De nuevo al asfalto


¡A correr otra vez!

Mientras defino con quién entrenar y cuál sérá el nuevo ritmo de fogueo para la maratón (aunque falte mucho, no hay que confiarse), definitivamente me hace falta volver a correr una carrerita corta. Corta le llamo a 10k, o 8 k. La última siento que fue hace uuuh! mucho tiempo, y sí, si no me equivoco fue la del 9 de octubre, la carrera contra el cáncer de mama. Pronto me tocará hacer fondos, distancias realmente largas, y no hay tiempo qué perder.

Este fin de semana que viene vuelvo a participar en una carrera; serán 10k en la carrera de Amnet, en Santa Ana. Tengo muchas ganas de que ya sea domingo, porque será la primera que haga luego de haber comenzado este blog y haber tomado la decisión de correr maratón en NY, así que ya uno va como inspirado por otras cosas. Por supuesto que con este tiempo tan lindo que hace, dan más ganas de correr que con lluvia, así que lo veo como una segunda temporada de carreras 2010-2011.

La única carrera que hice cerca de la zona de Forum fue la Santaneña: 13 kms bien rudos, con ascenso en Los Anonos y Las Palomas… me dejó una leve molestia en la rodilla derecha a la hoa del descenso, pero nada de qué preocuparse. Esa carrera la disfruté montones, porque sabiendo que tenía dos grandes subidas, las pude superar a punta de música, mente y piernas. Pero sobre todo voluntad, y con el truco de ver hacia abajo en las cuestas, como compitiendo con mi sombra.

También me inscribí para la famosa carrera San Silvestre del 31 de diciembre, en Pavas. Recuerdo que en años pasados salía a ver pasar a los corredores, y soñaba con hacer lo mismo; este año voy a cerrarlo con los tennis bien puestos y espero disfrutar de una manera no tradicional esas últimas horas del 2010.

Ahora estoy buscando con quién entrenar; lo que pasa es que reconozco que no soy de correr en grupos, pero para hacer fondos tengo que buscar uno. A más tardar el martes debería comenzar con alguno. Por ahora me encontré en twitter con un buen grupo de gente que también está comenzando a enamorarse del atletismo: yo los llamo los #twittrunners y nos conoceremos el domingo en la carrera Amnet. Me ilusiona montones volver a sentir la emoción de correr, y hacer un mejor tiempo que el de la vez pasada.

Ahora que salgo a vacaciones de las clases espero aprovechar para entrevistar a varias personas relacionadas con el atletismo, entre ellos a mi colega Luis López Rueda, periodista deportivo que respeto, admiro y estimo, amante del deporte y que como yo, también se siente “hijo del asfalto”, porque corre por gusto. Corre feliz.

Esos primeros 10 kilómetros


En abril de este año, el domingo 11, corrí mi primera carrera de 10 kilómetros: una ruta linda, atravesando San José de este a oeste. Según mis cálculos, corriendo en la banda, iba a hacer 50 minutos o menos. – Sí, sí, ríase, a mí también me da risa ahora. – Si algo aprendí después de esa carrera es que la banda y la calle son dos universos muy diferentes, y lo que sale bien de un lado no necesariamente se repite en el otro.

La noche antes alisté la licra, la camiseta, y la gorra que combinara con los tennis (luego les cuento de mi manía de correr “con colores coordinados“); y a la mañana siguiente con un mariposario en la panza me fui hasta la línea de salida. Para los ticos que leen el blog, salimos de la Pops de Curridabat, y la meta era en Sabana, por Dilusso.

Esperando firmar la participación. Y comiendo una barrita de gel.

Me llegó un olorcito a Cofal, muy sutil, y comencé a ver ese avispero que se forma cuando todos los corredores inician su calentamiento. Se siente en el aire la ansiedad, algo de estrés, y me di cuenta de que yo también tenía que estirar y comerme algo dulce antes de la salida.

Vino el primer error: el agua. No llevé nada de agua para tomar antes, y ese susto de no tener agua a la mano me comenzó a predisponer negativamente. La gente comenzó a colocarse en la salida, yo también, ahí chiquitilla en medio de cuerpos muy musculosos (y de buen ver, cómo no). Más olor a Cofal. El susto del banderazo. Persignarse. ¡A correr!

¡Salida! 10 kms nos esperaban.

Arranqué como el Correcaminos y luego de 100 metros volví a ver el monitor cardíaco: iba como loca. 180 pulsaciones no más saliendo. ¡Mal, todo mal! A los 400 metros pensé en que aparte del agua, debí haberme llevado el celular, porque quería una ambulancia que me sacara de ahí. Por dicha el iPod iba bien cargado y con Get the party started de Pink, logré sobrevivir el primer kilómetro y olvidar las ganas de subirme a la ambulancia.

Comencé a disfrutar el recorrido. Ya el Polar marcaba unas pulsaciones decentes, no me faltaba el aire, y cuando vi el puesto de asistencia con las bolsitas de agua me desboqué a buscarlas. Me tomé dos. Luego escuché a un señor que me dijo “mamita no tome mucha agua o le va a dar cólico“.

Llegamos a San José centro, y yo comencé a cuestionarme si de verdad tendría piernas suficientes para llegar hasta La Sabana. En el bulevar de la Avenida Central, unos gringuitos nos aplaudían y yo levanté las manos, como si fuera conmigo, y me sentí mejor.

Sobre la calle de cemento, paralela al Paseo Colón, vi venir una cuesta espantosa: logré ver a lo lejos que algunos la subían caminando; yo traté de hacer algo que desde entonces me funciona en las cuestas: ver hacia abajo. Ver el piso. Por más cortitos que fueran los pasos, no dejé de correr, viendo mi sombra en el asfalto y pidiéndole a Dios que faltara menos de lo que yo calculaba.

El tercer y último aire lo agarré por el Estadio Nacional, ya al ritmo de Juan Luis Guerra y Las Avispas. Sentía los cachetes hirviendo, y el sol ya estaba castigando al grupo. Nunca se me va a olvidar una muchacha que iba delante de mí; su novio/entrenador iba a la par, corriendo de espaldas, gritándole que no se rindiera, “zoque, póngale, qué le pasa, no puede aflojar ahora“, con un tono que me daba tanta rabia que decidí acelerar para no oírlo más. La muchacha iba igual que yo, casi fundida, pero yo agradecí no tener un tirano ladrándome órdenes a la par.

En el bulevar de Rohrmoser giramos a la izquierda, y ya en la calle ancha de Pavas se divisaba la meta: sinceramente ya no aguantaba más pero las ganas de llegar eran tantas, era tan poco el aire y estaban tan temblorosas mis piernas, que sólo le atribuyo a la mente el que lograra llegar a la meta.

Tiempo: 58 minutos. Nada mal para la primera carrera, pero como se aprecia en el gesto de la fotografía, estaba deshecha y lista para desmayarme. Agua, medalla, estiramiento, y satisfacción. “Ah, así se siente correr, entonces…”

...fundida... pero contenta, aunque no se nota.

 

Esa fue la primera de 10 medallas que me gané este año; obviamente son de participación, y nada más. Siempre que termino una carrera llamo a mi mamá y me pregunta: “¿Cómo te fue?” -yo le contesto -“¡muy bien, Ma!” y ella, con mucha más fe que yo, me dice -“¿En serio? ¿llegaste de primera?”-.

El ambiente previo, el súbito miedo a que se me saliera el corazón, la satisfacción de ver pasar los kilómetros y de ir tomando agua donde se podía, todo me pareció genial. Muchos señores mayores, que me pasaban veloces; las parejas, los que iban corriendo en grupo, toparme en la meta a mis amigos y colegas Luis López Rueda, Andrés Corrales, Gustavo Sánchez, todo me encantó. Luego de tomarme sin respirar una botella de agua, me puse a pensar que ya quería saber cuándo sería la próxima carrera.

Esta es la más especial porque fue la primera. De las demás, tengo fotos y relatos, y afortunadamente no salí con cara de “ya casi me muero”. Espero postearlas en estos días. Hoy no pude entrenar por dos poderosas razones: resfrío y lluvia. Mañana si amanece aunque sea nublado nada más, me voy a la Guácima.

Estamos a 339 días de la Maratón. : )