2011: Cambiar corriendo


Estos primeros días de entrenamiento me han servido mucho para conocerme mejor. Creo que esa es una dimensión del deporte que uno a veces no aprovecha, y es que para ser bueno o hacerlo bien, hay que disciplinarse, seguir un camino, y pasar por encima del cansancio. Las tres son características que uno debería tener ya integradas en su personalidad, y que definitivamente son útiles en todas las demás áreas de la vida.

Yo no me siento ni más ni menos especial que nadie. Creo que al igual que muchas personas, he aplazado tareas, procrastinado metas, o preferido un ratito de ocio al deber. A quién no le ha pasado que en lugar de ir al gimnasio en un día frío y lluvioso, se queda en casa viendo tele… Bueno, estoy aprendiendo con el entrenamiento que ese tipo de decisiones tienen un peso muy fuerte sobre el resultado final, y que no hay lugar para las excusas.

De ahí que me alegra tanto haber elegido la maratón para este año; más allá de lo que logre preparar mi cuerpo, espero aprender como persona a moldear mi carácter. Espero ser yo esa única persona que no se queda en casa cuando llueve, que no dice “ya no puedo más”, que no siente pereza. Y eso cuesta mucho.

Enero es el mes de las buenas intenciones. Muchas no llegan a mayo. Nos vemos atrapados en la vorágine del trabajo, los pagos, las obligaciones y el “no tengo tiempo”, pero está clarísimo que todos tenemos las mismas 24 horas disponibles. La diferencia está en cómo se administran.

Kike decía en el programa del viernes que esa es la diferencia entre una persona común y Bill Gates. O bueno, pasémoslo al deporte. La diferencia entre un verdadero atleta y nosotros los aficionados. El atleta ya logró pasar el umbral de la pereza, el dolor o la rutina del entrenamiento. Los demás, nos detenemos ahí y damos media vuelta.

Creo que por eso dicen que correr una maratón te cambia la vida, que no volvés a ser el mismo. Supongo que no se refieren nada más a esos 42 kilómetros, sino a cómo cambia uno durante la preparación.

Ya a mis 33 trasnocharme o irme de fiesta no es prioridad. Mucho menos si al día siguiente, cuando no ha salido el sol, ya hay que estar en tennis y calentando. Pero hay tantas cosas que comienzo a ver diferentes… y creo que yo me veo diferente.

Es probable que para los amigos o la familia sea difícil entender que uno le dedique tanto tiempo o energía a una cosa que parece tan “singracia” como correr – el entrecomillado es porque me han dicho que no tiene nada de especial -. Y en estos meses, habrá gente que piense que uno está loco o que se volvió raro, aburrido o antisocial. Yo lo que espero es ser mejor, que corriendo mejor y más lejos, también mejore mi carácter, mi manera de asumir tareas en la vida.

Hoy es 2 de enero, estamos a 10 meses y 4 días de la gran prueba, y humildemente someto la pereza, el dolor y la poca paciencia a este aprendizaje. Al final, como le puse al entrenador en la boleta de matrícula, lo que quiero es correr feliz esos 42 kilómetros, disfrutarlos y terminar la carrera con una gran sonrisa en medio de esa multitud. Todo lo que haga de ahora hasta ese día, vale la pena.