¡¡Levante los pies!!


Estamos a 271 días de la maratón, ya pasamos lo del braceo. Ahora viene la parte dura: subir los pies.

Pareciera que cada persona tiene su estilo de correr, así como cada quien tiene su “caminao”; pero para correr bien hay cosas una técnica que aprender, y hoy me tocó a mí.

Rejalarse, sonreír, inclinarse un poco hacia el frente, desde los tobillos, y levantar los pies. Ay ay. Se escribe fácil pero levantar los pies duele un poquillo (no tienen que pegar los talones al glúteo pero por ahí va la idea). Uno ni cuenta se da que a veces en lugar de correr lo que hace es trotar o medio arrastrar los piecillos, y no. No no, eso no se vale. Correr requiere que el pie te impulse, y que se levante del asfalto, que se levante de verdad.

Hoy trabajamos en La Sabana y aparte de subir los pies, aprendí que tengo que inclinarme un poco, solo un poquito hacia el frente, pero desde los talones. Y relajarme, no puedo ir corriendo como con estrés, por eso la sonrisa es parte del corredor, ¡especialmente del chi-runner!

¿Se puede hacer todo eso bien, al mismo tiempo, hasta que uno lo integre a la rutina? Sí. Para eso entrena uno, para corregir lo que hace mal y aprender a correr como debe ser.

Lo recordaré en NY, lo recordaré aquí cuando vaya saliendo de Sabana en ruta a los 21 kms de la media maratón. Si lo olvido en marzo, estoy segura de que en alguna parte del trayecto escucharé la voz del entrenador recordármelo, pero más vale que de aquí a noviembre levante esos pies…. ¡¡¡¡carambas!!!!!!!!!!

Igual, creo que cada persona tiene un estilo para correr. ¡Yo espero hacerlo, por lo menos, mejorcito que Phoebe y Rachel!

De La Sabana a Central Park. Ya comencé.


Algunos podrían decir que La Sabana es nuestro “Central Park”, y la idea no es tan descabellada. Igual que en ese parque neoyorkino, en La Sabana entrenan cientos de atletas todos los días, cuando no ha salido el sol y los despertadores de los demás no están ni cerca de sonar su alarma. Hoy, cuando llegué, disfruté de una luna llena espectacular.

Como expliqué al inicio del blog, reconozco que aparte de un buen calzado de correr, buena alimentación y voluntad, necesito un entrenador. Uno dice “yo corro” pero solamente un experto le puede decir a uno si corre bien o si parece un remedo de corredor. Desde la posición, la técnica, la respiración, hasta tips para resistir y burlar el cansancio y las lesiones, eso sólo lo sabe el que sabe.

Lo que me frenaba un poco era saber que a fuerzas, tendría que entrenar en grupo. Yo,  La Grinch de los grupos comenzó a renegar, porque por lo general no me gustan los grupos, no quería la presión de ver quién corre más o mejor, o sentirme “la nueva”, pero de nuevo: ¡salada! ¿O si no, cómo pienso hacer fondos de 20 kms? ¿Sola en la pista? Jamás.

Mucha gente me sugirió varios nombres y grupos, pero una corazonada me llevó a hacerle caso a una muchacha que estudia francés también en la Alianza. Ella corre maratones, y me dio el número de tel. de su entrenador. Sin mucho preámbulo, conversamos ayer y de una vez me dijo: “nos vemos en La Sabana a las 5:10 am.”

Llegué a las 5:00 y vi un grupo relativamente pequeño de gente lista para correr. El entrenador se llama Álvaro, y con una sonrisa muy grande me dio la bienvenida. Cuando nos dividió en sub grupos supe que estaba con los “pro”:

“OK, de este lado se me acomodan los de la Maratón de Miami… por aquí los de la Maratón de Disney… aquí los de 21 kms… allá los de 10”.

Para comenzar, me fui al grupo de los de diez. De todas maneras el 31 de dic. corro la San Silvestre, que es de 10 km, así que me sirve montones. Además me imagino que tengo que corregir muchas cosas antes de decir que “corro”.

Para mi grupo, de unas 8 personas, Álvaro eligió una ruta de 5 kms dentro de La Sabana. Logré mantener un paso constante, me dolió un poco la rodilla izquierda, y en un par de ocasiones me corrigió  un detalle al que nunca le puse atención: el braceo. Mover bien los brazos para darse impulso es tan importante… apenas me dijo que comenzara a “bracear“, sentí la diferencia y creo que hasta me ayudó a mejorar la postura. Primer aprendizaje.

Me gustó el grupo, variado, pero cada quien en su mundo. Encontré dos compañeros de trabajo que yo no sabía que entrenaban con Álvaro, y saludé a un muchacho que me contó que viene de hacer la maratón en NY; así que es muy probable que lo entreviste para el blog para que me cuente todo. Correr en grupo no fue para nada terrible.

No eran las 7 de la mañana y ya estaba de vuelta en casa, satisfecha y contenta, lista para desayunar.

Sentí que tengo que esforzarme más, porque a veces con un ratito de correr ya comienzo a “pensar que me duele” o a pensar “cuánto falta”, y la verdad es que ¡falta mucho!. Me falta mucho qué aprender, y hay que aprenderlo con ganas, temprano, con frío o sin frío. Desde nuestro Central Park hasta el de NY, habrá muchas madrugadas como estas. En algunas es probable que sienta que no puedo más, en otras, me irá mejor.

Esta es la ruta de la carrera San Silvestre del 31 de diciembre. Arranca a la vuelta de canal 7, frente a la tienda Runnners; toma la calle anchaa de Pavas hasta la Embajada Americana, ahí gira a la derecha y llega al Parque de La Amistad. De nuevo giro a la derecha, sube el bulevar de Rohrmoser, sube y le da vuelta a la Sabana, baja hasta el puente de Los Anonos, sube hacia la Jacks, y gira a la derecha de nuevo para terminar frente a Runners.

Ruta 10 kms San Silvestre (creo que es un poco más de 10 kms)