“En una relación con: correr”


¡Aquí con Memo & Liris,... ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

¡Aquí con Memo & Liris,… ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

Conozco parejas lindísimas que corren juntos – Liris y Memo, Sigrid y José, Annette y Pedro, Norma y Olger… ¡uh! montones -. A veces pueden ir al mismo pace y llegar juntos a la meta, a veces no, pero uno espera al otro y siempre hay una mirada cómplice que los delata: el amor es su “doping“.

Bueno, últimamente conversando con mi mamá y mi hermana hablábamos de que si a mí me gustaría andar con alguien que corra, y yo dije que sí. O que al menos haga algún deporte. Ellas creen que eso es ser un poco extremista pero la verdad, viendo los buenísimos ejemplos que tengo cerca, me parece coherente. Y dado que mi vida ahora tiene tanto de correr, y hablo de correr, y sueño, pienso, como y escribo de correr… con más razón.

A las personas que nos comprometemos con metas como una maratón, a veces nos ven como exagerados o raros; entonces los amigos, los compañeros o la familia creen que nos “privamos” de lo “básico”. Pongo ejemplos.

– Hey, jale al cine.

– Aaah …pero es que tan tarde no me sirve, porque mañana entrenamos.

– ¡Ay qué insoportable, por un día que no entrene no se va a morir!

(Cierto, nadie se muere, pero uno tiene en la cabeza la fecha de la maratón, y quiere hacer la tarea bien hecha. Son 42 kms y 195 mts y quiero correrlos de la mejor manera… lo siento. Cuando me duelan las piernas ud no va a correr por mí. Necesito horas de sueño.)

– ¿Por qué no vamos a tomarnos algo?

– Ah tuanis, pero… yo me voy a las 9 porque mañana me toca estar temprano en la Sabana.

– Ufff qué aburrido con usted, a nada se le puede invitar.

(Ah pura vida. Y si yo le invito a ud. correr a la Sabana, ud me dice que no, y yo pienso que ud. es aburrido. ¡Estamos tablas!)

Bueno, y esta me dio mucha ternura: me fui a correr por Heredia, saliendo de donde mi mamá, y al regreso ella me estaba esperando con mucho amor y un plato de “Chop Suey” que compró sabrá Dios dónde. Oh mami. Tan divina:

– Ma… gracias, qué rico,  pero vieras que eso no me lo puedo comer.

– ¡Ayyy pero por qué, si tiene verduritas…!

– Ma, es que eso tiene mucha grasa y ahora lo que necesito es proteína.

– ¿Y si le hago macarroncitos?

A veces veo esta rutina y me doy cuenta de que probablemente solo resulte bonita para el que la vive, pero pretender que alguien la comparta y hasta la disfrute sin que corra, no debe ser sencillo. Tengo la teoría de que solo el que corre entiende al que corre. Imagínese lo que es escuchar una alarma a las 4 am todos los días. Estar oyendo hablar de carreras todos los fines de semana; ver chuicas de correr por todo lado – limpios y sucios – en fila para la lavadora y saliendo de la secadora. Habituarse a que los viernes no son de moda, son de pastas y acostarse temprano porque el gran vacilón del sábado es hacer un fondo a las 4 am. A mí me suena genial, pero luego me pongo en los zapatos de quienes no corren y suena a “qué cansado” y “qué aburrido”. No puedo culparlos.

(Igual como a mí me suena super aburrido pasar un domingo viendo un partido de futbol, si puedo salir a correr por ahí 90 minutos sin tarjeta roja, sin barras que pelean ni torneos de verano o invierno. Pero viva Heredia.)

Este miércoles me di cuenta de que estoy a 2 meses de mi segunda maratón, en Roma, y  es un compromiso mío, conmigo. Punto. Solo me importa a mí y sola lo asumí. Cuando suena el reloj, cuando hace frío en la mañana, cuando tengo perecilla – no mucha – de venir al gimnasio, recuerdo que es algo que hago porque es importante para mí, y porque tengo una enorme ilusión de correr en Roma, de pasar por 42 kms de su historia y volver a cruzar una meta para llamarme maratonista otra vez. Me importa. Mucho.

En el proceso se pasan lesiones, ampollas, uñas moradas, dolor de piernas, cansancio, pero uno está perdidamente enamorado de esa meta y entonces todo eso pasa a segundo plano, porque la satisfacción final se sabe que será intensa y todas esas rutinas de acostarse temprano y levantarse cuando es de noche, cobran mucho sentido.

Enamorarse de una meta… Bueno, por eso el estatus de facebook de más de uno debería decir “en una relación con: correr”. No porque sustituya el amor de una pareja, pero sí porque como toda relación requiere amor, entusiasmo, locura, pasión, alegría, ganas,… si no, se destiñe como un par de tennis viejos.

Mi facebook, al menos por los dos meses que vienen, dice “en una relación con: Maratona di Roma“, porque sí, porque siento todo eso por ese evento y porque gran parte de mis fuerzas y mi tiempo serán para eso. Aunque no salga de noche, me pierda una ida al cine, o caiga mal por no comerme unas papitas. ¿Vieja incómoda? No: maratonista en proceso. 

Y qué importa si uno sabe que no va a ganar la carrera. Si sabe que es de los que llegan de último. Qué importa. ¡Uno igual se lo toma en serio, como los que son buenos! Nadie tiene que salirte con una grosería como “ni que fueras a romper un récord” – no me lo han dicho pero sí se lo he escuchado a algunas personas “cercanas” al corredor. – Pura vida.

Así que no es un novio, no es un marido, no es su esposa, no es su amante, pero reconozca como corredor que este deporte es parte de su vida, y le robó el corazón. Acuérdese de esa sensación de felicidad tan parecida a un buen besote, cuando termina una carrera feliz, mejora sus tiempos o termina de subir una cuesta. Es plenitud. ¡Es… delicioso!

La próxima vez que escuche a un corredor decir “no puedo, es que mañana me levanto temprano” o “huy me encantaría pero estoy entrenando”, no le juzgue: está enamorado. Y viera que es un amor bonito: correr le devuelve a uno exactamente – ni más ni menos – lo que uno le da. Déle tiempo, ganas, esfuerzo, y le va a devolver resultados, alegría, satisfacción, vida, salud.

Por eso me encanta el brillo de los ojos de Liris y Memo. – Perdón por usarlos de ejemplo, pero son mi pareja favorita– .

Me los imagino alistándose juntos para sus maratones, hablando de los recorridos de las carreras, haciendo números de cómo ir al mismo pace… sé que a veces ella le gana a él – ¡sorry Memo! – pero él sabe que ella está pendiente de que él se sienta super y al final se esperan uno al otro y comparten ese agotamiento de acabar un fondo, el placer de sentarse a comer un desayunote luego de entrenar.

Y ambos saben que el otro “tiene una relación con… correr”… ¡pero no son celosos!