“¡Saquen a esa mujer!”


¿Se imaginan si alguien dijera eso en cualquier carrera de fin de semana? ¡La cantidad de pérdidas que tendrían los organizadores! De todas las edades, en todos los tamaños, principiantes o experimentadas… las mujeres estamos llenando carreras en todo el mundo, mejorando tiempos, resistiendo y logrando nuevas marcas, a veces no tanto para registros históricos, sino para nosotras mismas.

A mí me encanta ver cómo le damos colorido a las carreras. Llegamos con colita de caballo, trenzas, gorras, en unos coquetos skorts, algunas con una manicura hecha el día anterior, otras con sus hijos a los lados de la ruta, haciéndoles barra. Concentradas en la distancia, se ven desde jovencitas de cole que apenas comienzan en el atletismo, hasta abuelas empunchadísimas, con un pace que te deja asombrado… ¡en serio!

Pero todas nosotras que hoy disfrutamos lo delicioso que es correr tenemos mucho qué agradecerle a la primera que oficialmente corrió una maratón: Kathrine Switzer. Desde jovencita fue animada por su papá a correr una milla diaria, y decidió un día que pasaría por encima de los prejuicios de la época para demostrar que una mujer sí podía correr 26.2 millas completitas. Y se anotó en la maratón de Boston en 1967, bajo sus iniciales. Así que nadie supo que K.V. Switzer era una mujer, hasta que la vieron corriendo.

Esta guapa mujer no solamente corrió la maratón, sino que se libró de que los organizadores la sacaran a empujones de la carrera. ¡Qué hace esa mujer en esta maratón! ¡Sáquenla! – literalmente lo que le dijeron fue  “Get the hell out of my race and give me those numbers.” – La velocidad de Kathrine y un buen empujón de su novio impidieron que la eliminaran y se convirtió en la primera mujer que completó la distancia que se suponía estaba vetada para nosotras.  ¡Y tenía apenas 20 años!

Luego vinieron muchas maratones, muchas carreras más: en el  74  ganó la maratón de NY con un tiempo de 3:07:29. Logró su mejor tiempo en el 75, en Boston , con  2:51:37. Kathrine además se convirtió en una excepcional periodista de deportes. Sigo leyendo su libro, “Marathon Woman”, y me maravillo de lo que logró, de cómo correr le enseñó a derribar cualquier barrera, especialmente si la barrera era la frasecita esa de “es que usted no puede porque es mujer”. El libro es hermoso, me ha atrapado y si algo me gustaría en la vida es poder conocerla y conversar con ella. Su libro hace que uno tenga ganas de cerrarlo únicamente para salir a correr de nuevo.

Hoy hay mujeres asombrosas como Gabriela Traña, Norma Rodríguez, y antes de ellas, Thelma Zúñiga, por citar algunas, que siguen demostrando que no hay razón para sentirnos poco capaces de completar largas distancias o enfrentar deportes de resistencia. Nuestros músculos son diferentes, la manera en que nuestro cuerpo gasta y acumula la energía es diferente, en fin, se sabe que las mejores marcas del mundo son alcanzadas por hombres, pero cada vez la brecha entre las marcas masculinas y las femeninas se hace más pequeña. Somos muy competitivas, pero también muy solidarias.

Cuando yo veo a mis compañeras del grupo correr, me parece tan valiente saber que al terminar el entrenamiento les toca igual que a cualquier otra ir a la casa, lidiar con el oficio, los hijos, el trabajo, las obligaciones. Pero le pellizcan minutos a la madrugada para salir a correr, y regresar más fuertes, más desafiantes, más contentas. Las admiro montones porque sé que debe ser agotador, y sin embargo pareciera que correr les da nuevas energías que los demás, definitivamente, no tenemos.

Me pareció interesante escuchar a varias personas decir que “tuviera cuidado”, porque las mujeres que corrían “se ponían muy feas, se les caía el pelo y se arrugaban” y un montón de cosas terribles: yo más bien veo que todas nos ponemos  y nos sentimos más bonitas, tonificamos el cuerpo, nos sentimos más sanas y especialmente se nos embellece la sonrisa cuando acabamos de entrenar… es una sonrisa muy parecida a la de una Miss,… ¡pero con tennis!

En el fondo que hicimos en Puntarenas, iban delante de mí dos chiquitas descalzas que se pusieron a correr a la par de Poncho, … iban tan felices y tan libres. Qué dicha que a nadie más se le ocurrió sacarnos de ningún otro deporte. Pónganos donde quiera, en una pista, en un ring, en una piscina, una cancha de baloncesto o en una barra de gimnasia: las mujeres daremos lo mejor, hasta el último segundo.

Este post se lo regalo a todas mis compañeras ChiRunners: guapas, lindas, valientes, esforzadas e inspiradoras. Y a todas las que a la edad que sea, con o sin apoyo, deciden comenzar a correr porque sí. Y punto.

Acabo de leer en la página de Kathrine que va a estar haciendo la cobertura en vivo para Televisión de la Maratón de NY. ¡Espero verla en la expo!