Todo sea por París


20140313-184817.jpgA dos meses de entrenar con el grupo nuevo, también asumí otro reto.

El profe dijo :“Le haría bien nadar”.

A los lectores del blog que tengan memoria, recordarán que una vez lo intenté. La idea era tener aire, mejorar la resistencia, relajar los músculos.

Lo que pasa es que en aquel momento, solamente podía los sábados, y no pasé de “flotar”.

Estamos hablando de hace dos años, por lo menos.

Y bueno, el profe Andrés entrena triatlón así que es fan #1 de la natación, y me dio por donde era cuando me dijo, al analizar las metas del año: “Claro que puede mejorar su pace nadando, va a ver”.

Se lo dijo a una que tiene la imaginación volátil. Yo, bajar el pace… hm. Eso hay que verlo.

Desempolvé mis anteojos, mi gorra de nadar, el vestido de baño, y les puedo asegurar que lo que no estaba lleno de polvo, sino que muy fresquito, era ese miedo al agua. Qué horror. Tan vieja y tan… miedosa.

Podría decir que por amor a París – ciudad que ni conozco – me tiré a la piscina. (Qué mentirosa. No me tiré. No sé nadar, cómo me voy a tirar).

– “Ok, métase al agua, haga flecha, haga un superman, un par de piscinas, a ver qué tal”

– “Profe, creo que ud. no tiene muy claro, al chile no sé nadar”

Pasé por lo que yo llamaría, “la prepa” de la natación: las burbujas, la tablita, los pececitos de plástico en el fondo de la piscina… ¡ríase! Porque yo me reí mucho.

No sé cómo lo ha hecho, porque conmigo se requiere paciencia en serio, pero el profe logró que yo flote, brevemente –boca arriba todavía no, soy un caso, parezco una piedra – y aunque no he podido encontrarle el gusto a las patas de rana, ya puedo hacer un par de piscinas metiendo la cabeza y pateando, agarrada a la tabla como un náufrago.

Aparte de sentir que durante esa hora en la piscina el tiempo se me va volando, sinceramente sí me siento mejor de aire al correr. Lo probé en un fondo que me tocaba hacer 20 kms. Con todo y las cuestillas, no me fue nada mal – bueno, me caí: en 4 años de correr no me había caído corriendo, vieran qué raspón más vacilón, y eso que iba con licra – y en resumen, al final tenía las piernas cansadas, pero de aire… ¡bien! Bastante bien.

Nunca he buscado la natación por sí misma, ni me veo haciendo un tri porque ¡tampoco sé andar en bici!, pero ya puedo decir que espero con mucha ilusión los martes y jueves para tener esa sensación tan bonita de avanzar bajo el agua, mucho más despacio de lo que avanzo corriendo.

Yo soy esa, la del carril uno, que va con la tabla y no puede con las patas de rana.

Todo sea por París, profe.  ¡Usted sí inventa!