¡Cómo has cambiado… Nela!


A veces me da tanta risa ver cómo he cambiado.

Especialmente a las 4 am, cuando suena la alarma…

¡Buenos días!

  • ¿Qué te pasa levantándote a esta hora? Pues sencillo, hay que correr. Sonará muy cursi pero apenas suena, me sacudo la idea de seguir durmiendo visualizando New York. Porque donde yo vivo, seguir entre las cobijas con ese frío es una maravilla, pero siempre, siempre vale la pena levantarse y alistarme para entrenar. La meta está clarísima.
  • ¿Dónde están tus tacones? Guardados. Siempre me han encantado los tacones – y por mis dimensiones, los necesito – pero ahora sencillamente no los aguanto ni un día. Es como si el pie o la pantorrilla me gritaran “¡ponete las tennis, que me duele, carambas!”, y me veo por toda la casa descalza, en medias, flats, tennis, lo que sea menos tacones. Y por si fuera poco, ya piropeo un par de tennis por el color, el diseño, los cordones o la comodidad, como antes piropeaba un par de botas tacón vértigo.
  • ¿Qué estás comiendo? Bueno, sería una mentirosa si digo que dejé de pasar a la Pops por una milkshake – la diferencia es que sólo lo hago si siento que es un premio al entrenamiento. Ahora sin remordimiento alguno me puedo comer un plato-to-tote de pasta, sabiendo que es la gasolina para correr al día siguiente. Le he agarrado el gusto a desayunos y meriendas más fuertes; los batidos de proteína – riquísimos – y la barritas de energía.
  • ¡Ay qué aburrida! Diay sí, ya no salgo de noche. La última vez que fui al cine fue como a las 3 pm – tanda de adolescentes, error – y casi siempre por ahí de las 8 pm ya estoy cabeceando o buscando la almohada. Es lógico. Para despertarme temprano tengo que dormirme temprano, punto. Y no siento que me esté privando de nada. Cambié las salidillas nocturnas – que no eran muchas – por almuerzos, cafecito, lo que sea. Nadie se ha resentido, a veces me preguntan que por qué no voy de todas maneras, que no hace falta dormir tanto, pero qué va. Se siente la diferencia cuando uno tiene las 8 horitas de sueño; allá los que con menos rinden igual, dichosos. Yo a mis treintaytantos necesito ocho horas.

Storm shelter, de Asics. No me va con nada... que no sean tennis! Ideal para la lluvia

  • “Jale de shopping”. Sí, pero a otro lado. Me encantan los vestidos, pero me gusta más ir a ver tops, blusas o sudaderas para correr. Y que combinen con las medias. Y con la gorra. Y con los shorts. ¡Oh, vanidad!

Uno cambia. Corriendo cambia su manera de ser. Llego a la casa después de entrenar y me siento liviana, serena, relajada. Pienso más claro, no me ofusco por cualquier cosa. Tengo más fe en mí misma. Me exijo más. Veo más allá de los problemas inmediatos. Otro día podría hablar de cómo me ha cambiado el cuerpo – ya no me duele todo; pero me duelen cosas nuevas jajaja – pero sí, me veo y me siento distinta. A veces sigo siendo la misma muchacha que iba cantando las canciones de Madonna en el iPod, trotando; a veces soy aprendiz de maratonista, soñando que rindo 42 kilómetros. A seis meses de haber comenzado a correr, no he encontrado un mejor consejo que darle a la gente cuando dice que le gustaría hacer ejercicio, pero no sabe cuál: siempre les digo lo mismo.

“Corra.

Tennis, bloqueador solar y botella de agua: así comienza todo.”

Buen soundtrack para correr: Destination Lounge NYC