la que sea, para qué volver a la misma maratón que ya corrí… bueno, alguna vez lo expliqué aquí, me gustó tanto que quiero ir otra vez. Yo soy muy rara, si algo me gusta lo repito 500 veces (una canción, un libro, una película, un restaurante) evidentemente no podría ir 500 veces a una maratón, pero bueno: esta me fascinó. Yo quiero ir otra vez, todo me gustó tanto que quiero vivirlo otra vez. Y si se puede mejorar, pues qué bien.

Pero lo que yo no les había contado era por qué quedé con sangre en el ojo al leer el NY times del 7 de noviembre de 2011.

Alguien me había dicho que al día siguiente de la maratón, el NYTimes publicaba la lista “completa” de los corredores que habían terminado la carrera. Yo, adolorida pero ilusionada, fui el lunes a buscar mi ejemplar y empecé a buscar mi nombre.

Mi nombre nunca apareció ni iba a aparecer, por esta sencilla razón: se publican los nombres de todos… los que hubieran logrado correr en menos de 5 horas. 

Y yo duré 5 horas y media.

Me cayó el 4 cuando ví esto:

Me dio risa y al mismo tiempo pensé “lástima, porque si hubiera ido un poco más rápido y no hubiera parado para ir al baño, fijo sí lo lograba… tal vez”. Cerré el periódico y me quedó en la cabeza la idea de volver, para estar en la lista del año entrante.

Aún no tengo claro cuál sería mi pace ni me quiero presionar a un tiempo específico, pero lo cierto es que este año, mínimo, quiero mi nombre en el NY Times. Es uno de los propósitos de volver a NY. Sonará como algo meramente de “ego”, o una pequeñez, pero qué importa, ¡yo quiero! Además es una meta realista – sí, sí puedo llegar en menos de 5 horas… hasta 4.59 ! – y si no es firmando un artículo como periodista, pues entonces que sea corriendo que puedo ver mi nombre el NY Times. Digo yo.

No es LA razón para volver, pero es una entre tantas.

2. Segundo tema: Olman, un amigo ciclista cuya esposa es corredora, de repente lanzó un dato curioso en la conversación, cuando dijo:

“¿Vieron que para la Maratón de Berlín van 140 mil bananos ticos?”

Todos nos quedamos como … ¿cómo cómo?

“¡Que sí, que para Berlín van a mandar 140 mil bananos de Costa Rica!”

Me tuvo que buscar el link para ver la noticia, y me pareció tan curioso y tan interesante que lo quise postear. Como cita la nota en la página de la maratón de Berlín: “The bananas come from Costa Rica and are ordered six weeks prior to the Marathon. Thus, the bananas have the right level of maturity, the delivery is clocked accordingly.”

Además, hay 90 mil manzanas Gala que también servirán de insumo para los maratonistas. La maratón de Berlín será en 3 semanas.

Si uno se pusiera a recopilar esos datos curiosos de las maratones, tan simples como de dónde sale la comida para tanta gente, los voluntarios que dan asistencia,  cuántos litros de agua nos bebemos todos los locos que vamos ahí corriendo,… si yo corriera la maratón de Berlín este sería una de esas cosas que significarían mucho para mí, en un día en que todo es emocionante, todo es importante, todo es sorprendente.

Así que los bananos ticos ya fueron encargados y estarán a lo largo de los 42 kms esperando con su potasio a todos los corredores.

¡Levante la mano el que va para Berlín!

New York prepara su show


Ryan Hall vs Meb Keflezighi, este año en NYCM

Si ya la ciudad es como es… ahora imagínesela con 42 mil corredores y un millón de personas haciéndoles barra. No sé cómo describirla. Es aún más viva, más poderosa.

Ya comienzan a sonar algunas de las noticias alrededor de lo que va a suceder el 4 de noviembre. La primera nos incumbe a todos los corredores inscritos, y es que ya no habrá servicio de guardarropía. Pero que no cunda el pánico. Digamos, uno lo que hacía era llevar un “bultito” con, qué se yo, una camiseta o abrigo para cambiarse al llegar a la meta. Algunos echaban ahí su celular para reportarse con la familia, medicinas, lo que uno considerara necesario tener a mano al final de la carrera. Lo dejabas en guardarropía en la salida, y los camiones de UPS soplados se llevaban todo – TODO – ordenado por número hacia la meta.

Es una gran ayuda pero a la hora de llegar a la meta había que volver a hacer fila – luego de que corriste 42k – para retirar el bolso.

Según informó este año la organización, ya en 2012 no tendremos ese servicio gratuito dado que era la causa número uno de quejas entre los corredores que se cansaban de hacer ooootra fila al final. Así que este 2012 toca llevar lo justo, ir ordenado y que la familia o amigos lo esperen a uno con un buen abrazote.

En compensación, por si alguien siente que necesita abrigarse a lo grande, la organización sustituye el servicio UPS por este poncho térmico, de los colores de la maratón. La verdad, el cambio no me desagrada y queda un recuerdo bonito; e igual recibís el recovery bag anaranjado cargado con hidratante, barritas, semillas y alimentos que te ayudan a recuperarte después de la maratón.

Y la otra noticia es el “line up” de los corredores élite. Primero supe de Ryan Hall, poseedor del récord de media maratón en Estados Unidos y a quien conocí en NY el año pasado – ¿sabían que su luna de miel fue en Costa Rica? -. Y ahora, leo que Meb Keflezighi, 4to lugar de Maratón en Londres y ganador de la maratón de NY 2009, también estará en la pelea. ¡Qué chiva! Duelo de grandes. De hecho son 4 del equipo olímpico estadounidense los que correrán en NY este año. Aún no sé cuáles serán las mujeres que se disputen el primer lugar.

Es la época del año en que comenzamos a sentir ese pica pica pre maratón… en unas pocas semanas, comienzo a hacer la maleta.