Mujeres que corren: las “Lagar”


imageSiempre me ha caído mal ese dicho de que “en un grupo de mujeres, es mejor no irse de primera, porque si no, las demás se quedan hablando mal de una.”

(Pero siempre hice caso.)

De hecho no soy la típica muchacha que tiene muchísimas amigas; tiendo a hacer amistad más con varones, y no tengo una amiga del alma que se sepa todos mis secretos.

Por eso cuando hice el switch a un grupo 100% femenino, lo hice con bastante temor.

A dos meses del primer contacto puedo decir: no me pudo pasar nada mejor.

Comencemos reconociendo que estas muchachas, las Lagartrotters, son fuertes. Están acostumbradas a esas rutas de “terreno variado” (léase cuestas) del profe, de manera que cuando uno las ve subir, pareciera que no les cuesta nada. ¡Nada! Usualmente me quedo de última y me cuesta mucho llegarles.

Y eso es buenísimo. Me obliga a mejorar.

Segundo: ¿competitivas? No lo diría así, pero ¡rápidas, y orgullosas de ser rápidas, sí que son! Me gusta mucho que el profe me diga “no se les despegue”, aunque voy sin aire y como decimos aquí, “de la relinga”, pero trato a mi máximo y cuando logro “llegarles”, ni tiempo tengo de volver a ver el Garmin, ¡si lo veo, las pierdo!

 Tercero: son trabajadoras, estudian, hacen muchísimas cosas aparte de correr. A veces las escucho hablar de exámenes de sus hijos, de que necesitan irse temprano para que no las atrape la presa para el trabajo. Tienen sus propios negocios, obligaciones, y me parece chivísima que saquen ese rato – el más difícil, el de madrugar – para sí mismas.

Llegamos “a lo que vinimos”, corremos, nos reímos si nos queda aire, y todas tienen una meta personal, una razón para correr, y al terminar el entrenamiento, nos vamos.

Es muy pronto para decir que ahora corro más rápido solo por correr con ellas, pero sí sé que resisto más y que me exijo más.  Mi meta no solo es la maratón de París, a veces mi meta es “no quedarme atrás”, fijarme cuál es la más rápida, esforzarme en alcanzarla o que no me deje muy botada.

Si ve un grupo colorido y fosforescente de muchachas por las calles de Santa Ana, esas muchachas son mi grupo, y estoy segura de que lo que pueda mejorar en mi tiempo de maratón no solo se lo debo al profe, que me dice que no las pierda de vista, sino a ellas, y a esa potencia y velocidad que espero tener un día y que ellas han desarrollado con tanta disciplina.

A ellas y a todas las mujeres que en medio de tantas obligaciones se ponen las tennis para correr, mi reconocimiento en este mes internacional de la Mujer. Porque aparte de ser profesionales y mamás, decidieron ser corredoras. Y eso es un gran título también.

Cumplir sueños es contagioso


Debía la explicación de mi “muro” del fondo madre: para ser breve, dolor de pantorrillas en el km. 30. Y eso no fue lo que me molestó, sino que me volví con un tono muy seguro y le dije al profe “tranquilo profe, creo que con 30 está bueno…”. ¡Esa no soy yo! ¿Qué fue eso? Con esos ojillos que le hace a uno cuando se enoja, me volvió a ver, aplaudió 2 veces, y siguió trotando. Yo lo seguí.  A regañadientes, lo seguí y pensé “si me fijo cuánto falta, me desmotivo: mejor le veo los pies al profe“. Y viéndole los pies, tap tap tap llegamos a la curva y de ahí, a la derecha, tuve un segundo aire.

Ese segundo aire me permitió llegar a completar los 36 kms. Ah, porque además, no fueron 35:  “es un poquitico más, después de la cuesta“… ¿Qué? Bueno diay, ya iba en el segundo aire y no arrugué la cara, pero sí sentí muchas ganas de llorar al terminar, y aún no entiendo qué me pasó, por qué a los 30 me puse vagabunda y “lo iba a dejar así“. Qué irresponsable más grande. Me desconozco. ¿Cómo iba a hacer menos de lo que HAY QUE hacer? Para mí, fue un muro mental y me avergüenzo de haber siquiera pensado en parar.

Y bueno, escribo hoy domingo porque desde temprano muchos de mis amigos corrieron en Chicago. Ver su emoción, ver a Kimetto y a Jeptoo llegar a la meta, me hizo reaccionar: Marianella, usted va a hacer su tercera maratón en 20 días. Jesús.

Creo que del video del post anterior lo que más me gustaba era la parte donde decía que la fuerza más poderosa contra la que uno lucha en la maratón es la inseguridad. El día antes del fondo, Priscilla y Marcela me dijeron “No tenga miedo, ya usted es maratonista, ya lo ha hecho dos veces” pero eso no me quitaba el susto. Por Dios, 35 kms. Por Dios, ahora son 42.

La distancia sigue siendo inmensa y poderosa; admiro mucho a los ultramaratonistas porque sinceramente no me cabe en la mente correr más de 42 kilómetros, pero ahora, a 20 días de esa tercera maratón, tampoco me explico cómo lo hice las dos veces anteriores.

picstitchEl factor NY, es decir, la emoción, la belleza de la ciudad, estar de vuelta ya sin tormenta (espero), escuchar a Sinatra a la salida y saludar a muchos latinos en Brooklyn, la vueltita de Columbus Circle… todo eso, no hace lo que hace el gel, el agua, los gatorades; ¡hace mucho más! Yo creo que el poder vencer la distancia uno solo se lo explica por dos razones, una por supuesto es el entrenamiento, y la otra, esa: la emoción.

Puse esta la foto de estos tres BIB´s porque han sido tres momentos en que esa inseguridad se puso a prueba: el anaranjado, el de la primera maratón, porque ni siquiera me imaginaba a lo que me estaba enfrentando y aún así, lo logré. El segundo, el que aún está en la bolsa, porque aunque iba segura de hacer una buena maratón, no pude: la cancelaron. Pero eso no me quitó la alegría de correr y la certeza de que iba preparada. Y el tercero, que lo usé el 17 de marzo en Roma, los 42 kms más felices de mi vida, que los terminé más contenta que nunca, sin dolores y haciendo un buen tiempo, segurísima de que tenía la fuerza.

No sé si ahora lograré un buen tiempo, no sé nada. Supongo que la inseguridad que me asaltó al km 30 la tendré que disimular con emociones en NY. Pero de esos momentos está hecha la vida. Cuántas veces uno dice “en qué me metí“, pero ni modo, lo tiene que hacer.

Hoy 384 ticos corrieron en Chicago y a esta hora su mente sigue llena de imágenes; sus piernas están cansadas pero no les importa, porque aunque digan que “todo mundo corre” ellos saben que son pocos en el planeta los que pueden levantar la mano y llamarse maratonistas.

No sé si todos cumplieron su tiempo meta, pero sí deberían felicitarse porque no se volvieron “puro cuento“. Hay quienes dicen “yo quiero hacer tal cosa…” pero se quedan en el camino. “Me gustaría hacer tal otra...” y ni siquiera lo intentan.

Todo el que cruzó la meta hoy en Chicago pasó de soñador a hacedor, y hasta donde yo sé, esa es la única manera de cumplir un sueño:  hacer lo que hay que hacer. A nadie le van a tocar la puerta para llevarle el título de maratonista. Hay que ir por él a la meta.

Es contagiosa esa plenitud que ellos irradian hoy, y comienzo a contrarrestar cualquier amago de inseguridad con el convencimiento de que quiero ir por ese BIB de 2013, esta vez, usarlo, gastarlo, arrugarlo por las calles de NY. Quiero correr mi tercera maratón, y olvidarme de cualquier pero, grande o chiquito que exista.

Cumplir sueños es contagioso. Sé que con lo que ellos hicieron hoy, están naciendo muchos futuros maratonistas que se antojaron de lograrlo ellos también. Bendita moda ¿verdad?

Confieso que hoy comencé a empacar. Voy por la tercera. Carambas. 

Nota: No hay meta pequeña. Felicidades a mi amigo Alonso, que hoy corrió su primera carrera de 8 kms en San José. : ) Uno más que no es puro cuento. Es pura voluntad.

¿Y tus chemas?


frametasticVienen incluidas en el costo de la inscripción, y son, con frecuencia, de lo que más nos quejamos los corredores en una competencia.

Que si muy fea. Que si muy grande. Que muy chiquitilla. Que no me la personalizaron. Que es mi talla pero me queda chiquitilla. Que para esa gracia mejor ni me la cobren. Bla bla bla.

Pocas veces una camiseta de correr nos queda bien a todos, y hablo de quedar bien, más allá de la talla.

No hace muchos años todavía algunas carreras daban camisetas de algodón… ¡qué calor! Súper cuadradas, con mangas enormes y de cuello redondo. La queja común era que “ni para lavar el carro, o ni para pijama” las usaríamos. Pero poco a poco nos han ido conquistando con mejores camisetas- por aquello de que hay demasiada oferta en el calendario de carreras – al punto de que su calidad, diseño, color, y todo lo “cool” que sean, son parte ahora de los requisitos que le pedimos a una organización atlética.

Preguntando hace unos días en el Facebook de Una vuelta a la manzana, la gran favorita de las camisetas recientes es la de Tamarindo Beach Marathon. Los últimos dos años han sido camisetas Adidas, personalizables, y de esas que ni loco agarrarías para lavar el carro; al contrario, les sacás el jugo para el gimnasio y para los entrenamientos.  Preciosos los colores, y diferenciados para maratón y el resto de distancias.

Otras que han gustado mucho son las del Reto Powerade. Este año hasta tienen bolsitas para que nadie tire basura (ojalá). Las de NorthFace Eco Challenge son preciosas, y creo que no me equivoco si digo que casi todas ahora son dry-fit.

Lo que pasa es que no hay closet que aguante: andá, revisá. Entre las que comprás por gusto y las que te dan en las carreras,… ¿cuántas tenés? Reconozcamos que uno tiene sus favoritas. Y que esas que dicen tu apodo o tu nombre no las regalarías ni las querés dejar guardadas.

Pero a veces pienso, ¡cuánta gente no sale a correr porque no tiene qué ponerse, y uno en esta acumuladera…! No no. No tiene sentido. Y aún así, nos ponemos a pedir gustos de tallas, que diga el nombre y el apellido, pero ¡no usamos todas las camisetas!

Los tennis no siempre se pueden heredar, porque una vez “kilometreados“, ya no rinden ni protegen el pie de la misma forma, pero ¿por qué no regalamos o cedemos esas camisetas a alguien que necesite una motivación extra para correr? Se me ocurre, que si ya tenés muchas muy lindas, pidás en la próxima carrera una que sea de la talla de alguien que necesite esa “chema”, y hasta se la personalizás con su nombre. ¡Dry fit y todo! Puede ser una motivación buenísima. La verdad, la ropa de correr no es barata.

Me parece muy bien que como consumidores que pagamos buen dinero por cada carrera, pidamos calidad de camisetas. Pero ¿qué tal si además comenzamos a darle sentido a esto… ya no acumulando “chemas“, sino dándoles un mayor significado?

Es una ocurrencia. Solo eso. ¿Qué les parece?

Hay una amiga mía que quiero montones; hace talla conmigo en ropa y sé que le cuesta bastante comprar ropa de correr. Ella sabe que le guardo las camisetas de carreras y que “no tener qué ponerse” ha dejado de ser una excusa para que ella no corra cuando tiene tiempito. Aparte de verse linda, sé que correr le alegra el día y que cuando le llevo esa chema nueva la motivo un poco más.

A los señores organizadores, bravo por esmerarse en hacer camisetas de calidad. Y a vos, si tenés chemas buenísimas, a veces el mejor recuerdo de la carrera es la medalla, que comprueba que llegaste. Cedé la chema, si no te la vas a poner. Compartís de una manera distinta la delicia de correr.

Escribí esto porque me puse a ordenar el closet y me encontré algunas… sé que hay muchas que se vuelven “consentidas“, pero otras que están nuevas, en perfecto estado, sé con quiénes las puedo compartir. Ahí les dejo la idea.

Un “maratoniano” llamado Rafa


cubierta_El efecto maratón_10mm_280513.inddHe tratado de recordar cómo es que conocí a Rafa, y creo que la respuesta es “twitter”. Y sí, seguramente hablando de correr. Hace dos semanas y luego de mucho conversar por correo, twitter y facebook, por fin tuve el gusto de conocerle, hablar – de qué, más, ¡de maratones, claro! – y recibir de manos suyas el ejemplar de su segundo libro, llamado Efecto Maratón.

Maratoniano” dicen en España; “maratonista” decimos en Costa Rica. Igual, este colega y corredor ha vivido experiencias increíbles con sus tennis bien puestos: la cancelación de la Maratón de NY en 2012, y los atentados de Boston el pasado es de abril. Así nació su libro. Esta entrevista es para que lo conozcan mejor. Leyendo sus respuestas entendí por qué este sevillano me cae tan bien. Y si se fijan… ni le pregunté sus tiempos. ¡Eso no es lo que lo hace grande! ¡Rafa, mucha gracias! Nos vemos en NY en noviembre y espero que en pocas semanas tu libro se venda en Costa Rica.

¿Cuándo y cómo comenzaste a correr? ¿Cómo te calificarías como corredor?

Todo empezó el primer domingo de noviembre en 2007. Estaba en Nueva York cubriendo la maratón para Canal Sur (la televisión en la que trabajo). Nos encontrábamos en Columbus Circle, a un kilómetro de la meta, grabando. Allí vi tantas imágenes que me inspiraron, de corredores de distintos tipos, jóvenes, mayores, gordos, flacos, blancos, amarillos, negros… Cada uno tenía su propia historia, sus emociones, sus dolores a esa altura de carrera. Aquello me motivó a formar parte de esa historia, al año siguiente yo también quería estar ahí, corriendo la Maratón de Nueva York. Y empecé a entrenar fuerte. Nunca antes había corrido.

Como corredor me considero alguien que trata de disfrutar. No me fijo metas ni objetivos de tiempos. Intento superarme, es verdad, pero no me obsesiona el reloj. Si una carrera hago un minuto más de lo que tenía previsto, no me preocupa. Valoro mi rendimiento en función de la felicidad que recibo en cada carrera, en cada entrenamiento. Por supuesto, intento ir lo más rápido que puedo. Pero sin que eso me impida pasarlo bien o compartir un buen rato con los amigos.

¿Cómo hacés para que la agenda tan complicada del trabajo de periodista te coincida con entrenamientos?

Siempre llevo un par de zapatillas junto a mí. Por mi trabajo, tengo muchos compromisos y algunas veces casi no te queda tiempo libre para entrenar. Pero, si en algún momento del día, cuando menos te lo esperas, de improviso te queda un hueco para correr, me ato los cordones y a correr! Hay que ser ordenado y organizarte bien la agenda para poder cuadrar una hora y medio de entrenamientos, no es fácil. El día sólo tiene 24 horas y yo quisiera que tenga 30.

¿Cuántas y cuáles maratones has corrido?

En total he corrido 10 maratones. He corrido NY seis veces. También he corrido en Berlín y Boston, la maratón de los atentados el pasado mes de abril. Y, por supuesto, he participado dos veces en la maratón de Sevilla, la ciudad en la que vivo y trabajo. Intento correr las maratones más famosas, pero también me encantaría empezar a correr maratones que proporcionen experiencias: en el desierto, en la Antártida, en la Gran Muralla China…

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Rafa en Madrid este mes de julio, ¡me firmó mi ejemplar de Efecto Maratón!

¿Por qué NY es tan especial para vos?

Amo esa carrera. Allí me han pasado muchas cosas: es donde debuté, es donde corrí a pesar de la cancelación por el huracán Sandy el año pasado, es donde le pedí a mi mujer que se casara conmigo en la línea de meta… Me gustaría tener salud para que cada año, el primer domingo de Noviembre, pudiera estar en la línea de salida escuchando a Frank Sinatra cantando el “New York New York”.

El ambiente que se vive allí es el más especial que conozco, la gente se vuelca para animar a los corredores, hay un ambiente increíble.

¿Entrenás solo o en grupo? ¿Tenés un entrenador?

Hay días que entreno con amigos y otros que entreno solo. Depende del momento y de las circunstancias. A veces es fácil cuadrar la agenda con otras personas. Otras no. También hay días que prefieres correr solo para “resolver” situaciones emocionales o mentales. Uso el running como terapia y correr es un momento para pensar, encontrarme conmigo mismo e intentar solucionar algunas cuestiones laborales o profesionales. O, simplemente, para desconectar y no pensar en nada si el día ha sido muy estresante.

¿Me podrías resumir el por qué de tu primer libro y el por qué de “Efecto Maratón”?

Escribí “Manual para correr la maratón. ¡Sí se puede!” casi de manera accidental. Mientras entrenaba para mi primera maratón, iba anotando en un cuaderno mis entrenamientos. En observaciones, cada día anotaba más cosas. Al principio, apenas una línea, pero después iba cada vez más. Ahí salía también mi vena periodística. Así que hubo un momento que pensé que eso podía dar para un libro. En el que se sintieran identificados, sobre todo, los lectores que preparan una maratón por primera vez: los miedos, los temores, la ilusión…

“Efecto maratón” surge, con el auge actual del running, de la necesidad de mostrar al mundo cómo somos los corredores. Y de enseñar que, si se aplica nuestra determinación y fuerza de voluntad a cualquier faceta de la vida, se pueden superar los obstáculos. No es una receta para el éxito ni para alcanzar tus metas, pero sí es una palmadita en la espalda a cualquiera para decirle: “vamos, al menos tienes que intentarlo. No tengas miedo ni temas. Puedes conseguirlo”; se trate de una maratón, de encontrar un trabajo o de pedirle una cita a un chico.

¿Qué es lo  más hermoso y lo más agotador de una maratón?

Lo más hermoso de una maratón es cuando cruzas la línea de meta y un voluntario te cuelga la medalla. Ahí te dan ganas de besarle, de abrazarle, de apretarle. Es una sensación de plentitud, de haber alcanzado tu meta.

Lo más agotador es el proceso, el camino que tienes que seguir hasta que eso ocurra. La preparación es larga, algunas veces tediosa, y debes tener fuerza de voluntad para no decaer un sólo día.

Y explicame por qué para vos los tiempos, o los personal récords no son tan importantes.

Para mí correr es una liberación, una manera de sentirme libre de cualquier atadura del mundo. Es una forma de escapar. Por eso, si me impongo unos tiempos, unas marcas, es como volver a atarme. No quiero estar supeditado a un reloj que me marque si corriendo soy feliz o no. Quiero que esa felicidad la determine mi estado de ánimo, y no un artilugio electrónico.

Para contactar a Rafa:  www.rafavega.com y  en twitter: @rafavega_

“Cine del corredor presenta…


frametasticEs muy subjetivo qué títulos elija uno, y por qué los asocia con correr, sobre todo en los casos en que la película no se trata de correr.

Como todo en este blog, es una opinión, es mi punto de vista, mi vivencia. Para una opinión de conocedor, consulte al crítico Mario Giacommelli. A mí, no.

Porque uno como corredor aficionado es mañoso: tiene rutinas antes de correr, desde lo que come hasta si se pone primero la media derecha o la izquierda (derecha). Entre mis rituales pre maratón o media maratón, acostumbro ver las películas que me infundan emoción, valor, heroísmo, ¡algo! Sea que traten de correr, o no. Para esta lista, pregunté a los lectores del blog a través de Facebook, y por eso comenzaré con la gran favorita de ellos… y mía.

Forrest Gump (1994). Se rompen los aparatos ortopédicos y el pequeño Forrest es más rápido que nadie. Pero aparte de rápido, ¡corre como uno… así, hasta cansarse! No me digan que solo yo he fantaseado con ir detrás de él… de costa a costa.

“Now you wouldn’t believe me if I told you, but I could run like the wind blows. From that day on, if I was going somewhere, I was running!”

Yo no soy rápida pero eso de “I could run like the wind blows” sí que lo he sentido… y esa sensación de libertad. Wow. Forrest. ¡Es parte de mi videoteca cuando quiero pensar en correr porque sí. “I just felt like running!”

Chariots of fire (1981) No le tenía mucha fe hasta que el mismo profe nos la recomendó. Vamos a principios del siglo 20, sin tennis Asics, sin Garmin, sin gel, sin nada…¡usted corra! ¡Clasifique a los Juegos Olímpicos! Ay, qué nostalgia y qué belleza.. nada de camisetas dry fit, solamente la pasión de los atletas británicos que compitieron en París en 1924, sus sueños y sus inseguridades. ¡Cómo entrenaban! Bueno, y la música legendaria de esta película, eleva la emoción y hace que uno de verdad viaje a esa etapa del atletismo cuando sencillamente dejaban la vida en cada carrera, ignorando detalles de pace, frecuencia cardiaca o qué se yo qué cosas sin las que ahora no correríamos. Una joya que ganó el Oscar a mejor película.

Gladiator (2000). “On my signal… unleash hell”. Bueno, si uno necesita carbonearse para botar los miedos en la línea de salida o subir una cuesta, la fuente más certera de coraje y hormonas es Maximus. Maximus, que solo quiere ver a su familia. Maximus, que no le tiene miedo a enfrentarse a un león, un emperador tirano o cinco gladiadores. Qué agregar… Bueno, en la línea de salida de la Maratón de Roma pusieron la banda sonora de esta película, y tuvo ese efecto. Yo me sentí una gladiadora. Ríase, sí, así somos algunas personas. Tengo amigos que también la ven antes de correr una maratón. Y si no es Gladiator, ven Braveheart, 300! o The Patriot. Y cómo no, si correr una maratón es algo épico.

Run, Lola, Run (1998) Cuando vi esta película alemana por primera vez, ni siquiera soñaba con correr. Pero creo que ver a esa mujer pegarse semejantes sprints en botas, para salvar la vida, me sacaba el aire. Qué clase de pace, qué cansancio el de esa melena roja en las calles de Berlín. No les cuento el final por si nunca la han visto, pero bueno, lo que me gusta de la película es que refleja uno de los muchos momentos en la vida en que uno necesita correr como alma que lleva el diablo: para tomar el autobús, para huir de la lluvia, para huir de un criminal, cuando te persigue un perro… o la policía.

Million Dollar Baby (2004) “Pero ésta es de boxeo”.  Sí, y sin embargo, creo que es muy signficativo lo que Maggie encuentra en el deporte, y cómo Frankie, interpretado por Clint Eastwood, se resistía a entrenar mujeres. ¿Qué relaciono con correr? Algunas frases como “Girlie, tough ain’t enough.” Pero cuando Maggie le cuenta por qué entrena, siento que bien podría estarnos describiendo a muchos corredores y por qué nos aferramos a veces al entrenamiento:

” I’m 32, Mr. Dunn, and I’m here celebrating the fact that I spent another year scraping dishes and waitressing which is what I’ve been doing since 13, and according to you, I’ll be 37 before I can even throw a decent punch, which I have to admit, after working on this speed bag for a month, may be the God’s simple truth. Other truth is, my brother’s in prison, my sister cheats on welfare by pretending one of her babies is still alive, my daddy’s dead, and my momma weighs 312 lbs. If I was thinking straight, I’d go back home, find a used trailer, buy a deep fryer and some oreos. Problem is, this the only thing I ever felt good doing. If I’m too old for this, then I got nothing. That enough truth to suit you?

Run for your life (2008). Ya hice mi “review” de este documental sobre la vida de Fred Lebow, el creador de la Maratón de Nueva York. Me motiva porque su vida cobró sentido al organizar esa locura – una maratón que cierre calles en los 5 barrios de NY… ¡impensable! – pero también porque ese vacío que siente él cuando acaba la carrera es esa “goma maratonera” que yo siento, ese vacío enorme cuando acaba todo y regresás a casa pensando “falta demasiado para la próxima“. Además en este documental conocí quién era Grete Weitz. Ella… es otra historia. ¡Y para qué actores si entrevistan a Alberto Salazar, Bill Rodgers y todas las leyendas del atletismo estadounidense!

Senna (2010). Ahora sí está perdida Nela. No no. Yo sé que éste “correr” y mi “correr” son radicalmente diferentes. Pero repito, esto es “cine de deportes” o de inspiración. Lo confieso, de Fórmula 1 sé lo mismo que de motores de plasma, pero un buen día tuve la oportunidad de sentarme a ver este documental y me robó el corazón. Lo lloré como si hubiera muerto en ese instante, frente a mis ojos. Ayrton Senna falleció a los 34 años… apenas dos menos que yo. Qué joven y cuánta pasión por su deporte. ¡Y qué piloto! Su rivalidad con Proust, lo que significaban sus triunfos para Brasil, pero sobre todo esa actitud hacia la competencia, me conmovieron. Me identifiqué mucho con su visión de Dios y cómo consideraba sus carreras un regalo de Él. Yo siento lo mismo, aunque jamás gane nada importante.

“On a given day, a given circumstance, you think you have a limit. And you then go for this limit and you touch this limit, and you think, ‘Okay, this is the limit’. And so you touch this limit, something happens and you suddenly can go a little bit further. With your mind power, your determination, your instinct, and the experience as well, you can fly very high.” A.Senna.

Los deportes son entretenidos, generan millones de dólares y mueven masas, pero también son sublimes gracias a valores como el coraje, el honor y la superación personal. Estas películas me lo recuerdan. Si me quiere recomendar otras, se lo agradezco. Sé que podemos agregar la de Prefontaine,… pero él es sencillamente otra galaxia, dentro y fuera de la pantalla.

Yo corro porque…


20130605-164131.jpgHoy en Estados Unidos celebran elNational Running Day“. Invitan a la gente a compartir por qué corren, cada quien crea un gafete virtual y resume sus razones.

Luego del drama – sí, mucho drama – de San Diego, he pensado por qué corro y tengo muchos motivos. Como diría Sabina, ¡me sobran! Algunos explican por qué uno se frustra si no logra un tiempo meta… pero otros poco tienen que ver con cronómetros.

Primero, corro porque un día que estaba triste salí a caminar. De caminar pasé a trotar, y de ahí a correr. Luego de hacerlo olvidé qué me tenía triste.

Corro porque un minero chileno corría en un túnel, y de ahí pasó a Manhattan a correr la maratón. Qué asombrosa lección de voluntad.

Corro porque antes no hacía ningún ejercicio que me encantara. Este, me deleita.

Corro porque, bendito sea Dios, puedo: me dio pulmones, pies, piernas, corazón: tengo todo el equipo y cero excusas.

Corro porque mientras lo hago mi mente también corre, y repaso mis pensamientos, mi mundo, mis enredos y mis conflictos. Al terminar sigo teniendo los mismos enredos, pero se ven diferentes.

Corro porque encontré un grupo donde a nadie le importa si uno es el más o el menos rápido, solamente te dicen “qué dicha que viniste” y van con vos en el fondo, compartimos el agua, nos reímos y solemos desayunar juntos luego de correr.

Corro porque encontré un entrenador que aparte de decirme millones de veces que bracee, relaje los hombros y levante los talones, me ha enseñado a disfrutar y sonreír si llueve o hace calor, y a ver el ejercicio como una comunión con la naturaleza y las personas.

Corro porque en ese grupo he hecho amigos a los que quiero profundamente y sé que son “de verdad“. Y me gusta verlos correr. Vernos correr.

Corro porque me da una sensación de libertad enorme… ¡a veces sueño con esas carreteras eternas en las que uno solo va, y va, y va… sigue el camino hasta que se acaba o se cansa!

Corro porque puedo ir escuchando mi música, y un solo acorde me emociona para ir una pizca más rápido, o ir medio cantando – o medio bailando -.

Corro porque me siento completa al terminar de correr: quedo con un poco de sal en la frente, mi corazón bombea fuerte la sangre y saco cuentas de que a veces, para hacer ese mismo recorrido, he tomado un bus o un taxi, pero ya puedo hacerlo con mis pies.

Corro porque sin ser rápida, pero puedo cruzar la misma meta que Gabriela Traña… (horas después).

Corro porque ahora me encanta La Sabana.

Porque para correr puedo comer la pasta que adoro,  y porque aprendí a saborear algo que antes me pasaba desapercibido: el agua.

Corro porque esas medallas de colores en la pared de mi casa me dicen que aunque haya cosas que al inicio parecen difíciles, si uno se arma de valor, las logra vencer. Y aplica a la vida. Me siento tan valiente cuando las veo.

Corro porque ahora me siento muy yo en tennis y en shorts. La de los zapatos y vestido también soy yo, pero rápido me cambio y no pocas veces me pego una carrerita en tacones.

Corro porque sé que mejoré bastante desde que comencé, pero lo acepto: tengo curiosidad de saber hasta dónde puedo llegar. Quisiera soñar con correr como Luz, como Gioco o como Annete,… por ahora, las persigo de lejos. Me retan a no rendirme.

Correr me trajo a la vida orden, salud, y una sensación de bienestar enorme. Me volví una muchacha más feliz, tengo mis rutinas y disfruto más los amaneceres. Las cosas pequeñas, los logros ajenos. Todo.

602342_10151484427332643_1513419495_nY corro porque me gusta, punto. Porque puedo. Y mientras pueda lo quiero hacer, hasta donde me rinda la cuerda.

He corrido en los lugares más hermosos de Costa Rica: Orosi, Tamarindo, Rancho Redondo, San Rafael de Heredia; y también en otros que quedan muy lejos, pero también me fascinaron: New York, Roma y San Diego.

He visto gente que no corría comenzar a probar pasito a pasito esta pasión… y volverse fiebres. Turneros.

He corrido con mis amigos, ellos me han arrastrado a la meta, me han visto llorar y celebrar que pude, ¡que pudimos! Nos hemos abrazado cuando nadie nos abrazaría, ¡sudados y en fachas!

Por eso corro y ya quiero que sea mañana para ir a entrenar.

“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

Cuando dos pasiones coinciden


maratonaAl inicio pensé que era mala suerte y tuve un déjà vu muy doloroso, con aroma a noviembre… pero luego comprendí que no era lo mismo.

El lunes antepasado terminamos de entrenar y entrando al gimnasio, escuché en las noticias que Benedicto XVI dejaba la silla del Papa. Me quedé fría. “¿Un Papa puede renunciar?” – más tarde leí todo lo que pude al respecto y entendí. – Pero luego de escuchar la noticia, y sacar cuentas de que ya para Semana Santa tendría que haber un nuevo pontífice, como decimos en Costa Rica, “me cayó el cuatro“.

“Va a coincidir la elección del Papa con el viaje.” Peor aún, dos días después anuncian que el cónclave sería del 15 al 18 de marzo.

Y la Maratón… el 17.

El fantasma de Sandy me sacudió. “No puedo ser tan salada”. Me imaginé los titulares y todo. Maratón cancelada, pospuesta,… otra vez.

Agarré el teléfono y sin pensar mucho llamé hasta la oficina de prensa de la Maratón. Calculé que en Roma estaban trabajando en la tarde, y amablemente un simpático Federico me aclaró mis dudas. Hablantín, como buen italiano, me dijo básicamente lo siguente:

“Ni se preocupe; ¡aquí no se ha muerto nadie! La maratón tiene que hacerse el 17, y en el caso de que coincida con el Cónclave, pues entonces cambiamos la ruta y no pasan por el Vaticano, pero tranquila. La maratón va.”

Me lo dijo con una seguridad que dejó, digamos que tranquila a la yo-corredora. Luego la yo-periodista se preguntó qué pasaría en mi cabeza si sé que voy corriendo y sale humo blanco de la Capilla Sixtina… ¿podría correr tranquila sabiendo que me estoy perdiendo cubrir semejante noticia?

Ugh. No podría escoger.

Por un lado, no dejaría de ir a correr la maratón para la que me preparé, solamente por una cobertura periodística. Pero al mismo tiempo, ¿qué periodista no quiere estar ahí justo cuando eligen a un nuevo Papa, en el momento tan importante de transición que vive la Iglesia y el mundo?

Me dio cólera que coincidieran ambas cosas, pero luego entendí que soy muy afortunada y que de alguna manera esto no puede ser casual. Tengo que ir, ahora con mucha más razón.

Ya el Papa ha firmado hoy el Motu Proprio, decreto que determina que los cardenales ya no deben esperar 15 días después del 28 de febrero para elegir al nuevo Pontífice, y puede adelantarse el cónclave. Pero la fecha exacta se desconoce.

Ahora, nada de esto tiene que ver con lo deportivo, pero por eso mismo el título de este post… son mis dos pasiones, y no entiendo por qué me toca vivirlas así al mismo tiempo, cada una en su intensa dimensión, porque no hay nada más grande para el que corre que una maratón, ni nada más grade para un periodista que una noticia que sucede ahí, ante sus ojos, para poderla relatar.

Pero bueno, las piernas no saben de cónclaves y a mi entrenador ni San Pedro le quita la disciplina, así que este fin de semana corrimos el fondo madre: un recorrido que me resultó familiar, duro, pero muy lleno de satisfacciones.

Salimos de Sabana más o menos a las 4:30 am, con ruta hacia Heredia y luego hacia Alajuela. Eso en bus es facilísimo, pero hacerlo corriendo significa 30 kms. Y no puedo explicar lo fuerte que es esa subida a Heredia – prácticamente un ascenso continuo desde Los Lagos hasta la UNA -; ya de ahí cruzar Heredia hasta el Aeropuerto es una sabrosera porque vamos bajando,… pero quedan los últimos 5 kms con dos tandas de cuestas especiales: la del INVU las Cañas, y la que va hacia el Cementerio.

A pesar de las cuestas, lo logré y sinceramente me sentí mejor después de estos 30 kms que de los 30 en Tamarindo. Obvias razones, Tamarindo es caliente y muy pesado, pero aquí sentí que me puse a prueba mentalmente porque de verdad que la primera parte hasta subir a la UNA no la disfruté mucho. Me mentalicé en salir de los kilómetros incómodos para disfrutar la bajadita hacia Alajuela.

Además terminé entera, sin ese agotamiento extremo que me suele quedar después de 30 kms; y ayer domingo salí a rodar otros 10 kms al suave, para aflojar. Ahora masajes, bajar cargas, y alistar maletas.

No sé en qué orden sucederán las cosas, cuántos días tardemos en ver humo blanco salir de la Capilla Sixtina, o quién será el nuevo Papa, pero sí sé que vienen días intensos de trabajo, emociones, y mi segunda maratón. Adjunto el mapa del fondo madre, y la altimetría.

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“En una relación con: correr”


¡Aquí con Memo & Liris,... ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

¡Aquí con Memo & Liris,… ! Y reguapos se ven corriendo juntos.

Conozco parejas lindísimas que corren juntos – Liris y Memo, Sigrid y José, Annette y Pedro, Norma y Olger… ¡uh! montones -. A veces pueden ir al mismo pace y llegar juntos a la meta, a veces no, pero uno espera al otro y siempre hay una mirada cómplice que los delata: el amor es su “doping“.

Bueno, últimamente conversando con mi mamá y mi hermana hablábamos de que si a mí me gustaría andar con alguien que corra, y yo dije que sí. O que al menos haga algún deporte. Ellas creen que eso es ser un poco extremista pero la verdad, viendo los buenísimos ejemplos que tengo cerca, me parece coherente. Y dado que mi vida ahora tiene tanto de correr, y hablo de correr, y sueño, pienso, como y escribo de correr… con más razón.

A las personas que nos comprometemos con metas como una maratón, a veces nos ven como exagerados o raros; entonces los amigos, los compañeros o la familia creen que nos “privamos” de lo “básico”. Pongo ejemplos.

– Hey, jale al cine.

– Aaah …pero es que tan tarde no me sirve, porque mañana entrenamos.

– ¡Ay qué insoportable, por un día que no entrene no se va a morir!

(Cierto, nadie se muere, pero uno tiene en la cabeza la fecha de la maratón, y quiere hacer la tarea bien hecha. Son 42 kms y 195 mts y quiero correrlos de la mejor manera… lo siento. Cuando me duelan las piernas ud no va a correr por mí. Necesito horas de sueño.)

– ¿Por qué no vamos a tomarnos algo?

– Ah tuanis, pero… yo me voy a las 9 porque mañana me toca estar temprano en la Sabana.

– Ufff qué aburrido con usted, a nada se le puede invitar.

(Ah pura vida. Y si yo le invito a ud. correr a la Sabana, ud me dice que no, y yo pienso que ud. es aburrido. ¡Estamos tablas!)

Bueno, y esta me dio mucha ternura: me fui a correr por Heredia, saliendo de donde mi mamá, y al regreso ella me estaba esperando con mucho amor y un plato de “Chop Suey” que compró sabrá Dios dónde. Oh mami. Tan divina:

– Ma… gracias, qué rico,  pero vieras que eso no me lo puedo comer.

– ¡Ayyy pero por qué, si tiene verduritas…!

– Ma, es que eso tiene mucha grasa y ahora lo que necesito es proteína.

– ¿Y si le hago macarroncitos?

A veces veo esta rutina y me doy cuenta de que probablemente solo resulte bonita para el que la vive, pero pretender que alguien la comparta y hasta la disfrute sin que corra, no debe ser sencillo. Tengo la teoría de que solo el que corre entiende al que corre. Imagínese lo que es escuchar una alarma a las 4 am todos los días. Estar oyendo hablar de carreras todos los fines de semana; ver chuicas de correr por todo lado – limpios y sucios – en fila para la lavadora y saliendo de la secadora. Habituarse a que los viernes no son de moda, son de pastas y acostarse temprano porque el gran vacilón del sábado es hacer un fondo a las 4 am. A mí me suena genial, pero luego me pongo en los zapatos de quienes no corren y suena a “qué cansado” y “qué aburrido”. No puedo culparlos.

(Igual como a mí me suena super aburrido pasar un domingo viendo un partido de futbol, si puedo salir a correr por ahí 90 minutos sin tarjeta roja, sin barras que pelean ni torneos de verano o invierno. Pero viva Heredia.)

Este miércoles me di cuenta de que estoy a 2 meses de mi segunda maratón, en Roma, y  es un compromiso mío, conmigo. Punto. Solo me importa a mí y sola lo asumí. Cuando suena el reloj, cuando hace frío en la mañana, cuando tengo perecilla – no mucha – de venir al gimnasio, recuerdo que es algo que hago porque es importante para mí, y porque tengo una enorme ilusión de correr en Roma, de pasar por 42 kms de su historia y volver a cruzar una meta para llamarme maratonista otra vez. Me importa. Mucho.

En el proceso se pasan lesiones, ampollas, uñas moradas, dolor de piernas, cansancio, pero uno está perdidamente enamorado de esa meta y entonces todo eso pasa a segundo plano, porque la satisfacción final se sabe que será intensa y todas esas rutinas de acostarse temprano y levantarse cuando es de noche, cobran mucho sentido.

Enamorarse de una meta… Bueno, por eso el estatus de facebook de más de uno debería decir “en una relación con: correr”. No porque sustituya el amor de una pareja, pero sí porque como toda relación requiere amor, entusiasmo, locura, pasión, alegría, ganas,… si no, se destiñe como un par de tennis viejos.

Mi facebook, al menos por los dos meses que vienen, dice “en una relación con: Maratona di Roma“, porque sí, porque siento todo eso por ese evento y porque gran parte de mis fuerzas y mi tiempo serán para eso. Aunque no salga de noche, me pierda una ida al cine, o caiga mal por no comerme unas papitas. ¿Vieja incómoda? No: maratonista en proceso. 

Y qué importa si uno sabe que no va a ganar la carrera. Si sabe que es de los que llegan de último. Qué importa. ¡Uno igual se lo toma en serio, como los que son buenos! Nadie tiene que salirte con una grosería como “ni que fueras a romper un récord” – no me lo han dicho pero sí se lo he escuchado a algunas personas “cercanas” al corredor. – Pura vida.

Así que no es un novio, no es un marido, no es su esposa, no es su amante, pero reconozca como corredor que este deporte es parte de su vida, y le robó el corazón. Acuérdese de esa sensación de felicidad tan parecida a un buen besote, cuando termina una carrera feliz, mejora sus tiempos o termina de subir una cuesta. Es plenitud. ¡Es… delicioso!

La próxima vez que escuche a un corredor decir “no puedo, es que mañana me levanto temprano” o “huy me encantaría pero estoy entrenando”, no le juzgue: está enamorado. Y viera que es un amor bonito: correr le devuelve a uno exactamente – ni más ni menos – lo que uno le da. Déle tiempo, ganas, esfuerzo, y le va a devolver resultados, alegría, satisfacción, vida, salud.

Por eso me encanta el brillo de los ojos de Liris y Memo. – Perdón por usarlos de ejemplo, pero son mi pareja favorita– .

Me los imagino alistándose juntos para sus maratones, hablando de los recorridos de las carreras, haciendo números de cómo ir al mismo pace… sé que a veces ella le gana a él – ¡sorry Memo! – pero él sabe que ella está pendiente de que él se sienta super y al final se esperan uno al otro y comparten ese agotamiento de acabar un fondo, el placer de sentarse a comer un desayunote luego de entrenar.

Y ambos saben que el otro “tiene una relación con… correr”… ¡pero no son celosos!

La biblioteca del corredor, parte 3… o ya perdí la cuenta


Uno comienza en este deporte y pasa viendo shorts, medias, tenis, de todo para correr… y en el caso de la lectura, se sigue antojando de más y más libros relacionados con el tema. Yo, cuando me encuentro algo especial, siempre procuro contarles para que vayan haciendo una colección bonita. Además, siento que cada persona tiene una relación tan íntima con correr, que sería digna de un libro. ¡Todos tenemos algo qué contar! A todos nos ha cambiado de alguna manera.

Esta semana quise mostrarles dos libros que me entretienen mucho y que me parecen dignos de estar en su mesita de noche, a la par del Polar y el despertador. Insisto, un buen libro sobre “correr” te inspira unas ganas insoportables de salir espantado a ponerte los tenis. Estos lo logran.

“14 Minutos” Alberto Salazar.

“14 Minutes” Alberto Salazar 

Tal vez al igual que yo, ustedes solamente conocían a Salazar como el excepcional maratonista que ganó el primer lugar en NY  en el 80, el 81 y el 82, así como Boston en el 82 también.

Pero resulta que Salazar fue declarado clínicamente muerto en 2007, luego de un ataque al corazón. Fueron 14 minutos muerto, así de simple. Pero regresó para contarlo.

En este libro uno conoce el entorno familiar de Alberto Salazar,  su lado cubano, sus episodios depresivos y por supuesto, cómo un tipo con su nivel y su rendimiento llega a tener un padecimiento cardiaco. Los temas cardiovasculares son importantísimos para los corredores, y la verdad nos informamos poco, hasta que sucede algo inesperado.

Me ha gustado mucho este libro; en algunas partes lo siento un poquito arrogante, pero bueno, él es Alberto Salazar, es un referente en el atletismo y orgullosamente latino, destacado en Estados Unidos como un corredor excepcional. Además, como él mismo dice, siempre le ha gustado romper récords, y el suyo, de 14 minutos muerto, ha sido uno más. Espero que le sirva a los que se han llevado algún sustillo con temas de salud, porque nadie está exento de vivirlo. Recomendado.

“Running is Flying”. Paul E. Richardson.

 “Running is Flying” de Paul E. Richardson

Uno, si no se toma las cosas con humor, está mal. Eso incluye el deporte. A veces uno tiene ganas de llorar, cuando está entrenando, pero mejor se ríe, hace un chiste y sigue. Por eso me gustó Running is Flying. 

Es el tipo de librito con anécdotas y frases sobre correr que te hace acordarte de cosas, carreras, dolores, chascos o rutinas que viviste corriendo. Son 60 aforismos, meditaciones, como les querás decir, sobre la vida y correr, la vida de los que corren, correr toda una vida… y las ilustraciones del artista Paul Cox, que complementan cada pensamiento.

Estos libros son de lectura rápida y se quedan con uno; son lectura ligera que te recuerda que correr es una metáfora de la vida. Algunas de las frases más vacilonas que encontré – hay muchas, muchas más – son:

“Always thank race volunteers. They could do anything they want to the Gatorade.”

“You can never make up on the downhill what you lose on the climb. But you can always make up a good story on the uphill for why you aren´t  trying harder”

Y mi preferida: “If you want to clear you head, run alone. If you want to be stronger, run in a pack”.

Ambos los podés conseguir en Amazon; o bajarlos en el Kindle.

La explicación del título de este libro es hermosa: si calculás la cantidad de segundos que tenés los pies en la tierra al correr, te das cuenta de que pasás mucho tiempo “en el aire”, y poco tocando tierra. Sí, correr es como volar… seguramente.

Ah. Y esta semana me llegó una notificación de Twitter que me hizo levantar las cejas… “@authorjimlynch is following you”. Se trata de Jim Lynch, corredor y autor de un libro que desde ya hago fila para conseguir: “One foot in front of the other”. Jim ha corrido 87 maratones – sí, 87, no fue un dedazo – y espero poder conversar con él para que me cuente de su libro y sus maratones. ¡Por eso me gusta twitter! Podés conocerlo y saber más de este libro que ya casi estará disponible en este link.

 “If you want to clear you head, run alone. If you want to be stronger, run in a pack”.

Vencerse a sí mismo, ¡cuesta!


¡Ya en casa, con la medalla más chiva que me han dado para una media!

Que te duelen las piernas, que la cuesta está fuerte, que ya no das para más; la cabeza te traiciona hasta que la “reseteás” … y llegás a la meta.

Me siento feliz de decir que logré mejorar mi tiempo respecto al año pasado, al menos en seis minutos. “Huy sí, seis minutos, qué gran cosa“. Sí, vieran que sí. Me costó, me dolió, luché contra mi cansancio y aunque iba a tomarlo como un fondo, el ambiente de competencia es lo que lo anima a uno a terminar con fuerza.

Creo que salí ligeramente más rápido de lo planeado: esto me pasó la factura después de los 10 kms. Pero con todo y todo me mantuve, no paré, no caminé:  el desafío mental fue en la subida de la calle ancha de Pavas.

Reconozco que antes de subirla, estas muchachas fuertes y guapas de la foto de abajo fueron mi motor, y me ayudaron a mantenerme en pace: mis ChiRunners: Diana Soto, María Fernanda Arce y Priscilla Saavedra a un paso firme y fuerte, me ayudaron a calmar la ansiedad de la carrera.

¡Sólidas ellas! Diana, Mariafer Priscilla y yo, bajando el bulevar.

Pero vendría lo peor.

Si ha corrido esa calle de oeste a este, lo sabe: es interminable. Tiene falsos planos y ascensos duros. Subí a pura cabeza y braceo, porque estaba cansada. Mentalmente me estaba dejando ganar, iba preocupada por “quiénes iban adelante” hasta que comencé ese diálogo interno de “ubicatex” de mi parte positiva contra mi parte imbécil: hace rato no las escuchaba a las dos en este pleito.

Nela 1:- (en la subida de Pavas) “Aquí es donde comienza la carrera, este es el esfuerzo…”

Nela 2: -“Sí, y ya vas fundida… seguro vas a durar más que el año pasad…”

Nela 1: – ” ¡Ay qué necia, cállese y corra!”

Nela 2:-  “Juepuchis, vea… le pasaron ellos,… y  le falta todo eso…”

Nela 1: -“Ya los vi, ya sé…, ya casi llegamos… falta menos”

Nela 2: -“Sí, menos y la cuesta de los Anonos, para que se termine de fundir”

Nela 1: -“¡QUE TE CALLÉS Y CORRÁS, CARAJO!”

Por eso pido disculpas a los que me oyeron decir palabrotas al terminar la calle ancha de Pavas, pero vieran que subir ese trayecto es muy duro. Luego, bajadita hacia el puente y mi cuesta preferida, Los Anonos: es corta pero empinada, subí de lado, mucho braceo, y cuando terminé la cuesta y vi a Alvarito, mi entrenador, Nela 2 me dijo “sólo eso le faltaba, ahora la va a jalar hasta la meta, te jodiste“, pero Álvaro me dijo “bien Nela, vaya suave, cuidado con los carros“.

Catalina Soto lee el blog y ayer andaba feliz por su primera Media Maratón. ¡Qué campeona!

Vi el reloj, algo que hace rato no quería ver, para calcular si iba a mejorar mi tiempo: “2.07” y otra vez pegué un grito, porque supe que iba mejor que el año pasado: arranqué feliz y decidida a cerrar con todo. ¡Lo voy a hacer, ves, lo voy a hacer! me dije a mí misma, y cuando tanta gente te aplaude a 500 metros de la meta, no queda más que sonreír. Me dije muchas veces “Corriste de Curridabat hasta Escazú, ¿lo entendés?” y entré encantada de mi tiempo a la meta.

Mejorar seis minutos vale un mundo y me siento feliz. Parece poco pero significa mucho. Mejorar no es milagroso, refleja determinación y fuerza. Me gané a mí misma, a la subida de Pavas, a los Anonos, y al miedo de no hacer buen tiempo. Buen tiempo es llegar, punto. Y al llegar, toparme con semejante medalla fue una sorpresa enorme… chivísima!

De nuevo, el grave problema: corrimos con los carros encima en varias partes de la ruta. Señores conductores, apaguen el carro mientras esperan, su tanque de gasolina y los pulmones de todos se lo agradecerán. Señor oficial de tránsito que prefirió a los carros que a los corredores: sépalo, la carrera se acaba cuando pasa el último, no cuando usted se aburre de darnos campo. Adjunto el video de Erika Gómez, donde claramente se ve que nos tocó a nosotros jugárnosla solos, porque ese oficial, ubicado en Periféricos, asegura que “ya se abrió el paso”, cuando evidentemente seguían entrando corredores.

Lo idóneo sería que los medios de prensa divulguen el evento antes, de manera que a nadie tome por sorpresa un cierre de calles. Vamos, cerrar 21 kms en San José es digno de anunciar, ¿o no? Una ciudad tan pequeña se vuelve caos, inevitablemente, pero si la gente está avisada, es menos el desorden.

Ahora con los pies sobre una almohada y una sonrisa de oreja a oreja, me pregunto si podré mejorar este tiempo de 2.14 el 8 de julio, en la media maratón Correcaminos. ¡Yo digo que sí! Me motivó mucho ver gente feliz de correr su primera Media, como Catalina Soto, Priscilla Saavedra, en fin…  juntos le dimos un vueltón a las manzanas de Chepe. ¡Bravo!

Rezar corriendo


… que no es lo mismo que rezar en carrera… no. De hecho, no lo llamaría rezar. Tal vez sea mejor “meditar” o conectarse con lo espiritual, Dios, como lo quiera uno llamar.
Creo que muchos deportistas estarán de acuerdo conmigo si digo que correr no es solo correr. Que nadar no es solo nadar. Hay instantes del entrenamiento que tienen algo de sublime, algo más que humano… No conozco alguien que haga deporte y no caiga en cuenta de que aparte del cuerpo, ejercita el alma y el espíritu.

Transcribo este fragmento del libro Marathon woman, de Kathrine Switzer, acerca de cómo ella lograba una comunión armoniosa con Dios al correr:

“When I ran, I felt like I was touching God, or God was touching me, every day. So the idea of only finding God one day a week inside a building seemed absurd, when for miles around in open country and wild landscapes I felt God everywhere.

“Cuando corría, sentía que tocaba a Dios, o Dios me tocaba a mí, todos los días. De ahí que la idea de encontrar a Dios sólo un día a la semana dentro de un edificio parecía absurda; mientras que a lo largo de millas, en el campo abierto y paisajes salvajes, sentía a Dios por todas partes”.

Lo subrayé y la entendí. Si algo me hace sentir feliz y agradecida con Dios es eso… poder correr. Estar en movimiento, desplazarme, avanzar, subir la cuesta, llegar a la meta. Terminar un entrenamiento cuando apenas amanece. ¿Quién dice que eso no es una oración, una acción de gracias?

Yo siento a Dios tan presente en la línea de salida, en mi cansancio, en la brisa fresca cuando vas abrumado por el calor; en el pum-pum-pum de tu corazón y en esa alegría que liberás con cada paso. En ese estado de felicidad, hay una oración.

Quise entrevistar a mi amigo George Grant, cuya camiseta lo dice todo: él también ora cuando corre. Y nos cuenta por qué.

1. ¿Cuándo comenzaste este concepto de “Running with Jesus“?

Cuando me hice cristiano, uno de los pasajes bíblicos que leí antes de mi primera maratón fue Isaías 40:31: “Pero los que confían en el Señor siempre tendrán nuevas fuerzas. Podrán volar como las águilas, podrán caminar sin cansarse y correr sin fatigarse.”

Hasta lo llevé apuntado en un papelito en el más bolsillo de la pantaloneta,- y quedó ilegible luego de la carrera-. Lo vi como una excelente manera de llevar un mensaje positivo a donde quiera que fuera. De hecho, esa camiseta con que corrí la maratón se la obsequié a una muchacha que me dijo que le gustaba mi camiseta. Así ha sido en varios países.

2. ¿Qué te dice la gente cuando te ven correr con esa camisa?

Son muy positivos. La gente me anima y expresan mucho su apoyo. Otros corredores siempre preguntan dónde las pueden adquirir. Es muy motivante saber que les llega el mensaje de alguna u otra manera. Solo como en 2 ocasiones he recibido malas caras, pero entiendo que no soy yo lo que les molesta sino el gran nombre de Jesús en mi pecho.

3. ¿Qué tiene que ver, según vos, correr con orar o alabar a Dios?

La oración es algo muy personal, es una conversación íntima con Dios. Correr es algo íntimo, con uno mismo. Tenés tiempo para pensar, analizar y tomar decisiones. En todo ese tiempo, en el esfuerzo, en dar un paso más… es cuando se siente la conexión con Dios.

4. ¿Qué momentos de correr te has sentido “en oración” o en un trance especial?

No digo que todas las salidas son experiencias religiosas pero el solo hecho de poder darle gracias a Dios al inicio, en medio y al final de cada carrera, te lleva a ver la vida con otro sentido. Te das cuenta que solo con Dios en posible.

5. ¿Cómo es correr “con Jesús“? ¿Qué imaginás que piensa Él de los locos que corremos?

Yo creo que Él también hubiese corrido. En la Biblia hay muchos pasajes donde se compara la vida con una carrera, con el deporte, con la preparación de un atleta. El problema es saber si EL recibiría “extra” ayuda divina.

George  Grant Ebanks ha corrido maratón en Sidney, París, New York, y  también hizo 56 kms en Capetown, Sudáfrica. En Costa Rica ha corrido 3 Maratones Internacionales, así como la de Tamarindo. Hizo media maratón en Río, Ciudad de Guatemala, Bogotá y Miami; así como urbanathlones en Chicago y New York.

¡De vuelta! ¡Ahhh….. qué delicia!


Hoy fue una de esas mañanas en las que las cobijas están particularmente sabrosas, pero a pesar de eso, volví a mi rutina: suena el despertador, abro los ojos, y comienzo a alistarme para ir a correr. Desayunito breve, y salir hacia la Sabana.

Volver a sentir el frío de la madrugada, estirar con el grupo y comenzar a correr… me dije a mí misma que no me iba a poner miedosa pensando en que algo me iba a molestar. No no y no. Y así fue. 30 minutos de correr suave, sin presionarme ni estresarme por el pace. Hoy era para retomar y volver a sentirme bien. Reconozco que me cansé un poquito, pero la instrucción del entrenador fue muy clara: “¡Si se cansa, bracee!” ¡Ah sí, aquí nada de chineos, nada de pobrecitos! Pero sí todo el ánimo del mundo. Y mañana vuelvo a correr.

Hoy no llevé música, pero me quedo con una sensación tan alegre y tan optimista, como la de esta canción que por cierto, va en mi playlist. ¡Gracias a Dios, volvimos a la pista y sin dolor!

Mañana vuelvo a correr


Todas las velitas que tenga en casa las voy a encender esta noche, pidiéndole a Dios que mañana nada me duela y que pueda volver a correr como antes. Las sesiones de terapia han sido buenísimas, ¡gracias Stephanie Arias! El reposo probablemente me haya sentado bien (no me había dado cuenta del sueño acumulado que tenía) y aunque suene extraño, ¡me hace mucha falta levantarme a las 3 y media para ir a entrenar! Tengo una semana de no ver a mis compañeros ni al entrenador, me siento como perdidilla.

Además ha sido una semana llena de emociones. Estar sin correr es una emoción. Es raro. Estar con hielo en las piernas también – considerando el frío que ha hecho estos días en Costa Rica, peor -. Y ya comienzan a sonar los preparativos del viaje, que las reservaciones, que hacer la maleta, que si ya tengo toda la ropa para correr o qué. Y para colmo, el ver a mis compañeros correr su maratón en Chicago, ver sus fotos, leer en facebook sus estados de ánimo, absolutamente extasiados y eufóricos al ver lo que lograron, … todo junto me aumenta la ansiedad.

Además, me he dado el chance de mirar atrás todo lo que he pasado en estos diez meses: los entrenamientos, mi vida personal… ¡que ha dado muchas vueltas! Me cambié de casa, perdí un trabajo, luego aparecieron muchos trabajos nuevos, luego el asalto (no lo conté en el blog, pero en agosto me asaltaron con pistola y todo en San Pedro), uh…. o sea, ¡otra maratón de emociones! Pero todo perfectamente alineado para este momento. Todo como una serie de estaciones para llegar a Nueva York.

En este momento veo llover por la ventana, y si supiera que correr no me va a doler, correría ya mismo, aunque me moje. Qué rico. Un día de estos de reposo, hice trampa. Me iba a subir al carro, y de repente pensé: ¿me dolerá si corro? Le dí una vueltita al carro, trotando,…cuatro pasitos, y ya. Nada me dolió. Me subí y me fui feliz.

Ahora me quedan muchas cosas por escribir: mañana entrevisto a mis compañeros, ahora maratonistas de Chicago. También tengo fotos y la historia de una pareja que el fin de semana pasado corrieron juntos su primera carrera. Y me falta algo muy especial: definir qué llevaré en la mente para cada milla. Son 42 kms, es decir, 26.2 millas, y sé que hay personas de mi vida que quiero recordar cada vez que pase una milla.  Mi abuela, que si estuviera viva no podría con tanta emoción de ver a la nieta metida en esto. Mis papás, que tampoco entienden de dónde le salió lo deportista a la menor de la casa. Mis sobrinos, que creen que yo podría ganar una carrera… mi entrenador! ¡Tanta gente!

¡Gracias a Nokia por el apoyo! Wooo! Qué fotillo consiguieron, qué bandidos.

Hoy recibí otra buena noticia. Como saben, Nokia apoya este blog porque el recorrido de la maratón quedará para la posteridad grabado en Endomondo! la aplicación que corre maravillosamente en el N8. Bueno, vean qué belleza lo que escribe hoy el este, que es el blog de Nokia, me dejaron como el dólar… bueno, ¡como el euro! Gracias por el apoyo. No quiero defraudar a nadie, ¡vamos por la GRAN MANZANA!

Yo solo quiero correr


Bueno. Quedó claro que tengo una inflamación que afortunadamente, “atajamos” a tiempo. Reposo hasta el jueves – aunque me quemo por correr – pero hoy, iniciamos con terapia física con electricidad. Delicioso. Según la fisioterapeuta, mi caso no es grave así que no tengo que temer por la maratón, sin embargo sí necesito algunas sesiones más, bastante hielo… y básicamente, descanso. Me dan permiso de nadar, para no perder condición. Hoy comienza el conteo: treinta días. En un mes estaré corriendo mi primera maratón.

Hoy vi esto que publicó en facebook mi compañero Gustavo, del grupo de correr. Y lloré. Porque yo solo quiero correr.