“Cine del corredor presenta…


frametasticEs muy subjetivo qué títulos elija uno, y por qué los asocia con correr, sobre todo en los casos en que la película no se trata de correr.

Como todo en este blog, es una opinión, es mi punto de vista, mi vivencia. Para una opinión de conocedor, consulte al crítico Mario Giacommelli. A mí, no.

Porque uno como corredor aficionado es mañoso: tiene rutinas antes de correr, desde lo que come hasta si se pone primero la media derecha o la izquierda (derecha). Entre mis rituales pre maratón o media maratón, acostumbro ver las películas que me infundan emoción, valor, heroísmo, ¡algo! Sea que traten de correr, o no. Para esta lista, pregunté a los lectores del blog a través de Facebook, y por eso comenzaré con la gran favorita de ellos… y mía.

Forrest Gump (1994). Se rompen los aparatos ortopédicos y el pequeño Forrest es más rápido que nadie. Pero aparte de rápido, ¡corre como uno… así, hasta cansarse! No me digan que solo yo he fantaseado con ir detrás de él… de costa a costa.

“Now you wouldn’t believe me if I told you, but I could run like the wind blows. From that day on, if I was going somewhere, I was running!”

Yo no soy rápida pero eso de “I could run like the wind blows” sí que lo he sentido… y esa sensación de libertad. Wow. Forrest. ¡Es parte de mi videoteca cuando quiero pensar en correr porque sí. “I just felt like running!”

Chariots of fire (1981) No le tenía mucha fe hasta que el mismo profe nos la recomendó. Vamos a principios del siglo 20, sin tennis Asics, sin Garmin, sin gel, sin nada…¡usted corra! ¡Clasifique a los Juegos Olímpicos! Ay, qué nostalgia y qué belleza.. nada de camisetas dry fit, solamente la pasión de los atletas británicos que compitieron en París en 1924, sus sueños y sus inseguridades. ¡Cómo entrenaban! Bueno, y la música legendaria de esta película, eleva la emoción y hace que uno de verdad viaje a esa etapa del atletismo cuando sencillamente dejaban la vida en cada carrera, ignorando detalles de pace, frecuencia cardiaca o qué se yo qué cosas sin las que ahora no correríamos. Una joya que ganó el Oscar a mejor película.

Gladiator (2000). “On my signal… unleash hell”. Bueno, si uno necesita carbonearse para botar los miedos en la línea de salida o subir una cuesta, la fuente más certera de coraje y hormonas es Maximus. Maximus, que solo quiere ver a su familia. Maximus, que no le tiene miedo a enfrentarse a un león, un emperador tirano o cinco gladiadores. Qué agregar… Bueno, en la línea de salida de la Maratón de Roma pusieron la banda sonora de esta película, y tuvo ese efecto. Yo me sentí una gladiadora. Ríase, sí, así somos algunas personas. Tengo amigos que también la ven antes de correr una maratón. Y si no es Gladiator, ven Braveheart, 300! o The Patriot. Y cómo no, si correr una maratón es algo épico.

Run, Lola, Run (1998) Cuando vi esta película alemana por primera vez, ni siquiera soñaba con correr. Pero creo que ver a esa mujer pegarse semejantes sprints en botas, para salvar la vida, me sacaba el aire. Qué clase de pace, qué cansancio el de esa melena roja en las calles de Berlín. No les cuento el final por si nunca la han visto, pero bueno, lo que me gusta de la película es que refleja uno de los muchos momentos en la vida en que uno necesita correr como alma que lleva el diablo: para tomar el autobús, para huir de la lluvia, para huir de un criminal, cuando te persigue un perro… o la policía.

Million Dollar Baby (2004) “Pero ésta es de boxeo”.  Sí, y sin embargo, creo que es muy signficativo lo que Maggie encuentra en el deporte, y cómo Frankie, interpretado por Clint Eastwood, se resistía a entrenar mujeres. ¿Qué relaciono con correr? Algunas frases como “Girlie, tough ain’t enough.” Pero cuando Maggie le cuenta por qué entrena, siento que bien podría estarnos describiendo a muchos corredores y por qué nos aferramos a veces al entrenamiento:

” I’m 32, Mr. Dunn, and I’m here celebrating the fact that I spent another year scraping dishes and waitressing which is what I’ve been doing since 13, and according to you, I’ll be 37 before I can even throw a decent punch, which I have to admit, after working on this speed bag for a month, may be the God’s simple truth. Other truth is, my brother’s in prison, my sister cheats on welfare by pretending one of her babies is still alive, my daddy’s dead, and my momma weighs 312 lbs. If I was thinking straight, I’d go back home, find a used trailer, buy a deep fryer and some oreos. Problem is, this the only thing I ever felt good doing. If I’m too old for this, then I got nothing. That enough truth to suit you?

Run for your life (2008). Ya hice mi “review” de este documental sobre la vida de Fred Lebow, el creador de la Maratón de Nueva York. Me motiva porque su vida cobró sentido al organizar esa locura – una maratón que cierre calles en los 5 barrios de NY… ¡impensable! – pero también porque ese vacío que siente él cuando acaba la carrera es esa “goma maratonera” que yo siento, ese vacío enorme cuando acaba todo y regresás a casa pensando “falta demasiado para la próxima“. Además en este documental conocí quién era Grete Weitz. Ella… es otra historia. ¡Y para qué actores si entrevistan a Alberto Salazar, Bill Rodgers y todas las leyendas del atletismo estadounidense!

Senna (2010). Ahora sí está perdida Nela. No no. Yo sé que éste “correr” y mi “correr” son radicalmente diferentes. Pero repito, esto es “cine de deportes” o de inspiración. Lo confieso, de Fórmula 1 sé lo mismo que de motores de plasma, pero un buen día tuve la oportunidad de sentarme a ver este documental y me robó el corazón. Lo lloré como si hubiera muerto en ese instante, frente a mis ojos. Ayrton Senna falleció a los 34 años… apenas dos menos que yo. Qué joven y cuánta pasión por su deporte. ¡Y qué piloto! Su rivalidad con Proust, lo que significaban sus triunfos para Brasil, pero sobre todo esa actitud hacia la competencia, me conmovieron. Me identifiqué mucho con su visión de Dios y cómo consideraba sus carreras un regalo de Él. Yo siento lo mismo, aunque jamás gane nada importante.

“On a given day, a given circumstance, you think you have a limit. And you then go for this limit and you touch this limit, and you think, ‘Okay, this is the limit’. And so you touch this limit, something happens and you suddenly can go a little bit further. With your mind power, your determination, your instinct, and the experience as well, you can fly very high.” A.Senna.

Los deportes son entretenidos, generan millones de dólares y mueven masas, pero también son sublimes gracias a valores como el coraje, el honor y la superación personal. Estas películas me lo recuerdan. Si me quiere recomendar otras, se lo agradezco. Sé que podemos agregar la de Prefontaine,… pero él es sencillamente otra galaxia, dentro y fuera de la pantalla.

Yo corro porque…


20130605-164131.jpgHoy en Estados Unidos celebran elNational Running Day“. Invitan a la gente a compartir por qué corren, cada quien crea un gafete virtual y resume sus razones.

Luego del drama – sí, mucho drama – de San Diego, he pensado por qué corro y tengo muchos motivos. Como diría Sabina, ¡me sobran! Algunos explican por qué uno se frustra si no logra un tiempo meta… pero otros poco tienen que ver con cronómetros.

Primero, corro porque un día que estaba triste salí a caminar. De caminar pasé a trotar, y de ahí a correr. Luego de hacerlo olvidé qué me tenía triste.

Corro porque un minero chileno corría en un túnel, y de ahí pasó a Manhattan a correr la maratón. Qué asombrosa lección de voluntad.

Corro porque antes no hacía ningún ejercicio que me encantara. Este, me deleita.

Corro porque, bendito sea Dios, puedo: me dio pulmones, pies, piernas, corazón: tengo todo el equipo y cero excusas.

Corro porque mientras lo hago mi mente también corre, y repaso mis pensamientos, mi mundo, mis enredos y mis conflictos. Al terminar sigo teniendo los mismos enredos, pero se ven diferentes.

Corro porque encontré un grupo donde a nadie le importa si uno es el más o el menos rápido, solamente te dicen “qué dicha que viniste” y van con vos en el fondo, compartimos el agua, nos reímos y solemos desayunar juntos luego de correr.

Corro porque encontré un entrenador que aparte de decirme millones de veces que bracee, relaje los hombros y levante los talones, me ha enseñado a disfrutar y sonreír si llueve o hace calor, y a ver el ejercicio como una comunión con la naturaleza y las personas.

Corro porque en ese grupo he hecho amigos a los que quiero profundamente y sé que son “de verdad“. Y me gusta verlos correr. Vernos correr.

Corro porque me da una sensación de libertad enorme… ¡a veces sueño con esas carreteras eternas en las que uno solo va, y va, y va… sigue el camino hasta que se acaba o se cansa!

Corro porque puedo ir escuchando mi música, y un solo acorde me emociona para ir una pizca más rápido, o ir medio cantando – o medio bailando -.

Corro porque me siento completa al terminar de correr: quedo con un poco de sal en la frente, mi corazón bombea fuerte la sangre y saco cuentas de que a veces, para hacer ese mismo recorrido, he tomado un bus o un taxi, pero ya puedo hacerlo con mis pies.

Corro porque sin ser rápida, pero puedo cruzar la misma meta que Gabriela Traña… (horas después).

Corro porque ahora me encanta La Sabana.

Porque para correr puedo comer la pasta que adoro,  y porque aprendí a saborear algo que antes me pasaba desapercibido: el agua.

Corro porque esas medallas de colores en la pared de mi casa me dicen que aunque haya cosas que al inicio parecen difíciles, si uno se arma de valor, las logra vencer. Y aplica a la vida. Me siento tan valiente cuando las veo.

Corro porque ahora me siento muy yo en tennis y en shorts. La de los zapatos y vestido también soy yo, pero rápido me cambio y no pocas veces me pego una carrerita en tacones.

Corro porque sé que mejoré bastante desde que comencé, pero lo acepto: tengo curiosidad de saber hasta dónde puedo llegar. Quisiera soñar con correr como Luz, como Gioco o como Annete,… por ahora, las persigo de lejos. Me retan a no rendirme.

Correr me trajo a la vida orden, salud, y una sensación de bienestar enorme. Me volví una muchacha más feliz, tengo mis rutinas y disfruto más los amaneceres. Las cosas pequeñas, los logros ajenos. Todo.

602342_10151484427332643_1513419495_nY corro porque me gusta, punto. Porque puedo. Y mientras pueda lo quiero hacer, hasta donde me rinda la cuerda.

He corrido en los lugares más hermosos de Costa Rica: Orosi, Tamarindo, Rancho Redondo, San Rafael de Heredia; y también en otros que quedan muy lejos, pero también me fascinaron: New York, Roma y San Diego.

He visto gente que no corría comenzar a probar pasito a pasito esta pasión… y volverse fiebres. Turneros.

He corrido con mis amigos, ellos me han arrastrado a la meta, me han visto llorar y celebrar que pude, ¡que pudimos! Nos hemos abrazado cuando nadie nos abrazaría, ¡sudados y en fachas!

Por eso corro y ya quiero que sea mañana para ir a entrenar.

7 de julio: a correr sin tiempos


20130603-190241.jpgResolví varias cosas después del colerón:

1. Aunque me di cuenta de que a muchos lectores no le gustó que me tratara tan mal a mí misma, la gracia de este blog es la sinceridad. No me voy a poner como un ejemplo de nada, me sentí enojada, triste y decepcionada, y si no lo escribía así aquí, sería una mentirosa. No podría dejar de ser como he sido desde que empecé, honesta conmigo y con quien me lea. Y no crean, a veces borro cosas antes de publicarlas… correr me ha sacado el alma al aire y a veces me cuesta guardarme mis emociones, las buenas y las malas…
2. Pasada la chicha, entiendo que tengo 3 cosas que hacer, una de ellas entrenar como siempre y un poco más, la otra es ser realista con mis objetivos, y la tercera, volver a disfrutar una carrera. Digo, desde marzo no vivo algo bonito, recuerdo que Quepos fue una tortura y ahora San Diego tampoco fue una maravilla.
3. Casualidades: mi cumpleaños cae el mismo día de la Correcaminos, la media maratón que atraviesa San José. Creo que me haría muy bien correrla sin presiones, y sobre todo sin Garmin, a puro sentimiento, de manera que no esté con la pensadera y hasta pueda disfrutarla. Se me ocurre que si me pego a un grupo que vaya a un pace similar al mio, será suficiente. Y bueno, de por sí el chip que le dan a uno me dirá el tiempo final.
Me gusta esa idea.
Claro que yo corro por disfrutar. No hay un día de mi vida, se los juro, que yo no vea mis piernas y diga “Gracias a Dios”. Que yo no sienta algo bonito porque me amarro los tennis y me quedo sin aire entrenando, con mis amigos. Pero como me escribió un lector, es casi imposible encontrar un corredor que no sea competitivo. Eso es todo. Me toca no echar a perder la alegría que encontré en correr, y que la sigo encontrando a diario en La Sabana.
Antes también hay que revisar lo técnico, desde las tennis hasta el uso de las medias de compresión, todo.
Va a ser bonito celebrar mi cumple corriendo. Ya una vez lo celebré entrenando, y se sintió genial… Siempre digo lo mismo, que lamento tanto no haber empezado antes… Pero correr llegó cuando tenía que llegar. Se convirtió en parte de lo que soy. Ya tengo más tennis que zapatos corrientes, más ropa de correr que ropa común, y al igual que muchos que me leen, siento que me pican las piernas por salir a correr cuando amanece linda la mañana o veo a otros entrenar.
Si el Mambo pudo ser goleador después de su lesión, ¡por qué no puedo yo volver a estar re contenta y que me importe un comino el pace…!
El primer voto de confianza para mí misma será regalarme un par de tennis. ¡Eso siempre lo pone a uno de buenas…! Eso y el cariño de muchas personas que no creen que yo haya sido una rala ayer… solo que tuve un mal día. Gracias.

Cuando ya es parte de la vida…


A estas alturas del año pasado, si yo corría un kilómetro más, lloraba. Si me dolía un dedo, lo escribía.  Si me decían por millonésima vez  “suba los talones”, me traumaba. Todo era nuevo y todo era sorpresa.

¡Cómo cambia todo con la rutina! – y me refiero al sentido positivo de rutina.

Levantarme a las 4, ver que hace un frío de los once mil diablos, alistarme, alistar los chunches del gimnasio, el jugo, la tostada con miel, salir de la casa, llegar a la Sabana, saludar, calentar, correr, sufrir en la pista, tomar agua, estirar, ver el Garmin, ir al gimnasio, bañarse, desayunar y sonreír. Luego: clases o trabajo.

Y al otro día, como dice el shampoo: “repita la operación”.

Sí, este año el entrenamiento es diferente porque, si bien la meta sigue siendo una maratón, ya no es la primera, ya no tengo tantas preguntas y miedos en la cabeza, y puedo concentrarme en hacer mejor el trabajo. Ya sé qué esperar. Ya sé qué se siente un fondo de 15, 20 o más kilómetros. Ya sé cómo tengo que comer. Ya conozco esa sensación de agotamiento y felicidad después de entrenar.

Una de mis estrategias para levantarme temprano durante el año pasado consistía en poner el póster de Deena Kastor a la par de la cama. Sonaba la alarma, yo abría los ojos, y veía a la campeona con ese gesto de guerrera, corriendo en Mammoth Lakes. Mi pereza sentía vergüenza, y yo me levantaba. Este año la motivación es diferente.

Este año lo que yo quiero no es nada más llegar a la meta. Quiero llegar mejor, más rápido, menos cansada, más feliz… (eso último es difícil, no hay nada en le mundo como la primera maratón, creo yo). Pero entonces no es una foto lo que necesito para motivarme a brincar de la cama a las 4 am; es un espejo para desafiarme a mí, a mi pace, a mis tiempos, y a mi dificultad de levantar los talones.

Pero me levanto, y repito la misma operación:  alistarme, alistar los chunches del gimnasio, el jugo, la tostada con miel, salir de la casa, llegar a la Sabana, saludar, calentar, correr, … lo que cambia es lo que yo logre en cada entrenamiento. Y en eso consiste el nuevo desafío.

Y también creo que cambia el entrenador, porque ya Alvarito sabe que me puede exigir más. Ya queda afinar la técnica, y como me dice siempre EN FÓ QUE SEEEEE. Ahora las mariposas serán de emoción, no de miedo. Ansiedad por mejorar, no por lo desconocido.

No había vuelto a escribir, porque probablemente no encontraba nada “nuevo” qué decir. Pero creo que lo nuevo es que ya correr no es algo “fuera de lo común” para mí. Ya es parte de mi vida, y a eso le sumé el gimnasio, ya de una forma más frecuente y mucho más concienzuda. El cambio ha sido importante, pero sobre todo, repito, el hecho de que el deporte que me gusta ya no sea algo “nuevo” sino algo mío, como cualquiera de mis rutinas, eso es muy positivo.

Algo que sí me alegra montones y me motiva a seguir madrugando, es ver a mis amigos del grupo; ya los siento conocidos, compartimos muchas cosas aparte de correr, y cada vez que un lector del blog se une al grupo, yo me motivo aún más. Yenori, Mariana, Daniela, (y si se levanta mañana temprano, Patrizia) son parte de esa motivación: ver a alguien que va descubriendo su lado maratonista… aunque no sepa que lo tenía.

Justo la semana pasada comenzó con nosotros Marta, una señora de 70 años, quien se presentó ante el grupo y nos dijo: “Hola, quiero aprender a correr”. ¿Quién no va a querer seguir el proceso de Marta hacia sus primeros 5, o 10 kilómetros? ¡Yo quiero verla lograrlo!

Esta semana les contaré qué hemos hecho en el gimnasio – ¡otro mundo de aprendizaje! – y algunas  anécdotas vacilonas que demuestran que después de que comenzás a correr, nada vuelve a ser igual… por dicha!


Por ahora, les dejo con esta foto… no, no es de noche: son las 5 y 15 am en la Sabana. Esas siluetas con los brazos hacia arriba somos los ChiRunners. Y sí, mientras mucha gente duerme, nosotros ya estamos llevando frío y emocionados por el entrenamiento del día.  Porque correr es parte de nosotros, y eso es genial. 

¡Que tu voz se oiga en la Maratón de NY!


Hoy Asics pone a disposición de los amigos y familiares de los maratonistas de NY una página para darles apoyo a distancia: se trata de www.supportyourmarathoner.com, y con solo buscar a su corredor por nombre y apellido, le podrá dejar un mensaje.

El mensaje se proyectará en video, o en texto, en las pantallas que hay a lo largo del recorrido: imagínese lo que significa ver a sus personas más queridas en esa pantalla animándole a correr y disfrutar la maratón… ¡qué inyección de ánimo!

Yo espero ver muchas caritas conocidas, y bueno, se vale todo tipo de mensaje de apoyo, excepto la frase “ya falta poco” porque eso siempre es mentira y para alguien que corre 42 kilómetros, que falten 50 metros sigue siendo un montón. En este video podrán ver cómo funciona. Faltan 22 días para la Maratón de Nueva York. Pronto postearé los links para quienes quieran verla en vivo por internet, gracias a NBC New York, y el lunes ya tendré el BIB number para que puedan ir viendo paso a paso por dónde va la loca de la vuelta a la manzana.

Así veremos sus mensajes:

Qué vuelta a la Manzana… aquí está el recorrido


En tan solo 31 días, esta será la ruta de mi primera maratón. Seremos 42 mil personas dándole una vuelta a la Gran Manzana. Tomen agua, amárrense los tennis… y disfrútenlo.

Por qué “todo mundo” corre


Ahí va uno solillo, corriendo... pensando... resolviendo...

…”Ah, claro, como está de moda, ….qué ¿ahora vos también decís que corrés?

Tal vez han escuchado esa frase – y con ese mismo tonito desafiante -. A mí sinceramente no me importa que lo vean como una moda, porque creo que hay algo más detrás de todo este boom de tennis y maratones.

Ayer me topé con el blog de una simpática muchacha de Minnesota, ella se llama Jasmine Jonell y su blog se llama “Legally Blonde, persuasive in pink” (¡qué buen nombre, me encantó!). Jasmine cuenta entre muchas cosas, por qué corre. Prefiero que lo lean y la conozcan, pero en pocas palabras, entre los motivos que ella menciona está “escapar“. A veces uno desea eso, ¿cierto? Trabajo, familia, deudas, enredos, engaños, no sé… todo eso que a veces provoca que uno se lleve las manos a la cabeza y diga “ya“. “Ya no más, ya no más”.

Jasmine me recordó por qué a veces, aunque sea en modo “automático“, uno va a entrenar. En esa licuadora que es la cabeza, uno va pensando millones de cosas, recreando pleitos, argumentando, haciendo números. Poco a poco todos esos pensamientos se van diluyendo con sudor, y al final del entreno, aunque los problemas son los mismos, uno los ve diferente.

Creo que la gente corre ahora más que antes porque todos tenemos mucho de qué huir, mucho estrés, muchas cosas que superar, y ahí en la calle, en la Sabana o donde sea, uno puede vencer eso que le molesta y sentirse grande.  Cuando cada persona cruza su meta (sean 5, 10, 21, o 42 kms) entiende que esa competencia la ganó contra sí mismo, y que aunque en la casa tenga los mismos chiquillos molestones, el mismo jefe gruñón en la oficina, o la misma deuda que ayer – y hasta con intereses – hay algo que ganó hoy que nadie le va a quitar: esa sensación de cumplir consigo mismo. Uno comprende que si pudo vencer un kilómetro tras otro, no hay nada que no pueda superar por grande que sea.

Jasmine tiene motivos muy personales que la hacen sentirse libre al correr. Yo no me puedo quejar, tengo una vida muy tranquila y bonita, pero cuando he tenido que pasar algo difícil, siempre sé que se me va a quitar corriendo. Me siento fuerte corriendo. Me siento valiente, me siento capaz. Y cuando termino de correr, me queda una seguridad en mí misma que replica en todos los demás aspectos de mi vida. Me hace feliz.

Hace poco leí una sugerencia en I <3 to run, que decía que para inspirarse y correr con ganas, uno puede escribir en la suela de las tennis algo que quiera vencer, y literalmente “aplastar” contra el asfalto. Algunos escriben cosas realmente difíciles: “Leucemia“. “Cáncer“. Tal vez no sea el caso suyo o mío, tal vez lo que cualquiera escribiría es… “Pereza“. “Sobrepeso“. “Discriminación“. “Divorcio“. No sé.

Por eso tantos corremos. ¿Ha visto que la gente, luego de una carrera, postea en facebook  una foto suya en plena acción? No es una caricia al ego. Es que uno ve en esa foto la expresión de algo que solamente se siente cuando se tienen puestas las tennis, en media cuesta, a pleno sol o con mucho frío. Todos encontramos en correr un motivo para quitarnos las manos de la cabeza y mirar adelante, con una sonrisa, sin que nadie le diga qué puede o qué no puede conseguir.

De repente uno ni  siquiera hizo un tiempazo en una carrera, no dejó botado a nadie, pero… ¿qué llevaba en la suela de las tennis? Solo el corredor lo sabe. Vea el rostro de la gente que corre. Ahí puede leer, en la expresión de su cara, por qué lo hace.

Y vos… ¿qué escribirías vos en la suela de tus tennis?

Thanks Jasmine. You really rock!

Fuentes de motivación


Tan importantes como el grupo, las tennis y la meta en sí misma: he encontrado en este camino de correr que la mente es una poderosa maquinaria que tiene que estar bien entrenada, y por eso me alegra poder incluir en el proceso libros como Marathon Stories (ya me lo leí, me encantó) y ahora, otra película y un libro que parece interesante.

Run for your life, imperdible para los que queremos correr en NY

Comencemos por el documental: “Run for your life”. Un inmigrante que ni siquiera corría tan rápido se atreve a soñar con una maratón en Nueva York, en tiempos en que correr era… “raro“. Este hombre barbudo y de ojos pícaros me sacó las lágrimas y me convenció de que los que están locos son los que no sueñan, y no mueven el mundo para  hacer que las cosas pasen. Más de 30 años después, ese grupito de gente “rara” que corría con él se convirtió en un hermoso pelotón de 4o mil almas que recorren Nueva York de arriba a abajo, en un solo día, robándole protagonismo a los carros, los edificios y el glamour. Me gustó montones, y qué música, ¡qué música setentera! También me sirvió para conocer a los personajes que hicieron que correr fuera “cool” en la ciudad que no duerme y más allá.

Y el libro es “Running in Literature”. Desde que vi a su autor, Roger Robinson,  en el otro documental, “Spirit of the Marathon”, quedé con la curiosidad de informarme más acerca de cómo a través de la humanidad, correr ha sido inspiración, batalla y sí, también historia. No lo he comenzado y se ve bastante denso, pero lo bonito es no quedarse solamente en correr por correr, sino en comprender lo que ha llevado al ser humano a hacerlo desde tiempos en que sin tennis, monitores ni tecnología el corredor más rápido se llevaba la gloria.

Además, he andado un poco baja de pilas estos días. No lo sé explicar. Hasta me he sentido un poco “rala” para correr. Pero en contraste, estos dos alicientes me cargan la motivación, y saber que algunos de mis compañeros del grupo hoy hicieron un tiempazo en la maratón de Boston, también me sirve para volver a empezar con ganas. A cualquiera le pasa: lo importante es no quedarse en el bajón, sino cargarse para correr 10, 20 o 30 kms, lo que venga.

Fuerzas ajenas


Es muy difícil de explicar por qué cuando uno corre, y siente un aplauso, un grito de apoyo o sencillamente ve a lo lejos un rostro querido, el cansancio cede y los músculos toman un segundo “aire”.

Siempre me acuerdo de la carrera de ferretería Brenes-Barva, el año pasado. En el trayecto vi mucha gente conocida de Heredia, o ellos me vieron primero a mí y escuché, mientras corría “¡¡eso Nela, eso!!”. También hubo una cimarrona a la vuelta antes de llegar a la meta, y muchas viejitas lindas que estaban regando su jardín a esa hora, y nos bañaban de agua al pasar.

Correr se parece mucho a la vida, porque al final si uno llega o no llega a donde quiere llegar… ¡es cuestión propia! Nadie es culpable de que uno se quede a medio camino. Es a uno al que se le van las fuerzas, las ganas, el que pierde de vista el objetivo. A veces toca parar en media carrera, agarrar aire y decidirse a seguir, y en no pocas ocasiones toca salirse. Por supuesto que si llega, es mérito propio.

Pero esas señoras aplaudiendo, ese grito al lado del camino, o acordarse de que en la meta está la mamá de uno esperándolo con una botellita de agua, … esa fuerza ajena se inyecta en uno y como si fuera un gel potente, una bebida energética, te da un aire nuevo y volvés a retomar el paso alegre del inicio.

Cada vez que veo videos de la maratón de NY pienso que estaré sola. Sola en medio de 42 mil personas. Mi familia no estará ahí, sería demasiado difícil que Andrés me pueda ver en el camino o que en medio de ese gentío yo lo distinga, no habrá caras conocidas que sepan que esa que va ahí es Nela. Voy a estar sola corriendo, y al llegar a la meta estaré sola también, en medio de un mar de gente que no conozco.

Hoy en Twitter, @MainorAlonso, me pasó este link y no he parado de llorar desde que lo vi (hipersensibilidad canceriana cortesía de la luna llena). Asics encontró una maravillosa manera de que los corredores no estemos solos. Véanlo. Es una idea genial, y sueño con que de alguna manera sirva para ver algunas caritas conocidas en NY, que me regalen esa fuerza que necesitaré en 42 kilómetros de carrera.

Mañana toca fondo en la UCR. Mañana vuelvo a correr. : )

Comer bien, y más


Luego de una semana con un catarro espantoso que me tumbó y me dejó afónica, logré salir de la casa a hacer una visita muy muy importante. Me senté a conversar con Mario Carballo, nutricionista y entrenador personal, acerca de cómo cambiará de ahora en adelante mi manera de comer para enfrentar el entrenamiento hacia una maratón.

Con esos ojos azules tan sinceros, me lo dijo muy claro y muy contundente: “tiene que comer más”. Yo siempre he sido de comer poco, es decir, en pocas cantidades, pero yo sé lo que me quiso decir: comer más veces al día, comer mejor, reforzar la hidratación. No aflojar. Conversamos acerca de lo importante que es tener un entrenamiento constante en el que mi cuerpo vaya acostumbrándose al esfuerzo y cómo no se puede andar experimentando con tal o cual suplemento.

Con Mario Carballo, Nutricionista y Entrenador, en su consultorio Vida Óptima.

Yo reconozco que me cuesta mucho comer cuando no siento mucho apetito. O bueno, a veces por estar metida en tanta cosa a la vez, se me pasan los horarios o no encuentro el rato para planear las comidas. Pero el reto es muy grande y si quiero que mi cuerpo responda sin perder la salud, pues tengo que hacer caso. No es una opción. Lo tengo que hacer y lo quiero hacer bien.

Mario me recordó que la maratón es un esfuerzo “anormal”, digamos, una actividad “no saludable”, en el sentido de que exige algo salido de los límites del cuerpo, pero por supuesto que estamos mentalizados en que con tanta antelación, puedo ir preparándome mejor y lograrlo.

Luego de salir del consultorio de Mario, me quedé como media hora pensando en que aquí comienza el desafío, y en que aparte de su asesoría como experto en nutrición, quiero buscar entrenamiento para la mente. Claro que mis músculos necesitan entrenamiento, pero a juzgar por lo que me han dicho y lo que he leído, necesito preparar mi mente para lo que viene. Yo sé que a los 20 y tantos kilómetros es probable que ya quiera claudicar, pero necesito estar preparada para inyectarme de voluntad en ese momento, y cada vez que salga a entrenar, a hacer fondos, cuando haga demasiado frío para salir a correr, cuando no tenga ganas de comer o esté cansada.

Lo que me gusta de conversar con Mario es que él entiende que no se trata solamente de comida; es actitud, es salud, es el enfoque con que uno asume sus rutinas. Tampoco lo quiero defraudar a él, y espero que cuando llegue a la meta se sienta contento de haberme orientado bien para resistir, rendir y disfrutar de la maratón.

Por eso Mario llama a su consultorio “Vida óptima”. A eso aspiramos todos, ¿verdad? Gracias Mario, voy a comer más. Y mejor.