“¡Venga, corra, corra a ver si es cierto…!”


Todo listo... desde la noche anterior. ¡Uniforme nuevo y todo!

La alarma la puse a las 2.30 am pero abrí los ojos a las 2:29. En serio. Estuve alerta un minuto antes de que sonara… a levantarse, y ya. Vea a ver qué hace con el susto que tiene porque nadie va a correr por usted.

Como siempre, dejar todo listo y acomodado la noche antes es la clave para alistarse tranquilo, rápido y sin sobresaltos. A las 3 am comencé a desayunar: yo me traje prácticamente el desayuno para la habitación: jugo, tostadas, miel de abeja, fruta, todo lo tenía aquí a la mano para no estresarme de dónde conseguir la comida. Cuando salí hacia el punto de encuentro, a las 3 y 40 am, todavía estaba oscurísimo, pero en la calle iban decenas de carros hacia la línea de salida. Madrugada de maratón.

Bien uniformada con la camiseta chi, por suerte, me reconocieron dos compañeras que me dieron ride. No me molestaba la idea de caminar los 800 metros que separan el hotel de la salida, pero agradecí el viajecito y llegamos a tiempo para estirar y calentar todos juntos.

Terminamos de estirar y tenía las manos sudando del miedo… creo que nunca me he puesto tan nerviosa antes de correr. Para peores había llovido en la noche y parte de la madrugada, así que la humedad prometía ponerse complicada cuando saliera “el macho”.

Nos colocamos en la salida… ¡tantas caras conocidas! A las 5 en punto, salimos a correr 5, 10, 21, 30 y 42 kms en Tamarindo.

Comencé con la idea de que en cuanto hiciera los primeros 10, lo demás se iría “resbaladito”. Sin embargo de los 10 a los 15 kms. se me hizo bastante largo porque salió “el macho”. Sí. Salió el sol y hay poca sombra en la ruta, sin embargo no lo tuve de frente hasta el retorno.

Pocas veces he visto una carrera con tan buena hidratación. Tomé toda el agua que pude, me eché encima toda el agua que pude, había hidratante por todos lados y nunca sentí sed: en este tipo de clima, menos que eso hubiera sido fatal. Agua y agua, y nada de kilómetro 15.

Cuando por fin apareció el punto de retorno, me dije –“ya vamos con la mitad resuelta, ahora resista y mantenga el paso”. Pero justo dando la vuelta, un grupo de barrigones se estaban haciendo los simpáticos diciéndole cosas a la gente que corría. Los ignoré hasta que uno de ellos dijo:

-“Vaya, ya le faltan como 200 kilómetros… jaja

Y me encachimbé.

No aguanté, y aunque a la gente insolente no se le debe contestar nada, le grité mientras daba la vuelta:

… ENTONCES VENGA! ¡CORRA! ¡CORRA, VENGA A VER SI ES CIERTO!

Sólo escuché detrás de mí los aplausos del juez y las risas de los otros que se quedaron basureando al insolente que obviamente, no corrió detrás de mí. Ese episodio me liberó mucho estrés.

A estas alturas de la carrera ya se veía poca gente en el trayecto, solamente me seguía topando a los de maratón que tenían que dar doble vuelta… agotador, sólo verlos era agotador, pero también me daba fuerza y ánimos pensar que si ellos seguían, yo también seguía.

De los 15 a los 20 se aligeró el asunto, tanto que pude alcanzar a algunos de mis compañeros que se me habían adelantado al inicio, pero de nuevo, los últimos kilómetros fueron los más difíciles. La entrada a Tamarindo se hace eterna, y para ser sincera, sentí que las piernas me dolían. Una leve molestia en la rodilla me asustó, porque a estas alturas no me he lesionado, pero rápidamente me controlé y pensé “diay qué querías, ¿que no te doliera nada…? cancelado, no es lesión”. El dolor se fue al rato yno regresó.

Ya el tránsito se estaba abriendo en las calles, así que me topé los carros de la gente de 5, 10 y 21 kms que ya iban de salida y nos aplaudían para animarnos. Ok. Son 5 kilómetros más y terminamos. Dios mío, sólo 5 pero qué largos.

Hasta que pasó un señor en carro, cuya cara no voy a olvidar nunca, y me vio a los ojos y me dijo “¡valiente!”.

La emoción me ganó, y aunque no tenía lágrimas porque toda el agua y la sal ya las había sudado, lloré y le puse ganas a mis últimos metros.

Atrás, sin camisa: mi entrenador, Alvaro. A la derecha, de blanco: Julio Mena, y los demás compañeros aplaudiendo al cierre...

De nuevo, y parece copy paste de otros post, me topé la cara sonriente de mi entrenador, que me extendió la mano para “chocarla”, choqué la mano con él y aceleré, como me gusta, para cerrar como él nos enseñó: ¡con todo! Otro compañero del equipo, Julio Mena, corrió a la par mía hasta que llegué a la meta.

¡Llegando!

Ví el reloj: 3,38.41 Apenas 14 minutos más que mi fondo de Turrúcares. Más feliz, imposible. Porque esto es otra cosa, esto es una carrera dura, difícil, intensa.

De inmediato saqué como 4 jaleas de guayaba que andaba en el bolsito, para evitar cualquier bajonazo de azúcar, y ya con la medalla en el pecho me fui por un banano y una sandía.

Abrazar a los compañeros que le aplauden a uno es genial: venimos igual de fundidos, cansados, y nadie entiende mejor a un corredor que otro corredor. Nos quedamos en la meta esperando a los maratonistas, y con cada llegada de ellos – Anyo, Rolando, Andrés, Luis, Luz, Gustavo, don Carlos, Mari, Sasthia y Kike – lloré sin lágrimas de la emoción de verlos.

¡¡¡Lo hicimos!!!

¡De aquí vamos para NY!

Yo sé que mis tiempos no son la octava maravilla, no tengo trofeo especial ni rompí mis marcas, pero aquí uno viene a aprender el valor de vencerse a sí mismo. Esto es un camino largo, se cometen errores, se superan miedos. Y yo miro hacia atrás, cuando hace un año vine por 10 kms, y siento un progreso enorme. No lo hubiera logrado sin un grupo y un entrenador como los que tengo.

Pero quedaba otra sorpresa: de repente me abrazó en la acera una muchacha con camiseta amarilla que decía “Las Monas”. Ella es Rebeca, ella lee este blog y me había mandado un correo contándome que dejó de fumar, que perdió peso, y que hoy había venido por sus primeros diez kilómetros. Wow, qué chavalaza. Qué inspirador conocerla. El blog me sirve a mí para sostenerme en este esfuerzo, pero si le ha servido a alguien como a Rebeca, ¡enhorabuena! Nos tomamos la foto, y estoy segura de que el otro año la veré aquí, en Tamarindo, correr su media maratón. Ó 30 kms. Lo que ella se proponga.

Eso es correr: lo que uno se proponga. No sé en qué punto dejé botado el susto de la salida, pero a esta hora, ya serena y con los pies en alto, veo las tennis maltrechas y la medalla, consciente de que me queda un fondo madre, probablemente en altura, para hacer la carrera que me tiene aquí: la maratón de Nueva York.

Buenas noches, Tamarindo.

Tiempo oficial  3:38:45 / Tiempo del chip 3:37:55

Antes de la Gran Manzana… el Gran Tamarindo


Ruta oficial de TBM para los que corremos 30 kms este sábado 17

La maleta está lista: esta semana nos vamos para Tamarindo. Dos mil quinientos corredores estaremos bien cubiertos de bloqueador el sábado a las 5 am, esperando correr en una de las playas más lindas de Costa Rica lo que para algunos será su primera maratón, o sus primeros 5 kilómetros.

Si bien la ruta no es propiamente en la playa, qué rico es saber que vas a correr en un sitio totalmente distinto a los fondos o a la Sabana. ¡Porque uno se cansa! Claro, si siempre usamos la misma ruta, de repente nos vamos a sentir como hamsters en su ruedita. Por eso estas carreras son tan gustadas, y las inscripciones se van volando. ¿O hay una manera más linda de disfrutar de la playa que agregándole la emoción de una carrera?

Para mí, esta será la segunda vez que corra en “Tama“. La primera vez fue el año pasado, cuando me inscribí para 10 kms. Qué humedad, qué calor. Me fundí muy rápido, no tenía técnica ni idea de lo que era correr en semejantes condiciones; pero me gustó ir a correr allá y hasta recuerdo que fue la primera vez que corrí sin música (olvidé el iPod) así que tomé conciencia de mi respiración, del sonido del mar, de las pisadas de los demás corredores.

Este año no voy sola: voy con 95 compañeros del grupo – leyeron bien, 95 – . Y no es que nos vamos a quedar todos juntos en el mismo lugar, ¡imposible!,  pero solamente el hecho saber que pertenecés a un grupo y que todos vamos con la misma emoción, que vamos a estirar juntos antes de correr y a celebrar juntos al final, le da otro matiz a la carrera. Muchos de mis compañeros van a correr 42 kilómetros en Tamarindo… qué valientes. Me emociono de sólo imaginarlos llegando a la meta. Yo voy por 30 kilómetros, que no es poco, pero es la justa medida de la distancia que necesito y que puedo resistir a estas alturas de mi entrenamiento.

Además vamos a estrenar camisetas del equipo – estas cosas lo estimulan montones a uno – y cada camiseta con nombre, y todo. Supongo que al final del día, al atardecer, podremos sentarnos todos, ya bañados y descansados, a compartir las experiencias de la carrera y a soñar con la que sigue.

Esta es una semana para bajar las cargas de entrenamiento, comer bien e hidratarse. Nos alimentamos con más carbohidratos, frutas, semillas, y dejamos las proteínas para después de la carrera. El sueño es importante, y sobre todo calmar los nervios o la ansiedad. Hay que ir a disfrutar, si no, ¡cuál es el chiste de correr en un lugar tan hermoso!

En mi caso, está clarísimo que solamente quedan dos grandes tareas después de Tamarindo: el fondo madre para mi maratón,…. y mi maratón. Nueva York cada vez se siente más cerca. Miro hacia atrás, hace menos de un año, cuando se me ocurrió ponerme una meta así de grande y bonita. Jamás pensé que el proceso también iba a ser sorprendente.

También me llevo a Tama la última medición del nutricionista: tal y como lo sospechaba, tengo músculos nuevos. Mi sensación de “fortaleza” no era imaginaria: perdí 1.6 kilos de grasa, pero subí 1.3 kilos de masa muscular. ¡Ha valido la pena entrenar y cuidarse! Aparte de comer bien, el complemento de las vitaminas, la glutamina y la proteína GNC han sido buenísimos para reponer el desgaste que sufro luego de correr largas distancias y prevenir cualquier carencia de nutrientes en el cuerpo. Llevo 10 meses de no enfermarme: ni una gripe. Nada.

De una fruta, a la otra: del Tamarindo a la Manzana. Los sueños sí se cumplen. Claro que sí. Lo que pasa es que este es el tipo de sueño que se cumple levantándose a las 3 am, saliendo a correr mientras todos duermen, durmiendo cuando todos andan de fiesta y sacando fuerzas de donde ya no hay cuando te faltan varios kilómetros para descansar, tomar agua o comer. Pero eso, creo yo, es lo que lo hace distinto.

Voy por las sandalias. Nos leemos en Tama.

No pude correr 25 kms… ¡corrí 30!


Apenas estoy asimilándolo… sigo disfrutándolo… no quiero olvidar cómo me siento! ¡Estoy más que feliz! Mientras bajo el gráfico de la carrera para que vean de dónde a dónde corrí hoy por primera vez en la vida esos 30 kilómetros – yo iba por 25 pero… luego les cuento qué pasó -; estaba tratando de encontrar una comparación de cuán contenta estoy de haber logrado esta distancia en buenas condiciones con mis compañeros de grupo: sólo puedo recordar alguien así de contento… o un momento así de emocionante: y fue este. Así me siento, ¡como Roberto! Dénle play y entenderán…. cuánta emoción!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!