“No corra”


IMG_0468Llevar a un chiquito a una heladería, y decirle que no se antoje.

Ir a un concierto de Juan Luis Guerra… y que te ordenen quedarte quedito.

Bueno, ejemplos hay muchos, pero más o menos eso es parecido a decirle a un corredor que no corra.

Especialmente si el motivo es una lesión.

Esta semana me pasó algo un poco tonto. Muy simple, haciendo un “burpee” – o intentándolo – y por chapa, me doblé el dedo gordo del pie derecho. Sí, dígalo bien fuerte: AAAAY. A mí me dolió más. El sonido ¡clack! como de cuando uno se saca una “mentira“, tronó por todo el mat y el profe de cross fit se quedó como yo: con la boca abierta y esperando la reacción. De momento no fue nada, pero para hacerles corto el cuento, he tenido el dedo morado e hinchado esta semana, y gracias a Dios con la terapia de Kinetic, hielo y reposo, no pasó a más.

Pero no corrí.

Una pequeñez como ésta ni siquiera la cuento como lesión, pero me ha hecho pensar en lo difícil que es esta espera para un corredor. Para peores, me tocó ir a la Sabana por otros motivos, y la sensación de ver a media humanidad corriendo… y yo no poder seguirlos… me desesperó. Y todos preguntándote “diay, por qué no estás entrenando“. ¡¡Ughhh!!

Luego conversé con otros amigos que corren que por razones diversas están “frenados”, desde Pri con un tironcito, hasta mi amigo Erick el Ticorunner de twitter con su talón de Aquiles, y Sofía, la chica Avianca. Podría asegurar que los cuatro estamos que si vemos un corredor más en la calle, nos vamos detrás aguantando dolor.

(Sobra decir, eso no se hace)

Uno sabe que una cabezonada de esas puede empeorar el cuadro de la lesión, echar a perder un plan de carrera, y ganarse de paso una regañada bien ganada del profe o del doctor. O hasta llevar a un daño permanente.

Lo que más enseña el reposo obligado, aparte de la paciencia, es a valorar el que podás correr. Es decir, que cuando los 4 volvamos a correr, nos va a importar muy poco que sean las 4 am y suene la alarma, si está lloviendo o si ese día tocan miles en la pista: vamos a volver con una sonrisa de agradecimiento, y sin caritas.

Otras personas tienen pausas mucho más largas. Juli Carazo ya chinea a su bebé, pero sé que con todo y pancita ha estado deseando salir a correr – tremenda maratonista, por cierto -. Y cuando regrese, con coche y todo, va a ser genial.

Toda esta reflexión la hago pensando en que ya mi dedo parece dedo humano, no un tamalito morado e hinchado. Pienso en el susto que me llevé cuando sentí que pudo haberse fracturado, lo cual pondría en peligro la media de San Diego para la que falta menos de un mes. Pensé en que tampoco pude hacer más “burpees” por esta semana y que irremediablemente, como todo corredor en reposo, se me hacen eternos los días, veo con nostalgia de enamorada a larga distancia mis tennis, ahí quietecitas en el closet, y siento que me muero de envidia cuando veo hasta al más lento trotar en la Sabana, en la calle, o detrás de un bus.

Ni qué decir lo que deben sentir los corredores pro, como aquella Paula Radcliffe que no pudo correr en la maratón de Londres para las olimpiadas del año pasado. ¡No pudo correr en casa! ¡La dueña del récord mundial! Imagínense la desazón de esa muchacha.

Lo del dedo no es nada. Pero me recordó que a veces uno se olvida del privilegio que tiene de poder moverse, sí, madrugar, qué importa, entrenar cuando otros – la mayoría – duermen. A veces hablamos mucha paja quejándonos de que el entrenamiento estuvo muy duro, que para qué otra vuelta, que qué pereza las cuestas… hasta que te dicen “no corra“. Ahí se acaba el lloriqueo.

Bienvenido el reposo que nos deja sanar, descansar y valorar estas cosas. Ahí están las tennis. Pobrecitas. Todas aburridas, igual que yo…

Que sirva este post para acompañar a mis amigos que corren, pero que hoy  no pueden correr.

(Nos estamos “quemando“, ¿verdad?)

Paciencia.

Mañana vuelvo a correr


Todas las velitas que tenga en casa las voy a encender esta noche, pidiéndole a Dios que mañana nada me duela y que pueda volver a correr como antes. Las sesiones de terapia han sido buenísimas, ¡gracias Stephanie Arias! El reposo probablemente me haya sentado bien (no me había dado cuenta del sueño acumulado que tenía) y aunque suene extraño, ¡me hace mucha falta levantarme a las 3 y media para ir a entrenar! Tengo una semana de no ver a mis compañeros ni al entrenador, me siento como perdidilla.

Además ha sido una semana llena de emociones. Estar sin correr es una emoción. Es raro. Estar con hielo en las piernas también – considerando el frío que ha hecho estos días en Costa Rica, peor -. Y ya comienzan a sonar los preparativos del viaje, que las reservaciones, que hacer la maleta, que si ya tengo toda la ropa para correr o qué. Y para colmo, el ver a mis compañeros correr su maratón en Chicago, ver sus fotos, leer en facebook sus estados de ánimo, absolutamente extasiados y eufóricos al ver lo que lograron, … todo junto me aumenta la ansiedad.

Además, me he dado el chance de mirar atrás todo lo que he pasado en estos diez meses: los entrenamientos, mi vida personal… ¡que ha dado muchas vueltas! Me cambié de casa, perdí un trabajo, luego aparecieron muchos trabajos nuevos, luego el asalto (no lo conté en el blog, pero en agosto me asaltaron con pistola y todo en San Pedro), uh…. o sea, ¡otra maratón de emociones! Pero todo perfectamente alineado para este momento. Todo como una serie de estaciones para llegar a Nueva York.

En este momento veo llover por la ventana, y si supiera que correr no me va a doler, correría ya mismo, aunque me moje. Qué rico. Un día de estos de reposo, hice trampa. Me iba a subir al carro, y de repente pensé: ¿me dolerá si corro? Le dí una vueltita al carro, trotando,…cuatro pasitos, y ya. Nada me dolió. Me subí y me fui feliz.

Ahora me quedan muchas cosas por escribir: mañana entrevisto a mis compañeros, ahora maratonistas de Chicago. También tengo fotos y la historia de una pareja que el fin de semana pasado corrieron juntos su primera carrera. Y me falta algo muy especial: definir qué llevaré en la mente para cada milla. Son 42 kms, es decir, 26.2 millas, y sé que hay personas de mi vida que quiero recordar cada vez que pase una milla.  Mi abuela, que si estuviera viva no podría con tanta emoción de ver a la nieta metida en esto. Mis papás, que tampoco entienden de dónde le salió lo deportista a la menor de la casa. Mis sobrinos, que creen que yo podría ganar una carrera… mi entrenador! ¡Tanta gente!

¡Gracias a Nokia por el apoyo! Wooo! Qué fotillo consiguieron, qué bandidos.

Hoy recibí otra buena noticia. Como saben, Nokia apoya este blog porque el recorrido de la maratón quedará para la posteridad grabado en Endomondo! la aplicación que corre maravillosamente en el N8. Bueno, vean qué belleza lo que escribe hoy el este, que es el blog de Nokia, me dejaron como el dólar… bueno, ¡como el euro! Gracias por el apoyo. No quiero defraudar a nadie, ¡vamos por la GRAN MANZANA!