“¿Ese reloj está bueno?”


Dos veces en un mes me he preguntado lo mismo, y las dos veces la respuesta ha sido “sí”.

Primero viendo mi Garmin el 13 de noviembre, cuando hicimos un test de control del 10 kms en La Sabana, como parte del programa regular de entrenamiento. Llámelo esfuerzo, rabia acumulada de NY, no sé, ni yo entiendo cómo sucedió, pero ese día por fin logré hacer menos de una hora en 10 kms. Dos años entrenando… y hasta ese día pude. Pasé feliz toda la semana, repitiéndome mi tiempo: 57.31 , y pensando cómo podría hacer 55 para el test que sigue.

La segunda vez fue hoy, en una carrera que no conocía, y que de haber sabido lo dura y desafiante que era… no sé si me hubiera animado a hacerla, pero la recomiendo para todo mundo. ¡Es genial!

Hoy tuve el honor de correr la primera edición de la Media Maratón de Alajuela, organizada por la maratonista olímpica Gabriela Traña, o bueno, Gaby nada más, porque a ella su gente en Alajuela la quiere, la abraza y la llama así, y hoy unos mil corredores nos animamos a correr una ruta que ella y sus patrocinadores eligieron para 10 y 21 kms.

Por el tema de NY y la fiebre no gastada, me apunté en 21 kms. Fue emocionante volver a estar en la línea de salida, darle start al reloj y soñar con que podría, tal vez, hacer algo bueno o mejor, como pude hacer con los 10 kms.

Literalmente el plan “bajo la manga”. Pero Alajuela me sorprendió.

Mi mejor tiempo en 21 kms hasta ahora había sido en San Juan (2.11). Hoy, por haber quedado con la emoción de los 10k, llevaba 2 planes de carrera que me pegué en el brazo, pero apenas salimos me di cuenta que eso no me iba a servir: primero, porque arranqué muy rápido (ay pero qué necia, por Dios), segundo porque los primeros 3 kms por lo menos eran muy fuertes, eran cuestas y ahí sentí el cansancio acumulado de tanta corredera reciente, y tercero porque a los 9 kms ya iba sin piernas. Me dolían. El recuerdo de Correcaminos me atormentó, pero comenzaron varios descensos y me corregí la actitud, diciéndome “¿Ud. no es que quería correr, no es que estaba con muchas ganas de hacer esto?… ¡Hágalo contenta, necia! Deje de ver el reloj, corra feliz”.

Sabía que podía mantener un pace bastante constante así que de veras, me olvidé de estar viendo el Garmin y me dediqué a disfrutar. Y es raro decir disfrutar porque no conozco Alajuela, si ud. me pregunta por dónde pasamos, no tengo idea. ¡Yo seguí a todo mundo, sólo eso sé!

Faltando unos 2 kms vi otra cuesta y cuando iba a renegar de la subida escuché “¡vamos, Nelita!”, ..era Gabriela Traña… ¡Se imaginan! Que esa muchacha estuviera ahí apoyándonos a todos, ella que es la cara femenina del atletismo costarricense a nivel olímpico,… ella, que corrió la maratón de Londres bajo la lluvia… No diay, yo no renegué más y me “espanté” sospechando que al rato no estaba tan lejos de la meta.

Cuando entré al Polideportivo donde terminaba la carrera iba absolutamente feliz. Porque sí. Hace rato no terminaba una carrera tan satisfecha, y Gabriela tuvo la bonita idea de que terminara en la pista. En medio de un ventolero delicioso, entré a la pista y apreté el paso para cerrar hot wheels.

Entonces, a los cien metros del final me asusté porque vi el cronómetro en la meta y dije “No…no puede ser, eso está malo”. 2.05. No no. ¿Con estas cuestas? Y apenas entré gritando a la meta, fue lo que dije: “¿Ese reloj está bueno?” “Sí muchacha, ese es el tiempo”.

¡Sí, tontilla, el reloj está bueno! dijo Marcella Román. :) jajajaja

¡Acababa de correr mi mejor media maratón de la vida! Qué pena con los jueces que me oyeron gritar como una mona chiflada, pero estaba tan feliz… ¡en una ruta desafiante, cero fácil, cero lástima por mí misma…! Y apenas vi a mi amiga Marcella, la abracé y le volví a preguntar si el reloj estaba bueno.

La foto lo dice todo: ¡el reloj no miente!

Creo que luego de la “maratón que no sucedió”, las lecciones han sido muy lindas: no rendirse, no dejar de exigirse más, no pensar en si una carrera es difícil o fácil, sólo hacerla… Y dejarse sorprender. Me sorprendí el 13 de noviembre, sin imaginarlo me gané a mí misma en 10 kms. Me sorprendí hoy, porque aunque llevaba un plan y las cuestas lo descartaron, hice un tiempo que me enorgullece. Y como dijo Luis Diego Mena: “6 min menos es un gran logro. Le sacaste casi 1 km a la Nela de antes.”. 

Uno siempre debe ser la mejor versión de sí mismo, así que adiós a la Nela de antes. Esta corre mejor, poco a poco lo está logrando sin perder la sonrisa. Nunca, nunca hay que quejarse a media carrera de que duele algo… ¡no ves que estás haciendo lo que más te gusta en la vida, así que ánimo! Es una bendición que no puede dejar de celebrarse, sea cual sea la velocidad.

Me siento orgullosa de mí. No sé explicarlo. Nadie lo hizo por mí, nadie me obliga, soy yo contra mí y pude, puedo. Voy a hacerlo mejor. Gracias Alvarito, sembraste la semilla y por fin, por fin está germinando (cómo ha costado).

“Aquél que obtiene una victoria sobre otro es fuerte, pero quien obtiene una victoria sobre sí mismo es poderoso.”
Lao Tse.

Con Gabriela Traña, Maratonista Olímpica Londres 2012. ¡Qué honor!

 

¿Y a usted, cómo le fue en los Juegos Olímpicos?


¿Qué ganó usted?

¿Y qué gané yo?

Los vimos, criticamos, nos emocionamos, lloramos, nos desilusionamos, nos asombramos… ¿y qué?  ¿Creemos que los Juegos Olímpicos fueron solamente un evento “en la tele” para ver a los más extraordinarios atletas del mundo?

Qué va.

Ojalá muchos padres de familia, entrenadores y maestros hayan aprovechado estos días para motivar a sus hijos y pupilos a poner atención no solo a los detalles deportivos, sino a las lecciones de coraje y solidaridad que dejan estas competencias. Así, todos salimos ganando.

Si pensamos que esta fue “la única” vez que Leo Chacón se cae o que Nery termina una carrera enojado consigo mismo, estamos muy equivocados. ¡Tal vez haya sido la única en la que el público que los vio caer, era de millones de personas! Pero Andrey, César, Gabriela, todos ellos están acostumbrados a esos mal llamados “fracasos”. Se han caído o lesionado en el peor momento. Todos saben lo que es un calambre, un aguacero en plena competencia, un cólico, una caída, …solo que nadie los estaba viendo ni para levantarlos, ni para criticarlos.

Aquí los novatos somos nosotros, que cada 4 años nos ponemos a opinar sobre un desempeño que, aceptémoslo, no podemos desacreditar con argumentos técnicos porque no somos expertos. ¿O acaso nos sabemos de memoria los tiempos de Nery en 400 mts, como nos sabemos la tabla de goleadores del campeonato local? ¿Sabemos cuántos kilómetros a la semana corre Gabriela y los tiempos récord de sus rivales? ¿Conocemos cómo se desglosa el presupuesto del Comité Olímpico Nacional? ¿Cómo dividió Sharolyn su tiempo entre entrenar, trabajar  y ver por su hija? (sí, Sharolyn es mamá).

Lo que pasa es que estas competencias hacen soñar a cualquiera. Resumen la gloria, el esfuerzo y el trabajo de humanos en busca de ser los mejores. Sentarse a ver natación, gimnasia… lo que sea, lo deja a uno boquiabierto y a ellos, a nuestra delegación, también. Todos ellos iban con la mejor intención de mejorar sus marcas, y por qué no, tal vez no lo dijeron pero pensaron “jalarse una torta” y sorprendernos. No sé si pensaron en medallas, pero nunca prometieron nada. Fuimos nosotros los que sin saber los pormenores de su entrenamiento, estábamos sentados esperando escuchar el Himno Nacional. Y no sucedió, como no le sucedió a decenas de atletas de otros países. El medallero es clarísimo: no hay para todos. En cada podio solo caben tres, aunque decenas califiquen a duras penas con una marca mínima con tal de meterse en la pelea.

Si los vimos como jueces – que no somos -, fue fácil criticar y cambiar de canal. Pero si como ciudadanos o deportistas le buscamos una lección de vida, estos Juegos son una escuela: esa foto de Nery, desconcertado sobre la pista mirando la tabla de clasificación, nos tiene que dejar una lección. ¡A él y a su entrenador se las dejó! A nosotros no nos puede servir solo de excusa para inventarnos justificaciones que nos parezcan buenas. Y esa foto de Nery es tan importante como aquella en la que sale convertido en un titán, con los brazos extendidos, ganando el campeonato bajo techo. Una no es “mejor” que la otra.

Los hematomas de Leo también son un mensaje, no para él, para los demás. ¡Créame, él va a caerse de nuevo, sus músculos se desinflamarán, y seguirá! ¿No cree que nosotros podemos, en lugar de sacar el serrucho con la velocidad de Bolt, tomar un momento y absorber parte de ese aprendizaje de nuestros atletas?

Y comienzo conmigo: lo digo con mucha pena, nunca he ido al estadio a ver competencias de atletismo. ¡Pero me paso quejando del escaso apoyo para este deporte! Qué vergüenza: es que uno tiene que ser honesto, ¡no se vale pedir cuentas de lo que no estamos dando! Por Dios… Sharolyn entrenó para correr vallas… sin vallas.

Sé que cada uno tiene una opinión respecto a lo sucedido con cada uno de nuestros representantes. Pero a veces me pregunto por qué tenemos que argumentar lo deportivo en términos de dinero (“lástima, con lo que se invirtió en ellos” dijo un colega en la televisión); o bien con suposiciones (“es que no le ponen ganas”) y hasta acusaciones absurdas de “andaban paseando”. ¡Dígame para cuál paseo una persona entrena de madrugada, sin equipo, sin patrocinios, sin aplausos, sin salario, durante 4 años, a ver si hace la marca para el paseo!

Ninguno de ellos necesita compasión, lástima ni excusas. No les interesa ser los héroes ni los “pobrecitos”. Se lo aseguro.

Pero si hacemos de este Londres 2012 un circo romano y tiramos a los “leones” a nuestros atletas, estamos dándole un pésimo mensaje a los que vienen detrás. Imagine, si usted es otro Nery, un chiquillo en Limón “pulseando” buenos tiempos… y observa no solo lo difícil que es tener apoyo estatal y privado, sino también cómo su esfuerzo, su 100% es menospreciado por otros ciudadanos… ¿usted querría correr?

Afortunadamente todos ellos están hechos de otra madera. Repito, están acostumbrados a correr o entrenar callados, cuando nadie los ve ni les aplaude. Han llegado a casa después de entrenar, eufóricos porque mejoraron 10 segundos, o menos, y nadie se los celebra. Saben que no pueden quedarse mucho rato disfrutando una victoria porque de todas maneras, al día siguiente hay que entrenar.

Hay grandes, enormes lecciones de humanidad y disciplina que se aprenden al ver los Juegos Olímpicos.

Este abrazo del keniano Ezekiel Kemboi, campeón de los 3.000 metros con obstáculos, con el francés Mahiedine Mekhissi, en el segundo lugar, fue de las escenas más emotivas que recuerde… una muestra de hermandad en un mundo en el que la gente todavía se mira “raro” por el color de piel, la religión y la nacionalidad.

También, recuerdo una atleta que esperó a otra que venía rezagada y agotada… no quiso dejarla sola atrás, con el dolor.

¡Y qué me dice de Oscar Pistorius, corriendo feliz como siempre soñó, al lado de los mejores… no ganó su heat pero nos enseñó que sí se puede correr sin piernas! Se llevó de recuerdo el saludo y el número de uno de su rivales.

¿Y quién se fijó en el canadiense que botó a Leo, en el triatlón… y que se tuvo que retirar de la competencia?

Por eso son asombrosos, cada uno de los atletas que participan. Porque una vez cada 4 años, gracias a la televisión o a internet, o a un click oportuno, nos dejan asomarnos a lo que para ellos es una rutina: la grandeza.

Cinco meses, cuatro grandes


El jueves se inauguró la nueva tienda Runners en Desamparados, y me llevé muchas buenas sorpresas, entre ellas conocer a los maratonistas costarricenses Gabriela Traña y César Lizano, atletas admirables que están luchando por hacer su mejor marca para Olimpiadas.

A ellos, así como a Miguel Espinoza – quien ha corrido 30 maratones – y al conocido colega Luis López Rueda, les pedí referencias sobre qué puedo esperar de hoy en 5 meses, cuando corra la maratón de Nueva York. Cinco meses nada más. ¡Qué emoción!

Gracias a los cuatro por su ejemplo y sus consejos. Y gracias a Víctor López por propiciar un bonito encuentro de gente que ama correr.