Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

fondomaelevacion

De cómo logré correr 30 kilómetros… 30!


Anoche me acosté tempranísimo. Me desperté varias veces y hoy cuando ya sonó el despertador pensé “qué rico seguir durmiendo”. Luego me di cuenta de que no era yo, era la otra Nela – aquella que le da miedo todo – que estaba distrayéndose del hecho de que hoy tenía un fondo de 25 kms a Turrúcares. Así que le di un almohadazo a ella y a las 3 y 10 am me levanté.

Llegamos todos al punto de encuentro, y como siempre, cada uno tiene una distancia meta según se le asignara: 10, 15, 20, 25, 30 o 35 kms. La mía eran 25 kms porque correré 30 en Tamarindo. Así era la cosa. 25 porque correré 30. Luego nos subimos al bus, que nos va dejando a lo largo del recorrido para que nos ubiquemos en la distancia que nos corresponde.

Y ahí está el detalle, diría Cantinflas: hicieron la primera parada, y de repente Alfredo Carballo (¡perdoná que te eche los clavos! jajaj!) quien también iba a correr 25, se bajó del bus. Y yo me fui detrás de él, y me bajé. Lo que queríamos era confirmar con el entrenador si siempre eran 25 kms, porque algunos compañeros nos estaban diciendo que nos tocaba 30. Yo, por “vina”, por “sapa”, en lugar de esperarme por la respuesta en el bus, me bajé. Y ya no me subiría más al bus.

Seguro por vernos ahí ya, el profe dijo “corran 30, está bien” … y … ¡qué iba a hacer! Lo reconozco. Sonaba genial correr 30. ¿Estaba preparada? Sí. Ya tenía la indicación del pace que me tocaba para 25, no era mucha diferencia… 5 kms más… hm… Alfredo pegaba brincos de la emoción y yo probablemente tenía cara de susto, pero cuando comenzamos a correr, todo eso quedó atrás. Salimos desde Jardines del Recuerdo, en la Valencia de Heredia. Inicié el Garmin: distancia meta, 30 kms. ¡Por andarme bajando donde no debo!

Comenzamos suave, y pronto me di cuenta de que podía mantener el pace que llevaban los más fuertes del grupo, como Alfredo, Marcela, Liris…. ellos iban fresquitos, y desde el inicio pensé que si podía quedarme al menos cerca de ellos, la fuerza del grupo me “jalaría” un poco. Y no me equivoqué.

Yo soy la de rojo, ahí voy a la par de Marcela: ojo... ¡levanté los talones, profe!

Íbamos muy felices, nos dimos cuenta de que como si nada llegamos a 5, 10, 12 kms, y nos sentíamos bien. En cada puesto de asistencia nos hidratamos, y seguimos. Hubo dos momentos en los que me quedé un poco atrás, dos ascensos que me sacaron hasta los malos pensamientos… lo juro. Ascensos duros, no me pregunten en dónde porque yo no me sé la ubicación, yo los iba siguiendo para no perderme en la ruta, pero cuando esas dos cuestas pasaron, pude recuperar el paso y alcanzarlos.

Todo el tiempo iba viendo el Garmin: llevaba un buen pace, mejor del que proyectó para mí el entrenador. Cuando lo encontré en el puesto de asistencia de 15 kms, él me preguntó “¿Cómo se siente?” y yo le dije la verdad: super bien. “Siga, le quedan 15 nada más“. Cómo explico que saber que sólo me faltaban 15 no me desmotivó… de veras, ya parecía poco.

Fuimos muy afortunados, porque el día estuvo parcialmente nublado, así que el calor no nos castigó sino hasta los últimos 4 o 5 kms. Hacia el final, ya habíamos alcanzado probablemente, según Poncho, unos 31 grados, pero cuando ves que estás a 4 kms y medio de terminar el fondo más largo de tu vida, el calor no importa.

Nunca me fijé en cuánto tiempo llevaba corriendo: vi a los compañeros que nos esperaban al final, y escuché la musiquita de Garmin. “Workout completed“…. ¡Treinta kilómetros! ¡Sin dolor, sin sensación de pantorrillas recargadas! ¡Qué era esta belleza! ¡Había pasado 3 horas y 24 minutos de mi sábado corriendo, sin parar,…!

Atribuyo a varios factores el éxito de hoy…

1. Entrenamiento. Lo keniano hoy nos sirvió para sacar resistencia. No hubo sensación de agotamiento ni de “no puedo más“. El trabajo de estas semanas valió la pena.

2. Alimentación y descanso. Comer bien, tomar agua, acostarse temprano. Hielo. Detalles como dejar todo listo, no trasnocharse y reposar cuando es necesario permitió que mi cuerpo se recuperara de esfuerzos anteriores.Y por supuesto no dejar de hidratarse en cada puesto de asistencia, aunque uno crea que no tiene sed.

3. El grupo. No estaba compitiendo con nadie más que conmigo, pero tratar de no perder de vista a los que iban delante de mí fue vital para sentir que estaba haciendo las cosas bien. Ellos corren mucho mejor que yo, y poder tenerlos cerca o a la vista por lo menos, me “jalaba“.

4. La mente. La Nela miedosa no se quedó entre las cobijas, no, ella se puso a decirme estupideces cuando ya faltaban menos de 10 kms: “Ay agua! Agua!” “Si hay una cuesta

Los últimos 500 mts,... luego de subir una cuesta espantosa! ¡Buen cierre!

más, ya no vas a poder subir, ya gastaste todo“. Le tuve que dar un codazo y decirme SIGA, SIGA, VA BIEN, revisar de pies a cabeza y constatar que no había gastado todo. Por algunos momentos pensé que iba a sentir ese famoso “muro” de agotamiento del que hablan algunos, pero parece que al menos hoy, lo pude pasar por alto.

Al terminar me sentí muy bien. Solamente cometí el error de no comer frutas de inmediato, esperé mucho rato para comer y por eso estuve con presión baja por un rato, pero gracias a los compañeros que me pusieron con los pies en alto y me regalaron Guayabitas, me recuperé.

Qué puedo decir: buen pace. Buen ritmo, buena asistencia. Buena actitud. Buen espíritu. Buen clima para correr. Cuando Alvaro me dijo “felicidades” yo también ya me había felicitado: estoy lista para correr en Tamarindo. Ahora siento que me falta poco para poder correr una maratón, y que cuando lo haga, me irá bien.

Este es el gráfico del Garmin: recorrido, pace, frecuencia cardiaca, etc. El Garmin no miente, sí corrí 30 kms. Y en una foto que me tomó Andrés queda demostrado: ¡Hoy levanté los talones, profe!

Tuve que venir a descargar los datos, porque no me lo creía. Pero sí es cierto: yo corrí 30 kilómetros en 3 horas y 24 minutos.