Vencerse a sí mismo, ¡cuesta!


¡Ya en casa, con la medalla más chiva que me han dado para una media!

Que te duelen las piernas, que la cuesta está fuerte, que ya no das para más; la cabeza te traiciona hasta que la “reseteás” … y llegás a la meta.

Me siento feliz de decir que logré mejorar mi tiempo respecto al año pasado, al menos en seis minutos. “Huy sí, seis minutos, qué gran cosa“. Sí, vieran que sí. Me costó, me dolió, luché contra mi cansancio y aunque iba a tomarlo como un fondo, el ambiente de competencia es lo que lo anima a uno a terminar con fuerza.

Creo que salí ligeramente más rápido de lo planeado: esto me pasó la factura después de los 10 kms. Pero con todo y todo me mantuve, no paré, no caminé:  el desafío mental fue en la subida de la calle ancha de Pavas.

Reconozco que antes de subirla, estas muchachas fuertes y guapas de la foto de abajo fueron mi motor, y me ayudaron a mantenerme en pace: mis ChiRunners: Diana Soto, María Fernanda Arce y Priscilla Saavedra a un paso firme y fuerte, me ayudaron a calmar la ansiedad de la carrera.

¡Sólidas ellas! Diana, Mariafer Priscilla y yo, bajando el bulevar.

Pero vendría lo peor.

Si ha corrido esa calle de oeste a este, lo sabe: es interminable. Tiene falsos planos y ascensos duros. Subí a pura cabeza y braceo, porque estaba cansada. Mentalmente me estaba dejando ganar, iba preocupada por “quiénes iban adelante” hasta que comencé ese diálogo interno de “ubicatex” de mi parte positiva contra mi parte imbécil: hace rato no las escuchaba a las dos en este pleito.

Nela 1:- (en la subida de Pavas) “Aquí es donde comienza la carrera, este es el esfuerzo…”

Nela 2: -“Sí, y ya vas fundida… seguro vas a durar más que el año pasad…”

Nela 1: – ” ¡Ay qué necia, cállese y corra!”

Nela 2:-  “Juepuchis, vea… le pasaron ellos,… y  le falta todo eso…”

Nela 1: -“Ya los vi, ya sé…, ya casi llegamos… falta menos”

Nela 2: -“Sí, menos y la cuesta de los Anonos, para que se termine de fundir”

Nela 1: -“¡QUE TE CALLÉS Y CORRÁS, CARAJO!”

Por eso pido disculpas a los que me oyeron decir palabrotas al terminar la calle ancha de Pavas, pero vieran que subir ese trayecto es muy duro. Luego, bajadita hacia el puente y mi cuesta preferida, Los Anonos: es corta pero empinada, subí de lado, mucho braceo, y cuando terminé la cuesta y vi a Alvarito, mi entrenador, Nela 2 me dijo “sólo eso le faltaba, ahora la va a jalar hasta la meta, te jodiste“, pero Álvaro me dijo “bien Nela, vaya suave, cuidado con los carros“.

Catalina Soto lee el blog y ayer andaba feliz por su primera Media Maratón. ¡Qué campeona!

Vi el reloj, algo que hace rato no quería ver, para calcular si iba a mejorar mi tiempo: “2.07” y otra vez pegué un grito, porque supe que iba mejor que el año pasado: arranqué feliz y decidida a cerrar con todo. ¡Lo voy a hacer, ves, lo voy a hacer! me dije a mí misma, y cuando tanta gente te aplaude a 500 metros de la meta, no queda más que sonreír. Me dije muchas veces “Corriste de Curridabat hasta Escazú, ¿lo entendés?” y entré encantada de mi tiempo a la meta.

Mejorar seis minutos vale un mundo y me siento feliz. Parece poco pero significa mucho. Mejorar no es milagroso, refleja determinación y fuerza. Me gané a mí misma, a la subida de Pavas, a los Anonos, y al miedo de no hacer buen tiempo. Buen tiempo es llegar, punto. Y al llegar, toparme con semejante medalla fue una sorpresa enorme… chivísima!

De nuevo, el grave problema: corrimos con los carros encima en varias partes de la ruta. Señores conductores, apaguen el carro mientras esperan, su tanque de gasolina y los pulmones de todos se lo agradecerán. Señor oficial de tránsito que prefirió a los carros que a los corredores: sépalo, la carrera se acaba cuando pasa el último, no cuando usted se aburre de darnos campo. Adjunto el video de Erika Gómez, donde claramente se ve que nos tocó a nosotros jugárnosla solos, porque ese oficial, ubicado en Periféricos, asegura que “ya se abrió el paso”, cuando evidentemente seguían entrando corredores.

Lo idóneo sería que los medios de prensa divulguen el evento antes, de manera que a nadie tome por sorpresa un cierre de calles. Vamos, cerrar 21 kms en San José es digno de anunciar, ¿o no? Una ciudad tan pequeña se vuelve caos, inevitablemente, pero si la gente está avisada, es menos el desorden.

Ahora con los pies sobre una almohada y una sonrisa de oreja a oreja, me pregunto si podré mejorar este tiempo de 2.14 el 8 de julio, en la media maratón Correcaminos. ¡Yo digo que sí! Me motivó mucho ver gente feliz de correr su primera Media, como Catalina Soto, Priscilla Saavedra, en fin…  juntos le dimos un vueltón a las manzanas de Chepe. ¡Bravo!

¡La mente, ese músculo!


Cerrando la 4ta media maratón. ¡Feliz! Foto de Erick Reyes

El cuerpo es muy sabio: desde la una de la mañana ya mis piernas se estaban acordando de la ruta de Powerade del año pasado, y seguro por eso no podía dormir. Recuerdo que la del 2010 fue una carrera llena de calor,  no me imaginaba en ese momento la clase de cuestas que iba a subir, y cuando terminé, luego de 10 kms, me dije “nunca más“. Ah, pero no. Hoy iba a correrla otra vez, y el doble.

Lo que nunca me pasa: fui al baño como 5 veces, perdí 10 minutos buscando las llaves y las había echado ¡entre la hielera! No no. ¡El cuerpo sabía! Llegamos tempranísimo a La Ribera, y estiramos todos juntos. Yo, ignoro por qué, llevaba el #3, así no más, el #3, hasta pena me da porque esos dígitos son  para la gente “pro” y yo estaba nada más con el objetivo de no dejarme amedrentar por esos 21 entre cuestas. Pero ese me tocó y punto. Bonito.

Y llegó el momento de la salida: el déjà vu inevitable. Nomás saliendo, no ha uno calentado ni 50 metros y se topa el primer ascenso… que luego de una ligera bajadita, se funde en la cuesta sin fin. Cuando tenga que castigar a alguien, no sé, un hijo mal portado o insolente,  ¡mándelo a subir esa cuesta! ahí, desde Ojo de Agua hasta…. hasta el fin del mundo! Uno sube y sube y sube y no se acaba la condenada. Uno se desanima un poco porque baja el pace, y en serio que pareciera que no se termina jamás la cuesta; hasta casi llegar ahí por Intel. Luego, todo es manejable. Fue inevitable para mí pensar “Y  ahora te toca pasar por aquí otra vez, ¡mula!“.

A cada paso que encontré agua, la tomé. Me tomé toda el agua que pude, el hidratante que pude, me eché agua en la cabeza constantemente y eso me sirvió mucho para ir atenuando el calor, que ya a las 7 am comenzó a pegar fuerte.

Cuando completé los 10.5 kms en el punto de salida, supe que tenía que poner una actitud diferente hacia las cuestas. Trabajar la mente. Me dije “bueno, ya calentaste: aquí comienza la carrera.” Y así es, en ese 10.5 comencé la cuenta regresiva para acabar mi cuarta media maratón, volví a subir la misma cuesta fea y eterna, no paré, no me dejé, por supuesto que me costó más que la primera vez pero me recuperé mejor y una vez que la terminé supe que lo que quedaba era más sencillo.

A 700 metros de la meta, de nuevo Alvarito, el entrenador, estaba listo para irnos “jalando” a cada uno, le sonreí y le dije “¡vengo pura vida, a pace!” Sí, traté de mantener el pace de 6:30 cuando no estaba en cuestas, y quise cerrar con buen ritmo. “Vamos a cerrar con braceo intenso, concéntrese en eso” dijo Alvaro, y esta vez le hice caso, me concentré, no pensé más en cuánto faltaba sino en ir con buen paso a la par del entrenador. Yo sé que él sabe que para nosotros terminar la carrera a su lado es genial, y cuando me dejó a 10 metros de la meta para entrar sola, me hizo una seña de bien hecho, me sonrió, y yo cerré de nuevo al estilo hot wheels, o sea, a lo loco, rápido, sonriendo y quemando llantas…!

Mi cuarta media maratón, ya sin dolor de panza, sin miedos, respetando las cuestas pero entendiendo que si logro la técnica adecuada, por largas que sean, en algún momento se acaban. Entendiendo que ya los primeros 10 kms son básicos para entrar en el pace de uno, sin ir pensando quién gana o si te pasaron o si le pasaste a alguien, porque hay que guardar combustible para cerrar y la competencia no es con nadie más que con uno mismo. Aprendiendo que antes de que me duela algo, es muy probable que la mente comience a flaquear, y hay que detectar eso a tiempo para no distraerse de hacer una buena carrera.

No llegué ni de #3, ni de 30 ni de 300. Jamás. Ese no era el punto hoy, era llevar el número con dignidad y siento que lo logré.

Ahora sigue un fondo bien toreado en Puntarenas (espero que incluya un delicioso churchill) y después, ¡a empacar el vestido de baño y el bronceador, que Tamarindo nos espera en menos de un mes!

Una mula… ¡a gas tabla!


En la carrera St. Jude hace dos semanas.

Semana Santa es para mí un tiempo de quedarse en casa. Este año hasta pasó la procesión de San Isidro por aquí, y aunque no comí chiverre, la pasé tranquila y pude leer y hacer mis cosas. Entre esas cosas, entrenar.

El martes tuvimos entrenamiento normal (uno de los más vacilones que recuerde, porque salimos de la Sabana y anduvimos en el césped, corriendo bonito). El resto de la semana, libre. Sin embargo me conozco, si yo freno o me doy libre, pierdo lo ganado y entonces ¡quién me quiere ver toda triste porque corro “ralita“!

Así que el Jueves Santo en la mañana hice mi circuito de San Miguel de Santo Domingo: 2 vueltas, 9 kms. Me llevé el Booster de GNC y sentí que me sirvió montones.  Hoy sábado también hice el circuito, otros 9 kms, mucho mejor que el jueves pero siempre cuidándome del calor.

Cuando corro me pasan tantas cosas por la cabeza… Leyendo un artículo de la revista Runners entendí que no era idea mía el tener una frase de ánimo, un “turbo” mental que me sirviera para ponerle. Ese famoso motto que sirve para repetirlo a la mente cuando más cuesta, es necesario. Al inicio tuve uno pero era muy largo (y en inglés): “when the body says no, the mind says GO”. Sigue siendo útil, porque efectivamente la que manda el baile es la mente, pero… como que no me hacía tanta gracia, yo no ando corriendo pensando en inglés.

Así que el motto que encontré hace unas semanas es más costarricense, más corto, y más directo. COMO LAS MULAS.

Así, “como las mulas”. Mi querida amiga y colega Adriana Quesada me lo enseñó y ese motto lo aplico cuando se me acaban las fuerzas o me pongo rala. Adri sabe, como experta en deportes, como deportista y como esposa de un ciclista extraordinario, que la terquedad es una virtud en las competencias. Y por eso me dijo que las mulas siempre van pa`lante, necias, tercas, cabezonas,… y así hay que arrear la voluntad. Como las mulas.

Y ese como las mulas ha sido mi grito de guerra contra mi propia debilidad; me ha servido para repetírmelo cuando  faltan pocos metros para cerrar, cuando ya casi se acaba una cuesta, o cuando siento que se me acaba la fuerza… COMO LAS MULAS!!!

Leonardo Chacón, triatlonista costarricense, #20 del mundo "¡A gas tabla..!"

Otros mottos son prestados o heredados. Si a alguien admiro en este país por la pasión casi delirante que tiene por el deporte es al triatlonista Leonardo Chacón. Cada vez que compite o entrena, Leonardo cuenta en su facebook lo poderosa que es esa fuerza que lo posee cuando entrena: usa frases como “vamos con todo“, “esto es un virus“, “voy a devorar kilómetros“, “a todo cohete“… en fin, uno lee lo que Leo escribe y siente la urgencia de correr aunque sea alrededor de la casa… de él tomo prestada su frase “¡¡a gas tabla!!” porque sé que me hace falta fuerza y velocidad,… lo estoy intentando y por mula lo voy a lograr.

Un motto es un incentivo mental, todo está en la cabeza, todo. Las ganas, el miedo, los frenos, las ansias. La ilusión. El jueves no sé por qué iba corriendo ahí por el Bouganvillea y mi mente comenzó a imaginar qué voy a sentir cuando termine la maratón… qué voy a sentir no en las piernas, sino en el alma… y entonces se me vinieron unas lágrimas y al mismo tiempo estaba sonriendo conmigo misma, ¡claro que va a ser genial, claro que sí! Por eso no puedo parar de exigirme un poquito más, mejorar el pace, ignorar el dolor o las excusas…. COMO LAS MULAS… A GAS TABLA!

Gracias Adriana por ser mi amiga, gracias Leonardo por inspirar a tantos que te seguimos y nos asombramos de lo que lográs a pura voluntad.

Mañana, otros 9 kms… como las mulas. Si no, ¿cómo piensa correr una maratón?

Los motivos del Lobo


Ernesto “Lobito” Fonseca corre. Corre otra vez, a puro coraje y voluntad. La lesión que sufrió en el 2006 no dañó el espíritu de uno de los deportistas más exitosos de Costa Rica. Tal vez lo bajó de la moto, pero no lo sacó de la competencia.

Por eso el 9 de octubre, en la carrera Corre por mí, todos los que lo vimos correr otra vez, sobre otras ruedas, a ras del suelo, nos sentimos orgullosos de él como si fuera familia de uno, como cuando una y otra vez se llenaba de títulos y campeonatos.

Sin arrepentimientos ni tristeza, Ernesto a sus 29 años no se sienta a ver hacia atrás su accidente, más bien abraza otro deporte y está consciente de que el ejercicio es indispensable en su vida. “Esto a veces hay que hacerlo sin pensar mucho, sólo porque sí”, me dijo.  Le conté que yo también soy nueva en esto de correr, y le mostré este blog. Pensé que se iba a reír pero me dijo dos cosas que no se me van a olvidar.

Primero, que no me desanime cuando me va mal en una carrera. “Esto es así, luego usted aprende que a veces le va a ir muy bien y a veces mal, depende de muchas cosas. Pero no puede desanimarse por cualquier cosa”. Su segundo consejo fue lapidario:

‎”Entrene en serio, de veras, si lo va a hacer agárrelo en serio.”

Nunca he pensado en esta idea de la maratón como una broma, pero probablemente no sepa aún hasta cuáles límites de dolor, riesgo o sacrificio me pueda llevar. Por eso hay que agarrarlo en serio, y ser “terco”. Al igual que Ernesto, creo que en estos casos la terquedad es una virtud.

Antes de irse, nos contó que recuerda muy bien el día en que, siendo muy chiquitillo, sobre los hombros de su padrastro, vio a un hombre en moto que le llamó la atención. Su padrastro lo señaló y le dijo: “Vea: ese que va ahí es el papá de los tomates.” Era el piloto Adrián Robert, contra quien años después Ernesto no solamente compitió, sino que le ganó en varias carreras.

“Y diay, ¡yo no le gané al ´papá de los tomates´ sin entrenar, sin sacrificios!”.

Estos motivos de un Lobo herediano se quedan conmigo, y son parte del equipaje hacia esa maratón.

Gracias Ernesto.

Con "Lobito" el día de la carrera de 8kms Corre por Mí. Su regreso a las competencias