¿Y tus chemas?


frametasticVienen incluidas en el costo de la inscripción, y son, con frecuencia, de lo que más nos quejamos los corredores en una competencia.

Que si muy fea. Que si muy grande. Que muy chiquitilla. Que no me la personalizaron. Que es mi talla pero me queda chiquitilla. Que para esa gracia mejor ni me la cobren. Bla bla bla.

Pocas veces una camiseta de correr nos queda bien a todos, y hablo de quedar bien, más allá de la talla.

No hace muchos años todavía algunas carreras daban camisetas de algodón… ¡qué calor! Súper cuadradas, con mangas enormes y de cuello redondo. La queja común era que “ni para lavar el carro, o ni para pijama” las usaríamos. Pero poco a poco nos han ido conquistando con mejores camisetas- por aquello de que hay demasiada oferta en el calendario de carreras – al punto de que su calidad, diseño, color, y todo lo “cool” que sean, son parte ahora de los requisitos que le pedimos a una organización atlética.

Preguntando hace unos días en el Facebook de Una vuelta a la manzana, la gran favorita de las camisetas recientes es la de Tamarindo Beach Marathon. Los últimos dos años han sido camisetas Adidas, personalizables, y de esas que ni loco agarrarías para lavar el carro; al contrario, les sacás el jugo para el gimnasio y para los entrenamientos.  Preciosos los colores, y diferenciados para maratón y el resto de distancias.

Otras que han gustado mucho son las del Reto Powerade. Este año hasta tienen bolsitas para que nadie tire basura (ojalá). Las de NorthFace Eco Challenge son preciosas, y creo que no me equivoco si digo que casi todas ahora son dry-fit.

Lo que pasa es que no hay closet que aguante: andá, revisá. Entre las que comprás por gusto y las que te dan en las carreras,… ¿cuántas tenés? Reconozcamos que uno tiene sus favoritas. Y que esas que dicen tu apodo o tu nombre no las regalarías ni las querés dejar guardadas.

Pero a veces pienso, ¡cuánta gente no sale a correr porque no tiene qué ponerse, y uno en esta acumuladera…! No no. No tiene sentido. Y aún así, nos ponemos a pedir gustos de tallas, que diga el nombre y el apellido, pero ¡no usamos todas las camisetas!

Los tennis no siempre se pueden heredar, porque una vez “kilometreados“, ya no rinden ni protegen el pie de la misma forma, pero ¿por qué no regalamos o cedemos esas camisetas a alguien que necesite una motivación extra para correr? Se me ocurre, que si ya tenés muchas muy lindas, pidás en la próxima carrera una que sea de la talla de alguien que necesite esa “chema”, y hasta se la personalizás con su nombre. ¡Dry fit y todo! Puede ser una motivación buenísima. La verdad, la ropa de correr no es barata.

Me parece muy bien que como consumidores que pagamos buen dinero por cada carrera, pidamos calidad de camisetas. Pero ¿qué tal si además comenzamos a darle sentido a esto… ya no acumulando “chemas“, sino dándoles un mayor significado?

Es una ocurrencia. Solo eso. ¿Qué les parece?

Hay una amiga mía que quiero montones; hace talla conmigo en ropa y sé que le cuesta bastante comprar ropa de correr. Ella sabe que le guardo las camisetas de carreras y que “no tener qué ponerse” ha dejado de ser una excusa para que ella no corra cuando tiene tiempito. Aparte de verse linda, sé que correr le alegra el día y que cuando le llevo esa chema nueva la motivo un poco más.

A los señores organizadores, bravo por esmerarse en hacer camisetas de calidad. Y a vos, si tenés chemas buenísimas, a veces el mejor recuerdo de la carrera es la medalla, que comprueba que llegaste. Cedé la chema, si no te la vas a poner. Compartís de una manera distinta la delicia de correr.

Escribí esto porque me puse a ordenar el closet y me encontré algunas… sé que hay muchas que se vuelven “consentidas“, pero otras que están nuevas, en perfecto estado, sé con quiénes las puedo compartir. Ahí les dejo la idea.

“¡Saquen a esa mujer!”


¿Se imaginan si alguien dijera eso en cualquier carrera de fin de semana? ¡La cantidad de pérdidas que tendrían los organizadores! De todas las edades, en todos los tamaños, principiantes o experimentadas… las mujeres estamos llenando carreras en todo el mundo, mejorando tiempos, resistiendo y logrando nuevas marcas, a veces no tanto para registros históricos, sino para nosotras mismas.

A mí me encanta ver cómo le damos colorido a las carreras. Llegamos con colita de caballo, trenzas, gorras, en unos coquetos skorts, algunas con una manicura hecha el día anterior, otras con sus hijos a los lados de la ruta, haciéndoles barra. Concentradas en la distancia, se ven desde jovencitas de cole que apenas comienzan en el atletismo, hasta abuelas empunchadísimas, con un pace que te deja asombrado… ¡en serio!

Pero todas nosotras que hoy disfrutamos lo delicioso que es correr tenemos mucho qué agradecerle a la primera que oficialmente corrió una maratón: Kathrine Switzer. Desde jovencita fue animada por su papá a correr una milla diaria, y decidió un día que pasaría por encima de los prejuicios de la época para demostrar que una mujer sí podía correr 26.2 millas completitas. Y se anotó en la maratón de Boston en 1967, bajo sus iniciales. Así que nadie supo que K.V. Switzer era una mujer, hasta que la vieron corriendo.

Esta guapa mujer no solamente corrió la maratón, sino que se libró de que los organizadores la sacaran a empujones de la carrera. ¡Qué hace esa mujer en esta maratón! ¡Sáquenla! – literalmente lo que le dijeron fue  “Get the hell out of my race and give me those numbers.” – La velocidad de Kathrine y un buen empujón de su novio impidieron que la eliminaran y se convirtió en la primera mujer que completó la distancia que se suponía estaba vetada para nosotras.  ¡Y tenía apenas 20 años!

Luego vinieron muchas maratones, muchas carreras más: en el  74  ganó la maratón de NY con un tiempo de 3:07:29. Logró su mejor tiempo en el 75, en Boston , con  2:51:37. Kathrine además se convirtió en una excepcional periodista de deportes. Sigo leyendo su libro, “Marathon Woman”, y me maravillo de lo que logró, de cómo correr le enseñó a derribar cualquier barrera, especialmente si la barrera era la frasecita esa de “es que usted no puede porque es mujer”. El libro es hermoso, me ha atrapado y si algo me gustaría en la vida es poder conocerla y conversar con ella. Su libro hace que uno tenga ganas de cerrarlo únicamente para salir a correr de nuevo.

Hoy hay mujeres asombrosas como Gabriela Traña, Norma Rodríguez, y antes de ellas, Thelma Zúñiga, por citar algunas, que siguen demostrando que no hay razón para sentirnos poco capaces de completar largas distancias o enfrentar deportes de resistencia. Nuestros músculos son diferentes, la manera en que nuestro cuerpo gasta y acumula la energía es diferente, en fin, se sabe que las mejores marcas del mundo son alcanzadas por hombres, pero cada vez la brecha entre las marcas masculinas y las femeninas se hace más pequeña. Somos muy competitivas, pero también muy solidarias.

Cuando yo veo a mis compañeras del grupo correr, me parece tan valiente saber que al terminar el entrenamiento les toca igual que a cualquier otra ir a la casa, lidiar con el oficio, los hijos, el trabajo, las obligaciones. Pero le pellizcan minutos a la madrugada para salir a correr, y regresar más fuertes, más desafiantes, más contentas. Las admiro montones porque sé que debe ser agotador, y sin embargo pareciera que correr les da nuevas energías que los demás, definitivamente, no tenemos.

Me pareció interesante escuchar a varias personas decir que “tuviera cuidado”, porque las mujeres que corrían “se ponían muy feas, se les caía el pelo y se arrugaban” y un montón de cosas terribles: yo más bien veo que todas nos ponemos  y nos sentimos más bonitas, tonificamos el cuerpo, nos sentimos más sanas y especialmente se nos embellece la sonrisa cuando acabamos de entrenar… es una sonrisa muy parecida a la de una Miss,… ¡pero con tennis!

En el fondo que hicimos en Puntarenas, iban delante de mí dos chiquitas descalzas que se pusieron a correr a la par de Poncho, … iban tan felices y tan libres. Qué dicha que a nadie más se le ocurrió sacarnos de ningún otro deporte. Pónganos donde quiera, en una pista, en un ring, en una piscina, una cancha de baloncesto o en una barra de gimnasia: las mujeres daremos lo mejor, hasta el último segundo.

Este post se lo regalo a todas mis compañeras ChiRunners: guapas, lindas, valientes, esforzadas e inspiradoras. Y a todas las que a la edad que sea, con o sin apoyo, deciden comenzar a correr porque sí. Y punto.

Acabo de leer en la página de Kathrine que va a estar haciendo la cobertura en vivo para Televisión de la Maratón de NY. ¡Espero verla en la expo!

Tennis: un par de aliadas rumbo a NY


Tienda Runners Pavas. Elección de las tennis

Seamos sinceros, nos enamoramos de un par de tennis por el color, por el estilo, por el anuncio tan cool que sale en la tele, y preguntamos poco sobre la tecnología que hay detrás… o bueno, debajo de las plantas de nuestros pies.

Cuando se habla de deporte, y con mucha más razón de correr, usar tennis adecuadas es vital: te puede dar soporte, evitar lesiones, mejorar el paso. Y si se trata de entrenar para maratón, tener los tennis perfectos es básico.

Como conté en un post anterior, tuve dos pares de tennis nada más en los últimos 10 años: unos que usé solamente para ir al gimnasio, y los anduve de 2003 a 2009. Sí, qué relajo. Y cuando en el 2009 esos sucumbieron por haber comenzado a correr, vino otro par cortesía de mi mamá, que elegimos con poca ciencia y a puro ojo en un mall. ¡Todos coquetos!

Pregunté a varias personas, entre ellos a Gustavo López, atleta y colega periodista de deportes, y a Viviana Calderón, recién estrenada corredora de maratón, y la respuesta de ellos y de muchos atletas era Asics. Ya yo me lo imaginaba, y no es casualidad que Asics sea además la marca oficial de la Maratón de NY, uno de los patrocinadores principales. En Costa Rica, el nombre de Asics va unido a Runners, y a la vez al de Víctor López, propietario de la tienda y amante del atletismo, con 32 maratones a cuestas. 32. ¡Y yo apenas por la primera!

Con mucha paciencia le conté a Víctor acerca de mi plan de correr maratón, y me asesoró como se debe para buscar LAS tennis de correr, de verdad de correr. Descalza, vimos el arco del pie, el tipo de pisada, y me recomendó uno de los modelos más populares, dado que tengo una pronación promedio. Es este: GT 2150.

Las GT 250 Asics: bienvenidas al team

Aparte de ser super liviana, te da una sensación de buen agarre al tobillo, comodidad, y soporte para la segunda parte del paso, es decir, ese momento en que el pie completo toca la superficie. A partir de ahora estas son las “naves”, y me toca pilotearlas muy bien.

Por supuesto que un par de tennis no ganan carreras: tengo que sacarles provecho. Se supone que la vida útil promedio de un par de tennis de correr va de 700 a 1200 kms; así que vamos a ver hasta dónde vamos juntas ellas y yo.

Agradezco a Víctor el tiempo, la asesoría y la fe, porque estas bandidas y yo llegaremos a la meta en Central Park, eso es seguro. ¿De qué color son? No es importante, ellas llevan el peso mío y el de mi objetivo, y están listas para quemar calle conmigo. Pero como bien dice el dicho, el viaje de mil millas comienza con un paso. Sumado a la alimentación y el entrenamiento, este es uno de los más importantes.

Esta es la publicidad oficial de Asics; es probable que la hayás visto en revistas o vallas, pero si te fijás bien, lo más chiva es que la persona parece despojarse, bajo un chorro de agua, de emociones como estrés, ansiedad, tristeza o preocupación. Eso pasa cuando uno corre, en serio. Aún cuando el mismo estrés provenga de que no sepás si terminarás la carrera o no.

La campaña de Asics. Sound mind, sound body.

Estoy esperando con ansias el domingo para correr los 10k de la carrera Amnet. Como va Nery Brenes, tengo curiosidad de conocerlo y por supuesto, ver qué tiempo hace nuestro mejor velocista. Al rato no me deja tan botada…! jeje

Y comenzamos: ¡porque no es jugando!


Ahora sí. 348 días y ya siento que voy en camino. Tengo programada la cita con el nutricionista y entrenador, y ya comencé a ponerle más a los entrenamientos. Para ser honesta, correr en banda no me hace mucha gracia (cuesta concentrarse y disfrutarlo, pienso yo, aburre un poco) y las calles no siempre son tan seguras para entrenar, así que busqué un lugar donde puedo correr sin preocupaciones y con tranquilidad, aparte de mi ruta habitual.

Resulta que el autódromo La Guácima es ideal para correr. Claro, para que corran los carrazos los domingos, pero entre semana, en las mañanas, los ciclistas usan la pista para entrenar. Me contaron que algunos triatlonistas también aprovechan y hacen un ratito atletismo, un rato bici.

Yo me animé y el jueves me levanté temprano para ir: era perfecto. Nada de carros, ni semáforos, ni peligros en las aceras, solo la pista, eso sí, compartida con unos cuantos ciclistas. Confieso que me sentí un poquillo impresionada por tener tanto campo para mí, pero luego de calentar, comencé a correr.

Qué rico. Seis de la mañana, el airecillo fresquito en la cara, y le di con ganas. No llevaba la cuenta de las vueltas, solamente me concentré en conocer la pista (una cosa es verla por tele y otra correrla) y en ir viendo cómo me sentía.

A las 7 paré, ya con los cachetes coloradísimos y sin el sweater que me había puesto: calculo 3 vueltas bien sudadas, unos 9 kilómetros. Buen ritmo, controlando la respiración y cuidando pulsaciones, pero también pensando desde ahora en la maratón. Esto es apenas una quinta parte del esfuerzo final.

Nota mental para la próxima venida a la Guácima: traer más agua. No me alcanzó la botella que llevaba, la dejé en los pits para parar y tomar, pero desviarse para agarrar la botella no funciona, mejor me llevo un cinturoncito con botellas pequeñas.

En el próximo post espero contar qué me han dicho algunas personas que saben del reto, y voy a subir una nota sobre la música y el ejercicio, que explica por qué aparte de unas buenas tennis e hidratación, es importante llevar un buen playlist en la carrera.

Ya falta menos. : )Esta soy yo al terminar el entrenamiento en la Gúacima.

Luego del entrenamiento en La Guácima

La vuelta a la manzana… a la Gran Manzana.


Faltan 353 días. Será mi tercera visita a Nueva York, pero la primera vez que la recorra en tennis, sudando y tomando agua en lugar de Starbucks.
Este año confirmé mi pasión por correr. Comencé a hacerlo sin pensar en el 2009, y en abril de 2010 ya me había propuesto correr mis primeros 10 kilómetros. Y vinieron otros diez. Y otros diez. Y otros diez. Y esa liberadora sensación de la salida, la alegría del pelotón que se desgrana a lo largo del recorrido, el playlist del iPod cantándome al oído la música que me anima a moverme: diez carreras, cien kilómetros: mis tennis y yo queremos algo más.
La maratón de Nueva York parece una meta demasiado grande para una mujer de contextura pequeña: 100 libras, un metro 52 centímetros, poca experiencia en el asfalto pero unas ganas imparables de lograrlo. No lo voy a negar: ver al minero chileno Edison Peña completar su recorrido, con todo y lesión en la rodilla, me motivó tanto y fue el empujón final para tomar esta decisión.

El 6 de noviembre de 2011, si todas las condiciones me lo permiten, estaré dándole una vuelta a la manzana. En mi país eso significa darle una vuelta a la cuadra. Pero qué cuadra.
Es una vuelta de 42 kilómetros en la ciudad más famosa del mundo; una de las que más me gusta. Con todo el brillo de Broadway, el MoMA, sus rascacielos y esa enorme cicatriz llamada Zona Cero.
Me animo a pensar que puedo hacerlo en 5 horas. No lo sé. Para eso es este blog: para ir contando el proceso, los entrenamientos, las anécdotas camino al 6 de noviembre, mi cariño por esta ciudad que conocí en 1991, y redescubrí en el 2009, y el reto personal que creo que representa para todos los que amamos correr el soñar con cruzar la meta ahí, en Central Park.
Si me quieren acompañar leyendo, con los tennis puestos o sencillamente como más nos ayuda a los que corremos, haciendo porras desde la barrera, bienvenido. Aquí comienza mi inolvidable vuelta a la manzana. De antemano disculpe si me pongo muy seria a ratos: soy periodista, ¡nadie es perfecto!