… y subir y subir y subir y subir y….


Entre las muchas cosas lindas que me cuentan de mi bisabuela, Natalia Lizano, siempre me han dicho que era buena para caminar. Que si tocaba ir a San José, se iba caminando, en aquellos trillos largos, sin carros; iba y venía a San José desde Heredia como si nada.

Hoy nos enfrentamos a un fondo que sella la preparación hacia CorreCaminos, justamente en una ruta que me hizo pensar en ella. Natalia, hoy tu bisnieta y sus amigos subimos juntos desde La Sabana hasta el Monte de la Cruz.

Esa ruta, en bus, le cuesta a uno poco menos de 400 colones, y se llega, digamos, en 40 minutos. Nosotros lo hicimos en más tiempo, sin pagar pasaje, y sintiendo esa transición de ciudad a montaña, lentamente, en ascenso continuo, prácticamente sin descansos.

Evidentemente hoy mi objetivo no era ir “rápido”; sino practicar un buen braceo, subir con técnica, y prepararme mentalmente a subir siempre en cuesta: punto. Si usted sale de San José hacia las montañas de Heredia, en bus o en carro, sabe que es así, sube y sube y sube.

Los ChiRunners nos organizamos bien, hubo puestos de asistencia con agua, hidratante, tricopilias y tapitas de dulce… ¡sobrados! Y hasta tuvimos a Adrián en la “unidad móvil”, motorizado, preguntándonos si íbamos bien y si necesitábamos algo.

Del calor de Pirro y la entrada de Heredia pasamos al vientito fresco de San Rafael.

Yo iba al final del grupo; llegué casi de última, pero llegué; llevaba mucho dolor en la zona lumbar – por mala postura, dice Alvaro que no me estoy inclinando lo suficiente – pero por lo demás, llegué bien, me sentí bien… hubo un par de cuestas imposibles, que las caminé, pero en cuanto tuve fuerza de nuevo troté aunque fuera pasitos cortos.

Desde allá arriba se ve tan pequeñito el Estadio Nacional, nuestro punto de partida. Es increíble lo que logramos hacer.

Conversando con Luz y con Luis, al final del fondo, comentábamos que era importante no “asustarse” o empezar con pensamientos negativos el fondo o cualquier carrera. Yo la verdad me preocupé un poco cuando supe lo que nos tocaba hacer hoy, pero el resto de la semana no me atormenté por las cuestas. Hoy, conforme iba subiendo, me decía a mí misma… “mirá, sí es posible… sí se puede correr de La Sabana hasta Heredia, y seguir“.

Esa es una lección importante: si la ruta es difícil o dificilísima, solo queda prepararse. ¿Qué más? Con el miedo no se aplanan las cuestas. Si hay que subirlas, a entrenar y subir. Más sencillo, no se puede.

Ya no hay que hacer semejante trayecto a pie, como mi Natalia, pero saber que es posible lograrlo, fue una gran satisfacción. Hoy pensé en ella, y por eso me gustó tanto subir, subir, subir.

Estamos listos para la media maratón Correcaminos. ¡Emocionados!

Como San Juan a 24…


Por mucho que le llamaran “Clásica“, no sé, nunca me atrajo la idea de correr de Ochomogo a Tibás – bueno, ¡a quién! -. Sin embargo hay tres buenas razones, hasta cuatro, para probar este año la Clásica Media Maratón San Juan.

Primero, pues…. sí, es una clásica. Hace 35 años que se corre, o sea,…. desde mucho antes del “boom” del atletismo. Alguna vez en la vida hay que correrla. Segundo, es prácticamente un descenso continuo, y aunque eso requiere de aplicar la técnica correcta para bajar sin maltratar las articulaciones, siempre es mejor tener más “bajaditas” que subiditas. Tercero, parte del recorrido es igual a la Media Maratón Correcaminos que me espera el 8 de julio.¡Y a esa Media sí que le tengo “clavo”! Cuarto… y muy, pero muy importante: el entrenador con una sola mirada me dio a entender que “me toca” correrla. Y yo al profe le hago caso.

Estas semanas han sido de entrenamientos fuertes, de llamadas de atención porque efectivamente, me sigue costando subir los talones, pero a veces lo logro. Lo que me hace sentir muy contenta es que mejoré montones mi alimentación, sigo yendo al gimnasio y sintiendo la diferencia, ya calendarizamos los masajes deportivos de aquí a noviembre, para no acumular mucha carga en las piernas, y además ¡volví a los fondos sabatinos! No saben la falta que me hacía correr con el grupo los sábados. Desde febrero estaba en clases de francés y el único horario disponible eran el de los sábados por la mañana, con lo cual me perdí muchos fondos y claro, también se pierde condición. No obstante, ya tengo agenda libre los sábados y justo a tiempo para comenzar la “temporada maratonera” como digo yo: vuelven mis fondos preferidos, como el de Turrúcares, o tan temidos como el de Puntarenas, pero sobre todo vuelven mis madrugadas de sábado con la mochila cargada de chunches, ropa seca e hidratante, en un bus lleno de amigos que ya a las 9 de la mañana han corrido 20, 25 o 30 kms juntos.

El fondo del sábado fue así: entrenamos en San Rafael de Heredia. El video muestra la mañana tan clara y el paisaje tan especial que nos acompañaron en esa seguidilla de cuestas. Bajar, y subir. Bajar y subir. Cada subida fue dura, muy dura, pero el aprendizaje fue valioso porque repasamos la postura al bajar, y el infaltable braceo al subir.

Me hacía mucha falta volver a correr con ellos los sábados, aunque los veo entre semana en la Sabana. Es diferente.

Así que la media maratón de este domingo nos caerá como San Juan a 24, muy a tiempo para ensayar y repasar lo aprendido por nuestros músculos antes de la famosísima Correcaminos, de la cual hablaremos más adelante. Por ahora, llénese los pulmones con el aire puro de las montañas heredianas… y vea qué sabroso fondo hicimos el sábado pasado.

¡La mente, ese músculo!


Cerrando la 4ta media maratón. ¡Feliz! Foto de Erick Reyes

El cuerpo es muy sabio: desde la una de la mañana ya mis piernas se estaban acordando de la ruta de Powerade del año pasado, y seguro por eso no podía dormir. Recuerdo que la del 2010 fue una carrera llena de calor,  no me imaginaba en ese momento la clase de cuestas que iba a subir, y cuando terminé, luego de 10 kms, me dije “nunca más“. Ah, pero no. Hoy iba a correrla otra vez, y el doble.

Lo que nunca me pasa: fui al baño como 5 veces, perdí 10 minutos buscando las llaves y las había echado ¡entre la hielera! No no. ¡El cuerpo sabía! Llegamos tempranísimo a La Ribera, y estiramos todos juntos. Yo, ignoro por qué, llevaba el #3, así no más, el #3, hasta pena me da porque esos dígitos son  para la gente “pro” y yo estaba nada más con el objetivo de no dejarme amedrentar por esos 21 entre cuestas. Pero ese me tocó y punto. Bonito.

Y llegó el momento de la salida: el déjà vu inevitable. Nomás saliendo, no ha uno calentado ni 50 metros y se topa el primer ascenso… que luego de una ligera bajadita, se funde en la cuesta sin fin. Cuando tenga que castigar a alguien, no sé, un hijo mal portado o insolente,  ¡mándelo a subir esa cuesta! ahí, desde Ojo de Agua hasta…. hasta el fin del mundo! Uno sube y sube y sube y no se acaba la condenada. Uno se desanima un poco porque baja el pace, y en serio que pareciera que no se termina jamás la cuesta; hasta casi llegar ahí por Intel. Luego, todo es manejable. Fue inevitable para mí pensar “Y  ahora te toca pasar por aquí otra vez, ¡mula!“.

A cada paso que encontré agua, la tomé. Me tomé toda el agua que pude, el hidratante que pude, me eché agua en la cabeza constantemente y eso me sirvió mucho para ir atenuando el calor, que ya a las 7 am comenzó a pegar fuerte.

Cuando completé los 10.5 kms en el punto de salida, supe que tenía que poner una actitud diferente hacia las cuestas. Trabajar la mente. Me dije “bueno, ya calentaste: aquí comienza la carrera.” Y así es, en ese 10.5 comencé la cuenta regresiva para acabar mi cuarta media maratón, volví a subir la misma cuesta fea y eterna, no paré, no me dejé, por supuesto que me costó más que la primera vez pero me recuperé mejor y una vez que la terminé supe que lo que quedaba era más sencillo.

A 700 metros de la meta, de nuevo Alvarito, el entrenador, estaba listo para irnos “jalando” a cada uno, le sonreí y le dije “¡vengo pura vida, a pace!” Sí, traté de mantener el pace de 6:30 cuando no estaba en cuestas, y quise cerrar con buen ritmo. “Vamos a cerrar con braceo intenso, concéntrese en eso” dijo Alvaro, y esta vez le hice caso, me concentré, no pensé más en cuánto faltaba sino en ir con buen paso a la par del entrenador. Yo sé que él sabe que para nosotros terminar la carrera a su lado es genial, y cuando me dejó a 10 metros de la meta para entrar sola, me hizo una seña de bien hecho, me sonrió, y yo cerré de nuevo al estilo hot wheels, o sea, a lo loco, rápido, sonriendo y quemando llantas…!

Mi cuarta media maratón, ya sin dolor de panza, sin miedos, respetando las cuestas pero entendiendo que si logro la técnica adecuada, por largas que sean, en algún momento se acaban. Entendiendo que ya los primeros 10 kms son básicos para entrar en el pace de uno, sin ir pensando quién gana o si te pasaron o si le pasaste a alguien, porque hay que guardar combustible para cerrar y la competencia no es con nadie más que con uno mismo. Aprendiendo que antes de que me duela algo, es muy probable que la mente comience a flaquear, y hay que detectar eso a tiempo para no distraerse de hacer una buena carrera.

No llegué ni de #3, ni de 30 ni de 300. Jamás. Ese no era el punto hoy, era llevar el número con dignidad y siento que lo logré.

Ahora sigue un fondo bien toreado en Puntarenas (espero que incluya un delicioso churchill) y después, ¡a empacar el vestido de baño y el bronceador, que Tamarindo nos espera en menos de un mes!