“Nunca más, nunca más…”


¿Y por qué tardé tanto para escribir? Me alegra haberme tomado mi tiempo. Si me hubiera sentado a escribir apenas terminé la maratón, esto sería una amargura. Ahora, con los días y el cansancio ya pasados, puedo ver todo más claro y seguir celebrando, sí, celebrando la cuarta maratón.

maraton3

Toda contentilla… jaaaaaaaa ni sabía lo que venía. ¿O sí sabía?

Luego de un vuelo laaaaaargo, laaaaargo, llegué a París y se me activó un lado del cerebro que hace rato no usaba. Estaba archivado en la Alianza Francesa, pero resultó estar bastante fresco porque logré, hablando y no por señas, llegar del aeropuerto a la ciudad.

Tomé el metro, y al subir las escaleras lo primero que mi ojos se toparon de frente fue el Arco del Triunfo. Allí, me rendí. Los Champs Elysées ya lucían sus banderines de la maratón, ¡la ciudad más hermosa del mundo estaba vestida de verde! ¡Y para nosotros!

Caminé un poquito y llegué al apartamento. Aclaro: hablamos de un “cuartobañococina” diminuto, apenas para una persona, perfecto para la maratón, ubicado a cuatro cuadras de la línea de salida. Con lo que uno paga en un hotel por una noche, alquila este sitio por una semana. Increíble. Lo único malo: estaba en un cuarto piso, sin ascensor. ¡Esos escalones iban a doler el domingo! Pero la amabilidad de la señora que me lo alquiló, y el gesto de tenerme flores frescas como bienvenida, lo compensaron. Gracias, Béatrice.

Inmediatamente me aclimaté, sentí el aire fresquito, unos 13 o 15 grados. Fui al super por comida, cené fuera, y comencé a imaginarme qué se sentiría correr en un lugar tan ordenado, tan perfecto. Es perfecto.

Al amanecer del viernes fui a la feria a retirar mi número: sigue siendo muchísimo más pequeña que la expo de New York, a pesar de que es casi la misma cantidad de corredores.

Salí de ahí, y en la noche sí tomé el metro para ver un ratito la famosa Torre. El sábado iba a pasar encerrada y con “las patas arriba”, pensando, tomando agua, tomando Gatorade, y comiendo pasta. Así que me di permiso de ir a darme esa vueltita.

Nunca pensé que lo iba a decir, pero en serio, ya para el sábado no me cabía un solo fideo más. Ni uno. Encontré un restaurante italiano en la calle de al lado, y dije: aquí almuerzo y ceno. No sé qué habrán pensado los meseros de verme llegar dos veces, y comer exactamente lo mismo.

La segunda vez, el señor de la mesa de al lado vio mi bolsito verde – el que le dan a uno en la expo -. Y como él tenía uno igual, me sonrió y me dijo con un acento muy vacilón:

-Good luck tomorrow! Are you a runner?

Le contesté que sí, y que de Costa Rica. ¿Y usted?, le pregunté.

- I am from Athens, Greece.

¡¡Se me fue el corazón a los pies!! Pegué un brinquito en la silla y aplaudí, el señor se rió y su familia también. Les conté que esa es la maratón que había pensado correr en noviembre.

- You know it is the authentic one, the original! – me dijo.

Claro que lo sabía, y por eso, y por Filípides, y por los 42 kms que lo mataron y que nos dan vida a miles de corredores, es que venía hace meses pensando en la maratón de Atenas. Total, terminamos de comer y conversar sobre maratones, sobre Grecia, y nos despedimos esperando que a cada uno le fuera bien al día siguiente.

No dormí casi nada.

Me dieron las 2 am y no había dormido nada. Los videos de motivación, el bolsito con los blocks, el iPod cargado, el bib ya pegado en la blusa… todo estaba listo.

Me dio la pensadera, la ansiedad, y al final ya eran las 5 am y había que levantarse.

Desayuné en el apartamento, y me fui, según yo, a llevar “frío” mientras esperaba la salida.

Les Champs Elysées pertenecían a los corredores. La gran avenida estaba repleta, corral por corral, y el cielo estaba peligrosamente despejado. ¡Riquísimo!

La espera se prolongó bastante, y me sorprendió sentir calor. ¡Calor! Probablemente estábamos a 17 grados, pero con el sol directo, muy pocas nubes. Y yo con manga larga. ¡Ni modo!

El corral se llenó de gente tomándose “selfies”. Me encontré a varios ticos de mi otro grupo, lo cual me animó montones, y se llegó la hora de arrancar: una vez más mi cerebro le dijo a mi cuerpo lo de siempre, “Prepárese, las próximas 4 horas y resto las vamos a pasar corriendo”.

El plan era quedarme en un pace de 6:30 los primeros 21 kms. Suena super fácil, pero conforme pasaban los kms me di cuenta de que no lo es, al menos no para mí. A como pude, lo mantuve, pero fueron 21 kms que se me hicieron eternos, justo por estar viendo el Garmin.

El calor aumentó, y yo comencé a sentir “bochorno”. Claro, hay que tomar en cuenta que en París la asistencia no está cada 2 kms, sino cada 5 kms. Me dio sed ¡Y el agua, la dan en botellita! No puedo imaginar algo más incómodo, pero bueno, así lo hacen ellos. Me di cuenta de que tenía que bajarme toda la botellita en cada estación, porque si no no aguantaría hasta la próxima. Gatorade, nada. Solo agua.

Algo que me llamó montones la atención fue la poca reacción del público. A ver. No es que no hubiera gente a los lados de la calle, ¡es que no reaccionan como uno espera! Nos veían pasar con una sonrisa… y nada más. La monotonía y el silencio los rompió una banderita pequeña, de Costa Rica, que me encontré al lado derecho. Y grité como un perdido cuando lo encuentran,… una muchacha y un muchacho, ¡dos ticos!, me refrescaron el alma con solo verlos. El grito que él dio lo decía todo: “¡Vaya por ese fondo de 42!” Quienes quieran que sean, ¡gracias!

Pasamos un bosque – Vicennes – y para ser sincera, antes de los 21 ya iba cansada, particularmente las piernas cargadas… pero nada. No le puse atención. Traté de hacerme la tonta.

Al llegar a los 21 tenía que decidir: ¿bajaba el pace? ¿Lo podría hacer? Lo intenté pero me dolía mucho. Pensé qué sería mejor, bajarlo por 5 kms y luego fundirme, o seguir igual, sosteniéndolo hasta los 30 tal vez.

Lo intenté. Pero las piernas estaban super “tiesas”. Qué le iba a hacer.

Iba bastante incómoda con el tema del agua. Uno se acostumbra a tomarla más seguido. Varias estaciones de guapísimos bomberos franceses sacaron sus máquinas y nos rociaban agua. Procuré devolverles una sonrisa, porque sí refrescaron bastante el calor, que por suerte comenzó a bajar.

Recordaba que los 30 kms serían más o menos cuando viera, al a izquierda, la torre Eiffel. Ya hace rato había pasado al lado de Notre Dame, y comenzamos a pasar por una serie de túneles que yo ni recordaba. ¡En serio que no!

Ese subir y bajar de los túneles me terminó de cansar… esperaba pasar los 30 en 3 horas 20, pero sabía que iba un poco más arriba de ese tiempo. “Siga, usted siga” pensé. Llegué al punto en que o me concentraba en seguir, o me estresaba por los números.

Finalmente pasamos los 30 kms, y volví a ver unos ticos, a los que sí conocía: doña Lilliana, qué lindo verla, ¡me dio un empujoncito al corazón! Creo que la asusté un poco porque la abracé y le di un beso, pero le dije “¡Ya voy a terminar esto, vas a ver!” y seguí corriendo… ¡pesadísima me sentía! Luego me topé el primer cartel en francés, primer y único cartel hecho para los corredores: “En una hora… ¡estarás tan feliz!”

Si quería intentar lo que venía a intentar, tenía que hacerlo ya. O no me saldría. Peor aún: si lo hacía ya era a un pace mucho menor al que traía… y con estas pantorrillas? Estaba muy adolorida. Comencé a reprocharme por todo. “Esto es nadando, ahora imagínese si no nadara…” “Tanto correr con cuestas, y mirá, te costó igual o más que antes…” “Mejor que esta sea la última, mejor no correr más… ¡nunca más, nunca más! Y no escribir más… qué vas a contar esta vez? Cerrá ese blog, qué vergüenza”.

En fin, me desinflé el ánimo yo sola, cuando comencé a sacar cuentas y supe que los números no me daban para 4 15, ni 4 20, ni 4 30 ni los 4 34 de Roma. Iba a hacer más. Cuando a uno le duele todo, incluido el orgullo, cuesta mucho levantarse. “Cuatro maratones es más que suficiente, no te parece… todo mundo pasea y vos sufriendo”.

Me llamó la atención la cantidad de corredores que se iban quedando a los lados. Algo sí sabía yo: salirme no era una opción, eso solo me haría sentir peor.

“Por qué se siente mal, acaso no intentó…” me dije…

“Sí, pero no me dieron las piernas, qué hice mal, qué hice mal…” me contesté.

En esas venía hasta que entendí que la respuesta no la iba a encontrar corriendo: “Mejor cállese, termine la carrera y luego hablamos”.

Y por dicha me callé, porque los últimos kms venían duritos. ¡Duritos! Los que cuestan más, los últimos, se pasan dentro de otro bosque, que parece interminable y monótono. Ni castillos, ni torres, ni cafecitos lindos en el panorama: un bosque que no se acababa, y que rendí kilómetro a kilómetro.

- 36.

- 36.4

- 36.8

- 37 kms… dale. Acabá el 37… vas para 38.

- 38.3… 38.7…. viene el 39! 39.2… no falta nada…. 39.7… 40.

- Solo dos. Solo dos, Nela. Vaya, no pare. No vea a todos los que están caminando. Siga siga.

- 41… 41.6… si llega al 42 ya puede estar feliz, a ver… 42…! Allá está la meta!

¿Por qué no había gritos, ni gente feliz? Éramos un montón de adoloridos entrando a la meta, y solo nosotros lo vimos. Paré el Garmin.

Hice una mueca cuando vi el tiempo. Avancé hasta que un amable señor francés me puso la medalla en el cuello. “¿Le gustó la carrera?” me dijo.

finish

“Se acabó” pensé.

Suspiré y le dije: “Cómo no”.

De camino, por casualidad, volví a toparme a la familia griega, y nos dimos un gran abrazo de felicitación. “¡La esperamos en Atenas!” me dijeron. Yo no supe qué contestar.

Como el apartamento estaba cerca, no tardé tanto en llegar y quitarme los tennis, suspirar, quitarme el bib.

- “No lo hago otra vez. No pude”.

- “Me duele tanto todo”.

- “Ay ya. Quiero bañarme y no pensar más”

- “Qué pena con el profe. No pude. Qué inútil”.

- “Qué hice mal…”

Me bañé, me alisté – esta vez, con tacones – y salí a comer y a ver la ciudad, ya no como corredora sino como muchacha nueva en París.

Subí al metro, y me fui a la torre. Una pareja de muchachos me hicieron el favor de tomarme una foto. Saqué la medalla con timidez.

Me fui a comer y decidí que aunque fuera en tacones, y con las piernas adoloridas, los próximos dos días iba a caminar y conocer la ciudad.

Imposible ver tanto en dos días, pero conforme fui conociendo, conforme pasé más tiempo en la ciudad, entendí muchas cosas acerca de lo que pasó.

Primero: por qué me estaba sintiendo tan triste. ¡Ni que no hubiera entrenado! La medalla tal vez no reflejaba lo que yo viví en 42 kms en París, pero sí lo que viví entrenando, y en los fondos. A veces – y me entenderán los que corren – hay fondos en los que uno tiene mejor desempeño que en una carrera. Así que ¿por qué la cara larga?

Segundo: no hice mal 10, ni 21, ni diría que hice mal los 30 kms. Yo iba pensando en una ruta plana, y no. París no es plana. Si quiero una ruta plana, mejor me olvido de Atenas, y pienso en Chicago o Berlín. Es más, ¡ni viajo! Plano, ¡agarro la pista! Sin complicarme. Ya debería entender que hay una cuota de riesgo en correr donde nunca he corrido. Es parte de. En Roma me fue muy bien, ¡sorpresa! Aquí no fue igual. ¡Sorpresa!

Tercero: Lo intenté, y no tuve un mal día. Pero sí lo intenté. Se me olvida a veces que esto es un privilegio que comenzó como una idea, un chispazo. Me lo tuve que decir a mí misma, viendo las calles de París, frente al Louvre, junto al Sena: ¿es que acaso uno corre todos los días aquí? No. ¿Es que todos los que se inscribieron, llegaron a la meta? No. ¿Y entonces, terminaste la cuarta maratón y no estás celebrándolo? Qué mensa. Igual, mientras lo escribo, se me sale alguna lágrima. Demonios.

Erick Amador, mi amigo el @ticorunner, me lo dijo con la sabiduría y la calma que le envidio: “Nela, dicen los que saben que hasta después de la octava o décima maratón uno lo puede predecir, lo demás, salen todas distintas”.

No sé si yo llegue a 8, mucho menos a 10, pero creo que tengo que entenderlo.

Si me esforcé, si hice de verdad todo lo que podía, ¿me voy a seguir castigando mentalmente?

Lo tengo claro: hice mejores fondos que esta maratón.

Pero no por ello deja de ser un esfuerzo mío, válido, importante.

Y si vine a aprender esto a París, ¡qué dicha!

Cuarto, y no menos importante: créanme que hasta ahora hago la cuenta. Entre la maratón de NY 2013 y esta, no hay ni seis meses de diferencia. Qué bruta. ¡Ni que yo fuera Gabriela Traña! Tal vez el timing no estuvo tan bueno. Tal vez es mejor dar más tiempo entre una y la otra. Yo quería hacer menos de 4.34, hice 4.55 Ya. Fin del drama. Maratonista, cuatro veces maratonista. ¡Pare de sufrir!

Luego supe que Bekele rompió el récord de la ruta. Debutó y rompió el récord. ¡Maravilloso!

Cayó la noche, y ese último día, mientras volví a pasar por los Champs Elysées, pero caminando, ya no en tennis, me di cuenta de que había vivido una gran maratón, y que es un sueño hacer lo que a uno más le gusta en un lugar que es sencillamente perfecto, lleno de historia, de rincones hermosos, de instantes irrepetibles, como ese pestañeo de luces de la torre cada hora, robándonos el aire a los que no estamos acostumbrados a verla.

¿Qué salió mal?

No todo salió mal. Vamos a ver qué puedo mejorar.

Lo que sé es que ya se me pasó la chicha de “nunca más, nunca más”; sé que ya me perdoné por no hacer mejor esa segunda mitad de la maratón, sé que estoy feliz, consciente del sitio tan hermoso que conocí, y sobre todo: sé que habrá muchos entrenamientos en los que me vaya mejor o peor, pero lo que importa es la voluntad de levantarse temprano, exigirse otro poco más, nadar, sí, otro poco más, y quién sabe. Quién sabe si un día se repita Roma. Eso no lo sabré hasta que lo vuelva a intentar.

No lo sé. Tal vez salude a la familia Pentheroudakis en noviembre. Todavía no estoy convencida de que quiera volver a pasar por todo esto, aunque, sinceramente, siendo la ruta original, la de Filípides, la histórica, que termina en el Panathinaikon Stadium, la tentación es enorme. Me gustaría mucho ir, ahí sí no por tiempos – la ruta es conocida por sus cuestas – sino por acercarme más a la historia de esta distancia que me agota, me desvela, me gusta, me mata, me apasiona, me emociona, me decepciona… me hace levantarme a las 5 de la mañana. Para conocer la maratón, donde nació.

medallaPor ahora, descanso de tennis, de Gatorades, de blocks Cliff, de Garmin. Me quedo con el aroma de París, con la nostalgia que sentí en Père Lachaise ante la tumba de Edith Piaf, con la fascinación en el Louvre… 42 kms en la ciudad más hermosa del mundo, lo cambian a uno. Este deporte lo cambia a uno. No por más o menos flaco. Lo cambia por dentro. Y esta vez, me encantó la lección.

Mi parte favorita de todo esto es cuando al llegar al aeropuerto, le puedo poner mi medalla a mi papá. Ahí, con esa sonrisota que me devuelve,  se me olvida todo.

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Comments

  1. Eric porras says:

    Aun sigo pensando igual…..que carga Nela…ni un paso a tras ni para tomar impulso….te felicito.,como tu dices y piensa yo….una cosa es correrla (5k-10k-21k-42k,lo que sea) y otra cosa que se la cuenten….por eso a como le digo a mi hijo (Eric Jr.)..5k-10k(distancia que usualmente corro) son 5-10k,y nadie me los quitar de mis estadisticas y lo sufrido pero lo feliz de haber los corridos…solo un corredor te entenderia.
    Te felicito….espero poder leer tu historian a la griega!!!! :-)

  2. David Ortiz says:

    Que lindo relato!!! y lo mejor de todo es que tomare mucho de las enseñanzas que te dejo Paris, me estoy presionando por mejorar mi tiempo de Chicago aquí en la ciudad de México, pero tienes toda la razón, CHICAGO ES PLANO!!! gracias por compartir tus experiencias!! y un abrazo desde México!! :D

  3. ¿Qué es Garmin????…siempre lo distingo en los relatos y como no soy corredora no sé qué es..:)

    • Paula Céspedes says:

      Es el reloj que usan los deportistas para llevar tiempos, distancias, ritmos cardiacos, etc.

    • Eric porras says:

      Garmin es una marca de relojes de competicion o implementeos de posicionamiento como GPS. brujulas…..Nela se referia a su reloj que marcaba su tiempo y ritmo.!!

  4. JUAN CARLOS ANTON says:

    He leído muchas crónicas pero pocas son capaces de definir el sentimiento de superación como ésta. Te felicito porque has sabido encontrar las palabras adecuadas para decir todo aquello que los maratonianos nos guardamos en lo más profundo. Me has emocionado una vez más Nela.
    Por encima de todo, Felicidades también por tu 4º Finisher, está claro que lo has dado todo y más. Al igual que tú pienso que la medalla es el justo reconocimiento a las interminables horas de entreno, el día de la maratón únicamente es el broche, el escaparate que cierra el ciclo. Un abrazo.

  5. Paula Céspedes says:

    Que bárbara!!! Que poder tienes al escribir que haces que al leerte sienta exactamente lo que estás contando… me puedo imaginar cada detalle que cuentas, te felicito sos carguísima! 4 maratones bien o mal, 4 maratones!!!! Come on girl! No es cualquiera la que puede decir eso!!! Yo apenas estoy iniciando en estas… 10km arrastrados es lo más que he corrido (san silvestre y candelaria) y de ahí pare de contar no he vuelto ni a entrenar, pero leyendo tu blog me dan unas ganas enormes de ponerme los tennis y salir aunque sea a trotar!! Vecina de Santa Ana talvez algún día nos veamos corriendo por ahi… sigue, sigue, sigue… nada de nunca más!!! Habemos otros por acá que necesitamos de este tipo de inyecciones!!! Dale adelante!!!

  6. Me ha emocionado tu historia. Nunca he corrido un maratón pero también he pensado para mis adentros: “Nunca más…”. ¿Y quién no?
    Terminar una maratón es siempre un triunfo y debes estar muy orgullosa de ello.

  7. Fina Farfán says:

    Como disfruto leer su blog!! Me emociona e inspira, súper orgullosa de tenerla como ejemplo para niñas y mujeres! Le felicito por tener la disciplina para lograr sus metas, algo que a mi me cuesta mucho! You Did it Nela and you can do it again!!!!

  8. Marcela Bonilla Verdesia says:

    Que increible!!!! Leer este blog fue narrar lo q viví en mi primera y única maraton hasta el día de hoy… Siempre lo he dicho Paris no es la mejor maraton para ser la primera… Su gente es mas fría q un hielo y estamos acostumbrados a los gritos, calor humano y demas de la mayoría de las carreras… Esos tuneles q para salir tienen cuestas al final son matados,yo sentía q me ahogaba y ni q decir de cuando se corre en el bosque… Totalmente solitario!!!!
    Tuviste suerte de encontrar ticos en el camino yo no tope con esa suerte… Mas q mis amigas q me esperaban en la meta y dos amigos q cortieron pero facil llegaron 1 hora antes q yo… me jalaron el ultimo km q se me hizo el mas largo de mi vida!
    Igualmente quede impresionada del monton de gente q se va quedando a los lados!
    Andres fue mi entrenador para esa maraton si no me equivoco fui una de sus primeras pupilas ;) hizo un gran trabajo… Pao mi prima era mi compañera de fondos en aquellos años! Pero hay q estar ahi para saber como es! Recuerdo decir…q estoy haciendo aqui? No me importaba tener esa magestuosa torre al lado izquierdo mio! Simplemente queria terminar!
    Podria escribir horas porque me identifique muchiiiiisimo con vos.
    Me encanta leerte! A seguir adelante y felicidades ;)

  9. Eliana Sofia Cabra Chaparro says:

    Felicidades Nela que gran empeño y esfuerzo, para las que somos tan sedentarias es una gran muestra de valentia y nos invita a hacer deporte, muchas gracias por compartir y hacernos vivir con tus palabras tus sentimientos y vivencias. Gracias mil

  10. No te conozco, pero cada vez que te leo me emociono y se me sale una lagrimilla! Sólo los que corremos y tenemos el coraje de levantarnos a las 4:30 am con las piernas hechas un puńo pero el corazón latiendo por la nueva meta que se nos ocurrió en un ataque de locura, te entendemos. Hasta hoy, no he encontrado palabras lo suficientemente justas para describir lo que se siente cruzar la línea de meta y ese flashback de segundos donde recordas cada fondo, cada madrugada, cada lucha contra la propia voluntad, cada pista, etc… Es el proceso lo que lo que lo hace a uno maratonista, los últimos 42.195 mts sólo se corren para ir a recoger la medalla ya ganada, es el proceso lo que lo transforma a uno… ese proceso que sólo algunos entendemos!

  11. He descubierto su blog por el programa de Lucho, yo también corrí en París, quisiera preguntarle donde encontró su hospedaje para la próxima vez no malgastar en hotel, gracias y felicidades

  12. Nela Alvarado says:

    Nela en definitiva como dices deja de pensar en lo que hiciste y mas bien toma esta experiencia como un aprendizaje!!! creo que todas las carreras son distintas, y los momentos en que se encuentra un corredor tambien!!!! yo estoy en un equipo, y tengo compañeros que les ha pasado lo mismo, corren super bien algunas maratones, y otras no tan bien, pero hay mil cosas que influyen en el resultado final!!! y creo que lo mas importante es que el esfuerzo se recompensa cuando estas cruzando al meta!!!! NO CUALQUIERA CORRE UNA MARATON!!!! NO ES FACIL!!!! ES UN GRAN RETO, QUE IMPLICA DISCIPLINA, CONSTANCIA, Y TRABAJO FISICO PERO PRINCIPALMENTE MENTAL!!!! a pesar de lo cansada que uno se sienta, trabajas tanto ese objetivo en tu mente, que parar no es una posibilidad!!! Y SE TERMINA PORQUE SE TERMINA!!!! eso solo las personas determinadas lo hacen!!! asi que ERES UNA CAMPEONA!!!! DEMASIADO GATA YA SUMAR TU 4TA MARATON!!!! el tiempo??? pues eso es lo de menos lo que importa es la experiencia, y que puedas decir: soy maratonista!!! y no de una o de dos maratones, DE CUATRO!!!! la verdad yo quisiera llegar a decir eso!!! tienes toda mi admiracion!!!!!!

  13. Holaaa!! Me encantó leerte, siempre he soñado con ir a París, hace unos días decidí que este sería el lugar perfecto para además hacer mi cuarto maratón. Y me emocioné muchísimo con tu texto, muchas felicidades yo quiero bajar de 4:39 ya veremos que dice París en 2015. Ojalá puedas pasarme los datos del lugar donde te hospedaste. Un abrazo desde México :)

  14. París!!!… Seguro ibas escuchando alguna cancioncilla romántica… :)

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